sábado, 31 de octubre de 2015

Barenboim dirige Mozart en Granada

Pensé que las interpretaciones que Barenboim iba a ofrecer al frente de la West-Eastern Divan de las tres últimas sinfonías de Mozart en el Auditorio Manuel de Falla iban a ser similares a las que hizo frente a la Filarmónica de Viena en Praga en 2012, de las cuales comenté en este blog la nº 40 a partir de la retransmisión radiofónica: la coloqué como una de las tres mejores de las cuarenta y seis reseñadas en mi discografía. Pues bien, aun tratándose en líneas generales de lecturas acuñadas en el mismo molde, los resultados no han sido los mismos: menos bien ahora la nº 39, sin duda mejor la Júpiter e igual de portentosa, aunque de concepto diferente, la KV 550.

Lenta y muy atmosférica, no especialmente teatral pero sí llena de malos presagios, la introducción a la Sinfonía nº 39. El tempo del Allegro fue mucho más ortodoxo, y en su desarrollo el maestro dejó bien claro el Mozart que le gusta: denso y con mucho músculo, aunque no por ello falto de agilidad ni de transparencia, al tiempo que mucho más preocupado por la cantabilidad, por el desarrollo orgánico de las grandes líneas melódicas, por la efusividad y por el brío controlado, que por la incisividad en los ataques, por el sentido del ritmo o por los grandes claroscuros sonoros y expresivos. Un Mozart tradicional, para entendernos, de ese que hoy día solo hacen maestro veteranos como Haitink, Muti, Mehta o él mismo, y que parece decididamente condenado a la extinción dada la evidente asimilación por parte de las generaciones más jóvenes de los postulados de la praxis historicista.

Me decepcionó el Andante con Moto: muy lento, lleno de sensualidad e impregnado de un hondísimo sentido humanista que me recordó mucho al último Carlo Maria Giulini –decididamente Barenboim prosigue su proceso de “giulinización” del que ya he hablado varias veces en este blog–, pero también se mostró en exceso moroso, incluso un tanto laxo en la articulación y en el desarrollo de las tensiones, amén de no todo lo dramático que debería haber sido en los pasajes más dolientes. Advierto que mi amigo Ángel Carrascosa, que estaba sentado a mi lado, no se encuentra en absoluto de acuerdo con estas apreciaciones, pero mi opinión la tengo clara y así la expreso. Por otra parte, los violines no estuvieron nada finos: la vacilaciones y la precariedad del empaste se hicieron evidentes en más de un momento.

El Menuetto estuvo muy bien dentro de una línea ortodoxa, pero a mí me parece que en este movimiento los historicistas han dicho cosas –acentuar de modo mucho más evidente el primer tiempo del compás y moderar el legato permite sacar a la luz el maravilloso sabor de ländler– que no podemos olvidar. El Alegro conclusivo, excelente.

La Sinfonía nº 40 estuvo a otra altura: la interpretación más perfecta que yo jamás haya escuchado. Personalmente me quedo con el concepto de la que hizo con la Filarmónica de Viena, pero cierto es que aquella, por su vehemencia, por su ansiedad, por el enorme riesgo de interpretar la trillada partitura a tumba abierta, se movía en la cuerda floja y permanecía al borde del descontrol. Esta de Granada, siendo de nuevo dramática y fogosa, ha estado mejor planificada y se ha visto impregnada de una elegancia apolínea que, combinada de manera asombrosa con el dolor, el desgarro y carácter trágico que el de Buenos Aires logra poner de relieve como pocos directores lo han hecho, ha convertido el resultado en la interpretación de absoluta referencia, particularmente en un Andante lleno de doliente anhelo, de espiritualidad punzante pero también de ternura, de poesía y de humanismo. En fin, si mañana saliese esta KV 550 en discos –había micrófonos en la sala, pero me aseguran que no se prevé comercialización del registro–, sería para mí la recomendación número uno.

Extraordinaria la nº 41 a pesar de una decisión del maestro que no puedo compartir: hacer que los violines tocasen el segundo movimiento con sordina. Entiendo que un músico inquieto y arriesgado como él quiera tantear nuevas posibilidades, pero a mí el sonido resultante me llegó a molestar. Por lo demás, nivel interpretativo increíble, a la altura de su registro digital con la Orquesta de París (¡aún no en CD, salvo el cuarto movimiento!). Fue esta Júpiter una lectura fogosa, rebosante de brío y de energía pero, a mi entender, no exclusivamente vibrante y combativa: hubo también una buena dosis de cantabilidad, de lirismo y de reflexión profunda, y sobre todo –esto no era frecuente en el Barenboim de antaño– una gran atención a la sensualidad, a la picardía, incluso al coqueteo galante, sin confundir esto con la ingravidez sonora y expresiva –que es lo que le ocurre a otros directores, historicistas o no– ni con la abundancia de detalles amanerados.

Dejando atrás los apuros de la nº 39, la West Eastern Divan Orchestra –con algunas caras muy conocidas y algunas notorias ausencias, entre ellas la de Michael Barenboim–, funcionó en estas dos últimas sinfonías como una formación de primera fila, con una cuerda por fin tersa, unos metales bien empastados y algunas maderas de lujo. El maestro la trató con plasticidad asombrosa y, sobre todo, con plena atención al equilibrio de planos sonoros: el Finale de la Júpiter, tan complejo en su entramado polifónico, se escuchó con una claridad insuperable, pero sin que la capacidad de análisis se pusiera nunca en primer plano frente a la potencia expresiva.

Tres anécdotas de esta velada del pasado miércoles 28 de octubre: a Barenboim le voló la batuta en el primer movimiento de la nº 40 –inusual verle dirigir solo con las manos–, alguien sentado en el patio de butacas le gritó “ole” al terminar el primer movimiento de la Júpiter –gran regocijo aquí para el maestro y su orquesta–, y una señora ubicada detrás del escenario tuvo la poquísima vergüenza de filmar parte del concierto deslumbrando a los que estábamos enfrente con el flash de su tablet. Eso sí, para nada se hicieron presentes los ramilletes de toses estentóreas que boicotearon las interpretaciones mozartianas que hace tan solo unos meses los mismos artistas sufrieron en el Teatro de la Maestranza.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Instantes publicitarios

En el momento de publicarse esta entrada debo de estar, si todo ha salido bien, en el Auditorio Manuel de Falla de Granada escuchando las tres últimas sinfonías de Mozart a Daniel Barenboim y la Orquesta del West-Eastern Divan. De eso espero hablar otro día. Ahora lo que quiero es anunciar que el próximo viernes 30 de octubre ofreceré en la iglesia de San Dionisio de Jerez de la Frontera, en calidad de autor de la única monografía sobre el edificio, una charla denominada "Los cinco San Dionisio: del gótico al neo-mudéjar", dentro de un ciclo cultural organizada por la Hermandad del Mayor Dolor, que tiene allí su sede canónica.

Mi libro segunda edición

En ella realizaré un repaso por toda la historiografía que, desde finales del siglo XIX hasta hoy mismo, se ha ocupado de la etapa medieval del edificio, que es la que un servidor ha trabajado; señalaré las dificultades que la controvertida restauración realizada en el siglo XX, destrozando la reforma barroca y homogeneizando en plan “neo-mudéjar” un edificio que nunca fue homogéneo, han puesto en el camino de cuantos nos hemos acercado a estudiar el templo; explicaré las teorías contradictorias que en torno al mismo se han planteado, sobre todo en lo que a su cronología se refiere; finalmente, hablaré de los descubrimientos realizados en los últimos años que han permitido hallar un punto de encuentro entre todas esas teorías y plantear una completamente nueva lectura histórica del templo en sus primeras etapas, la gótica y la gótico-mudéjar, siendo esta última la que lo singulariza: verdaderamente San Dionisio es un caso especial dentro del mudéjar andaluz.

Iglesia_de_San_Dionisio interior


En fin, que por una vez paso se ser crítico de espectáculo a “artista” enfrentado a un público. Les aseguro que no es fácil, por mucho que esa sea mi labor cotidiana como docente. He trabajado con intensidad y espero que el resultado sea bueno; por lo menos, muy entretenido. A las ocho de la tarde en el interior de San Dionisio, allí en Jerez de la Frontera. Están todos invitados.

viernes, 23 de octubre de 2015

Poemas sinfónicos de Strauss por Solti: de lo bueno a lo genial

En teoría, Sir Georg Solti tenía las cualidades idóneas para interpretar los poemas sinfónicos de Richard Strauss, siempre y cuando –eso por descontado– sintonicemos con el vehemente y muy teatral, antes que sensual, voluptuoso o preciosista, estilo del maestro de origen húngaro. Sin embargo, a la hora de la verdad los resultados oscilaban con cierta irregularidad, de lo que da buena cuenta este ya antiguo doble compacto del sello Decca que he podido repasar: algunas de las interpretaciones se quedan en lo bueno, otras alcanzan lo genial.

Solti Strauss Poemas sinfónicos

El registro más antiguo se remonta a 1973: Don Juan con la Sinfónica de Chicago. Los resultados fueron sensacionales: una recreación de referencia marcada por su electricidad, su brillantez incisiva –nada de opulencia de cara a la galería– y, sobre todo, su altísima temperatura dramática. Todo aquí se desarrolla con un ardor que abrasa –siempre controlado mediante una planificación perfecta–, con una vehemencia desesperada que, pasando por una sección de amor central que mezcla sabiamente erotismo y sabor amargo, conduce al protagonista a una carrera autodestructiva que termina inevitablemente en la aniquilación total: los compases finales, secos y tajantes, no pueden resultar más significativos. Ni que decir tiene que la Sinfónica de Chicago, trabajada siempre con trazo fino desde el podio, responde a las tremendas demandas de la batuta con virtuosismo supremo.

Algo parecido se puede decir del Till Eulenspiegel de 1975 con la misma formación norteamericana: el colmo del virtuosismo orquestal y la claridad en una fogosísima, intensa e imaginativa pero nunca descontrolada versión que sabe ser dramática sin perder la chispa ni el desparpajo juvenil. Hay interpretaciones de similar nivel –pienso ahora en la reciente de Andris Nelsons–, pero no mejores.

Solti Strauss Zaratustra Till Don Juan vinilo

Las cosas no funcionan también con el Also sprach Zarathustra grabado el mismo año, asimismo en Chicago. Como era de esperar, se trata una interpretación más terrenal que filosófica, pero en el buen sentido, de tal modo que Solti realiza su habitual exhibición de músculo, brío bien controlado, electricidad y sentido de los contrastes, entregándonos una interpretación vehemente, escarpada y no poco dramática, brillante en el tratamiento de la orquesta, riquísima –y adecuadamente incisiva– en el color, y siempre de claridad admirable. ¿El problema? Que no solo no está bien descuidar los aspectos más reflexivos y espirituales de esta música, sino que en “Das Tanzlied” el maestro no logra destilar la sensualidad, la magia sonora y –por qué no– el perfume vienés que demanda esta música, y a partir de ahí llega a precipitarse un poco. Una lástima, porque hasta ahí se había tratado de una interpretación, aun con los reparos expuestos, de muy alto nivel.

Entre 1977 y 1978 registró Ein Heldenleben, esta vez con la orquesta más straussiana del mundo, la Filarmónica de Viena. Ya la comenté en la discografía comparada que hice de este poema sinfónico. No me convenció:
“Ni que decir tiene que Solti, enorme straussiano, ofrece una recreación extrovertida, brillante, incisiva y con extraordinaria garra dramática, así como ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro. Lo que ocurre es que en esta ocasión el maestro se muestra un tanto escaso de inspiración, sobrando nervio en el primer número y echándose de menos sensualidad en el segundo, vuelo poético en el cuarto y concentración, profundidad y grandeza en el quinto. Bellísima, eso sí, la sonoridad tanto de la orquesta como de su concertino, Rainer Küchl. La toma sonora no recoge bien la brillantez del campo de batalla.”
Queda la Sinfonía alpina, de 1979, curiosamente grabada con la Sinfónica de la Radio Bávara. Solti vuelve aquí a ofrecer un increíble dominio de las texturas, brillantez a raudales y una vitalidad portentosa, pero lo cierto es que, tras un amanecer muy conseguido, el maestro da una de cal y una de arena alternando pasajes de enorme garra con otros lastrados por la precipitación –le dura solo 44’19’’– en los que las melodías no se desarrollan con la cantabilidad, la grandeza ni la emotividad que la partitura demanda. La orquesta, soberbiamente grabada, funciona a pleno rendimiento bajo la batuta de un maestro que extrae de la misma unos colores más incisivos de lo que en ella es habitual.

Pues eso, apreciables irregularidades siempre dentro de un alto nivel. Heldenleben y Alpina son lo menos bueno. Zaratustra interesa pese a sus altibajos. Las interpretaciones de Till y Don Juan son de referencia y hay que reservarles un lugar de privilegio en nuestra estantería. Si usted nunca las ha escuchado, corra a por ellas.


martes, 20 de octubre de 2015

Vida de Héroe, de Strauss: discografía comparada

Actualización, 20 de octubre de 2015.

Esta entrada se publicó por primera vez el 5 de octubre de 2012. He añadido comentarios a las grabaciones de Karajan 1959, Dohnányi, Jansons 20111, Mehta 2014 y Barenboim 2014. Esta última es tan extraordinaria que no tengo más remedio que bajar un punto a la que registró el de Buenos Aires para Erato, sobre la que ya tenía ciertas dudas en comparación de la suya en Colonia; la filmación de esta última ha desaparecido de YouTube, al igual que el audio de la de Carlos Kleiber, pero por el interés de ambas interpretaciones, y con la esperanza de que vuelvan a circular, he mantenido –ligeramente modificados– los comentarios.También he realizado algunos otros retoques menores.
 
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Teniendo ya tras de sí a Don Juan, Till, Zaratustra y Don Quijote, Una vida de Héroe marcó en 1898 la madurez definitiva de Richard Strauss en el género del poema sinfónico, quien tuvo la oportunidad de evidenciar aquí el dominio absoluto de todos los recursos orquestales y un poderoso instinto teatral que serviría de base para que poco después se adentrase con singular fortuna en el género operístico. La excusa argumental, eso sí, no podía ser más presuntuosa: el Héroe es él mismo, la compañera del Héroe su propia esposa, los enemigos son los críticos que le atacaban, y las obras de paz no son otros que los poemas sinfónicos que había compuesto con anterioridad.

La partitura, aun no siendo en absoluto fácil de planificar y ejecutar, es todo un regalo para mostrar el talento de la batuta y las virtudes de una orquesta, como también la excelencia del concertino de turno, cuyos solos –representando a la compañera del Héroe– resultan fundamentales en el tercer movimiento. No hace falta decir que esta partitura requiere para su disfrute doméstico una toma sonora de cierta calidad: de ahí que he centrado mis esfuerzos en grabaciones recientes, aun a costa de dejar de lado los registros del propio Strauss y de Willem Mengelberg, dedicatorio de la página.


  
1. Krauss/Filarmónica de Viena (Decca-Testament, 1952). Que el director austríaco fuera amigo y colaborador de Richard Strauss no le convierten necesariamente en un intérprete de referencia de su obra. De hecho esta lectura es de un entusiasmo y una vitalidad contagiosos, y el tratamiento incisivo de las maderas resulta muy atractivo, sobre todo en el retrato de los enemigos, pero por desgracia se echa de menos una dosis mucho mayor de vuelo lírico, voluptuosidad y elevación poética, resultando el conjunto algo cuadriculado y muy poco matizado. La parte épica, eso sí, está bien servida, y Willi Boskovsky da buena cuenta de su excelente hacer. La toma sonora resulta desequilibrada en los planos. (7) 



2. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1954). Con un sonido estereofónico increíble para la época –al menos en la edición en Super Audio CD– nos llega  esta visión brillantísima y entusiasta dirigida por un enorme straussiano que en esta ocasión evidenció, todo hay que decirlo, una concentración algo irregular. El tema inicial resulta algo nervioso, sin toda la grandeza expansiva deseable. El retrato de los enemigos es especialmente incisivo y afilado. La compañera está tratada con ternura y sin el menor decadentismo, aunque aún el retrato podía ser más poético. Vibrante y nerviosa la batalla. Magníficamente expuestas, con sosiego y calidez, las obras de paz. El final es en general espléndido, aunque a la coda le falta grandeza. (8)



3. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1959). Recién entrado en su primera madurez y frente a su nueva y flamante orquesta, Karajan hizo una verdadera exhibición de técnica, de virtuosismo, e brillantez bien entendida y de dominio del idioma straussiano con una interpretación caracterizada por su altísimo voltaje emocional y por su vehemencia épica en absoluto epidérmica o nerviosa, sino controlada a la perfección por una batuta sin duda proclive a la exhibición, pero también comunicativa y comprometida a más no poder. Ahora bien, entre tanta incandescencia –que afecta no solo al héroe sino también a su compañera, aquí retratada por un Michel Schwalbé muy temperamental– se echa de menos una mayor profundización en los aspectos más sensuales y amorosos de la página, así como una más desarrollada grandeza humanística en los movimientos extremos de la obra. El retrato de los enemigos, eso sí, está maravillosamente conseguido: ¡qué maderas las de la Berliner Philharmoniker! (8) 



4. Haitink/Concertgebouw (Philips, 1970). Que el joven Haitink era ya un maestro de enorme talento lo demuestra esta Interpretación ortodoxa, magníficamente trazada y ajena a cualquier devaneo sonoro, amén de muy equilibrada en sus componentes. En comparación con su muy posterior grabación de Chicago hay aquí un poco más ardor en el primer número, como también una pizca de más incisividad en el segundo, pero la escena de amor no es en Ámsterdam tan amorosa y sensual, y desde luego todo el final no alcanza el nivel de trascendencia y poesía posterior. La toma sonora, siendo buena, no se puede comparar con el relieve y la gama dinámica de la más reciente. (9)



5. Kempe/Staatskapelle de Dresde (EMI-Brilliant, 1972). Interpretación que fluye con naturalidad y elocuencia, en la que destacan sin duda la elegancia y la cantabilidad de los pasajes líricos, sobre todo en “las obras de paz”, por encima de aquellos más tempestuosos, que se ven seriamente perjudicados por una toma sonora estrecha de dinámica y que impide apreciar con claridad el tratamiento de timbres y texturas. Tampoco convence el final, al que le falta elevación poética. Kempe hizo otros Strauss bastante mejores que este, la verdad. Ni la orquesta ni el violín solista son gran cosa. (7)



6. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1974). Aunque el maestro ya había dado cuenta de su sintonía con la obra en alguna grabación anterior, es en este registro para EMI donde Karajan alcanza la cima interpretativa de la partitura haciendo gala de su absoluto idiomatismo, su gran capacidad para aunar colorido, claridad, opulencia y refinamiento, así como su enorme comunicatividad, pero sin rastro de esos excesos y amaneramientos que dejaron especial huella en sus últimos años. A destacar la grandeza en la presentación del Héroe, la incisividad sin excesivas aristas de los enemigos y, sobre todo, lo incandescente del retrato de la compañera. Los aspectos más sombríos de la obra están asimismo excelentemente recogidos. Magnífico el final, sin ser particularmente profundo. Soberbio el violín. Una de las referencias, sin duda. (10)



7. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1976). Independientemente de que la orquesta sea sensacional –portentoso el violín de Gerhart Hetzel–, el de Graz ofrece aquí uno de los más maravillosos trabajos straussianos de toda su carrera, que ya es decir: ejecución admirable, trazo perfecto, idóneo equilibrio de planos, total ausencia de efectismo, belleza sonora elevadísima y dotada de rigor marmóreo –ni rastro de en absoluto melifluidad–, elocuencia, elevación poética… Para qué seguir. Toda la interpretación esta revestida de un hálito de nobleza y elegante distanciamiento, pero habría que destacar los dos últimos números, paladeados con primor y concentración tales que se alcanza el más alto grado de lo sublime. La grabación es buena, pero se echa de menos mayor gama dinámica en los tutti. El conoció una fugaz edición en compacto en España gracias a Ángel Carrascosa y más tarde apareció en Japón; actualmente, es fácil encontrarlo en la serie Eloquence o en la caja Karl Böhm, Late Recordings. (10)



8. Solti/Filarmónica de Viena (Decca, 1977-78). Ni que decir tiene que Solti, enorme straussiano, ofrece una recreación extrovertida, brillante, incisiva y con extraordinaria garra dramática, así como ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro. Lo que ocurre es que en esta ocasión el maestro se muestra un tanto escaso de inspiración, sobrando nervio en el primer número y echándose de menos sensualidad en el segundo, vuelo poético en el cuarto y concentración, profundidad y grandeza en el quinto. Bellísima, eso sí, la sonoridad tanto de la orquesta como de su concertino, Rainer Küchl. La toma sonora no recoge bien la brillantez del campo de batalla. (7)



9. Celibidache/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (DG, 1979). Una pena que la orquesta se quede corta, como también el violín solista, porque la batuta oscila entre lo muy bueno –la vertiente épica–, y lo sublime –toda la parte lírica– manteniendo un tempo lentísimo pero con buen pulso y ofreciendo pasajes realmente mágicos, de una musicalidad e inspiración excelsas. Sólo se puede reprochar una relativa falta de incisividad al retratar a los enemigos del Héroe. (9)



10. Mehta/Filarmónica de Nueva York (CBS, 1981). No se pueden negar a Mehta brillantez, comunicatividad y dominio de la masa orquestal, pero el maestro indio –segunda de sus grabaciones de Heldenleben–  aborda la partitura con nervio excesivo, no deteniéndose en paladear las melodías con la sensualidad debida y fracasando a la hora de conseguir la hondura, trascendencia y la elevación espiritual deseables. El violín de Glenn Dicterow, más afilado que amoroso. La toma sonora no es todo lo buena que pudiera haber sido. (7)



11. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony y CD DG, 1985). Idiomática, refinada, sensual, brillante y elocuente lectura, riquísima en el color y con un perfecto equilibrio entre ensoñación y carácter épico. Puede resultar algo blanda a ratos, excesivamente ensimismada, y desde luego tendente al espectáculo sonoro, como es norma de la casa, pero aun así termina seduciendo. La interpretación de EMI estaba aún más conseguida, pero esta suena mejor. (9)


 

12. Karajan/Filarmónica de Berlín (Testament, 1985). Otra interpretación de Karajan y los suyos en la misma línea de la registrada en estudio el mismo año, pero aquí en directo y con peor sonido. Para ser genial le falta un poco de sentido del humor y, en el final, de dimensión metafísica. Quizá le sobra un poco de obsesión por la brillantez del sonido, pero es que hablamos de don Heriberto. (9)



13. Barenboim/Chicago (Erato, 1990). Aunque se puede echar de menos un color más rico y una mayor claridad, así como mayor incisividad y sarcasmo en el retrato de los enemigos, el de Buenos Aires triunfa por completo en una lectura amplia, elocuente, atmosférica, sensual y de enorme calado lírico, poco preocupada por la brillantez y con un profundo contenido espiritual. El retrato del Héroe está dicho con grandeza y sin la menor retórica. Más siniestros que caricaturescos los enemigos. Paladeada y muy sensual la compañera. La batalla comienza con enorme impulso y resulta particularmente impetuosa. Las obras de paz poseen una enorme poesía y espiritualidad. En la despedida, paladeada hasta el punto de que Barenboim está a punto de perder el pulso, se subrayan los aspectos dramáticos, incluso trágicos, y se alcanza una enorme profundidad filosófica. El final tiene mucha garra y es más interrogante que afirmativo. Espléndido Samuel Magad. La toma sonora podría ser mejor. (9)



14. Sinopoli/Staatskapelle Dresden (DG, 1991). Una verdadera explosión de la mayor variedad de colores y texturas imaginable de la mano de un Sinopoli extrovertido, brillante y comunicativo a más no poder –pero no por ello superficial o efectista– que sabe inyectar una enorme dosis de tensión sonora, elocuencia y teatralidad a la partitura sin por ello dejar de paladear las melodías con la concentración y voluptuosidad deseables. Le ayudan una orquesta de sonoridad ideal para este autor –muy arrebatado el violín– y una toma sonora francamente buena. La sección final no alcanza la hondura y poesía de un Karajan o un Barenboim, pero en su línea esta recreación del maestro veneciano resulta irresistible. (10)



15. Barenboim/Chicago (YouTube, Colonia, 1993). Barenboim repite y mejora su grabación de estudio añadiendo más incisividad a los enemigos del Héroe y, sobre todo, una dosis aún mayor de temperamento, pasión y arrebato, pero sin renunciar a un control absoluto de los elementos de la orquesta -la claridad vuelve a ser grande, el fraseo carente de precipitación- y a una total ausencia de retórica vacua. En resumen, una maravilla. El violín solista es en esta ocasión Rubén González, que está espléndido. Lástima que la retransmisión en su momento disponible en YouTube ofreciera un sonido monofónico pobre y muy recortado en la dinámica. ¿Conocerá algún día esta filmación una edición comercial decente? (10)



16. Carlos Kleiber/Filarmónica de Viena (1993). Esta es probablemente la grabación sinfónica más famosa de las que nunca han llegado a editarse: Sony promocionó el lanzamiento a bombo y platillo, carátula incluida, pero jamás el compacto se vio en las estanterías. Probablemente a Kleiber se le cruzaron los cables, ya saben.  Por fortuna los aficionados han hecho circular en diversos medios, entre ellos YouTube, el audio de esta lectura rápida y nerviosa, pero en absoluto descontrolada, que seduce por su sensualidad, brillantez, brío y sentido del color y de las texturas, pero en la que, a decir verdad, en determinados momentos se echa de menos mayor reposo y hondura. La bellísima sonoridad de la orquesta compensa semejante insuficiencia. (9)



17. Maazel/Radio Bávara (RCA, 1996). El veterano maestro demuestra por enésima vez su enorme sintonía con el universo de Richard Strauss con esta interpretación brillante, cálida, comunicativa, paladeada sin precipitaciones, pero siempre con buen pulso, perfecta en el idioma, rica en el color y siempre muy elocuente. Hay momentos líricos muy emotivos. La batalla resulta especialmente feroz, un punto estruendosa quizá. Solo falla la sección final, no todo lo elevada que debiera y con una coda ruidosa y efectista, un punto vulgar. (9)



18. Dohnanyi/Philharmonia (Signum, 2001). Estimable pero en absoluto excepcional –faltan espacio y claridad– toma sonora que recoge un concierto en el que la Philharmonia pone en evidencia que no es tan grandísima orquesta como antes –primer violín un tanto neutro– y el maestro alemán, titular por aquellas fechas de la formación londinense, se muestra antes como un profesional de contrastada musicalidad y gran solvencia que como un inspirado intérprete de la partitura straussiana. Todo está en su sitio, ciertamente, y además la batuta ofrece vehemencia controlada, entusiasmo y sentido de los contrastes –incisiva, vibrante la batalla-, pero el tema principal se expone siempre con exceso de nervio y hay muchas frases en los que se echan de menos esa sensualidad, ese lirismo y esa elevación poética de los más grandes recreadores de la página, particularmente en toda la sección de las hazañas del héroe. El final sí que es muy hermoso. (8) 



19. Jansons/Concertgebouw (DVD RCO, 2004). Interpretación muy sólida, ortodoxa, brillante pero no del todo inspirada, también un tanto tosca en su sonoridad, con un violín –Alexander Kerr– algo dulzón en el final apenas controlado por una batuta preocupada de preparar una coda de lo más efectista. Así las cosas, la cálida, flexible y suntuosa sonoridad de la increíble orquesta holandesa es el gran atractivo de esta lectura registrada con imagen y sonido espléndidos. Existe una edición paralela en formato SACD. (8)



21. Luisi/Staatskapelle de Dresde (Sony, 2007). Contando con la baza de una orquesta ideal para el autor que, por si fuera poco, luce de maravilla gracias a una espléndida toma sonora –enorme disfrute en Super Audio CD–, el maestro genovés nos ofrece una interpretación fresca y animada, quizá no especialmente sarcástica en el retrato de los enemigos, que sobresale por su intensidad, por su sinceridad y por su total alejamiento del exhibicionismo sonoro, aunque desde luego la brillantez y la riqueza tímbrica están garantizadas. Admirable los pasajes más líricos y evocadores, en los que la batuta muestra una admirable concentración y una gran capacidad para ofrecer ternura sin caer en lo blando ni en lo excesivamente ensoñado. La partitura se ofrece con su final original en pianísimo, lo que a mi modo de ver es más que una curiosidad. (9)



22. Haitink/Chicago (CSO-Resound, 2008). El holandés repite e incluso mejora su antiguo registro en Ámsterdam en esta interpretación objetiva, sobria, ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro –no hay exceso alguno–, maravillosamente paladeada, desarrollada con naturalidad, jamás precipitada y colocada en el punto justo de equilibrio entre incandescencia y carácter contemplativo, sin arrebatos ni decadencia mal entendida. Quizá a los dos primeros movimientos les falte un punto de imaginación y compromiso; por ejemplo, en el grado de acidez en el retrato de los enemigos. Pero la compañera del Héroe está tratada con una dulzura sensual y amorosa ajena a cualquier blandura, y no solo por la intervención excepcional de Roberto Chen. Todo el último movimiento alcanza la excepcionalidad, haciendo gala de una hondura, poesía y sentido de lo trascendente insuperables. Si tienen un reproductor de Super Audio CD, menos razones hay aún para dudar de la compra. (10)


 

23. Nézet-Séguin/Filarmónica de Rotterdam (BIS, 2010). He aquí otra magnífica toma sonora, también en formato SACD compatible, que recoge con naturalidad y amplia gama dinámica la riqueza sonora straussiana e incluso logra que la orquesta de Rotterdam, solvente y voluntariosa sin más, parezca mejor de lo que es. Por desgracia la dirección del joven maestro canadiense está por debajo de lo que deberíamos esperar de alguien que en otras ocasiones ha demostrado un gran talento. La concertación es muy buena, sin duda, el fraseo es muy elegante y se ofrece una incisividad muy especial a la hora de retratar a los enemigos, pero la aproximación a la partitura carece del fuego, la energía y la grandeza –que no grandiosidad– que debería tener, hasta el punto de que el Héroe resulta poco viril, incluso algo mojigato. Tampoco la compañera –el violinista Igor Gruppman anda tan despistado como la batuta– aparece retratada con toda la humanidad deseable, sino más bien cargada de tópicos femeninos. Más bien bastorro el clímax final. (7)



24. Jansons/Sinfónica de la Radio Bávara (DVD y Blu-ray Arthaus, 2011). Siete años después de su grabación junto a la Concertgebouw, Jansons vuelve a dar buena muestra de su afinidad con Richard Strauss con una interpretación idiomática, brillante e irreprochablemente sonada en la que, como era de prever, son mayores la solvencia, la profesionalidad y el buen hacer que la verdadera inspiración. Faltan sensualidad, grandeza, garra en los clímax, imaginación a la hora de aportar matices expresivos y, sobre, vuelo poético. De nuevo el violín se muestra algo dulzón en sus intervenciones finales –cosa de Jansons, pues, no de los respectivos concertinos– y en la coda se vuelve a recurrir al efectismo. Imagen y sonido son de mucha calidad –en surround las trompetas of-stage suenan por un lateral–, pero cosas aún mejores se han escuchado en este formato. (8)




25. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). El discípulo de Jansons consigue con este Richard Strauss la cuadratura del círculo. La interpretación es lenta según el reloj, pero no hay el menor asomo de pesadez gracias a una extraordinaria planificación de las tensiones internas, sin relajarse demasiado en “la compañera del Héroe”. Es brillante, descriptiva y colorista, pero en absoluto superficial, y menos aún ruidosa. Es sensual pero para nada hedonista. Y es sobre todo una lectura fogosa, temperamental, comunicativa y “echada hacia adelante”, pero logra evitar el problema  que tal opción suene traer con ella (Solti, Carlos Kleiber), a saber, el nerviosismo y la falta de carácter reflexivo, porque el trazo es fluido, desprende naturalidad y “respira” de la manera adecuada. Sensacional Daishin Kashimoto. La filmación está disponible, previo pago, en la web de la orquesta. (10)



26. Mehta/ Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, enero 2014). De nuevo Mehta más artesano que artista en una recreación incuestionablemente poderosa, elocuente y bien trazada, pero más atenta a la opulencia del sonido que a la claridad del entramado orquestal o a la riqueza del color, a la brillantez que al detalle expresivo, y por ende un tanto plana e incluso superficial; en este sentido, a las obras de paz le falta una buena dosis de sensualidad y vuelo poético, y en el final se echa de menos verdadera trascendencia. Si no fuera por la portentosa Sinfonía Doméstica que tiene también en la Digital Concert Hall, se podría pensar que el maestro indio no da más de sí en este repertorio. La orquesta, ideal para la obra, y muy lírico y hermoso –pero no dulzón– el violín de Andreas Buschatz. (8)


 

26. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (DG, 2014). Frente a una Staatskapelle de Berlín en plena forma, menos brillante pero más cálida y sensual que la formación norteamericana, y por ende más adecuada para las maneras de hacer de Barenboim en los últimos años, ofrece el maestro una interpretación mucho más madura, elevada y trascendente que la ya magnífica de Erato, además de más clara, más sensual, y también más irónica cuando debe. Quizá pierde un poco de carácter inflamado y combativo, al tiempo que gana en sensualidad, en colorido, en voluptuosidad, incluso en ese hedonismo sonoro que a Barenboim no suele hacerle mucha gracia, pero imprescindible en Richard Strauss. Gana también en cantabilidad, en la creación de grandes arcos melódicos que respiran como si se tratase de la voz humana. Y gana, sobre todo, en elevación espiritual y sentido de lo trascendente, que ya se apreciaban en la grabación de Chicago pero ahora son superiores: los dos últimos movimientos, recreados con particular lentitud y delectación, resultan sublimes. Pero no todo se ha transfigurado, porque el carácter encrespado, el amargor y el sentido trágico del Barenboim “de siempre” siguen ahí, algo que se hace muy evidente en la aspereza terriblemente trágica de la sección “de alarma” (de muerte, en realidad) situada antes del final. El concertino Wolfram Brandl está formidable en su retrato, no solo amoroso sino también con mucho temperamento, de la amada del Héroe. En realidad, toda la orquesta realizó una labor sensacional: increíbles las maderas recreando con especial saña (¡mucho mayor que en Chicago!) a los enemigos del protagonista y paladeando con emotividad las citas a los poemas sinfónicos precedentes. La síntesis de todos estos elementos da como resultado la que quizá sea la mejor interpretación de todas las comentadas. Espléndida la toma sonora, especialmente en HD-Audio. (10)

sábado, 17 de octubre de 2015

Tatiana Melnychenko en Baeza

Por iniciativa de un viejo y querido amigo que sabe mucho más de voces que yo, acudimos el pasado domingo 11 de octubre al precioso paraninfo de la antigua universidad de Baeza para escuchar un recital de la soprano ucraniana Tatiana Melnychenko, quien aprovechando sus actuaciones como Abigaille en el Liceo había bajado hasta la ciudad jiennense para comprometerse con un ciclo musical organizado por la Asociación Diferarte –muy loable iniciativa– con el apoyo logístico y económico –entradas gratuitas– del ayuntamiento local. Mereció la pena.

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Quien conozca mis gustos sabe que valoro mucho antes la interpretación que las cualidades puramente físicas de una voz –ya he dicho muchas veces que no pertenezco a ese grupo de melómanos que se autoproclaman auténticos aficionados a la ópera–, pero debo confesar que a mí tampoco me amarga un dulce. Yo también me derrito ante una voz como la de esta señora, una soprano dramática de las de verdad, dueña de un instrumento de una robustez y potencia extraordinarias, riquísimo en armónicos, vibrante por arriba –con alguna excusable estridencia–, carnoso en el centro y holgadísimo en el grave sin que esta zona suene truculenta ni tramposa. Su fiato es muy amplio y le permite frasear con holgura y cantabilidad admirables. Posee, además, un temperamento vehemente y apasionado puramente operístico que quedó bien de manifiesto incluso en un recital casi “de cámara” como el que tuvo lugar en Baeza, en un recinto pequeño y acompañado únicamente del piano del director musical del ciclo, el también ucraniano Mikhail Studyonov.

Es además Melnychenko una artista de resistencia sorprendente, pues hay que tener mucho aguante (¡y muchísima voz!) para cantar de un tirón, con un único intermedio –Studyonov tocó algunos Preludios de Chopin mientras la soprano descansaba–, las arias de Wally, Lauretta, Mimí, Musetta, Tosca, Norma, Abigaille –las dos, cabaletta incluida– y Leonora de Vargas. Una auténtica barbaridad. Y las cantó además estupendamente, con la excepción de las dos que corresponden a Nabucco, en las que ya se encontraba cansada y no pudo con todas las terribles diabluras de la comprometidísima escritura vocal de Abigaille. En el vídeo que tienen a continuación lo hace mejor, por cierto.

¿Reparos? Aparte del que acabo de exponer, que me deja ciertas dudas sobre si se trata de una verdadera dramática de agilidad –el YouTube me hace decantarme por una respuesta afirmativa–, las características del instrumento no permiten muchas facilidades a la hora de regular el sonido y descender a matices expresivos. Tampoco Melnychenko parece muy atinada a la hora de diferenciar compositores. Así las cosas, no fue fácil distinguir a las delicadas heroínas puccinianas –que no sonaron muy centradas ni en el estilo ni en la expresión– de las tremendas burracas verdianas, las cuales pueden, cuando pula un poco más la técnica para descender al detalle, encontrar en Melnychenko una recreadora de primerísima categoría de esa que los más grandes teatros de ópera andan buscando de manera desesperada. Con un buen maestro y trabajando duro con grandes directores frente a la partitura, podría convertirse en la estrella deseada. Hay que estar atentos.

Por lo demás, una velada de enorme categoría para Baeza y un pleno disfrute para los melómanos. Enhorabuena a la organización y que no decaiga el próximo año.

jueves, 15 de octubre de 2015

El Strauss de Maazel a los treinta y dos

Disco poco conocido: Zarautstra y Till de Richard Strauss grabados en el desaparecido Kingsway Hall de Londres en junio de 1962 por un Lorin Maazel de treinta y dos años de edad frente a la Philharmonia Orchestra, en una producción de Walter Legge con las características de sonido propias de las realizaciones del señor marido de la Elisabeth Schwarzkopf. Yo lo he escuchado en un trasvase a compacto acompañado por un Don Juan de 1980 con Previn y la Filarmónica de Viena, que ahora no voy a comentar.

Maazel Strauss Philharmonia Columbia

En Also sprach Zarathustra, el joven Maazel deja constancia de una técnica formidable a la hora de levantar el edificio sonoro, haciéndolo con perfecto equilibrio de planos, muy apreciable claridad, gran sentido del color y notable brillantez, pero lo cierto es en esta versión sin duda vistosa y por momentos muy encendida, hay momentos de excesivo nervio, no se alcanza toda la grandeza necesaria –la Introducción, sin ir más lejos– y se echa de menos esa particular sensualidad refinada, ese lirismo un punto decadente y lleno de magia sonora, que desarrollará con posterioridad y le permitirá veintiún años más tarde ofrecer una de las más grandes lecturas discográficas de la obra: la que grabó con la Filarmónica de Viena en 1983 para Deutsche Grammophon.

Mejor funciona Till Eulenspiegels lustige Streiche, una lectura lógicamente juvenil, extrovertida, de gran sentido teatral, planificada de manera admirable y por ende muy clara, adecuadamente rica e incisiva en el timbre, pero –como el Zaratustra– fraseada con exceso de vehemencia e incluso por momentos más nerviosa de la cuenta, amén de no muy sensual ni evocadora cuando debe; se añora de nuevo –por ejemplo, en la introducción y en el final– ese particular abandono sensual propio de la música de Strauss. La Philharmonia, en cualquier caso, está magnífica, y sus maderas aportan ese carácter agrio y esa dosis de mala leche propias de su titular, el personalísimo y genial Otto Klemperer, y que tan bien le sientan a esta partitura.

¿Conclusión? A principios de los sesenta Maazel tenía ya un talento extraordinario, pero aún tendrá que dejarlo madurar durante un tiempo. Disco para curiosos.

martes, 13 de octubre de 2015

El peor Lang Lang

Creo que nadie duda que Lang Lang posee una técnica pianística absolutamente descomunal, no solo en lo que a dedos se refiere sino al dominio pleno de todas las posibilidades de instrumento. Sí que hay personas que dudan que su talento interpretativo esté a la misma altura, aunque yo no comparto esa idea: este señor hace cosas absolutamente increíbles cuando está inspirado, que es lo que ocurre en la mayoría de los casos.


Pero sí que pienso que a veces se preocupa mucho antes de mostrar lo ponerse al servicio de la partitura. Es justo lo que ocurre en el celebérrimo Rondo alla turca de Mozart que pueden escuchar a continuación, y del que hace el mismo destrozo en el Mozart Album editado por Sony Classical que acaba de llegar a mi poder. A mi juicio, un verdadero horror, pero prefiero que decidan por ustedes mismos. Me parece que el álbum completo tardaré en escucharlo.

domingo, 11 de octubre de 2015

La Séptima de Mahler de Klemperer

Grabada entre los días 19 y 28 de septiembre de 1968 en el Kingsway Hall de Londres, esta Séptima sinfonía de Mahler es probablemente el experimento más radical de toda la carrera de Otto Klemperer: una versión “deconstructiva” que consigue el milagro de estar dicha con una lentitud extrema pero manteniendo una asombrosa tensión interna, lo que unido al perfecto equilibrio polifónico con que trata las texturas orquestales permite alcanzar una claridad pasmosa que descubre mil y un detalles de la genial orquestación mahleriana, todo ello sin dejar de ofrecer esa sonoridad granítica propia del anciano maestro, que maneja de manera verdaderamente prodigiosa a la New Philharmonia Orchestra. 

Otto_Klemperer-Mahler_Symphony_No_7_2011-Remaster

Pero es que además de levantar tan enorme edificio sonoro con tan reveladora perfección técnica, el maestro de Breslau se lanza a subrayar todo el trasfondo dramático, siniestro y opresivo de la página –descomunal el primer movimiento–, sintiéndose además como pez en el agua en su humor negro –corrosivo y un punto grotesco el tercero, antes que turbulento–, mientras que cuando tiene que resultar amable, delicado y sensual opta por distanciarse y hacer uso de su habitual socarronería –el segundo, de una lentitud que puede irritar– o por un lirismo sobrio pero dulce –mágico el final del cuarto– sin llegar al empalago.

Lo más discutible y lo más genial, en cualquier caso, es el quinto movimiento, donde el maestro parece querer enfrentarse a esa concepción dionisíaca y fogosa que parece pedir la escritura para, por el contrario, ofrecer una visión amplia, contenida, paladeando las melodías con una hondura humanística impensable en esta página y haciendo que el triunfalismo un tanto explosivo y no del todo creíble sea sustituido por una grandeza épica de fuerza arrolladora.

En conjunto, la versión de un genio al que no le gustan el lenguaje mahleriano ni sus presuntos mensajes y prefiere optar por una interpretación analítica, intelectual y llena de sarcástico distanciamiento. ¿Y por qué vengo yo ahora contando esto que sabe todo el mundo? Pues porque si remasterización de 2011 ya mejoraba el prodigio realizado por los ingenieros de EMI, con la copia en HQ 96/24 que circula por la red el goce es ya absoluto. Dicho queda.


viernes, 9 de octubre de 2015

Valses de Chopin por Lipatti

Me surge la oportunidad de escuchar, en un nuevo reprocesado –año 2011– y en formato HQ 96/24, esta grabación de los catorce Valses de Chopin registrada por Dinu Lipatti en Ginebra entre los días 3 y 12 de julio de 1950, tan solo unos meses antes del muy prematuro fallecimiento del pianista rumano –treinta y tres años–, para el sello EMI. Le pregunto a mi amigo Ángel Carrascosa si merece la pena y me contesta que a él le hace poca gracia. Rebusco por internet y encuentro a quienes afirman que es poco menos que la mejor interpretación de una obra de Chopin jamás llevada al disco. Al final me he puesto a escucharla: aunque hay aquí cosas muy apreciables, me encuentro más cerca de Ángel que de los entusiastas de Lipatti.

Chopin Waltzes 2011 Remaster

¿Virtudes de este Chopin? Primero, un sonido muy hermoso pero que mantiene la densidad y la fuerza viril que esta música necesita, y por ende sin caer en la tentación de la blandura o el preciosismo. Segundo, una técnica impecable que se traduce en una apreciable agilidad digital, una buena amplitud en la gama dinámica y gran riqueza de colores y texturas. Tercero, un fraseo flexible y variado, atento a los matices y a los aquí imprescindibles rubatos, en el que no faltan detalles de buena sensibilidad. Cuarto, un manifiesto entusiasmo a la hora de tocar: escuchando esta grabación no hay quien se aburra.

¿Limitaciones? En los valses más íntimos, Lipatti se muestra muy sensible y musical, y termina convenciendo con la elegancia de su fraseo, por mucho que entienda esta música desde un ángulo algo salonesco y cosas más interesantes –léase profundas, incluso dolientes– se hayan escuchado, pero en los más extrovertidos confunde brillantez y arrebato con precipitación, con falta de cantabilidad e incluso con machaconería.

Así las cosas, en valses como los nº 9 y 12, por ejemplo, las cosas funcionan de manera muy satisfactoria,  Por el contrario, piezas como los nº  4 y 5 –los que abren el disco, Lipatti los ordena a su gusto–, o también el nº 1, llegan a irritar por su precipitación y carácter trivial. Finalmente hay otros, como el nº 7 o el nº 10, que aun conociendo interpretaciones apreciables hubieran ganado con un poco más de reposo, de sensualidad y de ese abandono no amanerado, sino profundamente emotivo, que caracteriza la música chopiniana.

La toma sonora es francamente buena teniendo en cuenta la fecha de grabación. Recomiendo la audición, por lo bueno y por lo menos bueno. Conviene conocer la herencia del pasado, por mucho que a algunos nos parezca que algunos presuntos tesoros no son para tanto.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Al cine con John Mauceri y la LPO

Hacía tiempo que John Mauceri (Nueva York, 1945) no grababa nada de música de cine, y de pronto ha vuelto al género en el que tanto se prodigó allá por los años noventa por partida doble. Primero, con un disco dedicado a Hitchcock que de momento no ha llegado a mis manos, aunque mientras escribo estas líneas lo estoy escuchando a través de Spotify. Segundo, con un doble compacto del sello de la London Philharmonic Orchestra que recoge un concierto ofrecido por la formación británica el día 8 de noviembre de 2013 dentro del festival The Rest is Noise, inspirado en el libro homónimo de Alex Ross. Este sí que lo he pillado, así que voy a decir algunas cosillas.

Mauceri Genius Film Music

El programa en principio carece de lógica alguna, no encuentra coherencia ni hilo argumental más allá de que todas las partituras fueron escritas para la pantalla grande, pero las notas escritas por el propio Maureci, modélicas y en muchos aspectos reveladoras, nos pone sobre la pista: ofrecer un panorama lo suficientemente variado de la composición para el cine desde los años sesenta hasta los ochenta, revelando una serie de lenguajes tan eclécticos como atractivos que logran el milagro de ser al mismo tiempo populares y cultos, accesibles para todos –el requisito de la comunicación es imprescindible– y rigurosos en la escritura, planteando unas vías musicales alternativas y llenas de posibilidades frente al “compromiso con la modernidad” que se ha exigido –y se sigue exigiendo, pues los oscuros inquisidores de la vanguardia siguen en activo– a quienes componen para las salas de concierto.

Programa, ya digo, tan variado como lleno de interés. Tras la celebérrima fanfarria de Alfred Newman para la 20th Century Fox viene lo más valioso del disco: Cleopatra Symphony, arreglo del propio maestro neoyorquino enlazando los momentos más importantes de la partitura de Alex North para el filme protagonizado por Elizabeth Taylor. El doble CD de Varèse Sarabande con la banda sonora completa, además de sufrir una toma sonora mediocre, resulta interminable en su audición, pero estos veinticinco minutos recogen música de excepcional calidad en la que los atrevimientos tímbricos y armónicos de North enganchan de inmediato, al tiempo que emocionan sin remedio los dos bellísimos temas de amor.

A continuación, una suite de la música escrita por Nino Rota para las dos primeras entregas de El Padrino, arregladas con enorme acierto por Mauceri siempre siguiendo las partituras originales– para componer, mucho antes que una suite de temas más o menos convencional, un fascinante mosaico de estilos –de la ópera al jazz pasando por la música popular–, atmósferas y connotaciones expresivas. Además, se escuchan temas que no aparecían por ninguna parte en los discos de las respectivas bandas sonoras, mal grabadas y pobremente editadas. He hecho la prueba, y estos quince minutos se disfrutan más que los referidos compactos.

La primera parte se cierra con la pegadiza y espectacular cabalgada de los cosacos de Taras Bulba, que no aporta nada en especial porque ya la había grabado fabulosamente –y con toma sonora sensacional– en los años setenta Charles Gerhardt en su fabuloso registro dedicado a Franz Waxman.

No descubro nada nuevo diciendo que la música de Bernard Herrmann para Psicosis es una de las partituras más descomunales escritas nunca para el cine, no solo por su calidad musical intrínseca, sino también por su inteligencia a la hora de dialogar con la imagen, además de una lección magistral sobre como sacar provecho tímbrico de una orquesta de cuerda. Curiosamente, fue John Mauceri la primera persona que ofreció en concierto esta suite preparada para el disco por el propio Herrmann. Hace poco lo han hecho nada menos que Rattle y la Berliner Philharmoniker, y de manera espléndida. No menos bien están aquí la London Philharmonic y un Mauceri plenamente entregado a ofrecer acentos expresivos.

Se escucha con agrado la suite de Mutiny on the Bounty, aunque a mí la música de Bronislaw Kaper me parece un tanto impersonal. Estupendo el fragmento “The New Enterprise” de la primera de las películas de Star Trek, demostración de que Jerry Goldsmith no solo dominaba rítmicas straviskianas y tímbricas novedosas, sino también las melodías épicas de alto vuelos; no vamos a ocultar, todo hay que decirlo, que tanto el compositor como la batuta terminan sucumbiendo a la tentación del decibelio. El contraste con el “Deborah’s Theme” de Once Upon a Time in America, puro Ennio Morricone en modo melancólico –Mauceri detecta ecos de Mahler– aunque pasado por el filtro del arreglo de Henry Mancini, no puede ser más grande.

La propina la pidió la orquesta, porque fue ella la que grabó la banda sonora original: temas principales de Lawrence de Arabia, muy abreviados para la ocasión por Mauceri. Como curiosidad, en los títulos de crédito de la cinta de David Lean se aseguraba que la batuta la empuñaba Adrian Boult, pero lo cierto es que el maestro británico, como afirmó en una entrevista el propio Maurice Jarre, no dirigió una sola nota de la partitura.

La toma de sonido no termina de convencer debido a la problemática acústica del Royal Festival Hall, pero posee presencia y relieve. Ojo: una vez que me compré el doble compacto, descubrí que venden on-line una descarga en alta definición que debe de sonar bastante mejor. ¡Lástima no haberlo sabido antes! Por lo demás, un disco que recomiendo a todo el mundo, desde los que ya tienen mucha música de cine en su casa hasta los que apenas conocen nada. Eso sí, los que opinan que esto no es “música de verdad”, abstenerse.

lunes, 5 de octubre de 2015

Nelsons en Lucerna: sensacional Haydn, notable Mahler

El canal Arte tiene colgada durante varios días una filmación del concierto que podría ser la despedida de Andris Nelsons –no sé si aún tiene algún programa más concertado– de sus apariciones veraniegas frente a la Orquesta del Festival de Lucerna, pues ésta ha preferido dejar al maestro letón al margen para nombrar como nuevo titular al cada día más perdido –más insulso, más pretencioso, más mediocre– Riccardo Chailly, quién a su vez deja Leipzig para ser sustituido… ¡precisamente por Nelsons! Verdadero juego de tronos que no hay quien entienda, eso desde luego. A lo que vamos: Sinfonía nº 94 “sorpresa” y Quinta sinfonía de Mahler en los atriles.

Absolutamente extraordinaria la Sorpresa. Tradicional en concepto aunque no ajena en lo formal a las corrientes historicistas, Nelsons nos entrega un Haydn modélico que no solo suena a eso, a Haydn, no a Mozart o a Beethoven como les pasa a otros, sino que está trazado de manera admirable y dicho con un entusiasmo, una fuerza comunicativa y una intensidad expresivas para quedarse de piedra. Vitalidad, sentido del humor, rusticidad bien entendida, espíritu de danza –magnífico el tercer movimiento, nada pesante–, impulso dramático… Todo está aquí en su punto justo, expuesto con absoluta precisión, acertadísimos matices y con una sonoridad que sabe encontrar el punto justo entre ligereza y densidad. Lo dicho, puro Haydn. Me decía Ángel Carrascosa –y escribía algo parecido en su blog– que esta es probablemente la mejor interpretación de la Sinfonía nº 94 que existe. Yo no puedo realizar semejante afirmación, porque en mi discoteca solo tengo ocho grabaciones, pero sí que digo que no consigo imaginar una lectura aún mejor que la de Nelsons en Lucerna.

La Quinta de Mahler se parece bastante a la que ofreciera frente a la Filarmónica de Berlín el pasado mes de abril, comentada aquí: interpretación antes apolínea y luminosa que dionisíaca, pero en cualquier caso maravillosamente realizada tanto por parte de la batuta –portentosa la planificación– como por la de la excelente orquesta. Aunque no he podido compararlas, me da la impresión de que el primer movimiento está ahora algo más conseguido. El segundo, poderosísimo pero siempre bajo un férreo control, vuelve a ser formidable. El tercero es una maravilla si se comparte esta visión amable, nada demoníaca, de la página; he encontrado ahora pasajes de un lirismo digamos que espiritual muy hermoso. El Adagietto me ha parecido ahora más amanerado que antes, poco emotivo y un tanto insincero. Irreprochable el Finale, de nuevo optimista y muy jovial. Gran interpretación, pues, aunque a mí no me motive especialmente porque el concepto no es de mi gusto.

Y ahora, a ver quién tiene dinero para ver a Nelsons, el próximo mes de noviembre, recalando en Madrid dentro de su gira europea con esta orquesta a la que aún tiene la oportunidad de dirigir. Linz de Mozart y precisamente la Quinta de Mahler en el programa. Haré cuentas y me lo pensaré.

Ah, el vídeo en cuestión de momento puede verse aquí, además de en el YouTube que les he dejado arriba y que van a quitar en cualquier momento. Dense prisa.

PS. Ya han quitado el YouTube, claro.

sábado, 3 de octubre de 2015

Concierto para violín de Korngold: discografía comparada

Actualización  03-10-2015

Añado comentarios sobre las interpretaciones de Armstrong/Marriner, Hope/Shelley  y Shaham/Mehta, esta última recientísima: de la semana pasada.


Actualización 27-02-2014

Esta entrada se publicó originalmente el 5 de marzo de 2010. Ahora he añadido comentarios sobre las interpretaciones de Schmidt/Ozawa, Quint/Prieto, Gluzman/Järvi, Korcia/Kantarow y Steinbacher/Foster. Hay cosas muy interesantes en alguna de ellas, aunque la de Gil Shaham con Previn sigue en su pedestal. No he cambiado nada en los comentarios anteriores.
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Un Korngold afincado ya definitivamente en California y nacionalizado estadounidense estrenó su concierto para violín en 1947 como intento de recuperar el prestigio que lustros atrás había obtenido en Viena y borrar, de paso, su etiqueta de “autor cinematográfico”, pese a que paradójicamente reutilizó en su partitura varias melodías procedentes de su trabajo previo para el medio fílmico. Para su desgracia, el compositor vienés nunca volverá a ser considerado como lo había sido en su juventud, aunque la bellísima partitura se convierte en un éxito y aún hoy es la más grabada del autor. Comparamos aquí buena parte de las versiones que circulan por el mercado discográfico.





1. Heifetz. Wallestein/Los Ángeles (RCA, 1953). Korngold se deshizo en elogios ante la interpretación que el mítico violinista lituano realizó de su obra con motivo de su estreno. No es para menos, porque al mismo tiempo que su virtuosismo resulta deslumbrante, Heifetz se muestra –al menos en este registro seis años posterior– muy centrado y voluntarioso en lo expresivo, y desde luego no trata a la página como una mera partitura de lucimiento. Ahora bien, la comparación con lo que ha venido después hace que su lectura nos deje con una notable sensación de frialdad, convenciéndonos tan solo en un tercer movimiento lleno de brillantez. La dirección es más que solvente, pero solo eso. (7)




2. Perlman. Previn/Pittsburg (EMI, 1980). Las cosas cambiaron sustancialmente con esta interpretación intensa, muy extrovertida, apasionadísima –pero siempre controlada– en la que Perlman luce su sonido afilado y un enorme virtuosismo. André Previn, que por entonces no tenía muy lejanos sus tiempos de Hollywood, dirige con sabiduría y sinceridad para controlar en todo momento fuego de las emociones. Eso sí, podría desplegar aún más sensualidad, sobre todo en el movimiento central, aunque en contrapartida el tercero ofrece un entusiasmo y una jovialidad inigualables. Lástima que la toma sonora deje que desear para la época. (9)




3. Shaham. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1993). Lo de Shaham con esta obra no tiene nombre. Dueño de un sonido pleno, firme, varonil, no afilado pero tampoco blando ni amanerado, hace gala de una musicalidad importantísima y de una absoluta perfección en el estilo, alcanzando el punto justo de equilibrio entre extroversión y decadentismo sin caer en la menor afectación. La dirección de Previn resulta muy sobria y sincera, realizando un asombroso análisis orquestal y sintonizando con el solista en un segundo movimiento más adusto y menos evanescente de lo esperable. Esta es, en conjunto, la versión más redonda e indiscutible de todas. (10)




4.Magad. Jansons/Chicago (CSO, 1994). Se trata de una toma radiofónica editada por la propia orquesta en un doble compacto dedicado a sus solistas. En esta obra es el protagonista uno de sus antiguos concertinos, Samuel Magad. Sin duda un notabilísimo violín, de bello sonido, ágil y musical, todo un lujo para la orquesta, aunque en lo interpretativo no diga nada en particular y se eche de menos el fuego y la garra de los grandes. Mariss Jansons apuesta por un enfoque ante todo sensual, lírico y decadente, esto último quizá demasiado. Al arriesgarse por unos tempi más bien lentos no evita que la tensión decaiga en algún momento. Carece además de la garra y el entusiasmo deseables, sobre todo en el tercer movimiento. (7)




5. Juillet. Mauceri/Radio de Berlín (Decca, 1995). El director neoyorquino mostró creer firmemente en la creación musical de Korngold cuando grabó varias de sus obras (entre ellas la monumental ópera El milagro de Heliane) para la serie Entartete Musik de Decca, dirigiendo siempre con irreprochable idioma, pulso firme y gran sinceridad expresiva. Por desgracia al registrar este concierto tuvo a su lado a una violinista de sonido algo débil y sin el necesario punto de compromiso expresivo e inspiración. El resultado es una notable pero no excepcional lectura con un primer movimiento algo más decadente de la cuenta, un segundo lírico y sensual sin toda la magia deseable y un tercero que se ha escuchado en otras ocasiones bastante más arrebatado. (8)




6. Kavakos. Wolff/Radio Frankfurt (DVD Arthaus, 2001). Sin ser la más recomendable de todas, casi resulta obligatorio escuchar esta interpretación altamente renovadora tanto por parte de la batuta como por la del solista, pues adoptan ambos una visión mucho más doliente y dramática de lo habitual. Destaca en este sentido un amargo y doloroso segundo movimiento en cuyos pliegues más oscuros sólo Perlman y Shaham, ambos con Previn, habían comenzado a indagar. Impresionante el sonido poderoso y en absoluto narcisista del violín, así como la concentradísima labor del excelente director norteamericano. El DVD incluye un interesantísimo documental y excelentes interpretaciones de otras obras del autor. Lástima que no haya sonido multicanal. (9)



7. Mutter. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 2003). Un comienzo sollozante y lleno de portamenti anuncia ya una interpretación insincera, romanticoide, de cara a la galería, con numerosos pasajes blandos y amanerados. Eso sí, el sonido de la Mutter es incomparable, lo mismo que su virtuosismo. Tampoco la chica anda escasa de imaginación. Misterioso y evanescente, mucho antes que dramático, el segundo movimiento: aquí Previn se pliega ante las demandas de su esposa. Arrebatadores los pasajes trepidantes del tercero, aunque en las secciones líricas vuelven las blanduras y el resultado termina resintiéndose. La dirección es globalmente magnífica, más intensa aunque quizá menos clara que con Perlman y Shaham. (7)




8. Hahn. Nagano/ Deutsche Symphonie-Orchester Berlin (DVD DG, 2004). Al igual que había hecho Hugh Wolff, Kent Nagano intenta apartarse de lo decadente y voluptuoso para apostar por una dramática sobriedad. Por eso mismo su visión resulta algo unilateral, echándose de menos magia y sensualidad en determinados momentos. Como además hay algunos pasajes no todo lo trabajados que debieran, el resultado no es tan satisfactorio como el del citado Wolff. Eso sí, resulta impresionante Hilary Hanh por sonido, virtuosismo y palpitación interna, mostrándose intensísima sin dejarse llevar por el menor amaneramiento: es decir, ofrece las mismas virtudes que la Mutter y ni uno solo de sus defectos. La excepcional labor de la violinista de Virginia compensa la algo irregular de la batuta. (9)



9. Benjamin Schmidt. Ozawa/Filarmónica de Viena (OEHMS, Salzburgo 2004). La musicalidad sensual, evanescente, hedonista e hiperrefinada del maestro oriental, siempre asombrosa por su plasticidad y manejo de las texturas, encuentra en la Filarmónica de Viena la compañía ideal para ofrecer una interpretación lírica y ensoñada a más no poder, fraseada con morbidez, decadentismo bien entendido y auténtica magia sonora, todo sin descuidar, venturosamente, el desparpajo, la vitalidad y el sentido del humor del tercer movimiento. El vienés Benjamin Schmidt le sigue a la perfección en sus planteamientos haciendo gala de un sonido bonito, más frágil que vigoroso, y un temperamento inclinado a la delicadeza y ensoñación, amén de un virtuosismo más que sobrado. La toma sonora, menos buena de lo deseable para la fecha, recoge no solo las abundantes toses sino también los aplausos del público tras el segundo movimiento. Y se trata del Festival de Salzburgo, nada menos. (9) 




10. Znaider. Gergiev/Filarmónica de Viena (RCA, 2006). Esta podría haber sido una interpretación de primerísima magnitud, porque el increíble Znaider, haciendo gala de un sonido afilado, de una enorme intensidad emocional, de una fértil imaginación y de un total alejamiento del preciosismo decadente, logra una lectura realmente portentosa. Pero ahí está el mediocre Gergiev, que dirige con energía pero usando la brocha gorda, llegando a ser hortera en las explosiones de la coda del primer movimiento y tan grandilocuente como vulgar en el final. Como suele ocurrir, la Filarmónica de Viena pierde en sus manos el bellísimo sonido que la caracteriza. Un 10 para el solista, un 6 para el director. La grabación es demasiado reverberante. (8)



11. Quint. Prieto/Sinfónica de Mineria (Naxos, 2007). Un arranque algo nervioso y falto de concentración nos pone en alerta de que algo puede no funcionar bien. Efectivamente, Phillippe Quint ofrece un sonido bonito –siendo pequeño– y frasea con calidez, pero no ofrece ni la emotividad ni la tensión interna de los colegas que mejor han recreado en la obra; el violinista ruso-americano, más delicado que intenso, se queda un tanto en la superficie y no sabe ahondar ni en la poesía ni en el drama interno que se adivina tras los pentagramas, y solo se desenvuelve de manera convincente en la vivacidad y la frescura del tercer movimiento. A estos resultados relativamente decepcionantes contribuye la batuta del mexicano Carlos Miguel Prieto, desconcentrada y sin mucha inspiración, parca en poesía y un tanto plana, aunque al menos es resultona y el maestro se mueve dentro de los parámetros de una buena musicalidad. La toma sonora sí que es muy notable. (7)




12. Capuçon. Nézet-Seguin/Rotterdam (Virgin, 2009). He aquí otro increíble violinista. Su sonido bello y carnoso se ve acompañado por un temperamento cálido pero sin arrebatos, un punto distante, aunque siempre comunicativo. Por fortuna con él sí se encuentra una batuta a su altura, la de Yannick Nézet-Séguin. El aún joven pero extraodinariamente prometedor director ofrece una dirección cálida y extrovertida, muy romántica al tiempo que en absoluto decadente, en la que apuesta por una visión más optimista que dramática de la partitura. Además el canadiense sabe no caer en lo superficial, como tampoco en la brocha gorda, pues atiende a la claridad y paladea con calma el segundo movimiento. (9)



13. Gluzman. Neeme Järvi/Resident Orkest den Haag (BIS, 2009). Tras un encendido y  perfectamente controlado arranque, el violinista ucranianonos van enganchando , además de por la belleza de su sonido –incisivo, más que carnoso–, por su enfoque espontáneo, fresco, luminoso y altamente comunicativo, de fraseo admirablemente natural y virtuosismo tal que da la sensación de no realizar esfuerzo alguno; también es cierto que su alejamiento de la ensoñación, la ternura y la sensualidad que también están en la partitura le dejan un poco a medio camino en el segundo movimiento. Järvi padre acompaña como en él es de esperar, sin mucha poesía y con brocha más bien gruesa –sobre todo en el tercer movimiento–, si bien ofrece incuestionable eficacia y trasmite energía. (8)




14. Korcia. Kantarow/Real Filarmónica de Lieja (Naive, 2011). Ya desde un arranque fraseado de manera peculiar se evidencia que Laurent Korcia, armado del sonido poderoso, robusto en el grave y un punto ácido que extrae de su Stradivarius, va a intentar imprimir un sello particular a su interpretación. Lo consigue, mostrándose más incandescente y anguloso que reflexivo o interesado por la mera ensoñación sonora, pero lo cierto es que no termina de sintonizar ni con el estilo del compositor ni con la particular poesía de los pentagramas. Jean-Jacques Kantarow dirige con eficacia y hace gala de una apreciable concentración el Andamte central, pero su trabajo con la formación belga es más bien primario y más bien escaso de verdadera inspiración. Una toma sonora más bien opaca subraya la impresión de que la claridad orquestal no es la deseable. (7)



13. Armstrong. Marriner/The Colburn Orchestra (Yarlung, 2011). Como él mismo cuenta en las notas, para el jovencísimo violinista californiano –unos veinte años en ese momento– fue algo muy especial grabar esta obra junto a la orquesta de su conservatorio en la misma ciudad donde Korngold lo escribió, Los Ángeles. Desdichadamente, debemos añadir nosotros, la ingeniería de sonido no estuvo a la altura, por lo que esta toma en vivo, además de incluir toses abundantes y hasta ruidos de niños, dista de recoger los resultados de manera satisfactoria, incluso escuchando la grabación en HD. En cualquier caso, queda claro que Armstrong huye por completo del decadentismo y, armado de un sonido afilado y ácido en el buen sentido, frasea con concentración, energía bien controlada y tensión sonora, también con un apreciable sentido de lo amargo cuando debe, aunque aún le falte un poco de magia, sensualidad y perfume poético. Elegante y cuidadosa, aunque sin nada en particular, la dirección del muy octogenario Marriner. (8)
 


15. Steinbacher. Foster/Orquesta Gulbenkian (Pentatone, 2012). Por encima de una batuta cuidadosa, atenta, clarificadora y muy musical, la de un Lawrence Foster que trabaja con pinceles finos sin que la magia sonora termine de surgir, sobresale el violín incandescente de Arabella Steinbacher, pletórico de virtuosismo –robusto y bellísimo su sonido, enorme su variedad de colores y brillante su agilidad–, además de sincero a más no poder. Su primer movimiento sobresale por el ardor perfectamente controlado en el fraseo, culminando en una cadenza escarpada e incluso rebelde, llena de tensión sonora. La tensión sigue latente en el segundo, muy lento pero concentrado a más no poder, dicho con un lirismo conmovedor que en absoluto se queda en lo meramente contemplativo o hedonista, pues sabe ofrecer en él una emotividad doliente que nos deja regusto amargo. En el Allegro assai vivace con que concluye la obra, jovial y luminoso como debe ser, no se olvida de frasear con cantabilidad llena de emoción las bellísimas melodías de la partitura. Sin duda, la solista alemana se ha convertido por derecho propio en una de las grandes recreadoras de la página. (9)



16. Hope. Shelley/Real Filarmónica de Estocolmo (DG, 2013). Otro que se apunta a este concierto decididamente de moda es el británico Daniel Hope, quien armado de un sonido muy bello y un fraseo curvilíneo, ofrece en este “Escape to Paradise. The Hollywood Album” una recreación dicha con apreciable intensidad e inapelable virtuosismo. Le falta, en cualquier caso, una última vuelta de tuerca en lo expresivo, y parecen innecesarios los detalles decadentistas –muy hollywoodienses, eso sí– del primer movimiento. La dirección de Alexander Shelley es globalmente sólida, pero en general adolece de falta de colorido y parquedad en la imaginación. Además, el tercer movimiento resulta un tanto plano: la orquesta parece poco trabajada y el fraseo resulta más bien lineal. (8)



17. Shaham. Mehta/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Veintidós años después de su grabación para DG, el violinista de Illinois demuestra de nuevo que posee una especial afinidad con página haciendo gala de incandescencia, comunicatividad, variedad expresiva, exquisito gusto y una perfecta comprensión tanto del lenguaje del compositor como del trasfondo que se oculta tras las notas, acertando muy especialmente en un Andante lleno de significaciones. Desdichadamente el anciano Mehta pone el piloto automático y se limita a concertar con la enorme profesionalidad que le corresponde, dejando que la portentosa orquesta ponga el resto; solo en el tercer movimiento se anima un poco y decide frasear de manera personal, lenta y jocosa aunque en exceso pesante, el tema que procede de la película Prince and the Pauper. ¡Qué lástima no haber contado para la ocasión con una batuta más comprometida! La filmación se encuentra disponible en el siguiente enlace. (9)