martes, 28 de febrero de 2012

Petrenko y Kraggerud con la Philharmonia

Aprovechando las festividades de nuestra comunidad autónoma, he tenido el valor de llevar a un pequeño grupo de alumnos -los de la asignatura de Historia del Arte que imparto en Segundo de Bachillerato- nada menos que a Londres. Cuatro noches en total para realizar un intensísimo recorrido por los principales museos y monumentos de la ciudad. No se trataba solo, claro está, de ver arte. También de vivir experiencias culinarias -no siempre agradables, como sabrán quienes conozcan la ciudad-, de aprender a desenvolverse en el extranjero y de conocer los entresijos de la democracia británica con una interesantísima visita al Parlamento que aprovecho para recomendarles desde aquí a todos ustedes. Quise además poner a los chavales en contacto con la vida musical londinense invitándoles a un concierto que, no vamos a ocultarlo, también sirvió para que descansáramos los pies: el que ofreció la Philharmonia Orchestra bajo la dirección de Vasily Petrenko el domingo 26 de febrero a las tres de la tarde con obras de Hindemith, Sibelius y Rachmaninov en los atriles. Ni que decir tiene que era para todos ellos la primera vez que escuchaban una orquesta en directo. Ojalá que no sea la última.

Vasily Petrenko

Creo que se lo pasaron bien. Yo desde luego sí lo hice, en parte por mi “victoria” a la hora de meter a jóvenes en un concierto sinfónico a ver si les pica el gusanillo, en parte porque las interpretaciones fueron de muy alto nivel. Algo irregular quizá la de las Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber. Lenta y analítica en líneas generales, pinchó un tanto el primer movimiento al carecer de la fuerza dramática y de la imaginación deseables. En el segundo eché de menos un poco de incisividad y mala leche, si bien el portentoso entramado orquestal tejido por Hindemith estuvo -salvando algún desajuste puntual en la percusión- expuesto de manera admirable. Excelentes los otros dos, destacando por su cálida atmósfera el tercero y por su decisión carente de retórica el cuarto. En la segunda mitad del concierto ofreció Petrenko una lectura de las Danzas Sinfónicas de Rachmaninov casi idéntica a la del disco que comenté aquí hace unos días (enlace), más que notable en su conjunto, llena de momentos extraordinarios, pero en exceso amanerada -sobre todo en el segundo movimiento- como para convencer del todo. Obviamente la Philharmonia es superior a la Filarmónica de Liverpool, en particular gracias a su solidísima cuerda.


Entre medias ofreció Petrenko una recreación del Concierto para violín de Sibelius que en lugar de optar por la sensualidad y la ensoñación resultó rocosa, áspera y abiertamente dramática. O sea, excelente para mi gusto, aunque bastante más en los dos primeros movimientos que en el último, donde eché de menos tensión sonora y una mayor atención a las maderas. En cualquier caso lo decisivo fue tener delante a un solista que, aun siendo poco conocido en el panorama internacional, demostró no solo ser capaz de dar (casi) todas las notas, lo que ya de por sí es milagroso, sino también de entender esta partitura en la que tantos nombres famosos resbalan. Fue la de Henning Kraggerud (Oslo, 1973) una interpretación tensa, desgarrada, muy doliente, pero no por ello escasa de lirismo ni de concentración en el fraseo. Quizá aún deba enriquecerse con mayor variedad expresiva, pero convence por lo acertado de su enfoque y la aplastante sinceridad con la que este se lleva a la práctica. A lograr esto último ayudó el interesante sonido de su Guarneri del Gesu, cuyo registro grave pleno y carnoso le sienta de maravilla a esta obra maestra. Las ovaciones de todos los que estábamos en el Royal Festival Hall fueron intensas. Les dejo un vídeo para que se hagan una idea de cómo toca este señor.

domingo, 26 de febrero de 2012

Elektra por Ozawa

R. STRAUSS: Electra.
Christa Ludwig, Hildegard Behrens, Nadine Secunde.
Orquesta Sinfónica de Boston. Dir.: Seiji Ozawa.
Decca, 4705832
2 CDs - 102'8''
DDD
Universal
**


Esta Elektra fracasa ante todo por la dirección de Ozawa, falta de idioma y carente de tensión interna, por mucho que intente disimilar tales insuficiencias con arranques de brutalidad. Las características vocales de la Behrens, su certero acercamiento estilístico y su incontestable talento dramático le permiten ofrecer una recreación menos matronil y unilateral de la atormentada protagonista (un poco como hizo en su reveladora Salomé), pero en este live de 1988 su instrumento está ya seriamente deteriorado. La Ludwig compone una Klytämnestra interesante, más humana que monstruosa, mientras que los demás no pasan de lo correcto.

________________________________
 
Texto extraído de un artículo publicado en el número de febrero de 2003 de la revista Ritmo sobre el segundo lanzamiento de la serie "The Opera Compact Collection", editada por Decca.

PS. Recuerdo que entre las interpretaciones más recientes la de Thielemann resulta muy recomendable (enlace).

jueves, 23 de febrero de 2012

Rachmaninov por Vasily Petrenko: soberbia grabación

Aunque este compacto grabado entre 2008 y 2009 por el sello Avie contiene interpretaciones de muy alto nivel, lo que más sobresale en él es una circunstancia técnica, pero no precisamente poco importante para este repertorio: la toma sonora es sensacional, la mejor sin duda -incluyo aquí las lecturas de Dutoit para Decca- de la que se han beneficiado esas dos acongojantes obras maestras del romanticismo tardío más decadente y desatado que son La isla de los muertos (1908) y las Danzas sinfónicas (1940) de Sergei Rachmaninov. Su pureza tímbrica, claridad de planos, redondez y naturalidad hacen de la audición una experiencia realmente placentera. Pero insisto en que el nivel artístico es también muy alto.

Petrenko Rachmaninov

El aun joven Vasily Petrenko (San Petersburgo, 1976) acierta sobre todo en la tímbrica, adecuadamente oscura y rocosa, incisiva cuando debe y muy atenta a la hora de otorgar particular relieve a las maderas graves con intensas sombras. Triunfa también a la hora de delinear la arquitectura: pocas veces se han escuchado más líneas instrumentales y detalles interesantes aquí y allá en estas partituras. En lo expresivo es donde se queda Petrenko un tanto corto, pues aunque los aspectos dramáticos están reflejados de manera admirable, los más sensuales resultan un tanto relegados. La Royal Liverpool Philharmonic, por su parte, realiza un espléndido trabajo, aunque ni su cuerda es tan sedosa ni sus vientos tan suntuosos como la de las orquestas realmente grandes (Concertgebouw, Philadelphia) que han grabado este repertorio.
Concretando un poco, La isla de los muertos conoce una interpretación mucho antes rebelde, dramática e incluso nihilista que ensoñada, y por ende no resulta muy sensual pero sí llena de desgarro. Pueden preferirse otras opciones, pues, pero a mí esta es la que más me gusta, y por ello solo las grabaciones de Previn (EMI) y Svetlanov (BBC), quizá también la de Dutoit (Decca), me parecen en conjunto más convincente que la de Petrenko. Solo quiero reprochar alguna frase en los violines que se me antoja algo blanda.

En las Danzas Sinfónicas, una obra brillantísima y fabulosamente orquestada, pero con mucho más fondo del que parece, el director ruso da en la diana a la hora de atender a sus aspectos más extrovertidos gracias a una tensión perfectamente controlada y a un sentido danzístico de adecuada rusticidad. Por desgracia no convence tanto en los pasajes melancólicos, porque su obsesión por ser original y lucir al mismo tiempo su espléndido dominio de la agógica le hace incurrir en un fraseo un tanto artificial, rebuscado e insincero. Aquí sí que hay competencia discográfica, desde Previn (EMI) hasta Jansons (mejor EMI que RCO) pasando por el referencial Ashkenazy (Decca y Exton). De propina, una interpretación de esa página juvenil y menor que es La roca (1893) de trazo firme y un clímax muy rocoso -nunca mejor dicho-, pero sin toda la sensualidad posible. ¿Disco recomendable? Pese a los reparos yo creo que sí. Y por el sonido yo diría que casi obligatorio.

martes, 21 de febrero de 2012

¿Bailas, Mariano?

Querido Mariano:

Pudiste dar el pego a muchos, pero no a mí. Yo sabía muy bien de qué pie cojeabas. Sabía que te iba la marcha. Ya sabes, la marcha de las carreritas por las calles y los palos a los estudiantes para preservar el orden público. Si es que algunos de los que os autodenomináis “liberales” no podéis disimular lo que en el fondo sois. No hay más que veros la cara. O escucharos. Qué instructivas son vuestras tertulias y columnas de opinión. Qué manera de manejar el lenguaje para que una cosa parezca la otra. Qué arte.


Mariano, vas a pasar a la historia de España por ser, en algunos aspectos, digno continuador del jefe de estado a quien sirvió como ministro tu principal valedor en el partido, ese paisano tuyo recientemente fallecido. Tú sabes bien a quién defender y a quién castigar. Admirable tu utilización de la prensa. Y ahora también de la policía. Claro que aún no estás a la altura: todavía tienes que sacar las mangueras con el agua a presión. ¿Después de las andaluzas? Ah, claro, se me había olvidado. Te recomiendo usarlas mejor con pintura, como hacía Tito Paco, para así identificar a posteriori a esos mocosos de instituto y darles su merecido. Chas, chas. Viva la marcha. Aquí te dejo, en una fenomenal interpretación de Mravinsky, la música con la que más logro identificar tus últimas actuaciones. ¿Bailamos?

domingo, 19 de febrero de 2012

Más paro, menos música

Ya está aquí la reforma laboral. Reforma contra el paro, dice el diario derechista “La Razón”, que por cierto es a la razón lo mismo que “Pravda” a la verdad. Es en realidad la reforma del desempleo: despidos más fáciles y baratos. También la reforma de la explotación: salarios más bajos, aumento de la jornada laboral e inquietante precariedad. Tal merma sufren los derechos laborales que quien quiera conservar un empleo no solo van a tener que conformarse con lo que le den, sino que va a tener que demostrar ante la empresa que está dispuesto a sacrificarse -horas extras fuera del contrato, sometimiento a chanchullos varios- más que sus compañeros. A su vez, la sustancial reducción del poder adquisitivo de los españoles va a acentuar la crisis de ventas y, por ende, a hinchar aun más las listas del paro. Así lo ha advertido ya el presidente Mariano Rajoy, quien durante la campaña electoral silenció y hasta negó algunas de las medidas más drásticas que está tomando. Y aun sigue callando cosas, porque todavía el Partido Popular tiene que extender sus tentáculos por Andalucía y Asturias.

Forges recortesman

¿Ha votado el pueblo español en plena libertad ejerciendo su derecho democrático? Obviamente sí. Pero no debemos olvidar cómo una importante cantidad de medios de comunicación, convertidos en voceros de las grandes fortunas que los financian, han conseguido con una incasable labor diaria hacer tragar a los españoles dos descomunales mentiras: que la crisis ha sido culpa del gobierno socialista (¿gobernaba el PSOE en EEUU o en Reino Unido?) y que las medidas que trae la derecha están encaminadas a sacarnos de la crisis. Claro que muchos no podemos consideramos engañados, porque sabíamos desde el principio que el objetivo del Partido Popular era someterse a las directrices de las grandes finanzas europeas, que para mantener sus márgenes de beneficio necesitan someter a los trabajadores a los mismos rigores que sufren los ciudadanos del mundo asiático, cuyo mercado mucho más competitivo -gracias a la referida explotación- amenaza al nuestro. Ya lograron llevar a su terreno al blando Zapatero en los últimos meses de su mandato. Mariano Rajoy no necesita resistirse, porque él siempre ha sabido de lado de quién estaba.

No hace falta decir que estamos viviendo en toda Europa momentos decisivos y que las perspectivas no son nada halagüeñas. La consecuencia de todo este proceso va a ser una agudización de las desigualdades entre ricos y pobres -ya no solo entre continentes sino dentro de un mismo país-, una transformación de buena parte de la clase media en clase baja y un aumento de las tensiones sociales, dando pie estas últimas a consecuencias mucho más peligrosas. Hace meses advertí a mis alumnos de la probable aparición de violencia callejera en los países más perjudicados: pues bien, ahí tienen ustedes el caso de Grecia de esta misma semana. Veremos también como la extrema derecha y la extrema izquierda empiezan a rebañar votos a los partidos mayoritarios. Y esto no ha hecho más que empezar. La población se mostraba más o menos conformista mientras las cosas iban bien, pero ahora no parece estar dispuesta a seguir aguantando una plutocracia que manda abiertamente sobre los partidos y que está dispuesta a retirarle las comodidades a las que se había venido acostumbrando desde los años cincuenta y sesenta.

Forges vacas flacas

¿La música? Piensen un poco: menos tiempo libre y menor poder adquisitivo implican reducción de la compra de discos y de la asistencia a conciertos. El mercado discográfico ya hace tiempo que anda mal, así que esto supone poco menos que la estocada. En cuanto a los espectáculos en vivo, al problema referido hemos de sumar en España la manera en la que el nuevo gobierno conservador está dispuesto a ir dejando el mundo artístico en manos privadas. Liberalismo llaman a eso. Los precios subirán -o al menos no irán como los salarios, a la baja- y la programación irá eliminando riesgo para centrarse en lo más comercial -para garantizar la ocupación de los aforos- y en lo socialmente prestigioso.

Y aquí tenemos una de las claves del futuro. Es el fin de la “democratización” de la música clásica que se ha venido realizando en los últimos años, esa que ha permitido -mediando subvenciones- que las clases medias accedan a los espectáculos por poco dinero, que ha generado una amplia red de auditorios y agrupaciones -repárese en el trato que el PP está dando a Orquesta de Extremadura- y que ha cuidado la formación del público atendiendo a los repertorios menos populares. Seguirá habiendo música culta en directo, claro, pero en menor cantidad y con propuestas más convencionales. Y en lo que respecta al género más caro, el operístico, éste va a volver a ser lo que en gran medida era antes: un lugar de encuentro de las clases pudientes, esas que se van a poder permitir enfrentarse a los precios de las entradas y que reclaman espectáculos acordes con su mentalidad conservadora. De los conciertos sinfónicos a cargo de las más prestigiosas agrupaciones y estrellas podremos decir algo parecido. La música antigua podría salvarse por su menor coste, pero su carácter menos popular es un factor en su contra. De la contemporánea, ni hablemos. En definitiva, un retroceso musical en toda regla que se va a ir notando más y más conforme pasen los años. Ojalá fuese este el único terreno en el que emprendemos la marcha atrás.

viernes, 17 de febrero de 2012

Bruckner por Mehta en Valencia

Llevaba meses ilusionado con escuchar la Octava de Bruckner -una de mis sinfonías favoritas- a Zubin Mehta con la Orquesta de la Comunidad Valenciana, pero al final no pude disfrutar del concierto como hubiera deseado por culpa del cansancio. ¡Menuda decepción! En parte se debió a que había pasado una mala noche y no descansé lo debido. La calefacción del Auditori del Palau de Les Arts estaba a tope, lo que acrecentó mi sopor, pero eso tampoco es culpa de nadie: en una noche tan fría no había más remedio. Lo que sí es responsabilidad de alguien es la decisión de preceder semejante obra maestra, que en sus ochenta minutos de muy exigente concentración por sí sola se basta, por los casi veinticinco del Concierto para orquesta de César Cano (Valencia, 1960)

El típico encargo, claro, en este caso de la Sociedad Filarmónica de Castellón. Seguramente no es mala música, porque el oficio se hace evidente y la obra no funciona a base de "trampas" de cara a la galería, pero a mí no me interesó gran cosa. Más bien me resultó previsible: lenguaje ecléctico "moderno ma non troppo", despliegue de una ingente cantidad de recursos, abundancia de percusión y numerosos pasajes aleatorios que, por cierto, fueron fantásticamente resueltos por la orquesta. Mehta dirigió con su contrastado talento para el repertorio contemporáneo y su tremendo sentido del ritmo, pero ni aun así logró evitar la sensación de tedio. Programarla en otra oportunidad más adecuada nos hubiera venido bien para no malgastar tiempo y esfuerzo mental antes del Bruckner, y a Les Arts para ahorrar una importante cantidad de euros que se ha ido en aumentos de la plantilla. En fin, cosas de la política: el estreno mundial, ofrecido el día antes en Castellón, fue un verdadero desfile de altos cargos de la Generalitat Valenciana (enlace).



La sinfonía bruckneriana respondió más o menos a lo que esperaba, pues hace tan solo unos días escuché una recientísima versión radiofónica con el propio Mehta dirigiendo a la Filarmónica de Nueva York en general -esta vez ha ido un poco más lento- bastante similar. Fue la de Valencia una gran versión, sin la menor duda. Ya el simple hecho de escuchar esta partitura a una orquesta capaz de responder a sus terribles exigencias técnicas y a un maestro de pulso firme -no es fácil mantener la tensión interna- que sabe hacer brillar a los metales sin entorpecer el equilibrio polifónico, resulta un verdadero placer pala los melómanos. Además hubo convicción, entrega expresiva y ausencia de retórica, lo que está muy bien en una obra que corre el peligro de caer en la pesadez.

Ahora bien, una obra como esta y un maestro de semejante altura merecen que hilemos fino. Hay reparos. En en plano técnico me hubiera gustado un poco más de claridad aún, como también que todos los crecendos hubieran estado preparados con la misma meticulosidad. La orquesta, aun siendo muy buena, no tiene el verdadero sonido Bruckner, y Mehta tampoco lo supo obtener: a veces se escoraba un poco hacia Star Wars, dicho sea con todos los respetos hacia mi queridísimo John Williams. En cuanto a lo expresivo, me gustó mucho la atención del indio hacia los aspectos más escarpados de la página, pero creo que se quedó un poco corto a la hora de frasear con esa sensualidad, ese lirismo y ese sentido humanístico que solo los que en este repertorio son muy grandes saben extraer. El adagio, muy lento y admirablemente paladeado, no resultó todo lo conmovedor que hubiéramos deseado. Tampoco al scherzo le había sacado previamente todo el partido posible. El movimiento final dicho de un solo trazo, fue quizá lo más convincente.

Ya en casa he vuelto a escuchar las tomas radiofónicas de sendas interpretaciones que tuve la suerte de escuchar en directo: una de Bernard Haitink con la Concertgebouw en Londres (2007) y otra de Daniel Barenboim con la Staatskapelle de Berlín en Granada (2008), un prodigio de arquitectura la del holandés y una impresionante síntesis de cantabilidad y carácter visionario la del argentino. La comparación no me deja lugar a dudas: la interpretación de Mehta ha sido admirable, pero aun se pueden ofrecer realizaciones más idiomáticas y comprometidas. ¡Ah! Esta vez compré fila seis y descubrí que se escucha bastante mejor que en la parte alta del Auditori. Tomen nota, por favor.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Franco Ferrara, del podio a la pantalla grande

FERRARA: Preludio. Fantasía trágica. Notte di tempesta. Burlesca.Orquesta Sinfónica de Roma. Dir: Francesco la Vecchia.
Naxos 8.572410
46’41’’
DDD
Ferysa
****


Niño prodigio con el violín y el piano, Franco Ferrara (1911-1985) consiguió ser un muy solicitado director de orquesta en los años treinta para abandonar toda aparición pública en 1946 debido a los desmayos que sufría cada vez que subía al podio delante de una audiencia. Desde entonces se fue convirtiendo en un prestigioso profesor de dirección orquestal, aunque siguió empuñando la batuta para la pantalla grande: para muchos Ferrara es ante todo el director de las músicas de La strada, Las noches de Cabiria y El Gatopardo, entre otros títulos del gran Nino Rota, así como de la de compositores como Nascimbene o el joven Morricone. Él mismo compuso alguna banda sonora: la de Los jueves, milagro pertenece a su pluma.

No debe pues extrañar que estas cuatro partituras que ahora Naxos ofrece en primera grabación mundial suenen descaradamente a cine, muy en particular la hermosa Notte di tempesta. Lo hace en menor medida su Burlesca, página que además de desprender un atractivo sarcasmo es toda una lección de orquestación. Curiosísima la Fantasía trágica, un confeso remedo del tercer movimiento de la Sinfonía nº 11 de Shostakovich que quizá fuera preparado para I sequestrati di Altona a petición de Vitttorio de Sica. El Preludio tiene, por su parte, escaso interés.
________________________________

Reseña escrita en septiembre de 2011 para la revista Ritmo, no publicada por falta de espacio.


PS. Aprovecho para insertar el único vídeo que nos permite ver a Ferrara dirigiendo. Un fragmento de L'elisir d'amore, para concretar.



Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...