miércoles, 8 de julio de 2009

Los conciertos de Beethoven, por Kissin y Colin Davis

Entre septiembre y octubre de 2007 los ingenieros de EMI Classics grabaron en los míticos estudios de Abbey Road, con espléndida toma sonora, los cinco conciertos para piano y orquesta de Beethoven. Protagonizaban el registro el anciano Sir Colin Davis (tercera integral de su discografía) y el aún joven Evgeny Kissin (primer acercamiento completo la colección). Lleva ya unos meses circulando por España, pero parece que no se le ha hecho mucho caso a la edición. Como acabo de terminar de disfrutarla, dejo aquí tres o cuatro apuntes para quien pueda interesarle el asunto.

Beethoven_Kissin
Primero. Dudo mucho que nadie haya nunca tocado -que no interpretado- mejor estos cinco conciertos que Kissin. Ni siquiera monstruos de la técnica como Pollini o Zimerman. La agilidad que demuestra el ruso, la increíble limpieza de la digitación, la maleabilidad y riqueza de su tan bello como poderoso sonido, difícilmente encuentran parangón. Pero no por ello se trata, ni muchísimo menos, de interpretaciones cuadriculadas o meramente virtuosísticas: la flexibilidad e imaginación que demuestra en su fraseo, la manera de enriquecer cada frase melódica con claroscuros y la clara voluntad de descubrir cosas nuevas -sin ponerse por delante del compositor- nos dejan bien claro que Kissin es mucho más que una máquina de insólita perfección ante el teclado.

Segundo. Pese a todo lo dicho y a la enorme musicalidad que Kissin exhibe en todos y cada uno de los movimientos de estos conciertos, nuestro pianista no termina de lograr la más absoluta sintonía con el universo de Beethoven. Al menos, en comparación con lo que actualmente hace Daniel Barenboim en estas obras: a mi modo de ver, la reciente grabación en DVD realizada por el de Buenos Aires marca la cima absoluta tanto en lo que se refiere al piano como a la dirección. En cualquier caso el nivel es altísimo y Kissin ofrece aportaciones del mayor interés, como los acentos desolados de los movimientos lentos del Primero, el Tercero y el Cuarto, este último de una extraña pero fascinante esencialidad.

Tercero. Al frente de una fabulosa Sinfónica de Londres, Sir Colin Davis ofrece la dirección en él esperable: noble, elocuente, muy sincera, elegantísima -pero ajena a la cursilería o la blandura- y muy equilibrada en los diferentes aspectos expresivos, procurando atender por igual a lo épico, a lo lírico, a lo dramático y a lo jubiloso, lo que también significa que su visión no resulta especialmente personal y que se mantiene alejado de “densidades filosóficas” y a grandes tensiones y conflictos. Admirable trabajo, en cualquier caso.

Cuarto. Matizando un un poco, podemos añadir que el más grade logro de esta integral es un Emperador de admirable equilibrio entre los aspectos apolíneos y los dionisiacos de la partitura. Lo menos convincente son los dos movimientos que cierran los dos primeros conciertos, llevados a un tempo de locos por la batuta y con un solista más bien precipitado; y también un Tercero afectado por una extraña sensación de distanciamiento, sobre todo en el Allegro con brio inicial, distanciamiento que también afecta al Allegro moderato del Cuarto. El resto es estupendo.

Con todos los reparos que se quiera, la conclusión está clara: una integral que hay que escuchar.

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