miércoles, 31 de agosto de 2011

Boccherini por el Ensemble 415: entre el Rococó y el Neoclasicismo

BOCCHERINI: Sinfonía en Re mayor, G. 490. Sinfonía op. 12 nº 4, G. 506, “la casa del Diavolo”. Sinfonía op. 35, nº 3, G. 511. Sinfonía op. 35 nº 4, G. 512. Stabat Mater (versión original). Quinteto op. 31/4.
Agnès Mellon, soprano. Ensemble 415. Dir: Chiara Banchini.
Harmonia Mundi, HMG 501933.34
2 CDs. 124’47’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
***
M

“Do you like Boccherini on period instruments?” Eso fue lo que me preguntó allá por marzo de 1993 durante una firma de autógrafos la soprano Nancy Argenta tras un concierto de la Orchestra of the Age of the Enlightenment en el sevillano Teatro Lope de Vega. Respondí entonces que sí. Hoy volvería a decir lo mismo, añadiendo que los instrumentos originales me gustan más que los “modernos” a la hora de interpretar la música italiano afincado en España. Pero añadiría para mí mismo, en plan pedante, que los instrumentos no deberían ser un fin en sí mismos, sino un medio expresivo; que la utilización de unos u otros no implica necesariamente una mejoría o un empeoramiento de los resultados; y que un mismo intérprete, aun manteniéndose dentro de un mismo enfoque, puede caer en evidentes desigualdades en función tanto de la naturaleza de la partitura como de la “inspiración” de que haga gala en un momento determinado.

Un ejemplo de lo dicho lo tenemos en este doble compacto, registrado el primero en 1988 y el segundo en 1991, protagonizado por Chiara Banchini y su Ensemble 415 que ahora se reedita en la serie Harmonia Mundi Gold. Me han gustado las interpretaciones de las cuatro sinfonías aquí recogidas, pero con algún reparo importante. La orquesta, que incluye nombres como los de Paul Dombrecht o Marcel Ponseele -oboes- o Joseph Borras –fagot- es magnífica y se beneficia del continuo imaginativo de Gordon Murray. La violinista suiza dirige con excelente técnica -con buen pulso y adecuado equilibrio de planos sonoros- y adoptando un enfoque que sabe encontrar el punto justo entre el Rococó y el Neoclasicismo en que, como Francisco de Goya por las mismas fechas, se mueve Boccherini: hay aquí encanto, vivacidad, delicadeza y coquetería, pero también un buen sentido de la densidad sonora, de la tensión interna e incluso de un austero distanciamiento cuando corresponde. En este sentido resulta ilustrativa la comparación con las interpretaciones de otras cuatro sinfonías del compositor realizadas, sin director, por Akademie für Alte Musik Berlin para el mismo sello discográfico en 1996: los berlineses, de sonoridad más ácida y afilada en la cuerda, ofrecen recreaciones mucho más vitalistas, enérgicas y contrastadas, pero pierden en lo que a elegancia y vuelo lírico se refiere, como también en claridad de líneas.

¿Reparos? A Banchini se le va un poco la mano a la hora de mirar al Rococó en los movimientos centrales, como ocurre en la Sinfonía op. 35, nº 3, G. 511 -aunque están muy bien recreadas las alusiones de los pizzicatti al mundo guitarrístico- y, más aún, en la Sinfonía op. 12 nº 4 , “La casa del Diavolo”, cuyo Andantino con moto no solo carece de poesía sino que incurre en lo pimpante; los dos últimos de esta obra resultan por el contrario adecuadamente adustos y dramáticos, recogiendo así el espíritu “Sturm und Drang” de la partitura, de manera particular en el último, una copia casi literal del descenso a los Infiernos del Don Juan de Gluck.

La juvenil y puramente italiana Sinfonía en Re menor, G. 490 recibe por su parte una espléndida interpretación fresca, teatral y contrastada en los movimientos extremos y con adecuada concentración en el central, a la que aun así le falta un punto de emotividad, mientras que en la Sinfonía op. 35 nº 4, G. 512 Banchini triunfa logrando, esta vez sin objeción alguna, aunar galantería con austeridad sin perder el equilibrio.

Las cosas funcionan bastante menos bien en el segundo disco, al menos en la versión original, esto es, exclusivamente con soprano, del Stabat Mater, precisamente la partitura que le escuché a Nancy Argenta en el concierto arriba referido. Aquí Agnès Mellon deja que desear: su peculiar línea aporta inocencia, pero la artista francesa termina siendo muy plana e indiferente en lo expresivo, cuando no insulsa. El reducidísimo conjunto instrumental se mantiene en el más sobrio distanciamiento neoclásico: el resultado aburre. Nos encontramos finalmente con el Quinteto op. 31/4 G. 328, una obra muy atractiva, variada anímicamente, por momentos de intensa profundidad, que recibe aquí por parte de Chiara Banchini, Enrico Gatti, Emilio Moreno, Roel Dieltens y Hendrike ter Brugge un tratamiento del más sobrio, elegante y marmóreo neoclasicismo. ¿Frialdad, de nuevo? Yo diría que sí, aunque alguien podría replicar que lo mismo ocurre con la arquitectura de Juan de Villanueva. Pues eso.

martes, 30 de agosto de 2011

Ciclo Beethoven de Barenboim y la WEDO en Colonia (y VI)

Escribo ya desde Jerez de la Frontera, y sin muchas ganas en el cuerpo -por diferentes motivos que no vienen al caso he terminado hasta las narices de tanto Barenboim-, sobre el último concierto del ciclo, que por cierto se retransmitía en pantalla grande al aire libre, en la plaza junto a la célebre catedral, al mismo tiempo que se ofrecía dentro de la Philharmonie. Voy al grano: la sido una Novena magnífica, pero por debajo del nivel que podía haber tenido, al menos en comparación con la genial lectura de 1992 del de Buenos Aires para el sello Erato. Esta de Colonia ha sido más ortodoxa, más lírica, más cálida y digamos humana, también más bella desde el punto de vista meramente sonoro, y por ello mismo mucho menos trágica, furiosa y desesperada que aquella, siempre dentro de una línea -eso por descontado- de perfecto idioma y enorme sinceridad expresiva.

   Foto: Csaba Peter Rakoczy

El primer movimiento resultó poderoso, decidido y muy dramático. Como era de esperar, graduó las tensiones con absoluta genialidad hasta culminar en unos clímax de una fuerza abrumadora, si bien algunas frases podían haber estado aún más paladeadas y se le podía haber sacado mayor partido al peso de los silencios. Implacable y demoníaco el scherzo, en cierta medida proto-bruckneriano, pero controlando a las mil maravillas la arquitectura, sin la necesidad de desatar a las furias. Para mí este fue lo mejor de la interpretación, al igual que lo menos interesante -es un decir- resultó el tercer movimiento, fraseado con cantabilidad admirable pero algo más rápido de la cuenta y sin ese punto agónico ni esa rebeldía en los clímax que otras veces le hemos escuchado, empezando por su recreación de La Scala de 2005 que circula por la red, donde se encuentra el que para mí es uno de los mejores “Adagio molto e cantabile” de la historia. En el cuarto movimiento me gustaría destacar la maravillosa dulzura de la aparición del tema del “Himno a la Alegría”, con una sección de chelos verdaderamente sublime, así como la enorme electricidad que desprendió la doble fuga, muy en la línea furtwaengleriana. Del cuarteto sobresalió Peter Seiffert. A Waltraud Meier no la encontré en su mejor momento. Anna Samuil y Wolfgang Koch, sustituyendo respectivamente a Anja Harteros y René Pape, tuvieron sus desigualdades. Fabuloso el Coro de la Catedral de Colonia.

A manera de resumen de la integral: un Notable para la Pastoral, Sobresaliente para Primera, Cuarta, Octava, Novena y Leonora III, Matrícula de Honor para Segunda, Quinta y Séptima, y Premio Extraordinario de Fin de Carrera, por decirlo así, para la Heroica. No es mal balance. ¿Será este ciclo, cuando salga en una caja de cinco compactos el próximo mes de mayo, más recomendable que el antiguo de Teldec con la Staatskapelle de Berlín? Yo diría que sí, porque se ha mejorado en Tercera, Octava y Novena, mientras que a mi entender en el resto no se ha perdido nada, si bien algunos paladares pueden preferir en el Larghetto de la Segunda la visión más dramática ofrecida en su registro anterior. Una verdadera lástima, para terminar, que no se hayan filmado los conciertos, como inicialmente estaba previsto, y que no se haya incluido alguna obertura adicional. Un aplauso para todos desde aquí, y muy especialmente para la orquesta, cuyos miembros fueron saludados uno a uno por Barenboim al finalizar el último concierto entre las intensas ovaciones del público alemán.

domingo, 28 de agosto de 2011

Ciclo Beethoven de Barenboim y la WEDO en Colonia (V)

Se iniciaba el penúltimo concierto del ciclo con la Leonora III, auténtica "especialidad de la casa" para Barenboim. Le he escuchado interpretaciones aún mejores -particularmente en lo que a la introducción se refiere, no tan negra y gótica como en otras ocasiones-, pero en cualquier caso esta ha sido excelente por la perfección de su idioma, la firmeza de su trazo, la calidez del fraseo, la sinceridad expresiva -en absoluto se intenta epatar mediante la opulencia del sonido, como hace por ejemplo un Zubin Mehta- y la manera en que se compaginan el despliegue emocional con el absoluto control de la arquitectura; nos regaló el maestro, además, algún que otro acento y matiz dinámico sumamente revelador.

La Octava no es música ideal para la batuta de Barenboim, no tanto porque este la vea mucho antes como obra de clara madurez que como un homenaje al pasado, y por ende ponga la tensión, la potencia y hasta el dramatismo por encima de los aspectos más elegantes, humorísticos y coquetos de la página, como por la razón de que la sonoridad por la que opta parece en exceso robusta para una obra semejante. Claro que, aun así, se pueden ofrecer lecturas tan notabilísimas como la presente, que dicho sea de paso se sitúa mucho más cerca del registro que hizo con la Filarmónica de Berlín (en DVD) que del de la integral con la Staatskapelle, un tanto excesivo (enlace). Apasionado a más no poder, pero siempre controladísimo, todo el primer movimiento, sorprendiéndome la manera en la que planteó la genial gradación de dinámicas establecida por Beethoven en la sección del desarrollo partiendo desde un volumen sonoro menor que lo habitual (decisión que no sé si es un "truco" para poder realizar la dificilísima acumulación de efes sin problemas: me gustaría ver la partitura). Irreprochable el Allegretto scherzando, siempre con un sentido del humor más bien socarrón, como a Barenboim le gusta. Lo más interesante vino con los dos últimos, sobre todo por una emotiva cantabilidad que pocos directores logran extraer de los pentagramas, pero también por la enorme garra dramática desplegada. La orquesta estuvo estupenda, con algún que otro minúsculo resbalón que a buen seguro será corregido por los ingenieros de Decca a la hora de la edición discográfica.

De la Séptima poco hay que decir: siempre se le ha dado maravillosamente a Barenboim y esta vez no ha sido la excepción. Superior la ofrecida hace semanas en Ronda, pues las jornadas de rodaje no han sido en vano, esta interpretación ha sido igual o mejor aún que la de Córdoba del verano pasado. A lo dicho entonces en este blog me remito (enlace), si bien quiero subrayar el magnetismo sobrecogedor de toda la introducción, los acentos dramáticos que asomaron en el segundo movimiento, la manera que tuvo de hacer dialogar a las secciones de la orquesta y, en general, la multitud de detalles nuevos que se escucharon a lo largo de toda la interpretación, en todo momento sincera a más no poder y muy alejada de cualquier tipo de exhibicionismo. El público respondió con el mismo entusiasmo desbordante de las noches anteriores.

sábado, 27 de agosto de 2011

Ciclo Beethoven de Barenboim y la WEDO en Colonia (IV)

Pinchó Barenboim en la Pastoral. En mi opinión, claro está. Los colegas que me acompañaban no lo vieron así y alguno de ellos llegó a diagnosticar mi valoración como "ataque de locura". Voy a tener que darle la razón a Justo Romero cuando escribió, ya hace años en las páginas de Scherzo, que opinar sobre Barenboim supone siempre recibir palos desde un lado u otro: si se le pone bien, por ponerlo bien, y si se le pone mal, por ponerlo mal. En fin.

Pinchó Barenboim, decía. Quiero decir: ofreció una interpretación mucho menos buena de lo que se puede esperar en quien es el mejor interprete de Beethoven de los últimos decenios. Ya le ocurrió eso en su grabación discográfica de 1999 (enlace), en cualquier caso notable, pero en la interpretación al frente de la propia WEDO ofrecida en Córdoba el verano pasado (enlace) los resultados fueron mucho mas satisfactorios (o eso me parecieron a mí en ese momento, no sé ahora). La de Colonia de ayer miércoles ha sido, como las dos citadas, una interpretación más apolínea que dionisíaca, equilibrada y muy hermosamente sonada, fraseada con asombrosa naturalidad, atentísima al dialogo de las voces intermedias y plagada aquí y allá de frases, acentos y otros detalles propios de una batuta de primera, pero...

Pero la inspiración fue abiertamente irregular. Se diría que la extrema genialidad de la Heroica del martes (enlace) hubiera dejado al maestro sin ideas realmente grandes, o incluso que quisiera quitarse la obra de en medio cuanto antes: despacharse la Pastoral en cuarenta minutos -sin la repetición del primer movimiento, todo hay que decirlo- ya les da a ustedes una idea de por dónde van los tiros. Flojo el Allegro ma non troppo, bien trazado pero en exceso extrovertido y un tanto expeditivo, sin esa magia increíble que tan difícil resulta extraer de los pentagramas. Nada nuevo: le ocurre a casi todos, excepción hecha de los Furtwängler, Klemperer, Kubelik, Böhm, Giulini y Sanderling, los cinco nombres que reinan en la Sexta beethoveniana. Sin ser para mí el ideal, estuvo bastante mejor la escena junto al arroyo, demasiado rápida, escasamente contemplativa y nada "filosófica", pero impregnada de una vehemencia (hubo frases en la cuerda realmente reveladoras) que la hacían muy atractiva.

Sensacional la danza de los pastores, quizá la mejor que le he escuchado a Barenboim, con unos contrabajos poderosos a más no poder que acercaron la página al universo sonoro -idéntico en cronología, muy distinto en la escritura- de la Quinta del mismo autor. Irreprochable la tormenta, en la que la batuta dio una buena muestra de dominio de la masa orquestal. Y de menos a más, como suele ocurrir con este director, el movimiento final, que a medida que avanzaba hacia la conclusión iba acumulando tensiones llenas de emotividad y hasta de carácter visionario. Suficiente? Para tratarse de Barenboim creo que no, y menos aún después de haberse puesto en listón tan alto a sí mismo en la Heroica. Que un Abbado con la Filarmónica de Berlín o un Rattle con la Filarmónica de Viena hayan obtenido resultados no ya flojos sino detestables en esta obra no cambia mi valoración. Y hay aún una cosilla más: durante toda la interpretación aparecieron algunos pequeños portamenti que daban la impresión de que, cosa insólita en la carrera beethoveniana del argentino, hacen pensar que Barenboim puede estar tentado de abrir las puertas a la cursilería.

La Quinta Sinfonía, antológica. En el primer movimiento la ansiedad estuvo generada por la acumulación de tensiones, y no por la fiereza de determinadas frases o por la agresividad tímbrica, que es lo que suele ocurrir con otros directores. Aun así, aún se han escuchado cosas superiores en el mundo discográfico, porque no carece esta partitura precisamente de interpretaciones geniales. Muy intenso el Andante con moto, que aunaba de manera perfecta cantabilidad digamos "humanística" con toda la potencia épica que albergan los pentagramas. Increíble el scherzo, particularmente por la manera en la que Barenboim hizo "rugir" a la cuerda grave sin descuidar los tintes lúdicos de la página; si no fue el mejor que jamás he escuchado, seguro que se le acerca. Fogosísimo y visionario, pero también muy controlado, el movimiento final, que como era de esperar despertó entre el público un entusiasmo desbordado. En definitiva, una interpretación igual e incluso superior a la ofrecida en Sevilla (enlace) en lo que a la batuta se refiere, y encima más perfecta, más aquilatada y con mejor empaste, en lo que respecta a la ejecución orquestal.

En este sentido, creo que va siendo hora de matizar un poco sobre la West-Eastern Divan. La cuerda aguda es muy buena, pero para mi gusto de vez en cuando -determinadas frases en la Pastoral, por ejemplo- flaquea un poco por parte de los primeros violines. A los violonchelos, liderados por Kyril Zlotnikov, el del Cuarteto Jerusalén, se le podría pedir un poco más de personalidad dentro de su alto nivel. Los contrabajos, tremendos: en Beethoven solo le he escuchado algo superior a orquestas como las de Chicago, Philadelphia o la Filarmónica de Berlín. A las maderas habría que ponerles una medalla a todos ellos, uno a uno. Muy bien los metales, y mejor que eso en la tremenda Quinta: los ensayos de por la mañana (enlace) se dejaron notar y la perfección fue absoluta. Solo dos palabras para los timbaleros: im-presionantes.

jueves, 25 de agosto de 2011

Ciclo Beethoven de Barenboim y la WEDO en Colonia (III)

La mañana de hoy martes ofrecía la Philharmonie de Colonia la posibilidad de acceder de manera gratuita a los ensayos de la West-Eastern Divan para el concierto de esta misma noche. El éxito de la convocatoria fue evidente: tuve que guardar cola durante más de una hora, el público abarrotó la sala y muchos se tuvieron que quedar fuera. Mereció la pena. Primero Barenboim y su orquesta nos ofrecieron, de un tirón, los dos últimos movimientos de la Quinta beethoveniana. Tremendos, claro. Como mi abono estaba en el "patio de butacas", fila cuatro, decidí para la ocasión colocarme detrás del escenario, en uno de los asientos del coro. Interesantísimo: la acústica sigue siendo formidable.

A continuación Barenboim habló por el telefonillo interno, ese que ustedes habrán visto que se coloca en las grabaciones, con el productor o los ingenieros de sonido de Decca, pasando a repetir diversos pasajes que se creía necesario ajustar, buena prueba de lo que todos sabemos desde hace tiempo: que la mayoría de las "live recordings" que circulan por el mercado no son sino un "remix" de los conciertos propiamente dicho con los ensayos generales y la repetición realizada ex-profeso de determinados pasajes. En cualquier caso, el maestro tuvo a bien repasar igualmente diferentes fragmentos de la Quinta a petición de algunos de los miembros de la orquesta. Habida cuenta de que la obra la han tocado en estas últimas semanas en Sevilla y en Corea, sorprende que estos chicos sean tan incansables. Impresionante, por cierto, la sonoridad de la cuerda grave y de toda la sección de metales.

Para finalizar la sesión pública, se ofreció la Leonora III en su integridad, pero interrumpida para realizar diferentes correcciones por parte de un Barenboim que a veces se mostraba muy simpático y en otras ocasiones daba hasta miedo mirar. La interpretación parecía ser tremenda y, lo más sorprendente, con reveladores matices nuevos con respecto a otras ejecuciones que le he escuchado al propio Barenboim en vivo o en disco. Veremos cómo la hace el domingo. Ahora dejo este puesto de Internet (esta ciudad es un aburrimiento desde la temprana hora en que cierran iglesias y museos, dicho sea de paso) y me voy a ver la referida Quinta más la gran prueba de fuego, la obra en la que resbalan la mayoría de los directores: la Pastoral.

Ciclo Beethoven de Barenboim y la WEDO en Colonia (II)

En su aparición de ayer la West-Eastern Divan Orchestra venía más nutrida que en la primera entrega (enlace) del ciclo Beethoven: si para las dos primeras sinfonías del autor había, para que se hagan ustedes una idea, tan solo cuatro contrabajos, la Cuarta que abría la velada de este martes contaba con seis, mientras que en la Heroica en total sumaban nueve. Con respecto a la plantilla del lunes aparecían algunas caras conocidas de la Staatskapelle Berlin a modo de refuerzo. Por lo demás, la WEDO siguió dando una lección de ductilidad sonora y entrega expresiva, con especial mención a las decisivas intervenciones de las maderas en las dos partituras sobre el atril. Barenboim estuvo "sembrado", como intentaré explicar ahora, pero no hay que quitarle mérito alguno a los integrantes de la que algunos imbéciles siguen llamando "orquesta de niños".

La Cuarta beethoveniana ha sido muy parecida a la que ofrecieron los mismos artistas hace unas semanas en Ronda, y por ende no merece le pena repetir lo ya dicho en este mismo blog (enlace), si bien debo añadir ahora que las imperfecciones técnicas que allí se evidenciaban han sido sustancialmente mejoradas y que, desde el punto de vista de la mera ejecución, pocas pegas se pudieron poner en la Philharmonie de Colonia: cuando aparezca la grabación en compacto, ustedes mismos podrán comprobar el nivel que ha alcanzado la WEDO. En cualquier caso, y volviendo a la interpretación, no resisto la tentación de manifestar mi entusiasmo ante la manera en que Barenboim hizo "respirar" a las maderas en el Adagio, así como ante la valentía de plantear una lectura tan alejada de lo lúdico para centrarse en los aspectos más combativos de la obra: la Quinta está a la vuelta de la esquina. Gran versión, en definitiva, aunque a mi modo de ver, y habida cuenta de la competencia discográfica, no sea genial, histórica y de referencia absoluta.


La que sí lo ha sido -eso mismo: genial, histórica y de referencia absoluta, y no crean que exagero- es la Heroica. Lo que Barenboim hizo con ella anoche me ha parecido lo más grande que el de Buenos Aires ha conseguido hasta ahora en el campo sinfónico beethoveniano, de tal modo que su Tercera pasa a convertirse en mi preferida de todas cuantas he escuchado en disco y en vivo, incluidas las dos grabadas por el propio maestro, quien -cada vez lo tengo más claro- parece seguir una evolución similar a la que vivió Furtwängler en la parte final de su carrera: ya no son necesarias las dosis de angustia, rebeldía y nihilismo de tiempos pasados, porque se ha llegado a una especie de "equilibrio trascendente" que, sin que se pierda en modo alguno la tensión interna de la arquitectura y sin renunciar a la dimensión trágica del fenómeno interpretativo, permite que la partitura fluya con mayor naturalidad, sin forzar las cosas, y enriquecer el enfoque antes un tanto unidireccional permitiendo que la sensualidad, la belleza trascendida y la -digamos- reflexión otoñal conviertan el resultado en una síntesis de singular perfección canónica.

En este sentido, la Heroica de anoche fue una suma de la cantabilidad de Kubelik, la capacidad de análisis de planos sonoros de un Klemperer y la dimensión filosófica del citado Furtwängler, todo ello galvanizado por la poderosa personalidad de un Barenboim "humanista" a más no poder que, amén de modelar a la orquesta con admirable plasticidad y de frasear con la misma naturalidad con que lo hace al teclado, sigue "inventando" continuamente, colocando acentos aquí y allá, poniendo al límite sus propias posibilidades y las de sus músicos para conseguir lo imposible; por poner un solo ejemplo, el increíble silencio tras el primer gran clímax de la marcha fúnebre fue de los que solo un maestro de técnica portentosa y enorme genio interpretativo es capaz de hacer. Toda la interpretación, desde la primera hasta la última nota pasando por el tantas veces menospreciado tercer movimiento, alcanzó el más excelso nivel imaginable, y justifica por ella sola la edición en compacto a cargo de Decca. El público reaccionó como la noche anterior: todos inmediatamente puestos en pie aplaudiendo a rabiar. Noche histórica.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Amor Brujo y Maese Pedro por Josep Pons

FALLA: El amor brujo. El retablo de Maese Pedro.
Ginesa Ortega, cantaora. J. Martín, I. Fresán, J. Cabero.
Orquestra de Cambra Teatre Lliure de Barcelona. Dir: Josep Pons
Harmonia Mundi, HMG 502213
64’10’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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Este registro estupendamente grabado por los ingenieros de Harmonia Mundi en noviembre de 1990 fue uno de los primeros en sacar a la palestra internacional el nombre de Josep Pons (Puig-reig, 1957), que ya por entonces gozaba de cierto prestigio como fundador y titular de la Orquestra de Cambra del Teatre Lliure de Barcelona, que es precisamente quien le acompañaba en esta interesante incursión discográfica en el universo de Manuel de Falla que incluía El retablo de Maese Pedro y, por primera vez en discos, la versión original de El amor brujo. Más tarde llegarían las titularidades de la Orquesta de Granada y de la Nacional de España, y muy cerca en el futuro tenemos su retorno a Cataluña para responsabilizarse del Liceu barcelonés. Todo este tiempo, incluyendo sus numerosas grabaciones, sus conciertos al frente de las referidas formaciones y su no inclusión en el circuito de las agrupaciones más importantes (no ha pisado aún, por ejemplo, las orquestas de Berlín o Chicago con la que sí están trabajando otros directores peninsulares de una generación posterior) ha permitido confirmar dos cosas: que es un buen director… y que dista de ser uno verdaderamente grande.

La dirección de Pons es notable en ambas obras, por lo que tiene de sensatez en sus planteamientos y buena factura técnica, amén de por la concentración que ofrece en los momentos en que debe hacerlo. Destaca en lo expresivo por hacer gala de una incisividad y un sentido del ritmo que acercan estas músicas al universo de Stravinsky, lo que si en el caso del Retablo resulta muy coherente con el espíritu de la pieza, en la gitanería -esta versión original, con mucha más música que el ballet al que estamos acostumbrados, es de sumo interés- nos hace revisar nuestros planteamientos sobre la creación musical de la época y romper algunos tópicos sobre las más famosa creación de gaditano. Ahora bien, la batuta se queda un tanto corta en vuelo lírico, poesía y sensualidad, lo que resulta bastante de reprochar en páginas que rebosan de semejantes ingredientes, por lo que el resultado a ratos se nos antoja un poco seco, por no decir soso.

La orquesta ofrece un buen nivel medio, pero las desigualdades entre sus miembros son evidentes. En el Retablo, Iñaki Fresán hace un buen Don Quijote y Joan Cabero un irreprochable Maese Pedro, quedándose corto el niño Joan Martín. La cantaora catalana Ginesa Ortega otorga autenticidad a la gitanería, aunque para algunas sensibilidades puede resultar excesiva y tópica, un tanto de cara a la galería. ¿Disco recomendable? Al precio que ofrece la serie HM Gold creo que sí, pero no parece que nos encontremos ante versiones de referencia.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...