domingo, 12 de julio de 2009

Moriscos y trovadores de Levante

Se han cerrado los conciertos matinales del 58 Festival de Música y Danza de Granada con un recital que intenta evocar “el pasado del legado poético y musical del levante peninsular, musulmán y cristiano (ss. XII_XIII)” en el marco del hermoso Hospital Real, contando con la colaboración al alimón de la Capella de Ministrers, que ya había actuado el día anterior (enlace), y del Ensemble Akrami de Tetuán.

La primera parte lo ocuparon estos últimos, bajo la dirección de Mohamed Amin El Akrami, ofreciéndonos una selección de hermosa poesía levantina de tiempos andalusíes, un repertorio bastante desconocidos que ellos se encargaron hace no mucho de llevar al disco junto a Carles Magrener y su grupo. Las interpretaciones me parecieron convincentes, aunque de la voz de Abderrahim Abdelmoumen sobresale más su sensibilidad que su fuerza expresiva.

Ya en la segunda parte, los chicos de Magraner nos llevaron al mundo del amor cortés con una precioso ramillete de piezas de Berenguer de Palou y Ponç D’Ortafà. Interpretativamente me convencieron solo a ratos, sobre todo en los momentos más abiertamente líricos, en los que se pudo disfrutar del buen hacer de la soprano Pilar Esteban y del hermoso sondo del arpa de Juan Manuel Rubio. Otros momentos me parecieron, no sólo por enfoque sino también por realización, un tanto típicos y vulgares: ya se sabe, el medievo a base de arabescos de la flauta y percusión brutal.

En cualquier caso, buenos músicos y precioso repertorio. Al final, como era de esperar, tocaron los dos grupos juntos y se ganaron el entusiasmo del respetable. Lo peor, la larga y fatigosa cola bajo el sol para acceder -gratuitamente- al concierto. Deberían abrir antes las puertas.

Barenboim en Granada 2009 (II): Carter, Wagner

Las entradas para el concierto del sábado 11 se agotaron el mismo día que se pusieron a la venta a pesar de incluir en el programa la larga y dura Symphonia: Sum Fluxae Preti Spei de Elliot Carter. Daniel Barenboim le agradeció al público su fidelidad antes de comenzar y además prologó la interpretación con unos minutos de explicaciones sobre la partitura. Parece que sirvió de algo: se aplaudió sin especial entusiasmo, pero desde luego bastante más que tras el adagio de la Décima de Mahler del día anterior (enlace).

La interpretación caminó por un sendero muy distinto al de la portentosa grabación discográfica (Deutsche Grammophon) a cargo de Oliver Knussen. Con el siempre personal Barenboim hubo menos visceralidad, ciertamente también menos garra y menos tensión interna; el colorido fue menos virulento e incisivo, y la claridad no fue tan grande.

A cambio, el argentino acentuó la componente “impresionista” del Allegro scorrevole (que interpretó en primer lugar y no en el tercero, toda vez que los tres movimientos fueron concebidos como piezas independientes y se prestan a semejante tipo de intercambio), al que otorgó de una enorme sensualidad. Profundizó de manera asombrosa en el carácter gótico del Allegro tenebroso central, que sonó abrumadoramente atmosférico, denso y ominoso. Y otorgó a las aristas stravinskianas de la Partita (un encargo del propio Barenboim en su etapa de Chicago) una densidad dramática alejada del mero racionalismo. En suma, una interpretación muy personal que descubre nuevas perspectivas en semejante obra maestra.

Wagner en la segunda parte del programa. Hasta los más acérrimos enemigos de Barenboim reconocen su magisterio en Tristán e Isolda. Menos mal. Del Preludio y Liebestod ofreció una versión menos encendida y visionaria que en otras ocasiones, pero también más sensual, refinada y mística de lo que acostumbra. Una interpretación, pues, en la línea más reciente en la que aborda el de Buenos Aires estos pentagramas (enlace).

A destacar la increíble plasticidad del tratamiento de la orquesta, que aquí se mostró fabulosa en lo técnico y sublime por sonoridad. En cualquier caso, me quedo con la irrepetible interpretación que el propio Barenboim ofreció hace pocos años aquí mismo, en el Palacio de Carlos V, al frente de la Orquesta del West-Eastern Divan (lo único del programa que no se editó en DVD, dicho sea de paso, aunque sí se retransmitió por televisión).

Por el contrario, la recreación del Preludio del acto I de Maestros Cantores me ha gustado más aún que las que le he escuchado últimamente al frente de su formación multicultural, porque la he encontrado más controlada y mejor planificada: se ha perdido quizá fogosidad pero se ha ganado en transparencia, atención al detalle, creatividad e incluso en vuelo lírico. Por descontado, ni rastro de pompa y grandilocuencia. Excelente interpretación. Se aplaudió mucho, pero no hubo propina.

sábado, 11 de julio de 2009

Cantigas y Sibilas valencianas

Entre Barenboim y Barenboim granadino tengo por costumbre asistir a los espectáculos, gratuitos pero de larga e incómoda cola, que se ofrecen sábados y domingos por la mañana en diferentes recintos históricos de la capital nazarí. Me ha tocado hoy sábado 11 de julio un programa de “Música Angélica” (sic) medieval hispana integrado por dos Cantigas de Santa María, diferentes Misterios Asuncionistas levantinos -entre ellos el de Elche-, un par de páginas del Llibre Vermell y un fragmento de la Sibila Valenciana, todo ello a cargo de la Capella de Ministrer con Carles Magraner a su frente.

Buenos músicos, sin duda. Por ello y por la belleza del repertorio me lo pasé bien en el concierto, a pesar de que los planteamientos interpretativos desprenden un inequívoco aroma “años setenta” que convierte a Magraner y sus chicos en primos hermanos de un Jordi Savall: basta comparar su Cuncti simus concanentes (uno de los más célebres fragmentos del Llibre Vermell) con el que grabó el de Igualada hace ya tres décadas para advertirlo.

En fin, tuvimos en la bellísima iglesia del Monasterio de San Jerónimo la consabida reunión de instrumentos variopintos (incluyendo zanfoñas, campanas, trompetas y algunos otros hoy demonizados por los más puristas) para ofrecer, mediando arreglos bastante discutibles desde el punto de vista historicista, una recreación fantasiosa y colorista del medievo, algo blanda a ratos, desde luego bastante tópica, pero en todo momento atractiva.

La gran baza del concierto fue, sin duda, la presencia del Cor de la Generalitat Valenciana, a la sazón en Granada para el estreno de Sánchez Verdú sobre el que ya aquí escribí algo (enlace). Una agrupación de lujo, sin duda, aunque es de justicia aplaudir las notables intervenciones de la soprano Pilar Esteban, la estrella vocal de la Capella, desde luego muy preferible a una Montserrat Figueras. El éxito de público fue grande, a pesar de que la pésima acústica del recinto no ayudó precisamente al disfrute. Mañana, más.

Barenboim en Granada 2009 (I): Mendelssohn, Mahler, Beethoven

Se preguntan algunos con insistencia por qué tiene que ser Daniel Barenboim, al frente de su Staatskapelle de Berlín, quien en los últimos años clausure el Festival de Granada con dos o tres conciertos en el Palacio de Carlos V. La respuesta es simple: porque se lleva estupendamente con la cúpula del PSOE, porque la Junta de Andalucía -que organiza y financia estos conciertos al margen de la directiva del Festival- está dispuesta a gastarse el dinero… y porque el de Buenos Aires es, fallecidos Celibidache y Giulini y retirado Sanderling, el mejor director del mundo. Otra cosa es que conozca sus irregularidades. En el concierto que ha ofrecido esta noche, 10 de julio de 2009, las ha habido.

Mendelssohn. Sorprende escucharle un compositor que frecuenta poco, y más aún con una obra escasamente conocida, la obertura de Ruy Blas. La interpretación debió de parecerles un horror a quienes piensen que Mendelssohn es ante todo un compositor grácil, aéreo y delicado. A mí me ha gustado mucho su corpulenta y sanguínea lectura, quizá más robusta de la cuenta y no del todo clara.

Mahler. Por fin le escuchamos el Adagio de la Décima, una obra a la que ha llegado hace poquísimo. Gran chasco. Me ha parecido una interpretación flácida, deslazada y carente de la aspereza y la rebeldía que son necesarias para dotar a la obra de sentido. Por descontado que la sobriedad del enfoque es muy de agradecer, como también muchos detalles -los pizzicatti de los violines, algunas intervenciones de las maderas- propios de su genio, pero creo que ni Barenboim ni su orquesta -de hermosísimo sonido pero un tanto fallona- han estado a la altura de las circunstancias. Lo peor, un clímax al que se llegó sin la suficiente tensión y un final inadecuadamente resignado. Total, una interpretación no lenta (veintiséis minutos) pero sí morosa y aburrida, muy por debajo de las maravillas que el propio Barenboim hizo aquí con Séptima y Novena.

Beethoven. Gran interpretación del Tercer Concierto presidida por la naturalidad, la riqueza de concepto y el profundo humanismo de Barenboim en su doble faceta de director y pianista. Aun así, y siendo siempre el nivel altísimo, hay pasajes que a él mismo se los he escuchado aún mejor dirigidos. Sublime el Largo central. Al piano ha estado formidable, sobresaliendo su increíble manera de resolver los trinos -nada mecánica, siempre llena de sentido- y el creativo tratamiento de la cadenza. Lástima que el piano, sin tapa para facilitar las labores directoriales, no se escuchara bien desde el patio de butacas.

Chopin. El éxito arrollador el público le animó a conceder una propina. Ahora mismo no sé decir el número del Nocturno, pero sí corroborar que se ha tratado de una de las más hermosas, sentidas y matizadas interpretaciones de una página de Chopin que quien suscribe haya escuchado. El concepto, además, parece ahora más rico que cuando hace lustros Barenboim, escorándose en exceso hacia la sobriedad y la negrura, grabó la serie completa para Deutsche Grammphon. Debería volver a grabarla. Cuanto antes.

viernes, 10 de julio de 2009

Fascinante Sánchez-Verdú: Libro de las estancias

El estreno de su ópera El Viaje a Simorg (Teatro Real, mayo 2007) fue uno de los mayores chascos de mi trayectoria de melómano: esperaba una obra excepcional y me encontré con que el compositor algecireño se limitaba a ofrecer "más de lo mismo", solo que extendiéndose a lo largo de casi una hora y tres cuartos y -pese a algunos momentos acongojantes- menos inspiración de lo que en él es habitual. La presentación anoche (se estrenó anteayer, el miércoles 8 de julio) de su concierto-instalación Libro de la estancias, un encargo del Festival de Granada que luego viajará a Valencia en calidad de coproducción, se ha convertido por el contrario en una de las más fascinantes experiencias musicales de mi vida.


Aprovechando las peculiaridades acústicas y plásticas -un enorme cubo de alabastro- de la Sede Central de Caja Granada, José M. Sánchez-Verdú ha diseñado siete diferentes texturas sonoras valiéndose de dos ensembles instrumentales y vocales formados por miembros de la estupenda Orquesta Ciudad de Granada y del fabuloso Cor de la Generalitat Valenciana (dirigido uno de ellos por Joan Cervero y otro por él mismo); de un conjunto de metales y percusión escondido en las más remotas alturas de la inmensa sala; de un piano preparado a cargo de Isabel Puente; de las voces fascinantes de sus queridísimos Carlos Mena y Marcel Pérès; y de la lujosísima participación del Experimentalstudio des SWR de Friburgo, que incluía a su vez la presencia del auraphon, integrado por ocho gongs y tam tams repartidos por toda sala. Un atractivo diseño de luces a cargo de Miguel Serrano aporta una riqueza adicional a una obra en la que el público está invitado a desplazarse continuamente por la sala buscando diferentes perspectivas visuales y sonoras.

El motivo de inspiración, ni que decir tiene, parte del encuentro entre las culturas cristiana e islámica (término este último más apropiado que el de "árabe" que usa el compositor, dicho sea de paso) en la propia ciudad de Granada. La geometría y la palabra, como en el arte musulmán, desempeñan un papel fundamental en una obra muy atenta al peso de los silencios. ¿Más de lo mismo? Esta vez no, afortunadamente.

Por descontado que las señas de identidad de Sánchez-Verdú están ahí, pero en esta ocasión -y no sólo por las particulares características de esta obra- hay una clara intención de, partiendo de sus inquietudes habituales y usando sus recursos de siempre, explorar nuevas y fascinantes posibilidades estéticas. Una única pega: pasados veinte minutos se borra un tanto el deslumbramiento inicial, pues digamos que "se le pilla el truco" a la obra, pero aun así uno continúa, durante la hora larga en la que se extiende, absorto en el cúmulo de sensaciones contradictorias ofrecidas por el -sin dudas genial- compositor andaluz. Lo dicho: una experiencia como pocas recuerdo. Una obra maestra.

miércoles, 8 de julio de 2009

Los conciertos de Beethoven, por Kissin y Colin Davis

Entre septiembre y octubre de 2007 los ingenieros de EMI Classics grabaron en los míticos estudios de Abbey Road, con espléndida toma sonora, los cinco conciertos para piano y orquesta de Beethoven. Protagonizaban el registro el anciano Sir Colin Davis (tercera integral de su discografía) y el aún joven Evgeny Kissin (primer acercamiento completo la colección). Lleva ya unos meses circulando por España, pero parece que no se le ha hecho mucho caso a la edición. Como acabo de terminar de disfrutarla, dejo aquí tres o cuatro apuntes para quien pueda interesarle el asunto.

Beethoven_Kissin
Primero. Dudo mucho que nadie haya nunca tocado -que no interpretado- mejor estos cinco conciertos que Kissin. Ni siquiera monstruos de la técnica como Pollini o Zimerman. La agilidad que demuestra el ruso, la increíble limpieza de la digitación, la maleabilidad y riqueza de su tan bello como poderoso sonido, difícilmente encuentran parangón. Pero no por ello se trata, ni muchísimo menos, de interpretaciones cuadriculadas o meramente virtuosísticas: la flexibilidad e imaginación que demuestra en su fraseo, la manera de enriquecer cada frase melódica con claroscuros y la clara voluntad de descubrir cosas nuevas -sin ponerse por delante del compositor- nos dejan bien claro que Kissin es mucho más que una máquina de insólita perfección ante el teclado.

Segundo. Pese a todo lo dicho y a la enorme musicalidad que Kissin exhibe en todos y cada uno de los movimientos de estos conciertos, nuestro pianista no termina de lograr la más absoluta sintonía con el universo de Beethoven. Al menos, en comparación con lo que actualmente hace Daniel Barenboim en estas obras: a mi modo de ver, la reciente grabación en DVD realizada por el de Buenos Aires marca la cima absoluta tanto en lo que se refiere al piano como a la dirección. En cualquier caso el nivel es altísimo y Kissin ofrece aportaciones del mayor interés, como los acentos desolados de los movimientos lentos del Primero, el Tercero y el Cuarto, este último de una extraña pero fascinante esencialidad.

Tercero. Al frente de una fabulosa Sinfónica de Londres, Sir Colin Davis ofrece la dirección en él esperable: noble, elocuente, muy sincera, elegantísima -pero ajena a la cursilería o la blandura- y muy equilibrada en los diferentes aspectos expresivos, procurando atender por igual a lo épico, a lo lírico, a lo dramático y a lo jubiloso, lo que también significa que su visión no resulta especialmente personal y que se mantiene alejado de “densidades filosóficas” y a grandes tensiones y conflictos. Admirable trabajo, en cualquier caso.

Cuarto. Matizando un un poco, podemos añadir que el más grade logro de esta integral es un Emperador de admirable equilibrio entre los aspectos apolíneos y los dionisiacos de la partitura. Lo menos convincente son los dos movimientos que cierran los dos primeros conciertos, llevados a un tempo de locos por la batuta y con un solista más bien precipitado; y también un Tercero afectado por una extraña sensación de distanciamiento, sobre todo en el Allegro con brio inicial, distanciamiento que también afecta al Allegro moderato del Cuarto. El resto es estupendo.

Con todos los reparos que se quiera, la conclusión está clara: una integral que hay que escuchar.

martes, 7 de julio de 2009

El anillo del Nibelungo en el Palau de Les Arts (y III): las voces

Ya he dejado mi opinión sobre la propuesta escénica (enlace) y la labor de batuta (enlace) del Ring del Palau de Les Art que presencié entre el 22 y el 30 del pasado mes de junio. Toca por fin decir algo sobre los cantantes. Aun con sus desequilibrios, lógicos habida cuenta de que nos encontramos ante quince horas de música que demandan un elenco de voces tan variado como exigente, fue admirable el conjunto canoro congregado sobre el antiguo cauce del río Turia. Superior probablemente a lo que se escucha hoy en Bayreuth, y muy difícil de superar por cualquier teatro de primera.

Los protagonistas

Un sensacional descubrimiento Jennifer Wilson. Dicen que ha madurado mucho desde el Sigfrido del pasado año. Aún le queda por madurar, pues no en balde cantantes menos dotadas en lo canoro que ella han sabido decir con su canto más cosas aún sobre la valquiria. Pero en cualquier caso la joven, oronda (¡perdón!) y simpatiquísima soprano norteamericana tiene todas las papeletas para convertirse en la gran Brunilda de la primera mitad del siglo XXI.

Su voz, robusta y bien timbrada, de enorme volumen, es francamente extensa, conociendo insuficiencias en el grave pero alcanzando un agudo poderosísimo y espectacular. Su fiato es amplio, su legato espléndido e incuestionable su capacidad para plegarse a las inflexiones líricas: fabulosa en sus “dúos” con Sigfrido. Siendo cierto que tiene aún que bucear en los aspectos más torturados del personaje, amen de madurar mucho como actriz, sus prestaciones en el Palau de les Arts fueron espléndidas.

Irregular Juha Uusitalo. Le encontré cansado y muy ajeno al drama en el Rheingold del 22 de junio. El barítono finlandés me pareció fabuloso, entregadísimo y perfectamente cómodo en lo vocal en la narración del segundo acto de Walküre la noche del 24. Volvió a cansarse en los “adioses” y ofreció en el Siegfried del 27 un notable Wanderer cuya vocalidad más grave no pareció producirle especiales trastornos.

Menos interés guarda el Sigfrido de Lance Ryan. Parece que el tenor del año pasado no fue gran cosa, y que por ello se ha decidido repetir la grabación en DVD e inmortalizar así al joven canadiense en las dos últimas jornadas. Cumplió sobradamente luciendo un instrumento que es de genuino tenor heroico y dosificándose con prudencia para no llegar agotado al final, pero tiene la voz algo atrás, cala y desafinen alguna ocasión y, sin ser frío, no es el colmo de la expresividad. En cualquier caso, estuvo muy por encima de los Sigfrido-aulladores de los últimos lustros. Y eso ya es mucho.

Los demás

Repasemos el resto de los cantantes, empezando por las chicas. Espléndida, pese a algunas asperezas en el agudo, la altísima Anna Larson en el rol de Fricka. Notabilísima la Freia de Sabina von Walther. Sólida la Erda de Daniela Denschlag. Digno el pájaro del bosque de Marina Zyatkova. Admirable la Waltraute de Catherine Wyn-Rogers. Exhibición de voz y estilo por parte de Elisabete Matos en el desagradecido rol de Gutrune. Estupendas dos de las tres Ondinas -la otra chillaba-, y mejor aún las Nornas. Irregular el equipo de valquirias. Y sensacional la Sieglinde de Eva-Maria Westbroeck, sin el punto de calidez de la Meier (que es mezzo, no lo olvidemos), pero fantástica en lo vocal y apuntando muy buenas maneras en lo expresivo.

Los chicos. Mediocre como cantante y como actor el tosco Alberich de Franz-Josef Kapellmann. Muy notable el Loge de John Daszak, que por culpa de la regie tuvo que cantar todo el tiempo en patinete. Magnífico el Mime de Niklas Björling Rygert en Oro, que supo cantar y no graznar, y no tan interesante Gerhard Siegel en el mismo rol en Sigfrido. Irreprochable Stephen Milling haciendo (en el segundo ciclo, que es el que presencié) los dos Fafners. Discreto el Gunther de Ralf Lukas.

¿Y qué decir de Matti Salminen? Está ya mal de voz, pero quien ha sido uno de los tres mejores bajos wagnerianos de la segunda mitad del XX (los otros fueron Talvela y Moll, claro) conserva intactas toda la autoridad vocal, la capacidad para el matiz y la presencia escénica que lo hicieron grandísimo. Si estuvo sólo correcto como Fasolt, dio verdadero miedo como Hunding (el día 24, sustituyendo a un indispuesto Milling) y ofreció una verdadera lección de todo -técnica, estilo, expresión- en su mermado pero aun así referencial Hagen. Al fin y al cabo se trata de un verdadero mito viviente del canto. Claro que no fue él el único que hubo en este Anillo.

… y Plácido

Dicen los grandes expertos en voces que hay en este país que Plácido Domingo está acabado desde hace más de dos décadas. Si ellos lo dicen, así será. Pero a mí, en mi ignorancia, me dio la impresión de que este señor conserva a sus sesenta ocho años (setenta y cuatro dicen las malas lenguas) exactamente el mismo timbre de toda la vida, sin rastro de deterioro; que como Siegmund se mostró pletórico hasta que, a partir de un winterstürme con menos legato de lo que en él es habitual, la falta de fiato le fue dejando sin recursos; que pese la escasez de aliento terminó con dignidad el primer acto de Walküre para dar una auténtica lección en el acto II.

Y que cuando hay sobre la escena alguien que sabe realmente lo que es cantar, que posee una voz bellísima, que frasea de manera maravillosa, que procura en todo momento enriquecer la línea vocal con las más apropiadas inflexiones expresivas y que sabe desenvolverse por la escena sin importarle la inexistencia de una buena dirección actores, todo el aparato visual desplegado por los fureros queda en segundo plano para que la Ópera con mayúsculas haga presencia en el escenario. Lástima que nos de Unitel no grabaran esta función (¿falta de recursos económicos, o más bien escasez de confianza de Helga Schmidt y su equipo en el tenor madrileño?) para incluirla en los DVDs.

Muy en resumidas cuentas: pese a todos los reparos apuntados, un Anillo de un nivel tan alto que difícilmente veré uno mejor en directo. Una gozada total. Enhorabuena a todos los implicados.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...