miércoles, 28 de julio de 2010

Plácido Boccanegra: triunfo justo y necesario

Acudí acompañado por mi madre a Madrid para presenciar la segunda de las tres funciones en las que Plácido Domingo interpreta el rol titular del Simon Boccanegra que anda estos días ofreciendo el Teatro Real. Canceló Angela Gheorghiu tras una primera función en la que, según todos los testimonios, evidenció una considerable inseguridad: otro testimonio más –y van- de la total y absoluta falta de profesionalidad de la diva rumana. Tenía morbo escucharla, pero al final se terminó agradeciendo su ausencia porque Inva Mula, que cantaba en ese primer reparto que debería haber protagonizado un Carlos Álvarez aún en reposo, se mostró dispuesta a sustituir a la rumana, y lo hizo muy bien. En cualquier caso la noche fue, como no podía ser de otra manera, del inmenso Plácido Domingo.



La crítica

La producción escénica ya se había visto en Madrid. Por lo visto el rojo de entonces ha sido sustituido ahora por un purísimo blanco marmóreo. De mármol de Génova, por descontado. Y de gran belleza: enorme acierto del escenógrafo Michael Scott. La dirección escénica del irregular Gian Carlo del Monaco (¡qué diferencia con sus soberbias realizaciones en Hoffmann o Fanciulla!) no valía un pimiento. Y me refiero a los movimientos de masas y a los personajes secundarios, claro, porque me consta que a los miembros del segundo reparto –o sea, el que comentamos- no se dignó a dirigirlos y tuvieron que improvisar. Al menos fue una dirección de esas “que no molestan”, lo que dados los tiempos que corren ya es bastante.

Jesús López Cobos ofreció el Verdi que acostumbra: flácido, aburrido y sin el menor estilo. Encima en el prólogo y en el primer acto hubo detalles de cursilería (ay, esos violines) bastante deplorables. Luego se mostró expresivamente más centrado, pero las inmensas bellezas de la genial y aún hoy bochornosamente infravalorada partitura no salieron al flote. La orquesta tuvo una noche digna, solo eso, y al coro Intermezzo (esposa del Presidente de Gobierno incluida) lo encontré mejor que en otras ocasiones.

A Inva Mula me parece que es la primera vez que la escucho en directo. La voz no es grande pero sí muy bien timbrada. Canta con enorme gusto y correcto estilo. Además se arriesgó, y lo hizo hasta el punto de tener un par de resbalones perfectamente perdonables. Un poquito más de entrega expresiva no le hubiera venido mal a su algo sosa Amelia, pero aun así firmó un trabajo muy estimable desde todos los puntos de vista.

Ferruccio Furlanetto está mal de voz, ya lo sabemos. Su canto es bronco y está lastrado por no escasa tosquedad. Pero se cree el personaje, lo canta con mucha entrega y consigue además que suene a Verdi; desde luego lo prefiero antes que a voces más sanas pero planas en lo expresivo. Marcello Giordani, excelente y adecuadísimo instrumento en manos de un intérprete generoso en el agudo, ofreció un dignísimo Gabriele Adorno al que le faltó algo de técnica para apianar y matizar como es debido... y para mantenerse siempre afinado. Y Ángel Ódena me sorprendió muy gratamente: su Paolo es lo mejor que le he escuchado hasta ahora.

Del Simone de Plácido solo puedo decir que no lo cambio por ningún barítono, ni de antes ni de ahora. Por descontado que se puede tener una voz mucho más adecuada para el personaje; al menos en lo tímbrico, claro, porque las notas, aunque con alguna trampa para las más graves, las dio. Pero me resulta difícil imaginar un Simone más comunicativo y más sincero. Su canto fue de una belleza y de una emotividad difícilmente comparables. Todo ello con una voz que sigue estando en condiciones admirables, con una dicción ejemplar y con un estilo italiano a más no poder. Y encima, aun sin ser un gran actor, moviéndose como un auténtico señor de la escena, con clase y sin la menor concesión al divismo. La escena final fue de las que te ponen el corazón en un puño, y nos retrotrajo a todas esas grandes escenas culminantes que en sus diferentes personajes el tenor madrileño nos ha ofrecido a lo largo de su prolongadísima carrera. Por cierto, vaya castañazo que se quiso pegar a la hora de la muerte: aunque le pusieran un acolchado en el vestido a tal efecto, semejante riesgo solo lo corren los artistas que llevan el teatro en la sangre.

La crónica

La velada fue más, muchísimo más que una buena representación de Simon Boccanegra. Fue, por fin, el gran, enorme, apoteósico y largamente merecido triunfo de Plácido Domingo en su ciudad natal. El triunfo que tanto tiempo le han negado los estirados que le criticaban su comercialidad, su interés por el dinero y –sobre todo- su fama: ya se sabe que lo que le gusta a las masas no es para los “exquisitos”. El triunfo que le ha negado esa legión de beckmesseristas que, empeñados en defender las presuntas esencias de no se sabe muy bien qué tradición canora, han antepuesto una limitación del agudo por aquí, una escasez de recursos belcantistas por acá o una técnica presuntamente poco refinada por más allá, ante lo que es un arte inmenso en el que lo más importante, la correcta interpretación del personaje y la emoción sincera a la hora de construirlo, le han convertido en el tenor más aplaudido de los últimos cincuenta años.

Se aplaudió mucho la noche del domingo. Más de veintitrés minutos pude cronometrar. La Reina Doña Sofía estuvo de pie aplaudiendo a rabiar todo ese tiempo. El público bramaba como yo jamás he visto. Se vitoreó a todos, pero con Plácido se desató la histeria colectiva. No dudo que la recuperación del cáncer tuviera bastante que ver con semejante muestra de afecto, como también la excelencia de su Simone, pero el asunto fue mucho más allá: ha sido, por fin, la rendición del pueblo de Madrid ante el arte de Domingo. El tenor salió al balcón a saludar al público que se concentraba ante una pantalla gigante colocada en la Plaza de Oriente. Cantó el chotis “Madrid, Madrid…” a capella y luego aquello de “Campeooooooooooooooooooones, campeooooooooooooooooooooones, oeeeeeee ooeeeeeeeeeeeeeee oeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”: no soy precisamente entusiasta del fútbol, pero me enterneció verle tan eufórico –y por ende tan juvenil- ante la multitud.

Sufrimos más de media hora de espera en los camerinos porque Domingo se entregó a una entrevista televisiva. Luego, como en él es costumbre, estuvo firmando autógrafos y sacándose fotos con todos cuanto se lo pedíamos. Con una visible cara de agotamiento, sí, pero poniendo su mejor sonrisa cuando saltaban los flashes. Cuando salió por la puerta de artistas le esperaba otra multitud. Aplausos, gritos, flashes, ovaciones… Juro que había señoras llorando. Más autógrafos. Más fotos. A la una menos cinco de la madrugada se despidió de un público que no dejaba de aplaudir y –ni la limusina de la Gheorghiu ni leches- subió la calle arriba flanqueado por sus guardaespaldas. Creo que Plácido no olvidará fácilmente esa noche. Nosotros tampoco.

Ah, la grabación radiofónica se puede obtener en el blog de Nina la Pazza (enlace).


PS. En un principio escribí que la producción de Del Monaco también se había visto en Valencia. En realidad se trató de una producción propia del Palau de Les Arts a cargo de Lluis Pasqual. Ya lo he corregido en el texto. Mil perdones.

domingo, 25 de julio de 2010

Barenboim y Beethoven: discografía completa

Actualizado al 12 de junio de 2013.

Nota importante: esta entrada no incluye –ni ha incluido nunca– ningún enlace para descargar música.
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Difícilmente ningún artista pueda nunca registrar tantos discos con obras de Beethoven como lo ha hecho Daniel Barenboim. Recogemos a continuación un listado con todas las grabaciones que, en su doble faceta de pianista y director, ha realizado el de Buenos Aires con música del autor de Fidelio y han llegado a ser comercializadas. Muchas de ellas han conocido diferentes ediciones al tiempo que otras se encuentran descatalogadas, aunque en la actualidad la gran mayoría son asequibles, si no en los establecimientos tradicionales, sí en alguno de los múltiples puntos de venta que existen en Internet.

Confiamos en que la lista crezca en el futuro no solo con nuevas grabaciones realizadas por el artista, sino también con la aparición en compacto de algunos de sus numerosos registros radiofónicos (su Quinta Sinfonía con la Sinfónica de Chicago de 1996 sería líder en la discografía reciente) o con el trasvase a DVD o Blu-ray de filmaciones televisivas (como la particularmente memorable Novena en la Scala de 2005) que hasta ahora circulan en formato doméstico o en YouTube.

Agradezco a Ángel Carrascosa la ayuda prestada para la realización de este listado.



MÚSICA SINFÓNICA

· Las nueve sinfonías. Isokoski, Lang, Gambill, Pape. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Staatskapelle de Berlín. Teldec. 6 CDs. Grabación: 1999.

 · Las nueve sinfonías. Samuil, Meier, Seiffer, Koch. Coro de la Catedral de Colonia. Orquesta del West-Eastern Divan. Decca. 5 CDs. Grabación: 2011.

 · Las nueve sinfonías. Samuil, Meier, König, Pape. Joven Coro Nacional de Gran Bretaña. Orquesta del West-Eastern Divan. Decca. 4 DVDs. Grabación: 2012.

· Sinfonía nº 3 (+ RAVEL, MOZART). Orquesta Filarmónica de Berlín. TDK. 1 DVD. Grabación: 1997.

· Sinfonía nº 5 (+MOZART; incluye documental “Knowledge Is The Beginning”). Orquesta del West-Eastern Divan. Concierto en Ramala. Arthaus. 2 DVDs (también en CD). Grabación: 2005.

· Sinfonía nº 7 (+ Concierto para piano nº 1). Orquesta Filarmónica de Berlín. Concierto para celebrar la caída del Muro de Berlín. Sony. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1989.

· Sinfonía nº 8 (+ SCHUMANN, LISZT, WAGNER). Orquesta Filarmónica de Berlín. TDK. 1 DVD. Grabación: 1998.

· Sinfonía nº 9. Marc, Vermillion, Jerusalem, Struckmann. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Staatskapelle de Berlín. Erato. 1 CD. Grabación: 1992.

· Leonora III. Sinfonía nº 9. Denoke, Meier, Frizt, Pape. Coro de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Orquesta del West-Eastern Divan. Medici Arts. 1 DVD (también en CD, sin la obertura). Grabación: 2006.

· Leonora III. (+ BOTTESINI, BRAHMS). Orquesta del West-Eastern Divan. Euroarts. 1 DVD. Grabación: 2006.




CONCIERTOS, SINFÓNICO-CORAL Y ÓPERA

· Conciertos para piano 1-5. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Coro John Alldis. New Philharmonia Orchestra. Otto Klemperer, dirección. EMI. 3 CDs. Grabación: 1967-1968.

· Conciertos para piano 1-5. Artur Rubinstein, piano. Orquesta Filarmónica de Londres. Daniel Barenboim, dirección. RCA. 3 CDs. Grabación: 1975.

· Conciertos para piano 1-5. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. EMI. 3 CDs. Grabación: 1985.

· Conciertos para piano 1-5. Staatskapelle de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. Euroarts. 2 DVDs, 1 Blu-ray (también en CD, Decca). Grabación: 2007.

· Concierto para piano nº 1 (+Sinfonía nº 7). Orquesta Filarmónica de Berlín. Concierto para celebrar la caída del Muro de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. Sony. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1989.

· Concierto para piano nº 3. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Daniel Barenboim, piano. Coro de la Academia y Orquesta de la Ópera Estatal de Viena. László Somogyi, director. Westminster. 1 CD. Grabación: 1964.

· Concierto para piano nº 3 (+ TCHAIKOVSKY). Daniel Barenboim, piano. Staatskapelle de Berlín. Zubin Mehta, dirección. Deutsche Grammophon. 1 DVD. Grabación: 2012.

· Concierto para piano nº 4 (+ BOULEZ, BRUCKNER). Daniel Barenboim, piano y dirección. Orquesta Filarmónica de Viena. Cmajor. 1 DVD y Blu-ray. Grabación: 2010.

· Concierto para piano nº 5, “Emperador” (+ BRAHMS). Daniel Barenboim, piano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Claudio Abbado, dirección. TDK. 1 DVD. Grabación: 1994.

· Concierto para violín. Romanzas para violín y orquesta nº 1 y 2*. Pinchas Zukerman, violín. Orquesta Sinfónica de Chicago. Orquesta Filarmónica de Londres*. Daniel Barenboim, dirección. Deutsche Grammophon. 1 CD. Grabación: 1977, 1974*.

· Concierto para violín. Isaac Stern, violín. Orquesta Filarmónica de Nueva York. Daniel Barenboim, dirección. Sony. 2 CDs (incluye otras interpretaciones de Stern junto a artistas diversos). Grabación: 1975.

· Concierto para violín. Romanzas para violín y orquesta nº 1 y 2. Itzhak Perlman, violín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, dirección. EMI. 1 CD. Grabación: 1986.

· Concierto para violín (+ BRAHMS). Itzhak Perlman, violín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, dirección. EMI. 1 DVD. Grabación: 1992.

· Concierto para piano (arreglo del concierto para violín realizado por el compositor). English Chamber Orchestra. Daniel Barenboim, piano y dirección. Deutsche Grammophon. 1 CD. Grabación: 1973 (editado junto a las dos Romanzas con Zukerman de 1974).

· Triple concierto para violín, violonchelo y piano. Fantasía para piano, coro y orquesta, “fantasía coral”. Itzhak Perlman, violín. Yo-Yo Ma, violonchelo. Filarmónica de Berlín. Daniel Barenboim, piano y dirección. EMI. 1 DVD (también en CD). Grabación: 1995.

· Cristo en el Monte de los Olivos (+ VARIOS). Aikin, Heppner, Pape. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. CSO. 10 CDs (“Chicago Symphony Orchestra in the 20th Century”, edición limitada). Grabación: 1996.

· Missa Solemnis. Kiberg, Meier, Aler, Holl. Coro y Orquesta Sinfónica de Chicago. Erato. 2 CDs. Grabación: 1993.

· Fidelio. Incluye Leonora I, Leonora II y Leonora III. Meier, Domingo, Struckmann, Pape, Isokoski, Güra, Youn, Hager. Coro de la Deutsche Staatsoper. Staatskapelle de Berlín. Teldec. 2 CDs. Grabación: 1999.




MÚSICA PARA PIANO SOLO

· Las treinta y dos sonatas. EMI. 10 CDs. Grabación: 1966-69.

· Las treinta y dos sonatas. Deutsche Grammophon. 9 CDs. Grabación: 1981-84 .

· Las treinta y dos sonatas. Filmación de Jean-Pierre Ponnelle. Metropolitan München-Euroarts. DVD y 3 Blu-ray. Grabación: 1983-84.

· Las treinta y dos sonatas (+ clases magistrales). EMI. 6 DVDs (también en CD, Decca). Grabación: 2005.

· Sonatas nº 8, “Patética”; nº 14, “Claro de luna”; nº 23, “Appassionata”. Ermitage. 1 CD. Grabación: 1958.

· Sonata nº 8, “Patética” (+ TCHAIKOVSKY). Teldec. 1 CD. Grabación: 1998.

· Sonata nº 23, “Appassionata” (+ MOZART, ALBÉNIZ, etc.; incluye documental “Multiple identities”). Recital en el Teatro Colón de Buenos Aires. Euroarts. 1 DVD (también en CD, EMI). Grabación: 2000.

· Variaciones Diabelli. Sonata “Claro de luna*. Westminster. 1 CD. Grabación: 1965, 1958*.

· Variaciones Diabelli. Deutsche Grammophon. 8 CDs (vol. 6 de la edición de las obras completas de Beethoven). Grabación: 1982.

· Variaciones Diabelli (+ MOZART, BRAHMS). Metropolitan. 1 DVD/ Erato CD. Grabación: 1991.





MÚSICA DE CÁMARA

· Sonatas para violín (+ TCHAIKOVSKY). Pinchas Zukerman, violín. Daniel Barenboim, piano. EMI. 4 CDs. Grabación: 1971-73.

· Sonatas para violín nº 2, 3 y 7 (+ SCHUBERT). Pinchas Zukerman, violín. Daniel Barenboim, piano. Ermitage. 1 CD. Grabación: 1971.

· Sonatas para violonchelo. Variaciones Haendel, Mozart y "Ein Mädchen oder Weibchen". Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 2 CDs. Grabación: 1970.

· Tríos con piano. Allegretto para piano y cuerdas. Variaciones Kakadu. Pinchas Zukerman, violín. Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 3 CDs. Grabación: 1969-70.

· Trío para piano, violín y violonchelo núm. 5, "Espectro" (+ ELGAR; incluye documental “Jacqueline du Pré in Portrait”). Pinchas Zukerman, violín. Jacqueline du Pré, violonchelo. BBC Opus Arte. 1 DVD. Grabación: 1970.

· Sonata para trompa y piano. Myron Bloom, trompa. Daniel Barenboim, piano. Trío para flauta, fagot y piano*. Michel Debost, flauta. André Sennedat, fagot. Daniel Barenboim, piano. Deutsche Grammophon. 6 CDs (vol. 14 de la edición de las obras completas de Beethoven). Grabación: 1977, 1980*.

· Trío con clarinete (+ BRAHMS). Gervase de Peyer, clarinete. Jacqueline du Pré, violonchelo. Daniel Barenboim, piano. EMI. 1 CD. Grabación: 1970.

· Quinteto con piano (+ MOZART). Hansjörg Schellenberger, oboe. Dale Clevenger, trompa. Larry Combs, clarinete. Daniele Damiano, fagot. Daniel Barenboim, piano. Erato. 1 CD. Grabación: 1993.


Discografía recopilada por Fernando López Vargas-Machuca, con la colaboración de Ángel Carrascosa Almazán.

PS. Hasta hoy (16/05/2017) he cometido el error de datar las Diabelli de Erato en 1994, cuando en realidad se registraron en la Philharmonie de Múnich al mismo tiempo que la filmación televisiva editada en DVD. Mil perdones.

viernes, 23 de julio de 2010

Boccanegra con Domingo y Pappano

Hasta ahora no había escuchado ninguna de las retransmisiones de Simon Boccanegra con Plácido Domingo encarnando el rol titular, ni la de Levine ni la de Barenboim. Pero por fin me he parado a escuchar una, la más reciente, que se corresponde a la función ofrecida por las huestes del Covent Garden, en versión semi-escenificada que incluía vestuario, en los BBC Proms de este año, concretamente el pasado domingo 18 de julio. Todo ello bajo la batuta del titular de la casa, Antonio Pappano, y con el mismo elenco que días atrás ofrecía esta maravillosa obra maestra en la Royal Opera House, solo que en esta ocasión ante la audiencia multitudinaria del Royal Albert Hall. La función se puede escuchar íntegramente en la web de la BBC (enlace) y también se encuentra disponible en los lugares de siempre de la red. Aquí va mi opinión, en pocas líneas.

Domingo me ha parecido sensacional. La voz –de tenor y no de barítono, no hace falta insistir en ello– es la de siempre, bellísima y timbrada, sin pérdida de armónicos ni rastros de trémolo. No diré que es la voz de un joven, pero tampoco lo es la de un señor de sesenta y nueve (o más…) años. El Domingo de ahora suena al Domingo de los ochenta, lo que resulta poco menos que milagroso. De fiato cortito, sí, pero no se ha notado aquí tanto como en el (aun así, espléndido) Siegmund valenciano que ya comenté en su momento (enlace). La dicción, admirable. El fraseo, de libro. Y la manera de matizar en lo canoro para construir el personaje, matizando hasta el infinito pero sin necesidad de caer en histerismos ni en lo lacrimógeno, es la propia de un grandísimo artista. Domingo ofrece ópera con mayúsculas, ópera al servicio del compositor, de su música y de sus personajes, y no del divo de turno. ¿Que la voz no es la idónea para el personaje? De acuerdo, pero el tenor madrileño sirve a Verdi con mucho más estilo, mucha más emotividad y mucho más arte que buena parte de los barítonos verdianos “auténticos” que circulan por ahí.

No me ha interesado Marina Poplavskaya como Amelia, poco sutil y no muy holgada en lo canoro. Mejor en todo caso el correcto Gabriele Adorno de Joseph Calleja. Bien el Paolo de Jonathan Summers. Y Ferruccio Furlanetto tiene la voz ya muy cascada, sí, pero su arte es muy grande: los abucheos que al parecer le propinaron en La Scala a su Fiesco no me parecen justificados. Y magnífica la dirección de Pappano, que no es reveladora, ni personal, pero sí sincera, emotiva y –sobre todo– muy verdiana, con el punto justo de rusticidad y electricidad que requieren las partituras del genial compositor, pero también con el refinamiento que demandan pasajes como la bellísima introducción al acto I y, desde luego, con la atmósfera opresiva que se respira a lo largo de todo el drama. Lástima que la orquesta y los coros londinenses no estuvieran esa noche muy allá.

Tchaikovsky, Rimsky y Borodin por Van Immerseel

Me dicen unos sabios colegas que Jos van Immerseel es grande. Bien, me he puesto manos a la obra y he vuelto a escuchar con atención el disco Tchaikovsky que, grabado con espléndida toma sonora en Bruselas el 6 de septiembre de 2000, editó el sello Zig-Zag y difundió en España el diario El País en esa colección que, dicho sea de paso, inyectó no poco dinero a la distribuidora Diverdi. Y también me he escuchado el compacto registrado en junio de 2004 en Brujas con las obras más conocidas de Borodin y Rimsky Korsakov. Repertorio ruso para el músico flamenco, pues, para interpretar al frente de su orquesta de instrumentos originales Anima Eterna y con la declarada intención de decir cosas nuevas sobre estas obras tan manoseadas en las que a veces, en palabra del propio Van Immerseel, “se puede escuchar cómo la tradición y la rutina conducen a la deformación”.


Me ha gustado la suite de El cascanueces. Salvo una danza oriental más bien sosa, poco sensual y con poca atmósfera, y un vals sin especial encanto, nos encontramos ante una notable recreación, cuidada y muy bien tocada, que necesita mayores matices, más creatividad y más compromiso expresivo para llegar a esa excepcional que alcanzan un Rostropovich o un Celibidache. La Cuarta del propio Tchaikovsky ofrece menos interés. El primer movimiento resulta deslavazado, alternando momentos logrados con otros sin pulso: hay que planificar mejor las tensiones e inyectar más rebeldía. El segundo es correctísimo pero se muestra por completo indiferente en lo expresivo; al menos no hay blanduras ni amaneramiento. Al scherzo le faltan desparpajo y sentido del humor. El cuarto está bien, no cae en efectismos, pero de ahí no pasa. En suma, una versión correcta, que no saca los pies del plato pero que termina aburriendo de manera considerable. Nada que ver con lo que lograron Abbado y Karajan con la Filarmónica de Viena, o Böhm con la Sinfónica de Londres.


En Scheherezade el trazo es cuidadoso, la orquesta responde muy bien –excelente el violín de Midori Seiler- y la batuta procura equilibrar brillantez, sensualidad y refinamiento en su grado justo, mas la poesía no aparece por ningún lado: el resultado es de una frialdad glacial. Hacen falta imaginación, efusividad, colorido, entusiasmo... Justo lo que consiguen Reiner, Rostropovich y Kondrashin, firmantes de las que para mí son las interpretaciones señeras. Con La gran Pascua Rusa la orquesta tiene la oportunidad de lucir su virtuosismo, al tiempo que la batuta evidencia otra vez su aséptica corrección. La cosa no mejora en Borodin, con unas Danzas Polovtsianas dignas sin más y unas Estepas del Asia Central cuadriculadas, insípidas y soporíferas.

¿Y dónde queda el uso de los instrumentos originales? Miren, me gusta el sonido de las arpas decimonónicas y los metales históricos aportan un colorido interesante en La gran Pascua Rusa, pero no me parece que el uso de esta sin duda espléndida orquesta que es Anima Eterna nos descubra gran cosa ni desde el punto de vista tímbrico ni en lo que al equilibrio de planos se refiere, porque al final es lo que escuchamos es, paradójicamente, lecturas presididas esa rutina contra la que dice actuar el director. Van Immerseel será grande, pero en este repertorio a mí no me lo parece. Ni tampoco en Beethoven, ni en Schubert ni en Liszt, dicho sea de paso. De momento me quedo tan solo con su Ravel, del que ya hablé positivamente en este blog (enlace).

martes, 20 de julio de 2010

Domingo, un artista con clase

Acabo de ver a Plácido Domingo ofreciendo en directo una entrevista en el Telediario de Televisión Española. Y qué quieren que les diga, mi admiración por el artista no ha hecho más que aumentar. ¿Que es un pesetero de mucho cuidado y que ha hecho muchísimas tonterías solo por el vil metal? Pues sí, para qué negarlo, aunque hasta para hacer tonterías (la última, el disco del Papa) ofrece un trabajo de calidad.¿Que tiene una agenda increíblemente apretada? Pues qué alegría que sus fuerzas se lo permitan. ¿Que hace exhibición de sus simpatías políticas por el PP? Pues sí, y muy bien que hace porque todo el derecho del mundo tiene a apoyar sus ideas, al igual que otros artistas no dudan en vincularse públicamente a la izquierda (aunque luego sean mucho más atacados por ello estos últimos, léase Carlos Álvarez o Barenboim, que los conservadores). ¿Que le gustan bastante los buenos placeres de la vida? Coño, y a quién no. ¿Que su canto está lleno de trucos y ha consagrado de manera oficial esa supuesta desviación de las esencias tenoriles de los años veinte, treinta y cuarenta? Eso ya no lo tengo nada claro, más bien todo lo contrario, aunque como por ahí hay grandes expertos en voces que así lo afirman (especialmente en España, y no necesito citar nombres), vamos a dejarlo en el terreno de la eterna discusión.

Pero lo que nadie debería discutir a estas alturas es que Domingo es un artista con clase. ¿Y qué quiere decir esto? Pues que a pesar de que cobre lo suyo y de que en un momento dado pueda imponer las condiciones derivadas de su agenda, jamás ha ido de divo caprichoso o haciendo gala de su ego. Nunca tiene problemas con las batutas, con los compañeros ni con los directores de escena (sobre la espantá del mega-divo Giancarlo del Monaco en el Boccanegra habría mucho que hablar). Nunca ha tenido una palabra mala sobre nadie, algo verdaderamente insólito en el mundo artístico. Nunca le ha tomado el pelo al personal con un trabajo mal hecho (otra cosa es que los resultados gusten más o menos). Nunca ha ido presumiendo de facultades que no posee (nada que ver con Kraus, a quien escuché en sus últimos años afirmar literalmente que su voz estaba mejor que nunca, cuando era todo lo contrario). Jamás cancela, salvo causar de fuerza mayor como el cáncer que tuvo que superar hace pocos meses. Y cuando termina la función aguanta en los camerinos hasta la última petición de firma con paciencia estoica y una enorme educación.

La misma educación de que por cierto ha hecho gala en la entrevista del Telediario, tanto al hablar de fútbol como al aconsejar a los telespectadores continuos chequeos médicos, o a la hora de mandar un recuerdo a María Bayo y a otros compañeros galardonados en los Premios Nacionales de Cultura, o felicitar a los españoles que están a punto de entrar en la Universidad, procurando enlazar –qué gran profesional- con las noticias que se acababan de ofrecer. O al promocionar, siempre sutilmente y con habilidad, la colocación de una pantalla gigante en el exterior del Teatro Real para ver al aire libre la función del Simon Boccanegra del próximo domingo 25 de julio. Allí estaremos los (ignorantes, borregos, fanáticos, descerebrados… táchese lo que no proceda) que pensamos que Plácido Domingo es, a sus cerca de setenta años oficiales, uno de los más grandes cantantes de los últimos cien años. Y desde luego uno de los que han mostrado más clase.

lunes, 19 de julio de 2010

El Tic Tac del Festival de Granada

Los que frecuentamos el Festival de Música y Danza de Granada sabemos lo complicadísimo es que hacerse con las entradas para el mismo. Hasta ahora el asunto lo llevaba en internet la empresa Generaltickets, con resultados no precisamente satisfactorios, toda vez que en el momento en que se ponían a la venta el servidor se colapsaba y los desesperados melómanos nos la veíamos y las deseábamos para pillar una entrada, sufriendo esa espantosa tortura que es esperar largos minutos para superar la pantalla en blanco y encontrarse luego con que, una vez seleccionados los asientos y hasta introducidos los datos de la tarjeta, teníamos que empezar de nuevo… para descubrir superados de nuevo los obstáculos que el número de localidades disponibles era cada vez menor. Así una y otra vez hasta que se pillaban asientos… o no. En más de una ocasión he tenido que recurrir a buscar una entrada en la puerta, lo que resulta no poco fastidioso habida cuenta de que los que somos de fuera tenemos que desplazarnos y hacer la reserva del alojamiento.

Para la edición de 2010 la organización decidió, supongo que para probar fortuna y no sé si también para ahorrar gastos de gestión, buscar los servicios de otra empresa, Tick Tack Tickets. Los resultados han sido… ¡considerablemente peores! Para empezar te obligan a estar registrado previamente: un paso fastidioso e innecesario que con Generaltickets no había que dar. Claro que eso es una minucia en comparación con la tortura sufrida cuando salieron las entradas, pues aparece una larga lista de espera de esas de “es usted el número tal en la lista” que, a diferencia de lo que ocurre con la cola internáutica del Covent Garden, te dice que hay que empezar de nuevo cuando llega tu turno. ¡Y eso que probé con tres ordenadores diferentes, uno al lado del otro! El mismo suplicio sufrieron los amigos que intentaban sacar al mismo tiempo sus localidades. Al final pude conseguir todas las que deseaba (los tres conciertos de Barenboim que ya he comentado en este blog), aunque no desde luego en las ubicaciones que pretendía: mientras Generaltickets te mostraba en pantalla los asientos disponibles, estos te asigna automáticamente la localidad en la zona seleccionada.

Tiempo después llegó una disculpa por email –el caos fue terrible, evidentemente-, pero el gesto sirvió de poco porque la chapuza no quedó ahí. Al pasar unas semanas recibo un recordatorio de que debo recoger las entradas pendientes: no en el Corral del Carbón o en el Carlos V, como hasta ahora, sino en una serie de establecimientos concertados por Tick Tack a tal efecto, entre ellos los Carrefours o Viajes Halcón. Vale. A los pocos días me envían un e-mail que me dice que el anterior aviso me llegó quizá por un error informático, y que es posible que no tenga entradas para recoger. Me mosqueo. Voy a la web, introduzco los datos de la compra y efectivamente me indican que no tengo entradas. Me mosqueo más. Llamo al teléfono de atención al cliente: “¿quiere usted hablar en castellano, catalán o suajili"?” Escojo la primera opción. “Marque el uno para comprar entradas, marque el dos para consultas, marque el sesenta y nueve para…” Mientras tanto el 902 sigue cobrando. Finalmente una vocecilla pregrabada me pide que recite con voz clara mi nombre, mis datos y el motivo de mi queja... que ya me llamarán. Mi mosqueo no tiene límites. Les pongo un e-mail. Me contestan muy correctamente al cabo de unas horas, se disculpan por los problemas informáticos (“periodo de pruebas”, dicen) y me dan un enlace en el que puedo ver mis entradas. Ohimè, respiro.

El día del primer concierto me voy con tiempo suficiente para parar en el Carrefour de Úbeda y recoger físicamente las entradas. De las señoritas de atención al cliente dos no parecen saber nada, pero la tercera me dice que ese servicio solo se ofrece en los Carrefours con agencia de viajes; el más cercano, el de Granada. En fin, al menos he aprovechado para cambiarle el agua al canario. Tras dos horas más de conducción llego a la ciudad del Darro. Hace una calor de muerte, pero en lugar de meterme en la piscina del hotel (joderrrr, con lo bien que se estaría allí) me voy andando a la oficina de Halcón Viajes más cercana, la de la calle Recogidas. La canícula aprieta. La chica de la agencia me dice que sólo despachan tickets del festival en horario de mañana, que acuda al Corral del Carbón… “pero ojo, que cierra a las siete”. Subo la calle y voy al despacho de toda la vida. Allí me entregan amablemente mis entradas, me confirman la impresión que tuve un rato antes de que en Halcón Viajes de Recogidas estaban actuando a su bola, y me reconocen que no soy precisamente el primer cliente en quejarme. Me agradecen la queja, porque solo reclamando se consigue que las cosas funcionen. Esto de acuerdo, pero como no me pareció suficiente les cuento esta historia en mi blog para poner un granito de arena más que evite que el año que viene ese desastroso servicio de venta de entradas haga sonar su explosivo Tick-Tack sobre la cabeza de un festival del calibre del de Granada. Al menos esa tarde la pude terminar, finalmente, con un refrescante chapuzón en la piscina.

sábado, 17 de julio de 2010

Barenboim en Granada 2010: Chopin, Beethoven, Bruckner

Me había dejado adrede en el tintero el comentario de los tres últimos conciertos sinfónicos del 59 Festival de Música y Danza de Granada, con la esperanza de pillar alguna grabación radiofónica –estaban allí los micrófonos de Radio Clásica- y repasar las interpretaciones antes de escribir, pero como hasta ahora no ha sido posible localizar nada y ya se me están marchando las ideas de la cabeza, me animo finalmente a decir algo sobre los referidos espectáculos, no sin adelantar que este ha sido uno de los años en los que más han brillado globalmente las interpretaciones de Daniel Barenboim y una Staatskapelle de Berlín en mejor forma que nunca. Y que la mayor parte de las obras ofrecidas en el fin de semana granadino se pudieron escuchar pocos días antes en el ciclo de Ibermúsica en el Auditorio Nacional de Madrid, en un par de conciertos que Ángel Carrascosa ha tenido la ocasión de comentar en su blog (enlace).


Chopin

No es en principio el polaco el compositor más adecuado a las características interpretativas del de Buenos Aires, pero como ya demostró en su interpretación de los dos conciertos junto a la Filarmónica de Berlín que hemos podido ver a través de la Digital Concert Hall (enlace), ha sabido enriquecer su pianismo para ofrecer no solo la pasión, la tensión sonora y el carácter dramático que en él son habituales, sino también una buena dosis de ese lirismo “femenino” (perdón por el tópico), delicadísimo y ensoñado sin bordear en momento alguno lo amanerado, que debe incluir toda buena recreación chopiniana. Ni que decir tiene que el fraseo barenboiniano es de una naturalidad pasmosa, que la riqueza de su sonido es enorme, que los trinos –como ocurre con su Beethoven- rehúyen por completo de lo mecánico para alcanzar una inmensa expresividad, que su sentido del humor ofrece más que elegancia una rusticidad aquí muy adecuada y que, por descontado, su visión de las partituras chopinianas ofrece un profundísimo sentido humanista que solo los más grandes han sabido alcanzar.

La Staatskapelle de Berlín, que sonó esa noche del viernes nueve de julio de manera bellísima y sin mácula alguna, estuvo dirigida por un Julien Salemkour que comenzó algo nervioso con el Segundo Concierto (el primero en el tiempo, como es sabido, y el de menor valía) y poco a poco se fue centrando para ofrecer una lectura ortodoxa y muy solvente. El Primer Concierto, que fue el único que se ofreció en Madrid, estuvo en mi opinión mejor dirigido, aunque me sobró algún portamento en el tercer movimiento.

El éxito entre el público fue inmenso (con toda justicia) y Barenboim se animó a dar dos propinas. La primera fue su habitual Nocturno op. 27, nº 2. ¿Alguien lo ha interpretado alguna vez con semejante concentración y tan conmovedora belleza? Lo dudo. La Polonesa Heroica que vino después debió de hacer las delicias de los numerosos beckmessers que odian al artista, ya que su endiablada dificultad técnica dejó en evidencia algunas limitaciones –meramente digitales- de Daniel Barenboim. A mí no fue eso lo que me impresionó, sino la enorme fuerza, creatividad y lógica musical del de Buenos Aires, que enunció el celebérrimo tema principal de manera mucho menos enfática y más lírica de lo habitual para ir acumulando progresivamente tensiones hasta alcanzar un final abrumador. ¿Y de qué se trata, señores? ¿De dar todas y cada una de las notas con una limpieza impecable o de hacer música? Porque para lo primero ya hay por ahí muchos jovencitos con siete dedos en cada mano y muy pocas cosas interesantes que decir en lo expresivo. Pero para lo segundo…

Beethoven

La noche del sábado se abrió con sorpresa, pues estaba prevista únicamente la interpretación de la Sexta de Bruckner (en Madrid la sinfonía se hizo con el Primero de Chopin) y nos encontramos con que Barenboim se había animado a tocar y dirigir el Cuarto Concierto de Beethoven. Es decir, la más grande de las obras concertantes de su autor en manos del más grande recreador del universo beethoveniano que se haya conocido. ¿Qué les podría yo decir a estas alturas, aparte de que el estilo fue perfecto, la sinceridad absoluta, la profundidad admirable y enorme la riqueza expresiva? Bueno, pues diría que –al menos esa fue mi impresión y la de mi melómano acompañante- se trató en esta ocasión de una lectura más “clásica” que otras que nos ha ofrecido el artista, quizá esta vez menos atento al detalle (los mismos acordes iniciales sonaron algo expeditivos), menos visionario y más preocupado por la elegancia, la naturalidad, la transparencia, el equilibrio expresivo, la delicadeza… No sé, son matices sin importancia, porque el conjunto me pareció una versión de una belleza, una cantabilidad y una riqueza expresiva abrumadoras, con un segundo movimiento –qué música tan breve y tan genial- que fue auténtica marca de la casa y un tercero lleno de brío. Fabulosa la orquesta, no solo por su musicalidad (la cuerda, para derretirse) sino también por su adecuadísimo sonido. Total, una interpretación que hoy día ni un solo pianista (¡o director!) es capaz de superar… o de alcanzar siquiera. Tremendo.

Bruckner

Hace dos años ofreció Barenboim en el Carlos V –complicada acústica- las sinfonías nº 7, 8 y 9, y lo hizo con resultado magistrales, sobre todo en las dos últimas (enlace). La Cuarta del año pasado (enlace), siendo muy personal y bastante notable, pilló al de Buenos Aires un tanto desconcentrado: nada que ver con la tremebunda recreación grabada unos meses antes que ha comentado Carrascosa en su blog (enlace). En este 2010 el nivel ha vuelto a recuperarse, muy particularmente con una Sexta de quitarse el cráneo, que diría Valle-Inclán. Escuché pocos días antes su primera grabación de la partitura, la que realizó en 1977 para DG, y se maravilla uno de cómo se ha enriquecido el Bruckner de Barenboim. El concepto es el mismo, mucho antes dramático que épico y bastante más amargo que lírico, además de ajeno a cualquier tipo de misticismo: es comprensible que no convenza a determinadas sensibilidades. En cualquier caso ahora la arquitectura está muchísimo mejor controlada, porque el artista es ya capaz de dominar el enorme fuego interior que alienta sus interpretaciones con una planificación más cerebral y un fraseo más concentrado, sin que haya lugar a caídas de pulso ni a precipitaciones. Claro que lo más interesante es como, sin perder nervio, visceralidad y garra dramática, hay ahora una dosis mucho mayor de sensualidad y hasta voluptuosidad, muy especialmente en un segundo movimiento paladeado con delectación y un increíble dominio de la agógica. Pese a algunos fallos ostensibles (para un alemán debe de ser una tortura empezar una obra como esta a las 11:40 de la noche), la orquesta rindió a un gran nivel y, tratada con asombrosa plasticidad por parte de la batuta, se mostró como ideal para semejante repertorio.

La clausura del Festival se realizó la noche del domingo 11. A pesar de que las entradas volaron en el momento de ponerse a la venta, faltó aproximadamente un veinte por ciento del público: la presencia de la selección española en la Mundial de fútbol era demasiada competencia. Y también fue una molestia para la interpretación de la Quinta Sinfonía, porque desde que en un pianísimo del primer movimiento se escuchó un tremendo berrido en el exterior del Carlos V (algo así como “goooooooooooool”), los cohetes se sucedieron, el público se distrajo y hasta el propio Barenboim parecieron perder un poquito la concentración. No sé si fue en parte por ello por lo que nuestro artista se despachó el segundo movimiento, que siempre ha hecho un tanto rápido, en aproximadamente quince minutos (17’18’’ le duró en su registro de Chicago y 16’20’’ en el de Berlín). La verdad es que me hubiera gustado más paladeado y, por qué no, con una dosis de “misticismo” que esta página en concreto parece pedir y que Barenboim, como Klemperer, está siempre decidido a regatear. Hubo en su lugar, eso sí, una enorme tensión y un aliento anhelante de lo más atractivo dentro de una lectura visión eminentemente rebelde, muy tensa en los movimientos extremos, por momentos de una locura visionaria al borde del descontrol y siempre muy sincera, amén de muy atenta a la polifonía. Impresionante en este sentido la sonoridad empastadísima pero también muy clara de la Staatskapelle, que pese a algún accidente puntual rindió a nivel aún superior al de la noche anterior. Total, una Quinta de Sobresaliente y una Sexta de Matrícula de Honor, más un Chopin sensacional en lo que a la parte del piano respecta. Para no olvidar. El año que viene, las tres primera sinfonías oficiales de Bruckner para completar el ciclo.

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