martes, 11 de diciembre de 2012

Más música antigua en Úbeda y Baeza

Llega el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza a su decimosexta edición. El año pasado mostraba en este blog mi preocupación por el futuro. Pues bueno, a pesar de la crisis y de la brutal subida del IVA debido a que los eventos musicales han pasado a ser considerados por nuestros gobernantes como “entretenimiento”, IVA que por cierto ha de ser asumido por la organización toda vez que los precios de las entradas no se han tocado, lo cierto es que se mantiene un nivel medio interpretativo apreciable, una atractiva diversificación de los espacios escénicos por diferentes puntos de la geografía jiennense y una cantidad realmente alta de conciertos, veintiséis programas en total, independientemente de que para “rellenar huecos” se haya recurrido a grupos modestos no siempre históricamente informados.

Ha habido, además, una cantidad importante de invitados oficiales: la noche del sábado 8 de diciembre conté, en el concierto de Alia Musica, un total de siete bancas con asientos reservados, lo que hacen, a cuatro plazas cada una, un total de veintiocho entradas de protocolo, incluyendo varios críticos de la prensa especializada andaluza y nacional. Esto último implica la consecución de algo decisivo, una digna cobertura por parte de los medios correspondientes que sirva para nutrir de público a futuras ediciones, al tiempo que indica, junto a la importante cifra de conciertos arriba referida, que el presupuesto manejado no resulta tan exiguo como nos podíamos temer. La implicación de organismos como la Junta de Andalucía, la Diputación de Jaén, los respectivos ayuntamientos de Úbeda y Baeza, la Universidad Internacional de Andalucía y la Universidad de Jaén, además del CNDM dependiente del INAEM -con Antonio Moral a su frente-, el Obispado de Jaén y la Sociedad de la Vihuela, explica tan satisfactoria circunstancia. Decididamente, por mucho que se empeñen mis queridos liberales, la participación amplia del erario público resulta indispensable para la existencia de manifestaciones culturales todo lo minoritarias que se quiera, pero de indiscutible calidad y necesarias para algo que va mucho más allá del referido entretenimiento.

Ya dije algo aquí sobre un concierto de dos trompetas y órgano en Villacarrillo y del recital de Marta Almajano. Me toca ahora dejar apuntes sobre lo que pude escuchar en el puente Constitución-Inmaculada. El jueves 6 de diciembre arrancaba un pequeño ciclo en conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212: comienzo de la conquista cristiana de Andalucía), organizado en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical. La velada en cuestión, que se celebró en las ruinas de San Francisco de Baeza, tuvo como protagonista al célebre Ensemble Andalusí de Tetuán, al que tenía ganas de escuchar en directo desde hace muchos años. Me gustó la música -magrebí pero con raíces en Al-Andalus, claro- y me gusto la interpretación, de la que no puedo decir nada por mi desconocimiento del repertorio. Para mí resultó de enorme interés el conjunto de explicaciones que ofrecieron. ¿Por qué otros intérpretes no hacen lo mismo?

Justo eso, algún comentario más o menos acertado, es lo que le faltó a la una del mediodía del viernes al espléndido recital ofrecido al frente del soberbio órgano barroco de la iglesia baezana de San Andrés por el joven pero muy experimentado instrumentista zamorano Juan María Pedrero. De acuerdo con que entre el escaso público asistente -comenzamos unos cuarenta, luego fueron llegando unos veinte o treinta más- debía de haber algunos enormes frikis de este repertorio, pero sospecho que la mayoría de los asistentes no éramos expertos en la interesantísima música del protagonista del evento, Juan Bautista Cabanilles. La humedad, la niebla y el frio no acompañaron.

A las tres de la tarde pudimos asistir a la emisión en directo del programa Los clásicos, de RNE. Fue curioso. Me divirtió que el locutor afirmase que el recinto estaba “abarrotado” cuando alcanzaba en realidad el sesenta por ciento de ocupación (aun así, bastante gente). Y me interesaron las brevísimas actuaciones de Alia Musica y La Danserye, aunque a mí quien me sorprendió fue la soprano Verónica Plata, una voz de mucho fuste que sabe cantar con gracejo. Entre los invitados a la tertulia se encontraba Antonio Moral.

A las ocho y media de la tarde tenía lugar el concierto de Alia Musica en la iglesia románica baezana de Santa Cruz. Pude asistir por los pelos: las cien entradas que se pusieron a la venta estaban agotadas desde hace días, pero haciendo cola con más de una hora de antelacion pude pillar una de las treinta adicionales que se vendieron esa misma tarde. Sospecho que debió de haber público que se quedó sin entrar. El título del programa era Secreta mulierium: la mujer y la música en el siglo XIII. En realidad, monodia y polifonía religiosa del siglo citado y del anterior, incluyendo alguna página del Códice de las Huelgas, más una canción de la Condesa de Día. Una preciosidad. El grupo de Miguel Sánchez me parece el mejor en España para este repertorio. En parte por la enorme seriedad filológica y musicalidad expresiva de su director. En parte porque las voces de Albina Cuadrado, Helia Martínez, Carolina del Solar y Patricia García-Salmones, sin ser impecables en lo técnico -tampoco es fácil cantar en medio de semejante frío- son de incuestionable calidad y cantan con un gusto exquisito que ya quisieran para sí muchas otras.

Al día siguiente los conciertos se trasladaron a Úbeda. A la una del mediodía la iglesia barroca de La Trinidad acogía al grupo Trombetta Antiqua: dos trompetas y órgano, igual que el concieto de Villacarrillo a cargo de Triorganum. De hecho uno de los trompetistas era el mismo, Vicente Alcaide Roldán, esta vez acompañado de Alejandro Gómez Hurtado. La diferencia es que ahora se usaba trompeta natural, aunque el órgano seguía siendo eléctrico. ¡Cómo me hubiera gustado escucharles con el instrumento de San Andrés de Baeza! Aunque las circunstancias no eran favorables -se fue la niebla del día anterior, pero no el frío-, se disfrutó del programa Bologna 1650-1750, integrado por páginas de Giuseppe Jachini, Petronio Franceschini, Giovanni Bononcini y Francesco Manfredini, más piezas de Correa de Arauxo y Cabezón a cargo del organista Santiago Báez. Todo ello, a mi entender, en interpretaciones de muy apreciable dignidad, en conjunto más que las de Triorganum por el mayor equilibrio del conjunto. El público aplaudió con merecido entusiasmo.

Hespèrion XXI la tarde del sábado. Desagradable sorpresa al  llegar: veinticinco minutos antes de la hora de comienzo, la cola en el patio del Hospital de Santiago era ya muy larga, y aun tuvimos que esperar de pie, pasando un frío considerable, hasta que se abrieron las puertas a las ocho y veinticinco. Las entradas estaban sin numerar: imaginen el follón por coger los mejores asientos. Al terminar se vendían discos de Jordi Savall en la conserjería del edificio, pero solo nos dejaban acceder al mostrador para ver el producto pasando ¡de cuatro en cuatro! Nueva cola, claro está. Total, un cutrerío organizativo en lo que a estos aspectos se refiere.

Sin novedad con respecto al concierto propiamente dicho, con el programa Kalenda Maya, Cantos y danzas del Palacio y del Desierto en tiempos de la Batalla de las Navas de Tolosa y del Reinado de Alfonso X El Sabio: Cantigas de Santa María, alguna cosa andalusí, música sefardí, danzas italianas y piezas de Armenia, la mayoría bien conocidas por los aficionados y desde hace tiempo en el repertorio savalliano. Fueron interpretadas por un Jordi Saval y un Dimitri Psonis tan sensibles e imaginativos como siempre en este repertorio, más un Pedro Estevan que -estoy seguro- en el futuro será considerado como uno de los más grandes intérpretes musicales que ha dado España en el siglo XX. La cuidada e intimista iluminación de la original iglesia manierista diseñada por Vandelvira creó un ambiente de lo más apropiado para disfrutar de este hermosísimo espectáculo.

Me despedí del festival de nuevo en Baeza, en las ruinas de San Francisco, la mañana del domingo 9, con un programa ofrecido por cuatro solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla, por cierto innominados en el programa de mano sencillo; el programa "de pago" -ciento cincuenta páginas a solo tres euros- aclaraba  que se trataba de Rafael Ruibérriz, Guillermo Peñalver (flautas), Mercedes Ruiz (violonchelo) y Alejandro Casal (clave), a mi entender muy notables los dos últimos tejiendo el bajo continuo. Buenas interpretaciones, en cualquier caso, para el programa La Querelle des Nations, Francia, Italia, Alemania, 1700-1750. Eso sí, las páginas de Hotteterre y Marais de la primera parte me produjeron cierto sopor que creo compartido por el respetable a tenor de los nada entusiastas aplausos, cambiando la cosa de manera radical con el Sammartini, el Bach y el Telemann de la segunda. Se ocuparon unos ochenta asientos, menos de un tercio del aforo disponible, lo que produjo una sensación desangelada. ¿No hubiera sido mejor que este concierto, como los matinales de los días anteriores, se hubiera ofrecido también de manera gratuita?


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