sábado, 27 de febrero de 2010

Nueva entrega del Shostakovich de Petrenko

SHOSTAKOVICH. Sinfonías nº 5 y 9.
Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Dir: Vasily Petrenko.
Naxos 8.572167
CD 78’07’’
DDD
Ferysa
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Naxos olvida su máxima de no repetir obras en su catálogo con este nuevo ciclo Shostakovich (apareció ya la Undécima), y lo hace a la mayor gloria de su nuevo fichaje estrella, Vasily Petrenko. ¿Hay para tanto? Me he puesto manos a la obra y he escuchado un montón de retransmisiones radiofónicas del joven director ruso al frente de su espléndida Royal Liverpool Philharmonic Orchestra: Beethoven, Tchaikovsky, Grieg, Verdi, Rachmaninov, Strauss, Elgar, Ravel, Korngold, Stravinsky, Gershwin, Bernstein… A pesar de algún llamativo tropiezo (el Réquiem verdiano, por ejemplo), me ha parecido un muy notable director, dotado de una estupenda técnica, de unas ideas muy claras y de una gran comunicatividad.

En este disco convence por completo en una Quinta de Shostakovich de magnífico pulso y admirable concentración, no especialmente visceral ni desgarrada en los dos primeros movimientos, pero sí muy profunda y doliente en el tercero y adecuadamente opresiva, ambigua y antirretórica en un magnífico Allegro non troppo conclusivo. No tan redonda le queda la Novena, debido a un tercer movimiento algo rutinario y a un quinto más bien festivo, sin la ironía, el sarcasmo y la mala leche que demanda. Excelente toma sonora, por encima de la media de Naxos.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2010 de la revista Ritmo.

jueves, 25 de febrero de 2010

La Nuevo Mundo por Kubelik, en DVD

Acaba de llegar a mis manos -no puedo decir cómo, no vaya a ser que se entere la ministra- un DVD japonés del sello Dreamlife que incluye, con buen sonido e imagen superior a lo esperable, una interpretación de la Novena Sinfonía de Dvórak a cargo de Rafael Kubelik y su Sinfónica de la Radio Bávara filmada en Múnich en 1977. Sobre el papel, el no va más. ¿Hay para tanto? Para mi gusto no, aunque está claro que se trata de una buenísma y en muchos sentidos admirable recreación.


En ella se pueden reconocer fácilmente las virtudes que hicieron del director checo uno de los grandes maestros del siglo XX. De entre ellas yo destacaría tres: una asombrosa naturalidad en el fraseo -siempre fluido y flexible, jamás caprichoso-, una elegancia que no conoce asomo de amaneramiento y, sobre todo, una óptica de enorme frescura y de perfecto equilibro expresivo a la hora de abordar los pentagramas que evita tanto posturas personalistas como cualquier caída en la retórica vacua o en el efectismo.

Su interpretación de la Nuevo Mundo conoce así una interpretación ortodoxa, muy sincera, realizada de un solo trazo, siempre comunicativa, atenta tanto a los aspectos líricos de la obra (¡con qué humanidad suena el celebérrimo Largo!) como a los épicos y a los dramáticos. Kubelik consigue además una sonoridad que, sin renunciar a su habitual elegancia, ofrece ese toque de rusticidad tan apropiado para Dvorák, y evita al mismo tiempo esa densidad brahmsiana por la que optan otros grandes recreadores de este repertorio (Giulini, por ejemplo). El scherzo ofrece, por descontado, todo el sabor folclórico que demanda, y en el clímax final de la partitura acierta a evitar la tentación de caer en lo meramente afirmativo.

Entonces, ¿dónde está el problema? Pues sencillamente en que esta increíble música necesita hurgar más aún en sus numerosos pliegues expresivos: la objetividad y equilibrio del enfoque arriba referido quizá impiden a Kubelik profundizar del todo en los aspectos más dramáticos de la misma. Por ello se echa en falta un poco más de imaginación, de riesgo, de compromiso expresivo, en suma. Justamente lo que sí han sabido ofrecer maestros como Giulini (la grabación en Chicago), Celibidache (en Múnich) o, como ya intenté explicar en este blog, Karl Böhm (enlace).

Los resultados de esta lectura, con todo, mejoran los que Kubelik ya obtuvo en su famosa pero un tanto sobrevalorada grabación de 1972 con la Filarmónica de Berlín para Deutsche Grammopohn, y en cualquier caso ofrecen una enorme cantidad de elementos positivos como para no pasárselo en grande con su visionado. Pues eso.

martes, 23 de febrero de 2010

Octava de Bruckner por Thielemann en Berlín: el discreto encanto de la artesanía

Escuché hace tiempo una Octava de Bruckner a cargo de Christian Thielemann, con nada menos que la Filarmónica de Viena a su servicio, verdaderamente admirable. Había allí, eso es verdad, algunos tirones de tempo "a la Furtwängler" no muy convincentes en este compositor, así como un trazo no del todo unitario en el adagio; pero la interpretación, sincera y creativa, sabía aunar un dramatismo muy escarpado con una poesía altamente conmovedora, trufando todo con numerosos detalles de gran belleza e inteligencia. La toma radiofónica databa de 2007. Por eso ha sido un chasco esta otra interpretación del 13 de diciembre de 2008 que se puede disfrutar, previo pago, a través de la Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín (enlace).


Ni que decir tiene que el lenguaje es el adecuado, que la sonoridad -germánica hasta la médula- es idónea, que el trazo es firme y que esta por lo demás muy sólida interpretación no conoce (enorme peligro de esta música) caída en la retórica, la ampulosidad o la pesadez. Pero el riesgo, la creatividad y el compromiso expresivo de antes se ven ahora sustituidos por el distanciamiento, la ortodoxia más acomodaticia y hasta la rutina. El primer movimiento desprende cierta sensación de frialdad, y solo al llegar a su acongojante clímax la tensión parece llevar a alguna parte; por desgracia la muy indiferente coda nos deja sumidos en la asepsia.

Mejoran las cosas en el Scherzo, mucho más trabajado y desde luego muy convincente; por descontado que el trío no lo huele, pero eso les pasa a todos con excepción de Klemperer. El adagio está mejor construido que en la interpretación con Viena, pero ahora no hay rastro de esa emotividad, de ese profundo sentido humanista que convierten a esta página en una de las cimas de la música sinfónica. Y muy bien el Finale, bien trazado y dicho con energía -véase clip de YouTube-, aunque en él se echa de menos el carácter visionario que debe desprender su acumulación de tensiones. Así las cosas, cuando la interpretación concluye uno tiene la sensación de haber asistido a un magnífico ejemplo de excelente artesanía musical, pero nada más. Otra vez será.

domingo, 21 de febrero de 2010

Rózsa visita Sodoma y Gomorra

La primera vez que escuché la banda sonora de Miklós Rózsa para el peplum Sodoma y Gomorra (Robert Aldrich, 1962) fue hace ya muchos años en un barato vinilo español de la serie RCA Cinematres. Me dejó maravillado, y desde entonces se ha convertido en una de mis partituras cinematográficas preferidas. Tiempo después me grabaron un doble lp italiano que ofrecía la partitura completa: el prensado era tan horrible que la audición se convertía en poco menos que una tortura. Ya en tiempos del compacto recé para que apareciera en formato digital, pero lo que salió fue una edición estadounidense más o menos pirata con una selección en sonido monofónico, más luego otra edición limitada ya en estéreo, aunque de nuevo incompleta.


Por fin hace un par de años el sello italiano Digitmovies, celebrando el centenario del nacimiento del compositor, realizó una edición en perfectas condiciones, estereofónica y en un doble cd con más música de la que hasta ahora había aparecido... pero el disco se descatalogó en seguida. Afortunadamente en una de mis visitas a Valencia he podido encontrarlo en la estupenda tienda especializada Rosebud (enlace), a un precio más que decente. Reescuchar esta música me ha supuesto un verdadero placer.

¿Dónde radica el secreto de la atracción que ejerce este compositor retórico, grandilocuente y, en el caso de sus films históricos, bastante cercano al kitsch? Pues en algo tan sencillo como en la fuerza de sus inspiradísimas melodías, de las que Sodom and Gomorrah ofrece un surtido extraordinario. Deberíamos quizá hacer una excepción con el tema principal, que a mi modo de ver roza la vulgaridad. Los demás son todos maravillosos, muy especialmente el "tema de amor" vinculado al personaje de Ildith (Pier Angeli), posiblemente el más bello salido nunca de la pluma del compositor húngaro. Pero no se queda atrás el vuelo lírico del resto, incluyendo no sólo los motivos insinuantes vinculados a los deseos más o menos prohibidos en las ciudades bíblicas, sino también hermosas páginas corales vinculadas al pueblo hebreo y diferentes danzas diegéticas muy conseguidas. Lo más flojo es el conjunto de secuencias de acción diseñadas por Rósza, tan funcionales como rutinarias, si bien las dos escenas finales, la destrucción de las ciudades y la conversión de la mujer de Lot en estatua de sal, poseen una estridencia tímbrica bastante atractiva.


Se trata en cualquier caso, vista en conjunto, de una obra musical de enorme atractivo, que si bien puede resultar un tanto convencional para un momento en el que Alex North había renovado sustancialmente el sonido de las películas "de romanos" (ustedes ya me entienden) con Spartacus, conserva íntegra la fuerza melódica y expresiva que el compositor húngaro supo desplegar en sus momentos de más feliz inspiración.

La interpretación musical es de buena calidad, aunque nunca sabremos si es cierta la reivindicación de Carlo Savina de que él ayudo a Rózsa en la dirección de la orquesta tanto en este título como en Ben-Hur y Rey de Reyes: conocemos gracias a la última edición en compacto que el italiano intervino muy parcialmente en las grabaciones que se hicieron del título de Wyler, pero sobre las otras dos cintas no hay de momento confirmación oficial. Miklós Rósza fue, en cualquier caso, un excelente director de su propia música, como demostró en sus maravillosas grabaciones de los años setenta para Polydor y Decca, varias de ellas aún pendientes de aparición en CD.

La edición de Digitmovies es bastante buena, muy abundante en material gráfico aunque con notas no todo lo pormenorizadas que debieran. El sonido es irregular. Los fragmentos mejor conservados, que son la mayoría, están por encima de la media técnica de la que hacían gala las bandas sonoras de la época, pero hay algunos tracks que son monofónicos y se encuentran en mal estado. Resulta además muy discutible que se haya aumentado tanto el volumen para los fragmentos diegéticos, porque no es de recibo que un simple oboe con percusión acompañante suene más fuerte que el tutti orquestal. En cualquier caso es muy improbable que se realice en el futuro una edición mejor que la que comentamos, así que la cosa está clara: imprescindible para fans de Rózsa. Y ahora a ver si sale una edición decente en DVD, porque la que circuló por España no traía ni el audio original en inglés.

viernes, 19 de febrero de 2010

Rattle y Harnoncourt se acercan a Las Estaciones

En los últimos días he podido escuchar dos interpretaciones distintas -y admirables, adelantémoslo ya- de ese genial oratorio de Haydn que es Las estaciones. En la primera de ellas Nikolaus Harnoncurt dirige a su Concentus Musicus Wien de toda la vida; fue registrada en vivo en verano de 2007 y ha sido editada en un doble compacto por Deutsche Harmonia Mundi. La otra se puede ver -previo pago- en el Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín, y se corresponde con un concierto dirigido por Sir Simon Rattle el 9 de septiembre de 2009.


Harnoncourt nos sorprende al dejar de lado todos sus tics "marca de la casa" sin renunciar a la poderosa personalidad interpretativa que le caracteriza. Dicho de otra manera, no encontramos excentricidades en los tempi, ni una excesiva sequedad en los ataques ni efectistas salidas de tono para realizar presuntos descubrimientos, pero sí que tenemos esa irresistible electricidad, esa teatralidad llena de contrastes, esa aguda incisividad en el tratamiento de los timbres y -algo fundamental en una obra como ésta- esa refrescante rusticidad sonora de la mejor ley que él sabe extraer de su agrupación, sin duda ideal para semejante partitura: con instrumentos originales esta obra suena aún más moderna, sin menoscabo de que Harnoncourt sepa al mismo tiempo poner de relieve la influencia haendeliana. Un poquito más de vuelo lírico, en cualquier caso, no le vendría mal.

En la recreación de Rattle no encontramos en semejantes dosis las virtudes de Harnoncourt, y si de ellas hay que echar en falta una, señalaríamos la agudeza que el austríaco muestra para la onomatopeya. Pero el británico guarda un as en la manga: un entusiasmo fuera de lo común, tan impetuoso y trepidante que por momentos pone al borde el precipicio a esta jubilosa, fresca y muy comunicativa recreación. La Filarmónica de Berlín, que lógicamente está maravillosa, no posee las cualidades "historicistas" del Concentus, si bien Rattle utiliza trompas naturales -sabia elección- y al igual que Harnoncourt opta por fortepiano para los recitativos. Por otra parte el británico, que no es ajeno a la interpretación con instrumentos originales, se aleja de la pesadez y la grandilocuencia de algunas versiones "tradicionales", aunque por otra parte un poco más de reposo y concentración para obtener claridad y paladear la música como es debido sería recomendable para redondear la lectura.



Los solistas vocales son en los dos casos de alto nivel, si bien Harnoncourt gana la partida con la excelsa línea del tenor lírico Werner Güra, la exquisitez -un tanto impersonal- de Genia Kühmeier y la nobleza de canto del barítono Chistian Gerhaher. En Berlín está espléndido John Mark Ainsley, pero Christiane Oelze tiene problemas técnicos -el agudo le queda tirante- y el admirable Thomas Quasthoff, voz más adecuada que la de Gerhaher por ser un barítono-bajo, pasa serios apuros en las agilidades. Los coros son fabulosos, tanto el Rundfunkchor Berlin con Rattle como el Arnold Schoenberg en la interpretación harnoncourtiana, especialmente este último.

Aquí va el link para ver -existe la posibilidad de abonarse al Digital Concert Hall, como yo he hecho- la interpretación de Rattle (enlace).

miércoles, 17 de febrero de 2010

El Rosenkavalier de Wernicke, una obra maestra

Herbert Wernicke preparó un Caballero de la Rosa a petición de Gérard Mortier para Salzburgo. Se estrenó allí en 1995 bajo la dirección -dicen que equivocada, yo no conozco documento sonoro- de Lorin Maazel. Pues bien, ha saltado a la prensa (qué morro tienen los de "El País", qué morro) que el belga pretende resucitar la producción en el Teatro Real madrileño. Y qué quieren que les diga, me parece una extraordinaria idea, a tenor de la maravilla teatral que podemos disfrutar en esta reposición que tuvo lugar en Baden-Baden en enero de 2009 recogida por los micrófonos y cámaras de Decca a mayor gloria de Renée Fleming.

No está clara del todo la época en que se ubica la acción: hay artilugios y algunos elementos de vestuario que remiten a un momento inconcreto de la primera mitad del siglo XX, pero la escenografía (en realidad un juego de espejos en los que se realizan multitud de proyecciones) y los trajes remiten constantemente a la Viena de María Teresa. Parece así que nos encontramos en el siglo pasado, pero en un entorno nobiliario que conserva vestidos y rituales propios de otros tiempos. Al margen de esta decisión, que ni aporta ni quita nada a la obra original, la propuesta de Wernicke es de una fidelidad al texto de Hofmannsthal realmente asombrosa.

El milagro, como dice Christian Thielemann en la media hora de bonus que acompaña al doble DVD, es la manera en la que el malogrado regista alemán consigue resultar personal sin que el espectador tenga la sensación al salir de que no ha visto el verdadero Rosenkavalier. ¿Cómo lo consigue? Pues con una dirección de actores magistral, extremadamente minuciosa, que nos aporta mil y un detalles enriquecedores sobre la psicología de los personajes, además de con un admirable sentido del ritmo teatral, con un gran sentido para no enturbiar la inteligibilidad de la acción con movimientos innecesarios y, más aún, con una enorme capacidad para ilustrar desde la escena las múltiples peripecias que nos cuenta la partitura: en algunos momentos la música parece ser la banda sonora de una película o de una obra teatral cuya existencia es previa a la composición.

En cuanto a la vertiente musical de esta grabación, la presencia de Thielemann es sin duda la piedra angular de un nivel más que satisfactorio: su irreprochable conocimiento del idioma strausisano y su alto sentido teatral terminan ganando la partida. Ahora bien, su interpretación no termina de ser redonda porque el maestro berlinés, como ya evidenció en la suite de la ópera que grabó para DG años atrás, atiende mucho más a la parte trepidante y humorística de la partitura que a su vertiente melancólica y reflexiva. Así las cosas, triunfa por completo en escenas como el enfrentamiento con Ochs o, sobre todo, la mascarada en la taberna, dotadas de un sentido del ritmo, del color y del humor realmente grandioso; la claridad orquestal es apabullante.

En otros momentos, por el contrario, se echa de menos un tratamiento más sutil de las texturas, una mayor atención al matiz expresivo y, en definitiva, un poco más de esa magia sonora que destiló Karajan en sus recreaciones de los años ochenta, inalcanzables incluso para ese otro grandísimo recreador de esta partitura que fue Carlos Kleiber. La Filarmónica de Múnich, por su parte, realiza un formidable trabajo; a decir verdad, parece sonar mejor que en tiempos de Celibidache.

Renée Fleming tiene la voz, el estilo y el físico ideales para el personaje. Su recreación, como no podía ser menos, es maravillosa, aunque es verdad lo que se ha dicho de que hace una Mariscala excesivamente ensoñada. Le pasó ya en su grabación para CD de Daphne (enlace), donde parecía en más de un momento estar cantando los cuatro últimos lieder, de los que por cierto la soprano norteamericana nos ha dejado dos espléndidos registros (enlace). En cualquier caso lo más maravilloso para mí no ha sido escuchar su Mariscala, sino verla: el rostro de esta señora, sin ser ni mucho menos el de la inalcanzable Schwarzkopf, alcanza en los finales de los actos impares una temperatura dramática acongojante, más aún incluso que con la otra gran intérprete del rol en tiempos modernos, Felicity Lott. Verdaderamente es difícil decir tantas cosas con solo una mirada. Véase si no el video adjunto.



El de Sophie Koch es un Oktavian cantado con excelente gusto y muy bien actuado, tanto en lo vocal como en lo escénico. El problema, no soy el primero en señalarlo, es que su voz es menos grave de lo que quiere el personaje. Diana Damrau, físicamente algo mayor para lo que requiere Sophie, canta de manera irreprochable y evita por completo caer en la cursilería que a veces se asocia con el papel. Lástima que junto a ellas se encuentre el Ochs mediocremente cantado -aunque bien interpretado- de Franz Hawlata, quien unos meses después nos decepcionaría protagonizando en Sevilla La mujer silenciosa (enlace).

Entre el resto del elenco hay algunas sorpresas, no siempre agradables. Nada menos que Franz Grundheber se encarga de Faninal: en lo canoro es muy poca cosa, pero su maestría en la escena se deja notar. Jane Henschel es un lujo como Annina, sobre todo porque su gracioso físico es ideal para el personaje. Y el señor Jonas Kaufmann, finalmente, hace gala de las evidentes limitaciones de su técnica destrozando la parte del tenor italiano.

Como la imagen y el sonido son excelentes -supongo que lo serán más aún en blu-ray-, este doble DVD no puede dejar de recomendarse, sobre todo por su maravillosa vertiente teatral. Y ahora, a rezar para que Mortier traiga un elenco y una batuta dignas de esta acertadísima reposición del Rosenkavalier de Wernicke para la próxima temporada.

lunes, 15 de febrero de 2010

Nueva Cuarta de Shostakovich por Rattle

En 1994 Simon Rattle grabó para EMI al frente de la Sinfónica de Birmingham una rabiosa, visceral y muy comprometida interpretación de la Cuarta Sinfonía de Shostakovich. Cierto es que atendía más a la parte dramática y corrosiva de la obra que a la atmosférica, que a ratos su violencia parecía algo externa y que el final no resultaba tan inquietante como debe, pero aun así el director británico redondeó una gran interpretación de esta partitura nada fácil de abordar. De ahí que tuviera yo mucho interés por conocer lo que hizo con la misma el pasado 13 de septiembre nada menos que con la Filarmónica de Berlín, interpretación que ofrece on-line la Digital Concert Hall de la que venimos hablando últimamente en este blog.



Pues bien, los resultados han sido para mí un relativo chasco. La ejecución es soberbia, la planificación irreprochable, la expresión siempre certera. No hay la menor caída en la acumulación decibélica ni en el efectismo. Pero la intepretación, muy objetiva y bastante abstracta, poco interesada en hurgar en recovecos expresionistas, desprende una sensación de distanciamiento e incluso frialdad que no termina de convencer. Esta partitura que en su momento Shostakovich escondiera en un cajón, sin atreverse a estrenarla a la vista que lo que se le venía encima por su Lady Macbeth, necesita bien un planteamiento a tumba abierta como el de Rozhdestvensky (enlace), o incluso el del propio Rattle años atrás, bien una visión fantasmagórica, atmosférica, ambigua y sutil como la de Rostropovich. En cualquier caso hay que alabar una soberbia ejecución de la Filarmónica de Berlín y un tercer movimiento en general bastante conseguido.

La velada se había abierto, acertadamente, con los geniales diez últimos minutos de esa obra maestra absoluta que es la Lulu de Berg, interpretada por Rattle con desbordante pasión "romántica", más que "expresionista". El británico no escatima aristas, sin embargo, en el marcado expresionismo de Les Voix, para soprano, piano y orquesta, obra concluida en 1941 por Paul Dessau, un compositor del que hasta ahora quien esto firma nada conocía. Lars Vogt exhibe un piano muy acerado y Angela Denoke, ideal para este repertorio, sale airosa de las extremas dificultades de su parte. Interesante recuperación, sin duda, de una página que hasta hace muy pocos años no ha visitado el disco y las salas de concierto, y gran acierto de un Rattle que ha sabido inyectar sabia nueva a la programación de la orquesta.

Como en las anteriores ocasiones, dejo aquí el link para escuchar el concierto (enlace).

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...