viernes, 9 de abril de 2010

El Ravel juvenil de Nézet-Séguin

De entre las numerosas grabaciones radiofónicas que guardo en mi disco duro del canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975), un director que me interesa de manera considerable, uno de los autores más repetidos es Maurice Ravel. Por ello no es de extrañar que su primer disco para EMI Classics, grabado en junio de 2007 frente a la Filarmónica de Rotterdam, orquesta de la que se ha convertido en titular, sea precisamente un monográfico dedicado al autor de La hora española. Los resultados no son excepcionales pero sí muy notables, si bien es de lamentar que un disco que ha de servir de carta de presentación se lance al mercado en serie cara (¿quién va a comprar así estas obras archigrabadas?) y con una toma sonora no todo lo impecable que debiera.


En cualquier caso hay que admirar la manera en que el joven maestro ha logrado ofrecer un Ravel muy fresco y juvenil, por completo alejado del tópico del hedonismo sonoro, de las brumas excesivas o de la melancolía contemplativa, sin renunciar a la elegancia, el refinamiento, la riqueza tímbrica y la atención a las texturas que esta música demanda. Destaca en este sentido una brillante, impetuosa y extrovertida -pero en absoluto tosca o descontrolada- lectura de los Valses nobles y sentimentales. Su recreación de La Valse se encuentra en la misma linea, pero aquí sobran algunos detalles creativos que resultan amanerados y se echa de menos una atmósfera más enrarecida en determinados pasajes.

Más que notable la interpretación de la suite nº 2 de Daphnis et Chloé, muy bien trazada y con las dosis adecuadas tanto de brillantez sonora como de sensualidad; solo falta un punto más de creatividad, o al menos de personalidad, para ser excepcional. Y hermosísima la lectura de Mi madre la oca, alejada de la poesía otoñal inigualable de un Giulini pero igualmente válida, de una ternura y una ingenuidad ajenas a cualquier afectación. Una lástima que, pese a haber espacio en el disco, no se haya incluido el Bolero. ¿Miedo quizá a que con tan difícil partitura la muy digna Filarmónica de Rotterdam muestre sus limitaciones?

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