Comenzó el concierto -diez minutos antes de la hora prevista- con mi adorado John Barry (enlace), y lo hizo de manera extraña, con el setentero tema de The Persuaders. Mejor hubiera sido hacerlo con la segunda pieza del programa, la obertura de Zulu, aunque esta página ponga bien de manifiesto -soy el primero en reconocerlo- la incompetencia del compositor británico a la hora de manejar la escritura sinfónica. Vino a continuación la bellísima música para Dances with Wolves, y concluyó el bloque con uno de los mejores temas de acción escritos por el maestro, la "Sky Chase" de On Her Majesty's Secret Service. Desdichadamente la batuta dirigió aprisa y corriendo, sin matizar lo más mínimo, y la orquesta dejó al descubierto -más aún con una acústica sin reverberación- sus problemas de empaste, así como las limitaciones de sus solistas; muy mal el trompeta en el título de Kevin Costner.
Quizá por la presencia de los cuatro compositores que venían a continuación, que algo debieron de aportar en los ensayos, la labor de la batuta pareció mejorar un tanto en el resto del programa, encontrando más sosiego y vuelo lírico, aunque la orquesta siguió en su mismo plan de desidia, rutina y mediocridad. Me gustó la música de Pascal Gaigne, del que no recuerdo haber escuchado nada previamente: la suite de Castillos de cartón y los dos temas de Verbo me parecieron personales, bien escritos y ajenos a los peores clichés sinfónicos, aunque el carácter intimista y nostálgico de su música no fue bien recibido entre un público, el ubetense, que manifestó un deplorable comportamiento durante toda la velada, hasta el punto de que en un momento dado Díez Boscovich tuvo que pedir silencio.
Me emocionó volver a ver en persona a Gabriel Yared: desde su concierto en Sevilla en mayo de 1990 dirigiendo (sin tener ni idea de cómo empuñar una batuta, circunstancia reconocida por él mismo) a la Sinfónica de Madrid han pasado veintiún años en los que el prometedor compositor francés se han convertido en uno de los grandes nombres internacionales de las bandas sonoras. En esta ocasión se limitó a tocar el piano en las suites de sus magníficas creaciones para The Talented Mr. Ripley, The English Patient y uno de sus grandes clásicos que ya tocó en Sevilla, La Lune dans Caniveau, donde pudo lucirse el excelente bandoneón de Juan José Mosalini. La fotografía que he incluido corresponde al momento en que se interpretó la canción compuesta para el filme protagonizado pot Matt Damon: en el centro vemos a la vocalista Ana de Lois y a la izquierda del todo, vestido de blanco, al propio Yared.
Tras el intermedio le tocó el turno a Alberto Iglesias: partituras personales, creativas, inteligentes y de inspiración un tanto irregular -las hay espléndidas, las hay que no lo son tanto- para La mala educación, Todo sobre mi madre, Hable con ella y Volver. No sé si el -para mi gusto- sobrevaloradísimo Pedro Almodóvar se habrá dado cuenta de la magnífica aportación que la música del compositor vasco realiza a sus cintas.
De Bruno Coulais, Presidente de Honor de esta edición del Festival, se ofrecieron fragmentos de Oceans, Coraline, Le Deuxième Souffle y Hellphone. Me interesaron poco, pero quizá la culpa la tuviera el entorno: una música tan sutil, tan inequívocamente francesa en su tratamiento de la línea orquestal y del colorido, no resiste el aire libre, el incesante parloteo de parte del público, las carreritas de los niños (¡esos papis descuidados!) ni los zumbidos del viento sobre los micrófonos.
Llegó el momento más esperado con la presencia en el escenario de Philippe Sarde para recibir de manos de la concejala de Cultura (el alcalde no se dignó a estar presente) un premio por parte del Ayuntamiento y los calurosísimos aplausos de los aficionados allí congregados. El veterano compositor francés se mostró humilde y simpático, aunque no desaprovechó la ocasión de soltarle un zambombazo a la Filarmónica de Málaga. La música, elegantísima y de elevada inspiración melódica, dejó constancia de su incuestionable calidad: Music Box -de nuevo intervino Ana de Lois-, Pirates!, Manhattan Project, Les Choses de la vie, el bellísimo tema de amor de Quest for fire (flauta de Pan incluida) y Tess. No hubo bises y, siendo ya las doce y veinte de la madrugada, la orquesta decidió marcharse lo antes posible. El fresquito que corría en la plaza y la belleza de la fachada de El Salvador ayudaron no poco a que, pese a los reparos expuestos, se tratara de una velada muy agradable. La organización se merece todas las felicitaciones.
5 comentarios:
Ya que le gusta Yared y Mahler, a ver cuándo comenta el final musical del Paciente Inglés.
Esto... ¿cómo era ese final? No me acuerdo de nada, lo siento.
Si mal no me acuerdo la música era clavadita al final de la 9ª de Mahler
Muy puesto en ese final, por otra parte.
Le debió pasar como a Karajan con Apocalipsis now, que no se enteró que tocaban la cabalgata, absorto por la imagen.
Iglesias es genial, pero su score para "Lucía y el sexo" alterna momentos maravillosos, de gran inspiración, con otros de puro relleno.Los que ha escrito para Almodóvar no tienen tantos altibajos, por ello los prefiero. Y el "main theme" de "La camarera del Titanic" es un fragmento fabuloso, pero se me ocurren varios más.
Caigo en la cuenta que me pregunta por ese final del que no se acuerda.
Pues la imagen es la de la enfermera subida en un carro alejándose del convento, de la historia del paciente y de la suya propia.
Y le va dando la luz del sol, tapada intermitentemente por la sombra de los cipreses del camino.
Todo un resumen del compendio de la vida y todo un compendio de las luces y las sobras de la vida del paciente y alrededores.
Bueno, pues le acompaña una música cuya melodía está directamente relacionada con el adagio final de la 9ª de Mahler. Para mí es incomprensible que los comentaristas de la música de la película no hayan reparado en ello.
Más cuando han alabado extensamente el trabajo de Jared. No he encontrado ninguna referencia a este asunto.
Y eso que he llegado a leer posibles referencias a Bartok sobre la canción popular “húngara” del principio, que seguramente tiene raíz en el norte de África. Igual porque anduvo por allí..
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