martes, 8 de agosto de 2023

Klemperer: metamorfosis y muerte, pero no transfiguración

Klemperer grabó Muerte y transfiguración de Richad Strauss al frente de su Orquesta Philharmonia entre octubre y noviembre de 1961.  La arquitectura es impecable. La claridad, impresionante. Tremenda la tensión dramática. Por desgracia, el proverbial rechazo del de Breslau de todo lo que signifique sensualidad, delectación y magia sonora termina desequilibrando una interpretación espléndida en los momentos más escarpados y terribles de la página –en absoluto puede hablarse aquí de “director distanciado”– pero alicorta cuando tiene que resultar lírica o espiritual. A la transfiguración le falta elevación poética, aun siendo encendidísima en su clímax.

El disco original, y su reedición por Warner Classics, se completaba con la sobrenatural Metamorfosis, registrada en noviembre de 1961. De nuevo Klemperer se aparta de todo lo que signifique sensualidad, atmósfera o decadentismo para construir una interpretación eminentemente arquitectónica, un monumental edificio en la que las tensiones se extreman y se ponen en primer plano alcanzando momentos de extraordinaria intensidad, lacerantes a más no poder e incluso al borde de la desesperación, pero sin perder la más absoluta sobriedad, ni la pureza de las líneas ni el equilibrio polifónico. ¿El resultado? Una versión “rara”, pues, nada otoñal y muy moderna, que fascina al tiempo que resulta discutible en su planteamiento.

Tras el reprocesado de 2023, Metamorfosis suena increíblemente bien, como si estuviera grabada ayer mismo. ¡Qué cuerda grave! Muerte y transfiguración, por desgracia, no logra eliminar por completo la distorsión tímbrica del original.

Amfortas! Die Wunde!

Esta mañana me terminaron de quitar todos los puntos. Bueno, las grapas que me cosían el antebrazo. Me ha quedado una enorme cicatriz que ciertamente no supura, pero que anda aún fresca y va inseparablemente unida al dolor –aún las veinticuatro horas del día– que procede de la operación del húmero. Por eso mismo me siento un poco con el pobre Amfortas de Parsifal. Eso sí, tengo mi ungüento traído por Kundry de tierras lejanas. Del sur de Chile, para concretar.


Al parecer, va estupendamente procesos de cicatrización. Quede ahí la recomendación para quienes se vean en un caso parecido al mío.

Klemperer, más stravinskiano que Stravinsky

Klemperer registró la Sinfonía en tres movimientos en marzo y mayo de 1962. No deja de resultar una paradoja que su recreación sea más stravinskiana que las del propio Stravinsky. Entiéndase con ello que es menos inmediata y visceral, más distanciada. También considerablemente más intelectual, y al mismo tiempo –no es contradicción– más irónica y con mayor retranca. Pero no por ello le faltan precisamente (¡todo lo contrario!) tensión interna, vigor rítmico y carácter opresivo.

En cualquier caso, lo más digno de admiración es la increíble manera en la que el de Breslau disecciona el entramado de la partitura, en la que individualiza y colorea de manera expresiva cada una de las líneas, poniendo de relieve mejor que nadie la magistral escritura de esta página. A destacar muy especialmente lo que hace con el Andante, en el que con la complicidad de las inigualables maderas de la Philharmonia Orchestra destila una mezcla de sensualidad y de espiritualidad inquietante que en cierto modo nos acerca a La canción de Bernadette, la película para la que se supone que el ruso pensó originalmente esta música, sin hacer la menor concesión a lo naif.

La Suite de Pulcinella la registró entre 1963 y 1964. Haciendo uso de tempi francamente lentos manejados con la indesmayable tensión soterrada que le caracteriza, al tiempo que realiza un insuperable análisis del tejido instrumental, el de Breslau construye una lectura de asombrosa claridad en la que, en el plano expresivo, el amargor, la ironía en absoluto inocente y el sarcasmo se imponen por encima de cualquier otra consideración –tristísima la Serenata, de una melancolía sin rastro de blandura–. Ahora bien, lo hace manteniendo el sentido de la elegancia, del distanciamiento y de la obsesión por la forma que son propios del Neoclasicismo. Un milagro, vaya.

¿El sonido tras el último reprocesado? Espléndido el de Pulcinella, algo distorsionado el de la Sinfonía.

lunes, 7 de agosto de 2023

El Haydn de Klemperer, vigencia absoluta

Uno de los discos que, de los que hasta ahora llevo escuchados, mejor suena (¡lo hace maravillosamente bien!) dentro de la imprescindible nueva edición Klemperer lanzada por Warner, es el registrado en septiembre de 1965 en los estudios de Abbey Road con las sinfonías nº 100, “militar” y nº 102 de Joseph Haydn. Sí, un Haydn con orquesta grande, pero no por ello romántico, cosa poco menos imposible con semejante director. El suyo es más bien un Haydn rotundo, severo, racional, pero de una fuerza avasalladora y teñido por ese particular sentido del humor, en absoluto amable ni risueña, sino más bien de reconcentrada mala uva, del que acostumbraba gala el de Breslau. Si alguien busca chispa y galantería, que lo haga en otra parte.

La Sinfonía nº 100 ofrece un primer movimiento amplio y de tintes dramáticos, sin olvidar un sentido del humor muy caustico. Segundo amplio y con vuelo lírico, también con un clímax militar muy dramático –decididamente fragoroso– e implacable. Tercero severo y muy bien delineado. Presto final nada rápido ni brioso, pero dicho con una lógica aplastante. Todo posee una tensión interna controladísima e implacable, si bien lo más increíble sea quizá la claridad de planos y el estudio de la polifonía que realiza el maestro: ni a Boulez se le han escuchado cosas así.

La Sinfonía nº 102 recibe otra versión “a lo grande”, poderosa, sin resultar en absoluto pesada ejecutada además de manera prodigiosa y de una claridad excepcional. Su fuerza y cantabilidad son admirables, como también la manera de combinar densidad y agilidad, verdadera cuadratura del círculo solo alcanzable por una batuta extremadamente genial: es el caso.

En fin, un Haydn de completa vigencia que suena ahora mejor que nunca. No se lo pierdan.

domingo, 6 de agosto de 2023

Oistrakh-Klemperer, recuperado

El Concierto para violín de Brahms que grabaron David Oistrakh, Otto Klemperer y la Orquesta Nacional de la Radiodifusión Francesa para EMI en junio de 1960 no sonaba bien. Pensé que era cosa de la acústica de la Sala Wagram, pero no: tras el reprocesado de la edición 2023 suena estupendamente para la época. Lo pueden ustedes encontrar en streaming de alta definición en las plataformas habituales, dentro del lanzamiento titulado "Legacy of a Legend".

La interpretación probablemente la ya conozcan ustedes. Lo del violín es descomunal. Lo es por su sonido increíblemente sólido, de agudos brillantísimos pero nada hirientes y un grave robusto, siempre con homogeneidad total. También por un virtuosismo tremendo que no se nota en absoluto, porque el músico va directamente a la esencia de las notas. Y lo es, sobre todo, porque se trata de una recreación incandescente y de marcados acentos dramáticos, mucho antes que sensual o evocadora, sin que ello impida que paladee las melodías con lirismo intenso y un punto amargo, ni que deje de ofrecer garra y nervio bien entendido en el tercer movimiento.

No puede haber, para este concepto, acompañamiento mejor que el de Klemperer, poderoso y rotundo pese a no tener a su orquesta habitual delante –logra que las maderas suenen “a Philharmonia”–, de fraseo concentrado, cargado de pathos, y tampoco muy interesado precisamente por los aspectos más sensuales y tiernos –la introducción, sin ir más lejos, se queda algo corta– de la música brahmsiana.

El resultado es una interpretación viril, dramática, concentrada y poderosa, de trasfondo doliente pero también cargada de rebeldía, de empuje y de arrebato controlado. Las hay aún mejores, pero esta es imprescindible conocerla.

La Nuevo Mundo de Klemperer

Como aperitivo de una discografía comparada que estoy preparando de la Sinfonía nº 9 de Dvorák, vaya aquí el comentario de la lectura que registró entre octubre y noviembre de 1963 el grandísimo Otto Klemperer al frente de su Philharmonia Orchestra en el Kingsway Hall de Londres. Volví a escucharla ayer, esta vez en el nuevo reprocesado que ha aparecido en la monumental e imprescindible edición dedicada por Warner al maestro de Breslau: el contrario de lo que ocurre con la mayoría de los títulos, que ahora suenan de escándalo, aquí la toma sigue resultando un poco difusa.

Interpretativamente, se trata de una lectura todo lo singular que podía esperarse. La poderosísima personalidad del maestro queda bien de manifiesto en esta interpretación asombrosamente bien tocada, rigurosísima en su concepto y sin concesión alguna al oyente. Adiós a la delectación melódica, a la contemplación más o menos paisajística y a la brillantez épica. La mala leche de Klemperer se impone sobre cualquier otra consideración y los aspectos más dramáticos de la partitura adquieren singular protagonismo. No es esta una postura muy distinta a la de István Kertész en sus dos grabaciones para Decca, pero hay diferencias importantes. El húngaro era más directo y vehemente, el de Breslau guarda las distancias.

Por eso mismo Klemperer no convence tanto como su colega en un primer movimiento que podía alcanzar mayor garra dramática. En el Largo no hay rastro de sentimentalismo; tampoco lo hay de poesía, aunque la congoja interna no deja de asomarse de vez en cuando. El Scherzo es un prodigio, sin duda el mejor diseccionado de la discografía: probablemente ninguna otra batuta ni orquesta –increíbles las maderas– han alcanzado semejante capacidad de clarificar todos y cada uno de los planos sonoros, no solo en sus líneas melódicas sino también en su singularidad tímbrica (¡adiós a la belleza, viva la rusticidad bien entendida!). Todo ello, claro está, dentro de una expresión recia, severa y bien tensada, intensísima pero siempre bajo el más estricto control. Expresión que vuelve a primar en un Finale que no es exactamente “Allegro” ni “con fuoco”, pero que resulta personalísimo, coherente y genial.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Algunos de mis favoritos de música medieval

Me sigue doliendo al escribo en el teclado del ordenador, así que improviso una entrada bastante tonta, pero que no me supone mucho esfuerzo físico. Repárese en que se no se trata de "las mejores grabaciones de música medieval". Simplemente, ofrezco una pequeña lista de discos de este repertorio que me han impresionado muchísimo, o que en su momento supusieron un punto de inflexión importante en mi trayectoria de melómano. He procurado rotular bien de cara a los lectores invidentes. Si estos necesitan más datos, que me lo hagan saber. Gracias.

 

 

 





 

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...