viernes, 14 de septiembre de 2012

El rey León en Madrid: cuando la escena triunfa por completo

Lo poco que hasta ahora conocía de la directora Julie Taymor –señora esposa del compositor Elliot Goldenthal- me había gustado: la tan morbosa como desagradable y visualmente atractiva película Titus, la oscarizada y algo menos interesante pero en cualquier caso arriesgada Frida y, ya en el campo operístico, la puesta en escena del Oedipus Rex de Stravinsky que en lo musical contó con unos espléndidos Seiji Ozawa, Jessye Norman y Philip Langridge. Es por ella y no por la película Disney, que no he visto hasta literalmente anteayer, ni menos aún por la música de Elton John, artista con el que no conecto lo más mínimo, por lo que el pasado sábado 8 me acerqué a la Gran Vía madrileña a ver El rey león, exitosa producción de Broadway en la que la directora norteamericana se lanzaba con red para realizar algo que fuera medianamente fiel a la iconografía de la cinta animada, pero también aportara personalidad propia y solventara el problema de hacer caer en el ridículo a unos cantantes vestidos de animalillos más o menos pintorescos. Pues bueno, me ha parecido una de las más fascinantes realizaciones escénicas que haya visto jamás de cualquier obra lírica.

El punto de partida es similar al del citado título de Stravinsky, desdoblar los rostros de los cantantes en dos, el “verdadero” y una máscara, solo que aquí esa máscara, que en varios personajes llega a ser una marioneta “de cuerpo entero”, actúa con tanta o más fuerza que la cara de carne y hueso, aunque siempre ambas en paralelo, sin estorbarse y sin producir una sensación de desconcierto, tan minuciosa es la planificación del movimiento tanto de los actores como de sus –en ocasiones- muy articulados “postizos”. El resultado es por completo convincente. A ello tenemos que sumar el deslumbrante diseño de vestuarios y máscaras realizado por la propia Taymor: pocas veces he visto un mayor despliegue de belleza visual subido a un escenario. Sumemos a esto una dirección de actores y una coreografía que, al igual que todo el diseño de producción, fusionan con extraordinaria sensibilidad tradiciones teatrales de otras latitudes -concretamente centroafricanas, por razones obvias- y obtendremos la explicación del monumental triunfo que esta producción ha venido conociendo a lo largo de los últimos años.

Sobre la música poco puedo decir. De las canciones compuestas por Elton John hace dieciocho años para la película solo me interesa la primera, The circle of life. A ellas se han añadido otros números compuestos por quienes escribieron la música incidental original y arreglaron las canciones del citado artista pop, Hans Zimmer y Mark Mancina, más algunas aportaciones de Lebo M; para mi gusto igual de poco agraciadas en lo melódico, aunque el reconocible tratamiento polirrítmico del primero de los compositores citados resulta francamente atractivo en estas circunstancias. En realidad todos los arreglos orquestales son admirables, y al contrario de lo que ocurre en muchos musicales, en ningún momento se echa de menos una orquesta sinfónica completa.

El conjunto de la Gran Vía sonó de manera irreprochable bajo la batuta de James May. En cuando a los cantantes y actores, salvo algún caso concreto en el que se quedaron en la mera corrección debido a una pronunciación no del todo conseguida, lo cierto es que en Madrid alcanzaron un nivel espléndido tanto en los adultos como en los niños; mención especial para el sensacional Zazu de Esteban Oliver, con poco que envidiar al hilarante Rowan Atkinson de la cinta original. Espléndido también Sergi Albert como Scar, el malo de la función, aunque en este caso es difícil competir con la matizadísima composición que hizo Jeremy Irons para la película. La “morcilla” por sevillanas de Timón y Pumba a mí me pareció innecesaria, pero hizo reír de manera considerable al público que abarrotaba la sala. Reparos menores: se trata de un espectáculo sensacional que nadie debería perderse. En realidad, el único inconveniente serio es el precio de las entradas.

jueves, 13 de septiembre de 2012

El Moisés y Aarón de Reto Nickler que no veremos en Madrid

Esta entrada la publiqué inicialmente el día 6 de septiembre. La presento otra vez porque he añadido un post scriptum a tener muy en cuenta.
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Me gustó mucho este DVD, grabado en vivo en 2006 en la Ópera de Viena y editado por Arthaus con buen sonido y subtítulos en castellano, cuando lo compré en el momento de su aparición en el mercado. Ahora he vuelto a él con motivo de la representación en versión de concierto que del impresionante título de Schoenberg ofrece mañana mismo el Teatro Real de Madrid, y la verdad es que me ha convencido bastante menos, en gran medida por la comparación con la producción Willy Decker bajo batuta de Michael Boder que comenté en mi anterior entrada.


La propuesta escénica de Reto Nickler es de esas que vulgarmente denominamos “modernas”, con todo lo que de bueno y de malo ello supone: hay un sin duda espléndido trabajo de índole teatral detrás, pero el concepto es muy discutible porque el regista decide, al contrario de lo que hace Decker, explicitar qué es el becerro de oro: el hedonismo consumista al que conduce el individualismo. Una interpretación a todas luces plausible y de absoluta vigencia, pero bastante reductora de la polisémica complejidad que alberga el libreto escrito por el propio Schoenberg. Por otra parte, la contraposición entre el blanco y negro del mundo de la espiritualidad y los colorines purpurina para la escena del becerro termina siendo demasiado obvia. Hay además salidas de tono de esas para llamar la atención, al tiempo que la manera de plasmar sexo y sangre llega a resultar un punto ridícula. Decker consigue una dosis mucho mayor veracidad dramática sin renunciar a la inventiva al tiempo que, paradójicamente, se mantiene mucho más fiel a lo que dice el libreto.

Franz Grunheber hace un excelente Moisés, en este caso en una línea más bien colérica (como Franz Mazura con Solti) antes que mayestática (Günter Reich en la grabación más antigua de Boulez), mística (Pittman Jennings en la digital de Boulez) o sufriente (Dale Duesing en la filmación arriba referida). Flojea sin embargo el Aarón de Thomas Moser. El tenor se queja en la entrevista adjunta de la extrema dificultad de su parte; tiene toda la razón, pero lo cierto es que no está en buena forma vocal y tiene que recurrir a toda clase de trucos para salir adelante. Como intérprete, además, resulta más bien plano.

La dirección de Daniele Gatti, maestro desconcertante e irregular donde los haya, tampoco termina de convencer: hay brillantez sonora, intensidad y hasta visceralidad en su trabajo, pero su tendencia a pasar por alto los detalles para acumular decibelios termina siendo muy patente. Trabajo epidérmico, pues, muy de cara a la galería. Con una orquesta bastante menos buena que la de la Ópera de Viena, Michael Boder realiza una labor más interesante, por no hablar de Solti o, en una línea muy distinta, Pierre Boulez.


Para terminar, la pregunta del millón. Este Moisés y Aarón, así reza el libretillo, es una coproducción de la Staatsoper de Viena con nuestro Teatro Real. El encargo, si no me fallan los datos, viene de la época de Antonio Moral, y de hecho creo que se tenía la intención de ofrecerlo en la capital del reino en la temporada 2010-11. Mortier, genio y figura, ha decidido dejar a un lado la misma y ofrecer el título en versión de concierto con la Orquesta de la SWR de Baden Baden, especializada en música contemporánea. La cosa sale por una pasta. ¿No hubiera sido mejor recurrir a la propuesta escénica aquí comentada, que ya estaba pagada, y llevarla a cabo musicalmente con los cuerpos estables de la casa? La respuesta en principio es afirmativa, pero si uno se plantea con detenimiento las cosas, el asunto no está tan claro. Me cuesta trabajo imaginar a la Sinfónica de Madrid enfrentándose a una partitura de tan extrema complejidad; para hacerlo satisfactoriamente, la cantidad de ensayos debería ser elevadísima. Y la propuesta de Nickler dudo que hubiera entusiasmado; es más, al personal le hubiera recordado no poco a la Salomé de Robert Carsen y al Mahagonny de La Fura vistas por allí hace poco.

Lo que para mí está claro, clarísimo, es que llevar a Madrid semejante obra maestra es todo un acierto, así que muchas gracias a Antonio Moral y a Gerard Mortier por su empeño.Y mi más rotundo desprecio a la señora Esperanza Aguirre por -entre otras muchas cosas que ahora no hacen al caso- suprimir las visitas anuales de Barenboim y la Staatsoper de Berlín al Real justo el año en el que iban a hacer este título.
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PS. Acabo de leer una carta abierta de Antonio Moral, probablemente molesto con las declaraciones del deslenguado Mortier sobre su "locura estúpida" hacer este título con los cuerpos estables de la casa, en la que se aportan dos datos de importancia que un servidor no conocía. Primero, que el proyecto original de hacer este título en Madrid venía de tiempos de García Navarro y llegó a Moral a través de su antecesor Emilio Sagi. Dos, que la producción de Viena aquí comentada había sido dirigida originariamente por el propio Willy Decker, que se bajó de la misma solo tres semanas antes del estreno. Por ende, las críticas por mí vertidas hacia la labor de Reto Nickler deben ir en realidad hacia Decker, quien obviamente en su posterior producción dijo Diego donde antes había dicho digo: a mi entender le salió muchísimo mejor.

En cuanto al asunto de con quién se debería haber hecho este título, después de haber presenciado la primera función, de la que he escrito por aquí un comentario, no me cabe duda: la intervención de la orquesta y coros escogidos por Mortier me parecen hoy por hoy difícilmente superable para cualquier teatro con sus cuerpos estables, entre ellos el Real. El coste económico ya es otra cuestión, en estos tiempos no precisamente desdeñable.

martes, 11 de septiembre de 2012

El retorno de Celibidache a Berlín: impresentable edición en Blu-Ray de un Bruckner sublime

En 1952 Sergiu Celibidache rompía todos sus lazos con la Filarmónica de Berlín. En 1992 el director rumano, ya por entonces mito viviente, retornaba de manera puntual al podio de la formación alemana -en la Schauspielhaus que se alza en el centro histórico de la ciudad, no en la Philharmonie- con motivo de un concierto benéfico. Séptima de Bruckner en los atriles. El resultado, grabado por las cámaras de Sony Classical bajo la dirección de Wolfgang Becker, fue una de las más grandes interpretaciones de este autor jamás registradas, a la altura de la Cuarta de Böhm, la Octava de Karajan en San Florián o la Novena de Giulini, todas ellas -curiosamente- con la Filarmónica de Viena.

Semejante portento circuló años más tarde en formato televisivo e incluso llegó a conocer una presunta -nunca llegué a ver ejemplares en las estanterías- edición en Láser Disc por parte de la citada multinacional nipona, incluyendo junto al concierto un documental de cincuenta y cuatro minutos titulado The triumphant Return. Apasionante este último, sin duda, pero lo que nos llevó al cielo fue lo que Celi hizo con la sinfonía. Como no podía ser menos, el maestro rumano ofreció una visión ante todo equilibrada y meditativa, de arquitectura controlada al milímetro -increíble atención al detalle sin perder de vista la arquitectura general- en la que, a pesar de la extraordinaria lentitud de los tempi, la tensión se encontraba perfectamente administrada. Como es habitual en sus interpretaciones de la música del autor, no hay lugar para los arrebatos momentáneos ni para visiones al borde del abismo, pero no por ello su lectura deja de desprender una intensísima emoción espiritual que incluye su buena dosis de potencia dramática.

Celibidache Bruckner 7 Berlin Bluray

En cualquier caso, y teniendo en cuenta semejante enfoque, se entiende que los dos primeros movimientos sean por completo sublimes mientras que los dos últimos, aun sensacionales y en perfecta coherencia con el resto, no tengan la carga de electricidad y fuerza visionaria de otras recreaciones; no estamos por tanto ante “la única” ni “la definitiva” opción interpretativa, aunque sí ante verdadero portento que -por si alguien se lo anda preguntando- ofrece una sustancial diferencia con respecto a sus recreaciones de la misma obra con la Filarmónica de Múnich: obviamente la actuación de la Berliner Philharmoniker, de sonoridad robusta ideal para la partitura y una potencia, seguridad y brillantez que en modo alguno Celibidache -que hace frasear a la formación de la manera más hermosa posible pero sin dejarse llevar por la belleza epidérmica- podía soñar con su formación bávara.

Pues bien, después de años esperando una edición en formato digital, Euroarts le compra los derechos a Sony -que paralelamente edita sus filmaciones muniquesas- y saca en DVD y Blu-ray el concierto acompañado por el documental. En este último hay que lamentar la presencia de subtítulos únicamente en inglés. Pero en el concierto la cosa es mucho más grave: la imagen original en 4:3 se ha mutilado por arriba y por abajo para convertirla en 16:9. Cierto es que yo ya lo sabía, y de hecho aquí dejé hace tiempo mi opinión sobre qué deberían hacer estos señores con semejantes ediciones mutiladas. Aun así les he querido dar una oportunidad, a ver si no habiendo creación “artística” de por medio (aquí no filma Jean Pierre Ponnelle, como en las ediciones protagonizadas por Barenboim) el destrozo se notaba menos. Así que me he comprado en Amazon.es (23 euros frente a los 37 que pide en España la distribuidora Ferysa: que cada uno saque sus conclusiones) un ejemplar en Blu-Ray, a ver que tal. Pues horroroso, oigan.


Dos son los problemas. El primero, evidente: al recortar por arriba y por abajo no solo se mutilan cabezas de vez en cuando, sino que en gran parte del metraje -también hay planos donde no se nota nada- las figuras “no respiran” y se impone una molesta sensación de ahogo. Cualquiera que sepa un poquito sobre percepción visual sabe de qué estoy hablando. El segundo se veía venir: al ampliar una imagen que no proviene de celuloide y que no se filmó en alta definición, la pixelación canta cosa mala. Al final resulta que la calidad de la imagen es la misma de un DVD normal y corriente. Por si fuera poco, el sonido tampoco mejora sobre lo que ya conocíamos, y de hecho la gama dinámica dista de ser todo lo amplia que hubiéramos deseado. Total, un insulto en toda regla a los artistas -y a los cámaras- y una tomadura de pelo al aficionado.

Mi decisión está clara: haré todo lo posible para que colocar estas ediciones mutiladas de Euroarts en mi estantería no lleve ni un solo euro de mi bolsillo a estos señores. Ustedes ya me entienden. Y lo que no pueda conseguir “a muy bajo coste”, pues me quedo sin tenerlo y punto. Hagan los amables lectores lo que vean conveniente: que conste que yo les he avisado.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Esperpento

El mismo día en que se estrenaba en Madrid el Moisés y Aarón de Schoenberg que en su momento se encargó de boicotear Esperanza Aguirre (iba a ser representado por la Staatsoper berlinesa bajo la dirección de Barenboim), la presidenta de la Comunidad de Madrid se ufana ante los medios de haber conseguido traer a su territorio el macroproyecto Eurovegas presentado por el magnate Sheldon Adelson, una de las fortunas más grandes del mundo; la número dieciséis, según reza la Wikipedia. Allí mismo podemos leer que el personaje “está siendo investigado por el Departamento de Justicia de EE.UU. por posibles violaciones de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero. Al parecer Adelson podría estar relacionado con ciertas organizaciones criminales conocidas como las triadas chinas, la compra de favores políticos para obtener impunidad y la prostitución como estrategia para captar clientes”. Da la casualidad de que el personaje se sitúa políticamente en la derecha extrema, al tiempo que la señora Aguirre -tristemente célebre, dicho sea para quienes no la conozcan, por un presunto caso de espionaje a miembros de su propio partido- nunca ha tenido problema alguno en declarar públicamente sus simpatías ante el Tea Party norteamericano.

Rajoy Aguirre contra el IVA (2)

Con la misma alegría con que suprimió las visitas anuales de Barenboim al Teatro Real arguyendo problemas económicos, la líder derechista presumiblemente se dispone ahora -no ha trascendido el acuerdo final, pero sí las peticiones del magnate- a invertir una fortuna de dinero público en infraestructuras al servicio del proyecto. También a eximir de impuestos al señor Adelson, justo en el mismo momento en el que el gobierno del Partido Popular al que ella pertenece ha subido el IVA para el mundo de la cultura de una manera escandalosa; debo aclarar a quienes leen desde fuera de España que se trata del mismo impuesto que la líder del sector más extremo del PP, ese mismo conformado por personas que se aplican a sí mismos el suave eufemismo de “liberales”, atacó con virulencia cuando gobernaban los socialistas. A la foto adjunta me remito (a la izquierda Mariano Rayoy antes de convertirse en presidente, a la derecha Esperanza). Ahora dirán que le quitan impuestos porque Eurovegas va a generar empleo. ¡Como si el mundo de la cultura no lo generase! Claro que este último no traerá prostitución de lujo, traficantes de armas, blanqueo de dinero procedente de la droga ni lindezas por el estilo. Tampoco se alimenta de la ludopatía, por cierto, sino de esa cosa abstracta llamada “creación artística”. Aunque bien pensado, Eurovegas también es cultura: cultura del pelotazo.

Myself esperpentico

¿Y cómo es posible que una señora como la Aguirre consiga una y otra vez mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid? Lo empecé a comprender el pasado sábado en la sección de discos de clásica del Corte Inglés de la Puerta del Sol, cuando escuché a una pareja mayor -circunspecto y de voz muy elevada él, finísima ella- enzarzada en una conversación con una dependienta en la que ponían verde a los médicos de la Comunidad que se negaban a desatender a los inmigrantes sin papeles a los que el gobierno les ha quitado a la tarjeta sanitaria. “Que lo hagan, pero en su tiempo libre y-con-su di-ne-ro”, decía la señora. “Lo que tienen que hacer es coger a todos los ilegales y echarles en seguida de España”, apostillaba él. Aunque la frase que me hizo subir los colores fue la de “esto se está llenando de moros y sudacas”. En fin, que escuchando semejante conversación me aclaré las cosas: a Aguirre se la vota porque seguimos en la España del esperpento. En homenaje a Valle-Inclán, aquí les dejo mi imagen reflejada en los espejos del Callejón del Gato.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Moisés y Aarón en Madrid por Cambreling: excepcional radiografía sin alma

Ya en este blog he dejado constancia tanto de mi total apoyo a la pretensión de llevar a escena el Moisés y Aarón de Schoenberg en Madrid (enlace) como a mi valoración positiva de la idea de contratar a Sylvain Cambreling (enlace) como director musical del EuropaChor Akademie y de la Orquesta Sinfónica de la SWR de Baden-Baden y Friburgo para las dos funciones programadas por el Teatro Real en versión de concierto de semejante obra maestra. Me alegro de haberlo hecho, porque así nadie me podrá acusar de ir en contra de proyecto cuando escriba lo que voy a escribir: que la representación que ha tenido lugar esta misma noche, aun habiendo sido de muy elevada calidad, me ha decepcionado relativamente por la labor del maestro francés. Aunque insisto en lo de relativamente.


Desde el punto de vista técnico su trabajo me ha parecido portentoso. No sólo ha conseguido que la complicadísima obra "sonara", y que sonara asombrosamente bien, sino que además ha analizado la partitura hasta tal punto que puedo asegurar que en ninguna de las grabaciones que conozco (Boulez I y II, Solti, Gatti, Boder) he escuchado tantas cosas como en esta velada madrileña. Desde luego a ello no ha sido ajena la labor de las fuerzas congregadas, que han firmado la que posiblemente sea la más tremenda exhibición de virtuosismo orquestal y coral que se ha escuchado en el Real desde su reapertura, pero el mérito personal de Cambreling es evidente: como radiografía sonora su trabajo ha sido insuperable.

Ahora bien, Moisés y Aarón no es un oratorio, sino una ópera. Y ahí ha fallado el maestro. Unos podrán decir que no es que Cambreling no comulgue con Schoenberg, sino que ha reinterpretado su música desde la óptica de un Messiaen. Tendrían razón, sobre todo por la manera de tratar la tímbrica: refinadísima, sensual y colocada por delante de los aspectos rítmicos de la partitura. Otros argumentarán que ha seguido la senda de Boulez. También tendrían razón, pero aquí habría que replicarles que con el autor de El martillo sin dueño, aun dentro del mismo enfoque abstracto, antinarrativo y distanciado en lo expresivo, existían una tensión sonora, una garra y una incisividad que con Cambreling no ha hecho acto de presencia. A la postre, lo que ha ocurrido es que a su técnicamente asombroso Moisés y Aarón le ha faltado alma.

Andreas Conrad y Franz Grundheber parecieron contagiarse de la asepsia expresiva: mi sensación es que han estado bastante menos motivados que en sus respectivas filmaciones con Boder y Gatti por aquí comentadas. Con una excepción: el barítono alemán se ha mostrado acongojante en la última intervención de Moisés, en este caso –menos mal– maravillosamente acompañado por un Cambreling que ha hecho frasear a la cuerda de manera sublime. El público –sin toses ni deserciones a lo largo de los ciento cinco minutos de representación– ha reaccionado con apreciable entusiasmo. ¿Un triunfo? Pese a los reparos expresados, sin duda.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Impresionante Moisés de Schoenberg por Decker

Esta filmación del Moisés y Aarón de Schoenberg -versión incompleta, sin la representación teatral propuesta por el autor para ese tercer acto del que no llegó a componer música- se realizó en 2009 en la Trienal Musical del Ruhr sobre una propuesta escénica de Wllly Decker dirigida musicalmente por Michael Boder. El DVD editado por Euroarts sale caro, así que me he tenido que conformar con la copia que me pasaron de la correspondiente transmisión televisiva, con la gama dinámica comprimida y subtítulos en francés (en la edición oficial no los hay en castellano, por cierto). Si ustedes tampoco tienen mucho dinero hay otra manera de verlo: haciendo click un poco más abajo, pues alguien ha colocado la función íntegra en YouTube. Les aseguro que merece muchísimo la pena, sobre todo por la parte escénica.


Soberbio, descomunal el trabajo del señor Decker, quien sabe ser no solo muy original sino también sensato, amén de por completo respetuoso la idea original del autor: nada hay aquí de esa auténtica plaga de la ópera de nuestros días que es el desarrollo de una dramaturgia paralela. Partiendo de un espacio escénico inhabitual, la Jahrhunderthalle de Bochum, en el que se articulan dos graderíos para los espectadores y una plataforma para la orquesta que se van desplazando al tiempo que se combinan con una serie de proyecciones en el espacio central, el regista desmiente que Moses und Aron sea un oratorio y levanta un espectáculo teatral de primerísimo orden lleno de acción e ideas reveladores sobre los personajes y el conflicto filosófico, religioso y -sobre todo- político en el que se ven envueltos, todo ello sin caer en el error de resultar demasiado didáctico u obvio: al igual que hubiera sido lamentable complicar más aún el ya de por sí denso y hermético libreto del propio Schoenberg, tampoco hay necesidad de explicar qué demonios es el becerro de oro ni por qué las masas se comportan de la manera en que lo hacen. Y por cierto, vaya manera de hacer actuar a los señores y señoras del coro, el ChorWerk Ruhr, no solo en sus continuos desplazamientos sino también en su estudiadísima gestualidad facial.


Total cómplice de este planteamiento es Dale Duesing, que si como barítono nunca ha sido para tirar cohetes -en esta obra no hay problema: Moisés recurre al sprechgesang en lugar de cantar-, como actor cada día es más admirable. Sus primeros planos, escalofriante testimonio de su concepción mucho antes doliente que mayestática del personaje, dejan bien claro que nos hallamos ante un actor de primera categoría. Como Aarón -ese sí que canta, y mucho- tenemos al mismo tenor previsto en las funciones de Madrid de esta semana, Andreas Conrad, y pese a ciertas tiranteces en el agudo diríamos que lo hace francamente bien, con mucha entrega expresiva, en una línea más vehemente y menos sutil que la del malogrado Philip Langridge en la sensacional grabación de Sir Georg Solti para Decca.

Para terminar, Michael Boder saca un digno rendimiento de la Sinfónica de Bochum y ofrece una labor de batuta opuesta a la de Boulez, es decir, no oratorial sino marcadamente operística, llena de vida, de acción, de carácter narrativo, comunicativa a más no poder y, eso desde luego, de una incisividad inequívocamente expresionista. Quizá también sea, digámoslo así, una dirección demasiado obvia: un poquito más de sutileza, de misterio y de sensualidad no le hubiera venido mal al asunto. Muy buena labor la de los ingenieros de sonido, que no se sabe muy bien cómo se las arreglaron para que todo sonara en condiciones con tantos desplazamientos. Y excelente la filmación, una tarea que sin duda también debió de resultar extremadamente complicada.

Ni que decir tiene que se trata de un vídeo ideal para acercarse por primera vez a esta partitura genial sorteando de la mejor manera posible la dureza de la música y el libreto. Eso sí, no resulta apto para menores de dieciocho años: hay sangre y despelote a punta pala, dicho sea para despertar la curiosidad de los morbosos. Click, click.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Ginastera por Pedro Halffter y la OFGC

Este disco se grabó en julio de 2010 en el Auditorio Alfredo Kraus y ha sido editado por la Fundación Orquesta Filarmónica de Gran Canaria “bajo licencia exclusiva para Universal Music Spain”: en portada luce el flamante logotipo de Deutsche Grammophon. Digo lo mismo que en mi entrada anterior sobre el disco impresionista de Josep Pons y la Nacional: si se graba para el sello amarillo es por que se quiere competir en primera división, y por ende las comparaciones son inevitables. Y si se quiere hacer una crítica en condiciones hay, lógicamente, que mojarse. En este caso por partida doble, porque hay que hablar también de la música.


Alberto Ginastera (1916-1983) compuso su ballet Panambí, de argumento mitológico basado en el folclore guaraní, entre 1934 y 1936: perfectamente lógico que la obra esté llena de ecos de otras más importantes, porque estamos hablando de un compositor veinteañero. La influencia de La consagración de la primavera de la que nos habla Benjamín G. Rosado en sus notas está clara; de la “secuela” escrita por Prokofiev, la Suite escita, también hay ecos. Pero para mí también lo está en no menor medida, y de esto nada se nos dice en la carpetilla, la del mundo impresionista. Hay aquí mucho del Daphnis et Chloé de Ravel y del Pájaro de fuego del propio Stravinsky, e incluso hay un largo solo de flauta que no deja de recordar al Syrinx de Debussy. Y aún podríamos ir más lejos: aparecen unos “cantos de pájaros” que apuntan directamente al “Jardín del sueño del Amor” la Sinfonía Turangalila de Messiaen, compuesta una década más tarde que la obra del argentino. La cuestión es: ¿funciona la partitura al margen de la danza, es decir, como pieza para ser disfrutada en disco o en concierto? Para mi gusto muchísimo, y sin ser una obra reveladora se escucha con bastante placer y por momentos hasta con fascinación, entre otras cosas porque está escrita con verdadera mano maestra.

Hasta ahora, que yo sepa, solo había una grabación completa de la partitura: la registrada por la directora uruguayo-israelí Giselle Ben-Dor al frente de la Sinfónica de Londres en 1997 y editada por el sello Naxos; ninguna de las dos cuenta con una toma sonora redonda, dicho sea de paso. El enfoque de las dos batutas es similar, potenciando los aspectos impresionistas por encima de los expresionistas. Ben-Dor, quien obviamente posee un instrumento preferible a la en cualquier caso espléndida Filarmónica de Gran Canaria, ofrece quizá más elegancia y aliento lírico.

Halffter se toma las cosas con bastante calma (42’53’’ frente a 39’19’’, nada menos) pero sin perder el pulso, consiguiendo una mayor sensualidad, una atmósfera más embriagadora y unas texturas más seductoras; y sobre todo, el madrileño ofrece bastante más grados de tensión sonora en los pasajes stravinskianos, donde a su colega le falta un poco de fuelle. Por eso mismo me quedo, sin menospreciar en modo alguno la lectura de Naxos, con esta que ahora nos ofrece DG. ¿Se puede hacer aún de manera diferente? Pues sí, potenciando los aspectos más modernos de la obra: escuchen la breve suite que en 1948 ofreció un tal Erich Kleiber al frente de la Orquesta de la NBC.



Del ballet Estancia solo se ofrece la suite en cuatro números que ha difundido en tiempos recientes Gustavo Dudamel por todo el mundo. Es música más claramente folclórica, más brillante y -a mi entender- un poco facilona, aunque su atractivo rítmico es enorme. En las notas de la carpetilla se nos habla de Bartók y del último Falla. A mí quien me viene a la mente -en concepto, no en idioma- es Aaron Copland, no sé si para bien o para mal; en cualquier caso Ginastera no estudió con el norteamericano hasta 1945, es decir, tres años después de la composición de la partitura, aunque sí que conocía su Billy the Kid. Pedro Halffter ofrece una interpretación fogosa, con mucho ritmo latino, bastante decibélica en el primer número -lo que en esta página no es un defecto- y también con adecuada concentración lírica en la danza del trigo.  Sobresaliente, sin duda, aunque hay competencia: la Matrícula de Honor va para el citado Dudamel y sus muchachos de la Simón Bolívar, también Deutsche Grammophon, verdaderamente arrolladores.

El compacto se cierra con la Obertura para el Fausto criollo, de 1943, sorprendente en la yuxtaposición de la teatralidad un tanto ampulosa que hace referencia directa al título de Gounod con los brillantes ritmos latinos. Retomando las comparaciones, la lectura de Halffer supera ampliamente en brillantez, tensión y fuerza expresiva a la muy correcta de Jan Wagner;  me parece también preferible a la notabilísima de Maximiano Valdés con la Simón Bolívar, sobre todo por la manera en la que -especialidad de la casa- el maestro madrileño borda la atmósfera gótica y enrarecida de la página, incluso sin miedo a que por momentos -justo después de la primera sección folclórica- aparezcan pre-ecos del Vértigo de Bernard Herrmann. Todo ello se encuentra muy bien puesto en sonidos por una batuta de técnica admirable y una orquesta entregadísima, redondeando un disco no solo muy importante en la reivindicación de la música más juvenil de Ginastera, sino también de incuestionable calidad interpretativa.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...