sábado, 1 de septiembre de 2012

Ginastera por Pedro Halffter y la OFGC

Este disco se grabó en julio de 2010 en el Auditorio Alfredo Kraus y ha sido editado por la Fundación Orquesta Filarmónica de Gran Canaria “bajo licencia exclusiva para Universal Music Spain”: en portada luce el flamante logotipo de Deutsche Grammophon. Digo lo mismo que en mi entrada anterior sobre el disco impresionista de Josep Pons y la Nacional: si se graba para el sello amarillo es por que se quiere competir en primera división, y por ende las comparaciones son inevitables. Y si se quiere hacer una crítica en condiciones hay, lógicamente, que mojarse. En este caso por partida doble, porque hay que hablar también de la música.


Alberto Ginastera (1916-1983) compuso su ballet Panambí, de argumento mitológico basado en el folclore guaraní, entre 1934 y 1936: perfectamente lógico que la obra esté llena de ecos de otras más importantes, porque estamos hablando de un compositor veinteañero. La influencia de La consagración de la primavera de la que nos habla Benjamín G. Rosado en sus notas está clara; de la “secuela” escrita por Prokofiev, la Suite escita, también hay ecos. Pero para mí también lo está en no menor medida, y de esto nada se nos dice en la carpetilla, la del mundo impresionista. Hay aquí mucho del Daphnis et Chloé de Ravel y del Pájaro de fuego del propio Stravinsky, e incluso hay un largo solo de flauta que no deja de recordar al Syrinx de Debussy. Y aún podríamos ir más lejos: aparecen unos “cantos de pájaros” que apuntan directamente al “Jardín del sueño del Amor” la Sinfonía Turangalila de Messiaen, compuesta una década más tarde que la obra del argentino. La cuestión es: ¿funciona la partitura al margen de la danza, es decir, como pieza para ser disfrutada en disco o en concierto? Para mi gusto muchísimo, y sin ser una obra reveladora se escucha con bastante placer y por momentos hasta con fascinación, entre otras cosas porque está escrita con verdadera mano maestra.

Hasta ahora, que yo sepa, solo había una grabación completa de la partitura: la registrada por la directora uruguayo-israelí Giselle Ben-Dor al frente de la Sinfónica de Londres en 1997 y editada por el sello Naxos; ninguna de las dos cuenta con una toma sonora redonda, dicho sea de paso. El enfoque de las dos batutas es similar, potenciando los aspectos impresionistas por encima de los expresionistas. Ben-Dor, quien obviamente posee un instrumento preferible a la en cualquier caso espléndida Filarmónica de Gran Canaria, ofrece quizá más elegancia y aliento lírico.

Halffter se toma las cosas con bastante calma (42’53’’ frente a 39’19’’, nada menos) pero sin perder el pulso, consiguiendo una mayor sensualidad, una atmósfera más embriagadora y unas texturas más seductoras; y sobre todo, el madrileño ofrece bastante más grados de tensión sonora en los pasajes stravinskianos, donde a su colega le falta un poco de fuelle. Por eso mismo me quedo, sin menospreciar en modo alguno la lectura de Naxos, con esta que ahora nos ofrece DG. ¿Se puede hacer aún de manera diferente? Pues sí, potenciando los aspectos más modernos de la obra: escuchen la breve suite que en 1948 ofreció un tal Erich Kleiber al frente de la Orquesta de la NBC.



Del ballet Estancia solo se ofrece la suite en cuatro números que ha difundido en tiempos recientes Gustavo Dudamel por todo el mundo. Es música más claramente folclórica, más brillante y -a mi entender- un poco facilona, aunque su atractivo rítmico es enorme. En las notas de la carpetilla se nos habla de Bartók y del último Falla. A mí quien me viene a la mente -en concepto, no en idioma- es Aaron Copland, no sé si para bien o para mal; en cualquier caso Ginastera no estudió con el norteamericano hasta 1945, es decir, tres años después de la composición de la partitura, aunque sí que conocía su Billy the Kid. Pedro Halffter ofrece una interpretación fogosa, con mucho ritmo latino, bastante decibélica en el primer número -lo que en esta página no es un defecto- y también con adecuada concentración lírica en la danza del trigo.  Sobresaliente, sin duda, aunque hay competencia: la Matrícula de Honor va para el citado Dudamel y sus muchachos de la Simón Bolívar, también Deutsche Grammophon, verdaderamente arrolladores.

El compacto se cierra con la Obertura para el Fausto criollo, de 1943, sorprendente en la yuxtaposición de la teatralidad un tanto ampulosa que hace referencia directa al título de Gounod con los brillantes ritmos latinos. Retomando las comparaciones, la lectura de Halffer supera ampliamente en brillantez, tensión y fuerza expresiva a la muy correcta de Jan Wagner;  me parece también preferible a la notabilísima de Maximiano Valdés con la Simón Bolívar, sobre todo por la manera en la que -especialidad de la casa- el maestro madrileño borda la atmósfera gótica y enrarecida de la página, incluso sin miedo a que por momentos -justo después de la primera sección folclórica- aparezcan pre-ecos del Vértigo de Bernard Herrmann. Todo ello se encuentra muy bien puesto en sonidos por una batuta de técnica admirable y una orquesta entregadísima, redondeando un disco no solo muy importante en la reivindicación de la música más juvenil de Ginastera, sino también de incuestionable calidad interpretativa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿cuanto cuestan los discos publicados por la DG? No creo que encima el sello amarillo pague por publicar estas grabaciones, a la orquesta de gran canaria le costaran un riñon.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Buena pregunta, tanto sobre este disco de la OFGC como en lo que a la serie de la OCNE se refiere.