lunes, 12 de julio de 2010

El crítico, el pulpo y nuestro país de gilipollas

Llevo ya unos cuantos años comprobando el penoso nivel de la crítica musical granadina. No es que se llegue al patetismo de lo que se lee en los dos diarios de Jerez de la Frontera sobre el Villamarta o en algunas páginas de la prensa sevillana sobre el Maestranza, pero salvando alguna honrosísima excepción, que la hay, los señores críticos de Granada deberían dedicarse a otra cosa. A escribir de fútbol, por ejemplo, que ahora eso tiene mucho juego.

Viene estoy a cuento por la crítica (no crónica, sino crítica con todas las de la ley) que leí en uno de los diarios señeros de la ciudad el Darro sobre el concierto de Barenboim con obras de Chopin en el Carlos V. Lo ponían por las nubes, sí, como –a mi modo de ver- se merecía, pero sin hacer crítica propiamente dicha, es decir, sin decir nada interesante sino limitándose a hilvanar una ristra de tópicos. El señor crítico ni siquiera supo reconocer que las propinas (“dos páginas muy significativas del mejor Chopin”, escribió quedándose tan ancho después de líneas y líneas de texto) eran un nocturno y una polonesa respectivamente.

Pero claro, ¿qué se puede esperar de un diario que dedica el cien por cien de su portada de ese día a, agárrense, una foto del pulpo ese de marras del que muchísima gente ha estado pendiente? Cada día tengo más claro que nuestra prensa diaria es basura y que estamos –no hay más que fijarse en el desgobierno del PSOE, en la virulencia cada día más antidemocrática del PP, en las estúpidas convulsiones nacionalistas catalanas y en el pulpo- en un país de gilipollas.

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