martes, 28 de febrero de 2012

Petrenko y Kraggerud con la Philharmonia

Aprovechando las festividades de nuestra comunidad autónoma, he tenido el valor de llevar a un pequeño grupo de alumnos -los de la asignatura de Historia del Arte que imparto en Segundo de Bachillerato- nada menos que a Londres. Cuatro noches en total para realizar un intensísimo recorrido por los principales museos y monumentos de la ciudad. No se trataba solo, claro está, de ver arte. También de vivir experiencias culinarias -no siempre agradables, como sabrán quienes conozcan la ciudad-, de aprender a desenvolverse en el extranjero y de conocer los entresijos de la democracia británica con una interesantísima visita al Parlamento que aprovecho para recomendarles desde aquí a todos ustedes. Quise además poner a los chavales en contacto con la vida musical londinense invitándoles a un concierto que, no vamos a ocultarlo, también sirvió para que descansáramos los pies: el que ofreció la Philharmonia Orchestra bajo la dirección de Vasily Petrenko el domingo 26 de febrero a las tres de la tarde con obras de Hindemith, Sibelius y Rachmaninov en los atriles. Ni que decir tiene que era para todos ellos la primera vez que escuchaban una orquesta en directo. Ojalá que no sea la última.

Vasily Petrenko

Creo que se lo pasaron bien. Yo desde luego sí lo hice, en parte por mi “victoria” a la hora de meter a jóvenes en un concierto sinfónico a ver si les pica el gusanillo, en parte porque las interpretaciones fueron de muy alto nivel. Algo irregular quizá la de las Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber. Lenta y analítica en líneas generales, pinchó un tanto el primer movimiento al carecer de la fuerza dramática y de la imaginación deseables. En el segundo eché de menos un poco de incisividad y mala leche, si bien el portentoso entramado orquestal tejido por Hindemith estuvo -salvando algún desajuste puntual en la percusión- expuesto de manera admirable. Excelentes los otros dos, destacando por su cálida atmósfera el tercero y por su decisión carente de retórica el cuarto. En la segunda mitad del concierto ofreció Petrenko una lectura de las Danzas Sinfónicas de Rachmaninov casi idéntica a la del disco que comenté aquí hace unos días (enlace), más que notable en su conjunto, llena de momentos extraordinarios, pero en exceso amanerada -sobre todo en el segundo movimiento- como para convencer del todo. Obviamente la Philharmonia es superior a la Filarmónica de Liverpool, en particular gracias a su solidísima cuerda.


Entre medias ofreció Petrenko una recreación del Concierto para violín de Sibelius que en lugar de optar por la sensualidad y la ensoñación resultó rocosa, áspera y abiertamente dramática. O sea, excelente para mi gusto, aunque bastante más en los dos primeros movimientos que en el último, donde eché de menos tensión sonora y una mayor atención a las maderas. En cualquier caso lo decisivo fue tener delante a un solista que, aun siendo poco conocido en el panorama internacional, demostró no solo ser capaz de dar (casi) todas las notas, lo que ya de por sí es milagroso, sino también de entender esta partitura en la que tantos nombres famosos resbalan. Fue la de Henning Kraggerud (Oslo, 1973) una interpretación tensa, desgarrada, muy doliente, pero no por ello escasa de lirismo ni de concentración en el fraseo. Quizá aún deba enriquecerse con mayor variedad expresiva, pero convence por lo acertado de su enfoque y la aplastante sinceridad con la que este se lleva a la práctica. A lograr esto último ayudó el interesante sonido de su Guarneri del Gesu, cuyo registro grave pleno y carnoso le sienta de maravilla a esta obra maestra. Las ovaciones de todos los que estábamos en el Royal Festival Hall fueron intensas. Les dejo un vídeo para que se hagan una idea de cómo toca este señor.

domingo, 26 de febrero de 2012

Elektra por Ozawa

R. STRAUSS: Electra.
Christa Ludwig, Hildegard Behrens, Nadine Secunde.
Orquesta Sinfónica de Boston. Dir.: Seiji Ozawa.
Decca, 4705832
2 CDs - 102'8''
DDD
Universal
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Esta Elektra fracasa ante todo por la dirección de Ozawa, falta de idioma y carente de tensión interna, por mucho que intente disimilar tales insuficiencias con arranques de brutalidad. Las características vocales de la Behrens, su certero acercamiento estilístico y su incontestable talento dramático le permiten ofrecer una recreación menos matronil y unilateral de la atormentada protagonista (un poco como hizo en su reveladora Salomé), pero en este live de 1988 su instrumento está ya seriamente deteriorado. La Ludwig compone una Klytämnestra interesante, más humana que monstruosa, mientras que los demás no pasan de lo correcto.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de febrero de 2003 de la revista Ritmo sobre el segundo lanzamiento de la serie "The Opera Compact Collection", editada por Decca.

PS. Recuerdo que entre las interpretaciones más recientes la de Thielemann resulta muy recomendable (enlace).

jueves, 23 de febrero de 2012

Rachmaninov por Vasily Petrenko: soberbia grabación

Aunque este compacto grabado entre 2008 y 2009 por el sello Avie contiene interpretaciones de muy alto nivel, lo que más sobresale en él es una circunstancia técnica, pero no precisamente poco importante para este repertorio: la toma sonora es sensacional, la mejor sin duda -incluyo aquí las lecturas de Dutoit para Decca- de la que se han beneficiado esas dos acongojantes obras maestras del romanticismo tardío más decadente y desatado que son La isla de los muertos (1908) y las Danzas sinfónicas (1940) de Sergei Rachmaninov. Su pureza tímbrica, claridad de planos, redondez y naturalidad hacen de la audición una experiencia realmente placentera. Pero insisto en que el nivel artístico es también muy alto.

Petrenko Rachmaninov

El aun joven Vasily Petrenko (San Petersburgo, 1976) acierta sobre todo en la tímbrica, adecuadamente oscura y rocosa, incisiva cuando debe y muy atenta a la hora de otorgar particular relieve a las maderas graves con intensas sombras. Triunfa también a la hora de delinear la arquitectura: pocas veces se han escuchado más líneas instrumentales y detalles interesantes aquí y allá en estas partituras. En lo expresivo es donde se queda Petrenko un tanto corto, pues aunque los aspectos dramáticos están reflejados de manera admirable, los más sensuales resultan un tanto relegados. La Royal Liverpool Philharmonic, por su parte, realiza un espléndido trabajo, aunque ni su cuerda es tan sedosa ni sus vientos tan suntuosos como la de las orquestas realmente grandes (Concertgebouw, Philadelphia) que han grabado este repertorio.
Concretando un poco, La isla de los muertos conoce una interpretación mucho antes rebelde, dramática e incluso nihilista que ensoñada, y por ende no resulta muy sensual pero sí llena de desgarro. Pueden preferirse otras opciones, pues, pero a mí esta es la que más me gusta, y por ello solo las grabaciones de Previn (EMI) y Svetlanov (BBC), quizá también la de Dutoit (Decca), me parecen en conjunto más convincente que la de Petrenko. Solo quiero reprochar alguna frase en los violines que se me antoja algo blanda.

En las Danzas Sinfónicas, una obra brillantísima y fabulosamente orquestada, pero con mucho más fondo del que parece, el director ruso da en la diana a la hora de atender a sus aspectos más extrovertidos gracias a una tensión perfectamente controlada y a un sentido danzístico de adecuada rusticidad. Por desgracia no convence tanto en los pasajes melancólicos, porque su obsesión por ser original y lucir al mismo tiempo su espléndido dominio de la agógica le hace incurrir en un fraseo un tanto artificial, rebuscado e insincero. Aquí sí que hay competencia discográfica, desde Previn (EMI) hasta Jansons (mejor EMI que RCO) pasando por el referencial Ashkenazy (Decca y Exton). De propina, una interpretación de esa página juvenil y menor que es La roca (1893) de trazo firme y un clímax muy rocoso -nunca mejor dicho-, pero sin toda la sensualidad posible. ¿Disco recomendable? Pese a los reparos yo creo que sí. Y por el sonido yo diría que casi obligatorio.

martes, 21 de febrero de 2012

¿Bailas, Mariano?

Querido Mariano:

Pudiste dar el pego a muchos, pero no a mí. Yo sabía muy bien de qué pie cojeabas. Sabía que te iba la marcha. Ya sabes, la marcha de las carreritas por las calles y los palos a los estudiantes para preservar el orden público. Si es que algunos de los que os autodenomináis “liberales” no podéis disimular lo que en el fondo sois. No hay más que veros la cara. O escucharos. Qué instructivas son vuestras tertulias y columnas de opinión. Qué manera de manejar el lenguaje para que una cosa parezca la otra. Qué arte.


Mariano, vas a pasar a la historia de España por ser, en algunos aspectos, digno continuador del jefe de estado a quien sirvió como ministro tu principal valedor en el partido, ese paisano tuyo recientemente fallecido. Tú sabes bien a quién defender y a quién castigar. Admirable tu utilización de la prensa. Y ahora también de la policía. Claro que aún no estás a la altura: todavía tienes que sacar las mangueras con el agua a presión. ¿Después de las andaluzas? Ah, claro, se me había olvidado. Te recomiendo usarlas mejor con pintura, como hacía Tito Paco, para así identificar a posteriori a esos mocosos de instituto y darles su merecido. Chas, chas. Viva la marcha. Aquí te dejo, en una fenomenal interpretación de Mravinsky, la música con la que más logro identificar tus últimas actuaciones. ¿Bailamos?

domingo, 19 de febrero de 2012

Más paro, menos música

Ya está aquí la reforma laboral. Reforma contra el paro, dice el diario derechista “La Razón”, que por cierto es a la razón lo mismo que “Pravda” a la verdad. Es en realidad la reforma del desempleo: despidos más fáciles y baratos. También la reforma de la explotación: salarios más bajos, aumento de la jornada laboral e inquietante precariedad. Tal merma sufren los derechos laborales que quien quiera conservar un empleo no solo van a tener que conformarse con lo que le den, sino que va a tener que demostrar ante la empresa que está dispuesto a sacrificarse -horas extras fuera del contrato, sometimiento a chanchullos varios- más que sus compañeros. A su vez, la sustancial reducción del poder adquisitivo de los españoles va a acentuar la crisis de ventas y, por ende, a hinchar aun más las listas del paro. Así lo ha advertido ya el presidente Mariano Rajoy, quien durante la campaña electoral silenció y hasta negó algunas de las medidas más drásticas que está tomando. Y aun sigue callando cosas, porque todavía el Partido Popular tiene que extender sus tentáculos por Andalucía y Asturias.

Forges recortesman

¿Ha votado el pueblo español en plena libertad ejerciendo su derecho democrático? Obviamente sí. Pero no debemos olvidar cómo una importante cantidad de medios de comunicación, convertidos en voceros de las grandes fortunas que los financian, han conseguido con una incasable labor diaria hacer tragar a los españoles dos descomunales mentiras: que la crisis ha sido culpa del gobierno socialista (¿gobernaba el PSOE en EEUU o en Reino Unido?) y que las medidas que trae la derecha están encaminadas a sacarnos de la crisis. Claro que muchos no podemos consideramos engañados, porque sabíamos desde el principio que el objetivo del Partido Popular era someterse a las directrices de las grandes finanzas europeas, que para mantener sus márgenes de beneficio necesitan someter a los trabajadores a los mismos rigores que sufren los ciudadanos del mundo asiático, cuyo mercado mucho más competitivo -gracias a la referida explotación- amenaza al nuestro. Ya lograron llevar a su terreno al blando Zapatero en los últimos meses de su mandato. Mariano Rajoy no necesita resistirse, porque él siempre ha sabido de lado de quién estaba.

No hace falta decir que estamos viviendo en toda Europa momentos decisivos y que las perspectivas no son nada halagüeñas. La consecuencia de todo este proceso va a ser una agudización de las desigualdades entre ricos y pobres -ya no solo entre continentes sino dentro de un mismo país-, una transformación de buena parte de la clase media en clase baja y un aumento de las tensiones sociales, dando pie estas últimas a consecuencias mucho más peligrosas. Hace meses advertí a mis alumnos de la probable aparición de violencia callejera en los países más perjudicados: pues bien, ahí tienen ustedes el caso de Grecia de esta misma semana. Veremos también como la extrema derecha y la extrema izquierda empiezan a rebañar votos a los partidos mayoritarios. Y esto no ha hecho más que empezar. La población se mostraba más o menos conformista mientras las cosas iban bien, pero ahora no parece estar dispuesta a seguir aguantando una plutocracia que manda abiertamente sobre los partidos y que está dispuesta a retirarle las comodidades a las que se había venido acostumbrando desde los años cincuenta y sesenta.

Forges vacas flacas

¿La música? Piensen un poco: menos tiempo libre y menor poder adquisitivo implican reducción de la compra de discos y de la asistencia a conciertos. El mercado discográfico ya hace tiempo que anda mal, así que esto supone poco menos que la estocada. En cuanto a los espectáculos en vivo, al problema referido hemos de sumar en España la manera en la que el nuevo gobierno conservador está dispuesto a ir dejando el mundo artístico en manos privadas. Liberalismo llaman a eso. Los precios subirán -o al menos no irán como los salarios, a la baja- y la programación irá eliminando riesgo para centrarse en lo más comercial -para garantizar la ocupación de los aforos- y en lo socialmente prestigioso.

Y aquí tenemos una de las claves del futuro. Es el fin de la “democratización” de la música clásica que se ha venido realizando en los últimos años, esa que ha permitido -mediando subvenciones- que las clases medias accedan a los espectáculos por poco dinero, que ha generado una amplia red de auditorios y agrupaciones -repárese en el trato que el PP está dando a Orquesta de Extremadura- y que ha cuidado la formación del público atendiendo a los repertorios menos populares. Seguirá habiendo música culta en directo, claro, pero en menor cantidad y con propuestas más convencionales. Y en lo que respecta al género más caro, el operístico, éste va a volver a ser lo que en gran medida era antes: un lugar de encuentro de las clases pudientes, esas que se van a poder permitir enfrentarse a los precios de las entradas y que reclaman espectáculos acordes con su mentalidad conservadora. De los conciertos sinfónicos a cargo de las más prestigiosas agrupaciones y estrellas podremos decir algo parecido. La música antigua podría salvarse por su menor coste, pero su carácter menos popular es un factor en su contra. De la contemporánea, ni hablemos. En definitiva, un retroceso musical en toda regla que se va a ir notando más y más conforme pasen los años. Ojalá fuese este el único terreno en el que emprendemos la marcha atrás.

viernes, 17 de febrero de 2012

Bruckner por Mehta en Valencia

Llevaba meses ilusionado con escuchar la Octava de Bruckner -una de mis sinfonías favoritas- a Zubin Mehta con la Orquesta de la Comunidad Valenciana, pero al final no pude disfrutar del concierto como hubiera deseado por culpa del cansancio. ¡Menuda decepción! En parte se debió a que había pasado una mala noche y no descansé lo debido. La calefacción del Auditori del Palau de Les Arts estaba a tope, lo que acrecentó mi sopor, pero eso tampoco es culpa de nadie: en una noche tan fría no había más remedio. Lo que sí es responsabilidad de alguien es la decisión de preceder semejante obra maestra, que en sus ochenta minutos de muy exigente concentración por sí sola se basta, por los casi veinticinco del Concierto para orquesta de César Cano (Valencia, 1960)

El típico encargo, claro, en este caso de la Sociedad Filarmónica de Castellón. Seguramente no es mala música, porque el oficio se hace evidente y la obra no funciona a base de "trampas" de cara a la galería, pero a mí no me interesó gran cosa. Más bien me resultó previsible: lenguaje ecléctico "moderno ma non troppo", despliegue de una ingente cantidad de recursos, abundancia de percusión y numerosos pasajes aleatorios que, por cierto, fueron fantásticamente resueltos por la orquesta. Mehta dirigió con su contrastado talento para el repertorio contemporáneo y su tremendo sentido del ritmo, pero ni aun así logró evitar la sensación de tedio. Programarla en otra oportunidad más adecuada nos hubiera venido bien para no malgastar tiempo y esfuerzo mental antes del Bruckner, y a Les Arts para ahorrar una importante cantidad de euros que se ha ido en aumentos de la plantilla. En fin, cosas de la política: el estreno mundial, ofrecido el día antes en Castellón, fue un verdadero desfile de altos cargos de la Generalitat Valenciana (enlace).



La sinfonía bruckneriana respondió más o menos a lo que esperaba, pues hace tan solo unos días escuché una recientísima versión radiofónica con el propio Mehta dirigiendo a la Filarmónica de Nueva York en general -esta vez ha ido un poco más lento- bastante similar. Fue la de Valencia una gran versión, sin la menor duda. Ya el simple hecho de escuchar esta partitura a una orquesta capaz de responder a sus terribles exigencias técnicas y a un maestro de pulso firme -no es fácil mantener la tensión interna- que sabe hacer brillar a los metales sin entorpecer el equilibrio polifónico, resulta un verdadero placer pala los melómanos. Además hubo convicción, entrega expresiva y ausencia de retórica, lo que está muy bien en una obra que corre el peligro de caer en la pesadez.

Ahora bien, una obra como esta y un maestro de semejante altura merecen que hilemos fino. Hay reparos. En en plano técnico me hubiera gustado un poco más de claridad aún, como también que todos los crecendos hubieran estado preparados con la misma meticulosidad. La orquesta, aun siendo muy buena, no tiene el verdadero sonido Bruckner, y Mehta tampoco lo supo obtener: a veces se escoraba un poco hacia Star Wars, dicho sea con todos los respetos hacia mi queridísimo John Williams. En cuanto a lo expresivo, me gustó mucho la atención del indio hacia los aspectos más escarpados de la página, pero creo que se quedó un poco corto a la hora de frasear con esa sensualidad, ese lirismo y ese sentido humanístico que solo los que en este repertorio son muy grandes saben extraer. El adagio, muy lento y admirablemente paladeado, no resultó todo lo conmovedor que hubiéramos deseado. Tampoco al scherzo le había sacado previamente todo el partido posible. El movimiento final dicho de un solo trazo, fue quizá lo más convincente.

Ya en casa he vuelto a escuchar las tomas radiofónicas de sendas interpretaciones que tuve la suerte de escuchar en directo: una de Bernard Haitink con la Concertgebouw en Londres (2007) y otra de Daniel Barenboim con la Staatskapelle de Berlín en Granada (2008), un prodigio de arquitectura la del holandés y una impresionante síntesis de cantabilidad y carácter visionario la del argentino. La comparación no me deja lugar a dudas: la interpretación de Mehta ha sido admirable, pero aun se pueden ofrecer realizaciones más idiomáticas y comprometidas. ¡Ah! Esta vez compré fila seis y descubrí que se escucha bastante mejor que en la parte alta del Auditori. Tomen nota, por favor.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Franco Ferrara, del podio a la pantalla grande

FERRARA: Preludio. Fantasía trágica. Notte di tempesta. Burlesca.Orquesta Sinfónica de Roma. Dir: Francesco la Vecchia.
Naxos 8.572410
46’41’’
DDD
Ferysa
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Niño prodigio con el violín y el piano, Franco Ferrara (1911-1985) consiguió ser un muy solicitado director de orquesta en los años treinta para abandonar toda aparición pública en 1946 debido a los desmayos que sufría cada vez que subía al podio delante de una audiencia. Desde entonces se fue convirtiendo en un prestigioso profesor de dirección orquestal, aunque siguió empuñando la batuta para la pantalla grande: para muchos Ferrara es ante todo el director de las músicas de La strada, Las noches de Cabiria y El Gatopardo, entre otros títulos del gran Nino Rota, así como de la de compositores como Nascimbene o el joven Morricone. Él mismo compuso alguna banda sonora: la de Los jueves, milagro pertenece a su pluma.

No debe pues extrañar que estas cuatro partituras que ahora Naxos ofrece en primera grabación mundial suenen descaradamente a cine, muy en particular la hermosa Notte di tempesta. Lo hace en menor medida su Burlesca, página que además de desprender un atractivo sarcasmo es toda una lección de orquestación. Curiosísima la Fantasía trágica, un confeso remedo del tercer movimiento de la Sinfonía nº 11 de Shostakovich que quizá fuera preparado para I sequestrati di Altona a petición de Vitttorio de Sica. El Preludio tiene, por su parte, escaso interés.
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Reseña escrita en septiembre de 2011 para la revista Ritmo, no publicada por falta de espacio.


PS. Aprovecho para insertar el único vídeo que nos permite ver a Ferrara dirigiendo. Un fragmento de L'elisir d'amore, para concretar.



lunes, 13 de febrero de 2012

Traub, De Maistre y la Orquesta de Valencia para Manos Unidas

Siento muy escasa simpatía por las altas jerarquías católicas, pero creo que dentro de la Iglesia hay un buen número de personas que merecen un reconocimiento mucho mayor del que generalmente reciben. Por ejemplo los misioneros, entre ellos el sacerdote que el pasado viernes 10 presentó en el Palau de la Música el concierto que la Orquesta de Valencia ofrecía en Beneficio de Manos Unidas, y más concretamente de las Mercedarias encargadas de trabajar con mujeres y niños de Mozambique. Apareció vestido con sencillez, por descontado que sin “uniforme”, fue humilde en su breve alocución y no tuvo reparos en confesar que hacían campañas de uso del preservativo (¡si le oyera Ratzinger!) para combatir al VIH, afirmando que según las cifras que manejan éste alcanza casi al 40 por ciento de la población del país africano. Este cura y estas monjas, junto con diferentes seglares de la ONG, se dejan la vida –casi literalmente- en atender a quienes realmente más lo necesitan, así que nosotros lo mínimo que podemos hacer es comprar una de estas entradas –considerablemente más caras que las de un concierto de abono de la misma orquesta- para tener derecho, al menos, de mirarles a los ojos sin que se nos caiga la cara de vergüenza. Lástima que esos chorizos que tan católicos aparentaron ser para forrarse con los sobrecostes de la visita del Papa a Valencia no se pasaran por el Palau: supongo que aún estarían celebrando la absolución del “honorable” Francisco Camps. Así es la vida.

Xavier-de-Maistre-Valencia

Dirigía el evento el titular de la orquesta, Yaron Traub. Comenzó con las Danzas Polovsianas de Borodin -que en principio no estaban en cartel-, y lo hizo muy bien: interpretación brillante pero no pachanguera, dicha con convicción y bien planificada a pesar de alguna pifia por parte de la orquesta. La obra que vino a continuación, el Concierto para arpa de Henriette Renié (1875-1956), me pareció un bodrio considerable por su mortal síntesis de falta de inspiración y mediocridad en la escritura. Si la audición se hizo soportable, incluso grata por momentos, fue por la sensacional intervención de Xavier de Maistre, el prestigioso arpista de la Filarmónica de Viena. Puede tocarse aun mejor –hubo algún pasaje emborronado-, pero no desde luego con mayor musicalidad, pasión, control y capacidad para descender a la sutileza sin perder de vista el trazo global. Traub dirigió con enorme solvencia.

Quinta de Tchaikovsky en la segunda parte. Espléndida labor por parte de la batuta: quizá lo mejor que le he escuchado al maestro israelí. No fue una interpretación ni rápida ni lenta, ni dramática ni épica, ni rústica ni elegante, ni rusa ni occidental. Fue una mezcla de todo con cada elemento en su punto justo; es decir, ortodoxia y sensatez al cien por cien. El trazo fue firme, sin arrebatos ni pérdidas de pulso, pero sin caer tampoco en la rigidez ni en lo cuadriculado, pues el fraseo resultó siempre natural, elegante, dirigido sin prisas pero con decisión hacia los clímax y paladeando sin narcisismos las bellísimas melodías de la partitura. El sonido que Traub extrajo de le la orquesta fue además muy adecuado, con carnosidad en las maderas y plasticidad en la cuerda grave. Puedo reprochar, si acaso, un tercer movimiento sin toda la poesía deseable, así como cierta precipitación en la coda final, pero el resultado global fue superior al que con esta obra consiguen ciertos directores de mayor renombre.

El público -se notaba que no muy preparado: la media habitual de toses, móviles y ruidos varios se multiplicó por cinco- no aplaudió todo lo que semejante recreación se merecía. Aun así, se ofreció como propina una buena interpretación, bastante menos ruidosa y precipitada de lo habitual, de la Danza del sable de Kachaturian. Lo mejor del concierto, en cualquier caso, no estuvo en la música.

jueves, 9 de febrero de 2012

El Auténtico Aficionado a la Ópera

Me ha gustado la temporada 2012/13 presentada por el Teatro Real (enlace). Hay, a mi entender, algunos errores considerables y una tendencia a dejarse llevar por el amiguismo (afición esta última habitual en el noventa por ciento de nuestros gestores culturales), pero en conjunto la propuesta es de calidad y considerablemente atractiva. Como ya comenté en este blog (enlace), la era Mortier está dejando atrás los titubeos iniciales para presentarse como muy satisfactoria, a lo que hay que sumar un estado de cuentas aún más razonable para estos tiempos de crisis de lo que pensábamos (enlace). Esto es, quizá, lo que explica que el PP haya decidido respaldar a Gregorio Marañón en su puesto de Presidente del Patronato. Todos contentos, pues, menos ese tipo de público que se considera a sí mismo como Auténtico Aficionado a la Ópera. Conviene quizá definir este perfil para comprender algunas cosas.

El Auténtico Aficionado a la Ópera afirma que la esencia de género es EL CANTO (así, con mayúsculas). Lo importante es el lucimiento de las voces, y mucho antes en el plano técnico que en el expresivo. Las piruetas vocales son lo que le llevan al éxtasis. Concepto interpretativo, dirección musical y propuesta escénica son aspectos secundarios que, si poseen una personalidad específica, lo que hacen es enturbiar los resultados al distraer de lo importante. De la idea de música al servicio del drama que tantísimo valoraron gente como Monteverdi, Gluck, Mozart y Verdi, entre otros, prefiere olvidarse.


El Auténtico Aficionado a la Ópera no desdeña la mayoría de los repertorios ajenos al italiano del siglo XIX. Simplemente se interesa menos por lo que se salga de la línea que va desde Rossini hasta Puccini. El Barroco solo le atrae si las voces son de tamaño grande. Mozart no despierta en él especial entusiasmo, porque su pureza desnuda no satisface su pasión por los fuegos artificiales. Quienes de verdad le vuelven loco son Bellini, Donizetti y el primer Verdi, siempre y cuando en el elenco haya voces capaces de ofrecer las más inverosímiles agilidades. Lo francés sí está hecho para su paladar, preferiblemente cuando la dosis de azúcar es elevada. El repertorio alemán y el de los países eslavos queda muy bien escucharlo para que nadie le acuse de carecer de amplitud de miras. De la Segunda Escuela de Viena en adelante, nada: al igual que la historia de la pintura termina en Monet, eso ni siquiera es música.

El Auténtico Aficionado a la Ópera afirma que la zarzuela es un género interesantísimo, que los mejores títulos zarzuelísticos son comparables a las más preciadas gemas de la ópereta y que en la ópera española hay multitud de tesoros por descubrir. Por descontado, cualquier título de Serrano o Guerrero es más disfrutable que otro de Berg, Prokofiev, Zimmermann, Messiaen, Ligeti o Birtwistle. Al menos Britten tiene un pase. Los teatros españoles deben olvidarse de semejantes repertorios y centrarse en la recuperación de nuestro pasado lírico.


Al Auténtico Aficionado a la Ópera nadie le puede enseñar nada. Él ya sabe todo lo que necesita saber en este momento, y a la hora de explorar nuevos territorios ya se ocupará él mismo de indagar. Quienes pretenden hacerles ver que las cosas no son necesariamente como ellos las quieren ver, o que existen maneras muy diversas de acercarse a la lírica, son unos pedantes engreídos que no solo no aman la música, sino que además han contribuido a sentar las bases de su irremediable destrucción.

El Auténtico Aficionado a la Ópera va al teatro a disfrutar. Después de un día de duro trabajo lo que apetece es relajarse, no que le calienten a uno la cabeza. No merece la pena realizar esfuerzos para explorar nuevos títulos ni para comprender propuestas estéticas distintas a lo tradicional. La música en general y la lírica en particular no están hechas para la reflexión. Ni siquiera para las emociones extremas. El deleite en la belleza formal -del canto, incluso con independencia de la calidad intrínseca de la música- es lo que interesa. En esta misma línea, las producciones escénicas deben ser vistosas y derrochar buen gusto. Lo desagradable debe quedar desterrado.


Ante todo, el Auténtico Aficionado a la Ópera es el único con derecho a decidir quién pertenece a su grupo. Si alguien afirma, por ejemplo, que prefiere mil veces a Wagner que a Donizetti, o que una puesta en escena excepcional le hace disfrutar tanto -en determinados títulos- como un buen ramillete de voces, no es un Auténtico Aficionado a la Ópera. Que la situación inversa casi nunca se produzca (raro es que alguien les niegue a ellos su condición de enamorado del género) les importa bien poco. Ellos son los poseedores de la verdad operística.

Comprenderán ustedes que yo no pueda considerarme a mí mismo un Auténtico Aficionado a la Ópera. Y que hasta me alegre de ello.

martes, 7 de febrero de 2012

Demoledora Decimocuarta de Shostakovich por Currentzis

Me compré este disco, magníficamente grabado en julio de 2009 en la Ópera de Novosibirsk y editado por Alpha con espléndida presentación y muy interesantes notas, justo antes de entrevistar al director griego Teodor Currentzis (enlace). Ya me impresionó cuando lo escuché en el coche de camino a Madrid, pero es ahora cuando he podido saborearlo en condiciones. Mi conclusión está clara: es la más tremenda dirección que he escuchado, incluyendo en la lista a gente como Britten, Haitink, Rozhdestvensky, Barshai, Jansons, Ashkenazy, Kitajenko, Rattle (enlace), Gergiev y hasta el mismísimo Rostropovich, firmante de la que sigue siendo globalmente -gana a esta por los cantantes- la grabación de referencia absoluta.



Currentzis no mira ni a Mussorgsky ni a Britten, las dos grandes fuentes de la que se nutre este ciclo de canciones -más bien un réquiem blasfemo para el autor de las notas- disfrazado de sinfonía. A quien mira es al propio Shostakovich, pero en su faceta más corrosiva, nihilista y demoledora. La concentración de su batuta es total -impresionante el control de las dinámicas- y la convicción que imprime sobre los músicos de Musica Aeterna -discreta orquesta de cámara de la Ópera de Novosibirsk- resulta perfectamente audible. No hay lugar para la nostalgia ni para la meditación, menos aún para la belleza sonora: la negrura más hiriente se apodera de cada una de las notas. La batuta hurga, denuncia, hace rechinar los dientes, carga la atmósfera de las tinieblas más asfixiantes y nos conduce de manera implacable a un final desolador. Tras la audición terminamos no solo exhaustos, sino también hundidos.

Los dos solistas alcanzan un buen nivel. Quien mejor lo hace es Petr Migunov, que cuenta con una voz preciosa, canta muy bien y expresa con intención, sin llegar a la sutileza de un Fischer-Dieskau en la versión (desdichadamente políglota: la que comentamos está solo en ruso) dirigida por Haitink. Julia Korpacheva no lo hace nada mal, pero se queda un poco a mitad de camino en lo técnico y en lo expresivo. Es por ello por lo que la grabación de Rostropovich, repito, sigue inalcanzable en su podio, sin menoscabo de que esta de Currentzis se sitúe por encima de todas las demás. Si aman esta música, no se la pierdan.

domingo, 5 de febrero de 2012

Znaider triunfa con Sibelius en Berlín

El pasado 8 de octubre ofrecía la Filarmónica de Berlín un concierto que comenzaba con la obertura de la ópera Euryanthe, de Carl Maria von Weber, y continuaba con dos páginas propias para días de frío: el Concierto para violín de Sibelius y la Sinfonía nº1, Sueños de Invierno, de un Tchaikovsky aun joven y no del todo inspirado. De la batuta de iba a encargar Bernard Haitink, que tiene en discos una magnífica interpretación de la última página citada (enlace), pero fue reemplazado por enfermedad por el desconocido maestro eslovaco Juraj Valcuha. El que sí hizo acto de presencia fue el gran Nikolaj Znaider para enfrentarse a una de las obras más complicadas de todo el repertorio para su instrumento. El evento fue registrado por las cámaras de la Digital Concert Hall (enlace) y lo he recuperado en este apropiado fin de semana de gélidas temperaturas.

Znaider Sibelius Berlin

Me ha gustado mucho la actuación de Znaider. Quizá su sonido no sea muy potente en directo, pero desde luego ofrece una solidez impresionante: es capaz de adelgazarse hasta el límite sin perder vigor. Por descontado que la mano izquierda se muestra agilísima y que la gama de colores que extrae de su Guarnieri es admirable. En cualquier caso, y siendo tales virtudes imprescindibles para acercarse a la obra, lo decisivo es que el violinista danés se aparta de esa óptica ensoñada y complaciente con que otros abordan la página para ofrecer una recreación que, aun siendo más introvertida que extrovertida, se encuentra marcada por el dolor y la rabia. Le acompañan perfectamente una dirección sobria, rocosa, sin concesiones, y una orquesta de sonoridad poderosísima e inmejorable.

Muy bien la obertura de Weber. Personalmente me sobran los portamentos del primer tercio, pero por lo demás se trata de una interpretación sincera, elocuente y sonada de modo rotundo, muy germánico, pero no por ello masivo ni falto de transparencia. De la página de Tchaikovsky ofrece Valcuha –gesto atento y minucioso- una interpretación lenta, muy bien paladeada y desmenuzada, que en lo conceptual se muestra particularmente introvertida, lo que significa que en determinados pasajes -sobre todo en el primer movimiento- se van a echar de menos chispa, electricidad y garra dramática, ofreciéndose a cambio momentos de una cantabilidad muy dulce -que no dulzona- absolutamente conmovedora. A ello contribuye en buena medida los solistas de la orquesta, que encuentran en el segundo movimiento inmejorables oportunidades para dar buena cuenta de su musicalidad. El saldo es positivo. Quizá el veteranísimo Haitink lo hubiera hecho mejor, pero a este joven no parece que le falte talento.

jueves, 2 de febrero de 2012

Mortier frente a Helga

La sorpresa ha sido grande: el Partido Popular ha apostado por renovar a Gregorio Marañón al frente del Teatro Real y, por tanto, garantizar la continuidad de Gerard Mortier como director artístico. Esperaba lo contrario. Antes de reinaugurar la ópera madrileña, el PP ya había destrozado el proyecto diseñado por Stéphane Lissner (solo se salvaron Peter Grimes y Zorrita astuta, las producciones a la postre más aplaudidas) para sustituirlo por otro menos ambicioso y acorde con la pereza mental conservadora. La campaña contra Mortier ha sido, por otra parte, todo lo feroz, sectaria y manipuladora como podía esperarse de los mismos medios de comunicación que durante años han boicoteado al gobierno socialista y desde las últimas elecciones se han convertido en descaradísimos panfletos de la derecha. Y algunos de los primeros pasos de Mariano Rajoy al frente del ejecutivo han confirmado el afán revanchista tanto de la España nacionalcatólica como de esas hordas neoliberales en estrecha connivencia con los primeros: repárese en la supresión de la Educación para la Ciudadanía o en el proyecto para terminar de llenar de cemento y chiringuitos nuestras costas, por no hablar de la reforma laboral que se intenta demorar hasta que el PP consiga en marzo extender sus tentáculos por Andalucía. Todo apuntaba, insisto, a que el proyecto Marañón-Mortier iba a ser sustituido por otro “para todos los públicos”.

Pero por una vez los políticos han optado por mantener un proyecto que funciona. ¿En qué sentido funciona? Pues miren ustedes: orquesta y coro han aumentado de manera considerable su calidad, los títulos se adentran en territorios hasta ahora no muy atendidos por el público madrileño, están viniendo registas de primera línea que -guste más o menos lo que hagan- hasta ahora no habían pisado el Real y se está consiguiendo una repercusión mediática -crónicas en la prensa internacional, emisiones vía satélite, DVDs de producción propia- anteriormente impensable. El número de patrocinadores privados sigue siendo muy apreciable a pesar de la que está cayendo. El índice de ocupación es elevado. Y además se está logrando sustituir al público más reaccionario -los abonados que se han dado de baja ante tanta “modernidad”- por un buen número de gente joven que compra su entrada a última hora a bajo precio. Sí, ya sé que esto último no es bueno para las finanzas del Real, pero si se quiere garantizar el futuro de la lírica lo que hay que hacer es permitir que se acerquen las nuevas generaciones, y no convertir los teatros en cotos exclusivos de la burguesía.

Mortier Temporada 11_12

Esto no quiere decir que todo en esta nueva etapa del Real sea positivo. El gestor belga ha cometido numerosos errores, algunos de ellos muy importantes, y quien esto suscribe no lo ha dejado de escribir en este blog cuando le ha parecido oportuno. Su egolatría, por ejemplo, actúa casi siempre en su contra. La mediocridad en las publicaciones -los libretos, vamos- es evidente, incluyendo algunos favores a amigos artistas, aunque esto último parece que se debe más al siniestro Miguel Muñiz -ése sí podría caer- que al propio Mortier. Por no hablar del descuido de la cuestión económica, que podría pasarle factura, nunca mejor dicho, a medio plazo. La reciente dimisión del administrador Alfredo Tejero habla claro. ¿A qué esperan en el Real para recortar gastos suntuarios y privilegios varios?

Lo que me sorprende -bueno, en realidad no tanto- es que algunos de quienes más se rasgan las vestiduras por los aspectos sombríos del Real hacen la vista gorda ante circunstancias similares en la capital del Turia. Si la Comunidad Valenciana es el Imperio de la Corrupción -la sangría de sus múltiples vampiros ha dejado las arcas vacías-, el Palau de Les Arts es el Feudo del Despilfarro. ¿Alguien se cree que el sueldo de Helga Schmidt y sus gastos adicionales son menores que los de Mortier? Lorin Maazel creó una orquesta de primera categoría -con salarios a tono-, pero lo que el veterano maestro se metió en el bolsillo es de escándalo. Y ya me dirán lo que cobra Mehta por alcanzar el mismo nivel artístico que otros directores menos conocidos pero más baratos. Claro que lo que se lleva la pasta es el mantenimiento de unos espacios absolutamente sobredimensionados para las verdaderas necesidades de Valencia, una circunstancia que además no tiene arreglo: el ex-presidente Francisco Camps se olvidó de los números -menos de los que le interesaban- y creó un gigante con los pies de barro.

Luego hay otras cuestiones que los aficionados conocemos bien pero la prensa calla sigilosamente. Es el caso de la continuas modificaciones en la programación, muy superiores en número a la de cualquier teatro de categoría, realizadas la mayoría de las veces sin apenas reflejo mediático ni mediar justificación. La comunicación con el público es muy espesa, particularmente en lo que a la venta de entradas se refiere. La web es un desastre. Las publicaciones no es que sean menos interesantes que las del Real, es que han quedado reducidas a la mínima expresión en lo que a textos se refiere. El catering, carísimo y a veces inoperante. Y las facilidades para el público joven son menores que las del Real.

Santa_Jelga

Si estas cosas referidas en último lugar pasaran en el reino de Mortier el escándalo sería mayúsculo. Pero ocurren en Casa Helga, una señora poco menos que canonizada por algunos. Desde luego no le podemos regatear determinados méritos, pero a nuestro juicio carece de la brillantez, la inteligencia, el riesgo y la capacidad de provocación -en el buen y en el mal sentido, todo hay que decirlo- de su colega. Tampoco posee su don de gentes y su educación. Quienes acudimos regularmente a las firmas de autógrafos lo sabemos bien. Mortier estará todo lo endiosado que se quiera, pero se acerca a los aficionados -a cualquiera que se le pone por delante- con una naturalidad y una simpatía admirables. También con una enorme capacidad de convicción. La teutona, pues lo que ustedes ya saben: Alemania pura. La manera en la que se mueve y con la que mira lo dicen todo. Esto no sería importante si no fuera por dos circunstancias decisivas. La primera, que crear un buen ambiente de trabajo es fundamental para sacar un proyecto adelante. El imperio del terror se ha demostrado que no funciona (en el Teatro Villamarta de mi tierra eso lo saben bien). La segunda, que solo con cordialidad, diálogo, saber estar y una gran capacidad de seducción se pueden conseguir y fidelizar patronos privados. No sé si me explico.

Pero Helga Schmidt, por cierto tan hábil como Mortier a la hora de ganarse el apoyo de ciertas firmas, parece ser vista por algunos como un modelo de gestión. La explicación es fácil: su proyecto es tan vistoso como acomodaticio, por no decir rancio. Obviamente hay calidad, porque los cuerpos estables son excepcionales y algunas batutas y voces son de fuste, pero el interés de sus propuestas es menor. El belga entiende que la misión de un teatro público -o sea, pagado por todos- es dinamizar la cultura: proponer, descubrir, arriesgar, provocar, incluso incomodar… Hacer pensar, en definitiva. Frau Schmidt lo que pretende es, por el contrario, ofrecer a la alta burguesía lo que esta busca, espectáculos más o menos vistosos que incluyan nombres célebres -en compositores e intérpretes- y que permitan pasar un rato agradable, distendido y con glamour. Que el personal vuelva a su casa pudiendo presumir de haber estado en ese sitio lleno de gente distinguida viendo una ópera conocida a cargo de artistas de los que salen en la tele. ¿Un proyecto de izquierdas frente a un proyecto de derechas? Pues más o menos. Por eso mismo me sorprende la decisión del PP con respecto a Mortier. Y le felicito por ello.

PD: la foto de Doña Helga se la he robado descaradamente a Atticus de su siempre recomendable blog (enlace).

miércoles, 1 de febrero de 2012

Don Giovanni en Valencia: tocar madera

No solo lo han dicho los blogs de Titus, Atticus y Maac, que ofrecen siempre las valoraciones más fiables de los espectáculos de Les Arts. También han coincidido los foros operísticos y la prensa especializada (¿se olvidaría esta vez Doña Helga del catering de cortesía?). Hay unanimidad: el Don Giovanni valenciano ha sido profundamente mediocre en lo escénico y aceptable sin más en lo musical, por lo que el saldo global es más bien negativo, o cuanto menos decepcionante. Mi opinión es la de todos, aunque quisiera ver la botella medio llena y subrayar la extraordinaria dificultad que este título supone para cualquier teatro, porque no hace falta solo una orquesta de nivel -cualquier limitación técnica se multiplica por dos ante la pureza de la escritura mozartiana-, sino también una batuta capaz de mantener el pulso durante tres horas y un equipo de al menos cinco cantantes de plena solvencia, amén de un regista que sepa estar a la altura de las excelencias del libreto de Da Ponte.


Falló estrepitosamente la propuesta de nada menos que Sir Jonathan Miller. Sus polémicas declaraciones me han resultado simpáticas (¿alguien duda que buena parte del público de Les Arts, o sea, la burguesía votante de Francisco Camps, va a otra cosa que no sea lucir los abrigos?), pero lo que no se puede es mostrar menos entereza moral que esos presuntos aficionados a los que critica y cobrar por no hacer nada: la dirección de actores me parece una de las mayores pruebas de incompetencia que he visto a un regista de renombre. De concepto escénico o algo que se le parezca, ni hablemos. Fea la escenografía -no por simple, sino por antiestética-, correcto el vestuario. Su única aportación, los demacrados espíritus femeninos -a lo novias de Drácula- que llevan al seductor a los infiernos. Si no sentí ganas de arrojarle a Miller desde mi localidad el programa de mano -no tengo ganas de hablar de las chorradas de Helga sobre la pureza mozartiana de Les Arts impresas en el mismo- fue porque aún he visto producciones peores de este título. Por ejemplo, la de Peter Mussbach que le vi a Barenboim en Berlín hace algunos años. Al menos esta que ha presentado el teatro valenciano -como saben, se había estrenado “incompleta” varias temporadas atrás debido a un accidente en el escenario- ha sido respetuosa con Da Ponte y no ha pecado de exceso de originalidad.



Grata sorpresa la de Nicola Uliviere: su voz es más lírica de la cuenta, pero el chico canta bien y da el tipo en escena. Le queda mucho por matizar para estar a la altura del rol titular, pero con el tiempo y buenos directores a su lado puede convertirse en un gran Don Giovanni. Me gustó bastante menos David Bizic, un Leporello plano y aburrido. Anna Samuil -creo que fue la Doña Ana que escuché en la función berlinesa arriba referida- hubiera ofrecido una recreación muy notable de no ser por las repetidas estridencias en la zona aguda. Decepción total Sonia Ganassi, mal de voz, despistada en el estilo y perdida en la psicología de Doña Elvira; perdida también, ay, en la sincronía con la batuta. Rosa Feola fue una Zerlina elegante y sensible, pero cosas mucho mejores se han escuchado a cantantes españolas; por ejemplo, a Ruth Rosique. Simon Lim cumplió como Masetto. Francamente bien Alexánder Tsymbayuk como el Comendador, que por su parte -impresentable la regie haciéndole sentarse a la mesa muy tranquilo- no dejó que flaqueara musicalmente el corazón de la obra, que no es otro que la penúltima escena. Como triunfador lírico de la noche quedó Dmitri Korchak, no muy desenvuelto en las agilidades de “Il mio tesoro” pero maravilloso fraseador, administrando la respiración y el legato para ofrecer una recreación cálida y entregada, sin ese distanciamiento un punto blandengue y hasta afectado con que otros cantantes encarnan a Don Ottavio.


Helga Schmidt puede ser una buena gestora -personalmente lo dudo- y tal vez entienda de voces -eso me parece más probable pese a algunos contratos dignos de expediente X, léase Marco Vratogna-, pero lo que cada día tengo más claro es que no tiene idea de batutas. Su patinazo a la hora de vender a Omer Wellber como un gran talento habla claro. Lo es también, por poner un ejemplo más, su despiste a la hora de encargar a Zubin Mehta -próximo Festival del Mediterráneo- un programa todo Brahms, cuando cualquiera que conozca la trayectoria del maestro sabe la manera en que se estrella con este compositor. Y lo ha sido a todas luces, como se venía venir desde el principio, ofrecerle Don Giovanni al maestro indio, porque su falta de sintonía con el universo mozartiano es manifiesta y, salvo algunos momentos de contrastada teatralidad -final del primer acto- o de apreciable sentido del pathos -arranque de la obertura y aparición final del Comendador-, la indiferencia expresiva ha terminado haciendo mella en la partitura, al menos en la función del estreno que tuve la oportunidad de presenciar.

 
No obstante merecen subrayarse dos aspectos muy positivo por parte de Mehta, a saber: el alejamiento de ese Mozart precipitado, excesivamente ligero de texturas y más bien frívolo que ahora está de moda -Abbado, Harding- para optar por la más saludable tradición centroeuropea, por un lado, y por otro un maravilloso tratamiento de las maderas que no solo las hizo sonar con una claridad pocas veces escuchada sino que además les dio, sin perder el adecuado equilibrio, todo el protagonismo que merecen en la genial escritura mozartiana. Medalla de oro, en este sentido, para toda la referida sección de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, que mostró un nivel difícilmente superable para cualquier otro teatro lírico y se convirtió -al menos para quien suscribe, que disfrutó a tope de su trabajo en medio de la grisura- en la gran protagonista de la velada. Y ahora toquemos -precisamente- madera para que el nivel se vaya recuperando en los próximos títulos de la temporada.