domingo, 31 de julio de 2011

Notas sobre la Sinfonía Haffner de Mozart

Daniel Barenboim ofreció anoche en Ronda un programa integrado por tres sinfonías: la Haffner de Mozart y las Cuarta y Séptima de Beethoven. La Fundación Barenboim-Said me pidió escribir unas breves líneas sobre la primera de las obras citadas, toda vez que sobre las dos partituras del sordo genial ya tienen los textos que yo mismo redacté el año pasado para los conciertos en Jaén (enlace) y Córdoba (enlace). Como fan del argentino que soy (enlace) acepté la invitación con agrado, añadiendo además una introducción a todo el concierto -enmarcando las figuras de los compositores en su contexto histórico- que no tiene sentido publicar ahora en este blog. Aquí va, muy ligeramente modificado, lo que he escrito sobre la Haffner, por si a alguien le pudiera servir como introducción a esta maravillosa creación mozartiana.
_____________________________________________

La Sinfonía nº 35, en Re mayor, “Haffner” es la primera de las creaciones sinfónicas digamos “importantes” de Mozart; casi todas las anteriores son muy tempranas (las treinta primeras las tenía completadas a los dieciocho años) y en pocos casos resisten la comparación con lo que por las mismas fechas estaba haciendo su querido “Papá Haydn”, que fue quien cimentó el género. Concebida en Salzburgo entre julio y agosto de 1782 como serenata -esto es, como “música de fondo”- para una celebración de la familia Haffner, y estrenada en el Burgtheater de Viena -mediando importantes arreglos- al año siguiente ya propiamente como sinfonía, esta KV 385 se nos presenta hoy como un puente entre las convenciones a las que tenía que atender en su ciudad natal, de la que huía para liberarse de las condiciones de vida que implicaba estar al servicio de los privilegiados -quizá también para escapar de la figura opresiva de su padre-, y las novedades que estaba dispuesto a ofrecer en la capital del Imperio para convertirse en un compositor libre de ataduras y respaldado por la admiración del público. No lo terminará de conseguir, ya lo indicábamos arriba, pero en cualquier caso esta partitura sí que supuso en su momento un enorme éxito, incluyendo una sustanciosa recaudación al finalizar la velada y los aplausos intensos -Mozart se lo relataría con orgullo a su progenitor- del emperador José II.


El poderoso arranque de la obra, cuyo primer movimiento se desarrolla con carácter monotemático -quizá por influencia de los cuartetos de Haydn- y evidencia un prodigioso dominio del contrapunto, nos muestra cómo Mozart desea apartarse del espíritu coqueto y elegante propiamente salzburgués para decidirse por la rotundidad compacta, dramática y expresiva, aunque siempre apolínea y elegante, del más puro mármol (neo)clásico: “con mucho fuego”, pedía el propio compositor dejando bien claras sus intenciones, y así lo han llevado a la práctica los más grandes intérpretes de la página. De este modo, y sin renunciar a una estética clásica, se comienza a abrir la senda que no muchos años más tarde recorrerá Beethoven. El Andante transpira serena belleza y cierta galantería, pero con una hondura, una profundidad humanística y un cierto regusto agridulce que, de nuevo, nos puede hacer pensar en el sordo de Bonn; por ejemplo, en el Adagio de la Cuarta Sinfonía que escucharemos más tarde.

El breve Menuetto, marcado “forte” en la dinámica, parece en principio mirar más a Salzburgo que a Viena, pero presenta una robustez y una sobriedad del más puro clasicismo, así como un sabor rústico que nos remite a Haydn; el trío que alberga en su interior ofrece el adecuado contraste gracias a su ligereza ensoñada y a un tratamiento de la tonalidad que apuesta por el cromatismo. Arrollador y lleno de contrastes dinámicos el Presto conclusivo, que ha sido relacionado por los musicólogos tanto con un aria de El rapto en el serrallo (ópera con la que Mozart acababa de triunfar en Viena) como con la trepidante obertura que escribirá pocos años más tarde para Las bodas de Fígaro. La teatralidad, en cualquier caso, deja su impronta en esta hermosísima partitura de transición.

viernes, 29 de julio de 2011

Los primeros pasos

Tras las pasadas elecciones municipales –aún tenemos las autonómicas pendientes en nuestra comunidad-, el Partido Popular de Andalucía empieza a dar sus primeros pasos en materia cultural. Les hablo al menos de las dos ciudades de las que estoy pendiente, Jerez y Sevilla. En mi tierra, el nuevo equipo de gobierno ha bloqueado la programación que estaba a punto de presentarse (enlace) y, aunque la alcaldesa afirma que hará lo posible por mantener el teatro abierto (enlace), se ha dejado entrever la posibilidad de que el Villamarta cierre sus puertas, no sabemos si para, siguiendo postulados “liberales” (ya saben ustedes lo que realmente eso significa), privatizar su gestión. Por si fuera poco, se acaba de anunciar que este año no se celebrará en el Alcázar el ciclo Noches de Bohemia, nuestro particular oasis musical veraniego, por “falta de tiempo para organizarlo” (enlace).

En Sevilla las cosas van por otro sendero. Rompiendo la tradición de época socialista, los populares han decidido cortar por lo sano y eliminar a toda la oposición del Consejo de Administración de la ROSS (enlace). Así, por toda la cara. La decisión encaja perfectamente con el talante que está mostrando el nuevo alcalde, Juan Ignacio Zoido, que no ha tardado en quitarse la careta y empezar a gobernar a decretazo limpio con el aplauso de firmas ultraderechistas del tipo Antonio Burgos (enlace). Sumemos a esto ya la sabida intención de que cuando lleguen a la Junta, y las últimas encuestas indican que lo van a hacer con mayoría absoluta, eliminarán la Fundación Barenboim-Said. Y no han hecho más que empezar. A los del PSOE ya les hemos visto su particular idiosincrasia, para desgracia nuestra, pero la de los “populares” (el eufemismo se las trae) están aún por conocer. Voten ustedes a quienes quieran –la verdad es que no hay mucho bueno donde elegir-, pero luego no digan que no les hemos avisado.

jueves, 28 de julio de 2011

Fidelio en Zúrich por Haitink, en los cines y en DVD

El Fidelio que el pasado martes vi -acompañado tan solo de dos personas más- en una sala de cine de Jerez de la Frontera (enlace) corresponde a una filmación realizada en la Ópera de Zúrich en octubre de 2008 que acaba de ser editada en DVD y Blu-ray por el sello Opus Arte. ¿Merece la pena? Verlo en cine sí, desde luego, porque la calidad audiovisual es abrumadora y el espectáculo se disfruta. Pero gastarse el dinero para atesorarlo en casa… ahí no lo tengo nada claro.

Lo que más me ha gustado es la producción escénica de Katharina Thalbach. No es bella ni suntuosa (eso sería difícil transcurriendo la acción en una cárcel), pero sí bastante sensata, ortodoxa en el buen sentido y estupendamente realizada en lo que a dirección de actores se refiere. En este sentido, la recuperación de algunos diálogos adicionales que generalmente se cortan no solo no lastra el desarrollo de la acción sino que, al estar tan cuidados, enriquecen a situaciones y personajes. El traslado de la acción a la primera mitad del siglo XX no aporta nada en particular, pero tampoco molesta, si bien puede sorprender que Pizarro aparezca retratado como una especie de gánster de los años treinta. Solo un poco dos detalles: los movimientos del coro en el final y que Leonora enseñe las tetas para demostrar su verdadera identidad sexual.

Bernard Haitink no es un buen beethoveniano. No lo es en sus sinfonías, y tampoco parece serlo en Fidelio: ni obtiene el sonido apropiado de la orquesta, ni frasea con la imprescindible hondura humanística ni ofrece matices expresivos de interés. Al menos, a diferencia de lo que le ocurre en otras partituras del autor, muestra buen pulso y un notable sentido teatral, además de hacer gala -esto siempre está garantizado en el holandés- de un excelente gusto y un extraordinario control de la forma. La Leonora III, ofrecida en mitad del acto II como es habitual, digna sin más.

La misma dignidad es la que alcanza la guapa Melanie Diener en el temible rol de Fidelio/Leonora: se muestra algo destemplada, hay agudos tirantes y la emoción no termina de surgir, pero al menos la voz es hermosa, canta con cierta solvencia y se mueve bien en escena. Incluso daría el pego como hombre si no fuera por su empeño en ponerse sombra de ojos. Roberto Saccà me ha dejado un poco triste, porque desde que hace años le escuché un Tamino en Sevilla hasta ahora parece haber perdido bastante no en el agudo, que sigue siendo bueno, sino en el centro de la voz; después de lidiar con mucha dignidad -y sin calderones interminables en el “Gott”- su acongojante aria, el tenor pierde fuelle y llega con problemas al final.

Alfred Muff, que fue un muy mediocre Pizarro en la anterior producción de Zúrich, se encuentra ahora bastante más cómodo como Rocco, aunque ni en lo vocal ni en lo expresivo pasará a la historia. El malo de la función le toca a Lucio Gallo: en lo vocal deja que desear, pero se muestra soberbio como actor. ¡Impresionantes los primeros planos! Sandra Trattnigg hace una Marzelline muy discreta y Christoph Strehl funciona sin problemas como Jaquino. Orquesta y coro, al buen nivel que se espera de ellos.

En resumidas cuentas, un Fidelio globalmente digno que no logra hacerle la competencia al que se grabó en la misma casa en 2004 con Harnoncourt, Nylund y Kaufmann (enlace) en la producción escénica de Jürgen Flimm, y menos aún -en el apartado musical, no así en el escénico- al que se registró en Valencia bajo la batuta de Zubin Mehta (enlace). Yo me lo pasé bien en el cine, pero entiendo que no es en absoluto imprescindible en la estantería.

miércoles, 27 de julio de 2011

Mucho cuento en Jerez

Hace ahora más o menos un año los Cines Yelmo dejaron de ofrecer su temporada de ópera en Jerez de la Frontera. La escasa asistencia de público no lo hacía rentable (sí parece serlo en lugares como Albacete, Gijón, Roquetas de Mar o Vigo, donde se mantiene). Por fortuna hace poco Cines Ábaco ha apostado por mi ciudad incluyéndola en las retransmisiones de su propia temporada (enlace). Como he venido a mi tierra aprovechando las vacaciones, me pasé ayer por el Carrefour Norte para ver un Fidelio por Haitink desde la Ópera de Zúrich, que comentaré en la siguiente entrada. ¿Sabes ustedes cuántas personas habíamos en la sala, disfrutando de una función de buen nivel interpretativo retransmitida con excelente calidad de imagen y sonido? Tres: mis dos acompañantes y yo.

Es verdad que hay gente de vacaciones, que no se ha hecho apenas publicidad del evento y que las entradas costaban 11 euros, pero… ¡solo tres personas! ¿Dónde estaban todos esos jerezanos que se dicen amantes de la ópera y hasta hace pocos años guardaban cola para asistir a algunas de las funciones de nuestro teatro? Novelería, mayormente, diluida con el paso del tiempo. ¿Dónde estaban los numerosos miembros del Coro del Villamarta? Parece que lo que les gusta es salir a escena, pero no escuchar ópera y aprender de paso algo sobre el género. ¿Dónde están los miembros de la asociación La Arcadia? Pues allí donde “sean algo” y puedan figurar, alternar con los artistas y medrar en el mundillo, porque ser público corriente y moliente no va con su espíritu. ¿Y dónde están todos aquellos que claman al cielo por la posibilidad de que, con el nuevo gobierno municipal encabezado por el PP, el Teatro Villamarta pierda su programación lírica o incluso eche el cerrojo? Cuento, mucho cuento es lo que hay en mi tierra.

lunes, 25 de julio de 2011

O gemma lux: Dufay entre dos mundos

DUFAY: "O gemma lux" (motetes isorrítmicos).
Huelgas-Ensemble. Dir: Paul Van Nevel.
Harmonia Mundi, HMG 501700
68’44’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
**** R



Me corresponde escribir para Ritmo 2900 caracteres sobre los doce discos -varios de ellos dobles- del último lanzamiento de la estupenda serie Harmonia Mundi Gold. Misión imposible, porque sale a 161 caracteres por unidad, pero el espacio es el que manda. Como es una pena pasar tan de puntillas sobre ellos, voy a aprovechar este blog para ir escribiendo un poquito de cada uno a lo largo del verano, y luego haré una ficha casi telegráfica para mandar a la revista, donde por otra parte supongo que aún tardarán en publicar. Así quien se pase por aquí y se fíe de mis gustos (ejem) tendrá una idea de si merece la pena o no la compra.

Un sí rotundo para el primero de ellos, protagonizado por quienes grabaran en 1990 para Sony uno de los mejores discos de polifonía que existen, In Morte di Madonna Laura. En el registro que ahora nos ocupa, realizado en julio de 1999 para el sello francés, Paul Van Nevel y su Huelgas-Ensemble se enfrentan con los trece motetes isorrítmicos, generalmente multi-textuales (varios textos interpretados a la vez) que Guillaume Dufay (h. 1400-1474) escribió a lo largo de veinte años dentro de la primera mitad de su prolongada carrera, conformando, en palabras del director belga, "la culminación del concepto de sonido polifónico preparado por Machaut, Dunstable y Ciconia". Música de suprema belleza, dicho sea de paso, cuyo conocimiento resulta interesantísimo para comprender la transición de la era gótica a la renacentista.

Los motetes se nos presentan en orden cronológico, pues como indica el propio Van Nevel de esta forma se aprecia mejor la evolución estilística desde "el esquema Gótico, estrictamente matemático" hacia "un acercamiento más humanista a los textos". A esto añadiría yo que las propias interpretaciones parecen apuntar en todos los casos claramente hacia el Renacimiento, pues los duros "pliegues" de la escuela franco-flamenca -no es disparatado el paralelismo pictórico con los primitivos flamencos- se ven aquí suavizados para dar paso a un equilibrio, una serenidad y una calidez humana propia de los nuevos tiempos. El coro, ni que decir tiene, realiza una espléndida labor, especialmente sus miembros femeninos, mientras que los instrumentos, que aquí se ocupan del "tenor", están tratados por Van Nevel con su habitual sensatez, discreción y exquisito gusto. Recomendabilidad total.

domingo, 24 de julio de 2011

Barry, Gaigne, Yared, Iglesias, Coulais y Sarde en Úbeda

Siendo fan de las bandas sonoras, solo había estado una vez en el Festival Internacional de Música de Cine (web oficial) que lleva celebrándose desde hace siete años en Úbeda. Me sentí entonces extrañamente desubicado. Los frikis que llenaban el Hospital de Santiago me recordaban a mí mismo hace dos décadas, pero yo ahora he cambiado, no estoy seguro de si a mejor. En fin, esta vez he decidido prolongar mi estancia en la sierra segureña, una vez finalizado el curso escolar, para asistir a uno de los conciertos previstos por la organización, el ofrecido de manera gratuita el pasado viernes 22 en la bellísima Plaza Vázquez de Molina dedicado íntegramente a compositores europeos, aun sabiendo que la acústica iba a ser deficiente, que la orquesta no era otra que la discreta Filarmónica de Málaga y que el joven director Arturo Díez Boscovich es, según dice su currículo, discípulo de Miquel Ortega, para quien suscribe uno de los peores maestros al sur de los Pirineos. Disfruté, pese a todo.

Comenzó el concierto -diez minutos antes de la hora prevista- con mi adorado John Barry (enlace), y lo hizo de manera extraña, con el setentero tema de The Persuaders. Mejor hubiera sido hacerlo con la segunda pieza del programa, la obertura de Zulu, aunque esta página ponga bien de manifiesto -soy el primero en reconocerlo- la incompetencia del compositor británico a la hora de manejar la escritura sinfónica. Vino a continuación la bellísima música para Dances with Wolves, y concluyó el bloque con uno de los mejores temas de acción escritos por el maestro, la "Sky Chase" de On Her Majesty's Secret Service. Desdichadamente la batuta dirigió aprisa y corriendo, sin matizar lo más mínimo, y la orquesta dejó al descubierto -más aún con una acústica sin reverberación- sus problemas de empaste, así como las limitaciones de sus solistas; muy mal el trompeta en el título de Kevin Costner.

Quizá por la presencia de los cuatro compositores que venían a continuación, que algo debieron de aportar en los ensayos, la labor de la batuta pareció mejorar un tanto en el resto del programa, encontrando más sosiego y vuelo lírico, aunque la orquesta siguió en su mismo plan de desidia, rutina y mediocridad. Me gustó la música de Pascal Gaigne, del que no recuerdo haber escuchado nada previamente: la suite de Castillos de cartón y los dos temas de Verbo me parecieron personales, bien escritos y ajenos a los peores clichés sinfónicos, aunque el carácter intimista y nostálgico de su música no fue bien recibido entre un público, el ubetense, que manifestó un deplorable comportamiento durante toda la velada, hasta el punto de que en un momento dado Díez Boscovich tuvo que pedir silencio.


Me emocionó volver a ver en persona a Gabriel Yared: desde su concierto en Sevilla en mayo de 1990 dirigiendo (sin tener ni idea de cómo empuñar una batuta, circunstancia reconocida por él mismo) a la Sinfónica de Madrid han pasado veintiún años en los que el prometedor compositor francés se han convertido en uno de los grandes nombres internacionales de las bandas sonoras. En esta ocasión se limitó a tocar el piano en las suites de sus magníficas creaciones para The Talented Mr. Ripley, The English Patient y uno de sus grandes clásicos que ya tocó en Sevilla, La Lune dans Caniveau, donde pudo lucirse el excelente bandoneón de Juan José Mosalini. La fotografía que he incluido corresponde al momento en que se interpretó la canción compuesta para el filme protagonizado pot Matt Damon: en el centro vemos a la vocalista Ana de Lois y a la izquierda del todo, vestido de blanco, al propio Yared.

Tras el intermedio le tocó el turno a Alberto Iglesias: partituras personales, creativas, inteligentes y de inspiración un tanto irregular -las hay espléndidas, las hay que no lo son tanto- para La mala educación, Todo sobre mi madre, Hable con ella y Volver. No sé si el -para mi gusto- sobrevaloradísimo Pedro Almodóvar se habrá dado cuenta de la magnífica aportación que la música del compositor vasco realiza a sus cintas.

De Bruno Coulais, Presidente de Honor de esta edición del Festival, se ofrecieron fragmentos de Oceans, Coraline, Le Deuxième Souffle y Hellphone. Me interesaron poco, pero quizá la culpa la tuviera el entorno: una música tan sutil, tan inequívocamente francesa en su tratamiento de la línea orquestal y del colorido, no resiste el aire libre, el incesante parloteo de parte del público, las carreritas de los niños (¡esos papis descuidados!) ni los zumbidos del viento sobre los micrófonos.

Llegó el momento más esperado con la presencia en el escenario de Philippe Sarde para recibir de manos de la concejala de Cultura (el alcalde no se dignó a estar presente) un premio por parte del Ayuntamiento y los calurosísimos aplausos de los aficionados allí congregados. El veterano compositor francés se mostró humilde y simpático, aunque no desaprovechó la ocasión de soltarle un zambombazo a la Filarmónica de Málaga. La música, elegantísima y de elevada inspiración melódica, dejó constancia de su incuestionable calidad: Music Box -de nuevo intervino Ana de Lois-, Pirates!, Manhattan Project, Les Choses de la vie, el bellísimo tema de amor de Quest for fire (flauta de Pan incluida) y Tess. No hubo bises y, siendo ya las doce y veinte de la madrugada, la orquesta decidió marcharse lo antes posible. El fresquito que corría en la plaza y la belleza de la fachada de El Salvador ayudaron no poco a que, pese a los reparos expuestos, se tratara de una velada muy agradable. La organización se merece todas las felicitaciones.

martes, 19 de julio de 2011

La Obertura Carnaval de Dvorák

Resulta totalmente injusto que la por otra parte merecidísima fama de su Sinfonía del Nuevo Mundo, compuesta en su periplo estadounidense allá por 1893, haya oscurecido sensiblemente la presencia de muchas otras obras portentosas de Antonin Dvorák (1841-1904), no sólo en el terreno de la sinfonía y en el sinfónico en general, sino también en el repertorio sacro o en la música de cámara, terrenos en los que muestra no sólo una inequívoca personalidad en la que lo checo es -entre otros- un factor determinante, sino también una inagotable creatividad y una excelsa inspiración.

Prueba de ello es la Obertura Carnaval, op. 92. Compuesta en el verano de 1881, esto es, en uno de los mejores momentos de su prolongada y exitosa carrera (precisamente acababa de recibir honores en Cambridge), fue escrita conjuntamente con otras dos bellísimas oberturas, En la naturaleza y Otelo, como integrantes de un tríptico denominado Naturaleza, Vida y Amor que se estrenaría en Praga bajo la batuta del propio autor en abril del año siguiente, poco antes de embarcar a Nueva York para convertirse en director de su Nuevo Conservatorio. La obra a la que nos referimos, con diferencia la más ejecutada y grabada de las tres, correspondería por tanto al segundo de estos términos, “Vida”, y el que su autor la concibiera originalmente como “Carnaval de Bohemia” ya nos deja entrever que el folclore eslavo, no desde luego como cita directa sino más bien como fragancia que impregna los pentagramas, va a desempeñar un papel determinante en la breve página.

Obra brillante y poderosa como demandan los cánones de una buena obertura de concierto, se estructura de manera tripartita con dos arrebatadores secciones rápidas de ambiente apropiadamente festivo alrededor de un Andante con moto en el que un sensible, contemplativo e increíblemente bello diálogo entre violín, flauta, clarinete y corno inglés deja entrever por momentos, en estos dos últimos instrumentos de manera sucesiva, el no menos hermoso tema principal de En la naturaleza; éste volverá a su vez a reaparecer en Otelo, para enlazar así el material temático de las tres piezas del tríptico sobre lo que su autor denominó “las tres grandes fuerzas creativas del universo”.

___________________________________________________

Este texto procede de las notas escritas para el concierto que la Orquesta Janácek de Ostravia ofreció bajo la dirección de Jakub Hrůša en la edición del año 2006 del Festival de Úbeda.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...