lunes, 9 de julio de 2012

Las Huelgas en Los Jerónimos (Van Nevel visita Granada)

La misma jornada en que asistí por la noche al primero de los dos conciertos de Charles Dutoit (enlace), procuré llegar temprano a Granada para el recital gratuito que, con un programa de una hora exacta de duración consagrado a la polifonía flamenca e hispana del Renacimiento tardío, ofrecía en el hermosísimo Monasterio de San Jerónimo el Huelgas Ensemble bajo la dirección de su eterno titular Paul Van Nevel. Hice bien: la cola era tan considerable como suele en los mejores espectáculos que se ofrecen en este recinto, y con una hora de espera conseguí al menos situarme en mitad de la nave. Había mucha, muchísima gente, venturosamente de edad más bien temprana, y hubo quienes se tuvieron que quedar en la calle. ¿Quién dijo que no interesaba esta música?

He esperado a escuchar la grabación de Radio Clásica –me la he pasado a compacto, con su carátula y todo- para escribir estas líneas. Confirmo lo que ya imaginaba: en casa se disfruta más desde el punto de vista estrictamente musical, porque  en directo la acústica juega en contra, si bien nuestro salón doméstico muy poco puede rivalizar con la iglesia de la misma época –en realidad, algo anterior- de la música a la que daba cabida. En cualquier caso, confirmo también que se trató de un magnífico concierto.

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Empezó el programa con sendos motetes de dos ilustres desconocidos de la segunda mitad del Quinientos, Françios Galler y Balduin Hoyoul, en los que el portentoso Huelgas Ensemble ya pudo hacer gala de su perfecta afinación y solidísimo empaste. Vino a continuación el Agnus Dei de la Missa “In exitu Israel” del ya tardío Diego de Pontac, música sin duda muy bella pero que, como la anterior, no hizo saltar del asiento. Cosa que sí consiguió, porque con este señor ya son palabras mayores, Clemens non Papa con su motete Fremuit spiritu Jesus, al que Van Nevel supo aportar una elevada tensión interna sin perder nunca de vista el equilibrio y la espiritualidad serena del Renacimiento.

De Diego Barea  escuchamos un motete que sirvió como ejemplo del modelo a doble coro del siglo XVII, pero a quien esto suscribe le interesó mucho más el Heu me Domine de Vicente Lusitano, de arriesgadísimos cromatismos. Entre medias, el espléndido Vox in Roma de Gialles de Wert permitió confirmar a Van Nevel y sus colegas como auténticos maestros de lo que podríamos denominar “tercera vía” interpretativa de semejante repertorio, conjugando la brillantez de los grupos británicos con la sensualidad de los mediterráneos –perdonen ustedes los tópicos-, y aportando un sonido prieto y carnoso muy especial.

Como gran traca final llegaron tres de las Lamentationes Secundi Diei de Orlando di Lasso, soberbia música servida en interpretaciones que supieron aunar belleza formal y contenida comunicatividad, redondeando –importaron pocos ligerísimos desajustes entre los cantantes y la irrupción de dos teléfonos móviles- un concierto de primera magnitud. Al final, conseguí que el amable Van Nevel me firmara la caja A Secret Labyrinth (recopilación de quince compactos editados en su momento por Sony Classical) que ustedes pueden encontrar a precio de ganga en Amazon.es. Huelga la recomendación, nunca mejor dicho.

domingo, 8 de julio de 2012

Abbado con Faust y Von Otter en Berlín

El pasado once de mayo las cámaras de la Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín registraban la visita anual de Claudio Abbado a la que fuera su orquesta. Berg y Schumann en los atriles. Magnífico sin duda el Concierto a la memoria de un ángel, donde el maestro milanés y la espléndida Isabelle Faust repiten su logro de hace dos años para Harmonia Mundi. A lo que escribí en este blog sobre el disco en cuestión me remito (enlace), no sin añadir ahora que –como siempre- es una delicia ver el gesto de Abbado en el podio, pero también que la interpretación de Andris Nelsons dirigiendo a Baiba Skride con la misma orquesta disponible -asimismo previo pago- en la referida web, ya comentada por aquí (enlace), resulta tan distinta a ésta y tan notable que debe ser conocida para obtener una visión complementaria de la fascinante partitura.

Abbado Faust Berg Berlin DCH

Para los Altenberg Lieder se cuenta con la presencia de una Anne Sofie von Otter ya definitivamente reconvertida en soprano corta de timbre descolorido; por fortuna, la sueca es una artista de enorme altura y su recreación, en el punto de equilibrio justo entre posromanticismo y expresionismo, posee toda la sutileza en la inflexión, variedad anímica e inquietante ambigüedad que la obra demanda. Abbado dirige con enorme meticulosidad haciendo gala de su increíble dominio de los colores y las texturas, expuestas con claridad meridiana y gran riqueza de matices.

Obertura Genoveva y Segunda de Schumann completaban el programa. Resultados previsibles: enorme lección de virtuosismo de batuta por parte de un Abbado que sabe hacer sonar a la Berliner Philharmoniker aunando opulencia y refinamiento extremo, y exprimir los recursos de la misma para ofrecer interpretaciones de corte apolíneo, muy fluidas y naturales, ajenas por completo a la precipitación o al exceso, maravillosamente cantadas, pero seriamente perjudicadas por la consabida tendencia del maestro a hacer sonar los violines con excesiva ingravidez y, sobre todo, por su negativa a no ver más que una sucesión de sonidos de increíble belleza. Cuando pienso en el grito desgarrador que Mitropoulos sabía descubrir en el adagio de la sinfonía y lo comparo con lo que hace Abbado, se me abren las carnes.

En cualquier caso se trata de una interpretación de alto nivel, si bien la de Rattle en la propia Digital Concert Hall, abiertamente dionisíaca y por ende muy distinta, resulta para mi gusto más atractiva que ésta. Dicho queda.

viernes, 6 de julio de 2012

De cuando me venció Morfeo en los Arrayanes

Muchos años me ha llevado materializar mi ilusión de asistir a un concierto en el Patio de los Arrayanes. Tenía por fin entrada, en este 61 Festival de Granada, para escuchar en el Palacio de Yusuf I nada menos que a la viola excepcional de Tabea Zimmermann. Desdichadamente, por complejas circunstancias que ahora no hacen al caso, llegué la noche del martes 3 de julio extremadamente cansado a la Alhambra. Tanto, que no solo perdí la concentración para escuchar música, sino que además no tuve más remedio que cerrar los ojos en más de una ocasión en medio de terribles esfuerzos para mantenerme despierto. No disfruté en absoluto, claro está, y eso que mi asiento tenía buena visibilidad, que la climatología acompañaba y que la acústica -me llevé toda una sorpresa- resultó ser excelente. Sea como fuere, intentaré dejar unos apuntes de lo que intuí pudo ser el recital.

Tabea Zimmermann Festival Granada

Creo que fueron muy convincentes las Märchenbilder o Imágenes de cuentos de Robert Schumann, pues tanto Tabea Zimerrmann como su notable acompañante Silke Avenhaus acertaron en ese dificilísimo punto de equilibrio entre ligereza sonora y densidad dramática que exige el compositor; lo hicieron, además, derrochando belleza y sensibilidad a raudales. La Sonata op. 11 nº 4 de Paul Hindemith estuvo interpretada con la apropiada mezcla de equilibrio neoclásico y tensión interna, pero aquí la música -que servidor no conocía- me interesó poca cosa. Posiblemente mi apatía fuera fruto del cansancio, aunque también debo reconocer que las únicas obras que me entusiasman del autor son las Metamorfosis Sinfónicas y la Sinfonía Matías el pintor.

La transcripción de las Siete canciones de juventud de Alban Berg resultaron cuanto menos peculiares, porque al perder la fascinante orquestación original la atención se concentraba, por una vez, en la línea melódica inicialmente pensada para la voz. El resultado, un Berg más lírico y menos expresionista que nunca. Las interpretaciones, beneficiadas por el sonido carnoso de la violista alemana, parecían apuntar en esa misma dirección, pero aquí no me atrevo a decir más porque mis fuerzas estaban en su peor momento. No, no llegué a quedarme dormido.

Mucho más despejado tras el intermedio, sí que pude atender sin problemas a las breves piezas para viola sola de György Kurtág que se interpretaron, entre ellas …una flor para Tabea…, dedicada a la inmensa artista. Me gustaron mucho en su sugestiva mezcla de folclore y modernidad a través de pinceladas ora largas y sensuales, ora espontáneas y agresivas, admirablemente recreadas por quien domina los más recónditos colores de su instrumento.

Obviamente el plato fuerte estaba en la transcripción de una de las obras maestras absolutas de la literatura de cámara, la Sonata en La mayor para violín y piano de César Franck. Fue la de Zimmermann y Avenhaus una interpretación de asombrosa belleza formal, impregnada de una delicadeza por completo ajena al amaneramiento, una sensualidad nada narcisista y una emotividad contemplativa de altísimo vuelo poético. Para muchos, ideal. No para mí: esta página esconde una carga dramática sobre la que las dos artistas quisieron pasar de largo. Las dos propinas, que no pude reconocer, prolongaron el embriagador perfume destilado en esta noche veraniega sin mucha intención de aportar algo de variedad expresiva.

Dutoit y la RPO en Granada, a la francesa

No encontré tiempo durante mi estancia en Granada para escribir sobre los espectáculos que presencié en el 61 Festival de Música y Danza. Lo hago ahora, de manera desordenada, comenzando por los que ofreció la Royal Philharmonic Orchestra con su titular Charles Duoit al frente: programas en torno a Debussy y el Impresionismo en general, con Tchaikovsky como invitado especial un tanto forzado. Desde el punto de vista técnico fueron algo decepcionantes. ¿Bolo veraniego? No creo, pues los problemas no estuvieron solo en los desajustes, sino también en la pobreza de los solos y en la falta de un sonido global de calidad. Mi impresión fue que la formación británica, que desde la época de Beecham hasta hoy mismo ha estado siempre por detrás de las cuatro grandes londinenses (Sinfónica, Filarmónica y Philharmonia), se encuentra en un momento poco feliz de su trayectoria. Por descontado que su visita al Carlos V se agradece, pero esperábamos otra cosa.

Como ya expusimos al hablar de su Debussy discográfico (enlace), el maestro suizo aborda este repertorio potenciando los ingredientes “puramente franceses” que lo integran, una opción que puede no ser la que más nos guste pero sí la que resulta más inatacable. En Granada las circunstancias discurrieron por el mismo camino, pero hay que hacer matices. El Preludio a la siesta de un fauno que abrió la velada del sábado 30 de junio parecía ser muy hermoso, pero quien esto suscribe no lo pudo disfrutar por culpa de un fotógrafo –el oficial del festival, creo- que machacó repetidamente los pasajes más en piano para disgusto de los melómanos de economía ajustada que habíamos sacado las baratas entradas del extremo izquierdo de la galería superior. Un cero a la organización en este sentido, y que conste que no es el primer año que sufrimos semejante molestia.

CONCIERTO DE LA ROYAL PHILHARMONIC ORCHESTRA DIRIGIDA POR CHARLES DUTOIT EN EL PALACIO DE CARLOS V. FOTO ALFREDO AGUILAR

La versión de La mer no me pareció tan lograda como la del disco, y quizá tampoco como alguna otra muy reciente del propio Dutoit que he conocido vía radiofónica. Quizá yo me encontraba aún desconcentrado por culpa del fotógrafo de marras. O quizá –bueno, eso seguro- es que la acústica del Carlos V no es precisamente la más adecuada para las sutilezas tímbricas de Debussy. Pero también me daba la impresión de que el maestro no se había currado las cosas como debía haberlo hecho: determinadas líneas instrumentales apenas se escuchaban. Buena recreación, en cualquier caso.

Buena Quinta de Tchaikovsky en la segunda parte del concierto del sábado: irreprochablemente trazada, dicha con apreciable control de la arquitectura, ajena a arrebatos y excesos, como también a la melifluidad a pesar de que el enfoque fue mayormente sentimental, para mi gusto en exceso. Lo que ocurre es que los que hemos tenido la enorme suerte de escucharle esta partitura a Celibidache en directo sabemos que es posible alcanzar resultados aplastantemente superiores a los de esta honesta, solvente y profesional pero poco inspirada realización de Dutoit.

Al día siguiente el triunfo de la selección española en no sé qué cosa futbolera parecía que iba a producir los mismos trastornos que la victoria en el Mundial causó en el Bruckner de Barenboim hace dos años. Por fortuna, los cohetes en esta ocasión fueron moderados y se pudo disfrutar de una extraordinaria recreación de Mi madre la oca, no solo bellísimamente sonada sino también dicha con muy sincera poesía, amén de perfecta en el estilo; creo que solo a Giulini le he escuchado interpretaciones abiertamente superiores. El nivel bajó de manera considerable con la Suite nº 2 de El sombrero de tres picos, música dicha desde la misma óptica francesa de la interesante grabación discográfica del propio Dutoit (la opción es tan válida como hacerlo mirando a Stravinsky, que de todo hay en esta maravilloso ballet), pero sin la vivacidad ni la frescura del registro de Decca, y viéndose además lastrada por una evidente falta de inspiración y hasta cierta desgana. La del corno inglés se inventó su solo de la farruca. No es de recibo hacer un Falla así en Granada, la verdad.

Dutoit volvió a dejar clara su sintonía con Ravel con una soberbia interpretación de La valse, quizá no tan referencial como su registro de 1981-perfecto gracia a su equilibrio entre brillantez, elegancia, decadentismo, sarcasmo y carácter siniestro- pero en cualquier caso fascinante en su tratamiento de las texturas, admirablemente matizada y de contagiosa comunicatividad. La única pega fue la acústica del palacio construido por Pedro Machuca, de nuevo problemática para el Impresionismo.

Fuentes de Roma y Pinos de Roma para cerrar –no hubo propinas- la velada del domingo 1 de julio. No hubo sorpresas, pues se nos ofrecieron recreaciones de solidísima ortodoxia estilística –mirando al Impresionismo- y muy tradicionales en el enfoque –más paisajístico que inquietante-, dichas con absoluta convicción e irreprochable gusto por parte de la batuta -muy inspirada en el Gianicolo- y tocadas de manera algo decepcionante por una orquesta cuyas trompas deberían haberse preparado más los fulgores imperiales de la Vía Apia. Resultados muy notables, en cualquier caso, pero aquí de nuevo hay que establecer comparaciones: lo que hicieron el año pasado en Valencia George Prêtre y la Orquesta de la Comunidad Valenciana en Les Arts fue aplastantemente superior (enlace), se mire por donde se mire. Claro que eso a lo mejor no lo sabía la mayor parte del público del Carlos V, que aplaudió a rabiar.

viernes, 29 de junio de 2012

El modélico Debussy de Charles Dutoit

Con motivo de la visita al Festival de Granada de Charles Dutoit con un par de programas centrados en el impresionismo, traigo aquí este doble CD que recoge sendos compactos que el director suizo –setenta y cinco tacos ya- dedicó a Claude Debussy en su etapa al frente de la Sinfónica de Montreal. Images, Nocturnes y Printemps fueron registrados en 1988. La mer, Jeux, la suite orquestal de Le martyre de Saint Sebastien y el Prelude a l'apres-midi d'un faune lo hicieron al año siguiente, beneficiándose de nuevo de la acústica de la iglesia de San Eustaquio y del excelente hacer de los ingenieros de Decca, que ofrecieron tomas de naturalidad y transparencia irreprochables.

Nunca ha sido Dutoit un director capaz de genialidades. Aquí tampoco lo fue, pero sí que mostró una muy especial afinidad con Debussy, hasta el punto de que se puede afirmar con rotundidad que todas estas interpretaciones, sin ser desde luego las mejores posibles (pienso en el Fauno de Haitink, El mar de Muti, la Iberia de Celibidache, en los Nocturnos de Tilson Thomas o Previn), pueden ser consideradas como modélicas, y probablemente primeras opciones para acercarse a esta música rematadamente genial por vez primera, sin las “contaminaciones” de batutas con mayor personalidad.

¿Dónde está el secreto de este Debussy? Pues en la perfección de su estilo. Nos encontramos con lecturas de una “ligereza francesa” en su punto justo, evitando tanto la opulencia romántica como el exceso de levedad; las brumas están ahí, pero tampoco hacen la atmósfera demasiado densa; hay además un carácter extrovertido y hasta narrativo muy saludable, sin perder nunca el control de la arquitectura –todo fluye con enorme naturalidad- y sin descuidar tampoco el toque exacto de misterio y ambigüedad que esta música debe tener. La elegancia, de nuevo muy “francesa”, está garantizada. El colorido es además riquísimo, sabiendo variar de lo moderadamente difuminado a lo incisivo cuando ello es necesario. Y no hay lugar para los narcisismos sonoros, los detalles decadentes o los efectismos varios en lo que batutas de mayor prestigio y/o talento caen con cierta frecuencia. Tampoco en la frialdad excesivamente intelectual de algún otro, no hace falta decir nombres.

He tomado notas a medida que iba escuchando cada una de estas obras, pero al final no encuentro necesario especificar nada en concreto, ya que apenas hay altibajos: todas estas interpretaciones responden al mismo patrón de una ortodoxia, una musicalidad y una comunicatividad intachables. Y aunque la creatividad, el compromiso expresivo y la magia quedan reservados para otros maestros, también para orquestas aún más capaces, los admirables resultados de Dutoit y Montreal merecen el mayor de los respetos.

jueves, 28 de junio de 2012

Fanfarria para los recortes

Se preguntarán algunos por qué no hablo DEL TEMA. Pues porque no hace falta, oigan. Creo que la cosa está clara. Clarísima. Al menos para los que somos profesores de secundaria en Andalucía: al tijeretazo del pasado año nos van a añadir ahora otro que se va a materializar, entre otras cosas, en una mordida de entre el 50 y el 60 % de la paga extra que estamos a punto de recibir, todo ello independientemente del aumento de las hora lectivas que va a sufrir el gremio en toda España. Ya digo, no debe haber duda sobre la cuestión. Pero por si alguien aún no ha reparado en el asunto, les copio abajo un artículo aparecido en un diario valenciano sobre cómo Helga Schmidt ha aceptado recortarse el sueldo –no así los “gastos adicionales”- un 60% para equipararse con el presidente de la Generalitat Valenciana. Antes les dejo una fanfarria de Halffter padre interpretada por Halffter hijo que bien nos puede servir para anunciar ciertos recortes que deberán producirse cuanto antes… so pena de rebelión popular de la melomanía.

 

HELGA SCHMIDT PIERDE EL 60% DEL SUELDO PARA IGUALARLO AL DEL PRESIDENTE

Toda norma siempre tiene una excepción, y en el caso del decreto ley que homologa los sueldos de directivos de la Generalitat a un mismo salario, también tenía que existir. Y en este caso, por duplicado. Así, ni la intendente del Palau de Les Arts, Helga Schmidt, ni el rector de la VIU, Juan Manuel Badenes, cobrarán los 55.391 euros anuales que perciben el resto de directores generales de la Generalitat y de sus empresas públicas y fundaciones.

En el caso de la austriaca, su salario es el que sufre el mayor recorte. De los 180.000 euros que hasta ahora tenía como sueldo anual, se quedará en menos de 68.000. Lo hace para no cobrar más que el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, a pesar de que tenía un contrato blindado lleno de privilegio. Schmidt ve reducidos sus emolumentos en algo más de un 60% para no cobrar en bruto más de los 67.615 euros anuales. Pero nada se dice del resto de beneficios que la intendente y gestora del Palau de Les Arts cobra de manera anexa a su contrato.

Gastos de lujo

En 2003, según la documentación oficial del Palau de Les Arts, la intendente austriaca cobró 283.240 euros. Un año después, los ingresos fueron de 275.707 euros. Entre los gastos directos destacaron los 7.028 euros en 2003 en restaurantes o los casi 11.000 en los dos años en desplazamientos y taxis. En los gastos indirectos de 2003 y 2004, figuraron casi 19.000 euros en alquiler de coches; más de 6.000 euros en restaurantes y casi 800 en flores. La socialista Noguera en su día mostró facturas, como los 3.000 euros de alojamiento en un hotel de Viena del 27 al 29 de abril de 2005. En Valencia también tenía un carrito de golf que costaba 350 euros al mes para desplazarse por el recinto del Palau de les Arts. La Fundación le pagaba hoteles de cuatro estrellas y turista en avión si viaja por Europa. A América, en business. (…)

Pueden leer la noticia completa en el siguiente enlace.

miércoles, 27 de junio de 2012

Tremenda Urmana como Medea en Les Arts

Nunca me había gustado tantísimo Violeta Urmana como en esta Medea que le vi el pasado domingo 24 en el Palau de Les Arts. ¿Cambios de color en el grave? Pues sí. ¿Agudos problemáticos? Claro, es una mezzo. Pero su voz sigue siendo opulenta, su técnica -pese a los reparos apuntados- muy sólida, su línea espléndida y su compromiso expresivo, aquí está la clave, muy por encima del que suele hace gala. El rol es largo, comprometido y exigente: por su parte, triunfo total y absoluto gracias a su capacidad de comunicar toda la gama psicológica del personaje sin caer en truculencias ni perder de vista la belleza, elegancia y equilibrio que demanda el repertorio clásico. Por descontado, no hay en su interpretación el menor resquicio para el narcisismo canoro. Todo en su Medea desprende sinceridad y emoción en el más alto grado, insisto que sin lugar para el desmelene o el numerito de circo. A mi entender, Urmana ha alcanzado aquí la cima de su carrera -o una de las cimas, esperemos que haya otras- y ha marcado un hito en la reivindicación del título de Cherubini, una obra no muy interesante si no cuenta, como ha sido el caso, con una protagonista de primerísimo orden.

Aunque fue la mezzo lituana la que nos mantuvo en vilo a lo largo de la función y, claro está, despertó un enorme entusiasmo entre la mayoría de los que allí nos encontrábamos a la hora de los aplausos, hubo otra voz de enorme categoría en esta producción valenciana: María José Montiel, probablemente la cantante más minusvalorada de todo el panorama español, compuso una Neris insuperable en su maneja de conjugar belleza vocal e intensidad contenida. ¡Lástima que su rol fuera tan corto! La tercera fémina era la en otros tiempos espléndida y ahora vibradísima -tremolante, vamos- Ofelia Sala: los veinte minutos de su Glauce se hicieron difícilmente soportables. Muy sonoro y poderoso, antes que refinado en su línea, el Creonte de Dmitri Beloselski, y cumplidor sin más con su voz fea de emisión típicamente eslava el Giasone de Serguei Skorokhodov.

Zubin Mehta se redimió de su pasteloso Tristán de la noche anterior (enlace) con una dirección -por cierto, gran mérito de Helga Schmidt haberle hecho aprender la partitura como favor personal- no solo de la impecable factura que podemos esperar del director indio, sino también elegante, bien trazada en sus tensiones, llena de fuerza dramática contenida y perfecta en su dominio del lenguaje clásico con el rabillo del ojo puesto en el Romanticismo: hubo vigor y robustez, sí, pero no pesadez, ni falta de claridad, ni tampoco esa sensación de piloto automático o rutina de altura -que diría mi amigo Carrascosa- que desprende el maestro cuando se acerca al mundo clasicista, en Don Giovanni sin ir más lejos (enlace). Puede que se echara de menos un punto más de sal y pimienta, tal vez de frescura, pero su labor fue globalmente notabilísima e hizo mucho por los espléndidos resultados musicales de esta Medea.

A ellos tampoco fueron ajenos precisamente la orquesta y el coro de la casa: es en este tipo de repertorio, no en Verdi o en Wagner, que tanto exige una perfección y un refinamiento absolutos desde el punto de vista técnico, donde más se nota la calidad de los cuerpos estables de un teatro. Los de Valencia siguen siendo de primera, para envidia de algunos. Otra cosa es la pasta que se han gastado.

La producción escénica de Gerardo Vera me gustó poco en Il Trovatore de dos días antes (enlace). El concepto escénico sigue siendo el mismo, y la dirección de actores permanece igual de pobre, pero ahora las diferentes situaciones parecen bastante mejor resueltas y el uso de escenografía e iluminación resulta más sugerente. Por descontado, a años luz por debajo de la producción de Warlikowski que comenté por aquí (enlace), esa misma de la horrorosa dirección musical de Rousset, pero aun así lo del dramaturgo y cineasta español ha sido honesto, sensato y cumplidor, redondeando una velada de ópera memorable. Ojalá que, con la que está cayendo, sigamos viendo cosas es este nivel.

Ah, no dejen de leer las crónicas de Atticus y Maac, ni de ver a la señora esposa de Zubin Mehta haciendo de Medea con música de Bernard Herrmann a través del siguiente enlace. No, no es broma.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...