Mostrando entradas con la etiqueta Dessay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dessay. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El milagro de Laurent Pelly en La fille

¿Puede una puesta en escena salvar un libreto irritante y una música de discreta inspiración? Más aún, ¿puede hacer que esa misma ópera se convierta en una auténtica delicia? Ese es precisamente el milagro que consiguió Laurent Pelly, en colaboración con la dramaturga Agathe Melinand, cuando realizó su propuesta para La fille du regiment estrenada el enero de 2007 en el Covent Garden en colaboración con la Ópera de Viena y el Metropolitan de Nueva York. Su éxito fue fulminante y en tan solo diez años se ha convertido en una de las producciones líricas que más han girado a nivel mundial. Una de las últimas veces que se vio fue en Madrid en octubre de 2014. La próxima será este mismo domingo en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, y allí espero estar.

Lo cierto es que nunca llegué a disfrutarla en directo. Eso sí, me compré el DVD de las funciones londinenses originales, editado por Virgin, y quedé entusiasmado. Y no solo por las maravillosas interpretaciones de Natalie Dessay y Juan Diego Flórez, sino también por la esa originalísima y absolutamente deliciosa puesta en escena. Volví a verla el otro día. Pero esta vez ha sido en la filmación del mismo año procedente de la Wiener Staatsoper que pude grabar de la televisión en su momento, con la misma pareja protagonista, y que ahora circula en YouTube. He vuelto a pasármelo estupendamente.

 
Conozco dos maneras de enfrentarse al libreto de Jules-Henri Vernoy de Saint-George y Jean-François-Alfred Bayard. Una es apostar por el naturalismo buscando la máxima humanidad de los personajes, ofreciendo una gran riqueza de matices en la definición de los mismos y destilando un humor fino que reste cualquier clase de seriedad al asunto, pero intentando hacernos olvidar que esto es una opéra-comique. Es lo que hizo Emilio Sagi en su producción filmada en el Teatro Carlo Felice de Génova y editada por Decca, sin duda espléndida. La otra consiste en convertir la obra en una comedia más o menos loca en la que los personajes son auténticas caricaturas, moviéndose, vistiéndose y comportándose como tales, viviendo situaciones más o menos surrealistas y diluyendo por completo todo rastro de ese molestísimo canto a la vida castrense del original haciendo que la historia no sea más que un cuento que, como tal cuento, se encuentra basado en arquetipos literarios que en sí mismo no albergan mayor trascendencia. Opción que no está exenta de riesgos: la producción filmada en 1996 en el Teatro alla Scala, con dirección escénica de Filippo Crivelli sobre escenografía y vestuario de Franco Zefirelli, no hizo sino acentuar lo que de apolillado tiene esta obra por su ridícula mezcla entre lo bobalicón y lo cursi, y si algo hay que salvar de dichas funciones –existe edición comercial en DVD, y también está en YouTube– es el depuradísimo y exquisito belcantismo de Mariella Devia en las dos arias íntimas de su personaje.

Pues bien, este mismo sendero es el que recorre Laurent Pelly. Pero lo hace con resultados aplastantemente superiores, hasta el punto de que logra una de las más redondas producciones operísticas que un servidos haya conocida. Y es que el regista francés borra de un plumazo los aspectos más rancios de la página –no solo sus loas al mundo castrense y su canto a la guerra– derrochando frescura, imaginación y sabiduría. Los personajes son caricaturas, ciertamente, pero no de trazo grueso. Resultan graciosos, pero no se ejerce una mirada cruel sobre ellos. El humor es sano, muy desenfadado, lo que no significa inocente ni simplón: hay un punto de ironía, también de espíritu gamberro y de transgresión, pero sin que llegue nunca la sangre al río. Los arreglos de los diálogos están muy bien hechos, y la eliminación de la lección de baile –no así de su música- resulta un acierto. Las diferentes soluciones teatrales son magníficas, encontrándose cuidadísima la dirección actoral. Una delicia los figurines, a cargo del propio Pelly. Muy bonita la escenografía de Chantal Thomas.

Ah, se me olvidaba algo importantísimo: la integración con la música es absoluta. Cuando esta demanda espíritu festivo, hay fiesta. Cuando se repliega en el lirismo íntimo y la efusividad melódica, la escena deja hablar a la partitura y al cantante sin molestar con esas ridículas ocurrencias “para adornar” o “para entretener al espectador”, o simplemente para provocar, que son habituales en tantas puestas en escenas equivocadamente modernas. Esta es ciertamente “moderna”, pero de las buenas. La música no es aquí una excusa para lucimiento del regista, sino que se ve potenciada por la labor del mismo. Ahora bien, ello tampoco significa que éste deba limitarse a seguir el libreto, que es lo que hacen los malos directores “de los otros”, los tradicionales en el peor de los sentidos del término. Lo de Pelly es personalísimo, pero funciona de maravilla tanto desde el punto de vista teatral como del musical.

Dos apuntes sobre el vídeo de Viena. Ives Abel se pone al frente de una orquesta maravillosa y la dirige divinamente: con fluidez, con agilidad bien entendida, con chispa y con carácter risueño, pero sin caer en el nerviosismo ni en la precipitación, sino dejando que las melodías de Gaetano Donizetti vuelen con propiedad. Natalie Dessay tiene el sobreagudo algo metálico, pero conoce todos los resortes del belcantismo, canta con enorme inteligencia y es una actriz maravillosa. Juan Diego Flórez no posee tanta desenvoltura sobre las tablas, pero vocalmente compone un Tonio espectacular. Eso sí, esta vez no repite Ah! Mes amis. Con su voz cavernosa y sobradas dotes actorales, Carlos Álvarez compone un más que notable Sulpice. Solo flojea vocalmente la Berkenfield de Janina Baeche. Y una gran sorpresa en el rol de la Crakentorp: la mismísima Montserrat Caballé. Que está estupenda como actriz, por cierto.

La cosa está clara: el domingo disfrutaremos de una velada operística de primerísimo nivel escénico. Y en lo musical quizá también haya cosas muy buenas. ¡No se lo pierdan si tienen la oportunidad de acudir!

martes, 2 de febrero de 2010

Lucie de Lammermoor con Alagna y Dessay

Donizetti: Lucie de Lammermoor
Natalie Dessay, Roberto Alagna, Ludovic Tézier, Marc Laho, Nicolas Cavallier.
Coro y Orquesta de la Ópera Nacional de Lyon. Evelino Pidó, director.
Virgin
***


En 1839 se presenta en París una versión francesa de Lucia en la que se agiliza la acción, se perfilan mejor los conflictos, desaparecen algunos pasajes orquestales y se sustituye el emblemático “Regnava nel silenzio” por “Que n'avons-nous des ailes”. Como sólo se contaba con la grabación de Dynamic protagonizada por Patricia Ciofi, es bienvenido este registro realizado al hilo de las representaciones en Lyon con Alagna y Dessay.

La últimamente problemática diva tuvo que dejar la mitad de sus funciones a la citada Ciofi (parece será a ésta a la que veremos en el DVD), pero en el presente compacto ofrece una Lucia más que notable, luciendo registro homogéneo, pasta vocal sólida, con suficiente cuerpo, amén de una solvente -no excepcional-coloratura. Que nadie se sienta defraudado por la ausencia de sobreagudos y cadencias espurias.

Aun sin los tropiezos evidenciados en retrasmisión radiofónica, el tenor sí que presenta sus habituales “señas de identidad”; al menos, hemos de reconocerle la morbidez de su fraseo y su aquí creíble talante heroico. Tézier impresiona más en el plano vocal que en el interpretativo. La batuta de Pidò es briosa, pero carece de cantabile y tiende a la vulgaridad.

________________________________
Artículo publicado en el número de mayo de 2003 de la revista Ritmo.

PS. Efectivamente, meses más tarde de escribir esta reseña salió al mercado el DVD con Alagna y Ciofi. De él espero hablar próximamente en este blog. En cuanto a Dessay, es una verdadera lástima que no se conserve ninguna filmación comercial de su Lucia, porque es una fenomenal actriz. Véanse si no los clips que se encuentran en Youtube con su escena de la locura en la misma producción que en la temporada siguiente protagonizó y grabó la Netrebko, que comentamos aquí hace unos días (enlace). La comparación, por cierto, no deja en muy buen lugar a la soprano rusa, especialmente en el aspecto escénico.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Doble Manon: Netrebko, Dessay, Villazón

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces resultan necesarias para aclarar ideas. Y estas dos versiones en DVD de la Manon de Massenet grabadas en la Staatsoper berlinesa y en el Liceu de Barcelona con pocas semanas de diferencia (del 26 de abril al 19 de mayo de 2007 la primera, del 24 al 30 de junio la segunda), editadas por Deutsche Grammophon y Virgin respectivamente, bien que se prestan a ello. Incluso cuando ambas cuentan con idéntico protagonista, un Rolando Villazón que cada día desata más pasiones a favor y en contra, hasta el punto de que resulta muy difícil manifestar una opinión ajena a estos dos extremos sin ganarse al mismo tiempo la furia tanto de quienes le adoran como de quienes le detestan.

Villazón me parece un buen e interesante tenor con virtudes indiscutibles, pero también con limitaciones -mejor dicho, defectos- bastante evidentes. Entre las primeras se encuentran una voz de muy buena calidad, una línea extrovertida, muy latina y comunicativa, y una gran sinceridad tanto en el plano vocal como el escénico. Entre los segundos tenemos una técnica muy alejada de la ortodoxia, sobre todo en lo que a la emisión se refiere, por su tendencia a abrir el sonido y ese oscurecimiento artificioso del timbre con el que busca parecerse más aún a su admirado Plácido Domingo; pero también se le debe reprochar, y en no menor medida, su habitual inclinación a sustituir los matices canoros por una hiperexpresividad que le lleva a ofrecer retratos más bien monolíticos de sus personajes, a los que suele encarnar como si estuvieran en un perpetuo estado de arrebato pasional.

Teniendo en cuenta semejantes circunstancias, a nadie debería extrañar que Villazón sea poco menos que el Demonio -con pezuñas y rabo- para los que en la lírica valoran ante todo la belleza, pureza y ortodoxia del canto; que guste bastante a quienes aplauden la comunicatividad y la calidez expresiva por encima de otras circunstancias; y que entusiasme a los fans incondicionales de Plácido Domingo, por mucho que el genial tenor madrileño supere ampliamente al mexicano por técnica, autocontrol y capacidad para el matiz psicológico.

Yo me sitúo entre sus admiradores mas no entre sus entusiastas, pues a mi modo de ver son muy reprochables los defectos arriba señalados. Concretando en el título de Massenet, me ha gustado bastante su Des Grieux por la calidez con la que canta, por la emoción sincera que desprende su encarnación del personaje, pero no me parece ideal debido a su falta de estilo (lo “francés” no ha de significar blandura ni cursilería, pero sí elegancia, sutileza, morbidez y una buena dosis de introversión) y a sus consabidos problemas canoros, por otra parte más evidentes en la grabación de Barcelona -donde además está menos atento al matiz- que en la de Berlín.

Anna Netrebko tiene una voz más cálida y sensual que Natalie Dessay. Y chilla bastante menos. Pero la soprano francesa se come con patatas a la rusa, una cantante muy correcta pero más bien sosa e impersonal, en lo que a interpretación se refiere: gracias a una gama mucho más variada de recursos vocales y a una inteligencia artística superior, la Manon de la Dessay está más matizada en lo expresivo, mejor trazada en su evolución psicológica; es más inocente cuando tiene que serlo, y más coqueta, más frívola y también más trágica cuando corresponde. Y además está más en el estilo, aunque la rusa desde luego no carece de morbidez en el fraseo. Por otro lado, y siendo la Netrebko una sin duda estupenda actriz, la Dessay la supera también desde el punto de vista escénico con una interpretación de acongojante sinceridad.

Ninguno de los dos Lescaut convence: tanto Alfredo Daza en Berlín como Manuel Lanza en Barcelona se muestran más bien toscos y vulgares. En cuanto al Conde Des Grieux, no hay duda: muy preferible el barenboiniano Christof Fischesser que un Samuel Ramey engoladísimo y tremolante. Escuchar a este último supone un trauma a los que hemos sido sus rendidos admiradores.

Barenboim, al parecer, llegó en una sustitución de última hora. Jamás lo hubiera imaginado dirigiendo este título en principio tan poco afín a sus maneras de enfocar el hecho musical. Y el repertorio francés, en general, nunca ha sido su fuerte. Sin embargo el de Buenos Aires ofrece aquí una dirección magistral, llena de fuego y garra, tan apasionada como en él se podía esperar, pero también, y he aquí la relativa sorpresa, controlada en todo momento, muy variada en su paleta de colores, muy clara en la orquestación y con la suficiente dosis de elegancia en el fraseo y de intimismo; vamos, una dirección inflamadísima pero no fuera de estilo. Comparado con él, un aquí muy rutinario, plano y cuadriculado Víctor Pablo Pérez no tiene nada que hacer, y menos aún con una orquesta como la del Liceu.

En la Staatsoper Unter den Linden se ofrece una coproducción con la Ópera de los Ángeles que, no en balde, rinde homenaje a mundo del cine, con una Manon que cree vivir continuamente dentro de un película cuyo final terminará siendo uno muy distinto al esperado. Por mucho que la acción se traslade a los años cincuenta del pasado siglo, los protagonistas y las situaciones son las de Massenet. Vincent Paterson define de manera maravillosa a los personajes y ofrece una dirección de actores y de masas trabajadísima. Los cortes que infringe a la partitura no sólo no son graves desde el punto de vista musical, sino que además benefician a la fluidez dramática. En conjunto, una producción escénica sobresaliente.

David McVicar, en una producción que en origen fue de la English National Opera, realiza una propuesta de teatro dentro del teatro que, pese a su magnífica dirección de actores, no termina de funcionar, quizá en parte por la fealdad y oscuridad plástica que singulariza a su único escenario. Los toques de presunta procacidad, por su parte, no escandalizan hoy a nadie. Aburre.

En conclusión: el DVD de Barenboim, que además es el que mejor se ve y suena, se lo recomiendo vivamente a todo el que ame la ópera como espectáculo global de música y drama, salvo que deteste profundamente a Villazón. El del Liceo, por el contrario, queda muy en segunda fila y solo merece la pena para disfrutar de la Dessay. ¡Ojala hubiera estado ella en la producción de la Staatsoper!

Otra valoración del DVD de Barenboim y clips de la filmación en el blog de Pablo Vayón (enlace)

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...