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sábado, 18 de enero de 2025

Debussy por Benedetti Michelangeli: un misterio dentro de un enigma

En vez de venir de Estambul con una alfombra, lo hice con un puñado de discos de música clásica. Entre ellos el blu-ray audio con todo el Debussy que Arturo Benedetti Michelangeli grabó para Deutsche Grammophon: Images y Children's Corner (registro en Múnich de 1971). Libro I de los Préludes (Hamburgo, 1978) y ya en digital su Libro II (Bielefeld, 1988).

Es verdad que ya había escuchado todo esto en streaming, pero tenía ganas de poseerlo en formato físico por una cuestión personal: la última grabación citada, la segunda colección de Preludios, fue uno de los primeros vinilos "de lujo" que compré. En su momento la comenté en este mismo blog, y fue esto lo que escribí:

"Se trata de una recreación de estilo ortodoxo y de enorme musicalidad, que sabe ser misteriosa sin llegar a lo vaporoso, atenta al detalle sin ser preciosista y sensual sin caer en languideces; se diría incluso que Benedetti Michelangeli gusta de mantener cierta sobriedad y de hacer gala de una tensión interna que le viene muy bien a esta música. Todo ello lo lleva a cabo, en cualquier caso, haciendo gala de un gran dominio de los recursos técnicos del piano y de una poderosa concentración, pero si algo caracteriza esta propuesta es su comunicatividad e inmediatez expresiva: el maestro deja bien claro que la ambigüedad y el carácter no poco inquietante de estas páginas, mucho antes conectadas con el mundo del simbolismo que con el del impresionismo pictórico, no implican que el pianista deba resultar distante en la expresión."

Mantengo lo escrito, pero también es cierto que el repaso a toda la colección me hace ver que, a pesar de lo dicho, en todo momento se pone por delante esa singularísima personalidad del pianista italiano que me trae a la mente eso que decía Churchill del "misterio dentro de un enigma. ¿Y en qué consiste la referida personalidad? Pues en algo así como en una asombrosa mezcla de elegancia, distanciamiento e intensidad, todo expuesto con la máxima depuración sonora.

Es justo lo que ocurre en las dos series de Images, como también en Children`s Corner, expuestas de manera portentosa: difícil tocar con mayor limpieza, con más riqueza en la pulsación y con mejor control de las dinámicas, por no hablar de la concentración y exquisitez en el fraseo. Eso sí, en la colección dedicada a su hija Chou-Chou hay que reconocer que falta un punto más de sensualidad y poesía infantil, algo con lo que el siempre austero y elegante pianista italiano no termina de sintonizar. Dicho esto, también es necesario advertir que en lugar de limitarse a ofrecer interpretaciones estáticas y abstractas, nuestro artista también desea inyectar vida, contrastes sonoros y expresivos e incluso tensión, por no hablar del espléndido sabor jazzístico de la última pieza. A la postre, una delicia.

Me queda por decir algo del Libro I de los Préludes. Pues nada, globalmente otra maravilla: tras unas Bailarinas de Delfos algo lineales, el italiano nos ofrece una interpretación que, volviendo a deslumbrar en lo que al dominio de los recursos técnicos se refiere, logra el milagro de ser al mismo tiempo ortodoxa y personal. El misterio no apuesta por lo vaporoso ni por lo preciosista, sino más bien por una estática y ambigua sobriedad en la que la tensión interna, la concentración y el sentido del ritmo –asombrosas las síncopas del último número– desempeñan un papel fundamental.

¿El sonido? Muchísimo soplido de fondo en las grabaciones de 1971, y sequedad propia de las grabaciones pianísticas de DG de aquella época en la de 1978, pero ganando en el nuevo formato en lo que a cuerpo y redondez se refiere. Yo que usted me haría con un ejemplar antes de que se agote.

sábado, 15 de enero de 2022

Enorme disco Chopin por Michelangeli

Permítanme unas líneas para recomendar un disco Chopin que, siendo un clásico, no conocía. Lo grabó Arturo Benedetti Michelangeli en Múnich en octubre de 1971, cuando contaba cincuenta y un años de edad. Se abre con una selección de diez Mazurcas interpretadas con una concentración, una limpieza y una poesía despojada realmente asombrosa. No son las versiones más galantes posibles, ni las que poseen mayor sentido del ritmo, pero llegan a fascinar. Claro que todavía tiene que llegar lo mejor: un absolutamente sensacional, sublime e insuperable Preludio op. 45 en interpretación concentradísima, exquisita en la pulsación y de elevadísima poesía.


La Balada nº 1 no es la mejor posible, pero el maestro supera con mucho su testimonio en vivo de 1957 madurando su y, ahora con una concentración plena, ofrece una lectura verdaderamente mágica en toda la sección introductoria, esencial y despojada, también revestida de ese particular distanciamiento que asociamos con las maneras de Don Arturo, pero impregnada de un magnetismo irresistible. Tras un clímax rotundo, macizo y un punto seco, nuestro artista despliega brillantez bien controlada haciendo gala de una enorme limpieza digital y de una asombrosa gama dinámica. Solo le falta indagar un poco más en las posibilidades poéticas de la escritura.

Para terminar, un Scherzo nº 2 en el que Benedetti Michelangeli renuncia por completo al arrebato romántico para ofrecer una recreación depuradísima y apolínea, tan exquisita como sutil en el toque y dotada de una elegancia por completo alejada de narcisismos o blanduras. ¿Señorial? Sí, esa sería la palabra.

La toma es un pelín seca, como todas las que hacía Deutsche Grammophon en Múnich por esas fechas, pero la recuperación en HD por streaming otorga presencia a los graves, relieve y naturalidad.

domingo, 22 de marzo de 2020

El Emperador por Michelangeli y Giulini

Aunque parezca mentira, nunca había escuchado el Concierto para piano nº 5 de Beethoven registrado por Arturo Benedetti Michelangeli, Carlo Maria Giulini y la Sinfónica de Viena en 1979 para la televisión y luego editado comercialmente en audio por Deutsche Grammophon. Me ha gustado mucho, pero no puedo decir que lo que los dos artistas ofrecen haya sido ninguna sorpresa, porque el resultado es exactamente el que se podía esperar.



Este es un Emperador que puede fácilmente calificarse con la etiqueta de señorial: viril, refinado y elegantísimo, distinguido sin afectación alguna, equilibrado en todos los sentidos, aunque también, y precisamente por esto último, necesitado de un punto más de implicación emocional, de contrastes tanto sonoros como expresivos, de pathos en definitiva, para que esta música termine de ofrecer todo lo que puede dar de sí; sobre todo por parte de un pianista ante el que, en cualquier caso, solo cabe descubrirse por lo depuradísimo de su toque y lo concentrado de su fraseo. En cuanto a Giulini, siempre desde la misma óptica apolínea que el solista, derrocha nobleza en los movimientos extremos al tiempo que destila en el Adagio esa cantabilidad, esa magia sonora y esa poesía de altos vuelos solo al alcance de los más grandes.

El vídeo en YouTube deja mucho que desear en calidad audiovisual, pero es gratis. Si pueden, escuchen la espléndida restauración a 192 KHz que circula por ahí. ¿Mi versión favorita? La de Klemperer y Barenboim, o quizás –en una linea más ortodoxa– la filmación del de Buenos Aires con la Staatskapelle de Berlín. Pero esta de los dos italianos merece también mucho la pena.

domingo, 3 de abril de 2016

Preludios de Debussy por Benedetti Michelangeli

Creo que fue en 1991 o a principios de 1992 cuando El Corte Inglés, a raíz de la hegemonía del compact disc, realizó una tremenda descatalogación de sus discos de vinilo: todos a 400 pesetas. Como yo era studente e povero, encontré ahí una oportunidad de ampliar mi colección con interpretaciones que hasta entonces solo podía conseguir si las grababa de alguna emisión radiofónica. Logré así meter en mi incipiente discoteca un buen número de títulos que aún conservo con mucho cariño. Entre ellos, este Libro segundo de los Préludes de Claude Debussy que ese ser extrañísimo llamado Arturo Benedetti Michelangeli había grabado para Deutsche Grammophon en agosto de 1988, diez años después de haber hecho lo propio con el Libro primero para el mismo sello.


Fue mi primer acercamiento a este fascinante universo musical, que completé años más tarde cuando un amigo me grabó la colección completa que grabaría en 1991 Krystian Zimerman con asombrosos resultados artísticos. El disco del pianista italiano lo dejé entonces arrinconado. No hace mucho logré encontrarlo en CD por tan solo 3 euros en una tienda madrileña de segunda mano y finalmente, después de repasarme la noche de ayer sábado la interpretación de Zimerman (¡asombrosa!), he vuelto a escucharlo.

Se trata de una recreación de estilo ortodoxo y de enorme musicalidad, que sabe ser misteriosa sin llegar a lo vaporoso, atenta al detalle sin ser preciosista y sensual sin caer en languideces; se diría incluso que Benedetti Michelangeli gusta de mantener cierta sobriedad y de hacer gala de una tensión interna que le viene muy bien a esta música. Todo ello lo lleva a cabo, en cualquier caso, haciendo gala de un gran dominio de los recursos técnicos del piano y de una poderosa concentración, pero si algo caracteriza esta propuesta es su comunicatividad e inmediatez expresiva: el maestro deja bien claro que la ambigüedad y el carácter no poco inquietante de estas páginas, mucho antes conectadas con el mundo del simbolismo que con el del impresionismo pictórico, no implican que el pianista deba resultar distante en la expresión.

Total, un disco que voy a seguir admirando mucho pese a que Zimerman, en una línea bastante menos ortodoxa, iba a conseguir unos resultados aún más impresionantes. De esa grabación, y de la más reciente de Aimard, hablaré otro día.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Benedetti Michelangeli y Barenboim hacen Schumann

Me han regalado (¡gracias, Ángel!) el compacto que acaba de publicar Deutsche Grammophon en el que se lanza por vez primera el Concierto para piano de Schumann ofrecido por Arturo Bedenetti Michelangeli y Daniel Barenboim en la parisina Salle Pleyel en octubre de 1984. Todo un acontecimiento, pues no son precisamente abundantes los discos del mítico pianista italiano, y menos aún aquéllos en los que aparece junto a un director de categoría. Lo he disfrutado muchísimo.


Lo más asombroso es precisamente el trabajo del solista, quien armado de una técnica colosal -su pulsación no es muy poderosa, pero sí riquísima en matices- logra clarificar las líneas pianísticas como nadie lo habia hecho hasta ahora, paladeando cada uno de los pasajes no solo con esa elegancia que le caracteriza, sino también con una portentosa concentración que le permite mantener el pulso firme -con un fraseo natural y fluido, jamás mecánico- sin caer en blanduras narcisistas ni perder de vista la arquitectura global. Ha habido quizá pianistas que han llegado aún más lejos en lo que a poesía se refiere (pienso en Arrau o en el propio Barenboim), pero dudo que nadie haya alcanzado semejante equilibrio entre belleza sonora, arquitectura y expresividad.

Al frente de la Orquesta de París, el de Buenos Aires sorprende con una dirección elegante y controlada, muy alejada del las tensiones, la fogosidad y la negrura que le caracterizan. ¿Un Barenboim apolíneo? Pues sí, pero no por ello blando ni distanciado. Su lectura alcanza el punto justo de refinamiento, naturalidad y frescura que demanda la escritura schumanniana, atendiendo de manera irreprochable a la sensualidad de los timbres y al diálogo con el solista. Hace además gala de una concentración y de una efusividad lírica que el inflamable director no siempre conseguía en directo por aquellos años: ¡qué manera de hacer cantar a los violonchelos en el segundo movimiento!

El disco se completa con cuatro de las Images de Debussy (nº 1, 2, 4 y 6, más concretamente) registradas asimismo en París en marzo de 1982. Aquí no hay sorpresa posible: el prodigioso toque de Bedenetti Michelangeli -de increíble agilidad y limpieza-, su capacidad para matizar con el más fino trazo impresionista, su sensibilidad para el color y su capacidad para resultar comunicativo desde un enfoque principalmente asbtracto que pone de relieve la modernidad de la escritura, hacen de estas recreaciones auténticas referencias.

Total, un disco magnífico. Que la toma sonora del Schumann no esté a la altura de las mejores grabaciones digitales de aquellos años (la orquesta suena algo lejana y difusa, me aseguran que en parte debido a la acústica de la sala) no debe ser impedimento para que los buenos melómanos dejen de disfrutar las muchas bellezas aquí contenidas.

Sinfonía nº 4 de Mendelssohn, "Italiana": discografía comparada

Esta comparativa de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn la publiqué inicialmente el 2 de junio de 2024. He añadido Solti/Israel, Solti/Viena...