martes, 6 de febrero de 2018

Barenboim en París: Carmen y La Arlesiana

Tenía un recuerdo no muy estimulante del contenido de este disco, uno de los más tempranos –quizá el primero– que Barenboim grabara con la Orquesta de París, de la que poco después sde convertiría en titular: suites nº 1 de Carmen y de La Arlesiana. Versiones poco idiomáticas y sin mucha inspiración, pensé en su momento. He vuelto a ellas: no me equivoqué en lo primero, pero sí en lo segundo.


En el Preludio de Carmen el joven maestro –rondaba la treintena– ya debaja bien clara su poderosísima personalidad: hipetrágico, tenso a más no poder y con acentuaciones reveladoras. Sencillamete genial. En el Entreacto nº 1 vuelve a manifestar su voluntad de luchar contra el tópico: en lugar de garbo, chispa y duende, sonoridades amenazantes y mucha mala leche. ¿Estaría pensando en Klemperer? Lento y hermosísimo el Entreacto 2, toda una muestra de flexibilidad en el fraseo por parte de la batuta (¡qué dominio de la agógica!), en perfecta sintonía con una flauta excelente. Diseccionado de manera soberbia y con adecuado humor socarrón el Entreacto III ("Les Dragons d'Alcala"), en el que se lucen unas maderas que aún conservan, aun parcialmente, la peculiar sonoridad de las antiguas orquestas francesas. Lento y muy paladeado, a la manera de Bernstein, el Preludio del acto I con que concluye la suite.

La Arlesiana recibe una interpretación dramática ante todo, pero también de enorme depuración sonora. Arranca severo el Preludio: poderoso, amenazante incluso, para pasar seguidamente a una segunda sección lenta y concentrada que culmina en un clímax de una fuerza sobrecogedora. El Menuet lo plantea el de Buenos Aires sin frivolidad alguna, no dejando de subrayar músculo en la cuerda cuando se presenta la oportunidad, lo que no le impide cantar la melodía con un vuelo lírico y una intensidad sin parangón. Resulta el Adagietto particularmente concentrado, hondo, equilibrando belleza con hondura trágica. El Carrilón se encuentra dicho con mucha energía, resultando vibrante antes que luminoso, al tiempo que se encuentra maravillosamente delineado sin que haya concesión al narcicismo; su sección central destila un lirismo un punto amargo. En fin, puro Barenboim. Quien no guste de semejantes maneras de hacer, ahí tiene a Cluytens, a Martinon o a Abbado.

Lo peor de todo es una toma estridente y con excesiva reverberación. Aun así, recomiendo la audición desprejuiciada. Ah, mi ejemplar en CD añade una magnífica lectura de la Sinfonía del propio Bizet a cargo de los mismos intérpretes.

2 comentarios:

Fco. Javier Alberca dijo...

Leyendo esta crítica he leído las referencias de Martinon y Cluytens donde dices que las conseguiste en sitio ruso.... Si se puede poner por aquí, ¿cuál es esa pagina tan maravillosa? ;)

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

La de Martinon la compré en Amazon en una estupenda caja, muy barata y muy bien presentada, dedicada al maestro francés. El sitio ruso de Rutracker, pero mucho ojo: los ripeos de SACD dan serios problemas de compatibilidad. Saludos.