miércoles, 7 de febrero de 2018

Desastroso Ashkenazy

Esta mañana he escuchado las sinfonías Segunda y Tercera de Prokofiev a cargo de Ashkenazy y la Sinfónica de Sídney, dentro de una integral editada por Exton sobre la que tenía puestas mis esperanzas. Me han parecido un horror. Tanto, que no me resisto a dejar aquí unas líneas. Y es que el ya octogenario maestro ruso pasa como una apisonadora por estas partituras, metiendo el mayor ruido posible sin atender a la claridad, ni a los matices, ni a la diferenciación de ambientes expresivos. Así las cosas, el resultado es lamentable en un movimiento tan decibélico y extrovertido como el primero de la op. 40, recreado con demasiada rapidez, exceso de nervio y vulgaridad extrema. El tema con variaciones que viene a continuación está bastante mejor, sobre todo cuando toca resultar anguloso y dinámico; a la hora de destilar lirismo onírico Ashkenazy se queda algo corto, pero al menos no mete la pata como sí lo hace en la variación nº 6, que arranca en exceso pesante y con una flacidez que no es en absoluto de recibo.


Más o menos lo mismo se puede decir de la Tercera sinfonía. Ni ambientes de pesadilla en referencia a la ópera El ángel de fuego, ni porras: precipitación, trazo lineal –agógica por completo plana–, tímbrica poco variada –la estridencia, que en estas partituras no se encuentra precisamente contraindicada, debe ir acompañada por múltiples sutilezas–, nerviosismo y vulgaridad efectista son sus signos de identidad, al menos en los movimientos extremos. El segundo está bien, sin que termine de destilar esa particular mezcla de espiritualidad y erotismo que necesita, mientras que el tercero se limita a resultar anguloso, desaprovechando por completo sus inquietantes remansos.

¿La orquesta? Malilla, o al menos insuficiente y poco trabajada. La cuerda suena ácida y el oboe, en el tema con variaciones de la Segunda, resulta un tanto áfono. No pierdan el tiempo. Pronto les recomendaré un disco con estas mismas obras bastante más satisfactorio que este bodrio monumental.

Onanismo neoliberal

El Teatro Real presume (leer noticia) de haber conseguido un 75% de autofinanciación y de conocer en estos momentos un superávit de 200.000 euros. Una gran noticia, en principio. Lo que no reconoce es que sus butacas se encuentran entre las más caras de Europa, mientras que sus cuerpos estables son solo de mediana calidad: sin ir más lejos, los de Les Arts son aplastantemente superiores. Baste con una comparación actual: un asiento de la mejor clase para Peter Grimes cuesta 135 euros, pero uno para Death Man Walking sale por 219.

Los señores del Real habrán conseguido limpiar las arcas y llenar su teatro con personas dispuestas a desembolsar una buena cantidad para asistir a sus espectáculos, pero hay muchísimos melómanos a los que les resulta imposible ir a visitarles por los elevadísimos precios que cobran por un asiento con visibilidad y acústica digna, salvo que se conformen con ver mal (¡multitud de butacas con visibilidad muy reducida a precios superiores a 60 euros, doy fe de ello!) o con las filas más altas de todo el recinto (que tampoco bajan de los sesenta, dicho sea de paso). O, como hacía yo cuando acudía regularmente, con una entrada de pie.

Eso sí, la noticia es un verdadero deleite onanista para las mentes liberales, esa mismas que aún tienen a Aznar por un gran estadista y a Esperanza Aguirre por su lideresa: el Estado se desentiende en gran medida de estas cuestiones menores que lastran de lo verdaderamente importante, puesto que la cultura demuestra poder financiarse casi por sí sola gracias al patrocinio privado y al respaldo de la taquilla. ¡Qué bien! Que haya muchísimos melómanos que se pierdan la mayoría de sus espectáculos porque no pueden permitírselo les importa un bledo. Quien quiera cultura, que se la pague. Si puede.


martes, 6 de febrero de 2018

Barenboim en París: Carmen y La Arlesiana

Tenía un recuerdo no muy estimulante del contenido de este disco, uno de los más tempranos –quizá el primero– que Barenboim grabara con la Orquesta de París, de la que poco después sde convertiría en titular: suites nº 1 de Carmen y de La Arlesiana. Versiones poco idiomáticas y sin mucha inspiración, pensé en su momento. He vuelto a ellas: no me equivoqué en lo primero, pero sí en lo segundo.


En el Preludio de Carmen el joven maestro –rondaba la treintena– ya debaja bien clara su poderosísima personalidad: hipetrágico, tenso a más no poder y con acentuaciones reveladoras. Sencillamete genial. En el Entreacto nº 1 vuelve a manifestar su voluntad de luchar contra el tópico: en lugar de garbo, chispa y duende, sonoridades amenazantes y mucha mala leche. ¿Estaría pensando en Klemperer? Lento y hermosísimo el Entreacto 2, toda una muestra de flexibilidad en el fraseo por parte de la batuta (¡qué dominio de la agógica!), en perfecta sintonía con una flauta excelente. Diseccionado de manera soberbia y con adecuado humor socarrón el Entreacto III ("Les Dragons d'Alcala"), en el que se lucen unas maderas que aún conservan, aun parcialmente, la peculiar sonoridad de las antiguas orquestas francesas. Lento y muy paladeado, a la manera de Bernstein, el Preludio del acto I con que concluye la suite.

La Arlesiana recibe una interpretación dramática ante todo, pero también de enorme depuración sonora. Arranca severo el Preludio: poderoso, amenazante incluso, para pasar seguidamente a una segunda sección lenta y concentrada que culmina en un clímax de una fuerza sobrecogedora. El Menuet lo plantea el de Buenos Aires sin frivolidad alguna, no dejando de subrayar músculo en la cuerda cuando se presenta la oportunidad, lo que no le impide cantar la melodía con un vuelo lírico y una intensidad sin parangón. Resulta el Adagietto particularmente concentrado, hondo, equilibrando belleza con hondura trágica. El Carrilón se encuentra dicho con mucha energía, resultando vibrante antes que luminoso, al tiempo que se encuentra maravillosamente delineado sin que haya concesión al narcicismo; su sección central destila un lirismo un punto amargo. En fin, puro Barenboim. Quien no guste de semejantes maneras de hacer, ahí tiene a Cluytens, a Martinon o a Abbado.

Lo peor de todo es una toma estridente y con excesiva reverberación. Aun así, recomiendo la audición desprejuiciada. Ah, mi ejemplar en CD añade una magnífica lectura de la Sinfonía del propio Bizet a cargo de los mismos intérpretes.

domingo, 4 de febrero de 2018

Mi otro yo

En realidad tengo tres personalidades. Una, la oficial: profesor de Ciencias Sociales en la secundaria, todavía hoy –no sé si por mucho tiempo si las cosas siguen así en la enseñanza– la dedicación con la que me siento más realizado. Otra, la de apasionado bloguero –y hasta hace no mucho "crítico" oficial en alguna veterana revista– sobre temas de musica clásica. Esa es la que ustedes conocen. Sobre esta última ha ganado terreno de manera considerable una tercera: investigador sobre arte medieval y divulgador de temas histórico-artísticos, preferentemente de aquellos que tienen que ver con mi propia línea investigadora.



Como simple anécdota, les dejo aquí mi única invervención filmada. No estoy muy contento de cómo estuve ese día, entre otras cosas porque quise seguir la línea del programa leyendo una locución sobre un vídeo previamente grabado y, la verdad, a mí lo que se me da mejor es improvisar ante el público. Ni siquiera he visto el programa completo, más allá de breves fragmentos: no soporto escucharme. Pero a lo mejor a ustedes les pìca la curiosidad.

Gracias desde aquí a Juan Félix Bellido por invitarme a colaborar en la serie, y a mi colega David Caramazana (¡ay, cuánta envidia siento de su juventud!) por regalarnos su presencia.

sábado, 3 de febrero de 2018

Batiashvili saca las uñas en Prokofiev

Ayer viernes se publicó este disco en el que Lisa Batiashvili, junto a la Chamber Orchestra of Europe bajo la dirección de Yannick Nézet-Séguin, interpreta los dos conciertos para violín de Sergei Prokofiev, y anoche mismo lo pude escuchar en streaming, pero con calidad CD, a través de la plataforma Tidal, de la que estoy francamente satisfecho. Otro día les hablaré de ella: ahora toca hacerlo sobre los resultados artísticos de este registro, que por cierto se beneficia de la mejor toma sonora que hayan recibido estas dos estupendas obras del autor de Pedro y el lobo. Resultados más que notables, incluso diríase que sobresalientes en el caso del nº 2, pero a mi entender no referenciales.


El disco se abre con una verdadera declaración de intenciones: una áspera, tensa e incluso desgarrada interpretación de la Danza de los caballeros del Romeo y Julieta en arreglo para violín y orquesta de Tamás Batiashvili, el padre de una artista que en esta ocasión quiere dejar bien claro que está dispuesta a enriquecer sus habitualmente líricas maneras con una buena dosis de aristas tanto sonoras como expresivas. Y efectivamente así ocurre con el Concierto nº 1 (ver discografía comparada), dicho con extraordinaria belleza en la forma y un fraseo tan natural como cantable, sino también con una importante intensidad dramática en la que lo afilado del sonido violinístico –riquísimo en colores– y la tensión lacerante, a veces –desarrollo del primer movimiento– de una angustia y una agitación en verdad irresistibles sin que haya lugar alguno al descontrol, ponen de relieve los aspectos más combativos de la página. Lo onírico, lo lírico y lo dramático, en esquizofrénica unión muy característica de Prokofiev, saben ser atendidos por nuestra artista desde la más absoluta sinceridad y, eso por descontado, haciendo gala de un virtuosismo asombroso: no creo que nadie haya tocado aún mejor esta obra.

En realidad, si la violinista georgiana no termina de redondear su aproximación se debe a la dirección de Nézet-Séguin. Y eso que a la labor del maestro franco-canadiense no le faltan virtudes: apreciable sentido del ritmo, transparencia, colorido tan variado como incisivo, amplia gama de acentos y una gran intensidad en la expresión. El problema es que esta resulta un tanto unidireccional. Yannick acierta por completo al subrayar el lado más anguloso, combativo y dramático de esta música repleta de dolor, pero se equivoca al negarle sus raíces románticas. Su lectura carece de la suficiente dosis de calidez, de sensualidad y de vuelo lírico: escúchese a Rostropovich para comprender como una cosa no está reñida con la otra. Resulta además en exceso rápida y nerviosa en el tercer movimiento, no terminando de descargar la suficiente fuerza trágica en su gran clímax (a partir de 6:05) al no encontrarse este lo suficientemente preparado. Eso sí, resulta difícil no descubrirse ante el refinadísimo trabajo de texturas y colores del joven director, perfectamente sintonizado con la estupenda orquesta, en toda la fantasmagórica sección final.

Sigue el Gran vals –no el de la medianoche– de La cenicienta, de nuevo en arreglo de Tamás Batiashvili, perfecta ocasión para que nuestra artista demuestre que cantar, lo que se dice cantar, es capaz de hacerlo como nadie, pero sin dejar de hacerlo con ese trazo curvilíneo y esa mezcla de ironía y lirismo agridulce que necesita el compositor ruso.

El Concierto nº 2 recibe una interpretación más satisfactoria que el primero, por la sencilla razón de que su escritura, pese a la cercanía en el tiempo con Romeo y Julieta, resulta menos “romántica” que la de aquel, y por ende sintoniza mejor con el planteamiento nervioso, tenso y afilado de Batiashvili y Nézet-Séguin. Pero claro, si uno repara en el logro singular de Vengerov y Rostropovich de 1996 –yo he realizado la comparación mientras escribía estas líneas–, se dará cuenta de que en primer movimiento hay frases a las que se le podría sacar mucho más partido –tampoco entiendo muy bien por qué la solista exagera los portamentos de 0:56), mientras que el Andante assai, aun ofreciendo una considerable intensidad dramática, podría encontrarse mucho más paladeado (9:16 frente a los 10:44 del citado registro de Teldec) y ofrecer mayor calidez lírica sin merma de los acentos dolientes que esta página necesita. El Allegro ben marcato conclusivo sí que es sensacional: virtuosismo extremo por parte tanto de la batuta como de la violinista, virulencia en su punto justo y una buena dosis de mala leche –ni rastro del Prokofiev supuestamente juguetón– son sus señas de identidad.

Una particularmente ácida marcha de El amor de las tres naranjas pone punto y final a un disco en el que nuestra querida Lisa Batiashvili deja bien claro que ella también sabe sacar las uñas.

viernes, 2 de febrero de 2018

Debussy por Arrau: más allá de la ensoñación

Volví anoche a un disco de esos para la isla desierta: volumen Debussy de las “Final Sessions” de Claudio Arrau, grabado con excelente ingeniería en 1991 por el sello Philips. Registro incompleto, porque el fallecimiento del genial pianista chileno impidió completar la colección Pour le piano, llegándose a registrar de la misma solo la Sarabande aquí incluida. El resto del programa lo ocupan la Suite Bergamasque –que incluye el celebérrimo Clair de lune–, La plus que lente y el Valse romantique. No es lo mejor del compositor, ni tampoco lo más personal ni representativo de su visionario estilo propiamente impresionista, pero sí un conjunto de piezas de gran belleza que uno escucha extasiado si recibe interpretaciones como las presentes.


Deleitándose ante esta lentísima, prodigiosa recreación del Claro de luna, podría uno pensar que aquí se nos ofrece un Debussy ante todo lírico, ensoñado y un punto otoñal. Pues no. No del todo, al menos. Porque el secreto de estas interpretaciones radica en añadir, a toda esa elegancia, esa cantabilidad en el fraseo, esa exquisitez a la hora de desplegar matices, esa en absoluto narcisista belleza sonora y ese inigualable dominio del rubato que son de señas de identidad de Arrau, un extraordinario sentido de la tensión interna, una apreciable valentía a la hora de marcar contrastes –si hay que pisar el pedal, se pisa a fondo–, una galantería digamos que señorial –sin rastro de fragilidad– y un enorme cuidado para no caer en lo evanescente, lo brumoso o lo excesivamente ensoñado. Nada de concesiones de cara a la galería.

Por lo demás, solo apuntar que la hipnótica manera de jugar con la complicada rítmica de La plus que lente o de señalar las referencias varias del Valse romantique sin traicionar la personalidad del francés dejan bien claro que nos encontramos ante uno de los más grandes maestros del teclado que se hayan conocido.

jueves, 1 de febrero de 2018

Colin Davis y Mozart: el mejor clasicismo

Cada día más cansado del Mozart que se viene haciendo últimamente desde el podio –un verdadero horror lo de Riccardo Minasi en el olvidable lanzamiento de Juan Diego Flórez–, escuchar este disco grabado allá por 1998 en el que Sir Colin Davis dirige un buen ramillete de oberturas del salzburgués ha sido un verdadero alivio. He aquí, con toma sonora absolutamente portentosa, un Mozart para mí referencial. Se pueden preferir aproximaciones más extremas, más contrastadas, pero es difícil –por no decir imposible– hacerlo mejor desde la óptica adoptada por el maestro, que no es otra que la más clásica y ortodoxa a la hora interpretar al compositor.


Este es un Mozart apolíneo, pero no soso. Ágil mas no ingrávido. Transparente sin perder la necesaria densidad. De una elegancia y una delicadeza que no conocen lo trivial ni lo cursi. Es un Mozart, además, increíblemente bien tocado por una Staatskapelle de Dresde en estado de gracia, a la que el maestro modela haciendo gala de pinceles finísimos, atendiendo a cada detalle al tiempo que planifica crescendos con naturalidad milagrosa y frasea con esa nobleza y esa cantabilidad que siempre caracterizaron a su batuta.

Así las cosas, y con la relativa decepción de Don Giovanni, Sir Colin ofrece recreaciones absolutamente magistrales de las oberturas de Nozze, Bastian y Bastiana, Lucio Silla, Finta giardiniera, Rapto, Rè pastore, Idomeneo, Clemenza y Flauta mágica. ¿Lo malo? Ya casi nadie hace un Mozart en esta linea ni con esta calidad. Ahora tocan asperezas, carreritas y espasmos. Así nos va.

Extraño bloqueo

Bueno, parece que mi ordenador no me permite subir más imágenes. Anoche se quedó sin subir la carátula de la Cuarta de Tchaikovsky por Dohná...