Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
SHOSTAKOVICH: Sinfonías 1 y 14. Mattila, Quasthoff. Orquesta Filarmónica de Berlín. Dir: Sir Simon Rattle. EMI 3 58077 2 2 CDs 53’59’’ + 32’09’’ DDD EMI-Hispavox **** M
Con excepciones tan inesperadas como su rebelde y desgarrador Primero de Brahms con Barenboim, suele Rattle sentirse más a gusto subrayando los aspectos lúdicos, hedonistas y extravertidos de la música antes que los reflexivos y/o dramáticos. De ahí la sorpresa de que en su enfoque de la Primera Sinfonía de Shostakovich -obra redonda escrita a los dieciocho años- deje a un lado su vertiente juvenil, irónica y juguetona para ahondar en ese lado sombrío, fúnebre y pesimista que no deja de apuntar algunas de las constantes de la personalidad del autor en su madurez.
Así resulta además más lógico acoplarla discográficamente (un doble compacto a precio de sencillo) con la terrorífica Decimocuarta, en la que secundado por una voluntariosa Mattila y un vocalmente apabullante Quasthoff, Sir Simon sabe resultar sombrío y dramático sin caer en el desgarro ni perder la compostura británica, resultando una turbadora y sincera recreación más volcada hacia el mundo de Britten que al de Mussorgsky. ________________________________ Artículo publicado en el número de octubre de 2006 de la revista Ritmo.
Pues sí, ya iba siendo hora. Claro que la edición, presentada con gran lujo en una gruesa caja de cartón y ofrecida por un precio bastante razonable (me costó unos 22 euros en un “Ricordi” de Roma), parece enfocada tan solo para el mercado italiano, pues es el idioma de Dante el único que aparece en el precioso librito de cuarenta y cuatro páginas encuadernado en tapa dura que acompaña el producto.
Pero bueno, al menos ya tenemos en este formato la Tosca que dio tanto que hablar allá por 1992 cuando el productor Andrea Andermann se decidió a ofrecer la ópera de Puccini en directo utilizando no sólo los lugares de la acción (con la orquesta en estudio, claro), sino también rodando a las horas del día correspondiente: la monumental iglesia barroca de San Andrea della Valle al mediodía, el renacentista Palazzo Farnese a la hora de la cena y la azotea del Castel Sant’Angelo al amanecer. Giuseppe Patroni Griffi sería el director de una filmación retransmitida “live” a ciento siete países (España no se encontró entre ellos) y posteriormente editada en VHS y Laser Disc.
La idea estuvo muy bien realizada si tenemos en cuenta las dificultades logísticas que entraña el asunto: la planificación cinematográfica se había de atener a las posibilidades de encuadre que ofrecía el espacio con que contaban las cámaras, y por ello en muchos momentos lo que se ve y lo que se oye no terminan de encajar. Aun así, los resultados son dignos, a ratos de un extraordinario atractivo dada la belleza de los escenarios. Ahora bien, el montaje podía haber estado mejor resuelto, pues sin duda la filmación de los ensayos ofrecía a la hora de la edición una cierta flexibilidad que debería haberse aprovechado para algo más que para corregir alguna incidencia, como el famoso batacazo de Domingo.
Se ha beneficiado de un excelente trasvase a DVD -a pesar del grano en los momentos más oscuros- la bellísima fotografía de Vittorio Storaro, quien se recrea en los marcos de la acción sin excederse en el preciosismo y realizado algún que otro hallazgo importante, como el travelling en contrapicado de Scarpia durante el Te Deum, aunque de nuevo aquí el montaje no termina de estar a la altura de la que es una de las más geniales y acongojantes músicas de toda la historia del género operístico.
La dirección teatral es más bien convencional, ofreciendo algunos errores de bulto (¡los soldados leyendo junto a Floria y Cavaradossi el salvoconducto!) junto a algunas aportaciones de gran interés; entre estas últimas sobresale cómo Tosca le ofrece su collar a Scarpia como pago por la vida de su amado, este último se lo vuelve a poner en el cuello (“A donna bella…”) y aprovecha el instante para acariciarla. En cualquier caso, un director más inteligente que Giuseppe Patroni hubiera sacado mayor partido a las diferentes situaciones.
Zubin Mehta, pese a la mediocridad la Orquesta Sinfónica de la RAI de Roma, ofrece una dirección brillante y teatral, de notable sentido del color y magnífico idioma, que podría ser calificada como modélica si no sobrase algún portamento y no se echase en falta un poco más de concentración y creatividad en determinados pasajes.
En cuanto a los cantantes, hay que tener muy en cuenta que debieron de pasarlo muy mal al cantar no sólo a horas intempestivas, sino además escuchando a la orquesta por altavoces y rodeados de cámaras girando continuamente en torno a ellos. No se puede valorar su labor, pues, como la realizada sobre un escenario convencional o en un estudio de grabación. Dicho esto, puntualicemos.
A Catherine Malfitano se le han de poner reparos vocales, pues aunque canta bien no podemos dejar de reconocer una voz de discreta calidad tímbrica, un grave más bien pobre y una gama de recursos no muy amplia. Ahora bien, su recreación del personaje, que debe muchísimo la genial e inigualable de María Callas, es portentosa. Es la suya una Tosca que actúa las veinticuatro horas del día, inocente y al mismo tiempo manipuladora, hecha de pasión, sexo y religiosidad a partes iguales, teatral y apasionada hasta la misma muerte… Su sobreactuación escénica, que quizá debería haber estado un poco más controlada, es consecuente con este planteamiento.
Ese genio de la ópera que es Plácido Domingo (carcajadas aquí de cierto sector de la melomanía) ha hecho Cavaradossis mejores, más cálidos y espontáneos. Y desde luego ha ofrecido de manera mucho más satisfactoria “E lucevan le stelle”, que por cierto canta aquí a las seis de la mañana. Ahora bien, su adecuación vocal, su estilo y -sobre todo- su capacidad para conjugar emoción y buen gusto le hacen ganar por completo la partida. Incluso se le perdona que sea un actor normalito, algo que una narración cinematográfica pone mucho más en relieve que una función teatral.
El que es un actor como la copa de un pino es Ruggero Raimondi, quien sencillamente se merienda aquí a sus colegas: su Scarpia terrible y lascivo es de verdadera antología en lo escénico y notabilísimo -por aquellas fechas, claro- en lo vocal, una faceta en la que, aun siendo más actor que cantante, no olvida en absoluto matizar el personaje; impresionante el “Te Deum”. Muy bueno el Angelotti de Giacomo Prestia.
Esta edición incluye un “making of” de 55 minutos rodado en 2008 que, la verdad, aun estando bien realizado se queda un tanto en la superficie, y además no ofrece testimonio de ninguno de los cantantes. Los subtítulos vienen sólo en italiano, francés e inglés, lo que hace que este DVD, que sería ideal para un primer acercamiento a Tosca, no pueda recomendarse a los melómanos de habla hispana que no conozcan de antemano la ópera. Una verdadera pena, pero menos es nada. ¿Cómo ha estado un producto tan comercial sin salir en DVD hasta ahora? La imagen es 16:9 anamórfica, y el sonido viene en 2.0, 5.1 y DTS. Edita “Rada Film” y distribuye “01 Distribution” (enlace).
PUCCINI: Tosca. Kabaivanska, Domingo, Milnes, Luccardi, Ferrara, Mariotti, Grella. Ambrosians Singers. New Philarmonia Orchestra. Dir: Bruno Bartoletti. Deutsche Grammophon, 00440 073 4038 DVD. 115’ ADD Universal ***
No es esta una grabación redonda, pero merece la pena. Por ejemplo, y ya que Teldec no parece dispuesta a sacar en DVD la suya con Malfitano y Domingo, para tener una Tosca filmada en los lugares de la acción. O para recordar cómo el tenor madrileño aún sería capaz de profundizar aún más que en esta ya de por sí magnífica interpretación de 1976. O para descubrir que Sherrill Milnes era en escena igual que en discos, esto es, tan basto como eficaz. O para disfrutar de los hallazgos de un Bartoletti que, todo sea dicho, no alcanzó aquí el nivel de su Manon Lescaut. O para comparar la filmación de Gianfranco de Bosio con la Butterfly de Ponelle que comentamos a la derecha y reparar en que se puede filmar con mayor sentido cinematográfico que el francés pero estar lejos de conseguir su veracidad dramática. Pero sobre todo, para confirmar lo que siempre se ha dicho sobre Raina Kabaivanska: que es imprescindible verla si se quiere comprender en qué consistió este singular fenómeno operístico. No se la pierda.
________________________________ Artículo publicado en el número de septiembre de 2005 de la revista Ritmo.
PS. La reseña sobre la Butterfly de Ponelle que se comentó “a la derecha” en las páginas de Ritmo la he colgado en la entrada anterior. En cuanto a la Tosca con Malfitano y Domingo, me congratula anunciar que por fin ha salido en DVD, aunque de momento creo que sólo se distribuye por Italia. De ella hablaré en la próxima entrada.
PUCCINI: Madama Butterfly. Freni, Domingo, Ludwig, Kerns, Sénéchal, Rintzler. Filarmónica de Viena. Dir: Herbert Von Karajan. Deutsche Grammophon, 00440 073 4037 DVD. 145’ ADD Universal **** R
Con la inestimable ayuda de Mirella Freni y la Filarmónica de Viena, Karajan registraba en enero de 1974 para Decca una Madama Butterfly verdaderamente genial en la que lograba, al igual que la soprano modenesa, la imposible cuadratura del círculo: alcanzar el mayor grado de virtuosismo, refinamiento y belleza sonora sin perder ni un ápice de intensidad y veracidad dramática.
Ocho meses más tarde volvían a la Sofiensaal vienesa para volver a grabar las partes de tenor, sustituyendo a Pavarotti por un Plácido Domingo sin los electrizantes agudos del italiano pero más adecuado en la vertiente escénica, pues precisamente la grabación estaba destinada a servir de soporte para esta película de Jean Pierre Ponelle.
La labor del director francés se resume fácilmente: notable dirección de actores y soberbia propuesta dramática, repleta de extraordinarios hallazgos, ambas recogidas por una filmación cinematográfica tendente a la cursilería y con todos los molestos tics de los años setenta. En todo caso, DVD imprescindible.
Si usted, al igual que yo, no lo adquirió en su primera edición… pues hizo bien: ahora se reedita algo más barato y añadiendo espectacular sonido DTS para gozar en un Home Cinema.
________________________________ Artículo publicado en el número de septiembre de 2005 de la revista Ritmo.
Un par de novedades en la agenda de Waltraud Meier, según su propia web oficial (enlace).
La primera, que no cantará La Canción de la Tierra en Granada con Barenboim, pues al final no será esa obra la que clausure el Festival de este año (que se presenta el próximo lunes), sino la Cuarta de Bruckner, según se recoge en la página del director argentino; obras de Mendelssohn, Mahler, Beethoven, Carter y Wagner ocuparán sus otros dos programas en el Carlos V, dicho sea de paso (enlace).
Segunda novedad con respecto a la Meier: será ella finalmente la Leonora del Fidelio que Barenboim ofrecerá en concierto frente a la West-Eastern Divan Orchestra en el Teatro de la Maestranza. Por cierto, parece que cambia la fecha de éste: será el 3 de agosto. Confiemos en que la grandísima mezzo alemana se encuentre en mejores condiciones vocales que en el Strauss que ofreció no hace mucho en el propio Maestranza. Confiemos también en que el público local sepa apreciar el enorme lujo que supone contar en Sevilla, la ciudad de Fidelio, con dos de los mejores intérpretes de la ópera beethoveniana que se han conocido: Waltraud Meier y Daniel Barenboim.
No hace falta decir que cuando para grabar el soberbio ciclo de sinfonías brahmsianas en el sello EMI Klemperer se puso entre 1956 y 1957 al frente de la Philharmonia, por cierto mucho mejor aprovechada con él que con Toscanini (enlace), los resultados lograron evidenciar la poderosísima personalidad del anciano director alemán: su sonoridad granítica, su marcada sobriedad, la solidísima arquitectura de su trazo y la densidad dramática de su enfoque son inconfundibles. Ahora bien, ¿hasta qué punto es compatible el “antirromanticismo” de Klemperer con elementos tan decisivos en esta música como son el vuelo lírico, la melancolía o la ternura? Gustándome muchísimo el estilo de este director, no lo tengo claro: los resultados me parecen no ya discutibles, sino decididamente irregulares.
Las sinfonía que mejor le sale es sin duda la Primera. De ella existía un asombroso documento de 1928 que, aun mostrando en el ultimo movimiento algunas licencias y un entusiasmo desbordado que no deja de sorprender tratándose de quien se trata, nos muestra ya un enfoque mucho antes tenso, dramático y ominoso más que cálido o contemplativo. Claro que este magistral registro de 1957 es muy superior: la fuerza que Klemperer desarrolla en esta construcción, planteada con una solidez insólita, resulta descomunal. La introducción es tremenda, como reveladora es la rebeldía de los clímax del Andante sostenuto. A la introducción al cuarto se le podría sacar más partido, pero luego impresiona la tensión interna sin triunfalismos ni retórica que desarrolla en el resto del movimiento.
Las cosas funcionan bastante menos bien en la Segunda (cuya calidad sonora deja que desear: aun siendo estereofónico, se nota que pertenece a 1956). Y es que aquí la renuncia de Klemperer a no dejar volar las melodías, a no ofrecer concesiones a la ternura ni a dar flexibilidad al fraseo son un serio problema, como lo es también que el último movimiento, aun lleno de fuerza, no resulte todo lo personal ni emocionante que se podría haber sido. En contrapartida la tensión, la sonoridad oscura y al mismo tiempo de gran claridad que obtiene de la portentosa orquesta y, más aún, el enfoque rebelde y dramático del segundo movimiento ofrecen un manifiesto interés.
De la Tercera ofrece una interpretación muy desigual. El primer movimiento, pese a unos remansos no todo lo reposados y misteriosos que deberían ser, deslumbra por su fuerza y, sobre todo, por su genial arquitectura, con una orquestación tan desmenuzada que se descubren muchas cosas nuevas en la escritura. El Andante es amargo y concentrado. El tercero -como era de esperar- resulta muy distanciado, pero al contrario que en muchos otros “experimentos” del director, aquí Klemperer no logra decir cosas nuevas. El cuarto no alcanza toda la fuerza ni toda la personalidad deseables; el final es lento e inquietante, pero más intelectual que emocional.
La Cuarta resulta algo atípica para tratarse de quien se trata, al no ser tan clara y sobria como en él suele y dejarse llevar en algún momento por la emoción y el frenesí; tanto, que hay partes que resultan algo atropelladas. Eso sí, y como era de esperar, Klemperer se mantiene por completo ajeno a la poesía íntima y la espiritualidad, aunque en cualquier caso la interpretación tiene tanta garra que termina triunfando sobre sus carencias.
En cuanto a la Obertura trágica, parece claro que se le puede sacar más partido a los momentos introvertidos, pero la sobria fuerza expresiva y la solidez arquitectónica del director vuelven a ganar la partida. La Académica, directa y sobria, carece tanto de lirismo como de pompa, si bien se halla dotada de un singular sentido del humor, sarcástico y burlón. No podía ser menos tratándose de Klemperer. A sus fans, más que a los que quieran profundizar en Brahms, les gustará ante todo este ciclo, singularísimo y a ratos fascinante, pero desde luego nada recomendable como primer acercamiento a estas partituras.
De los tres conciertos íntegramente dedicados a Mozart que el gran pianista húngaro ofrece estos días en la Sala Santa Cecilia (enorme y de sensacional acústica) en el Parco della Musica de Roma vi el segundo, el del pasado viernes 27, aprovechando mi estancia en la capital italiana para empaparme del maravilloso barroco que por allí tienen. Por cierto, menuda complicación eso de sacar una entrada desde el extranjero: en España, en esa como en muchas otras cosas, funcionamos bastante mejor.
Pero a lo que voy. Me gusta bastante más el Mozart de un Barenboim, por ejemplo, que el de Schiff. Y sin embargo, el de este último me parece muchísimo más sensato que el del argentino. Tanto, que quizá sea el suyo el Mozart más indiscutible del momento. ¿Por qué? Pues no por estar increíblemente bien tocado (qué pulsación más bella, qué limpieza, qué agilidad, qué uso más sensato de los pedales), sino por lograr ser extremadamente cálido y comunicativo dentro de un enfoque, el del equilibrio, la elegancia y la moderación de las pasiones, que en manos de otros pianistas podría convertirse en superficialidad y aburrimiento.
Obviamente este enfoque marcadamente apolíneo aún da mejores resultados en unas obras que en otras. Por eso, siendo irreprochables sus recreaciones de las Sonatas K. 332 y K. 570, y más que notable la de la Fantasía en re menor K. 397, me quedo con sus ágiles, matizadas y moderadamente contrastadas lecturas de las Doce variaciones K. 500, del Minuetto K. 355/576b, de la Pequeña giga en sol mayor K 574, o de las maravillosas -qué gran idea alternar piezas “mayores” con estas otras- Diez variaciones sobre un tema de Gluck K. 455. Gran Mozart, grandes interpretaciones. Aplausos entusiastas y propina de Haydn.