lunes, 12 de julio de 2010

Ensemble Residencias en el Festival de Granada

En esta recta final del 59 Festival de Música y Danza de Granada en la que –ya hablaremos de ello- ha triunfado por todo lo alto el talento inmenso de Daniel Barenboim, el Ensemble Residencias ha ofrecido dos conciertos matinales en el Hospital Real consagrados a la música española latinoamericana de los últimos decenios. El de anteayer sábado, al que no asistí, ofrecía obras de compositores ya fallecidos: Julián Bautista, Silvestre Revueltas, Julián Orbón, Carlos Chávez y Alberto Ginastera. El de ayer domingo 11 de julio presentaba páginas escritas en estos dos últimos años y dos estrenos mundiales.

Me gustó muchísimo la obra que abría el programa, Manantial de luz del zaragozano Jesús Torres (n. 1965), un encargo del CDMC estrenado en 2007 y grabado por el sello Kairos en un compacto que fui derechito a comprar –en el mostrador que coloca Festival Discos- una vez acabado el concierto. Una obra rica, variada, riquísima y seductora en el color –admirables las intervenciones "impresionistas" del piano-, que siendo muy "moderna" en su lenguaje sabe ser perfectamente comunicativa y de un nada postizo eclecticismo que triunfó plenamente en su integración de elementos tímbricos y rítmicos de lo más dispares. Se aplaudió mucho, con toda la razón.

Poco me interesó el Trío nº 3 "Romántico" del puertorriqueño Roberto Sierra (n. 1953), música bien escrita que se escucha con agrado, pero que me parece demasiado convencional en su fusión de rasgos digamos contemporáneos con ritmos y acentos melódicos latinoamericanos. En cualquier caso el Trío Arbós (parte integrante del Ensemble Residencias junto con el grupo Neopercusión) lo defendió con indudable convicción.

Fue muy aplaudido el estreno del joven Miguel Gálvez-Taroncher (n. 1974). En mi opinión Del dolor doblegado o 12 episodios y un poema de Cortázar no es una página redonda, y de sus doce breves secciones (la obra ronda los veinte minutos) no todas me interesaron por igual, pero el valenciano hizo gala no solo de un enorme dominio de los recursos –fascinante el momento el que el clarinete se funde con la flauta-, sino también de una amplia imaginación y de un gran deseo de resultar personal. El final –para disfrutarlo mejor cerré los ojos- me pareció de lo más sugestivo.

Voluntariamente ruidosa, aristada y agresiva resultó ser la otra página encargada por el festival, Oddúa. Liturgia de la creación, toda vez que en sus combinación de ritmos africanos y secuencias estáticas se intentaba hacer referencia al mundo de la santería caribeña. La influencia de Xenakis se hacía por lo demás bastante evidente en esta obra del cubano Louis Aguirre (n. 1968), aunque a mí personalmente el resultado no me terminó de resultar sugestivo, y eso que el Ensemble Residencias (fabulosos los miembros de Neopercusión) realizó un trabajo sensacional bajo la dirección –me parece a mí que portentosa- del propio compositor.

Una cosilla más: me parece perfecto que un festival internacional de la categoría de éste encargue obras a artistas interesantes del panorama actual, pero si después los conciertos no se retransmiten por la radio, la labor cae en saco roto. ¿Por qué demonios no estaban en esta ocasión los micrófonos de Radio Clásica? Sean quienes sean los culpables, gravísimo error.

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