jueves, 28 de julio de 2011

Fidelio en Zúrich por Haitink, en los cines y en DVD

El Fidelio que el pasado martes vi -acompañado tan solo de dos personas más- en una sala de cine de Jerez de la Frontera (enlace) corresponde a una filmación realizada en la Ópera de Zúrich en octubre de 2008 que acaba de ser editada en DVD y Blu-ray por el sello Opus Arte. ¿Merece la pena? Verlo en cine sí, desde luego, porque la calidad audiovisual es abrumadora y el espectáculo se disfruta. Pero gastarse el dinero para atesorarlo en casa… ahí no lo tengo nada claro.

Lo que más me ha gustado es la producción escénica de Katharina Thalbach. No es bella ni suntuosa (eso sería difícil transcurriendo la acción en una cárcel), pero sí bastante sensata, ortodoxa en el buen sentido y estupendamente realizada en lo que a dirección de actores se refiere. En este sentido, la recuperación de algunos diálogos adicionales que generalmente se cortan no solo no lastra el desarrollo de la acción sino que, al estar tan cuidados, enriquecen a situaciones y personajes. El traslado de la acción a la primera mitad del siglo XX no aporta nada en particular, pero tampoco molesta, si bien puede sorprender que Pizarro aparezca retratado como una especie de gánster de los años treinta. Solo un poco dos detalles: los movimientos del coro en el final y que Leonora enseñe las tetas para demostrar su verdadera identidad sexual.

Bernard Haitink no es un buen beethoveniano. No lo es en sus sinfonías, y tampoco parece serlo en Fidelio: ni obtiene el sonido apropiado de la orquesta, ni frasea con la imprescindible hondura humanística ni ofrece matices expresivos de interés. Al menos, a diferencia de lo que le ocurre en otras partituras del autor, muestra buen pulso y un notable sentido teatral, además de hacer gala -esto siempre está garantizado en el holandés- de un excelente gusto y un extraordinario control de la forma. La Leonora III, ofrecida en mitad del acto II como es habitual, digna sin más.

La misma dignidad es la que alcanza la guapa Melanie Diener en el temible rol de Fidelio/Leonora: se muestra algo destemplada, hay agudos tirantes y la emoción no termina de surgir, pero al menos la voz es hermosa, canta con cierta solvencia y se mueve bien en escena. Incluso daría el pego como hombre si no fuera por su empeño en ponerse sombra de ojos. Roberto Saccà me ha dejado un poco triste, porque desde que hace años le escuché un Tamino en Sevilla hasta ahora parece haber perdido bastante no en el agudo, que sigue siendo bueno, sino en el centro de la voz; después de lidiar con mucha dignidad -y sin calderones interminables en el “Gott”- su acongojante aria, el tenor pierde fuelle y llega con problemas al final.

Alfred Muff, que fue un muy mediocre Pizarro en la anterior producción de Zúrich, se encuentra ahora bastante más cómodo como Rocco, aunque ni en lo vocal ni en lo expresivo pasará a la historia. El malo de la función le toca a Lucio Gallo: en lo vocal deja que desear, pero se muestra soberbio como actor. ¡Impresionantes los primeros planos! Sandra Trattnigg hace una Marzelline muy discreta y Christoph Strehl funciona sin problemas como Jaquino. Orquesta y coro, al buen nivel que se espera de ellos.

En resumidas cuentas, un Fidelio globalmente digno que no logra hacerle la competencia al que se grabó en la misma casa en 2004 con Harnoncourt, Nylund y Kaufmann (enlace) en la producción escénica de Jürgen Flimm, y menos aún -en el apartado musical, no así en el escénico- al que se registró en Valencia bajo la batuta de Zubin Mehta (enlace). Yo me lo pasé bien en el cine, pero entiendo que no es en absoluto imprescindible en la estantería.

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