lunes, 25 de julio de 2011

O gemma lux: Dufay entre dos mundos

DUFAY: "O gemma lux" (motetes isorrítmicos).
Huelgas-Ensemble. Dir: Paul Van Nevel.
Harmonia Mundi, HMG 501700
68’44’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
**** R



Me corresponde escribir para Ritmo 2900 caracteres sobre los doce discos -varios de ellos dobles- del último lanzamiento de la estupenda serie Harmonia Mundi Gold. Misión imposible, porque sale a 161 caracteres por unidad, pero el espacio es el que manda. Como es una pena pasar tan de puntillas sobre ellos, voy a aprovechar este blog para ir escribiendo un poquito de cada uno a lo largo del verano, y luego haré una ficha casi telegráfica para mandar a la revista, donde por otra parte supongo que aún tardarán en publicar. Así quien se pase por aquí y se fíe de mis gustos (ejem) tendrá una idea de si merece la pena o no la compra.

Un sí rotundo para el primero de ellos, protagonizado por quienes grabaran en 1990 para Sony uno de los mejores discos de polifonía que existen, In Morte di Madonna Laura. En el registro que ahora nos ocupa, realizado en julio de 1999 para el sello francés, Paul Van Nevel y su Huelgas-Ensemble se enfrentan con los trece motetes isorrítmicos, generalmente multi-textuales (varios textos interpretados a la vez) que Guillaume Dufay (h. 1400-1474) escribió a lo largo de veinte años dentro de la primera mitad de su prolongada carrera, conformando, en palabras del director belga, "la culminación del concepto de sonido polifónico preparado por Machaut, Dunstable y Ciconia". Música de suprema belleza, dicho sea de paso, cuyo conocimiento resulta interesantísimo para comprender la transición de la era gótica a la renacentista.

Los motetes se nos presentan en orden cronológico, pues como indica el propio Van Nevel de esta forma se aprecia mejor la evolución estilística desde "el esquema Gótico, estrictamente matemático" hacia "un acercamiento más humanista a los textos". A esto añadiría yo que las propias interpretaciones parecen apuntar en todos los casos claramente hacia el Renacimiento, pues los duros "pliegues" de la escuela franco-flamenca -no es disparatado el paralelismo pictórico con los primitivos flamencos- se ven aquí suavizados para dar paso a un equilibrio, una serenidad y una calidez humana propia de los nuevos tiempos. El coro, ni que decir tiene, realiza una espléndida labor, especialmente sus miembros femeninos, mientras que los instrumentos, que aquí se ocupan del "tenor", están tratados por Van Nevel con su habitual sensatez, discreción y exquisito gusto. Recomendabilidad total.

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