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domingo, 15 de octubre de 2023

Vaughan Williams por Pappano: demasiado vigente

He escuchado esta mañana un disco –entre las dos sinfonías escribí esta otra entrada– que sigue tristemente vigente. Hoy más que nunca. Lo protagonizan Antonio Pappano y la London Symphony. Salió en 2021, lo escuché en streaming y de manera inmediata lo comenté aquí mismo. Aprovechando la bajada de precios, lo he comprado en SACD. Ahora, con el multicanal, suena mejor.

Tristemente vigente, decía. Pues sí: aunque Ralph Vaughan Williams afirmaba que sus Sinfonías nº 4 y 6 son "música pura", a nadie se le ha escapado nunca que su inspiración procede de los horrores de la guerra, sobre todo en el caso de la espeluznante Sexta. Pappano y la que ahora es su orquesta lo dejan clarísimo.

Total, un disco para poner junto a la Octava de Shostakovich y hundirse en la miseria ante lo inevitable. De paso, aprovecho para recomendarles este artículo sobre el asunto escrito por Daniel Barenboim. Eso sí, me temo que la lectura es "de pago".

miércoles, 22 de junio de 2022

Barbirolli conducts English String Music: escúchelo cuanto antes

Acabo de escuchar, esta vez en Dolby Atmos, Barbirolli Conducts English String Music. Sinfonia of London with Allegri String Quartet. Me ha confesado un amigo que es uno de sus discos favoritos. Decir tal cosa me parece toda una exhibición del más exquisito gusto. Yo me atrevo a más: lo que el maestro londinense hace con la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Ralph Vaughan Willliams puede ser considerado como uno de los más grandes logros de la dirección de orquesta en los últimos cien años.


Por consejo de su gran amigo Bernard Herrmann, aquel 17 de junio de 1962 se fueron a la Temple Church de Londres –hoy popularizada por una cosa llamada El código Da Vinci–, con atractivos resultados: la acústica es reverberante, pero se sacó mucho partido de los dos planos sonoros que demanda la escalofriante página. Así las cosas, desde un arranque gótico a más no poder Sir John fue desplegando de manera magistral tensión dramática, pathos y fuerza visionaria, hasta llegar a unos clímax que nos ponen al límite del abismo. El milagro es conseguirlo sin dejar de ofrecer la nobleza y la elegancia que esta música necesita. Lo dicho, una grabación histórica.

El resto del disco se registró en el hoy tristemente desaparecido Kingsway Hall. De la Introducción y Allegro para cuerdas de Sir Edward Elgar ofrecieron una visión muy dramática, tensa e hiriente, pero también –una vez más– de gran vuelo lírico, sincera nobleza y enorme ternura. Sublime la Serenata para cuerdas del mismo autor: lento y ajeno a grandes tensiones, quizá un punto otoñal –sin la menor blandura–, Barbirolli ofrece un fraseo humanístico y efusivo con su adecuado toque no solo nostálgico, sino también amargo: la ternura y el dolor van de la mano.

Cerrando el vinilo original, la Fantasía sobre Greensleeves de Vaughan Willliams. La enunciación del tema principal tiene un punto agridulce de lo más adecuado. A partir de ahí, una interpretación altamente emotiva y llena de cantabilidad, mas sin bajar la guardia de la tensión sonora ni quedarse en lo ensoñado. Una confesión: si este de Barbirolli me parece magistral, el registro de Barenboim lo encuentro –por increíble que pueda resultar– aún más emotivo.

De propina en el streaming, la Elegía de Elgar con la New Philharmonia, de 1966: interpretación como las antedichas, es decir, amarga, doliente y hermosa al mismo tiempo sin perder la más exquisita elegancia británica.

Ah, el disco con la Sinfonia of London siempre sonó regular. Tras la reciente restauración ha perdido estridencia y ganado en frecuencias graves, pero sigue sin estar a la altura. Da igual: es uno de los más acongojantes que puede usted escuchar. Si no lo conoce, hágalo en cuento encuentre un hueco. Mejor aún de noche y a oscuras.

sábado, 17 de abril de 2021

Vaughan Williams por Pappano: nihilismo en estado puro

Su apresurado nombramiento como nuevo titular tras la muy comprensible marcha de Sir Simon Rattle ha llevado a la Sinfónica de Londres a lanzar –ayer mismo– un SACD protagonizados por Antonio Pappano. El programa es ideal: la dos sinfonías más dramáticas de Ralph Vaughan Williams, Cuarta y Sexta para concretar. Yo lo he escuchado vía streaming de alta calidad y, antes que nada, debo constatar la fabulosa calidad de las grabaciones, realizadas respectivamente en 2019 y 2020: nada que ver con aquellos primeros lanzamientos del sello LSO Live. Las interpretaciones me han parecido de mucha altura.


Sin necesidad de acentuar en lo puramente sonoro los aspectos expresionistas, Sir Antonio nos ofrece una interpretación particularmente negra de la Sinfonía nº 4 (1935). Dramática, severa y sin concesiones. Ni a la brillantez orquestal ni tampoco al júbilo. Ni siquiera al posible humor negro del Finale. Tampoco al lirismo de un segundo movimiento que, bajo su batuta, genera una atmósfera de lo más inquietante. No diré que sea la versión de referencia, pero tampoco tengo claro si alguna me gusta más. Quizá la de Haitink (EMI, 1996), por decir algo.

Pasa algo parecido a la demoledora Sinfonía nº 6 (1948). Pappano no se interesa por la calidez y el humanismo del maravilloso tema lírico del primer movimiento –paladeado, no obstante, con admirable elegancia británica–. Tampoco le seduce especialmente esa mezcla de nervio, desparpajo jazzístico y mala leche que anida entre las notas. Lo que pretende el maestro londinense es subrayar el nihilismo de esta música. Y lo consigue, de nuevo sin verse obligado a subrayar los aspectos sonoros más combativos: lo que hace es trasmitir de maravilla la infinita desolación que recorre esta sinfonía de principio a fin, sobre todo en un movimiento conclusivo lentísimo –11’32’’ frente a los 10’17’’ de Previn o los 10’29’’ de Barbirolli, por ejemplo– y por decididamente nihilista, en el cual se ponen más que nunca en evidencia los lazos con los escalofriantes adagios de Dmitri Shostakovich. Gran versión, a la postre, aunque mi favorita sigua siendo la de Barbirolli (Orfeo, 1970).

A destacar el increíble rendimiento de una London Symphony que parece en su mejor momento. La perfecta planificación global de Pappano y el cuidadoso trazo en los detalles demuestran la categoría de una batuta que puede hacer grandes cosas como nuevo titular.

domingo, 21 de marzo de 2021

Las sinfonías de Vaughan Williams por Previn

Por fin he acabado el ciclo que entre 1967 y 1972 grabaron André Previn y la Sinfónica de Londres para RCA con las nueve sinfonías de Ralph Vaughan Williams (1872-1958). Me permito unas breves reflexiones.



1) Esta música merece mucho la pena, aunque a mi entender hay dos lunares. La Sinfonía nº 1, A Sea Symphony, me parece una pesadez por muy brillante que resulte el despliegue de orquesta, coro y solistas vocales. La Sinfonía nº 7, Antártica, no la encuentro del todo lograda: me gusta más la obra de la que parte, la banda sonora escrita para la película Scott of the Antarctic (1948). Las demás me parecen formidables, empezando por la perfecta mezcla entre pintoresquismo y emotividad de la Sinfonía nº 2, A London Symphony, para después pasar por el impresionismo de trasfondo amargo de la Sinfonía nº 3, la garra dramática de la Sinfonía nº 4, la combinación de poesía y humor negro de la Sinfonía nº 5, el desgarro expresionista de la tremebunda Sinfonía nº 6, las seductoras combinaciones tímbricas de la Sinfonía nº 8 y esa síntesis expresiva final que es la Sinfonía nº 9. Que haya por ahí algún manual de historia de la música del siglo XX que no se moleste ni en mencionar a este compositor resulta escandaloso.

 

2) Las versiones de Previn me parecen sobresalientes, sin que lleguen a la genialidad. Para entendernos, de 9 aunque no de 10. El maestro se superaría a sí mismo en las grabaciones digitales de las sinfonías Segunda y Quinta para el sello Telarc. Los testimonios dejados por Barbirolli de algunas de las sinfonías me parecen igualmente portentosos. Pero el nivel de esta integral, insisto, es altísimo. En el plano técnico, Previn modela con enorme plasticidad a la Sinfónica de Londres, organiza la arquitectura con gran solidez, se centra tanto en la globalidad como en los detalles y mantiene el pulso a la perfección. En el plano expresivo, pone el equilibrio entre comunicatividad y buen gusto por delante de otra consideración, lo que significa que no hay narcisismos ni excesos, que tampoco se opta –como sí hacía Barbirolli– por cargar las tintas y que el resultado es más “cinematográfico” que “poético”, antes para lo bueno que para lo menos bueno. Ninguna versión es de referencia absoluta, pero tampoco encuentro una sola que baje de lo excelente.

3) El ciclo que yo hasta ahora tenía es el de Bernard Haitink. Me resulta difícil escoger entre ambos. El del holandés es –ya lo pueden imaginar– menos inmediato y cercano, más adusto, perdiendo frente a Previn en comunicatividad lo que haga en hondura y vuelo poético. El trabajo puramente técnico es igual de sobresaliente en los dos directores. En lo que a la toma sonora se refiere, la de RCA se benefició del excelente hacer de Kenneth Wilkinson, quien supo recoger muy bien la “carne” de la orquesta, atender a los graves y equilibrar los planos de manera irreprochable. La de Haitink es ya digital, pero no todo lo buena que podía haber sido. En cuanto a los ciclos de Adrian Boult, solo conozco alguna versión suelta y no puedo opinar con fundamento.

4) ¿Conclusión? En Sony-RCA está la caja de Previn a precio barato, y en Qobuz y otras plataformas tienen la integral con sus bonitas portadas originales. Yo he disfrutado muchísimo escuchándola.

viernes, 17 de mayo de 2013

1 de mayo de 2013 con Kozená y Rattle en Praga

Por fin he visto el vídeo que circula por  la red con el concierto del 1 de mayo de este año de la Filarmónica de Berlín, que esta vez se ha ofrecido en una suntuosa sala de un palacio de Praga. Rattle dirigía a su orquesta con la colaboración de una celebridad local: su señora esposa Magdalena Kozená, por descontado. Resultados artísticos muy previsibles.

Comenzó la sesión con la altamente sugestiva Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Vaughan Williams. Toda una experiencia escucharle esta obra a la orquesta berlinesa, que aporta un músculo y una robustez inhabituales en la partitura. Sir Simon domina a la perfección los medios para evitar que esta circunstancia altere el equilibrio sonoro y, faltaría más, evidencia una enorme sintonía con esta música, a la que aporta convicción y fuerza expresiva. Excelente interpretación, en suma, aunque se pueden preferir enfoques más visionarios: pienso ahora en la grabación “salida de ultratumba” de Barbirolli de 1962, realizada –por sugerencia de Bernard Herrmann– a medianoche en la Temple Church de Londres.


A continuación, homenaje checo con una selección de las hermosas Canciones bíblicas de Dvorák. Rattle dirige con la buena afinidad con el universo del autor que ya evidenció en la grabación de los poemas sinfónicos para EMI, aportando además esa religiosidad un punto naif que desprenden estos pentagramas. La Kozená, aparte de dominar el idioma, canta con excelente línea y muy buen gusto, siempre dentro de esa expresividad contenida –por momentos algo sosa, quizá– que la caracteriza.

Sexta de Beethoven en la segunda parte. Pese a los guiños historicistas, el modelo de Rattle está en los anteriores titulares de la Berliner Philharmoniker. Teniendo en cuenta que sus correspondientes grabaciones de la Pastoral marcaron puntos muy bajos en las carreras de Karajan y Abbado, pueden imaginar los resultados: mucho músculo, pianísimos ingrávidos a más no poder, insinceridad total y una evidente falta de comunión expresiva con Beethoven. En cualquier caso, mejor la segunda parte –muy vistosa– que la primera, donde tras un Allegro ma non troppo aburrido a más no poder viene un Andante en el que Rattle, poniendo cara de éxtasis, ofrece detalles de cursilería francamente molestos. Eso sí, en comparación con su grabación con la Filarmónica de Viena de 2002, Sir Simon resulta ahora menos repipi. En algo hemos salido ganando…

La filmación se puede ver en Medici TV.

jueves, 25 de abril de 2013

RTVE con Paul Mann: dignidad y bastante más

Preguntan ciertos políticos, esos mismos que están empezando boicotear a la formación fundada por Igor Markevitch, para qué sirve la Orquesta de la RTVE. Pues miren ustedes, además de para difundir la buena música en la radio y la televisión y para dar a conocer parte de la creación contemporánea, sirve para que las personas a las que nos resulta imposible pagar la entradas de Ibermúsica y eventos similares -aficionados que somos cada vez más y más en número- podamos escuchar conciertos sinfónicos en directo de una calidad digna y aceptable. Y a veces mucho más que eso. Es el caso del programa que he escuchado esta misma noche en el Teatro Monumental, ese recinto cutre a más no poder pero de excelente acústica que desde hace tiempo acoge a la referida formación.

Ha dirigido Paul Mann, un señor al que hace tiempo escuché al frente de la Sinfónica de Sevilla en un concierto de resultados desiguales (enlace). Esta vez ha ocurrido lo mismo: la orquesta de la RTVE le ha sonado estupendamente en todas sus secciones (¡entérense, señores políticos, de que es la mejor orquesta estable de Madrid!), pero a nivel interpretativo han funcionado mucho mejor las cosas en la segunda parte que en la primera.

El Concierto nº 5, Emperador lo ha dirigido con vitalidad, excelente pulso y adecuado sentido épico, pero la sintonía del maestro británico con el universo de Beethoven me ha parecido nula: ni la sonoridad estaba conseguida ni se percibían cantabilidad, el humanismo y el sentido de los claroscuros propios del autor. Igualmente ajeno al universo expresivo correspondiente se mostró el pianista Steven Osborne, que en cualquier caso toca francamente bien y con un fraseo de la suficiente naturalidad. Lo dicho, una interpretación digna para ser escuchada en un concierto de abono. Nada más, nada menos.

El "bastante más" vino con la Sexta sinfonía de Vaughan Williams, una obra de lo más atractiva, espectacular y de corte muy cinematográfico (tiene su origen en una banda sonora frustrada), que esta misma semana me he podido machacar en las interpretaciones de Boult, Previn, Haitink, Norrington, Hickox y Colin Davis, sensacional esta última. La de Paul Mann, de nuevo sacando un estupendo partido de la orquesta española, ha sabido aunar carácter épico, humor negro y lirismo típicamente inglés en el primer movimiento. Ha logrado también calibrar las tensiones y distensiones del segundo con la adecuada concentración, y ha acertado con la inmediatez dramática del tercero con la ayuda de un saxo muy hermoso (aunque, para mi gusto, este debería haber sonado más canalla que seductor).

Solo se ha quedado la batuta algo corta en el movimiento conclusivo: Mann ha respetado la indicación de Moderato, pero otros maestros demostraron que con mayor lentitud y sequedad se puede ahondar más en el carácter desolado e incluso nihilhista de la página. Pese a ello, espléndida interpretación que ha servido, seguro, para descubrir a muchos esta estupenda música. ¿Y aún siguen preguntando para qué sirve la orquesta?

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Clásicos del siglo XX en EMI: de una tacada

Artículo publicado en el número de diciembre de 2010 de la revista Ritmo.
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Muy alto el nivel interpretativo de esta nueva entrega de la barata serie de dobles compactos dedicados a clásicos del siglo XX, ideal para hacerse de una tacada con obras no siempre fáciles de reunir. En el doble dedicado a Gustav Holst sólo desentona -por Júpiter y Neptuno- la en cualquier caso notabilísima lectura de Los planetas a cargo de Sir Adrian Boult (1978, cuarta y última de las que grabó), muy atractiva por su tratamiento de las texturas y por su admirable toma sonora. Todo lo demás es extraordinario, sobresaliendo las lecciones de André Previn en una entusiasta, colorista y muy “cinematográfica” lectura de The perfect fool y en una recreación de Egdon Heath lenta, concentrada y de un adecuado misticismo. Muy sensual registro del grupo 2 de los Himnos del Rig Veda a cargo de Sir Charles Groves, y una delicia la Suite nº 2 para banda militar. Notabilísimo también -y muy británico- Norman del Mar en las obras que le corresponden. En todo caso quien se lleva la palma es Sir Malcolm Sargent con su St Paul’s Suite, una asombrosa demostración de que la alegría y la luminosidad no están reñidas con la densidad y la tensión sonoras, revelándonos en el tercer movimiento insólitos ribetes dramáticos.

Más interpretaciones de lujo para música menor -y yo añadiría que bastante menos poética y más primaria que la de Holst, por no decir otra cosa- las encontramos en el volumen dedicado a Aram Khachaturian. Las suites de Spartacus y Gayaneh registradas por el compositor en 1977 con la Sinfónica de Londres que aquí se presentan son preferibles a las que grabó en 1962 para Decca, y no solo porque las selecciones -muy parecidas- están mejor hechas, sino porque la batuta consigue una mayor depuración técnica, lima estridencias -le ayuda una toma sonora de mayor naturalidad- y se muestra más atenta a la sensualidad; la celebérrima Danza del sable es buen ejemplo de lo dicho. Para la suite de Masquerade se ha recurrido a un registro de 1959 hasta ahora inédito en compacto en el que el compositor Alfred Newman, no todo lo elegante y refinado que debiera, inyecta entusiasmo y pasión desbordantes. Los conciertos para piano y violín, registrados con discreto sonido monofónico bajo la irreprochable dirección de Sir Adrian Boult y el propio Khachaturian respectivamente, se encuentran defendidos por un Mindru Katz de sonido poderoso y enorme sinceridad y por un David Oistrakh -puro fuego controlado- que canta las melodías con una calidez incomparable. Cristina Ortiz firma ágiles y un punto nerviosas versiones de varias piezas para piano solo.

La música grande de verdad llega con los dos cuartetos de György Ligeti, maravillosamente bartokiano el primero, personalísimo y genial el segundo. El Cuarteto Artemis (registro de 1999 prestado por Virgin) se enfrenta a ellos con un sonido delgado -algo raquítico el primer violín- y ágil, también con un apreciable estilo, pero evidenciando desigualdades: bastante inquieta y nerviosa la interesante versión del nº 1, que aporta mucha “guasa” en la sección más irónica, y menos lograda la del nº 2, carente de la tensión sonora, la imaginación y el virtuosismo de las tres referenciales grabaciones del Arditti. Como complemento se incluye el disco de páginas a cappella grabado en 1988 por el Groupe Vocal de France bajo la dirección de Guy Reibel, versiones algo frías pero que nos permiten maravillarnos con la evolución del compositor desde unos comienzos de raíces folclóricas hasta la madurez magistral de Lux aeterna. Correctas Ramifications, y sensacionales las Seis bagatelas para quinteto de viento por Tuckwell y sus muchachos.

Gran idea la de recuperar el CD en el que James Conlon recrea interesantes páginas orquestales del cada día más revalorizado Franz Schreker manteniéndose atento a la clarificación de texturas y ajeno al peligro del decadentismo, aunque quizá sin destilar toda la sensualidad que debiera. Completando el lanzamiento se ofrecen la Sinfonía de Cámara del mismo autor en interpretación extrovertida y angulosa de un Franz Welser-Möst que debería haber paladeado la obra con mayor reposo y atención a la claridad; las Variaciones sobre una canción húsar de Franz Schmidt por Hans Bauer, quien acierta sobre todo en la mágica introducción de carácter impresionista; y los Dos estudios sobre Doktor Faust de Busoni, dirigidos con estilo más británico que germánico -con más elegancia que atmósfera- por Daniell Revenaugh. De propina, Fischer-Dieskau y Thomas Hampson poniendo todo su arte al servicio de dos hermosas páginas de Schreker.

Finalmente nos encontramos con un precioso doble dedicado a Vaughan Williams de altísimo nivel interpretativo en el que sobresale la concentrada objetividad de Bernard Haitink acompañando a unos inspiradísimos Sara Chang e Ian Bostridge en La alondra elevándose y On Wenlock Edge, respectivamente, un cálido Sir Adrian Boult defendiendo la Norfolk Rhapsody nº 1 y la Serenade to Music, un Vernon Handley que ofrece sendas lecciones de estilo en Las avispas y Flos Campi y, sobre todo, un Sir John Barbirolli conmovedor en la Fantasía sobre Greensleeves y genial en su visionaria recreación de la Fantasía Tallis, aunque quien nos termina dando la sorpresa es un juvenil y extraordinariamente cálido Anthony Rolfe Johnson en las Songs of Travel. Menos expresivo que su colega resulta Ian Partridge en el ciclo On Wenlock Edge, que se ofrece en su versión camerística original. En cualquier caso, si no tiene este repertorio en su discoteca, doble imprescindible.

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HOLST: A Somerset Rhapsody. Brook Green Suite. The Perfect Fool. The Planets. Suite nº 2 for Military Band. St. Paul’s Suite. Egdon Heat. Hymns from the Rig Veda. A Choral Fantasia.
Solistas. Orquestas. Dirs: Norman del Mar, André Previn, Eric Banks, Sir Malcolm Sargent, Sir Charles Groves, Imogen Holst.
EMI 6 27898 2
2 CDs. 143’17’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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KHACHATURIAN: Spartacus (suite). Gayaneh (suite). Masquerade (suite). Concierto para piano. Concierto para violín. Cuatro piezas de “Imágenes de la infancia”.
Mindru Kazt, piano. Cristina Ortiz, piano. David Oistrakh, violín. Orquestas. Dirs: Aram Khachaturian, Sir Adrian Boult, Alfred Newman.
EMI 6 27890 2
2 CDs. 151’16’’
ADD
EMI-Hispavox
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LIGETI: Cuartetos para cuerdas nº 1 y 2. Ramificaciones. Seis bagatelas. Lux Aeterna. Tres fantasías sobre Friedrich Hölderlin. Cuatro canciones húngaras. Tres canciones folclóricas húngaras. Canciones de Matraszentimre. Dos canciones húngaras.
Cuarteto Artemis. Quinteto de vientos de Barry Tuckwell. Orquesta de Cámara de Lausana. Dir: Louis Auriacombe. Groupe Vocal de France. Dir: Guy Reibel.
EMI 6 27905 2
2 CDs. 115’04’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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SCHREKER: Sinfonía de cámara. Intermezzo. Vorspiel zu einem Drama. Romantische Suite. Die Dunkelheit sinkt schwer wie Blei. Vorspielm zu einer grossen Oper. In einem Lande ein bleicher Köning. SCHMIDT. Variaciones sobre una canción hussar. BUSONI. Dos estudios sobre Doktor Faust.
Solistas. Orquestas. Dirs: Franz Welser-Möst, James Conlon, Fabio Luisi, Hans Bauer, Daniell Revenaugh.
EMI 6 27973 2
2 CDs. 148’39’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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VAUGHAN WILLIAMS: Fantasia on a Theme by Thomas Tallis. Fantasia on Greensleeves. The Wasps. The lark Ascending. Flos Campi. Five variations of “Dives and Lazaru”. Norfolk Rhapsody nº 1. On Wenlock Edge. Silent Noon. Songs of Travel. Serenade to music.
Solistas. Orquestas. Dirs: Sir John Barbirolli, Vernon Handley, Bernard Haitink, Sir David Willcocks, Sir Adrian Boult.
EMI 6 27910 2
2 CDs. 155’38’’
ADD/DDD
EMI-Hispavox
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domingo, 5 de abril de 2009

Vaughan Williams y Zemlinsky en Sevilla por Semana Santa

Maravillosa idea la de juntar el Magnificat de Vaughan Williams y la Sinfonía Lírica de Zemlinsky como concierto "de Semana Santa" de la ROSS. La primera, que yo no he conocido hasta que tenido el placer de escribir las notas al programa, se trata de una partitura breve que ofrece una visión bastante atípica, inquietante y estática hasta el punto de anticipar a Messiaen, del célebre tema mariano. La segunda, ya se sabe, una obra fascinante que no se hace casi nunca. Las dos se encuentran impregnadas, cada una a su manera, de una sensualidad panteísta que precisamente constituye una de las principales señas de identidad de la gran fiesta de Sevilla que comienza -oficialmente, en realidad se vive desde mucho antes- el Domingo de Ramos.

Del Magnificat ofreció Pedro Halffter una lectura difícilmente mejorable: bellísima pero no meliflua en su sonoridad, sostenida con buen pulso y atenta a las relaciones tanto con el pasado -no es difícil escuchar aquí ecos del Fauno de Debussy- como con el futuro -el citado Messiaen-. La Sinfónica de Sevilla sonó estupendamente bajo la dirección de su titular y las voces femeninas del Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigidas por Julio Gergely, ofrecieron una de las mejores intervenciones que se les recuerdan. Magnífica la flauta solista. Y un lujo la presencia de Catherine Wyn-Rogers, de voz homogénea -segura tanto en el grave como en el agudo- y acertadísima expresividad. Me dijeron que en el primer día de abono se aplaudió poquísimo. En el segundo, Viernes de Dolores, sí que hubo una buena respuesta por parte del respetable.

Siendo notable, la interpretación de la Sinfonía Lírica me gustó bastante menos. Halffter ofreció una lectura de tempi tendentes a lentitud en la que intentó -y consiguió- desmenuzar por completo el complejo entramado orquestal de la partitura. El equilibrio de planos estuvo muy conseguido, la gama dinámica se mostró siempre bien planificada, no hubo la menor caída en el efectismo y el director madrileño hizo gala de su contrastada capacidad para desplegar morbidez en el fraseo y en el tratamiento tímbrico.

Entonces, ¿dónde están mis reparos? Pues en el enfoque adoptado: obviamente Zemlinsky no es Schönberg ni Berg, pero para mi gusto esta obra requiere un tratamiento tímbrico más descarnado, una mucho más elevada tensión interna y, sobre todo, una expresividad más dramática. Halffter se dejó seducir por la portentosa sensualidad de la partitura y ofreció un discurso excesivamente escorado hacia los aspectos hedonistas de la obra. La orquesta respondió de manera formidable, beneficiándose de un notable concertino invitado, Ingo de Haas, y del espléndido chelo de Dirk Vanhuyse.

En el apartado vocal se contó con dos nombres medianamente conocidos en el repertorio lírico alemán, si bien convenció ella bastante más que él. El barítono Michael Volle posee una buena voz y canta con seguridad, pero pasó de largo ante los aspectos expresivos de los poemas de Rabindranath Tagore. Mucho más implicada se mostró la guapa soprano finlandesa Camila Nylund, que ofreció unos reguladores muy interesantes y, al contrario que en otras ocasiones, ascendió sin particulares problemas al sobreagudo. Pese a los reparos expuestos, muy hermoso concierto. Lástima que no se llenase el Maestranza. Ah, se me olvidaba: enorme acierto el de ofrecer, como viene haciendo desde siempre el vecino Villamarta, sobretítulos con traducciones de los textos cantados.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...