martes, 13 de abril de 2010

El disco Gluck de la Bartoli

BARTOLI, Cecilia: Arias italianas de Gluck
Akademie für Alte Musik Berlin.
Decca, 4672482
67’34’’
DDD
Universal
**** R


Este producto es una secuela concebida de la misma manera que en el mundo cinematográfico un éxito de taquilla lleva a preparar una segunda parte en la que se sigue con pequeñas variantes la misma fórmula. La receta en este caso es: Cecilia Bartoli + repertorio con virtuosismo vocal + agrupación historicista + presentación exquisita + intensa promoción. Hace un par de años se triunfó con Vivaldi y esos “locos” de Il Giardino Armonico; ahora tocan Gluck y la más sobria, pero poderosísima, Akademie für Alte Musik Berlin.

Éxito “de taquilla” asegurado, y de paso gran acogida por parte de la crítica. Con toda la razón. La Bartoli tiene un instrumento no excepcional pero sí muy hermoso. Técnica, toda la que quiere y más. Y lo más importante: conciencia de que los medios han de estar al servicio de la expresión, idea que justamente se halla en la base de la reforma encabezada por Gluck.

Por descontado, entre estas ocho arias sobre textos de Metastasio -seis de ellas inéditas en disco- hay varias aún vinculadas a ese estilo italiano que el compositor se encargó de superar: da capo puro y duro, donde la Bartoli, además de mostrarse capaz de abordar papeles muy diferenciados vocal y anímicamente, arrasa con su dominio de las agilidades y su fantasía para ornamentar. Ya se sabe, el componente comercial es imprescindible.

Pero en aquellas otras páginas en las que el compositor ofrece su innovadora formulación de la ópera (eliminación de adornos superfluos, flexibilización y nueva codificación de la forma, atención al texto y a la transmisión de los affetti), la mezzo romana demuestra que es una intérprete sensibilísima y una actriz de primer orden, desplegando todo el arsenal de recursos para emocionar (¡y de qué manera!) mediante su utilización inteligente, no para impactar con explosiones pirotécnicas. Habrá quien pueda objetarle sus cambios de color -a veces de gran eficacia dramática-, pero no discutirle su condición de artista excepcional.

Una última reflexión. Parece que las grandes casas discográficas se están empezando a enterar (las pequeñas lo sabían ya hace tiempo) que la única manera de hacer frente a la crisis de ventas y a la imparable difusión del MP3 y la copiadora de cedés es mejorar la presentación. Sólo por poseer este precioso “libro con disco” para pasar sus páginas una y otra vez merece la pena la compra. Se ha cuidado todo, desde la textura del papel hasta la tipografía, pasando por el variado y original repertorio iconográfico. A Decca le habrá merecido la pena la inversión: venderá mucho más. Si los textos estuvieran también en castellano, la dicha sería completa.

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Artículo publicado en el número de enero de 2002 de la revista Ritmo.


PS. Desde que escribí esta reseña hasta ahora la trayectoria de la Bartoli ha ido, a mi entender, considerablemente a peor, transformando la diva romana su inicial sinceridad en puro amaneramiento. Este disco marcó seguramente el punto de inflexión. En el siguiente, dedicado a Salieri, ya anunciaba claramente lo que vendría después (enlace). En estos días Bartoli se encuentra en España promocionando su último disco, Sacrificium, que por cierto no he logrado escuchar del tirón.

domingo, 11 de abril de 2010

Traviata por Sutherland y Bergonzi, un clásico controvertido

Verdi: La Traviata
Sutherland, Bergonzi, Merril.
Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Sir John Pritchard, director.
Decca. 2 Cds. ADD
***


La primera Traviata de Sutherland sigue causando controversia. No es para menos: resulta difícil establecer si su instrumento por entonces (1962) suntuoso, la morbidez de su canto y su pasmosa habilidad para las agilidades compensan, en un papel como éste, una pronunciación ininteligible y, sobre todo, una manifiesta carencia de talento dramático. Que cada cual escuche y decida.

Lo mejor es sin duda Bergonzi, si bien para disfrutar de su en exceso benevolente encarnación del machista personaje ya está ahí su magnífica versión junto a la Caballé, unos años posterior (RCA). Merril luce una espléndida voz baritonal, pero canta de manera monocorde y, a la postre, no es un Germont del todo convincente.

Pritchard narra el drama de manera impersonal y con trazo grueso, aunque consigue momentos muy encendidos, como el fundamental Amami, Alfredo. Como explicara Darío Fernández en estas mismas páginas, esta grabación ofrece el interés adicional de seguir la partitura en su integridad. Por ello y por lo antedicho, hay que conocerla.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de diciembre de 2003 de la revista Ritmo sobre el primer lanzamiento de la serie "The Opera Compact Collection", editada por Decca.

PS. La imagen, que recupera la de los vinilos originales, pertenece a la última reedición de esta grabación, la realizada en 2006 en la serie "Classic Opera".

viernes, 9 de abril de 2010

El Ravel juvenil de Nézet-Séguin

De entre las numerosas grabaciones radiofónicas que guardo en mi disco duro del canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975), un director que me interesa de manera considerable, uno de los autores más repetidos es Maurice Ravel. Por ello no es de extrañar que su primer disco para EMI Classics, grabado en junio de 2007 frente a la Filarmónica de Rotterdam, orquesta de la que se ha convertido en titular, sea precisamente un monográfico dedicado al autor de La hora española. Los resultados no son excepcionales pero sí muy notables, si bien es de lamentar que un disco que ha de servir de carta de presentación se lance al mercado en serie cara (¿quién va a comprar así estas obras archigrabadas?) y con una toma sonora no todo lo impecable que debiera.


En cualquier caso hay que admirar la manera en que el joven maestro ha logrado ofrecer un Ravel muy fresco y juvenil, por completo alejado del tópico del hedonismo sonoro, de las brumas excesivas o de la melancolía contemplativa, sin renunciar a la elegancia, el refinamiento, la riqueza tímbrica y la atención a las texturas que esta música demanda. Destaca en este sentido una brillante, impetuosa y extrovertida -pero en absoluto tosca o descontrolada- lectura de los Valses nobles y sentimentales. Su recreación de La Valse se encuentra en la misma linea, pero aquí sobran algunos detalles creativos que resultan amanerados y se echa de menos una atmósfera más enrarecida en determinados pasajes.

Más que notable la interpretación de la suite nº 2 de Daphnis et Chloé, muy bien trazada y con las dosis adecuadas tanto de brillantez sonora como de sensualidad; solo falta un punto más de creatividad, o al menos de personalidad, para ser excepcional. Y hermosísima la lectura de Mi madre la oca, alejada de la poesía otoñal inigualable de un Giulini pero igualmente válida, de una ternura y una ingenuidad ajenas a cualquier afectación. Una lástima que, pese a haber espacio en el disco, no se haya incluido el Bolero. ¿Miedo quizá a que con tan difícil partitura la muy digna Filarmónica de Rotterdam muestre sus limitaciones?

miércoles, 7 de abril de 2010

Cavalleria y Pagliacci por Prêtre

Leoncavallo: Pagliacci
Mascagni: Cavalleria Rusticana
Domingo, Stratas, Obraztsova, Barbieri, Pons, Bruson.
Coro y Orquesta de la Scala de Milán. Georges Prêtre, director.
Philips/Decca
2 CD - ADD
*** (Pagliacci)/**** (Cavalleria)

Nos encontramos de nuevo con los registros de Cavalleria Rusticana y Pagliacci con Prêtre y Domingo realizados en 1983 con los mediocres conjuntos de La Scala para las filmaciones televisivas de Zeffirelli. El título de Mascagni conoce aquí su versión de referencia, pero el de Leoncavallo no alcanza semejante nivel debido a la Stratas, fantástica en escena pero vocalmente mediocre. Plácido da lo mejor de sí y cantantes como Obraztsova, Barbieri, Pons y Bruson están, con algún reparo vocal e interpretativo, sencillamente espléndidos. La batuta, algo estruendosa y superficial, dirige con nervio y garra.

Pues bien, a pesar de lo dicho no recomendamos la adquisición de este doble compacto, sino del DVD correspondiente. Y es que por sólo diez o doce euros más no sólo podrá usted ver las imágenes -Pagliacci es un enorme acierto de quien con toda la razón nuestro colega Carlos Tarín rebautizara como “Zaffiorelli”-, sino que disfrutará del audio con una calidad técnica muy superior. Hemos hecho la prueba.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de febrero de 2003 de la revista Ritmo sobre el segundo lanzamiento de la serie "The Compact Opera Collection", editada por Decca.

domingo, 4 de abril de 2010

Pinnock y Koopman, desmontando tópicos

Cada vez que un director de la línea historicista se pone al frente de una orquesta tradicional para hacer repertorio del siglo XVIII se escucha uno de los dos tópicos ineludibles en semejante circunstancia: bien eso de que "la batuta tiene que amoldarse necesariamente a las particularidades de la formación y renunciar a pretensiones filológicas", bien aquello de que "hay que obligar a los músicos a transformar su técnica para que suenen con el mayor parecido posible a una formación de instrumentos originales". De demostrar que ambas premisas son rigurosamente falsas, toda vez que ambas maneras son igualmente válidas, se encargan dos grandes músicos en sendos conciertos, disponibles en el "Digital Concert Hall" del que venimos repetidamente hablando en este blog, al frente nada menos que de la Filarmónica de Berlín. Los dos, casualmente, admirables clavecinistas: Trevor Pinnock y Ton Koopman.



En un programa dedicado íntegramente a Mozart registrado en la Philharmonie Berlinesa el 10 de octubre de 2008 (enlace), el británico decide respetar la tradición y, aun moderando el vibrato y aligerando las texturas de manera razonable (es decir, sin caer en la insoportable ingravidez de un Abbado, pongamos por caso), ofrece unas lecturas de perfecta ortodoxia "sinfónica" que en el plano expresivo sabe atender a ese sentido del equilibrio, la elegancia y la mesura tan peculiares de Mozart, añadiendo la imprescindible cantabilidad del fraseo y una dosis no pequeña de tensión sonora, aunque sus recreaciones sean mayormente apolíneas.

Concretando más, nuestro artista triunfa con una Sinfonía nº 25 que respira naturalidad en el Andante -por momentos algo soso y quizá un punto más coqueto de la cuenta- y desprende entusiasmo en los movimientos extremos. La orquesta está soberbia, sobresaliendo la labor de las maderas en el trío. La inclusión de un clave como bajo continuo -por descontado el propio director- es el único detalle historicista en esta lectura maravillosamente tradicional. En la misma línea, aunque ya sin teclado, se encuentra la recreación de la celebérrima Sinfonía nº 40, en la que Pinock sabe aunar elegancia y dramatismo, aunque no consigue -todo hay que decirlo- inyectar tensión y convicción al Andante.



En el hermosísimo Concierto para piano nº 9, "Jeuhehomme" Pinnock está a la altura de las circunstancias, aunque aquí Maria Joao Pires se muestra en su línea habitual: enorme belleza sonora, fraseo de extraordinariamente cálido y comunicativo... y una clara tendencia a obviar los aspectos más dramáticos de la partitura. Una recreación muy seductora (cuando hizo esta misma obra en el Villamarta hace años nos quedamos boquiabiertos) pero un tanto superficial, siempre dentro de un alto nivel.

El concierto de Koopman (enlace) tuvo lugar no hace mucho, el 30 de enero de 2010, con Haydn y su amado J. S. Bach en los atriles. En él el holandés hace todo lo contrario que el británico: transformar la articulación de los profesores hasta hacer irreconocible a la Filarmónica de Berlín y hacerla sonar casi, casi como la Orquesta Barroca de Amsterdam. No solo en el compositor alemán, sino también en el austríaco. Y lo hace maravillosamente bien, construyendo una Sinfonía nº 98 llena de fuerza, teatralidad, incisividad y sentido de los contrastes, en la que que sabe aunar los aspectos lúdicos de la pieza -evitando la frivolidad- con cierto regusto dramático, al tiempo que se permite subrayar en el último movimiento las conexiones con Rossini. La fuerza expresiva, la vitalidad y la tensión sonoras son excepcionales, circunstancia a la que no es ajena la musicalidad excelsa de los solistas de la orquesta. Que el clave del final haya sido sustituido por un órgano no pasa de ser una divertida anécdota.

Ante el Bach de Koopman no es necesario a estas alturas lanzar muchos elogios. La Suite orquestal nº 3 es en sus manos un prodigio de teatralidad barroca, si bien la emblemática aria, de legato muy moderado, no le resulta todo lo cálida y emotiva que debiera. Y qué manera de obtener de la filarmónica berlinesa una rusticidad de lo más adecuada. Irreprochable el motete -atribuido a Bach- Lobet der Herrn, alle Heiden, que introduce en el programa a un excelente RIAS Kammerchor. En cuanto al Magnificat que cierra la velada, y contando con un digno plantel de solistas vocales, solo cabe elogiar la transparencia de la dirección de Koopman, que consigue extraer de la partitura una espiritualidad tan sencilla y natural como sincera.

En fin, dos conciertos de muy alto nivel que como decíamos al principio vienen a tirar por tierra los apriorismos estilísticos que tanto circulan hoy por ahí: si detrás hay un gran músico que respeta al autor y sabe bien lo que se hace, cualquier aproximación al repertorio dieciochesco es válida independientemente de las cualidades de la orquesta utilizada. Se pongan algunos como se pongan.

Ah, otra visión -no muy diferente de la mía- sobre estos conciertos en el blog de Ángel Carracosa (enlace).

jueves, 1 de abril de 2010

Peligro, saeteros sueltos en Sevilla

El Sábado Santo de 2009 viví una situación bochornosa en la recogida de la Soledad (la de San Lorenzo, naturalmente): varios saeteros se pisaban unos a otros, cantando al mismo tiempo a ver quién se llevaba el gato al agua con la saeta más emblemática de la noche ("...divino broche de oro que cierra la Semana Santa..."). No entro en quién pudo tener la culpa, pero está claro que una o varias personas actuaron con muy poco respeto a la sagrada imagen, a los hermanos de la cofradía y a los devotos y público en general que allí se congregaba.

Desdichadamente el Domingo de Ramos de este año 2010 las circunstancias se han repetido. Esta vez ha sido víctima el palio de La Estrella, ya muy cerca de su entrada, alrededor de la una y media de la madrugada. No sé quién se pasó de rosca con sus ansias de protagonismo, si el veterano cantaor que se encontraba en el balcón o la saetera espontánea entre la bulla. Fueron los dos, por desgracia, los que quedaron en ridículo, y la cofradía trianera la que salió perdiendo. Con un poquito de respeto y paciencia la situación se hubiera solucionado, pero ambos siguieron erre que erre a ver quién hacía callar al contrario. La Semana Santa no ha sido nunca una celebración para el lucimiento personal, así que esperamos no tener que seguir sufriendo los egos de algunos saeteros incontrolados. Veremos que ocurre este Sábado Santo en la plaza de San Lorenzo.

martes, 30 de marzo de 2010

Turandot vuelve a Sevilla

Doble reparto para la reposición de la Turandot que el Maestranza le compró hace años al Teatro La Fenice. Entradas agotadísimas: se nota que hay ganas por escuchar a Puccini. ¿Quién dijo crisis? Estuve en la última función, la del viernes 26: Janice Baird, Marco Berti, Norah Amsellen. No pude escuchar al primer reparto, con Guleghina, Armiliato y Desí. En el foso, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla bajo la dirección de su titular.

A mi modo de ver fue la dirección de Pedro Halffter, lenta y más “romántica” que “expresionista”, lo más desigual de la función, pero también lo más interesante. Desigual porque no logró tensar lo suficiente el hilo dramático ni levantar una arquitectura convincente, desembocando su lectura en una yuxtaposición de escenas que en unos casos resultaron muy logradas y en otros estuvieron ayunas de fuerza interna; en este sentido, todo el final del primer acto resultó flácido y deshilachado. Interesante porque el madrileño se mostró muy atento al análisis de texturas –la claridad fue muy notable-, y más interesante aún porque Halffter optó por una visión atmosférica de la partitura, menos aristada que de costumbre pero muy sensual y con una buena dosis de carácter onírico; incluso subrayó las conexiones con el Impresionismo (la invocación a la luna en el primer acto, que su batuta hizo sonar de modo fascinante) y hasta por momentos reveló paralelismos con Bartók.

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y el Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza realizaron una digna, esforzada y muy competente labor (la partitura se las trae) y no merecen sino elogios, pero aun así hay que mantener los pies en la tierra: la Orquesta de la Comunitat Valenciana y el Coro de la Generalitat que la acompaña en el Palau de Les Arts me parecieron el año pasado abiertamente superiores bajo la dirección de Patrick Fournillier (no pude asistir a ninguna de las funciones de Maazel). Por cierto, que en mi localidad del Maestranza (fila 7 del patio de butacas) en ningún momento se evidenció que los solistas vocales fueran sepultados por coro y orquesta. Bastante bien la escolanía.

La voz de Janice Baird empieza a sonar un tanto agria, pero dio las notas. Y las dio –al menos en la función que me tocó escuchar- sin graves desigualdades y sin evidenciar particular esfuerzo. Como además ofreció –en lo escénico y en lo expresivo- un perfil de la princesa menos feroz y monolítico que de costumbre, su recreación de Turandot me pareció, en conjunto, bastante plausible. Aparte de esto, la Baird me cae muy bien desde que he leído que ella y su esposo residen desde hace años en mi tierra, más concretamente en la localidad de Rota. Pero esa es otra historia, claro.

Marco Berti, pues ya se sabe: unos agudos fabulosos, esmaltadísimos, emitidos con insolente seguridad, que en muchos momentos no logran disimular una línea de canto sin duda valiente, pero muy parca en calidez y matices expresivos. Sus limitaciones para cantar por debajo del mezzoforte son tan grandes como su mediocridad escénica. El “Nessun Dorma” distó de convencer.

Nora Amsellen me gustó mucho como Mimí en el Teatro Real. Como entonces no le noté ningún problema en cuanto al caudal de su voz, en esta ocasión me ha sorprendido esta limitación. En cualquier caso es una cantante de mucha clase y ha ofrecido una Liú de muy buena línea, sensible pero no sensiblera, segura en los filados (nada que ver en este sentido con mi por otra parte muy admirada Gallardo-Domas) y muy amplia en el fiato, lo que no le vino nada mal para hacer frente a los tempi de Halffter.

Alexander Vinogradov, joven promesa de la factoría Barenboim (le escuché un flojo Daland en el Real hace años con el de Buenos Aires) me ha convencido más aquí que en otras ocasiones: un Timur de apreciable nobleza expresiva. Me parecieron muy dignos Manuel Esteve, Javier Palacios y Gustavo Peña: cosas bastante peores se han escuchado en las tres máscaras en teatros de primera. Flojito el mandarín de Mario Bellanova. Y no me gustó nada Josep Ruiz: un emperador con demasiados años a cuesta.

La producción era vieja conocida para todos los que hemos sido fieles al Maestranza, pues el teatro sevillano se la compró hace años a La Fenice cuando la llevó a su escenario bajo la dirección de Alain Lombard. Por cierto que pertenecía a un gran amigo de éste, el enorme Jean-Pierre Ponelle. Una decepción para venir de quien viene: hay razones para pensar que su antigua asistente, Sonja Frissel, se ha limitado a reproducir los movimientos del maestro (justo eso es lo que ocurrió cuando la londinense ofreció en Sevilla la Italiana en Argel de Ponelle, idéntica a la que ahora ha sido editada en DVD por Deutsche Grammophon). Virtudes e insuficiencias son pues del director escénico francés, que diseñó el mismo una gigantesca cabeza femenina que en el segundo acto giraba para mostrar un reducido pero vistoso palacio imperial. Todo funcionó con corrección, sin salidas de tono y con bastante sensatez, pero sin ese plus de magia escénica que la función hubiera necesitado.

Se aplaudió mucho, muchísimo. Todo el teatro en pie y palmas por sevillanas. ¿Triunfo exagerado? Si es por la interpretación, quizá. Si es por Puccini, no: se merece eso y mucho más.


PS. No tengo fotos de las oficiales, pero las hay maravillosas en este enlace.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...