jueves, 15 de julio de 2010

El último bodrio de Gardiner: Carmen on period instruments

El pasado lunes pude ver a través del canal Mezzo una filmación de morbo indudable: la Carmen “con instrumentos originales” que ofreció al frente de su Orchestre Révolutionnaire et Romantique Sir John Eliot Gardiner en el mismísimo lugar para el que Bizet escribió su ópera inmortal, la Opéra Comique de París, en un presunto intento de devolver a sus raíces la genial partitura. El registro corresponde al 29 de junio de 2009, poco después de que el británico y sus huestes ofrecieran su particular visión en el Festival de Granada entre el aplauso de la crítica y el público.

Bueno, ¿y cómo es eso de “devolver a Carmen su espíritu original”? Pues a tenor de lo escuchado, el asunto consiste en ir siempre de prisa y corriendo, tocar todo del mezzoforte para arriba, frasear con rigidez marcial, eliminar con la sequedad “made in Gardiner” todo rastro de sensualidad o lirismo de la obra y, por descontado, no pararse a matizar en lo expresivo. O hacerlo sacando los pies del plato, claro, preferentemente con forzadísimos ritenuti. El catálogo de horrores que nos ofrece el británico es interminable, pero me gustaría destacar -negativamente- todos los preludios e interludios y, sobre todo, el desfile de toreros del último cuadro. Que la articulación ofrezca aquí y allá elementos historicistas ni quita ni aporta nada a la partitura, y la utilización de instrumentos originales no pasa de la mera anécdota. El Coro Monteverdi canta con indiferencia expresiva y no siempre con la perfección absoluta a la que nos tiene acostumbrados.



Habrá quienes hablen de frescura, de inmediatez, de “limpieza de la polución wagneriana”, de saludables nuevos puntos de vista, de renovación… ¿Pero dónde está la renovación, señor Gardiner, cuando lo que aquí se oye a quien recuerda es a los Levine, Frühbeck y compañía? Mucho morro es lo que usted tiene, porque si esto mismo lo hiciera un Ros-Marbá, un López Cobos, un Pedro Halffter, un Gómez Martínez, un García Asensio o un Víctor Pablo, le lloverían los abucheos. Pero claro, con tantos aficionados que detestan la música del XIX (muy “burguesa”, ya se sabe) y que creen haber encontrado en usted y en gente como los Norrington, los Van Immerseel y demás a sus particulares mesías que les hacen "llevadero" este repertorio… pues así cualquiera.

Y que no me vengan, por favor, con que Gardiner ha recuperado el "sabor francés". Si quiero escuchar una Carmen francesa ahí están, por poner dos ejemplos muy distantes entre sí, Thomas Beecham y Yannick Nézet-Séquin (este último muy pronto en DVD). Si quiero una Carmen alemana, ahí está Barenboim. Si quiero un experimento radical, ahí está la genialidad de Bernstein. Si quiero una Carmen-Carmen, pues ya saben, los Abbado, Karajan y compañía. Pero lo de Gardiner no es más que una monumental tomadura de pelo.

Lo único que tiene interés, ahí sí, en la labor de Sir John es su afán en abrir cortes habituales. No es frecuente escuchar completo el duelo entre Don José y Escamillo, por ejemplo, aunque más interés tiene una larga intervención de Morales -después de la primera aparición de Micaela y justo antes del coro de niños- que no se hace nunca (si quieren escucharla, visualicen el enlace de Youtube ofrecido arriba y acudan a los dos últimos minutos del clip). Lo que no entiendo, en cualquier caso, es que con semejante afán arqueológico no se ofreciesen los recitativos en su integridad.

Sobre la dirección escénica no sé muy bien que pensar. Adrian Noble tuvo que enfrentarse a un espacio extremadamente reducido y a una obra sobre la que circulan demasiados tópicos, lo que complica mucho las cosas. Al final optó por un escenario único de forma semicircular (un ruedo, qué original) con gran espejo trasero que sube y baja (también muy original), cuidada iluminación y vestuario heterogéneo para ofrecernos una Sevilla llena de moros vestidos a la marroquí (incluido Lilas Pastia), soldados de cuyo cuello cuelga una chapa de esas de los marines, paseantes leyendo El País y gitanas de piernas muy abiertas que se refriegan con los transeúntes. Lo de siempre, vamos. Pero claro, visto lo que hay que verse por ahí, hay que agradecerle al director británico una magnífica dirección de actores y masas y un gran respeto por los planteamientos y situaciones de la obra original. Al menos había teatro, y teatro al servicio de la partitura, no de las ocurrencias del director de turno.

Triunfo de la Antonacci
Aunque mucho menos bien acompañada desde el foso que en su filmación de 2006 en el Covent Garden, Anna Caterina Antonacci ofrece una memorable encarnación de la gitana. Es verdad que su voz -de buenísima calidad- es demasiado lírica y no muy sensual, que hay algunas desigualdades y que en la escenas de las cartas se queda corta, pero la cantante italiana comprende el personaje y sabe trasmitir en lo vocal sus diferentes pliegues expresivos sin caer en la excesiva finura (lo siento, a mí nunca me entusiasmaron De los Ángeles y Berganza) ni en el tópico arrabalero. Como actriz me parece sensacional: excepción hecha de la Migenes-Johnson, no recuerdo haber visto una Carmen mejor actuada. Ayudan a la Antonacci un rostro bellísimo y un escote de infarto.



No conocía de nada a Andrew Richards, por lo que me he llevado una grata sorpresa: la voz del norteamericano es bonita (habría que comprobar en directo su volumen y proyección), está bien manejada y aguanta con dignidad las exigencias del último acto. El artista canta con gusto, no recurre a histrionismos y se mueve con corrección. A mi modo de ver, es el suyo un Don José más completo que el de Kaufmann y mucho más soportable que el del actual Alagna. Anne-Catherine Gillet, de voz bonita y musical, hace una Micaela muy aniñada sin llegar a la cursilería. Nicolas Cavallier, finalmente, ofrece un Escamillo muy tosco en general y ridículamente engolado en su breve aparición en el desfile de la Maestranza. El resto, discreto.

Mi recomendación es, en cualquier caso, que echen ustedes un vistazo a los clips aquí incluidos (pueden ver la función entera en Youtube) y que saquen conclusiones por sí mismos. Y si les gusta lo que oyen, recen para que la función aparezca en Blu-Ray, porque se filmó en alta definición.

lunes, 12 de julio de 2010

El crítico, el pulpo y nuestro país de gilipollas

Llevo ya unos cuantos años comprobando el penoso nivel de la crítica musical granadina. No es que se llegue al patetismo de lo que se lee en los dos diarios de Jerez de la Frontera sobre el Villamarta o en algunas páginas de la prensa sevillana sobre el Maestranza, pero salvando alguna honrosísima excepción, que la hay, los señores críticos de Granada deberían dedicarse a otra cosa. A escribir de fútbol, por ejemplo, que ahora eso tiene mucho juego.

Viene estoy a cuento por la crítica (no crónica, sino crítica con todas las de la ley) que leí en uno de los diarios señeros de la ciudad el Darro sobre el concierto de Barenboim con obras de Chopin en el Carlos V. Lo ponían por las nubes, sí, como –a mi modo de ver- se merecía, pero sin hacer crítica propiamente dicha, es decir, sin decir nada interesante sino limitándose a hilvanar una ristra de tópicos. El señor crítico ni siquiera supo reconocer que las propinas (“dos páginas muy significativas del mejor Chopin”, escribió quedándose tan ancho después de líneas y líneas de texto) eran un nocturno y una polonesa respectivamente.

Pero claro, ¿qué se puede esperar de un diario que dedica el cien por cien de su portada de ese día a, agárrense, una foto del pulpo ese de marras del que muchísima gente ha estado pendiente? Cada día tengo más claro que nuestra prensa diaria es basura y que estamos –no hay más que fijarse en el desgobierno del PSOE, en la virulencia cada día más antidemocrática del PP, en las estúpidas convulsiones nacionalistas catalanas y en el pulpo- en un país de gilipollas.

Ensemble Residencias en el Festival de Granada

En esta recta final del 59 Festival de Música y Danza de Granada en la que –ya hablaremos de ello- ha triunfado por todo lo alto el talento inmenso de Daniel Barenboim, el Ensemble Residencias ha ofrecido dos conciertos matinales en el Hospital Real consagrados a la música española latinoamericana de los últimos decenios. El de anteayer sábado, al que no asistí, ofrecía obras de compositores ya fallecidos: Julián Bautista, Silvestre Revueltas, Julián Orbón, Carlos Chávez y Alberto Ginastera. El de ayer domingo 11 de julio presentaba páginas escritas en estos dos últimos años y dos estrenos mundiales.

Me gustó muchísimo la obra que abría el programa, Manantial de luz del zaragozano Jesús Torres (n. 1965), un encargo del CDMC estrenado en 2007 y grabado por el sello Kairos en un compacto que fui derechito a comprar –en el mostrador que coloca Festival Discos- una vez acabado el concierto. Una obra rica, variada, riquísima y seductora en el color –admirables las intervenciones "impresionistas" del piano-, que siendo muy "moderna" en su lenguaje sabe ser perfectamente comunicativa y de un nada postizo eclecticismo que triunfó plenamente en su integración de elementos tímbricos y rítmicos de lo más dispares. Se aplaudió mucho, con toda la razón.

Poco me interesó el Trío nº 3 "Romántico" del puertorriqueño Roberto Sierra (n. 1953), música bien escrita que se escucha con agrado, pero que me parece demasiado convencional en su fusión de rasgos digamos contemporáneos con ritmos y acentos melódicos latinoamericanos. En cualquier caso el Trío Arbós (parte integrante del Ensemble Residencias junto con el grupo Neopercusión) lo defendió con indudable convicción.

Fue muy aplaudido el estreno del joven Miguel Gálvez-Taroncher (n. 1974). En mi opinión Del dolor doblegado o 12 episodios y un poema de Cortázar no es una página redonda, y de sus doce breves secciones (la obra ronda los veinte minutos) no todas me interesaron por igual, pero el valenciano hizo gala no solo de un enorme dominio de los recursos –fascinante el momento el que el clarinete se funde con la flauta-, sino también de una amplia imaginación y de un gran deseo de resultar personal. El final –para disfrutarlo mejor cerré los ojos- me pareció de lo más sugestivo.

Voluntariamente ruidosa, aristada y agresiva resultó ser la otra página encargada por el festival, Oddúa. Liturgia de la creación, toda vez que en sus combinación de ritmos africanos y secuencias estáticas se intentaba hacer referencia al mundo de la santería caribeña. La influencia de Xenakis se hacía por lo demás bastante evidente en esta obra del cubano Louis Aguirre (n. 1968), aunque a mí personalmente el resultado no me terminó de resultar sugestivo, y eso que el Ensemble Residencias (fabulosos los miembros de Neopercusión) realizó un trabajo sensacional bajo la dirección –me parece a mí que portentosa- del propio compositor.

Una cosilla más: me parece perfecto que un festival internacional de la categoría de éste encargue obras a artistas interesantes del panorama actual, pero si después los conciertos no se retransmiten por la radio, la labor cae en saco roto. ¿Por qué demonios no estaban en esta ocasión los micrófonos de Radio Clásica? Sean quienes sean los culpables, gravísimo error.

jueves, 8 de julio de 2010

Paavo Järvi y la Quinta de Prokofiev

Encontré en una tienda madrileña de segunda mano esta Quinta de Prokofiev, grabada en marzo de 2007 por el sello Telarc junto con la habitual suite de El teniente Kijé. Decidí llevármela por dos motivos. Uno, que soy coleccionista de grabaciones de esta partitura que adoro: treinta y cuatro versiones cuento ya en mi discoteca. El segundo es mi interés por la figura de Paavo Järvi, un señor al que le he escuchado muy poco (ahora estoy con su integral Beethoven) y cuyo valor todavía no tengo muy claro. La audición me ha servido para calibrar un poco mejor sus virtudes e insuficiencias.

Lo mejor de esta Quinta es sin duda el certerísimo sonido Prokofiev que obtiene de la Sinfónica de Cincinnati, evidente sobre todo en ese peculiar tratamiento “carnoso” y algo digamos “burlón” de las maderas. Pero también hay que elogiar, aparte del buen pulso general y de la ausencia total de efectismos, la admirable claridad con que está desmenuzado el entramado orquestal, hasta el punto de que en esta recreación se escuchan cosas que generalmente pasan desapercibidas. En este sentido, un gran trabajo de Järvi junior.

¿Limitaciones? A mí me parece que el director no termina de comprometerse en lo expresivo con la obra. El primer movimiento, por ejemplo, tarda un tanto en arrancar, aunque al final ofrece unos clímax lo suficientemente logrados. El tercero no resulta todo lo atmosférico y opresivo que debiera, si bien ofrece detalles aristados de gran interés. Y los movimientos pares están muy bien, pero terminan siendo un tanto impersonales: la referida claridad orquestal mantiene siempre nuestra atención, pero hace falta un poco más de creatividad para redondear el resultado.

Salvando frases líricas muy bellas en el segundo movimiento y una Troika bastante conseguida, la de El teniente Kijé es una versión tan correcta e idiomática como sosa, algo indiferente en lo expresivo, parca en el color y carente del sentido del humor y la frescura que debería. Así las cosas, de la audición de este disco se desprende que Järvi es un director con muchísima técnica pero sin demasiadas cosas que decir en el aspecto expresivo. En cualquier caso le seguiré prestando atención.

Una cosa más: a estas alturas de la película, Telarc no debería comercializar una grabación tan difusa y emborronada, plagada además de algunos leves “clicks” que son más propios de RTVE Música que de un sello de semejante prestigio. Supongo que en la versión en SACD la audición será más satisfactoria, pero aun así esta toma no es de recibo.

martes, 6 de julio de 2010

Sonatas de Shostakovich, mirando atrás

SHOSTAKOVICH: Sonata para violonchelo y piano Op. 40. Dos piezas para violonchelo y piano de la Suite de ballet nº 2. Sonata para viola Op. 147.
Michal Kanka, violonchelo. Jaromír Klepác, piano.
Praga, PRD/DSD 250264
63’59’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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De las tres sonatas que escribió Shostakovich se ofrecen en este Super Audio CD, grabado en Praga con espléndido sonido en diciembre de 2009, la primera y la última de ellas. En la Op. 40, una página de primera madurez (1934: es el año de su Lady Macbeth) en la que ya se consolidan muchos rasgos de su escritura de cámara, Michal Kanka al violonchelo y Jaromír Klepác al piano parecen paradójicamente mirar al pasado antes que al futuro. De este modo, en los movimientos impares de la Sonata para violonchelo optan por una visión antes lúdica y suavemente irónica que ácida, enlazando de este modo con el Shostakovich desenfadado de su juventud, mientras que los pares están teñidos de una melancolía alejada del puro nihilismo, sin llegar a caer en la blandura -hay, eso sí, algún portamento innecesario- ni en la superficialidad.

En la Sonata para viola, acongojante obra postrera que Kanka se atreve a tocar al chelo sin recurrir a la transcripción de Daniel Shafran, los artistas saben ofrecer intensa emoción pero de nuevo evitan el histrionismo y el exceso de amargura, hasta el punto de que en el Allegretto central se pueden escuchar ecos folclóricos y en el terrible final el compositor parece despedirse del mundo con serena y hasta consoladora dignidad.

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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2010 de la revista Ritmo.

domingo, 4 de julio de 2010

La primera Forza en discos

Verdi: La forza del destino
Maria Caniglia, Galliano Masini, Carlo Tagliabue, Tancredi Pasero, Ebe Stignani, Saturno Meletti, Ernesto Dominici.
Coro de Turín y Orquesta Sinfónica de la Autoridad Italiana de Radiodifusión, Turín. Gino Marinuzzi, director.
Naxos 8.110206-07
2 CDs. 153’ 39’’
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Como indica la carpetilla, uno de los principales atractivos de este registro realizado en mayo de 1941, la primera Forza que se conserva, es ser la única grabación operística completa del siciliano Gino Marinuzzi, director de relevancia en su momento que llegó a colaborar con el régimen fascista para velar por su hijo, recluido en un campo de concentración.

Dejando otros curiosos datos para quien lea las notas de la carpetilla -o la completísima página web de Naxos-, lo que aquí nos interesa es que Marinuzzi dirige muy bien: sin resultar especialmente imaginativo ni inspirado, el sonido cálido y denso que obtiene de la orquesta y la efusividad de su fraseo lo sitúan por encima de la rutina de foso de entonces y de ahora, y -por descontado- de la rigidez marcial de ciertos “grandes nombres” asociados a este repertorio.

Del extenso reparto sorprende su homogeneidad, algo particularmente difícil en este título. Sólo desentona un tanto el tenor Galliano Masini, cuya tendencia al gimoteo no siempre se ve solapada por sus alardes viriles. El buen nivel lo marcan, con sus consabidas virtudes e insuficiencias, los aún jóvenes Caniglia, Stignani y Tagliabue. Aplausos para la restauración de Ward Maston.

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Artículo publicado en el número de septiembre de 2002 de la revista Ritmo.

viernes, 2 de julio de 2010

Karajan en concierto: de Beethoven a Ravel

KARAJAN EN CONCIERTO. Obras de Beethoven Rossini, Wagner, Weber, Debussy, Rachmaninov y Ravel. Alexis Weissenberg, piano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Dir: Herbert von Karajan.
DG, 004400734399
2 DVDs 147’ (+60’ documental)
ADD
Universal
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Si el Karajan de los ochenta fue el más genial pero también el más proclive al amaneramiento, el de los setenta encontró el punto justo entre la contundencia y rigidez de sus primeros años y la flexibilidad y el refinamiento de los postreros; todo ello haciendo gala de su prodigioso sentido del color, de su técnica para obtener un perfecto empaste sin perder claridad y de una difícilmente igualable belleza sonora… pero también de su tendencia a no indagar en los significados expresivos.





Ejemplo de esta última carencia es el Segundo de Rachmaninov filmado en 1973: Karajan parece optar por lo melancólico pero el resultado es frío, a lo que contribuye un cuadriculado Weissenberg. Dos años después grababa poderosas y opulentas oberturas de Coriolano y Egmont, por encima de la media de su Beethoven habitual, una de Tannhäuser admirable, mucho menos blanda y pseudomística que su grabación digital, y otras de Guillermo Tell y El cazador Furtivo impresionantes, aunque aquí sí mejoraría aún los resultados más tarde. Y en 1978 filmaba una notable suite del Daphnis, un sensualísimo Fauno y una La mer opulenta y tímbricamente fascinante; recreaciones impresionistas no muy idiomáticas pero que por fortuna carecen de las sonoridades relamidas y de los efectismos de sus registros de los ochenta. Muy curioso el documental.

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Artículo publicado en el número de junio de 2008 de la revista Ritmo.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...