viernes, 6 de mayo de 2011

La sección de música del Corte Inglés de Sol y los Newton Classics

Ya les alerté en este blog sobre los problemas técnicos que están dando algunos discos editados por Newton Classics (enlace). Por su parte, “Pastoso” me hizo ver que la compañía se ha mostrado dispuesta a cambiar los compactos defectuosos, pidiendo a los compradores (“Please see with your retailer to exchange your copy”) que se pusieran en contacto con su proveedor. El mismo lector me indicó que él había cambiado sus ejemplares en El Corte Inglés “sin problemas y sin ticket” (sic). Pues bien, me acerqué el pasado sábado 30 de mayo por la tarde con mi ejemplar de las Sinfonías de Rachmaninov con Dutoit pensando que podría obtener una nueva copia sin particulares problemas, porque ya estarían alertados del asunto tanto por la distribuidora Diverdi como por los propios clientes que se habrían acercado a reclamar. ¡Ingenuo de mí!

Para empezar, la empleada que me atendió –una señora de mediana edad con cara de pocos amigos- no sabía nada de estos Newton Classics, ni de los fallos técnicos ni de los ejemplares corregidos para ofrecer al comprador. Y seguidamente añadió que sin ticket no había nada que hacer. Vale, culpa mía por no guardarlo, pero insistí en que yo no buscaba mi dinero, sino un ejemplar idéntico en buenas condiciones. “Es que yo no sé si usted lo ha comprado en la FNAC o en algún otro sitio”, me ofreció como argumento de peso. Al menos me concedió la gracia de ir a consultar a su jefe.

Llegó este, bien trajeado y educadísimo. Le puse al corriente de todos los detalles. La respuesta, acompañada de la más hipócrita sonrisa que he visto en mi vida, fue una rotunda e inapelable negativa. ¿Política de empresa? Miren ustedes, habida cuenta de que ellos no salían perdiendo nada si me hubieran descambiado mi ejemplar por otro –más aun teniendo en cuenta de que presuntamente la distribuidora les está descambiando las copias defectuosas-, lo único que han conseguido es el cabreo de un buen cliente. Mi sensación es que este señor actuó con escasa profesionalidad, por no añadir otra cosa.

Total, que tuve que volverme con los discos en mal estado con el rabo entre las piernas. Por mi parte volveré a la sección de discos del Corte Inglés de Sol a mirar novedades, pero no a gastar mi dinero. Al no tener ticket de compra mi único derecho es el del pataleo, y así lo ejerzo. No sin antes recomendar a quienes se pasen por aquí que se lo piensen antes de comprarles algo a estos simpáticos señores. En cuanto a Diverdi, me gustaría encontrar algún lugar en su web o en su revista de publirreportajes algún tipo de advertencia y/o disculpas a los compradores por un producto que están distribuyendo en malas condiciones. Veremos si se ponen manos a la obra o si más bien siguen callados a la espera de que el personal “pique” y les quite de en medio los ejemplares defectuosos.

jueves, 5 de mayo de 2011

Jansons y la Concertgebouw visitan Berlín

Hasta el próximo 15 de mayo pueden ustedes ver gratuitamente en la web de la Filarmónica de Berlín (enlace) el concierto que la Orquesta del Concertgebow y su titular Mariss Jansons ofrecieron el 13 de abril en la Philharmonie en homenaje a la Reina Beatriz de Holanda, por entonces de viaje por tierras alemanas. Janine Jansen fue la solista en un hermosísimo programa integrado por obras de Mendelssohn y Brahms, además de los correspondientes himnos nacionales. Les recomiendo que aprovechen la oportunidad, por dos motivos. El primero, comprobar -si no lo han hecho ya- cómo les funciona esa maravilla que es el Digital Concert Hall en su ordenador (si no les va bien debido a la velocidad de conexión, utilicen el "Replay Media Catcher" o similar para grabar los archivos en su disco duro y verlos luego, sin cortes en la transmisión). El segundo, asombrarse de cómo con una orquesta de calidad sobrenatural pueden obtenerse resultados más bien grises si la batuta no está por la labor.

El Concierto para violín de Mendelssohn comienza de manera algo blanda y amanerada, por culpa tanto de Jansons como de una Janine Jansen cuya trayectoria recuerda cada día más a la de Anne-Sophie Mutter: un sonido asombroso por su solidez, belleza, variedad y agilidad, al servicio de una artista proclive al narcisismo. Por fortuna la cosa se va arreglando y los dos artistas se limitan a ofrecer una lectura tan correcta como sosa del primer movimiento. Interesa más el Andante, fraseado con concentración y sobria poesía. En el tercero, que no supone problema alguno para el portentoso virtuosismo de la solista, Jansons dirige con escasa chispa y nulo encanto. ¡Qué manera de desaprovechar una partitura tan llena de belleza teniendo a una orquesta incomparable a su frente!

La Cuarta de Brahms me ha resultado bastante más satisfactoria que la que le escuché a los mismos artistas el año pasado en Murcia (enlace). Es decir, que esta no me ha parecido blanda, narcisista y deslavazada, sino sencillamente correcta y aseada, con todo en su sitio, admirablemente sonada -es necesario insistir: qué maravilla de orquesta-, mas poco matizada y sin garra, particularmente en un segundo movimiento muy superficial, si bien hay que reconocer que el scherzo resulta vistoso -e incluso vibrante- y que el cuarto ha estado en esta oportunidad trazado con mucho mejor pulso y sin caidas en el efectismo. Una interpretación funcionarial, pues. No es suficiente para la ocasión.

martes, 3 de mayo de 2011

Luisa Fernanda por Olmos y Soler

Hace tiempo me llegó un rumor según el cual Daniel Barenboim rechazó dirigir Luisa Fernanda tras leer la partitura que Plácido Domingo le había pasado con el propósito de cantar el título en compañía del maestro y de Rolando Villazón. Bien, comprendo que el de Buenos Aires, que por cierto se está preparando para la próxima temporada cosas como Oro, Walkyria, Tristán, Wozzeck, Lulu y -agárrense- Barbero (!), no sintiera particular aprecio por la partitura de Moreno Torroba, pero confieso que a mí me gusta mucho: sus melodías resultan inspiradísimas y dramáticamente funciona, pese a que al personaje titular se lo devora el rol de Vidal Hernando, que es quien se lleva la parte del león con sus maravillosas romanzas. Sabiendo que los resultados no podían ser comparables a los obtenidos hace unos años en el Teatro Real en las funciones protagonizadas por el citado Domingo, me lo pasé bien en la velada del pasado sábado 30 de abril en el Teatro de la Zarzuela, quizá precisamente por no esperar demasiado de ella.

La nueva producción preparada por Luis Olmos (ya lo he dicho alguna otra vez: qué lamentable tendencia la de ciertos gestores a este lado y al otro de los Pirineos la de autocontratarse en su faceta de director escénico) me pareció correcta y funcional, realizada con sensatez, sin caer en el tópico, pero lastrada por una escenografía basada exclusivamente en proyecciones de escaso valor plástico. La dirección de actores, por desgracia, fue un tanto descuidada. En los diálogos, bastante menos recortados que en la producción de Sagi para el Real -donde se redujeron a la mínima expresión-, se optó por eliminar el verso en buena medida, lo que resta acartonamiento al libreto pero resulta muy discutible desde una óptica ortodoxa. El vestuario le ha quedado a Pedro Moreno menos inspirado que en otras ocasiones. Vamos, una producción no mala pero sí bastante por debajo de lo deseable.

Esperaba poco -a tenor de lo que se ha escrito por ahí- de la dirección del nuevo titular de la Zarzuela, Cristóbal Soler, pero lo cierto es que a mí no me ha parecido lamentable. Su dirección fue briosa, animada y alegre, por momentos algo pimpante, al tiempo que no muy fina ni atenta al detalle, además de no muy bien coordinada entre foso y escena. En cualquier caso tendré que escuchar más veces al joven maestro valenciano para tener clara su valía. La orquesta y el coro estuvieron regular: no hay más cera que la que arde.

Me ha hecho feliz volver a ver en escena, tras la Vida breve valenciana (enlace), a mi admirada Cristina Gallardo-Domâs. De ella se dijo que había estado muy mal vocalmente en las primeras funciones. En la que yo vi desde luego no fue así, aunque debo reconocer que el arte musical de la soprano -y no mezzo- chilena solo emocionó en aquello de "cállate, corazón", y que su gestualidad es mucho más apropiada para el melodrama italiano que para la zarzuela castiza. El que no tuvo salvación posible fue José Manuel Zapata, incómodo, afalsatedo y poco atento al matiz expresivo. ¿Qué le pasa a este chico? Correctísima María Rey-Joly como la Duquesa Carolina, buena cantante que no parece superar su relativa sosería. En cuanto a Juan Jesús Rodríguez (otro andaluz: si el tenor era granadino el barítono venía de tierra onubense), confirmo mi opinión de que se trata de un artista con una voz de primera pero un tanto primario en lo expresivo, aunque ahora debo añadir que en los diálogos estuvo sensacional, muy por encima de sus compañeros de reparto. Él y el adecuadamente histriónico Aníbal de Julián Ortega se encargaron de subir de manera considerable el nivel teatral de esta -insisto- correcta, digna y aceptable representación.

domingo, 1 de mayo de 2011

1 de Mayo en el Real con Rattle y Berlín

Acabo de salir del concierto anual que ofrece el uno de mayo la Filarmónica de Berlín, celebrado este año en el Real sellando el millonario acuerdo que permitirá escuchar a la mítica formación alemana durante tres temporadas consecutivas en el foso del teatro madrileño. La retransmisión, como todos los años, se ha ofrecido en directo por toda Europa excepto en el país donde se ha celebrado, en el que nuestras autoridades han optado por el semi-directo para dar tiempo a que termine la beatificación de Karol Wojtyła. Sin comentarios.

Deslabazada, rutinaria y ruidosa la interpretación de España de Chabrier que abría el programa, planteada por la batuta de Sir Simon Rattle muy de cara a la galería, es decir, acentuando los contrastes y optando por el decibelio antes que por la cantabilidad. Peor aún la flácida y dulzona recreación que el maestro británico realizó del Concierto de Aranjuez, que incluso logró el mérito de hacer sonar a los solistas de su formidable orquesta con una blandura en ellos inimaginable. Solo las texturas que Rattle extrajo de las maderas en el tercer movimiento fue atendible en una recreación casi por completo fallida. Claro que esto no fue nada en comparación con la pretenciosa, amanerada, cursi y narcisista intervención del guitarrista Cañizares, desde luego el peor recreador que he escuchado jamás de la página de Joaquín Rodrigo. Un horror.

Me ha parecido por el contrario sensacional la interpretación de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov. Por descontado que la sonoridad oscura, densa y empastada de la orquesta es ideal para esta página, pero además hay que saber dirigirla. Sin ir más lejos, Rattle lo ha hecho bastante mejor que Tugan Sokhiev con esta misma formación (enlace). Personalmente solo reprocharía la tendencia de la batuta a endulzar aún más lo que ya de por sí es dulce, amanerando alguna frase aislada o acentuando -segundo movimiento- e incluso añadiendo -cuarto- algunos portamenti. Por lo demás, una interpretación "romántica" en el buen sentido, magníficamente trazada, intensa y comunicativa, muy bien paladeada en el sublime Adagio y sabiendo ser brillante sin caer en el efectismo en el Allegro vivace conclusivo. Los aplausos de cortesía tras el Aranjuez se transformaron aquí en intensas y merecidísimas ovaciones.

sábado, 30 de abril de 2011

Krol Roger en el Real

No ha variado mucho mi opinión de la entrada anterior (enlace) sobre la producción escénica de Krzysztof Warlikowski sobre la obra maestra operística de Szymanowski ahora que la he histo -ayer viernes 29 de abril- en directo en el madrileño Teatro Real. En todo caso se ha enriquecido, porque aunque por un lado se pierden los primeros planos televisivos que revelan una minuciosa dirección de actores, se gana con una percepción mucho más clara de las coreografías de Saar Magal, de la iluminación de Felice Ross y -sobre todo- de la fuerza dramática de las videoproyecciones en directo -con cámaras filmando a solistas y coro- concebidas por Denis Guéguin. Por lo demás, repito lo ya dicho: un soberbio trabajo teatral, lleno de ideas sugerentes, al servicio no del compositor ni del libretista sino del inmenso ego del propio Warlikowski. Por ello no solo no me ha gustado sino que me ha molestado, igual que me molestan en otras ocasiones los cantantes que se preocupan antes que nada de montar el numerito vocal -prefiero no decir nombres, no vaya a ser que se líe- o las batutas -aquí si pongo ejemplo: el Maazel de los últimos años- que se sirven de la partitura para lucir su virtuosismo.



Y ya que hablamos de batutas, hay que constatar que el nivel musical ha sido en Madrid muy superior al que esta misma producción exhibió con casi los mismos cantantes en París merced a espléndida labor del maestro Paul Daniel. Su enfoque, mucho antes sensual e impresionista que aristado, no es el que a mí mas me gusta, pero hubo en su trabajo buena arquitectura, sentido de la atmósfera y buen tino para clarificar detalles sin perder el discurso. La Sinfónica de Madrid realizó un digno trabajo y el Coro Intermezzo estuvo sencillamente impresionante (¡bravísimo!) con la colaboración de su titular Andrés Máspero.

Mariusz Kwiecien volvió a demostrar que se ajusta de manera suficiente en lo vocal al rol titular y que sabe defenderlo dramáticamente en música y acción escénica. Olga Pasichnyk, no siempre cómoda debido quizá a las dificultades de la regie -no debe de ser fácil iniciar la bellísima canción de Roxana tumbada en la cama- resolvió la papeleta de manera satisfactoria y Stefan Margita no tuvo problema alguno como Edrisi. El borrón lo puso Will Hartmann: fue un gran Melot con Barenboim en la Scala, pero el papel del Pastor sobrepasa por completo las posibilidades de una voz que no corre con facilidad y muy tirante en la zona aguda. Obviamente la presencia -casi anecdótica- de Jadwiga Rappé como la Diaconisa fue un verdadero lujo.

¿Lo mejor de la velada? Escuchar en directo con un muy notable nivel musical una partitura de extraordinaria belleza a la que bochornosamente no se le ha hecho ni caso durante décadas. Bravo a Mortier por programarla, y un abucheo de nuestra parte por hacerlo con semejante producción escénica.

jueves, 28 de abril de 2011

El Rey Roger según Trelinski, Pountney y Warlikowski

A medio camino entre el Romanticismo post-wagneriano y el Impresionismo, deudora en buena medida de la escritura orquestal de un Scriabin, El rey Roger es una ópera que alberga una música de extraordinaria belleza y un fascinante punto de partida: la fusión entre la cultura cristiana medieval, la civilización islámica y la raíz grecolatina que se produjo en la Sicilia del siglo XII, aquí representadas por las escenografías correspondientes a cada uno de los tres actos, una iglesia románico-bizantina para el primero, un palacio de aires orientales para el segundo y las ruinas de un teatro griego en el tercero. Por desgracia la obra se ve lastrada por un libreto de Jarosław Iwaszkiewicz que, en su carácter simbolista y en su calculada ambigüedad, resulta excesivamente abstruso y un punto pedante. De ahí que los directores de escena parezcan empeñados en apartarse de la historia original para ofrecer visiones personales que no siempre logran encajar con el texto ni con la magistral partitura de Karol Szymanowski. Al menos así ocurre con las tres filmaciones que he podido ver esta semana: una de la Ópera de Breslau que corresponde a 2007, la del Festival de Bregenz de 2008 y la que fue filmada en la Ópera de París tan solo unas semanas antes que esta última.

La producción polaca, ambientada en nuestros días, es responsabilidad de Mariusz Trelinski, a quien por cierto se le han podido ver en el valenciano Palau de Les Arts sus realizaciones de Madama Butterfly y Eugenio Oneguin. Su apuesta, personal y seguramente polémica en el país de Karol Wojtyła, es representar al clero del primer acto como monjas escasamente simpáticas y obispos que parecen sacado del desfile de moda eclesiástica de Roma de Fellini; la agresividad física que todos ellos despliegan hacia el Pastor pone bien de relieve el choque entre la atmósfera siniestra y opresiva de la religiosidad oficial y el nuevo “evangelio” del hedonismo que predica tan enigmático personaje. El segundo acto convence bastante menos en su retrato tanto de una sociedad burguesa sumida en la decadencia -el aburrimiento sexual lleva a Roxana a tener diversos escarceos amorosos- como de la “liberación” –aquí un tanto ridícula- que traen el Pastor y sus seguidores. El tercer acto, que se aparta por completo del original, es por el contrario un acierto que -paradójicamente- funciona de maravillas con la música: en su lecho de muerte en un hospital, el protagonista alucina con los fantasmas del pasado para luego convertirse él mismo en una sombra en sus frases finales. Las proyecciones psicodélicas, por lo demás, le sientan muy bien al clímax de la partitura. La filmación, que no parece que vaya a ser editada comercialmente, la pueden ustedes descargar en la web TodOpera (enlace); la calidad de vídeo deja que desear, pero merece la pena.

La producción de Bregenz, que se encuentra en DVD y Blu-Ray y de la que pueden ver ustedes arriba un fragmento, corre a cargo nada menos que de David Pountney; fue precisamente la que se presentó en 2009 en el Liceu barcelonés. Su bellísima vertiente plástica -escenario único consistente en un graderío que, aun pudiendo retrotraernos al mundo grecolatino, apuesta por lo intemporal- es lo más interesante de una propuesta en principio respetuosa con la idea de Szymanowski, pero que termina resultando discutible en su tercer acto al identificar al Pastor no ya con el hedonismo dionisíaco, sino con una especie de religión primitiva particularmente sanguinolenta en la que la catarsis conlleva el derramamiento de sangre: al final Roxana muere degollada como principal víctima del salvaje ritual. A destacar, en cualquier caso, la enorme fuerza dramática de la iluminación.

Krzysztof Warlikowski fue el encargado de llevar este título a la Ópera de París durante la era Mortier, cosechando en el estreno un monumental abucheo bien recogido por la transmisión televisiva del canal Arte. Se trata, justamente, de la producción que se está presentando estos días en Madrid y que yo espero ver en directo mañana viernes. Tendré aun que volver a reflexionar sobre ella (además cuentan que ha habido importantes cambios), pero mi valoración por el momento es más bien negativa pese a que se trata de la propuesta con mejor teatro de las tres comentadas. Me explico: la dirección de actores es soberbia, plásticamente es muy hermosa, las proyecciones fragmentos fílmicos de gente como Andy Warhol ofrecen interesantes posibilidades intertextualizadoras y -en general- se plantean numerosos interrogantes que hacen aún más abierta y reflexiva una obra que, reconozcámoslo, pide un enfoque onírico donde la sugerencia ha de ser más importante que la explicitud. El problema es que lo que se ve no encaja casi en ningún momento con lo que se escucha. Y no me refiero al texto sino a la propia partitura: en la ópera es fundamental el diálogo entre música y escena -aunque sea para contradecirse-, pero en este caso no hay tal, sino una mera yuxtaposición de excelentes ideas teatrales engarzadas sobre un texto al que se le da la vuelta sin atender a la patre auditiva. Hay además algunos detalles que parecen pensados para provocar, como la aparición final del Pastor y sus seguidores en calzoncillos... y con cabeza de Mickey Mouse. Que Warlikowski piensa mucho antes en su obra que en la de Szymanowski lo demuestra el gesto de desprecio -mascando chicle con mirada desafiante- mientras recibe los bufidos del público parisino. Lo pueden ver en el siguiente vídeo.

Dos palabras sobre las interpretaciones musicales. En Breslau lleva la batuta Ewa Michnik, ofreciendo una lectura más espectacular que atmosférica; están muy bien el Roger de Andrej Dobber, la Roxana de Aleksandra Buczek y el Pastor de Pavlo Tolstoy, no tanto el Idrisi de Rafal Majzner. Es muy correcta, aunque no del todo sensual y más decibélica que tensa, la dirección de Sir Mark Elder al frente de la Sinfónica de Viena en Bregenz; bien Scott Hendricks en el rol titular, algo apurado Will Hartmann como el Pastor, notable la Roxana de Olga Pasichnyk y discreto el Idrisi de John Graham-Hall. La peor batuta es la de Kazushi Ono en París, superficial, escasamente sensual y proclive al escándalo gratuito; muy bien Mariusz Kwiecien en lo vocal y lo teatral, al igual que la citada Olga Pasichnyk y Stefan Margita. A los tres cantantes se les escucha en Madrid en esta misma producción, pero no a Eric Cutler como el Pastor, que estuvo espléndido (en su lugar tenemos a Hartmann).

¿Recomendaciones? Lo mejor para acercarse por primera vez a la obra es escuchar la magnífica grabación de Rattle (EMI, 1998) con una traducción delante (enlace). En vídeo la opción más satisfactoria me parece la de Breslau, pese a las deficiencias técnicas de la copia que circula por la red. La de Bregenz es interesante y de la de París también lo sería si tuviera una batuta mejor que la de Ono. Lástima.

miércoles, 27 de abril de 2011

Elektra con Reiner y Varnay: bronce antiguo

STRAUSS: Elektra
Astrid Varnay, Elisabeth Höngen, Walburga Wegner, Paul Schöffler, Set Svanholm.
Orquesta del Metropolitan de Nueva York. Dir: Fritz Reiner.
2 CDs
Archipel
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El nuevo reprocesado no ha conseguido que esta Elektra ofrecida en el Met allá por 1952 suene todo lo bien que se merece el soberbio trabajo de Fritz Reiner, quien no sólo precedió a ese otro húngaro genial llamado Georg Solti en el podio de Chicago, sino también en su manera de hacer rugir las fuerzas orquestales sin que decaiga una tensión casi insoportable (realmente telúrica la entrada de Clitemnestra) y sin dejar de ser lírico e intimista cuando las circunstancias lo requieren (emotiva a más no poder la escena del reconocimiento de Orestes).

Moviéndose igualmente entre sentimientos extremos pero evitando cualquier descontrol, manteniendo la dignidad que requiere el personaje y otorgándole a éste una amplia dimensión épica y trágica, Astrid Varnay se enseñorea con un suntuoso instrumento vocal hecho del mismo bronce que las estatuas de la antigua Grecia. Mientras, el resto del elenco se esfuerza por no desmerecer a su lado. Propinas de la sueca cantando Weber, Massenet y Puccini (!).

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Artículo publicado en el número de diciembre de 2003 de la revista Ritmo

PS. Aprovecho para añadir que mis versiones favoritas de Elektra son, por este orden, la de Karl Böhm en DVD (DG), la de Karajan (Orfeo, registro en Salzburgo con sonido monofónico) y la de Solti (Decca). La de Thielemann (enlace) es una buena alternativa reciente.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...