Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
jueves, 18 de agosto de 2011
Danzas regionales para el Papa
miércoles, 17 de agosto de 2011
Domingo canta a Wojtyla
De cara a la inminente visita a Madrid de Benedicto XVI para apoyar electoralmente al Partido Popular predicar el Evangelio a los jóvenes, traigo aquí uno de los más impresentables populares trabajos de Plácido Domingo. Perteneciente a su álbum Amor Infinito, consagrado a poner música a las hipócritas comprometidas poesías de Karol Wojtyla, el tenor madrileño nos dice sobre una partitura de Maurizio Fabrizio y Guido Morra que «La libertad es una conquista / que no termina nunca. / No es nunca una posesión / sino una heredad. / La libertad no tiene precio. / La pagarás con tú mismo. /Deberás darlo todo / sin recriminar». Precioso, ¿a que sí? Y qué significativo que Juan Pablo II nos hablase precisamente de la Libertad.
martes, 16 de agosto de 2011
Tríos de Shostakovich y Copland por el Wanderer
SHOSTAKOVICH: tríos con piano nº 1 y 2.
Trío Wanderer.
Harmonia Mundi, HMG 501825
54’49’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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M
Precioso e inteligente programa el que ofrece este disco dedicado a Shostakovich y Copland que grabaron, con excelente toma sonora, los ingenieros de Harmonia Mundi en mayo de 2003. Arranca con el Trío con piano nº 1 del compositor ruso, que aun concebido nada menos que a los dieciséis años de edad se aleja de cualquier carácter juvenil más o menos lúdico para mostrar a las claras, como lo hará algo después la Primera Sinfonía (enlace), esa mezcla de vuelo lírico, desequilibrio psicológico y profunda desesperación que caracterizará la madurez del artista. Prosigue con el Trío con piano nº 2, ya de 1944 y escrito a la memoria de su queridísimo amigo Iván Sollertinski, sin duda una de las obras más estremecedoras de toda la producción camerística del autor de La nariz, pues no en balde se sitúa cronológicamente entre las sinfonías Octava y Novena. El tema judío que Shostakovich utiliza aquí a manera de terrorífica danza macabra, el mismo que reaparecerá años más tarde en su acongojante Cuarteto nº 8, enlaza esta página con la que cierra el disco, el Trío Vitebsk conocido también como Estudio sobre un tema judío, que el neoyorquino escribió en 1929 cuando aún no alcanzaba la treintena; de nuevo una obra juvenil bastante atípica, porque nos encontramos con una pieza aristada, inquietante y muy abstracta, por completo alejada del neo-tonalismo más o menos “folclórico” que habitualmente asociamos a su obra.
Las interpretaciones son de alto nivel. El sonido tan bello como afilado del Wanderer resulta ideal para la recreación tensa, incisiva y de atractivo distanciamiento expresivo que pone de relieve los aspectos más modernos de la página de Copland. Del nº 1 de Shostakovich nos ofrecen una interpretación ágil, muy hermosamente sonada, dotada de un elegante clasicismo y capaz de alcanzar un clímax de intensa emoción, aunque diste de cargar las tintas en los aspectos corrosivos y, a mi entender, peque de cierto nerviosismo. Esto último desde luego no ocurre en el nº 2 del ruso, que conoce aquí una magnífica recreación que, desde el carácter espectral del arranque hasta el nihilismo de la coda conclusiva, sabe ofrecer todo el dramatismo, el carácter alucinatorio, la atmósfera opresiva y el desgarro que anidan los pentagramas. Un gran disco, sin duda, aunque no podamos olvidar la genial recreación que de la última obra citada grabaron Elisabeth Leonskaja y el Cuarteto Borodin en 1995 para Teldec.
viernes, 12 de agosto de 2011
Manze y las sonatas de Biber: Barroco puro
Romanesca. Andrew Manze, violín barroco. Nigel North, laúd y tiorba. John Toll, clave y órgano.
Harmonia Mundi, HMG 507344.45
2 CDs. 127’01’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
**** R
Confieso conocer poca creación musical de Heinrich Ignaz Franz von Biber (1644-1704): hasta ahora, la Missa Salisburgensis y las Sonatas del Rosario, aparte de su célebre Batalla. También es verdad que no hay mucho más en el mercado discográfico. En cualquier caso, escuchar este doble compacto con las sonatas para violín (ocho en total, acompañadas aquí de otras piezas diversas) ha sido para mí un verdadero descubrimiento, pues se trata de una música de características parecidas a la de la serie citada en segundo lugar, las Mysteriensonaten, esto es, de una originalidad, imaginación y teatralidad extremas, llena de claroscuros y de una amplísima variedad de acentos dramáticos, amén de terriblemente exigente desde el punto de vista virtuosístico sin que ello le haga quedarse en lo superficial: la comunicatividad está siempre en primer plano en estas breves pero fascinantes páginas que son inmejorable expresión del Barroco puro. Obviamente la profundidad de un Bach queda muy lejos, pero a uno le resulta difícil resistirse a los "efectos especiales" de Biber.
Las interpretaciones, registradas entre 1993 y 1994 por Harmonia Mundi USA y ahora reeditadas en la serie HM Gold, me han parecido deslumbrantes en todos los sentidos. Andrew Manze ya asombra con una técnica sobrada para salvar todos los escollos de esta música, sabiendo conjugar la firmeza del sonido con una pasmosa agilidad en la digitación. Pero es que además hace gala de una musicalidad intensa, concentrada y por completo ajena a cualquier tipo de devaneo sonoro, demostrando que, al contrario de lo que les ocurre a otros violinistas barrocos más famosos, ser creativo no significa caer en la extravagancia, ni atender a las inflexiones anímicas implica frasear con amaneramiento, ni subrayar los claroscuros supone alternar languideces con arrebatos, ni ofrecer concentración meditativa implica quedarse en la sosería. Estupendo, además, el violinista británico en las onomatopeyas de la Sonata Representativa. Del bajo continuo se ocupan John Toll -al órgano y al clave- y un soberbio Nigel North -laúd y tiorba-, sabiendo ser imaginativos sin restar protagonismo al violín. Recomendabilidad total, pues, y obligatoriedad para violinistas.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Boccanegra con Domingo en el Met: Amelia y poco más
Plácido Domingo, James Morris, Adrianne Pieczonka, Marcello Giordani, Stephen Gaertner, Richard Bernstein. Coro y Orquesta del Met de Nueva York. Dir. James Levine.
Sony Classical 88697806649
DVD 159’
Sony-BMG
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Se conservan tres testimonios videográficos de Plácido Domingo encarnando -con voz de tenor, cierto, e inexplicablemente lozana para su edad- a Simone Boccanegra, correspondientes todos ellos a 2010. El más reciente procede de las funciones de julio ofrecidas en el Covent Garden, y fue editado ya hace meses a muy buen precio por el sello EMI; en él Pappano ofrece una dirección magníficamente ortodoxa, los cantantes se comportan de manera irregular, se recupera la agradable producción escénica de Elijah Moshinsky y el artista madrileño da una verdadera lección de cómo con un instrumento en principio inadecuado se puede alcanzar la más rica, profunda y emotiva comprensión del personaje.
El segundo, cronológicamente hablando, corresponde a las representaciones de abril en La Scala de Milán bajo la batuta Barenboim, y no ha sido de momento editado comercialmente. Encuentro lo más interesante del mismo en la atmosférica, oscura y muy dramática dirección del argentino, así como en la buena Amelia de Anja Harteros, flaqueando la puesta en escena de Federico Tiezzi; estupendo Domingo, pese a que andaba algo apurado de fiato.
Nos toca ahora hablar del primero, la función del 6 de febrero del Metropolitan de Nueva York que fue retransmitida en cines y ahora ofrece en doble DVD Sony Classical. La producción escénica es la de Giancarlo del Monaco de 1996, que ya había sido editada en DVD (con Domingo haciendo de Adorno) y que no debe ser confundida con la del propio Del Monaco que se vio en Madrid en julio; esta del Met es muchísimo más bella y vistosa, pero se ve lastrada la misma pobreza de ideas. El que no lo hace mal es James Levine, al menos en comparación con su horrorosa dirección de 1984 también en el Met (nada recomendable DVD protagonizado por Sherill Milnes): los excesos se han moderado de manera considerable y el anciano director frasea sin prisas prestando atención a la sensualidad.
En el elenco descuella la magnífica Amelia de Adrianne Pieczonka, muy adecuada en lo vocal y admirable en su línea de canto. Por desgracia James Morris es un Fiesco gastadísimo y muy aburrido (Furlanetto estará igual de cascado en Milán, Londres y Madrid, pero recreará al personaje con muchísimo más arte). Marcello Giordani hace un Adorno cálido pero mediocremente cantado y Stephen Gaertner un Paolo poco más que digno. ¿Y Plácido? Inmenso en la escena final, más bien incómodo y monocorde en el resto: meses después lo haría mucho mejor. La opción del Covent Garden se impone claramente, pues, aunque si saliese la de La Scala andarían las dos empatadas. Esta del Met interesa por Amelia, poco más.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2011 de la revista Ritmo.
lunes, 8 de agosto de 2011
El primerísimo Schütz: madrigales italianos
Cantus Cölln. Konrad Junghänel, laúd y dirección.
Harmonia Mundi, HMG 501686
57’59’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
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En 1611 un Heinrich Schütz de tan solo veintiséis años publicaba en Venecia una colección de diecinueve madrigales, a cinco partes y -por descontado- en la lengua de Dante, que habían de servir como testimonio de sus dos años de estudios con Giovanni Gabrielli; el éxito sería indiscutible y logró prolongar su estancia en tierras italianas otro par de años. La audición supone una grata sorpresa, pues aparte de la peculiaridad de conocer música profana de un autor que consagró toda su vida al género sacro, nos encontramos aquí ante alguien que domina a la perfección el arte de la polifonía y no guarda reparo alguno en hacer un uso atrevido de las disonancias y del contrapunto imitativo, amén de recoger en toda la suntuosidad sonora de su maestro en obras como el Vasto mar que cierra la colección, todo ello en un estilo puramente manierista propio de un momento en que aún están por llegar -falta muy poquito- las decisivas novedades de la “seconda prattica” monteverdiana, esto es, Barroco musical.
Las interpretaciones registradas por Cantus Cölln en octubre de 1998 que en su serie HM Gold rescata Harmonia Mundi, siendo de irreprochable nivel técnico, destacan por no interesarse tanto por la sensualidad sonora como por los aspectos más expresivos de esta música, acentuando contrastes y subrayando asperezas. ¿A la alemana más que a la italiana? Pues está uno tentado de decir que sí, a pesar de que resulta un tópico. Un sutil pero imaginativo acompañamiento del líder del grupo, el laudista y director Konrad Junghänel, redondea un disco que, al igual que el que presentábamos hace poco de Annette Dasch (enlace), nos permite rastrear las raíces italianas del barroco centroeuropeo. Muy interesante.
sábado, 6 de agosto de 2011
El pianismo juvenil de Oscar Martín, en Sanlúcar de Barrameda
Nunca había escuchado a Oscar Martín (Sevilla, 1976), no por desinterés sino porque no se me había cruzado en mi trayectoria de melómano. Las buenas referencias que tenía se han visto confirmadas en el recital que ofreció ayer viernes en Sanlúcar de Barrameda, en el hermoso Auditorio de la Merced, dentro del tan esforzado como discreto XXXI Festival Internacional de Música A orillas del Guadalquivir. Me ha parecido el sevillano no un joven pianista, porque su edad se acerca peligrosamente a la mía, sino un pianista joven, para lo bueno y para lo no tan bueno. ¿Y eso qué significa? Pues que su estilo es fresco, espontáneo, extrovertido y altamente comunicativo, esto es, el de alguien que posee una estupenda técnica -alguna frase emborronada no tiene mayor importancia- y que tiene ganas de exhibirla con la mayor brillantez posible, dejándose guiar por su intuición musical más que por la reflexión, lo que también significa que su fraseo adolece a veces de falta de concentración, de cierto nerviosismo y de escasa hondura poética.
Me pareció estupenda la Obertura francesa de J. S. Bach que abrió el programa, una interpretación muy ágil, excelente de trazo y apreciable claridad polifónica, bien contrastada entre sus secciones, amén de ornamentada de manera tan abundante como sabia y ajena a las digresiones estilísticas, aunque Martín tampoco tuviera miedo de darle un pisotón al pedal cuando lo creyó necesario. Eso sí, las honduras de la Sarabande le quedaron en el tintero: como decíamos antes, no parece que la reflexión forme parte -de momento- de sus parámetros interpretativos. La Liebestod de Isolda, obviamente en transcripción de Liszt, cerró la primera parte en una lectura mucho antes lisztiana que wagneriana, es decir, brillante y apasionada a más no poder, pero carente de esa particular fusión entre sensualidad y carácter agónico que caracteriza la acongojante partitura.
La segunda parte estuvo consagrada -toda una valentía para un festival veraniego- a un peso muy pesado: la genial Sonata D. 960 de Schubert. Apartándose por completo del referencial y difícilmente superable “estilo Richter”, Oscar Martín ofreció una recreación rápida, vehemente, incisiva y afín al carácter trágico de la partitura, aunque desde un punto de vista muy juvenil, arrebatado incluso, pero no mirando la partitura desde ese particular “más allá” de genial pianista ruso arriba citado. En este sentido, en el movimiento inicial se pudo echar de menos ese fraseo poético schubertiano que muy pocos pianistas están capacitados para conseguir, aunque a cambio se nos ofreció un paseo por los pentagramas particularmente escarpado. El segundo estuvo en la misma línea, marcado no por la hondura pero sí por la desazón. El tercero estuvo bien, pero con el cuarto llegó el gran borrón de la noche: precipitado, pimpante y por completo superficial, Martín ofreció un espectáculo de virtuosismo de cara a la galería. Para mi gusto, muy mal, si bien el público reaccionó con previsible entusiasmo. De propina, la “Serenata” del Schwanengesang, demasiado nerviosa y sin poso lírico. Total, un pianista con enorme talento pero aún por madurar según qué autores.
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