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domingo, 4 de enero de 2026

Dos discos imprescindibles: Savall y Trifonov

Lamento no tener ahora, por diferentes razones, la posibilidad de escribir mucho sobre música, pero hay dos discos que he escuchado en las últimas veinticuatro horas que me han llenado muchísimo espiritualmente.

Uno lo protagoniza Jordi Savall se llama Codex Las Huelgas. Bestiaire et Symboles du Divin. 1300-1340. Se trata, obviamente, de la visión que el de Igualada ofrece del celebérrimo códice que aún se encuentra en el monasterio burgalés, y que los amantes del medievo celebramos de manera especial por ser demostración palmaria de que las novedades musicales francesas habían llegado al sur de los Pirineos. De hecho, como quien no quiere la cosa, Savall interpola un conductus de la Escuela de Notre-Dame que resulta muy bienvenido. Ni que decir tiene que el maestro le echa mucha imaginación a la parte interpretativa, pero también hay que advertir que algunas de las decisiones se encuentran justificadas en las notas de nada menos que Juan Carlos Asensio, que no es precisamente un ignorante. Las voces funcionan muy bien, pero quienes más despiertan nuestra admiración son Pierre Hamon y Andrew Lawrence-King, no en balde dos de los mejores intérpretes que ha conocido la música medieval desde que se inventó el disco. La toma de sonido es magnífica pese a estar realizada en un concierto del 15 de julio de 2021 en la abadía de Fontfroide.

Ojo, en la web de Savall el disco está agotado. Yo lo he tenido que comprar en Ámsterdam. Se lo recomiendo a todos ustedes vivamente, como también que vean si no lo han hecho ya el globalmente magnífico concierto excepción es el segundo movimiento de la Júpiter– que el artista ha ofrecido recientemente con la Filarmónica de Berlín, que comenté por aquí.

El otro disco se grabó en 2020 y lo tengo desde hace tiempo, pero no lo he escuchado hasta ahora: hice demasiado caso a quienes insistían en que Daniil Trifonov vale poco. De acuerdo, yo mismo le he escuchado en directo un Chopin horrible, dicho con un gusto atroz, y que en disco hay cosas que me han parecido notables y otras más bien flojas. Pero Bach: The Arte of Life es una maravilla. ¡Imbécil de mí, lo que me he estado perdiendo! Advierto que el doble CD no sé comentarlo: Bach le viene muy, pero que muy grande a mi corta mente.

Solo diré que nunca me había gustado tanto El arte de la fuga cuyo último número el ruso se atreve a completar, diría con gran acierto, si bien lo más impresionante es la Chacona de la BWV 1004 en la versión pianística de Brahms para la mano izquierda: se escucha con verdadero escalofrío. Un derroche de belleza, lo que está muy bien, pero sobre todo un pozo sin fondo en el interior del alma humana. Ni se les ocurra perdérselo.

PD. Hace años en este blog se montó un show cuando dije lo que pensaba de la Chacona en interpretación de Amandine Beyer, una de las artistas favoritas de la kale barroka hispalense. Les dejo el vídeo para que comparen: no se puede hacer sonar a un violín con mayor fealdad (¡se queda tan ancha la señora!) ni frasear de manera más arbitraria e insensible. Pero bueno, en estos tiempos en los que un presidente de gobierno (¡e incluso Jordi Savall, manda narices!) elogian el monumental e histórico mamarracho de Rosalía, cualquier cosa cuela.

jueves, 18 de abril de 2024

Una conferencia sobre Hildegard von Bingen

Esta conferencia la impartí hace más de un año. Aparece ahora. Confío en que sirva para dar a conocer aún más la figura de esta extraordinaria mujer.



miércoles, 2 de agosto de 2023

Algunos de mis favoritos de música medieval

Me sigue doliendo al escribo en el teclado del ordenador, así que improviso una entrada bastante tonta, pero que no me supone mucho esfuerzo físico. Repárese en que se no se trata de "las mejores grabaciones de música medieval". Simplemente, ofrezco una pequeña lista de discos de este repertorio que me han impresionado muchísimo, o que en su momento supusieron un punto de inflexión importante en mi trayectoria de melómano. He procurado rotular bien de cara a los lectores invidentes. Si estos necesitan más datos, que me lo hagan saber. Gracias.

 

 

 





 

viernes, 3 de marzo de 2023

Las presuntas contradicciones de Hildegard von Bingen

Artículo publicado hoy, primer viernes de marzo, en Diario de Jerez (enlace).

 

El Ateneo de Jerez, dentro de su IV Ciclo Marzo, con M de Mujer, me invita a hablar este lunes 6 de marzo, a las 19:30 horas, de una de las féminas más fascinantes de las que se tengan noticia: Hildegard von Bingen. Si lo prefieren ustedes, Hildegarda de Bingen, o sencillamente Santa Hildegarda.

Nacida en el Sacro Imperio Romano Germánico allá por 1098 y fallecida en 1179 a los ochenta y uno recién cumplidos, la abadesa que fundó los monasterios de Rupertsberg y Eibingen en las cercanías del Rin siempre afirmó de sí misma no ser más que una pobre inculta que había tenido el privilegio de recibir, desde muy temprana edad, una serie de visiones divinas que se decidiría a poner por escrito a partir de 1141. Pero lo cierto es que el análisis científico de su muy abundante producción literaria deja entrever un profundísimo conocimiento de las Sagradas Escrituras, del mundo grecorromano y de la patrística cristiana, incluyendo entre otros muchos nombres a nuestros Séneca, Lucano y San Isidoro, aunque sin dejar por ello de lado la propia tradición de tierras germánicas. Una tradición que también recoge en sus justamente célebres tratados de historia natural y medicina, al tiempo que sintetiza en ellos los saberes de la Antigüedad que habían cristalizado en Galeno, tan influyente a lo largo de toda la Edad Media. 

No son contradicciones, aunque para una persona de nuestro cada vez más ideológicamente radicalizado siglo XXI la vida y la obra de la abadesa renana puedan parecer repletos de ellas. Hildegard decía recibir visiones, pero dejó muy claro que estas nunca le llegaron en momentos de éxtasis ni de ausencia de los sentidos. Se mantuvo rigurosamente fiel al dogma al tiempo que desarrolló una religiosidad en cierto modo renovadora, en la cual el ser humano y sus circunstancias no son ya fuente de pecado, sino objeto de profunda admiración como máxima creación de la divinidad. Defendió sin titubeo alguno la jerarquía eclesiástica y la obediencia a los superiores, sin que ello le impidiera denunciar públicamente y con extrema dureza el comportamiento de sacerdotes y prelados. Se carteó con reyes y emperadores, que con frecuencia le escribían pidiendo consejo, mas no tuvo problemas a la hora de reprobar a su hasta entonces amigo Federico Barbarroja cuando este se enfrentó con el papado. Tuvo en la más alta consideración la vida eremítica, y de hecho permaneció aislada durante décadas, pero ya muy mayor tuvo la valentía de realizar largas predicaciones por tierras alemanas en las que no se cortó precisamente la lengua a la hora de condenar tanto a buena parte del clero como a la herejía cátara.

Mantuvo la tradición de no permitir ingresar en sus conventos a personas de baja condición social, mientras que reivindicaba de manera especial la atención a pobres y necesitados. Aceptó tradiciones curativas no muy distantes de la hechicería con la misma naturalidad con la que ofrecía reflexiones médicas derivadas de la más atenta observación empírica. Consideró merecedoras de la muerte las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, y reconoció al mismo tiempo haber sentido un intenso amor por su secretaria Richardis von Stade, luchando con uñas y dientes contra el arzobispo de Bremen cuando este la separó de su seno para nombrarla abadesa en Sajonia. Aplaudió la castidad y condenó la masturbación en los dos sexos, lo que no le impidió describir con toda propiedad, por primera vez en la historia, la experiencia física y psicológica del orgasmo femenino desde el punto de vista de la mujer. Y asumió la tradicional creencia en la inferioridad de esta con respecto al varón mientras que aprovechaba para reivindicar de una manera desacostumbrada para esa época de transición que fue el siglo XII aquello que hoy denominaríamos empoderamiento femenino.

Así las cosas, no debe extrañar que Benedicto XVI proclamara a Hildegard Doctora de la Iglesia Universal, declarando la manera en que “en el horizonte de la historia, esta gran figura de mujer se perfila con límpida claridad por santidad de vida y originalidad de doctrina”, mas tampoco puede sorprendernos que la investigación científica de carácter feminista haya puesto los ojos en esta abadesa benedictina por sus planteamientos igualitarios (reivindica una “relación de reciprocidad y una sustancial igualdad entre hombre y mujer”, en palabras de Ratzinger), por la incansable valentía de su testimonio y por la calidad de su producción filosófica, científica y musical.

Y aquí llegamos al que quizá sea el campo más interesante de todo su legado. Hildegard es la más importante de todas las mujeres, desgraciadamente muy pocas desde el punto de vista porcentual, que han sido compositoras de eso que llamamos de manera genérica “música clásica”. ¿Gregoriano? No exactamente: en sus cantos religiosos, escritos para comunidades monásticas tanto femeninas como masculinas, sigue las fórmulas de aquella ya veterana tradición, pero haciéndolo con unas maneras muy personales y desplegando soberbia inspiración. De paso, Hildegard es la autora del primero de los dramas litúrgicos conservados, muy lejano pero obvio precedente del género operístico: Ordo Virtutum.

De su labor creativa en el mundo musical, de la estrecha relación que para la abadesa este guarda con su propia concepción de la creación divina, así como de la capacidad de la música para materializar las visiones que fue recibiendo a lo largo de su vida, es decir, para hacer tangible lo intangible, tendré el privilegio de explicarles algo en nuestro Ateneo.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Alfonso X, ¿mala influencia?

Escribo esta entrada en calidad de historiador del arte –de segunda o tercera fila, eso ya lo he dicho en otra ocasión– que desde allá por 1993 lleva interesándose por el medioevo andaluz, particularmente por sus manifestaciones artísticas.


He tenido la desgracia de toparme hoy con uno de los artículos más deleznables que he leído recientemente (aquí). Tristeza doble, porque lo firma mi examigo Juan José Roldán Valdés. No tengo más remedio que contestar: me lo piden las muchísimas horas que he dedicado, con mayor o menor fortuna, a la figura de Alfonso X el Sabio y todo cuanto le rodea.

Dice el autor de la reseña:

“(…) acaba de inaugurarse en la emblemática Torre de Don Fadrique un mapping celebrando el paso del monarca por la capital andaluza y la relevancia que tuvo para la ciudad, traducido siempre en aciertos, sin mencionar jamás la influencia que para mal tienen este tipo de personajes que generalmente vitoreamos sin someter al análisis riguroso y certero que merecen. Los milagros de la Virgen sirvieron, a veces en tono jocoso e incluso casi cómico, para perpetuar el sometimiento del pueblo a través de la fe y el dogma, independientemente del valor artístico musical que su traducción en cantigas pueda haber mantenido a lo largo de los siglos.”

Primero. Alfonso X de Castilla ha sido sometido a muchísimos análisis "rigurosos y certeros". Unos más que otros, pero se cuentan por cientos. La bibliografía es extensísima: repárese en la que incluye el catálogo de la reciente exposición celebrada en Toledo, o en la de hace algunos años en Murcia, o bien en las que se incluyen en las monografías de Joseph O’Callaghan o Manuel González Jiménez. La valoración de su reinado no está exenta de puntos de vista muy distintos entre sí, e incluso de polémicas, pero nadie que escriba con un mínimo de conocimiento puede ignorar la ingente bibliografía que Don Alonso ha suscitado.

Segundo. Todos esos historiadores han señalado repetidamente errores, fracasos y actuaciones muy negativas del monarca. Hasta la saciedad. De hecho, en siglos pasados su labor solo fue bien valorada en el plano cultural, y no ha sido sino hasta fechas relativamente recientes cuando se ha empezado a ver que en otros campos de su gobierno hubo también aspectos altamente positivos. No voy a entrar en todo ello: basta con acudir a una librería o bucear por internet en busca de la bibliografía rigurosa, que –debo insistir– es ingente en cantidad.

Tercero. Independientemente de sus desaciertos y fracasos, la figura de Don Alonso fue extremadamente beneficiosa para Sevilla. Tal vez la que más, a lo largo de toda su historia. Al convertirla en capital del reino –ejerce de tal la ciudad en la que reside el monarca, y fue allí donde más tiempo vivió nuestro personaje–, la antigua Hispalis se convirtió en uno de los mayores centros culturales de toda Europa. Justamente, el encabezado por un monarca que en lo que se refiere al interés por las artes no tuvo parangón alguno –no lo digo yo, lo dicen los que verdaderamente saben– en todo el medioevo. Y no solo por las artes "cristianas", sino también por toda la cultura grecolatina, la islámica y la hebrea. ¿Hace falta insistir en cómo asume, aprovecha y renueva el fenómeno que conocemos como Escuela de Traductores de Toledo?

Cuarto. Los milagros recopilados por orden del monarca tienen muy diversa procedencia –a veces ni siquiera eran marianos en origen–, las Cantigas tuvieron un uso privado y, desde luego, no sirvieron “para perpetuar el sometimiento del pueblo a través de la fe y el dogma”. No comprendo cómo se puede escribir una barrabasada semejante. O sí: quizá se han visto demasiadas películas (¡cuándo daño ha hecho El nombre de la rosa!) y se ha leído poco o nada sobre lo que fue la Edad Media.

En fin, aquí el enlace sobre un texto que escribí en Ritmo sobre las Cantigas –ya desactualizado, qué le vamos a hacer–, otro más reciente y una conferencia que impartí el pasado octubre sobre ellas. No serán gran cosa, pero pueden ayudar a combatir la sarta de tópicos y disparates que se han escrito en un medio antaño prestigioso como fue El Correo de Andalucía.


 

miércoles, 6 de abril de 2022

Memorables Cantigas en Sevilla

Concierto absoltamente memorable el que tuve la oportunidad de escuchar el sábado 2 de abril en el gran salón gótico del Alcázar de Sevilla dedicado a una obra que allí mismo fue tomando forma, al menos en un amplio porcentaje de las mismas: las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio.

Responsables del milagro fueron las sobranos Hana Blaziková y Barbora Kabátková, acompañándose ellas mismas de sendas arpas y secundadas por el imaginativo salterio de Margit Úberllacker y la percusión, siempre muy discreta y sensible, de Martin Novák. Ni otros cordófonos, ni aerófonos.

Motivos personales me llevan a no escribir reseña del concierto. Me limito a recomendarles que escuchen el disco en su plataforma preferida y a dejar testimonio de que fue, al menos para quien suscribe, una velada de increíble belleza.


viernes, 25 de marzo de 2022

Mi conferencia sobre las Cantigas de Santa María

No voy a ocultar que me encantaría hablar en público alguna vez sobre música en Sevilla. El asunto, sin embargo, parece difícil. Quienes se decían mis amigos no me ayudaron en su momento contra el veto que sobre mí impuso María Jesús Ruiz desde la ROSS, así que imposible hablar sobre temas sinfónicos. Sobre cuestiones medievales la cosa está aún más cruda, porque las conferencias sobre música antigua son un asunto controlado por gente como los Alqhai, Rico, Vayón y compañía: la hipótesis de que me pudieran invitar entra dentro de la ciencia-ficción.

Lo cierto es que algunos de estos señores tenían prevista para ayer 24 de marzo una conferencia de Pepe Rey sobre las Cantigas de Santa María, al hilo del Festival de Música Antigua y su homenaje a Alfonso X, que ha sido cancelada. Pues bien, me permito ofrecerles a todos ustedes la que quien esto escribe pronunció el miércoles 27 de octubre de 2021 en el Alcázar de Jerez de la Frontera, dentro de un ciclo dedicado al Rey Sabio organizado por la Asociación Jerezana de Amigos del Archivo y la Universidad Pablo de Olavide.


Para mí fue una velada muy bonita, porque pude hablar en sus tres vertientes, literaria, pictórica y musical, de una obra que me fascina. Se llenó el salón –antes de comenzar conté alrededor de 105 o 110 personas– y parece que lo que hice gustó bastante, aunque hubiera poquísimo de mis propias investigaciones –la arquitectura alfonsí sí que la conozco de primera mano, aunque con bastante menos profundidad de la que me gustaría–, y muchísimo de lo que otros han investigado. En cualquier caso, creo que se trató de un digno estado de la cuestión, que es de lo que se trataba.

El evento no se filmó, pero tuve la precaución de grabar el sonido con mi teléfono móvil. Ahora, armado de paciencia, he ido colocando cada una de las diapositivas en su lugar correspondiente. Se pierden las animaciones que se vieron en su momento, eso es cierto, pero con respecto a lo que se hubiera podido filmar in situ, ganamos en nitidez visual.

Me encantaría que a ustedes les gustase el resultado de este trabajo y, sobre todo, que les sirviese para saber algo más sobre la labor cultural de ese monarca incomparable que fue Don Alonso. 

PD. Una especie de resumen de la conferencia lo pueden encontrar aquí.

lunes, 25 de octubre de 2021

Las Cantigas de Santa María, entre tres mundos

Mi agradecimiento a todas las personas que, a través de diferentes medios, se han lamentado de que este blog  paralice su actividad. Seguirá cerrado, al menos hasta principios de 2022, por una mezcla de cansancio, tristeza y decepción. Quiero compartir con ustedes, no obstante, este artículo que ha sido publicado hoy por La Voz del Sur (enlace) e invitarles a acudir, si es que les resulta factible hacerlo, a la conferencia que espero ofrecer este miércoles 27 de octubre a las 18:30 en el Alcázar de Jerez de la Frontera sobre uno de mis temas favoritos.


Las Cantigas de Santa María, entre tres mundos

Este es el título de la conferencia que tendré la ocasión de pronunciar el próximo miércoles 27 de octubre en el Alcázar de Jerez dentro del homenaje a Alfonso X que en el 800 aniversario de su nacimiento rinden la Asociación Jerezana de Amigos del Archivo y la Universidad Pablo de Olavide.

¿Qué tres mundos, se preguntarán algunos? No, el asunto no gira en torno al manido tema de la convivencia entre las culturas cristianas, árabe y judía. Los tres mundos son el hispano, el cristiano europeo y el que rodea el Mar Mediterráneo. Puede que a alguien le sorprenda que considere “lo hispano” como un único mundo, cuando para muchos se trata de dos distintos, enfrentados entre sí en el marco de eso que se conoce como “Reconquista”. Pues miren ustedes, aunque en modo alguno se pueda hablar durante el medievo de una unidad política conocida como España –ni siquiera en época visigoda, con los suevos haciendo lo que les daba la gana por ahí arriba y los bizantinos dando vueltas por aquí abajo–, yo creo que como concepto territorial e histórico sí que existía una España medieval. Una España plurinacional, mal que le pese a algunos. ¿Cómo se autodenominaba a sí mismo Alfonso X? Pues “Rey de las Españas”. Que se enterasen bien todos, especialmente su suegro Jaime I, porque de lo que se trataba era de reivindicar la hegemonía de Castilla en el territorio peninsular, de Norte a Sur, de Oeste a Este.


Mas no olvidemos que en su Estoria de España Don Alfonso incluye a Al-Ándalus, por derecho propio. Lo digo porque andan ciertos historiadores actuales afirmando el carácter inapropiado de términos como “hispanomusulmán” o “España musulmana”. Me temo que sus prejuicios ideológicos les hace tener una visión sesgada de la realidad. ¡Claro que Al-Ándalus es España! Y la cultura andalusí, concretamente la que se desarrolla entre Abderramán II y la disolución del califato, una de nuestras más espléndidas contribuciones a la historia europea. Luego se podrá discutir largamente sobre hasta qué punto la civilización aquí desarrollada es deudora de la oriental –quizá bastante–, hasta qué punto existe una continuidad con el periodo visigótico –Al-Ándalus está plagado de mozárabes hasta el siglo IX como mínimo–, o quizá también sobre la manera en que tanto el islam oriental como el peninsular beben de una misma fuente: la antigüedad tardía, romana y cristiana al mismo tiempo. Pero España es todo lo que va desde los Pirineos hasta Gibraltar. Un todo plural, plagado de encuentros y de desencuentros, marcado por los enfrentamientos bélicos –cristianos contra musulmanes, cristianos contra cristianos, musulmanes contra musulmanes–, y en cualquier caso de una riqueza cultural extraordinaria. Las Cantigas se alimentan parcialmente de ese sustrato, aunque no solamente de él.


Europa y el Mediterráneo, decía. La lírica de los trovadores occitanos y de los troveros del norte de Francia está por completo presente en el cancionero mariano dirigido por el Rey Sabio, fundamentalmente en lo que se refiere al concepto del amor cortés: María como, en palabras de Carmen Rodríguez Suso, “epítome de la mujer cantada por la lírica cortesana”. Sobre eso no puede haber discusión, si bien la polémica ha sido larga en torno si la estructura viene del zéjel islámico o del virelai francés. Para liar más el asunto, el mismísimo Ramón Menéndez Pidal defendía el origen islámico del propio concepto del amor cortés, así que ya ustedes dirán. En lo que a la música propiamente dicha se refiere, Maricarmen Gómez Muntané ha detectado un muy amplio abanico de fuentes que nutrieron a las Cantigas, desde las que poseen origen litúrgico –del canto gregoriano, para entendernos– y las que vienen de la renovadora Escuela de Notre Dame parisina hasta aquellas que corresponden al mundo de trovadores y troveros franceses, a las que hay que sumar las que entroncan del repertorio lírico español y podrían remontarse hasta las antiguas jarchas mozárabes.

¿Y las miniaturas? Teóricamente estamos en el momento de consolidación de la pintura del gótico lineal. La fuerza de los talleres de iluminación del entorno parisino tiene que dejarse notar forzosamente, si bien mi expertísimo amigo Fernando Gutiérrez Baños ha detectado puntos de contacto con la vanguardia londinense que reinterpretaba modelos parisinos en el palacio y la abadía de Westminster en tiempos de Enrique III. ¿Casualidad que la infanta Leonor de Castilla, hermanastra de Alfonso X, se casase con el futuro Eduardo I? Aun así, tanto Fernando como todos los demás grandes especialistas insisten en que es imposible explicar las miniaturas de las Cantigas solo con el gótico lineal: el interés por el volumen, el tratamiento del color, el diseño del espacio, la concepción de los fondos y determinadas iconografías apuntan en direcciones muy diferentes. ¿Hacia Al-Ándalus? Posiblemente: ahí está el códice de los amores entre Bayad y Riyad conservado en el Vaticano. Y aún con ello no basta.

Por eso debemos ampliar nuestra mirada. Está el Mediterráneo. Está la corte de Federico II y sus descendientes en Nápoles y Sicilia, tierras ya fertilizadas por musulmanes y normandos. La madre del Rey Sabio era Beatriz de Suabia, prima de Federico, a su vez Emperador del Sacro Romano Germánico. De ahí precisamente que el monarca que conquistó Sharish y la transformó en Jerez de la Frontera aspirase una y otra vez al trono imperial, y que buena parte de su impresionante actividad legislativa y cultural estuviese planteada imaginando la corona sobre su frente. Se ha insistido que el segundo proyecto de Cantigas hasta alcanzar la cifra de cuatrocientas (tras cerrar una primera serie de solo cien) tiene mucho que ver con semejantes aspiraciones. Por otra parte, la reciente tesis doctoral de Laura Molina López “El Infante Don Fadrique y la estela del arte suabo en el Reino de Castilla en la segunda mitad del siglo XIII” ha dejado bien claro cómo la efervescencia cultural italiana tuvo mucho que ver con la de la corte de nuestro Alfonso X.

Claro que también el Mediterráneo, no lo olvidemos, es el mar por el que van y vienen los cruzados, se trasmiten leyendas y milagros, se van transmitiendo y modificando diferentes tradiciones musicales de carácter oral y se desarrolla un intenso comercio de manuscritos entre diferentes reinos y culturas. Ahí están las ilustraciones a las Maqamat de al-Hariri realizadas en Bagdad por el miniaturista al-Wasiti pocas décadas antes de nuestras Cantigas, en las que no pocos especialistas han querido encontrar paralelismos que se explican por la existencia de un intenso flujo cultural dentro de un espacio con muchas más raíces comunes de las que algunos quieren ver. Sin ese Mar Nuestro, el de aquella antigua Roma que durante todo el medievo miran con el rabillo del ojo cristianos y musulmanes, Alfonso X no hubiera podido sentar las bases de un intenso renacimiento cultural al que le deberá mucho no solo el Renacimiento propiamente dicho, sino también nuestra civilización occidental tal y como hoy la conocemos.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Agradecimientos y cierre

Esta entrada no es una recomendación discográfica, entre otras cosas porque este compacto de canto romano antiguo grabado por Marcel Pérès y su Ensemble Organum en marzo de 2008 –el último que registraron con este repertorio– bajo el título Incarnatio Verbi está agotado y no se encuentra disponible en las plataformas de streaming. Lo que quiero es mostrar mi agradecimiento público a estos artistas por la dosis de espiritualidad que me han aportado en las últimas horas, pues he vuelto a la grabación justo en los momentos para los que esta música estaba pensaba: los siete primeros tracks para la Nochebuena y los siete últimos para la mañana de Navidad. Frente a la extrema vulgaridad de las canciones con que nos suelen machacar por estas fechas, la más honda belleza de la liturgia anterior a la reforma gregoriana, en interpretación tan fascinante como reveladora.

 

Y esa es otra cosa que tengo que agradecerle a Pérès y a los suyos: atreverse a romper moldes y a sufrir los ataques de quienes se han acomodado en exceso a una determinada manera de escuchar el repertorio sacro medieval (¡hay aún quienes creen que sonaba como el gregoriano de Silos, manda narices!) para revelarnos muchísimas cosas sobre un universo que sigue en su mayor parte inexplorado, particularmente en lo que a la Alta Edad Media se refiere. No solo estoy agradecido como melómano, sino también como modestísimo investigador en temas que tienen que ver con el arte islámico, el medievo cristiano, los vínculos entre esos dos ámbitos y sus raíces comunes en la Antigüedad Tardía.

Un último agradecimiento: a todos ustedes por leerme. La acumulación de trabajo me obliga a estar ausente por algunas semanas de este blog. Les deseo Feliz Navidad y una mejor entrada de año. O, al menos, un 2021 menos infeliz que este 2020 que ahora acaba. Para mí ha sido, por muchas razones, el año más triste de los hasta ahora vividos. Creo que me conformaré con sobrevivir al siguiente.

martes, 21 de julio de 2020

Música para el 24 de julio: Compostela

He escuchado hoy martes el disco que me gustaría escuchar el viernes 24 de julio por la tarde, que es cuando corresponde; espero estar entonces en Granada chapoteando en la piscina de un hotel mientras espero el recital de Daniel Barenboim. Se trata de una reconstrucción musical de las Vísperas del Día de Santiago –25 de julio– realizada por Marcel Pérès y su Ensemble Organum a partir del contenido del Codex Calixtinus, es decir, de la copia más antigua que se conserva del Liber Sancti Iacobi, grabada en mayo de 2004 en el Monasterio de Santa María de Irache (Navarra) para el sello Ambroisie. Tengo el disco original, pero lo que hoy he puesto es el streaming en HD distribuido por Harmonia Mundi que se encuentra en Qobuz. He disfrutado mucho, una vez más.


Por si alguno de ustedes no lo sabe, el Codex Calixtinus no es solo el protagonista de una reciente y no poco morbosa historia de robo y feliz recuperación que ha sacado a la luz diversas corruptelas en torno a la Catedral de Santiago de Compostela. Es también una de las joyas de toda la cultura medieval europea. Por muchas cosas, entre ellas porque entre la colección de música que se añade a los relatos hagiográficos, milagros del apóstol, textos litúrgicos y a la célebre guía del peregrino, aparecen algunos de los ejemplos más antiguos de canto polifónico –para entendernos, canto de “estilo gótico” frente al pasado “románico”– que se conservan. A dos voces, por descontado, aunque también tenemos aquí la primerísima pieza a tres voces de todo nuestro repertorio occidental: el fascinante conductus Congaudeant catholici, atribuida al Magister Albertus de París, un señor que fue canónigo en la catedral de la capital francesa entre 1146 y 1177, que por ende era contemporáneo e incluso un poco anterior a nuestros queridos Leonín y Perotín.

La personalísima línea interpretativa de Pérès irrita profundamente a algunas sensibilidades. A mí me encanta. Tres son sus fundamentos: emisión “rústica” que rompe por completo con la ortodoxa canora que se deriva del belcantismo y que genera una tímbrica de lo más peculiar, abundancia de adornos melismáticos y recuperación de la rítmica de la música litúrgica medieval que fue barrida del mapa cuando se impusieron las maneras de hacer de la escuela de Solesmes, que son ni más ni menos las de lo que todo el mundo conoce como “gregoriano de Silos”. Lo explica el intérprete en sus notas, que intento aquí traducir: “en lo que se refiere al ritmo, se decretó (denegando por completo la evidencia de la historia y de la tradición) que el canto llano no pudo haber tenido una rítmica regular, siendo esta un signo de materialidad, lo que era incompatible con la naturaleza espiritual de esta música”.

Ahí pone Pérès el dedo en la llaga. Recuerdo bien cuando en Primero de BUP nuestra profesora nos hizo estudiar esas líneas del manual de Historia de la Música de Emilio Casares en las que se decía que ese repertorio, lo que llamamos comúnmente gregoriano, no es sino una especie de “yoga musical” que intenta elevar el espíritu hacia la divinidad. Y como esta idea coincide plenamente con la particular espiritualidad neoplatónica que está en el origen del estilo gótico -ya saben, el Abad Suger, los textos del Pseudo Dionisio Areopagita y todo eso-, todo encaja y no nos plateamos más problemas. Música para relajarse, para despegarse de la materialidad que nos rodea, para encontrar la paz espiritual… Y no es eso. Porque en el gótico hay también tensión –eso son las grandes catedrales del estilo: pura tensión arquitectónica–, hay contrastes, hay abundante ornamentación y hay –o había: revestimiento mural y vidrieras se han perdido en buena medida– intensísimos y virulentos colores que resaltan los aspectos dramáticos de la arquitectura y de la escultura.

¿Se puede hacer de otra forma? ¡Por supuesto! Pero este repertorio no solo admite, sino que también pide, intentar las más diversas fórmulas de aproximación. Algunas, como las de Pérès, pueden chocar e incluso irritar, como también lo harían los interiores de nuestros edificios medievales si los viésemos con los colores y la iluminación con los que fueron originalmente planteados. A mí me parece que merece muchísimo la pena la experiencia. Algún piratilla les da a ustedes facilidades a través de YouTube: les recomiendo que aprovechen la oportunidad.

domingo, 15 de marzo de 2020

martes, 11 de diciembre de 2012

Más música antigua en Úbeda y Baeza

Llega el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza a su decimosexta edición. El año pasado mostraba en este blog mi preocupación por el futuro. Pues bueno, a pesar de la crisis y de la brutal subida del IVA debido a que los eventos musicales han pasado a ser considerados por nuestros gobernantes como “entretenimiento”, IVA que por cierto ha de ser asumido por la organización toda vez que los precios de las entradas no se han tocado, lo cierto es que se mantiene un nivel medio interpretativo apreciable, una atractiva diversificación de los espacios escénicos por diferentes puntos de la geografía jiennense y una cantidad realmente alta de conciertos, veintiséis programas en total, independientemente de que para “rellenar huecos” se haya recurrido a grupos modestos no siempre históricamente informados.

Ha habido, además, una cantidad importante de invitados oficiales: la noche del sábado 8 de diciembre conté, en el concierto de Alia Musica, un total de siete bancas con asientos reservados, lo que hacen, a cuatro plazas cada una, un total de veintiocho entradas de protocolo, incluyendo varios críticos de la prensa especializada andaluza y nacional. Esto último implica la consecución de algo decisivo, una digna cobertura por parte de los medios correspondientes que sirva para nutrir de público a futuras ediciones, al tiempo que indica, junto a la importante cifra de conciertos arriba referida, que el presupuesto manejado no resulta tan exiguo como nos podíamos temer. La implicación de organismos como la Junta de Andalucía, la Diputación de Jaén, los respectivos ayuntamientos de Úbeda y Baeza, la Universidad Internacional de Andalucía y la Universidad de Jaén, además del CNDM dependiente del INAEM -con Antonio Moral a su frente-, el Obispado de Jaén y la Sociedad de la Vihuela, explica tan satisfactoria circunstancia. Decididamente, por mucho que se empeñen mis queridos liberales, la participación amplia del erario público resulta indispensable para la existencia de manifestaciones culturales todo lo minoritarias que se quiera, pero de indiscutible calidad y necesarias para algo que va mucho más allá del referido entretenimiento.

Ya dije algo aquí sobre un concierto de dos trompetas y órgano en Villacarrillo y del recital de Marta Almajano. Me toca ahora dejar apuntes sobre lo que pude escuchar en el puente Constitución-Inmaculada. El jueves 6 de diciembre arrancaba un pequeño ciclo en conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212: comienzo de la conquista cristiana de Andalucía), organizado en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical. La velada en cuestión, que se celebró en las ruinas de San Francisco de Baeza, tuvo como protagonista al célebre Ensemble Andalusí de Tetuán, al que tenía ganas de escuchar en directo desde hace muchos años. Me gustó la música -magrebí pero con raíces en Al-Andalus, claro- y me gusto la interpretación, de la que no puedo decir nada por mi desconocimiento del repertorio. Para mí resultó de enorme interés el conjunto de explicaciones que ofrecieron. ¿Por qué otros intérpretes no hacen lo mismo?

Justo eso, algún comentario más o menos acertado, es lo que le faltó a la una del mediodía del viernes al espléndido recital ofrecido al frente del soberbio órgano barroco de la iglesia baezana de San Andrés por el joven pero muy experimentado instrumentista zamorano Juan María Pedrero. De acuerdo con que entre el escaso público asistente -comenzamos unos cuarenta, luego fueron llegando unos veinte o treinta más- debía de haber algunos enormes frikis de este repertorio, pero sospecho que la mayoría de los asistentes no éramos expertos en la interesantísima música del protagonista del evento, Juan Bautista Cabanilles. La humedad, la niebla y el frio no acompañaron.

A las tres de la tarde pudimos asistir a la emisión en directo del programa Los clásicos, de RNE. Fue curioso. Me divirtió que el locutor afirmase que el recinto estaba “abarrotado” cuando alcanzaba en realidad el sesenta por ciento de ocupación (aun así, bastante gente). Y me interesaron las brevísimas actuaciones de Alia Musica y La Danserye, aunque a mí quien me sorprendió fue la soprano Verónica Plata, una voz de mucho fuste que sabe cantar con gracejo. Entre los invitados a la tertulia se encontraba Antonio Moral.

A las ocho y media de la tarde tenía lugar el concierto de Alia Musica en la iglesia románica baezana de Santa Cruz. Pude asistir por los pelos: las cien entradas que se pusieron a la venta estaban agotadas desde hace días, pero haciendo cola con más de una hora de antelacion pude pillar una de las treinta adicionales que se vendieron esa misma tarde. Sospecho que debió de haber público que se quedó sin entrar. El título del programa era Secreta mulierium: la mujer y la música en el siglo XIII. En realidad, monodia y polifonía religiosa del siglo citado y del anterior, incluyendo alguna página del Códice de las Huelgas, más una canción de la Condesa de Día. Una preciosidad. El grupo de Miguel Sánchez me parece el mejor en España para este repertorio. En parte por la enorme seriedad filológica y musicalidad expresiva de su director. En parte porque las voces de Albina Cuadrado, Helia Martínez, Carolina del Solar y Patricia García-Salmones, sin ser impecables en lo técnico -tampoco es fácil cantar en medio de semejante frío- son de incuestionable calidad y cantan con un gusto exquisito que ya quisieran para sí muchas otras.

Al día siguiente los conciertos se trasladaron a Úbeda. A la una del mediodía la iglesia barroca de La Trinidad acogía al grupo Trombetta Antiqua: dos trompetas y órgano, igual que el concieto de Villacarrillo a cargo de Triorganum. De hecho uno de los trompetistas era el mismo, Vicente Alcaide Roldán, esta vez acompañado de Alejandro Gómez Hurtado. La diferencia es que ahora se usaba trompeta natural, aunque el órgano seguía siendo eléctrico. ¡Cómo me hubiera gustado escucharles con el instrumento de San Andrés de Baeza! Aunque las circunstancias no eran favorables -se fue la niebla del día anterior, pero no el frío-, se disfrutó del programa Bologna 1650-1750, integrado por páginas de Giuseppe Jachini, Petronio Franceschini, Giovanni Bononcini y Francesco Manfredini, más piezas de Correa de Arauxo y Cabezón a cargo del organista Santiago Báez. Todo ello, a mi entender, en interpretaciones de muy apreciable dignidad, en conjunto más que las de Triorganum por el mayor equilibrio del conjunto. El público aplaudió con merecido entusiasmo.

Hespèrion XXI la tarde del sábado. Desagradable sorpresa al  llegar: veinticinco minutos antes de la hora de comienzo, la cola en el patio del Hospital de Santiago era ya muy larga, y aun tuvimos que esperar de pie, pasando un frío considerable, hasta que se abrieron las puertas a las ocho y veinticinco. Las entradas estaban sin numerar: imaginen el follón por coger los mejores asientos. Al terminar se vendían discos de Jordi Savall en la conserjería del edificio, pero solo nos dejaban acceder al mostrador para ver el producto pasando ¡de cuatro en cuatro! Nueva cola, claro está. Total, un cutrerío organizativo en lo que a estos aspectos se refiere.

Sin novedad con respecto al concierto propiamente dicho, con el programa Kalenda Maya, Cantos y danzas del Palacio y del Desierto en tiempos de la Batalla de las Navas de Tolosa y del Reinado de Alfonso X El Sabio: Cantigas de Santa María, alguna cosa andalusí, música sefardí, danzas italianas y piezas de Armenia, la mayoría bien conocidas por los aficionados y desde hace tiempo en el repertorio savalliano. Fueron interpretadas por un Jordi Saval y un Dimitri Psonis tan sensibles e imaginativos como siempre en este repertorio, más un Pedro Estevan que -estoy seguro- en el futuro será considerado como uno de los más grandes intérpretes musicales que ha dado España en el siglo XX. La cuidada e intimista iluminación de la original iglesia manierista diseñada por Vandelvira creó un ambiente de lo más apropiado para disfrutar de este hermosísimo espectáculo.

Me despedí del festival de nuevo en Baeza, en las ruinas de San Francisco, la mañana del domingo 9, con un programa ofrecido por cuatro solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla, por cierto innominados en el programa de mano sencillo; el programa "de pago" -ciento cincuenta páginas a solo tres euros- aclaraba  que se trataba de Rafael Ruibérriz, Guillermo Peñalver (flautas), Mercedes Ruiz (violonchelo) y Alejandro Casal (clave), a mi entender muy notables los dos últimos tejiendo el bajo continuo. Buenas interpretaciones, en cualquier caso, para el programa La Querelle des Nations, Francia, Italia, Alemania, 1700-1750. Eso sí, las páginas de Hotteterre y Marais de la primera parte me produjeron cierto sopor que creo compartido por el respetable a tenor de los nada entusiastas aplausos, cambiando la cosa de manera radical con el Sammartini, el Bach y el Telemann de la segunda. Se ocuparon unos ochenta asientos, menos de un tercio del aforo disponible, lo que produjo una sensación desangelada. ¿No hubiera sido mejor que este concierto, como los matinales de los días anteriores, se hubiera ofrecido también de manera gratuita?


miércoles, 1 de agosto de 2012

Ensemble Organum: treinta años no son nada

Como dije en mi entrada anterior, estuve en la abadía de Saint-Pierre de Moissac asistiendo a las celebraciones de los treinta años del Ensemble Organum, un grupo que ha contribuido como quizá ningún otro a renovar nuestros conocimientos de la música religiosa medieval, no solo por devolver a la vida el importante repertorio litúrgico que existía con anterioridad a la extensión de lo que habitualmente conocemos como canto gregoriano, sino también por aportar una sonoridad mucho más convincente a la música de conventos y catedrales, y también por poner de relieve en el territorio sonoro una circunstancia que desde hace tiempo se viene subrayando en la arquitectura y en las artes plásticas: la decisiva importancia de la fusión entre lo clásico y lo orientalizante que se da en la cultura del Imperio Romano tardío (esto es, el que ya conoce la plena integración entre la Iglesia Católica y el poder civil) como base de la Edad Media cristiana e incluso de parte de la musulmana.


De esta última circunstancia viene, obviamente, la peculiar sonoridad del grupo, que algunos equivocadamente podrían achacar a la procedencia argelina de su fundador y director, Marcel Pérès (entrevista), o a su condición de musulmán practicante, cuando en realidad todas sus elaboraciones teóricas y aplicaciones prácticas sobre emisión, tempi y ornamentación están basadas en rigurosos estudios musicológicos que, pese a resultar arriesgados por su novedad, distan de la provocación y -esto es fundamental- son de una musicalidad admirable por su comunicatividad y fuerza expresiva. Otra cosa es que no debamos convertirnos en talibanes de sus planteamientos, toda vez que nos movemos en un repertorio en el que la convivencia de enfoques interpretativos no ya complementarios, sino por completo divergentes, sea necesaria para acercarnos a una realidad, la de la música medieval, mucho más escurridiza de lo que pensamos.

Treinta años, decía, celebrados al mismo tiempo que las fiestas jacobeas. De hecho, las actividades ya habían comenzado un día antes de mi llegada con un homenaje a los más antiguos cantantes del Organum: Malcolm Bothwell, Josep Benet, Josep Cabre, Lycourgos Angelopoulos y Antoine Sicot. La siguiente jornada, música desde las seis de la mañana hasta la medianoche. Quien esto suscribe llegó desde Toulouse a tiempo de escuchar, a las cinco de la tarde, un breve pero fascinante concierto doble: primera parte de canto bizantino -con el mismísimo Angelopoulos derrochando enorme arte a pesar de su edad- y segunda de polifonías corsas.


El necesario descanso en el hotel me hizo poder seguir solo el final de las Primeras Vísperas de Santiago, que son las que se incluyen en el recientemente recuperado Codex Calixtinus. Por cierto, no fueron ofrecidas por el grupo que las grabó en disco con Pérès, obviamente el propio Organum, sino el mucho más nutrido Coro del CIRMA, esto es, el formado por estudiantes que se reúnen durante unos días al año bajo la dirección del maestro argelino para aprender a poner en práctica sus maneras. Ya cerca de las once vino lo más sobrecogedor: con la iglesia gótica de Saint-Pierre iluminada solo con velas, todos los músicos participantes en la jornada se distribuyeron en diferentes lugares de la ancha nave del templo para realizar un particular diálogo de estilos y timbres (viola da gamba, laúd, corneto, órgano, coro…) que resultó de todo punto fascinante.


 A las ocho y media de la mañana siguiente, ya 25 de julio, pude asistir al oficio de las Laudes de Santiago con el concurso musical Pérès, un grupo de miembros del CIRMA y del Organum y unas monjas -de la congregación María Madre de la Iglesia- que cantaban divinamente. Obviamente el himno jacobeo Dum pater familias y el conductus Congaudeant catholici (este último la única pieza a tres voces del Codex, como bien saben los aficionados) fueron los platos fuertes de la ceremonia desde el punto de vista musical. A las diez y media, Misa de Santiago con toda su liturgia y los sacerdotes correspondientes: esta es la mejor manera de apreciar semejante repertorio, en su contexto y no como piezas aisladas de concierto.

A las doce, Ensemble Organum y Coro del CIRMA unían sus fuerzas para interpretar una obra del propio Pérès, Terres Incertaines, que hasta ahora solo se había interpretado completa en una ocasión, allá en su estreno hace algunos lustros en Royaumont. En la partitura hubo momentos magníficos -los más inquietantes y ominosos- y otros que no tanto, pero el conjunto funcionó muy bien. El público se mostró atento y disciplinado. Público de todas las edades, como pueden ver ustedes en la foto adjunta.


 A las seis y cuarto de la tarde estuve en las Segundas Vísperas de Santiago. Y por la noche, en una “soirée” especial por los treinta años del Organum que no era sino una cena de bufet frío en la que pudimos participar -entre músicos, simpatizantes y sospecho que más de un peregrino a Santiago- unas ciento cincuenta personas. Gente que parecía toda bastante maja y desprejuiciada, la verdad: así da gusto. Al final se arrancaron a cantar, claro, aunque yo y mis acompañantes estábamos muy cansados y vimos poco del medio improvisado espectáculo que arrancó durante los postres. Ah, ¡auténtico a más no poder Gianni de Gennaro!

Como al día siguiente por la mañana no había nada de música, aprovechamos para visitar el románico de Souillac y Cahors, regresando a Moissac a través de una ruta campestre de asombrosa belleza paisajística, dicho sea de paso: si ustedes se limitan a las autopistas se perderán gran parte del encanto del lugar.

Ya para terminar, esa tarde del jueves 26 tuvimos un concierto del Ensemble Organum de nuevo en la iglesia de Saint-Pierre para celebrar específicamente los treinta años. El “programa sorpresa” fue el previsible, ineludible y muy deseado recorrido por los principales repertorios que ha abordado el grupo: canto viejo romano, Escuela de Notre-Dame, polifonías sacras y profanas de la era gótica, algo de Renacimiento…  Todo ello cantado por un Ensemble más nutrido de lo que acostumbra e incorporando, junto a las voces más recientes, a los veteranos arriba citados, lo que le dio un plus de emotividad al evento. Curiosamente Pérès permaneció siempre sentado entre el público, incluso cuando interpretaron una fascinante pieza suya llena de tensión sonora, aunque al final salió para recibir los aplausos, hacer un poco de esas desconcertantes polifonías corsas que les salen tan bien, y finalmente tocar una pieza renacentista al órgano que ponía punto y final a un homenaje merecidísimo y lleno de belleza.


Nosotros a la mañana siguiente seguimos nuestra ruta por Albi, Carcasona y Toulouse, es decir, por tierra de cátaros, trovadores y la lengua de oc, pero esa es otra historia que no tiene cabida aquí.

sábado, 10 de diciembre de 2011

De Frescobaldi a Alfonso X pasando por Victoria: música antigua en Úbeda y Baeza (II)

Completo las anotaciones sobre mi doble jornada en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza del presente año. Tras los conciertos del Ensemble La Chimera y el Ensemble Organum del domingo 4 (enlace), aproveché que en mi trabajo hacíamos puente para escuchar el recital de Lorenzo Ghielmi en el órgano –obviamente barroco- de la iglesia de San Andrés de la segunda de las ciudades citadas. El programa se llamaba Afectos, efectos y stravaganzas en la música organística europea del siglo XVII. Pese al título, no hubo en la interpretación extravagancia ni efectismo, y sí una buena dosis de sensatez, naturalidad, atención al equilibrio polifónico y buen gusto a la hora de ornamentar, siempre dentro de un perfecto dominio del idioma. Aunque no todas las obras me convencieron por igual –me quedo con Frescobaldi y Cabanilles antes que con Jan Pieterszoon Sweelinck, Bernardo Storace y Georg Böhm-, la hora y diez minutos de recital no se hicieron pesadas merced a la calidad del instrumento y a la sabiduría del veterano organista italiano. Aunque los pocos que acudimos al evento aplaudimos con calor, el frío del recinto –comentado por el propio Ghielmi– nos hizo conformarnos con una única y breve propina.

Lorenzo Ghielmi Baeza 2011

La siguiente cita fue nada menos que en la Sacra Capilla de El Salvador de Úbeda: la Misa Ave Regina Caelorum y diversos motetes marianos en interpretación del Ensemble Plus Ultra y su director Michael Noone, en esta ocasión a capella. No hubo sorpresas: nivel técnico difícilmente superable, líneas muy empastadas, brillantez diamantina, fluidez en el discurso horizontal y un cierto distanciamiento expresivo al optarse antes por la belleza sonora que por la sensualidad o la tensión dramática. O sea, puro Victoria “a la inglesa”. Comprendo que a algunos no les termine de convencer –a estas alturas hay opciones más interesantes-, pero a mí me gusta mucho. Y qué decir de la música. Por cierto, andaba por allí Antonio Moral, pues el Centro Nacional de Difusión Musical del que ahora es responsable –yo diría que su salida del Real ha resultado positiva tanto para el teatro madrileño como para el CNDM- era coproductor del evento.

Sorpresa para terminar: entradas agotadísimas para el programa Romances de los judíos del Magreb que ofrecía Begoña Olavide con el Ensemble Mudéjar… ¡a las doce de la noche! Por fortuna la artista, la organización y los responsables del singular espacio escénico, la denominada “Sinagoga del agua”, hicieron lo posible para encontrar un hueco a los que acudimos allí en busca de una oportunidad de última hora. Creo que todos pudimos entrar. Fue un recital maravilloso, en gran medida por lo singular de la hora y del recinto, pero también por la belleza de la música sefardí –hubo propina de Alfonso X- y porque Olavide –le tengo mucho cariño desde que la descubrí hace lustros en una iglesia de Jerez con un precioso programa en torno al salterio acompañada de su marido Carlos Paniagua y Pedro Estevan- es una artista de enorme sensibilidad que canta bien –su voz es sensualísima- y toca aun mejor. En esta ocasión la secundaron el solvente laúd de Ramiro Amusatégui y la viola de Giovannello de Genaro, prestando este último de manera puntual su voz digamos popular –quiero decir, de emisión no impostada- para redondear el resultado de una cita nutrida, cálida y –menos mal- calentita, porque esta vez nos habían puesto calefactores. Un gran éxito.

jueves, 8 de diciembre de 2011

De Claudio Monteverdi al Codex Calixtinus pasando por Carlos Gardel: música antigua en Úbeda y Baeza (I)

Lo bueno: el habitualmente tan esforzado como discreto Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza está experimentando una espectacular mejoría en cantidad y calidad que lo convierten, si tenemos en cuenta la incomparable belleza de las ciudades y de sus marcos escénicos, en una de las más interesantes del panorama nacional en su género. Lo malo: aunque con esta se cuentan ya quince ediciones, es necesario un importante apoyo por parte de las administraciones públicas si quiere consolidar su posición, y el panorama en este sentido no resulta precisamente halagüeño. Por estas mismas fechas, el desinterés del ayuntamiento de Úbeda ha mandado a tomar viento al Festival de Música de Cine, al tiempo que –por no salirnos de Andalucía- la Diputación de Sevilla retira el 50 por ciento de su aportación anual al Teatro de la Maestranza. A ningún político se le ocurre recortar en televisiones locales y otras lindezas. Así nos va.

En fin, tras mi visita a Madrid en busca de Lady Macbeth (enlace) me acerqué a Baeza para disfrutar de una peculiarísima sesión continua. Buenos Aires Madrigal es el nombre del espectáculo que a las ocho y media nos ofrecía en las ruinas de San Francisco el Ensemble La Chimera bajo la dirección de Eduardo Egüez. Por lo visto el grupo hispanoamericano lleva ya años ofreciéndolo en sus giras, e incluso lo tienen grabado (noviembre 2002) en el sello M. A. Recordings. A tenor de lo leído en el programa pensé que se trataría de una yuxtaposición de páginas de Frescobaldi, De Rore, Marenzio y Monteverdi con creaciones de Gardel, Piazzolla y otros grandes nombres del tango. No fue eso, o al menos no exactamente, porque más que de yuxtaposición se puede hablar de fusión, incluyendo bandoneón en el bajo continuo y violas da gamba acompañando los sones porteños.

Ensemble Chimera Baeza diciembre 2011

De tal combinación podría resultar un mamarracho o una genialidad. Fue lo segundo, pues aunque los miembros de La Chimera no parezcan de primerísima fila, demostraron ser unos músicos “de verdad”, es decir, alimentados por un verdadero espíritu de equipo, dispuestos a servir a la música mucho antes que a ellos mismos y dotados de un gusto exquisito. Realizaron todos un trabajo fabuloso respaldando a dos solistas vocales a cual mejor: un Furio Zanassi que se desenvuelve sorprendentemente bien en este repertorio tan alejado del que le es propio (¡soberbia además su dicción en castellano!), y una excepcional Susanna Moncayo –preferible a Ximena Biondo, presente en la referida grabación- que cada vez que abría la boca conseguía que un escalofrío recorriera nuestras entrañas. En suma, un espectáculo creativo, arriesgado, mágico e inolvidable que contribuye a tender lazos y abrir la mente: el quejido del bandoneón resulta no estar lejos de la melancolía monteverdiana.

A las doce de la noche, un grupo de unos sesenta o setenta frikis nos congregábamos en la iglesia de Santa Cruz –la única obra románica que queda en Baeza- para reencontrarnos con Marcel Pérès y su Ensemble Organum. Programa duro y fascinante: polifonías primitivas –pero que muy primitivas, anteriores a la Escuela de Notre-Dame- que proceden de Limoges y Moissac, con guinda final del Codex Calixtinus tristemente sustraído de la Catedral de Santiago de Compostela. Las interpretaciones respondieron a lo que se podía esperar: tempi tendentes a la lentitud, emisión vocal rústica y continua recurrencia al melisma. Creen algunos que esto último es un intento de establecer vínculos con el mundo islámico, cuando el asunto en realidad va por otro camino: demostrar cómo la liturgia cristiana medieval y la tradición musulmana beben de una misma fuente, que no es otra que la del último imperio romano, léase bizantino, habida cuenta de la extensión territorial de este en tiempos preislámicos y de su funcionamiento como cruce de caminos en el ámbito cultural. ¿Discutible aplicar semejantes parámetros al mundo cluniacense, esto es, al que se encargó de unificar el mosaico artístico que había existido en la Alta Edad Media haciendo uso de la liturgia romana y de la arquitectura románica? Pues sí, pero el resultado –justo como en el concierto de tangos y madrigales- fue tan arriesgado como revelador. El frío, por una vez, contribuyó a crear la ambientación apropiada.

martes, 15 de febrero de 2011

Musique d’abord: presentación espartana, contenido suculento

Con la excusa del respeto a la naturaleza, Harmonia Mundi hizo frente a la crisis empobreciendo la presentación de su serie barata Musique d’abord (enlace) con cartón “ecosostenible”, diseño en sencilla cuatricromía, eliminación de cualquier tipo de ilustración y textos cantados exclusivamente en internet. En cualquier caso el contenido musical sigue siendo de interés; el de este segundo lanzamiento lo repasamos por orden cronológico de grabación.

El registro más antiguo se remonta a 1972. Nos referimos a las danzas del Renacimiento a cargo de René Clémencic, una tentativa pionera en un terreno en el que se va avanzado muchísimo, pero que aún hoy se escucha con respeto y cierto placer, cosa que no ocurre con las páginas medievales grabadas un año después que completan el compacto, muy superadas en lo filológico y en lo puramente musical.

De 1976 es el disco de canto litúrgico del rito eslavo-bizantino que ya estaba desde hace doce años en Musique d’abord y ahora se reedita. Monodia de carácter responsorial de gran belleza bien interpretada por un coro búlgaro, Chorale Sofia, que domina a la perfección el idioma -en el doble sentido del término- de esta música. Solo falta el incienso.

Si no tenía el disco Xenakis, hágase ahora con él: Pléiades es una partitura fascinante y la interpretación registrada en enero de 1986 por quienes la habían estrenado en mayo de 1979, Les Percussions de Strabourg, parece imposible de superar en virtuosismo, coordinación y capacidad para el matiz.

El lp que grabó en 1982 Claude Helffer con piezas más o menos folclóricas de Bartók más su tremenda Sonata resulta muy breve para la duración de un compacto convencional, pero su conocimiento parece ineludible toda vez que el malogrado pianista francés, haciendo gala de un sonido percutivo pero muy matizado, ofrece lecturas particularmente angulosas, incisivas e inquietantes que resaltan la modernidad de unas partituras que (me temo que es necesario recordarlo) oscilan entre lo muy atractivo y lo abiertamente genial.

La reconstrucción de una misa navideña de la Escuela de Notre-Dame de París a cargo de Marcel Pérès sigue siendo, con la inclusión del canto llano correspondiente y varios organa del periodo de Leonin (segunda mitad del XII), uno de los testimonios fonográficos esenciales para comprender el desarrollo de la polifonía en los primeros tiempos del Gótico. El Ensemble Organum de 1984 presenta unas sonoridades más convencionales, menos ásperas que el de hoy, pero la misma capacidad para generar tensión sonora.

Si los cuatro discos que acabamos de citar se encontraban todos ya en esta misma serie, se agradece el rescate de esta hace tiempo descatalogada grabación de hermosísimos motetes de Josquin Desprez registrada en 1986 y con la que Philippe Herreweghe daba un paso adelante en la interpretación de la polifonía franco-flamenca aportando un enfoque menos solemne y “místico” que el de los grupos ingleses, más ágil, inmediato y “humano”, y por ello más claramente renacentista. Su coro de entonces no es ni mucho menos el de ahora -a veces flaquean las sopranos-, pero el resultado sigue siendo de una admirable frescura.

Los Pecados de vejez de Rossini están llenos de encanto y humor, pero a veces poseen también -mediando influencias diversas, entre ellas la de Liszt- una hondura insospechada. Por ello merece la pena conocer esta selección, aunque la interpretación de Frederic Chiu, quien firma las excelentes notas de este registro de 1992, deje que desear: su sonido es poco variado, el fraseo cae tanto en lo mecánico como en el virtuosismo vacuo y se desaprovecha el vuelo poético de muchos pasajes. Las piezas más introvertidas son las que salen mejor paradas.

La Titán que grabó James Judd en 1993 tiene como únicos puntos de interés su espléndida toma sonora y la ensoñada lectura de Blumine que se añade como propina, porque el maestro británico cae en la trampa de ofrecer un Mahler de contrastes dinámicos exagerados -los pianísimos son casi inaudibles- en el que los pasajes más introvertidos resultan lánguidos e incluso (trío del segundo movimiento, sección central del tercero, remansos del cuarto) dulzones, amanerados y narcisistas.

Registrado en 1995, Cánticos de Oriente fue el primer disco en el que Sor Marie Keyrouz abandonó sus investigaciones sobre las músicas de tradición bizantina, melquita y maronita para grabar tan solo composiciones recientes, todas ellas en árabe, algunas de las cuales salen de su propia inspiración. Acompaña al sensualísimo y extraordinariamente emotivo canto melismático de la monja libanesa un rico conjunto instrumental de carácter mayormente oriental que redondea el que quizá sea su mejor disco. Los que vendrían después, más “occidentalizados” en la instrumentación y más convencionales -por no decir facilones- en lo musical, tienen menor interés.

Registro delicioso y que se escucha de un tirón es el que grabó en 1996 el excelente Ronald van Spaendonck, correctamente acompañado por Alexander Tharaud, con páginas francesas para clarinete y piano, en un admirable intento de, atendiendo al elegante y refinado sabor “francés” sin confundirlo con la blandura o la indiferencia, establecer lazos entre el vuelo melódico de un Saint-Saëns, la sensualidad de un Debussy, el misterio de un Honegger o la ironía de un Poulenc o un Milhaud, si bien es en este último campo donde el instrumentista belga parece sentirse más cómodo en lo expresivo.

Para terminar, el notable recital Brahms registrado en 2003 por el pianista californiano Jon Nakamatsu, poderoso en su sonido y muy centrado en lo expresivo, abordando la juvenil Sonata nº 3 con adecuado carácter sanguíneo -el movimiento final resulta un tanto nervioso y precipitado- y las otoñales Fantasien op. 116 y Klavierstücke op. 199 sin quedarse en lo meramente contemplativo y aportando una apreciable dosis de tensión dramática, aunque aún podría añadir una dosis extra de creatividad, al menos en la obra citada en último lugar.

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PD. Este texto es en realidad el que se suponía debía haber enviado esta mañana a la revista Ritmo sobre el presente lanzamiento realizado por Harmonia Mundi Ibérica. Por desgracia, y pese a que me prometí a mí mismo escribir lo menos posible sobre cada uno de los discos, casi he doblado los 3500 caracteres que tenía asignados. Contando con el permiso de mi editor, aprovecho la existencia de este blog para publicar el “author’s cut” y mañana enviaré un artículo mucho más breve a la revista. ¡El espacio manda! Aquí les dejo las fichas de los discos comentados.


BARTÓK. Danzas populares rumanas. Suite op. 14. Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras. Al aire libre. Sonata.
Claude Helffer, piano.
Harmonia Mundi, HMA 1951094
49’03’’
ADD
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BRAHMS. Sonata para piano nº 3. Fantasien op. 116. Klavierstücke op. 119.
Jon Nakamatsu, piano.
Harmonia Mundi, HMA 1957339
71’57’’
DDD
***
E

DESPREZ. Stabat Mater. Motetes.
La Chapelle Royale. Dir: Philippe Herreweghe.
Harmonia Mundi, HMA 1951243
56’01’’
ADD
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MAHLER. Primera sinfonía. Blumine.
Orquesta Filarmónica de Florida. Dir: James Judd.
Harmonia Mundi, HMA 1957118
66’14’’
DDD
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ROSSINI. Pecados de vejez. ROSSINI/LISZT: obertura de Guillermo Tell.
Frederic Chiu, piano.
Harmonia Mundi, HMA 1957102
67’13’’
DDD
**

XENAKIS. Pleiades.
Les Percussions de Strabourg.
Harmonia Mundi, HMA 1955185
44’04’’
DDD
**** R

ESCUELA DE NOTRE-DAME. Misa de Navidad.
Ensemble Organum. Dir: Marcel Pérès.
Harmonia Mundi, HMA 1951148
50’11’’
ADD
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DANZAS DEL RENACIMIENTO.
Clemencic Consort. Dir: René Clemencic.
Harmonia Mundi, HMA 195610
52’25’’
ADD
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DIVINA LITURGIA DE SAN JUAN CRISÓSTOMO.
Chorale Sofia. Dir: Dimitre Rouskov.
Harmonia Mundi, HMA 195641
54’35’’
ADD
***

SOR MARIE KEYROUZ. Cánticos de Oriente (Himnos del Líbano).
L’Ensemble de la Paix.
Harmonia Mundi, HMA 1951577
74’00’’
DDD
**** R

domingo, 12 de julio de 2009

Moriscos y trovadores de Levante

Se han cerrado los conciertos matinales del 58 Festival de Música y Danza de Granada con un recital que intenta evocar “el pasado del legado poético y musical del levante peninsular, musulmán y cristiano (ss. XII_XIII)” en el marco del hermoso Hospital Real, contando con la colaboración al alimón de la Capella de Ministrers, que ya había actuado el día anterior (enlace), y del Ensemble Akrami de Tetuán.

La primera parte lo ocuparon estos últimos, bajo la dirección de Mohamed Amin El Akrami, ofreciéndonos una selección de hermosa poesía levantina de tiempos andalusíes, un repertorio bastante desconocidos que ellos se encargaron hace no mucho de llevar al disco junto a Carles Magrener y su grupo. Las interpretaciones me parecieron convincentes, aunque de la voz de Abderrahim Abdelmoumen sobresale más su sensibilidad que su fuerza expresiva.

Ya en la segunda parte, los chicos de Magraner nos llevaron al mundo del amor cortés con una precioso ramillete de piezas de Berenguer de Palou y Ponç D’Ortafà. Interpretativamente me convencieron solo a ratos, sobre todo en los momentos más abiertamente líricos, en los que se pudo disfrutar del buen hacer de la soprano Pilar Esteban y del hermoso sondo del arpa de Juan Manuel Rubio. Otros momentos me parecieron, no sólo por enfoque sino también por realización, un tanto típicos y vulgares: ya se sabe, el medievo a base de arabescos de la flauta y percusión brutal.

En cualquier caso, buenos músicos y precioso repertorio. Al final, como era de esperar, tocaron los dos grupos juntos y se ganaron el entusiasmo del respetable. Lo peor, la larga y fatigosa cola bajo el sol para acceder -gratuitamente- al concierto. Deberían abrir antes las puertas.

sábado, 11 de julio de 2009

Cantigas y Sibilas valencianas

Entre Barenboim y Barenboim granadino tengo por costumbre asistir a los espectáculos, gratuitos pero de larga e incómoda cola, que se ofrecen sábados y domingos por la mañana en diferentes recintos históricos de la capital nazarí. Me ha tocado hoy sábado 11 de julio un programa de “Música Angélica” (sic) medieval hispana integrado por dos Cantigas de Santa María, diferentes Misterios Asuncionistas levantinos -entre ellos el de Elche-, un par de páginas del Llibre Vermell y un fragmento de la Sibila Valenciana, todo ello a cargo de la Capella de Ministrer con Carles Magraner a su frente.

Buenos músicos, sin duda. Por ello y por la belleza del repertorio me lo pasé bien en el concierto, a pesar de que los planteamientos interpretativos desprenden un inequívoco aroma “años setenta” que convierte a Magraner y sus chicos en primos hermanos de un Jordi Savall: basta comparar su Cuncti simus concanentes (uno de los más célebres fragmentos del Llibre Vermell) con el que grabó el de Igualada hace ya tres décadas para advertirlo.

En fin, tuvimos en la bellísima iglesia del Monasterio de San Jerónimo la consabida reunión de instrumentos variopintos (incluyendo zanfoñas, campanas, trompetas y algunos otros hoy demonizados por los más puristas) para ofrecer, mediando arreglos bastante discutibles desde el punto de vista historicista, una recreación fantasiosa y colorista del medievo, algo blanda a ratos, desde luego bastante tópica, pero en todo momento atractiva.

La gran baza del concierto fue, sin duda, la presencia del Cor de la Generalitat Valenciana, a la sazón en Granada para el estreno de Sánchez Verdú sobre el que ya aquí escribí algo (enlace). Una agrupación de lujo, sin duda, aunque es de justicia aplaudir las notables intervenciones de la soprano Pilar Esteban, la estrella vocal de la Capella, desde luego muy preferible a una Montserrat Figueras. El éxito de público fue grande, a pesar de que la pésima acústica del recinto no ayudó precisamente al disfrute. Mañana, más.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...