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Los Cuatro últimos lieder por Fleming: ¿Eschenbach o Thielemann?

¡Eschenbach, sin duda! La primera grabación de Renée Fleming de estas cuatro obras maestras la realizó el sello RCA en marzo de 1995 poniéndose el director alemán al frente de la Sinfónica de Houston, y con ella se ofreció el que posiblemente es uno de los mejores discos Strauss de la era digital.

De entrada, sorprende la extraordinaria lentitud de la batuta: nada menos que 24’11’’ se toma Eschenbach para diseccionar, con extraordinaria meticulosidad, elevado vuelo lírico y gran sensualidad, el entramado orquestal de estas cuatro piezas. Pero no hay rastro alguno de morosidad, ni menos aún de blandura, pues es la suya una dirección muy concentrada, de pulso perfectamente sostenido, en la que se destila una expresividad contenida que parece proceder de más allá del bien y del mal. ¿Otoñal? No exactamente. ¿Filosófica? Quizá. En cualquier caso, estremecedora.

Fleming_Eschenbach

Decca ha decidido ofrecer un remake y en 2008 ha hecho que la Fleming grabe los lieder, esta vez en concierto, bajo la dirección del experimentado straussiano Christian Thielemann, un director al que no le falta talento precisamente. Pero su dirección, sin duda sensual y rica en colorido, convence mucho menos que la de Eschenbach, y no ya porque sea más rápida (21’39’’ le dura, casi tres minutos menos que a su colega) y más “terrenal”, sino por su relativa falta de concentración, sobre todo en “Frühling” y en la introducción de la sublime “Im Abendrot”, así como por resultar en algún momento más decadente de la cuenta. No ayudan una Filarmónica de Múnich con algún desajuste en concierto, ni una toma sonora más bien turbia, impropia de un sello como Decca.

Bueno, ¿y la Fleming? Magnífica en las dos grabaciones, sin duda. La soprano norteamericana exhibe su voz carnosa y sensual, un legato para derretirse , una dicción de libro y una expresividad acongojante en todo momento. Ahora bien, mientras que con Eschenbach esa expresividad se encuentra siempre contenida y no ofrece la mejor concesión a la teatralidad, al artificio o a la blandura, con Thielemann nos regala algunas frases en exceso enfáticas, fuera de estilo, que delatan su reciente tendencia al amaneramiento. La diva aquí se pone por delante de la artista.

Fleming_THielemann

Complementos. Cinco lieder con orquesta, magníficamente cantados e interpretados, se añaden en el disco de Eschenbach, quien además nos regala una suite de veinticinco minutos de Ronsenkavalier tan brillante como poética y evocadora. Cuatro lieder distintos a los anteriores aparecen en el disco de Thielemann, en el que los que realmente sobresalen son el fragmento de Elena Egipcíaca y, sobre todo, los quince minutos de Ariadna en Naxos, con una Fleming que, ahí sí, puede dar rienda suelta a su instinto teatral sin sacar los pies del plato.

La conclusión está clara. El disco de Decca, pese a su relativamente decepcionante toma sonora, es muy recomendable para todos los amantes de la música de Strauss, mucho más por los complementos que por las Cuatro últimas canciones. El de RCA, que por cierto se encuentra ya en serie media, es mucho más que eso: una grabación imprescindible para cualquier melómano, para poner en la estantería al lado de la justamente mítica, e inalcanzable, de Schwarzkopf y Szell.

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