jueves, 16 de diciembre de 2021

El imbecilismo antivacunas llega a la clásica

Ya les vengo advirtiendo de cómo la desconfianza ante lo único que nos puede ir sacando poco a poco de la pandemia, que no es otra cosa que la ciencia médica, se va extendiendo entre personas presuntamente cultas y preparadas. También en el campo de la música clásica. Hoy he leído este artículo de Gonzalo Alonso (aquí) en el que, junto a algunas reflexiones que se pueden compartir en mayor o menor medida, nos intenta lanzar un mensaje de extrema peligrosidad: el de la necesidad de la rebelión (sic) frente a las contradicciones que se van sucediendo en un fenómeno en el que, para cualquiera que tenga un poquito de sentido común, la rectificación realizada en función de investigaciones y de los datos de los que antes carecíamos no solo no es censurable, sino necesaria. ¿Se imaginan que las autoridades sanitarias no rectificaran ante los nuevos descubrimientos “para no marear al personal"? Pues eso es lo que parece pedir el articulista.

Por descontado que Gonzalo Alonso no hace sino, una vez más, poner su pluma al servicio de Isabel Díaz Ayuso y de su particular concepto de la “libertad”: que se mueran los que sean necesarios, que hay que salvar la economía. Puro servilismo (lean esta reseña propia de la prensa rosa en la que la adulación llegaba a extremos de vergüenza ajena) de un señor que, además de conseguir fama y hacerse temer sacando a la luz cuantos trapos sucios le llegan a sus oídos extremadamente cotillas,  ha estado siempre haciéndole la corte a los mandatarios de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid –Gallardón, Aguirre, ahora Ayuso– para influir todo lo posible en El Escorial, en el Teatro Real y donde hiciera falta. Por si fuera poco, cierra su artículo exigiendo responsabilidad al gobierno. ¡A uno de los gobiernos que más y mejor ha vacunado en Europa!

Entiendo que cada cual es libre de hacer propaganda del partido más afín a su ideología, o de aquel en el que puede obtener poder u otros beneficios, pero lo que no entiendo es cómo se puede ser tan canalla como para llamar a la gente a rebelión frente a unas autoridades –estoy hablando ahora a nivel mundial, no me refiero solo a España– que, a veces con acierto y otras sin él, no trabajan para inyectarnos microchips ni para enriquecer a las farmacéuticas –aunque estas, qué le vamos a hacer, van a beneficiarse lo suyo–, sino para salvar vidas. Por eso les invito a leer a Margarita del Val y a tomar, dentro de lo razonable, todas las precauciones que puedan estas navidades. Yo estoy terminando de pasar la enfermedad y les aseguro que es muy dolorosa. No hagan caso a quienes solo pretenden sacar rédito político aun a costa de la vida humana.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Porque estoy vetado

Se lo decía esta mañana a alguien por teléfono: lo que mejor me salen son las conferencias. Las que ofrecí hace pocas semanas sobre las Cantigas de Santa María y sobre la primera arquitectura gótica y mudéjar en Sevilla fueron un considerable éxito, tanto "de público" (conté entre 105 y 110 personas en la primera de ellas, solo 40 o 45 en la segunda por la lejanía del recinto y lo tardío de la hora) como de crítica (por la extensión de los aplausos).

¿Y por qué no das nunca conferencias en Sevilla, me decían por otro lado? La respuesta ya la he escrito varias veces, pero insisto: porque estoy OFICIALMENTE VETADO por una señora llamada MARÍA JESÚS RUIZ DE LA ROSA, a la que por razones obvias deseos que echen de su puesto en la ROSS cuanto antes. Solo si ella desaparece del mapa tendré la oportunidad de hacer algo allí. Es bochornoso, pero así son las cosas: auténticos incompetentes impidiendo por razones personales que nada tienen que ver con la categoría del conferenciante que el público escuche a personas que pueden resultar de su interés. Insisto, ¡que la echen ya!

sábado, 11 de diciembre de 2021

La libertad de Ayuso, la libertad de la Iglesia y la conspiración judeo-masónica

Ayer me decía un amigo que la tercera dosis no es más que parte de la agenda de Soros para el 2030. Ya saben, el nuevo orden mundial: destruir la civilización cristiana, acabar con el matrimonio natural, extender la ideología de género y todo eso. Que detrás de todo ello están Satanás, la masonería y el comunismo. Y que no piensa vacunarse.

Durante años he aguantado su ideología nacionalcatólica por cariño. Pero estando enfermo y muy dolorido por el maldito bicho decir esto me ha parecido una falta de consideración hacia mí. No, no puedo escuchar estas cosas en medio de la enfermedad; particularmente que afirme que la tercera dosis es un fraude, cuando esta ha salvado la vida de mi querida madre. Así que he decidido cortar la amistad. Y le he recordado que cuando lleguen los suyos al poder y le den a él, muy bien situado en los círculos intelectuales de mi localidad, el mismo cargo que le dieron en su momento a su queridísimo José María Pemán –depurar al profesorado por su ideología–, no se olvide de ponerme el primero en la lista, cosa que hará con agrado: muchas veces él, indisimulado y rendido admirador de Francisco Franco, me ha dicho que adoctrino a los alumnos.


No crean que el asunto es broma. Hay mucha, muchísima gente a la que le gustaría verme perder el empleo. El crítico Pablo J. Vayón sin duda sería uno de ellos: sus diatribas conmigo hace años en este blog dejan bien clara su ideología extrema, auténtica posverdad de Trump-Ayuso, así como su profunda aversión hacia mi persona y mi pensamiento. Otro sería el lector Nemo, que me dijo literalmente algo así como que yo no debería impartir clases para no manipular a los niños.

Voy a hablarles claro. El actual gobierno de España me gusta regular. Detesto profundamente el comunismo, estoy en contra de los separatismos nacionalista y me repugna Bildu. Pero ahora mismo España, pese a todo, es un país democrático y con libertad. Auténtica libertad. Lo que he leído a Vayón de que nos gobierna la extrema izquierda populista es una mentira tan risible como lo son sus críticas musicales "históricamente informadas" en Diario de Sevilla.

En cuanto a lo de la inexistencia de libertad religiosa en España, es otro embuste mucho más inmenso aún: ¿de verdad alguien se cree eso en un país en el que se celebran oficialmente todas las grandes fiestas católicas, donde cientos de miles de niños reciben catequesis en las escuelas públicas (encubierta como religión, pero es catequesis) con profesores contratados a dedo por la Iglesia pagados por el estado, y en el que esa misma iglesia recibe anualmente una subvención millonaria?

En lo que se refiere a las medidas coercitivas por parte de las autoridades en esta crisis sanitaria, no son sino las imprescindibles para que la gente no haga más barbaridades que ponen gravemente en riesgo la salud de los demás. La "libertad" de Díaz Ayuso y del resto de la ultraderecha es justo lo contrario de lo que en teoría expresa la palabra. Porque lo que reivindican es la desinhibición del estado para que impere la ley del más fuerte. A nadie se le ocurriría decir que multar a un coche que va a doscientos por hora, mientas no le haga daño a ninguna persona, es ir en contra de la libertad, ¿verdad? Pues ahora resulta que obligar a vacunarse siendo sanitario, a llevar pasaporte covid, a cerrar las discotecas a partir de cierta hora o a llevar mascarillas en interiores es coartar esa sacrosanta libertad. Que cada uno se las apañe como pueda. Total, los viejos ya han vivido bastante… En el fondo es puro neoliberalismo aplicado no solo a la economía, sino también a la vida y la muerte.


Al mismo tiempo, ¿en qué coarta la libertad religiosa el que se permita casarse a las personas del mismo sexo, o el que se facilite a esas poquísimas personas que han nacido en un cuerpo que no es el suyo realizar el ajuste necesario? Son medidas en aras de que puedan conseguir cierta felicidad seres humanos que, precisamente, serían del todo infelices si quienes ustedes ya saben consiguieran esa "libertad religiosa" que no consiste sino en imponer su doctrina ultracatólica al resto de la población. De nuevo mucha, muchísima caradura llamar libertad a lo que es justo lo contrario, y que encima lo hagan los nostálgicos del régimen que durante largas décadas asfixió a los españoles bajo una única moral, una única manera de pensar y un único poder. Que por cierto fueron dos: ejército e Iglesia. Esa misma que por un lado se hace la ofendidita mientras que por el otro pone el cazo para seguir cobrando.

Ah, bueno, sobre los que niegan (¡literalmente!) que en España se maltrata fisicamente a las mujeres, más les valdría estar en la cárcel. Son muchas las almas inocentes que han muerto por eso que –con toda justicia– se llama violencia machista como para que algunos neonazis de mierda sigan escribiendo en las redes cosas semejantes.

No he hubiera molestado en escribir todo esto si no fuera porque no se trata de circunstancias que afectan solo a España. Miren lo que está pasando en el resto de Europa. Miren Hungría y miren Polonia. Pero también miren a la basura de antivacunas de Austria e incluso de Alemania, país al que pese a seguir luciendo una democracia en buena medida modélica, los presuntamente atrasados portugueses y españoles le podemos dar mil lecciones en lo que a la gestión de las vacunas y a la responsabilidad de los habitantes en el día a día de la pandemia se refiere.

Vivimos malos tiempos y vendrán mucho peores. Sinceramente, no sé si lo mejor sería que el bicho se me llevara para no tener que verlos.

PS. Geniales, como siempre, los de la revista Mongolia. ¡Suscríbanse!

viernes, 10 de diciembre de 2021

La tercera dosis FUNCIONA

Escribo con alegría y con enfado. Alegría enorme, porque mi madre ha dado oficialmente COVID NEGATIVA, coincidiendo de manera casual en el día de su 81 muy lozano cumpleaños. Enfado grande porque todavía hay gente presuntamente seria que duda de las vacunas y hasta de la naturaleza de esta crisis sanitaria.

Miren ustedes, en mí mismo y en mis circunstancias ha quedado claro de que este virus es MUY FÁCILMENTE TRANSMISIBLE –he tenido cuidado extremo: me asegura un profesional que posiblemente el bicho se haya colado por llevar una mascarilla quirúrgica y no FFP2–, y que pese a ello NO SE CONTAGIA A LOS CONVIVIENTES gracias a la tercera dosis –más un enorme cuidado en la rutina diaria, claro está–. También he comprobado –lo sigo haciendo– que los síntomas son MUY DOLOROSOS con la segunda dosis puesta hace siete meses, aunque parece más que probable que si no fuera por ella estaría en el hospital.

La extrema derecha, sea en versión VOX o en versión "liberal" de Ayuso, sigue diciendo que mascarillas fuera, que todos los años muere gente de gripe y no pasa nada, que sin economía no hay salud (¿no será al reves, almas de cántaro?) y barbaridades de tal calaña. No les hagan caso. Unos y otros, estos ultraderechistas y no pocos de extrema izquierda, son basura humana que intenta sacar los peor de nosotros mismos para justificar lo injustificable y conseguir lo inimaginable. Ustedes sean sensatos, sean razonables, sean solidarios y, sobre todo, sean cariñosos con quienes tienen alrededor. GUARDEN LAS DISTANCIAS. USEN LA MASCARILLA FFP2. VACÚNENSE USTEDES Y SUS HIJOS. No les hablo desde "manipulaciones gubernamentales", sino desde la experiencia en mi propio cuerpo. No se dejen engañar.

jueves, 9 de diciembre de 2021

I'm still here, but... (notas sobre la segunda y la tercera dosis)

 ... pillé el coronavirus y la cosa va a peor. Los primeros síntomas aparecieron el sábado por la tarde en forma de dolor de garganta. El domingo tuve febrícula, que se me pasó al día siguiente, pero desde el lunes por la noche la fiebre es continua. Esta tres últimas noches han sido muy desagradables. He perdido parte del olfato, aunque eso es lo de menos. Lo realmente malo es el dolor. Y el cansancio, el famoso cansancio del coronavirus. Tengo algo de tos seca, sin que de momento vaya a mayores. Hoy me hacen la PCR para confirmar lo que ya sé por el test de antígenos: lo que me gustaría es que me dijeran qué cepa es.

 
He sido enormemente cuidadoso en todo momento. La mascarilla solo me la que quitado en interiores para comer o beber, pero ya se sabe que estas últimas cepas son muchísimo más contagiosas. No nos engañemos: el bicho pasa por las rendijas. Esa es una conclusión importante. Otra es que la segunda dosis de la vacuna impide quizá un contagio mortal, pero no pasarlo así de mal. Yo me la puse en mayo y ya ven cómo estoy a los siete meses. Hace falta la tercera. Y ahí va la última conclusión: LA TERCERA DOSIS FUNCIONA, porque mi madre, a sus ochenta años, no ha pillado nada de nada pese a que vivo con ella.

La advertencia está clara. En primer lugar, no hagan caso a los imbéciles del "quitémonos las mascarillas": incluyo en esta categoría a un crítico musical ultraderechista, especialista en música antigua, que se declara fan de la "libertad" de Ayuso y anda soltando en la red repugnantes mentiras a cuál más peligrosa. En segundo lugar, pónganse la tercera dosis en cuanto les esté permitido. En tercer lugar, vacunen a sus hijos sin dudarlo un solo momento. En cuarto lugar, presionemos a nuestros gobiernos para que sacrifiquen, en la medida de lo posible, la "libertad de compras navideñas" y de "entrañables reuniones familiares" por algo tan básico como la salud.

Ah, pensarán ustedes que me estoy hartando de escuchar música en el encierro. Pues no. El mal cuerpo no lo permite, y apenas estoy dando uso a mi nuevo subwoofer ni a mis altavoces Dolby Atmos recién comprados. Lo que sí estoy es intentando leer mucho sobre historia y arte. Estoy deseando volver a mis clases, sinceramente lo único que da sentido a mi vida y aquello de lo que me siento más orgulloso. La música es algo secundario.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Adios, Blanquito

Lo recogió mi madre de debajo de un coche hace trece años. La idea es que me hiciera compañía en el destino definitivo que me habían adjudicado, allí en la Sierra de Segura. Pensábamos que era una gata y le pusimos por nombre Blanquita. Resultó ser macho, rubio y de ojos azules. Se encariñó de mi madre y se quedó aquí en Jerez: al final a quien hizo compañía fue a ella. Mucha. El otro viejo gato, Felipe, vivía aparte: no se podían ni ver.

Cuando volví a Jerez ocho o nueve años después se aficionó cada vez más a mí. Le encantaba que le acariciara el lomo y que le rascara las orejitas. Era muy manso y cariñoso a más no poder. A mi madre la acompañaba por toda la casa. También era muy comilón. Cuando hace ahora trece meses entró una gatita nueva se convirtió en su padre, ejerciendo de protector y maestro.

Hasta hace nada han estado muy unidos. El fin de semana pasado Blanquito empezó a respirar mal. Fuimos al veterinario de urgencias y nos dijeron que el corazón estaba bastante mal y que tenía los pulmones encharcados. Ha aguantado ocho días adicionales a base de pastillas para la función diurética. A veces se mostraba muy cansado, pero la mayor parte del tiempo ha estado medianamente bien, incluso feliz. Hoy ya no. Al mediodía tomó su ración de sol, pero esta tarde le costaba respirar: en la foto se le ve desconcertado. Hace un rato se ha ido, en un suspiro.

Muchas gracias, Blanquito. Nos has dado mucho cariño y nos has hecho muy feliz.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...