lunes, 25 de abril de 2011

La dulce venganza de Roque Baños

Hasta ahora yo solo conocía la primera parte de la historia. Cuando en 2006 Agustín Díaz Yanes dirigió (más bien perpetró) la película Alatriste sobre el personaje creado por Arturo Pérez Reverte, escogió como fondo musical para la escena final la marcha de Semana Santa La Madrugá, una creación de Abel Moreno que, aun escrita con aires de poema sinfónico, no encaja en modo alguno con las imágenes. Roque Baños, el encargado de la banda sonora, compuso por su parte una marcha propia que, estando inspirada en la de Abel Moreno, se integraba temáticamente con el resto de la partitura, a ver si colaba. Vamos, lo mismo que intentó hacer Alex North en 2001 remedando a su manera el arranque del Zaratustra de Strauss. Por desgracia el director español se mantuvo tan inflexible como Kubrick, solo que con mucho menor acierto que aquél, claro: al final sonó La Madrugá en los cines y la pieza de Baños, “Cuenta lo que fuimos”, solo se pudo escuchar en el disco. Lamentable decisión.

Pues bien, el pasado Sábado Santo acudí a Sanlúcar de Barrameda a resarcirme con el Santo Entierro Grande (todos los pasos de misterio ordenados según la secuencia cronológica de la Pasión) de la lluvia que había herido mortalmente los desfiles procesionales de Sevilla y Jerez. Ya pasadas las once de la noche, cuando el paso de la urna se recogía en el templo de San Francisco, la Banda del Nazareno de Rota (que ya había demostrado su excelencia días atrás en mi tierra, como escribí en la entrada anterior) me sorprendió con una música que conocía de otra parte. Ya se están ustedes imaginando que se trataba de “Cuenta lo que fuimos”, en transcripción para banda realizada –que yo sepa- por el propio Baños. Dulce venganza la del compositor manchego: si una marcha de Semana Santa con pretensiones sinfónicas se coló en su banda sonora, ahora es su música cinematográfica “a la manera procesional” la que se escucha tras los pasos. Y con mucho éxito, debemos añadir, porque su belleza es grande y su adecuación, absoluta. Enhorabuena.

viernes, 22 de abril de 2011

Dos apuntes sobre marchas semanasanteras

Aprovecho un hueco en la extrañísima Semana Santa 2011 (sin cofradías en la Madrugá de Sevilla ni en la Jerez, estampa insólita las dos localidades entre las que me muevo en estas fechas) para dejar dos apuntes que desmienten parcialmente -y solo parcialmente, que quede bien claro- sendos tópicos que circulan sobre la música en nuestros desfiles procesionales.

El uno dice que las cofradías de más reciente creación -casi todas "de barrio"- resultan un tanto horteras a la hora de seleccionar el acompañamiento de sus pasos. Pues bien, en Jerez lleva poco tiempo procesionando una hermandad que resulta un ejemplo de buen gusto en este sentido: la del Consuelo (web oficial). Muy modesta, escasa en número de hermanos, deudora en más de un sentido de la centenaria hermandad sevillana de la Soledad de San Lorenzo, pero en cualquier caso admirable por la compostura con que se desenvuelve la calle y por su habitual acierto a la hora de seleccionar repertorio. El pasado Miércoles Santo se lució por la Calle Larga con buenas y muy "sinfónicas" marchas de una pequeña gloria local, Germán Álvarez Beigbeder (1882-1968), y más tarde le pude escuchar un clásico como es Amarguras. Encima acertaron por completo a la hora de contratar como banda la del Nazareno de Rota, de lo mejorcito que he escuchado últimamente en mi tierra. Supongo que la cofradía se recogió, al igual que otros años, con Soleá dame la mano, y sin caer en el error de tocar himno alguno. Así da gusto.


El otro tópico afirma que ya no se componen buenas marchas para pasos de palio. También yo pensaba así, pero el otro día -no recuerdo dónde, la memoria me va fallando- escuché una composición que me dejó encantado: hermosa, llena de fuerza dramática y muy bien orquestada. Ya en casa he podido encontrar un poco de información. Se trata de Hosanna in Excelsis, partitura del valenciano Óscar Navarro que fue estrenada hace tan solo dos años en el II Memorial Font de Anta por la Banda Municipal de Sevilla, recibido el segundo premio del certamen. Les dejo arriba el audio para que juzguen por ustedes mismos. Por mi parte, creo que hay motivos para la esperanza. Y si ustedes me lo permiten, me voy ahora a disfrutar de la única cofradía que este lluvioso Viernes Santo ha salido en Jerez a la calle.

jueves, 21 de abril de 2011

Sutherland, la más casta diva

Bellini: Norma
Joan Sutherland, Fiorenza Cossotto, Charles Craig, Ivo Vinco.
Coro y Orquesta del Teatro Colón de Buenos Aires. Dir: Richard Bonynge.
Myto, 2MCD014.251
2 CDs – 145’
ADD
Diverdi
***

Norma Sutherland Cossotto

Sumando versiones en vivo y en estudio, circulaban en cedé hasta ahora cinco registros de Norma protagonizados por la Sutherland, en todos ellos empuñando la batuta su marido, y nada menos que nueve con la Cossoto encarnando a Adalgisa. Obviamente, la más alta calidad de sonido queda reservada para las grabaciones “legales”, dos de la soprano (Decca 1964 y 1984), y otras tantas de la mezzo (Decca 1967 y RCA 1972). Disponiendo de tan amplia oferta, ¿qué sentido tiene la publicación de una toma radiofónica, en mediocre estéreo excesivamente ecualizado, de esta función del dos de julio de 1969 en el Teatro Colón? Pues que por primera vez podemos escucharlas juntas.

La experiencia permite entrar en el juego de las comparaciones: frente a la Adalgisa de carnal sensualidad que perfila la Cossoto, puro temperamento italiano, la Norma distante, intocable, por encima del bien y del mal, que recrea la australiana. ¿Cómo lograría Pollione concebir dos hijos con ella? Bromas aparte, y a despecho de sus insuficiencias dramáticas, no podemos regatearle a la Sutherland riqueza canora -un placer para los oídos su fraseo mórbido y elegante- y rigor estilístico. Podrá preferirse a la Callas, a la Gencer o a la Caballé, qué duda cabe, pero esa es otra historia.

Atractivo adicional de esta grabación es ser uno de los escasos testimonios relevantes del londinense Charles Craig (1919-1997), heldentenor -así se le denomina en la carpetilla- del que sólo se encontraban disponibles tres recitales (Testament), un Otello en inglés ya de fecha avanzada (Chandos 1983) y alguna que otra cosa sin importancia. No deja de recordar a Jon Vickers por su voz poderosa, no precisamente bella y de tintes marcadamente anglosajones, si bien carece del talento dramático de aquél y su afinación y emisión no son siempre irreprochables. Sea como fuere, su instrumento es adecuado para Pollione (que demanda un tenor dramático, no se olvide), cantando el personaje con buen gusto y acentos heroicos.

Tosco y engolado Ivo Vinco, uno de los Oroveso oficiales de la época. Reparemos finalmente en la dirección de Bonynge, un director de foso al servicio de su esposa, sí, distante de lo genial, también, pero responsable de algún que otro hallazgo y capaz de encontrar el equilibrio entre calidez y refinamiento que demanda Bellini.

En suma, una novedad absoluta de elevado interés para “especialistas”. Para los recién llegados hay otras opciones, como el DVD de la emblemática grabación de Orange con la Caballé, las arriba citadas y, claro está, las diversas de la Callas. Eso sí, la presente ocupa tan sólo dos cedés.

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PS. Artículo publicado en el número de abril de 2002 de la revista Ritmo. Decir que Pollione demanda un tenor dramático fue un error por mi parte, aunque sea cierto que el papel haya sido abordado con frecuencia por instrumentos de cierto peso.

martes, 19 de abril de 2011

Elektra por Thielemann y Wernicke: Rojo y Negro

STRAUSS: Elektra.
Linda Watson, Jane Henschel, Manuela Uhl, René Kollo, Albert Dohmen.
Orquesta Filarmónica de Múnich. Dir. Christian Thielemann.
BBC Opus Arte OA 1046 D
DVD 126’
DDD
Ferysa
****
S

Esta producción Herbert Wernicke, que se remonta a 1997, no es de lo mejor que nos legara el malogrado regista alemán. Esencial y geométrica en su concepción visual, basada fundamentalmente en la fuerza del rojo y el negro, ofrece detalles de enorme inteligencia pero no termina de funcionar en su voluntaria contradicción entre estatismo escénico y arrebato musical.

En cualquier caso esta reposición de 2010 impecablemente filmada en Baden-Baden interesa muchísimo por su alto nivel musical, y de manera particular por la labor de Christian Thielemann, quien tratando con plasticidad asombrosa a la Filarmónica de Munich y manejando las dinámicas con excepcional minuciosidad, disecciona el entramado orquestal de tal manera que puedo afirmar de que jamás he escuchado tantísimas cosas en esta compleja partitura. Su enfoque, por otra parte, resulta tan discutible como atractivo, pues se aparta del expresionismo para ofrecer una dirección “romántica”, muy sensual y atmosférica, maravillosamente paladeada, de un formidable vuelo lírico (¡y eso que hablamos de Elektra!), pero sin perder la tensión interna ni renunciar a las grandes explosiones. Obviamente estas cosas hay que saber hacerlas: Daniele Gatti intentó algo parecido en Salzburgo el verano pasado (circula emisión televisiva) y el edificio se le vino abajo.

Está francamente bien Linda Watson en su debut del papel, muy matizada y ajena a la furia y el descontrol. Manuela Uhl, con algún apuro en el sobreagudo, compone una Crisótemis de buena línea aunque, como le ocurre a su colega, sin ofrecer todos los pliegues psicológicos que debería. Junto a ellas, Albert Dohmen ofrece un Orestes tan correcto como soso y distanciado, al tiempo que el veteranísimo René Kollo saca adelante con dignidad el rol de Egisto. Claro que quien se termina llevando el gato al agua es Jane Henschel: cae en alguna grosería vocal en la zona grave, pero como actriz -el único verdadero animal escénico en esta producción- está impresionante en su composición de una Clitemnestra típicamente diabólica (¡qué primeros planos!) y muy diferente, eso sí, de la torturada y reveladora recreación que una inmensa Waltraud Meier realizó en la producción de Salzburgo arriba referida. Aunque solo fuera por la mezzo alemana (hay buenos cantantes y una atractiva escena de Nikolaus Lenhoff, dicho sea de paso) merecerá la pena hacerse el DVD cuando salga, aunque sin duda este de Múnich, que por cierto se encuentra también en Blu-ray, es musicalmente superior y resulta de lo más recomendable… siempre y cuando se tenga previamente en las estanterías la versión de Friedrich y Böhm, una de las grandes joyas de la filmación operística.

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Artículo publicado en el número de abril de 2011 de la revista Ritmo

PS. La referida interpretación de Salzburgo con la Meier ya ha salido en DVD. Insisto en que merece la pena por la mezzo, pero también en que la dirigida por Thielemann se pone por delante en cuanto a resultados globales.

domingo, 17 de abril de 2011

Recital Wagner de Barenboim y Pape

Los que pensamos que Daniel Barenboim es el mayor talento interpretativo de la actualidad y que René Pape uno de los mejores cantantes de su generación esperábamos este disco, registrado el pasado verano con toma sonora no del todo acertada, como agua de mayo. Primero porque representa el retorno del argentino a Deutsche Grammophon, con un contrato en exclusiva tras un largo periodo de casi total ausencia del sello amarillo debido a desencuentros con sus directivos. Segundo porque se trata de un monográfico dedicado a uno de los compositores mejor entendido por los dos protagonistas, Richard Wagner, y por ende se podían esperar los más felices resultados. Así ha sido, pero me gustaría apuntar unos cuantos matices y algún reparo menor.

El bajo-barítono alemán está en un momento dulce de su carrera, cantando los papeles más atractivos en los mejores teatros. Al mismo tiempo está madurando desde el punto de vista expresivo: la autoridad con que canta a Wotan, difícil de encontrar en los cantantes de los últimos lustros, pone bien de manifiesto su altura interpretativa. Por no hablar de la nobleza de su Gurnemanz o la humanidad de su Hans Sachs (a quien no obstante le puede dar aún otra vuelta de tuerca). A esto, que es lo más importante, hay que sumar una bellísima línea de canto que a la incisividad germana une un sentido del legato que, demostrando el contacto de Pape con el universo mozartiano y verdiano, le viene estupendamente a este repertorio. Su dicción y su capacidad para el matiz son por lo demás proverbiales.

Ahora bien, y aun estando en un estado vocal excelente, hay dos o tres momentos (la sección central de los Adioses, la romanza de Wolfram) donde parece tener algún problema a la hora de cantar piano. Habida cuenta la jauría de perros ladradores que destrozan este repertorio tal reparo es una minucia, pero a mi modo de ver Pape tiene aún que consolidarv algunas cuestiones técnicas para terminar de convertirse en el más grande representante de su cuerda en nuestros días. No le vendría nada mal dejar de fumar, dicho sea de paso.

Barenboim, por su parte, ha dejado atrás la madurez para pasar a una fase de digamos “ancianidad transfigurada”, un poco a la manera de un Celibidache o un Giulini. Se nota en su labor al piano y también a la batuta. Su Wagner no es ahora tan escarpado como antes; ha perdido el nervio que a veces, cuando se dejaba llevar por la pasión, le sobraba a sus interpretaciones, pero también ha desaparecido parte de ese sabor digamos juvenil, rebelde y con frecuencia fatalista que lo hacían muy atractivo. A cambio ha ganado en concentración, en sensualidad, en ternura y en… ¿dulzura? Pues sí, aunque parezca mentira en un Barenboim que cada vez está menos por agitar conciencias y más por ofrecer belleza trascendida.

Por todo lo dicho no es de extrañar que se eleve a las mayores alturas en la larga escena de la llegada de Parsifal (¡emocionante a más no poder Plácido Domingo en sus intervenciones!) y los encantamientos del Viernes Santo, inesperados portamenti incluidos; que en los adioses de Wotan, pese a un arranque arrebatador y a una sección central de acngojante ternura, no dé lo mejor de sí; y que el final del segundo acto de Maestros -excepcional Pape como el sereno- logre aunar sentido del humor con las más sensuales texturas de una manera no del todo esperada en el habitualmente riguroso y circunsopecto Barenboim. No diré que su Wagner de ahora sea mejor que el de entonces, tampoco lo contrario, pero sí que resulta distinto y apasionante.

La Staatskapelle de Berlín, estupenda. Hay orquestas técnicamente mejores que esta (más seguras, más brillantes), pero pocas tan adecuadas para el universo wagneriano. Barenboim la moldea con una plasticidad admirable, sabiendo no confundir a Richard Wagner con John Williams, dicho sea con todos los respetos a mi admiradísimo compositor de bandas sonoras. Su sonido, por ende, no se basa en la brillantez de violines y metales, sino en un empaste aterciopelado que atiende al "centro" de la orquesta con un admirable equilibrio polifónico en el que toda línea musical tiene su sentido. Por otra parte la claridad y el sentido del color son irreprochables, como también su manerae dotar de intención a cada frase: escúchese cómo Barenboim aborda el arranque del final del acto de II de Maestros para corroborar lo que decimos.

Pueden escuchar fragmentos del disco en su página oficial (enlace).


PD. Otro comentario sobre esta grabación en el blog de Ángel Carrascosa (enlace).

viernes, 15 de abril de 2011

Cuidado con Newton Classics

A pocos aficionados se les habrá escapado que desde hace ya unos bastantes meses el nuevo sello Newton Classics (web oficial) está reeditando a un precio ridículo -4 euros en El Corte Inglés- un montón de grabaciones tanto antiguas como recientes de sellos como Deutsche Grammophon, Philips, Decca y EMI, buena parte de ellas descatalogadas durante años. Vamos, algo parecido a lo que hace Brilliant Classics, solo que con una presentación algo más cuidada en lo que a notas en la carpetilla se refiere. La noticia es en principio buenísima, tanto para los veteranos que quieran hacerse con un registro determinado como, sobre todo, para los que están comenzando a hacerse una colección.

Hay, por desgracia, un punto negro en este sello. Los compactos que he escuchado hasta ahora, Los Planetas por Seiji Ozawa (notable interpretación) y las Sinfonías de Rachmaninov por Dutoit (imprescindibles aunque solo fuera por su referencial Isla de los muertos) se ven empañados por numerosos clicks durante la audición, derivados sin la menor duda de un deficiente “prensado” (tal término no es válido en los CD, pero ustedes me entienden) por parte de Newton Classics. De acuerdo con que tales crujidos no son nada en comparación con lo que teníamos que soportar en los tiempos del vinilo, pero aun así que a estas alturas se nos ofrezca semejante chapuza, más propia de un “tostado” casero a alta velocidad que de un sello comercial, no es de recibo.

Un amigo que se ha llevado la misma sorpresa desagradable con sus ejemplares se ha puesto en contacto con los editores y aún no ha recibido respuesta alguna, lo que pone muy en tela de juicio la profesionalidad de estos señores. A partir de ahora yo me lo pensaré mucho antes de comprar otros lanzamientos. A ustedes les recomiendo que hagan lo mismo y les sugiero que ofrezcan su testimonio si han tenido experiencias similares con este sello: es interesante conocer hasta dónde se han extendido las deficiencias para saber a qué atenerse.

miércoles, 13 de abril de 2011

Cantatas de adviento por Harnoncourt

BACH: Cantatas BWV 61 y BWV 147. Magnificat.
Christine Schäfer, Anna Korondi, Bernarda Fink, Ian Bostridge, Christopher Maltman.
Coro Arnold Schoenberg. Concentus Musicus Wien. Dir. Nikolaus Harnoncourt.
Arthaus 101 531
DVD 82’
DDD
Ferysa
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Arthaus reedita este DVD registrado con excelente sonido surround en el fastuoso monasterio benedictino de Melk durante el Adviento de 2000. En el programa se incluyen el portentoso Magnificat -en su versión definitiva, sin interpolaciones “luteranas”- y dos cantatas igualmente adecuadas para el referido tiempo litúrgico, la BWV 61 y la BWV 147, la última de las cuales incluye el celebérrimo coral “Jesus bleibet meine Freude”. Da gusto comprobar que el director berlinés se atreve ahora a interpretar esta música con plantillas nutridas, voces femeninas en lugar de niños y una articulación que sabe aunar el rigor histórico con cierta densidad sonora y expresiva. Lo paradójico es que su habitual tendencia a la extroversión se ve aquí sustituida por un planteamiento intimista y recogido que por momentos, sobre todo en el Magnificat, se acerca a la timidez y hasta a la blandura. Tampoco el Concentus Musicus se encuentra en plena forma, con una trompeta no muy allá y un oboe d’amore que lo pasa mal en la BWV 147. Eso sí, la dirección de la BWV 60 es admirable y posee detalles cercanos a la genialidad. El coro Arnold Schoenberg es soberbio y los solistas vocales francamente buenos: una Christine Schäfer algo fría pero de línea irreprochable, un entregado Ian Bostridge, una elegante Bernarda Fink y un espléndido Christopher Maltman.

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Artículo publicado en el número de abril de 2011 de la revista Ritmo

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...