Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
jueves, 15 de noviembre de 2018
Barenboim cumple setenta y seis
martes, 13 de noviembre de 2018
El sublime Brahms de los Khachatryan
En la Sonata nº 2 la comparación ha sido con Oistrakh/Richter, Znaider/Bronfman, Pauk/Vignoles, Znaider/Bronfman y Perlman/Barenboim. Magníficas las dos primeras parejas, no así las otras dos; en cualquier caso los Khachatryan nos ofrecen la interpretación más intimista, más cantable, sensual y embriagadora, también la más atenta a la atmósfera, aunque por fortuna no resulta blanda ni deja de ofrecer apasionamiento en los clímax. Para derretorse el violín de Sergey, que dice cada frase con una emotividad y un aliento poético subyugantes.
Vuelven a maravillarnos en la Sonata nº 3 la efusividad del fraseo, el lirismo tierno y al mismo tiempo muy intenso que desprende, la flexibilidad y lógica absoluta del trazo –cuidadísimas las transiciones– y el desarrolladísimo sentido de la atmósfera, todo ello llegando a su culmen en un Adagio prodigioso. Lo que ahora hay que recalcar, dadas las características de la pieza, es el enorme grado de arrebato y extroversión, con carácter no poco escarpado pero manteniendo siempre la más absoluta belleza sonora, que los dos hermanos alcanzan en los movimientos extremos, particularmente en el último, que se beneficia de un sonido muy poderoso y muy brahmsiano por parte de Lusine. Un prodigio, que tampoco alcanzan Oistrakh/Yampolsky –desgarrador a más no poder el violinista– ni las ya citadas parejas de Znaider/Bronfman, Pauk/Vignoles, Znaider/Bronfman y Perlman/Barenboim. Solo se acercan, sin llegar a tan sublime excelsitud, Vengerov y Barenboim en su único acercamiento conjunto a este trilogía. ¡Lástima que no grabaran las otras dos!
No hace fata decir mucho más: el disco de los Khachatryan es de audición total y absolutamente imprescindible.
domingo, 11 de noviembre de 2018
Demidenko en el Vlilamarta: notable Schubert, sobresaliente Prokofiev
Comenzó la velada con el Capricho nº 6 de las Soirées de Vienne de Schubert-Liszt, una nadería deliciosa en la que el ruso hizo gala un sonido tan hermoso como admirablemente regulado y de una gran elegancia en el fraseo. Palabras muy mayores a continuación: Franz Schubert. En la web del teatro y en el programa de mano se anunciaba la “Sonata en La Mayor Op. posth.”, mientras que en la página del artista se hablaba de la “Sonata No. 19 in Minor D. 958”. Al final fue la primera de ellas, es decir, la Sonata No. 20 en La mayor D. 959. La dificultad es la misma, en cualquier caso, porque llegar al punto justo de equilibrio entre belleza formal, fluidez y hondura en cualquiera de las tres últimas sonatas schubertianas solo está al alcance de los grandes. Demidenko superó la prueba y ofreció una espléndida recreación en la que planificó de manera admirable la arquitectura, resolvió estupendamente las transiciones, cantó las melodías con naturalidad y supo marcar los picos de tensión para que la música no se quedara en una sucesión de sonidos. Un punto más de fuerza expresiva, de emotividad y de magia poética no le hubieran venido mal, en cualquier caso: la comparación con la descomunal, histórica recreación que le escuché a Radu Lupu en Barcelona hace tan solo unos meses, deja claro que lo de ayer fue de notable alto, más no de matrícula de honor.
El Vals op. 38 de Scriabin estuvo dicho con fluidez y elegancia, mirando no tanto al pasado chopiniano como al impresionismo contemporáneo. Sensible en el toque y elegante en el fraseo, Demidenko controló de manera admirable su sonido pianístico para alcanzar la agilidad y la delicadeza pretendidas.
La misma capacidad para modelar la materia prima le permitió ofrecer increíbles veladuras con las que acentuó el lirismo onírico e inquietante de la Sonata nº 8 de Prokofiev, ofreciéndonos así una interpretación muy alejada del tópico: si la mayoría de los pianistas se centran –es lógico y plausible que así lo hagan– en los aspectos más combativos de esta música, en su carácter obsesivo y en sus sonoridades atronadoras, Demidenko se desentendió del carácter demoníaco de la misma –tampoco le faltaron contrastes ni tensión interna– y optó por esa melancolía amarga y desconsolada, recorrida por inquietantes turbulencias y a veces disfrazada de sarcasmo, que singulariza la creación del compositor. Como además la recreación supo ser brillante cuando está indicado y ofreció grandes dosis de agilidad –algunos deslices hacia el final del tercer movimiento importaron poco–, el resultado fue sobresaliente. Solo a Kissin –vídeo disponible en YouTube– le he escuchado algo todavía mejor.
Tres propinas: dos Scarlatti soberbios y un Chopin, el Vals del minuto, que debería haberse ahorrado.
sábado, 10 de noviembre de 2018
Barenboim y la WEDO en el Carnegie Hall
Don Quijote de Strauss en la primera parte. Nunca me entusiasmó la grabación de Barenboim en Chicago, pero sí lo hizo la que le escuché en directo en 2014 en Madrid frente a la Staatskapelle de Berlín. Lo que entonces escribí en este mismo blog es perfectamente válido para esta nueva recreación, de nuevo llena de sensualidad y de humanismo pero no por ello exenta de teatralidad, de carácter narrativo y de sentido de los contrastes, aun siempre con la salvedad de que la calidad de la WEDO no puede compararse con la excelsitud que en estos últimos años ha alcanzado la formación berlinesa. En lo que sí aventaja esta recreación neoyorquina a la que escuché en el Auditorio Nacional es en el chelista: si Claudius Popp estuvo estupendo, Kian Soltani se confirma como un verdadero prodigio. Estupenda la viola de Miriam Manasherov, aunque algunos de sus detalles me parecieran discutibles. Como propina, El cisne de Saint-Säens.
Desde aquel flojo registro en Chicago para Teldec, pasando por la interpretación que grabó con la WEDO en Ginebra y llegando hasta la que hizo con la Filarmónica de Berlín en el primero de mayo de 2014, Daniel Barenboim también ha mejorado mucho su comprensión de la Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky. Esta con la WEDO ni aporta ni pierde nada en lo que a la labor de la batuta se refiere con respecto a la última de la citadas. Se ha tratado, por tanto, de una cálida y elocuente recreación en la que se equilibran de manera admirable los aspectos épicos, líricos y dramáticos de la página, sin renunciar a la sensualidad ni a la opulencia sonora, pero sin dejar tampoco espacio alguno a la blandura, al exhibicionismo o al descontrol. Todo está medido al milímetro, aunque la apariencia de lógica, de naturalidad e incluso de espontaneidad es absoluta. En cualquier caso, si por algo destaca esta lectura –como lo hacía la de Berlín– es por otros dos factores: la excelsa cantabilidad del fraseo (¡puro Tchaikovsky!) y la enorme plasticidad con que está tratada la masa orquestal.
Una tan cálida como honda recreación de Nimrod y una inflamadísima, aunque en absoluto descontrolada, obertura de Los maestros cantores, remataron un concierto estupendamente acogido por el público norteamericano. Igualito que aquí en Andalucía, donde hay que hacer milagros para vender las entradas y los entendidos terminan diciendo auténticas barbaridades sobre lo que escuchan. Así nos va.
viernes, 9 de noviembre de 2018
Un bodrio en la Filarmonía del Elba
Mi opinión sobre el recinto ha terminando siendo muy positiva: aunque
reconozco que el diseño del interior resulta un pelín pretencioso, lo cierto es
que se trata de un edificio muy bello desde el punto de vista plástico que, al
mismo tiempo, sabe ser funcional y atender tanto al acceso del público como a la
acústica. Es decir, nada que ver con el Palau de Les Arts de Calatrava,
maravilloso visualmente pero un absoluto desastre como recinto operístico y como
sala de conciertos sinfónicos.
Eso sí, por mucho que un servidor disfrutara recorriendo la Elbphilharmonie,
salí de allí decepcionado: el concierto de ese sábado 2 de noviembre me pareció,
salvo en lo que a Meyer se refiere, un monumental bodrio, tanto por el discreto
nivel de la Kammerakademie Potsdam como, sobre todo, por la incompetencia
de su director Antonello Manacorda, durante años concertino de la Mahler
Chamber Orchestra y ahora batuta de amplio currículo que graba para Sony
Classical. ¡Apañados estamos!
Venía a continuación el estupendo Concierto para clarinete nº 1 de Weber, y para abordarlo salieron trompas y trompetas naturales que, por descontado, rajaron más que las modernas. En cualquier caso, no fue la de Manacorda una interpretación especialmente historicista en lo que articulación se refiere. Fue simplemente convulsa y emborronada, extrovertida pero de cara a la galería. Exactamente se puede decir de la página que abrió la segunda parte, la Konzertstück Nr. 1 para clarinete, corno di basetto y orquesta de Mendelssohn, para la que se contó con la participación del excelente Reiner Wehle. Sinfonía escocesa para terminar: momentos más que correctos, momentos discretos y blanduras fuera de lugar se sucedieron en una versión pseudohistoricista –más bien “historicista soft”– que no llegó a enervarme, pero sí me aburrió sobremanera.
¿Y la Mayer? Pues con un tipazo y un cutis absolutamente increíbles para sus cincuenta y nueve años. La artista conserva, además, toda su agilidad digital y ese enorme control del fiato que le permite construir frases con cantabilidad extrema. Y luciendo la musicalidad, la variedad expresiva y el compromiso que siempre han caracterizada a la clarinetista, cuyo Weber espero seguir escuchando en la grabación con Herbert Blomstedt, muchísimo mejor acompañada entonces que en este concierto que mereció mucho más la pena por el continente que por el contenido.
martes, 6 de noviembre de 2018
Harto de la corrección política. ¡Viva el humor!
Chistes, parodias y bromas sobre la "bandera española que nos representa a todos"; sobre la Patria española, catalana o andaluza; sobre Dios, Jesucristo y su Santísima Madre; sobre el Islam, la comida halal, el velo y el ayuno en Ramadan, "que también se merecen un respeto"; sobre el presunto "lenguaje no sexista" de todo y todas, ellos y ellas; sobre las mujeres maltratadas, sobre los gais discriminados y sobre los disminuidos psíquicos; sobre los animales "vilmente asesinados" para alimentarnos; sobre los capillitas y belenistas, que son tontos de capirote y de nacimiento respectivamente; sobre los que creen en fantasmas, males de ojo, extraterrestres, homeopatía y teorías conspiranoicas, porque "todas las creencias son respetables".
Por eso mismo traigo, por segunda vez en este blog y por los mismos motivos que hace años, el segundo movimiento de la Sinfonía nº 13 de Dimitri Shostakovich y los versos de Yevgueni Yevtushenko –en traducción de Mónica Castro– que sirvieron de punto de partida al compositor. Más vivos que nunca. Mas necesarios.
lunes, 5 de noviembre de 2018
Buscando a Brahms desesperadamente
En fin, una velada agradable que no terminó de paliar mi frustración por no “oler a Brahms” en su ciudad natal. Paradójicamente lo pude hacer al día siguiente en Bremen, preciosa localidad en cuya catedral se estrenó el Réquiem Alemán. Reconozco que no tenía idea: lo leí en el museo de la misma y quedé hondamente impresionado. No pude resistir la tentación de escuchar unos minutos a través del móvil allí dentro. De escalofrío, se lo juro. Y ya de vuelta a Hamburgo pude realizar una visita a la tumba de C.P.E. Bach y conocer esa Filarmónica del Elba ahora tan de moda, pero eso se lo cuento a ustedes en otra entrada cuando encuentre tiempo para escribirla.
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