jueves, 12 de mayo de 2011

La Tosca de Carsen (y el Cavaradossi de Kaufmann), por fin en DVD

Iba siendo ya hora de que viera la luz en formato comercial la producción de Tosca que Robert Carsen preparó en 1996 para la Vlaamse Opera de Amberes, esa misma que tanto molestó a muchos cuando se vio en el Liceu barcelonés. Lo ha hecho en el sello Decca gracias al tirón mediático de Jonas Kaufmann, que fue quien protagonizó junto a Emily Magee y Thomas Hampson estas funciones ofrecidas por la Ópera de Zurich en abril de 2009. Y la verdad es que la propuesta del regista canadiense me ha gustado. Tengo la impresión de que quienes se irritaron tuvieron demasiado presente el cambio de ubicación cronológica y espacial de la acción, que transcurra aquí en un teatro del siglo XX: Cavaradossi es un pintor que trabaja en el mismo, Scarpia parece el maganer y Tosca… pues la diva, aquí más diva que nunca. No parece que esto aporte gran cosa, pero tampoco lo resta, y de hecho si no fuera por el vestuario los actos segundo y tercero podrían pertenecer a cualquier representación tradicional. Que no convencional: lo que hay que admirar aquí es la fuerza dramática de la luminotecnia de Davy Cunningham y la minuciosa, creíble e inteligente dirección de actores que realiza el propio Carsen, quien además aprovecha la oportunidad de subrayar la teatralidad consustancial al personaje titular sin hacerle caer en el histrionismo.

Funciona bien la batuta de Paolo Carignani, que dirige con magnífico pulso teatral y notable sentido del color, aunque no resulte particularmente inspirado y se pase en los portamenti del tercer acto. A Emily Magee le pasa lo de siempre: su voz -de lírica pura- es de buena calidad y la línea de canto no presenta apenas fisuras, pero en lo expresivo resulta un punto impersonal. Además le faltan la italinidad de una Dessí o la intensidad de una Mattila, por citar a dos grandes intérpretes recientes del rol. Buena Tosca, en cualquier caso. Hampson está bastante mejor de lo que en un principio se podría esperar, porque aunque su instrumento sea inadecuado -en exceso lírico- y le falte autoridad vocal, el barítono norteamericano recrea al personaje de manera sutil e inteligente, de modo particular en su vertiente escénica, siendo en este sentido el que parece sentirse más a gusto en la regie de Carsen.

¿Y Kaufmann? Lo de este señor cada vez lo tengo menos claro. Que su técnica sea heterodoxa es para mí lo de menos (¡cuántas barbaridades se siguen diciendo sobre Domingo amparándose en su presunto desprecio de lo canónico!); lo que me molesta es la pobreza, por no decir fealdad, de muchos de los sonidos que emite, particularmente cuando canta piano. En este sentido el arranque de “Recondita armonia” llega a poner de los nervios. Ahora bien, de justicia es reconocerle una gran sinceridad en la expresión y un manifiesto interés por matizar de manera sensible, y que incluso es capaz de ofrecer hallazgos de verdadero artista. Su sensible y emocionante “E lucevan le stelle” es un magnífico ejemplo de esto último. Grabación y filmación son irreprochables, y se incluyen subtítulos en castellano de Luis Gago.

martes, 10 de mayo de 2011

El electrizante Haydn de Rattle

Nunca ha sido el actual titular de la Filarmónica de Berlín un director interesado por densidades sonoras ni conceptuales, manteniéndose por ello bastante apartado de eso que se ha venido en denominar “gran tradición alemana” y no logrando -en general- grandes resultados en el sinfonismo decimonónico centroeuropeo. Hay otros terrenos en los que sin embargo Sir Simon se encuentra muy a gusto, entre ellos el de Franz Joseph Haydn, punto que se confirma con la audición de este doble compacto, registrado en vivo –con toma sonora irreprochable- entre agosto y octubre de 2007, que ya lleva algún tiempo circulando en el mercado bajo el sello EMI y que quien esto suscribe no ha podido escuchar hasta ahora. Lo recomiendo vivamente, tanto por la excelsa calidad de la música –la mayoría de estas sinfonías no se encuentran entre las más conocidas, pero son todas formidables- como por la enorme altura interpretativa.

¿Cómo es el Haydn de Rattle? Pues conceptualmente perfecto: luminoso, vivaz, ágil y contrastado, vibrante pero no nervioso, con su adecuado –yo diría que imprescindible- punto de rusticidad y dotado de un suavemente irónico (¡nada que ver con la socarronería de Klemperer!) sentido del humor. Pero es además un Haydn en buena medida influido por el universo de los instrumentos originales, que sin llegar a los extremos de un Koopman con la misma orquesta (enlace), agiliza los tempi, limita de manera considerable el vibrato, apuesta por el stacatto, ofrece ataques incisivos, acentúa las aristas tímbricas y subraya los claroscuros, todo ello sin caer apenas –salvo en un caso que luego señalaré- en los defectos habituales de la escuela historicista, esto es, confundir la ligereza con la levedad, la frescura con lo trivial y la chispa con lo pimpante. Por otra parte es necesario constatar que Sir Simon suele acertar más en la segunda mitad de las sinfonías que en la primera: en esta se suele echar de menos una dosis mayor de cantabilidad, de efusividad en el fraseo, de (¿por qué no?) pathos, mientras que en en los minuetos acierta a inyectar sabor rústico y en los finales resulta ofrece una electricidad irresistible a la que no es ajena una espléndida técnica de batuta y una orquesta sensacional que sabe amoldarse sin problemas a las demandas estilísticas del maestro.

Concretemos solo un poco. La Sinfonía nº 88 es francamente buena, aunque resulte un poco apagada, incluso tímida, en los dos primeros movimientos. Hace aguas la nº 89, único punto negro del álbum, donde la batuta cae en la tentación de lo liviano –arranque del segundo movimiento- y ofrece un finale demasiado mozartiano. La muy salpimentada Sinfonía 90 que cierra el primer compacto es por el contrario un prodigio, particularmente su último movimiento, en el que el público de la Philharmonie se lo pasa bomba con la broma haydiniana de los falsos finales. La nº 91 vuelve a ser un tanto desigual, triunfando Rattle en su segunda mitad gracias a su incisividad y dinamismo pero decepcionando un tanto en el resto por su tendencia a ofrecer sonoridades algo ingrávidas y cierta asepsia expresiva. Notabilísima finalmente la Sinfonía nº 92, “Oxford”; es verdad que al segundo movimiento le falta efusividad, pero en él interesa mucho su carácter dramático, al tiempo que resulta espléndido el tercero -sobre todo por su rústico trío- y el cuarto vuelve a lograr que nos levantemos de nuestro asiento. Como propina se ofrece una espléndida interpretación de la Sinfonía concertante Hob. I/105, bien planteada por parte de una bienhumorada batuta e irreprochablemente tocada por Toru Yasunaga al violín, Stefan Schweigert al fagot, Jonathan Kelly al oboe y Georg Faust al cello. Gran álbum, y merecido homenaje a quien es, en acertadas palabras de Sir Simon, el compositor más infravalorado que nunca ha existido.

domingo, 8 de mayo de 2011

Una Salome “moderna” en el Met

Llama mucho la atención ver en el Metropolitan de Nueva York una puesta en escena tan “moderna” como esta de Jürgen Flimm para Salomé que, filmada el 11 de octubre de 2008, ha publicado hace poco Sony Classical. No es que se trate de una reinvención a lo Warlikowski, de una provocación a lo Bieito ni de un cúmulo de disparates a lo Neuenfels, ni muchísimo menos. La dramaturgia es respetuosa con el original de Oscar Wilde. Lo que ocurre es que la ubicación temporal se ha trasladado al siglo XX -esto no es novedad en la ópera de Strauss-, la escenografía apuesta por una estética algo kitsch y se han añadido ciertas gotas de humor que ni aportan ni restan nada. No sé cómo reaccionarían los patronos del Met, que ya se saben que tienen muchísimo poder de decisión. Por otra parte no se puede decir que esta sea una producción particularmente memorable: la dirección de actores es espléndida, pero no siempre se aprovecha la relación entre escena, música y texto, e incluso en más de un momento -la danza de los siete velos, la ejecución de la protagonista- las situaciones no están bien resueltas.

Musicalmente la interpretación podría haber resultado notable si no fuera por la batuta de Patrick Summers, quien dirige con muy buen pulso pero completamente de pasada, sin aclarar texturas ni matizar en lo expresivo, echándose de menos tanto sensualidad en la atmósfera como garra dramática, particularmente en la primera mitad de la obra; a partir del quinteto de los judíos la cosa mejora un tanto, pero no lo suficiente. Quizá de ahí que los cantantes no rindan a la altura que se podía esperar, particularmente en el caso de Ildikó Komlósi, que desaprovecha en lo expresivo su excelente línea vocal, y de un Kim Begley que por no caer en el histrionismo termina resultando frío. Vocalmente no muy en forma, es al menos un excelente actor, cosa que no se puede decir de Juha Uusitalo, que ofrece un Jochanaan típicamente tosco y vulgar que no sale de la rutina. Correcto el Narraboth de Joseph Kaiser.

Karita Mattila ya estaba en 2008 algo tocada, pero era necesario que dejase testimonio grabado de un rol que llevaba haciendo desde hacía tiempo. Sufre en los extremos de la tesitura, como la mayoría de sus colegas que se enfrentan al reto, y no posee esa gama de recursos digamos “belcantistas” que otras cantantes (Caballé, Studer y sobre todo Behrens) han usado para arrojar nuevas luces sobre el personaje, pero hay que reconocer que la solidez de su centro y su gran musicalidad le permiten acabar la función de manera satisfactoria. Eso sí, parece difícil superar la contradicción entre la Salomé que plantea Flimm, más que nunca una niña malcriada, y la que ofrece la soprano finlandesa, más madura y enamorada. La toma sonora no es del todo buena (hay molestos ruidos escénicos en el canal izquierdo). La imagen, portentosa. Por cierto que los realizadores nos privan de ver las tetas de la Mattila. ¡Serán mojigatos estos norteamericanos!

viernes, 6 de mayo de 2011

La sección de música del Corte Inglés de Sol y los Newton Classics

Ya les alerté en este blog sobre los problemas técnicos que están dando algunos discos editados por Newton Classics (enlace). Por su parte, “Pastoso” me hizo ver que la compañía se ha mostrado dispuesta a cambiar los compactos defectuosos, pidiendo a los compradores (“Please see with your retailer to exchange your copy”) que se pusieran en contacto con su proveedor. El mismo lector me indicó que él había cambiado sus ejemplares en El Corte Inglés “sin problemas y sin ticket” (sic). Pues bien, me acerqué el pasado sábado 30 de mayo por la tarde con mi ejemplar de las Sinfonías de Rachmaninov con Dutoit pensando que podría obtener una nueva copia sin particulares problemas, porque ya estarían alertados del asunto tanto por la distribuidora Diverdi como por los propios clientes que se habrían acercado a reclamar. ¡Ingenuo de mí!

Para empezar, la empleada que me atendió –una señora de mediana edad con cara de pocos amigos- no sabía nada de estos Newton Classics, ni de los fallos técnicos ni de los ejemplares corregidos para ofrecer al comprador. Y seguidamente añadió que sin ticket no había nada que hacer. Vale, culpa mía por no guardarlo, pero insistí en que yo no buscaba mi dinero, sino un ejemplar idéntico en buenas condiciones. “Es que yo no sé si usted lo ha comprado en la FNAC o en algún otro sitio”, me ofreció como argumento de peso. Al menos me concedió la gracia de ir a consultar a su jefe.

Llegó este, bien trajeado y educadísimo. Le puse al corriente de todos los detalles. La respuesta, acompañada de la más hipócrita sonrisa que he visto en mi vida, fue una rotunda e inapelable negativa. ¿Política de empresa? Miren ustedes, habida cuenta de que ellos no salían perdiendo nada si me hubieran descambiado mi ejemplar por otro –más aun teniendo en cuenta de que presuntamente la distribuidora les está descambiando las copias defectuosas-, lo único que han conseguido es el cabreo de un buen cliente. Mi sensación es que este señor actuó con escasa profesionalidad, por no añadir otra cosa.

Total, que tuve que volverme con los discos en mal estado con el rabo entre las piernas. Por mi parte volveré a la sección de discos del Corte Inglés de Sol a mirar novedades, pero no a gastar mi dinero. Al no tener ticket de compra mi único derecho es el del pataleo, y así lo ejerzo. No sin antes recomendar a quienes se pasen por aquí que se lo piensen antes de comprarles algo a estos simpáticos señores. En cuanto a Diverdi, me gustaría encontrar algún lugar en su web o en su revista de publirreportajes algún tipo de advertencia y/o disculpas a los compradores por un producto que están distribuyendo en malas condiciones. Veremos si se ponen manos a la obra o si más bien siguen callados a la espera de que el personal “pique” y les quite de en medio los ejemplares defectuosos.

jueves, 5 de mayo de 2011

Jansons y la Concertgebouw visitan Berlín

Hasta el próximo 15 de mayo pueden ustedes ver gratuitamente en la web de la Filarmónica de Berlín (enlace) el concierto que la Orquesta del Concertgebow y su titular Mariss Jansons ofrecieron el 13 de abril en la Philharmonie en homenaje a la Reina Beatriz de Holanda, por entonces de viaje por tierras alemanas. Janine Jansen fue la solista en un hermosísimo programa integrado por obras de Mendelssohn y Brahms, además de los correspondientes himnos nacionales. Les recomiendo que aprovechen la oportunidad, por dos motivos. El primero, comprobar -si no lo han hecho ya- cómo les funciona esa maravilla que es el Digital Concert Hall en su ordenador (si no les va bien debido a la velocidad de conexión, utilicen el "Replay Media Catcher" o similar para grabar los archivos en su disco duro y verlos luego, sin cortes en la transmisión). El segundo, asombrarse de cómo con una orquesta de calidad sobrenatural pueden obtenerse resultados más bien grises si la batuta no está por la labor.

El Concierto para violín de Mendelssohn comienza de manera algo blanda y amanerada, por culpa tanto de Jansons como de una Janine Jansen cuya trayectoria recuerda cada día más a la de Anne-Sophie Mutter: un sonido asombroso por su solidez, belleza, variedad y agilidad, al servicio de una artista proclive al narcisismo. Por fortuna la cosa se va arreglando y los dos artistas se limitan a ofrecer una lectura tan correcta como sosa del primer movimiento. Interesa más el Andante, fraseado con concentración y sobria poesía. En el tercero, que no supone problema alguno para el portentoso virtuosismo de la solista, Jansons dirige con escasa chispa y nulo encanto. ¡Qué manera de desaprovechar una partitura tan llena de belleza teniendo a una orquesta incomparable a su frente!

La Cuarta de Brahms me ha resultado bastante más satisfactoria que la que le escuché a los mismos artistas el año pasado en Murcia (enlace). Es decir, que esta no me ha parecido blanda, narcisista y deslavazada, sino sencillamente correcta y aseada, con todo en su sitio, admirablemente sonada -es necesario insistir: qué maravilla de orquesta-, mas poco matizada y sin garra, particularmente en un segundo movimiento muy superficial, si bien hay que reconocer que el scherzo resulta vistoso -e incluso vibrante- y que el cuarto ha estado en esta oportunidad trazado con mucho mejor pulso y sin caidas en el efectismo. Una interpretación funcionarial, pues. No es suficiente para la ocasión.

martes, 3 de mayo de 2011

Luisa Fernanda por Olmos y Soler

Hace tiempo me llegó un rumor según el cual Daniel Barenboim rechazó dirigir Luisa Fernanda tras leer la partitura que Plácido Domingo le había pasado con el propósito de cantar el título en compañía del maestro y de Rolando Villazón. Bien, comprendo que el de Buenos Aires, que por cierto se está preparando para la próxima temporada cosas como Oro, Walkyria, Tristán, Wozzeck, Lulu y -agárrense- Barbero (!), no sintiera particular aprecio por la partitura de Moreno Torroba, pero confieso que a mí me gusta mucho: sus melodías resultan inspiradísimas y dramáticamente funciona, pese a que al personaje titular se lo devora el rol de Vidal Hernando, que es quien se lleva la parte del león con sus maravillosas romanzas. Sabiendo que los resultados no podían ser comparables a los obtenidos hace unos años en el Teatro Real en las funciones protagonizadas por el citado Domingo, me lo pasé bien en la velada del pasado sábado 30 de abril en el Teatro de la Zarzuela, quizá precisamente por no esperar demasiado de ella.

La nueva producción preparada por Luis Olmos (ya lo he dicho alguna otra vez: qué lamentable tendencia la de ciertos gestores a este lado y al otro de los Pirineos la de autocontratarse en su faceta de director escénico) me pareció correcta y funcional, realizada con sensatez, sin caer en el tópico, pero lastrada por una escenografía basada exclusivamente en proyecciones de escaso valor plástico. La dirección de actores, por desgracia, fue un tanto descuidada. En los diálogos, bastante menos recortados que en la producción de Sagi para el Real -donde se redujeron a la mínima expresión-, se optó por eliminar el verso en buena medida, lo que resta acartonamiento al libreto pero resulta muy discutible desde una óptica ortodoxa. El vestuario le ha quedado a Pedro Moreno menos inspirado que en otras ocasiones. Vamos, una producción no mala pero sí bastante por debajo de lo deseable.

Esperaba poco -a tenor de lo que se ha escrito por ahí- de la dirección del nuevo titular de la Zarzuela, Cristóbal Soler, pero lo cierto es que a mí no me ha parecido lamentable. Su dirección fue briosa, animada y alegre, por momentos algo pimpante, al tiempo que no muy fina ni atenta al detalle, además de no muy bien coordinada entre foso y escena. En cualquier caso tendré que escuchar más veces al joven maestro valenciano para tener clara su valía. La orquesta y el coro estuvieron regular: no hay más cera que la que arde.

Me ha hecho feliz volver a ver en escena, tras la Vida breve valenciana (enlace), a mi admirada Cristina Gallardo-Domâs. De ella se dijo que había estado muy mal vocalmente en las primeras funciones. En la que yo vi desde luego no fue así, aunque debo reconocer que el arte musical de la soprano -y no mezzo- chilena solo emocionó en aquello de "cállate, corazón", y que su gestualidad es mucho más apropiada para el melodrama italiano que para la zarzuela castiza. El que no tuvo salvación posible fue José Manuel Zapata, incómodo, afalsatedo y poco atento al matiz expresivo. ¿Qué le pasa a este chico? Correctísima María Rey-Joly como la Duquesa Carolina, buena cantante que no parece superar su relativa sosería. En cuanto a Juan Jesús Rodríguez (otro andaluz: si el tenor era granadino el barítono venía de tierra onubense), confirmo mi opinión de que se trata de un artista con una voz de primera pero un tanto primario en lo expresivo, aunque ahora debo añadir que en los diálogos estuvo sensacional, muy por encima de sus compañeros de reparto. Él y el adecuadamente histriónico Aníbal de Julián Ortega se encargaron de subir de manera considerable el nivel teatral de esta -insisto- correcta, digna y aceptable representación.

domingo, 1 de mayo de 2011

1 de Mayo en el Real con Rattle y Berlín

Acabo de salir del concierto anual que ofrece el uno de mayo la Filarmónica de Berlín, celebrado este año en el Real sellando el millonario acuerdo que permitirá escuchar a la mítica formación alemana durante tres temporadas consecutivas en el foso del teatro madrileño. La retransmisión, como todos los años, se ha ofrecido en directo por toda Europa excepto en el país donde se ha celebrado, en el que nuestras autoridades han optado por el semi-directo para dar tiempo a que termine la beatificación de Karol Wojtyła. Sin comentarios.

Deslabazada, rutinaria y ruidosa la interpretación de España de Chabrier que abría el programa, planteada por la batuta de Sir Simon Rattle muy de cara a la galería, es decir, acentuando los contrastes y optando por el decibelio antes que por la cantabilidad. Peor aún la flácida y dulzona recreación que el maestro británico realizó del Concierto de Aranjuez, que incluso logró el mérito de hacer sonar a los solistas de su formidable orquesta con una blandura en ellos inimaginable. Solo las texturas que Rattle extrajo de las maderas en el tercer movimiento fue atendible en una recreación casi por completo fallida. Claro que esto no fue nada en comparación con la pretenciosa, amanerada, cursi y narcisista intervención del guitarrista Cañizares, desde luego el peor recreador que he escuchado jamás de la página de Joaquín Rodrigo. Un horror.

Me ha parecido por el contrario sensacional la interpretación de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov. Por descontado que la sonoridad oscura, densa y empastada de la orquesta es ideal para esta página, pero además hay que saber dirigirla. Sin ir más lejos, Rattle lo ha hecho bastante mejor que Tugan Sokhiev con esta misma formación (enlace). Personalmente solo reprocharía la tendencia de la batuta a endulzar aún más lo que ya de por sí es dulce, amanerando alguna frase aislada o acentuando -segundo movimiento- e incluso añadiendo -cuarto- algunos portamenti. Por lo demás, una interpretación "romántica" en el buen sentido, magníficamente trazada, intensa y comunicativa, muy bien paladeada en el sublime Adagio y sabiendo ser brillante sin caer en el efectismo en el Allegro vivace conclusivo. Los aplausos de cortesía tras el Aranjuez se transformaron aquí en intensas y merecidísimas ovaciones.

La canción de la Tierra, de Gustav Mahler: discografía comparada

Tenía muchas ganas de presentar una comparativa de la obra maestra absoluta de Gustav Mahler , un compositor que parece interesar bastante a...