domingo, 19 de febrero de 2012

Más paro, menos música

Ya está aquí la reforma laboral. Reforma contra el paro, dice el diario derechista “La Razón”, que por cierto es a la razón lo mismo que “Pravda” a la verdad. Es en realidad la reforma del desempleo: despidos más fáciles y baratos. También la reforma de la explotación: salarios más bajos, aumento de la jornada laboral e inquietante precariedad. Tal merma sufren los derechos laborales que quien quiera conservar un empleo no solo van a tener que conformarse con lo que le den, sino que va a tener que demostrar ante la empresa que está dispuesto a sacrificarse -horas extras fuera del contrato, sometimiento a chanchullos varios- más que sus compañeros. A su vez, la sustancial reducción del poder adquisitivo de los españoles va a acentuar la crisis de ventas y, por ende, a hinchar aun más las listas del paro. Así lo ha advertido ya el presidente Mariano Rajoy, quien durante la campaña electoral silenció y hasta negó algunas de las medidas más drásticas que está tomando. Y aun sigue callando cosas, porque todavía el Partido Popular tiene que extender sus tentáculos por Andalucía y Asturias.

Forges recortesman

¿Ha votado el pueblo español en plena libertad ejerciendo su derecho democrático? Obviamente sí. Pero no debemos olvidar cómo una importante cantidad de medios de comunicación, convertidos en voceros de las grandes fortunas que los financian, han conseguido con una incasable labor diaria hacer tragar a los españoles dos descomunales mentiras: que la crisis ha sido culpa del gobierno socialista (¿gobernaba el PSOE en EEUU o en Reino Unido?) y que las medidas que trae la derecha están encaminadas a sacarnos de la crisis. Claro que muchos no podemos consideramos engañados, porque sabíamos desde el principio que el objetivo del Partido Popular era someterse a las directrices de las grandes finanzas europeas, que para mantener sus márgenes de beneficio necesitan someter a los trabajadores a los mismos rigores que sufren los ciudadanos del mundo asiático, cuyo mercado mucho más competitivo -gracias a la referida explotación- amenaza al nuestro. Ya lograron llevar a su terreno al blando Zapatero en los últimos meses de su mandato. Mariano Rajoy no necesita resistirse, porque él siempre ha sabido de lado de quién estaba.

No hace falta decir que estamos viviendo en toda Europa momentos decisivos y que las perspectivas no son nada halagüeñas. La consecuencia de todo este proceso va a ser una agudización de las desigualdades entre ricos y pobres -ya no solo entre continentes sino dentro de un mismo país-, una transformación de buena parte de la clase media en clase baja y un aumento de las tensiones sociales, dando pie estas últimas a consecuencias mucho más peligrosas. Hace meses advertí a mis alumnos de la probable aparición de violencia callejera en los países más perjudicados: pues bien, ahí tienen ustedes el caso de Grecia de esta misma semana. Veremos también como la extrema derecha y la extrema izquierda empiezan a rebañar votos a los partidos mayoritarios. Y esto no ha hecho más que empezar. La población se mostraba más o menos conformista mientras las cosas iban bien, pero ahora no parece estar dispuesta a seguir aguantando una plutocracia que manda abiertamente sobre los partidos y que está dispuesta a retirarle las comodidades a las que se había venido acostumbrando desde los años cincuenta y sesenta.

Forges vacas flacas

¿La música? Piensen un poco: menos tiempo libre y menor poder adquisitivo implican reducción de la compra de discos y de la asistencia a conciertos. El mercado discográfico ya hace tiempo que anda mal, así que esto supone poco menos que la estocada. En cuanto a los espectáculos en vivo, al problema referido hemos de sumar en España la manera en la que el nuevo gobierno conservador está dispuesto a ir dejando el mundo artístico en manos privadas. Liberalismo llaman a eso. Los precios subirán -o al menos no irán como los salarios, a la baja- y la programación irá eliminando riesgo para centrarse en lo más comercial -para garantizar la ocupación de los aforos- y en lo socialmente prestigioso.

Y aquí tenemos una de las claves del futuro. Es el fin de la “democratización” de la música clásica que se ha venido realizando en los últimos años, esa que ha permitido -mediando subvenciones- que las clases medias accedan a los espectáculos por poco dinero, que ha generado una amplia red de auditorios y agrupaciones -repárese en el trato que el PP está dando a Orquesta de Extremadura- y que ha cuidado la formación del público atendiendo a los repertorios menos populares. Seguirá habiendo música culta en directo, claro, pero en menor cantidad y con propuestas más convencionales. Y en lo que respecta al género más caro, el operístico, éste va a volver a ser lo que en gran medida era antes: un lugar de encuentro de las clases pudientes, esas que se van a poder permitir enfrentarse a los precios de las entradas y que reclaman espectáculos acordes con su mentalidad conservadora. De los conciertos sinfónicos a cargo de las más prestigiosas agrupaciones y estrellas podremos decir algo parecido. La música antigua podría salvarse por su menor coste, pero su carácter menos popular es un factor en su contra. De la contemporánea, ni hablemos. En definitiva, un retroceso musical en toda regla que se va a ir notando más y más conforme pasen los años. Ojalá fuese este el único terreno en el que emprendemos la marcha atrás.

4 comentarios:

Bruno dijo...

1 Bien, a pesar de estar en un blog musical, los acontecimientos alteran temporalmente las prioridades.
Escribo con prevención porque ya anteriormente, en una situación similar, creo que ante unas elecciones, ya le escribí unos comentarios, disconformes, que no me publicó.
Pero permítame que le haga unas reflexiones partiendo, estoy seguro, de una similar inquietud por el futuro que nos espera.
Lo de los salarios bajos es una faena pero todo indica que de inicio serán necesarios para empezar a crear empleo. Realmente la madre del cordero es cómo se reactiva la economía y sobre eso no hay muchas ideas sobre la mesa. Una de las pocas que hay es esa. Conforme crezca el empleo, y la producción, debe aumentar la demanda y la renta real. En fin, si cinco millones de personas que ahora no trabajan lo hacen, en algo se tendrá que notar.
Los derechos laborales son relativos. Son los que nos podemos permitir. Vaya Ud. con derechos laborales irrenunciables a los que han perdido su trabajo.
Lo de la precariedad viene acompañando a la renovación tecnológica. El que no se adapte lo tiene crudo. Ud. mismo habrá visto la invasión informática. Ahora para ser usuario hay que saberse bastantes aplicaciones. No se puede hacer idea de las secretarias que, como consecuencia, perdieron su empleo y se transformaron en administrativas polivalentes.

Bruno dijo...

2 Ud. mismo reconoce el asunto de la competitividad. Todos los negocios en marcha, para mantenerse, han de ser competitivos. Y lo de la globalización es un hecho, aunque no le guste. Y el mundo se está globalizando desde que los nómadas se pusieron en marcha como Ud., como profesor de Historia, debe saber.
Que haya empresarios indeseables, ladrones y corruptos no impide que la mayoría de los mismos sean trabajadores que quieren prosperar y no meros explotadores. A nadie se le pide un carnet previo de maldad para ser empresario. Es tan respetable, en principio, como cualquier oficio.
No le quiero razonar a partir de la existencia de obreros irresponsables.
Ciertamente Rajoy no repitió muchas veces lo que iba a hacer. Incluso, ciertamente, algunas cosas, impuestos, las dijo al revés. El asunto es que estamos entre un bando que, como es el bueno, se permite no hacer lo que dice y otro, el malo, que debe comportarse como una virgen virtuosa. El asunto es que nos compran, todos, el voto con nuestros impuestos y además nos regalan el oído como el seductor D. Juan. Somos de esa lista que exhibe el criado, Leporello. Un poco violados.
Negar que algo específico pase en la productividad de la economía española es muy moderno. Pero, como sea cierto, y creo que lo es, andamos aviados si nos dormimos. Y hay suficientes causas para inferir que no funcionamos bien. No es sólo Usa. Algo tenemos que ver.
No niego que haya intereses comunes contra los que luchar pero me niego a considerar que estemos en manos de UNA, o pocas, conspiraciones. El mundo en general y el económico en particular es muy complejo. Ni quieren ni tienen tiempo para ponerse de acuerdo.
Si esa conspiración resulta que es el mercado, pues muy bien. Porque el mercado es el que regula los recursos. Aunque a algunos no les guste y se empeñen en contradecirlo. Menos mal que no se empeñan en que siempre sea de noche. Observe, de paso, que eso que llaman mercado son las formas distorsionadas de la competencia perfecta. Justamente lo que les gusta hacer a los políticos y, en otro orden de cosas, la pertinaz reforma de la legislación laboral
Pero si un coche chino es más barato e igual de bueno, Ud. se comprará un coche chino.
Las condiciones económicas del pueblo chino no son envidiables. (Recuerde que allí son comunistas, aunque no es relevante a estos efectos). Como no las fueron las de los chavales de Manchester ni las de sus abuelos de Ud. seguramente. Los míos vivieron bastante peor que yo. No está inventada una transición mejor. Y seguro que los de Manchester vivieron mejor que los beduinos y acumularon capital. El asunto no es condenar, sino mejorar esa transición.
No nos engañemos. Seguro que la distribución de la riqueza es ahora mejor que antes. Estudie a los mineros romanos. ¿Estamos peor que en la España de los 30?
La desaparición de la “odiosa” clase media española es una coyuntura actual, espero que temporal. Lo que hay que hacer es analizar sus causas.
Y si no es temporal es que no nos recuperamos y todo este lío huelga. Hemos pasado a emergentes.

Bruno dijo...

3 La música. Ud. debe saber más. Ya le apunté que en la cultura de la mediocridad no es fácil que a la gente joven le guste algo que le cuesta un esfuerzo aprender y que, además, no es trivial. Piense en la música clásica frente a la ligera como un asunto de distinta trascendencia e intensidad. A la gente no le gusta que le pongan frente a su espejo. La música que gusta ahora es la banal e irrelevante instrumentalmente. Deben ser aficionados.
A Ud., y a mí, le gustan los discos. Ahora ese mercado ha cambiado. Pero no se equivoque. La gente puede oír cualquier cosa. Todo es accesible. Piense que, en mis tiempos, las grabaciones de Mahler aparecieron poco a poco y lo conocimos en estado de ansiedad. Ahora se pueden descargar de golpe varias integrales y gratis.
Asimismo había menos conciertos que ahora. Pero no baja la edad media de los asistentes. Como si saliéramos del sarcófago para ir al concierto.
Lo que hay que meditar es qué se hace mal si, con los medios de ahora, la gente joven sale del colegio sin haber oído la Fantasía Bética o similar.
No es cuestión de dinero en este caso. Vaya a Mestalla… pagando.
Ni que decir tiene que le escribo todo esto como contraprestación a su trabajo, que disfruto gratis, en su blog.
Parto los comentarios en tres partes por lo de la capacidad del “contestador”

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bruno, dudo mucho haberle dejado algo sin publicar. Jamás he censurado ideas diferentes a las mías. Solo he dejado fuera del blog mensajes con insultos más o menos soeces. Si algo suyo quedó en el tintero debió de ser exclusivamente por error. Gracias por su extensa participación. Saludos cordiales.