Ha sido triste repasar esta Quinta sinfonía de Tchaikovsky con Barenboim y la Sinfónica de Chicago registrada en vivo –abundan las toses– por Teldec en octubre de 1995. La recordaba como una interpretación rutinaria y poco interesante, sin más. Pues no. Hay en ella cosas extraordinariamente positivas, pero también errores de bulto que demuestran hasta qué punto su etapa como titular al frente de la formación norteamericana fue la menos interesante desde el punto de vista discográfico de toda la trayectoria del artista porteño.
El primer movimiento, gracias a la musicalidad de un Barenboim que evita todo lo melifluo y a la sonoridad maravillosa de la CSO, se encuentra admirablemente planteado y expuesto. Bravo. Los problemas comienzan en el segundo, en el que el maestro parece confiar en la intensidad emocional y descuidar la planificación, cayendo incluso en la brocha gorda. Muy intenso, mas no elegante no refinado el tercero. En el cuarto la inflamación extrema vuelve a hacer que el maestro caiga en el descontrol y hasta en la vulgaridad, de la que no se libra ni siquiera gracias a la superlativa respuesta de la formación norteamericana. Su realización de 2004 con la WEDO –escuchada en Sevilla, grabada después en Génova– desarrollará el concepto con mayor control y finura, mientras que con la Filarmónica de Berlín en 2014 ofrecerá una recreación ya sensacional y a la altura de su talento.
La Obertura 1812 que se grabó por las mismas fechas y completa el disco de Teldec no puede competir con la que los mismos intérpretes habían registrado en 1981 para DG. Esta más reciente resulta mucho más natural que la anterior, menos estudiada, pero también menos paladeada (14’53’’ frente a 15’55’’) y ajena los logros de los pasajes líricos de aquella, que sonaban más punzantes y emotivos. Menos personal, a la postre, y un tanto de cara a la galería. La orquesta vuelve a estar soberbia, pero es preferible escucharla en esta obra con Solti y con él mismo.








