lunes, 7 de noviembre de 2011

López Cobos y la ONE, un reencuentro con mucho ritmo

Se preguntarán ustedes por qué me decidí a acudir al concierto del pasado sábado 5 de octubre si tengo en muy poca estima el trabajo –rutinario, gris y escandalosamente bien remunerado- realizado por Jesús López Cobos durante los últimos siete años en el Teatro Real. Pues miren ustedes, en parte porque cada cierto tiempo necesito una dosis de sinfonismo en directo, en parte porque tenía mucho morbo el reencuentro entre el maestro de Toro y la Orquesta Nacional de España transcurridos nueve años desde su última visita, todo ello en torno a un programa muy bien diseñado en torno a la danza y el mundo latinoamericano, un nexo que terminaba de subrayar la presencia del pianista dominicano Michel Camilo. Al final fue un buen concierto, por momentos más que eso.

Lopez Cobos OCNE 2011

Se abrió el programa con las Impressioni brasiliani de Respighi, una obra que vale muy poco pero que López Cobos supo interpretar con refinamiento, sensualidad y elegancia, muy desde la óptica francesa, lo cual no me parece ningún sinsentido porque le permitió enlazar con la propuesta temática realizada por Josep Pons para esta temporada: París, 1900. Solo en el tercer y último número de la obra eché de menos la chispa y brillantez que la partitura parece requerir. Más estimulante me resulta la Bachiana brasileira nº 3 de Heitor Villa-Lobos, escrita para piano y orquesta en 1938. De nuevo acertó el zamorano, ofreciendo un buen sentido de la arquitectura y controlando a un Michel Camilo que abordó la obra con adecuada seriedad, sin precipitarse en ningún momento.

Las cosas no funcionaron tan bien, ya en la segunda parte, con la Rhapsody in Blue, precisamente porque el solista sí que de dejó aquí llevar –ocurrió ya en su grabación junto a Martínez Izquierdo para Telarc- por su temperamental personalidad e intentó hacer propia una música que obviamente no es suya, sino de Gershwin: sobró nervio y se echó de menos cantabilidad en una recreación sin duda trepidante, vitalista y con mucha garra, pero lejos del ideal. Arrebatadoras la dos propinas: Camilo se interpretó aquí a sí mismo haciendo gala de ese increíble sentido del ritmo que le caracteriza, y aunque en más de un momento la precipitación (¿para qué tantas prisas?) le jugó alguna mala pasada, fue difícil resistirse ante tan asombrosa exhibición de temperamento. La batuta realizó un buen trabajo y los solistas de la orquesta –no así la sección de metales en su globalidad, que sonó regular- acertaron por completo con el estilo.

Lo mejor de la noche vino con Falla, concretamente con las dos suites de El sombrero de tres picos. Hizo en ella López Cobos gala de lo que generalmente le falta: luminosidad, alegría, color, entusiasmo y un vitalista sentido del ritmo, todo ello trabajando con solidez la arquitectura y obteniendo un digno –solo eso- rendimiento de la orquesta. Un poquito más de calma en las seguidillas y en la jota final –trepidante pero un tanto de cara a la galería- no le hubieran venido nada mal. Sea como fuere, una recreación con la que todos nos lo pasamos estupendamente.

Para terminar, dos cositas para López Cobos: felicitarle por haber superado el cáncer de riñón (me he enterado por el ABC) y recomendarle que deje de decir tonterías sobre el Teatro Real y su orquesta, porque el tiempo ha demostrado que él no llevaba razón y que su sustitución sin ser reemplazado por titular alguno no solo no ha empeorado el nivel de la Sinfónica de Madrid, sino que lo ha mejorado sustancialmente.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Scherzo y Barenboim

La feliz incorporación de ese extraordinario crítico que es mi paisano Jesús Trujillo Sevilla (enlace) después de años alejado de los comentarios discográficos tras su salida de Ritmo me ha movido a comprar -no suelo hacerlo por motivos puramente económicos- el último número de Scherzo (enlace). Y me ha sorprendido -bueno, no tanto- leer dos comentarios en la misma línea sobre los fans de Daniel Barenboim. En la página 65, Asier Vallejo afirma que el compacto Tchaikovsky-Schoenberg con la WEDO editado por Decca "fascinará a su público, que es amplio y a veces muy combativo". En la 86, el veterano Enrique Pérez Adrián escribe que "seguramente a sus apasionadísimos seguidores les parezca estar en el séptimo cielo al ver y oír" el DVD del 1 de mayo de 2006 con la Filarmónica de Berlín integrado por obras de Mozart, recientemente reeditado (a él corresponde el siguiente clip).


Creo que me puedo considerar entre los aludidos. Y por ello me permito preguntarme si nuestra indiscutiblemente apasionada insistencia en reivindicar la figura del de Buenos Aires puede deberse, en parte, a la manera en que ésta ha sido ninguneada durante lustros por críticos señeros de la citada revista como Ángel-Fernando Mayo, Arturo Reverter o -sobre todo- el citado Pérez Adrián. El tiempo ha puesto las cosas en su sitio, y ya nadie se cree eso de "correcto pianista metido a director" que leí en sus páginas a principios de los noventa. Otra cosa es que a algunos les cueste la vida bajarse del burro y sigan erre que erre. Allá ellos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Solti de los sesenta, Solti de los ochenta

BEETHOVEN: Sinfonía nº 5. STRAUSS: Don Juan. WAGNER: El holandés errante, obertura.
Orquestas del Covent Garden y de la BBC de Londres. Dir: Sir Georg Solti.
Ica Classics, ICAD 5024
DVD
96’20’’
ADD
Ferysa
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Solti Wagner Strauss Beethoven ICA Classics

No es lo mismo el Solti de los sesenta que el de los ochenta. Estas electrizantes recreaciones de la obertura del Holandés wagneriano (1963) y del Don Juan de Strauss (1967), filmadas en blanco y negro y lastradas por un discreto sonido monofónico, son difíciles de superar en brillantez, teatralidad, incisividad y garra dramática, pero la inflamación llega a tal extremo que la batuta, siempre al borde del descarrilamiento, no permite a la música respirar como es debido; tampoco la Orquesta del Covent Garden, de la que Solti ostentaba por entonces titularidad, era nada del otro jueves.

La Quinta de Beethoven, filmada en color y registrada con buen estéreo en 1985, nos muestra a un maestro mucho más flexible e imaginativo que sigue desprendiendo fuego, nervio y sinceridad por los cuatro costados, por lo que los resultados de esta arrolladora y genial interpretación al frente de la Orquesta de la BBC, probablemente la mejor en DVD a día de hoy, se acerca muchísimo a su milagro de 1987 con la Sinfónica de Chicago. Lástima que el bonus, media hora de fascinantes ensayos y conversaciones con John Culshaw en torno al poema sinfónico de Strauss, ofrezca subtítulos tan solo en francés y alemán. Aun así, indispensable.

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Artículo publicado en el número de noviembre de 2011 de la revista Ritmo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Óscar Martín y el psicópata

Parece ser que esto de escribir sobre interpretación musical en la red implica de vez en cuando recibir acoso por parte de gente a la que le falta un tornillo. La primera vez que me ocurrió fue hace años, a raíz de una crítica sobre el disco Aromas de Sefarad que pueden ustedes leer en el siguiente enlace. Los primeros emails que empezó a recibir la dirección de la revista no eran excesivamente agresivos. Contesté con la mayor educación que pude haciendo ver que había sido con el compacto mucho más moderado de lo que la grabación se merecía.

Fue peor, claro. Primero empezaron llover emails pidiendo la eliminación del artículo de presuntos especialistas, de la universidad de no sé dónde y tal; incluso participó en el asunto el crítico Pedro Elías/Pierre Élie Mamou, que no por casualidad es habitual colaborador del boletín de la distribuidora del disco, Diverdi. Luego llegaron los insultos personales, de una agresividad que ustedes no pueden imaginar. ¿Quién estaba detrás de todo esto? Solo les diré que un año o así después, el director de la revista recibió un email del grupo en cuestión, el Trío Sefarad, diciendo que como ya había pasado el tiempo, que eliminara por favor el artículo. Más claro, agua. Les dejo este clip para que valoren por ustedes mismos la calidad artística del referido grupo.



La segunda vez en mi aún breve carrera de crítico fue ya en este blog, cuando escribí acerca del Sweeney Todd que vi en Madrid. Pueden leer el texto en este enlace. De nuevo insultos personales a mogollón, que obviamente no publiqué. Me llegaron durante semanas, casi siempre viernes y sábados a muy altas horas de la madrugada. O borracho o drogado, eso casi seguro. Teniendo en cuenta que el espectáculo lo valoré muy positivamente y que solo puse mal al coro y a un cantante secundario, está claro quién se mosqueó.

La tercera está siendo en estos días. Todo empezó el pasado 21 de octubre en el post sobre un recital del pianista sevillano Óscar Martín que escuché en Sanlúcar de Barrameda. Lo pueden leer aquí, aunque si no les apetece verlo les puedo decir que la última frase era "Total, un pianista con enorme talento pero aún por madurar según qué autores". ¡Menos mal que la valoración global era positiva!

Ese día 21 empecé a recibir comentarios agresivos de alguien que no estaba de acuerdo con mis apreciaciones. En principio opté por publicar los comentarios y contestar educadamente. Pese a mis pacientes argumentos, el tipo siguió erre que erre usando dos nicks distintos (por el tono y la insistencia eran indiscutiblemente el mismo). Participó también un tal Ddt que era, supongo, otra persona diferente, desde luego más educada. Los comentarios y mis respuestas los pueden leer en el enlace de arriba. Bueno, no todos, porque hoy mismo he decidido eliminar la parte más agresiva a la vista de lo que ha pasado.



Y lo que ha pasado es que, lejos de desistir, el mismo individuo empieza a escribirme en otras entradas del blog, siempre bajo nombres distintos pero con idéntica personalidad agresiva y chulesca. Primero en una entrada sobre Perianes, luego en otra sobre Yuja Wang. Cuando le descubrí que sabía que se trataba de la misma persona de días atrás se envalentonó. Todos sus comentarios los he suprimido o enviado directamente a la papelera, con la esperanza de que se aburriera.

No ha sido así. Ayer estuvo enviándome mensajes desde las siete de la tarde hasta la una y media de la madrugada, diciendo que no pararía hasta que le publicase sus insultos hacia mi persona, que por cierto ya han llegado a la apariencia física y cosas por el estilo. Le he amenazado con denunciarle por acoso ante la guardia civil, pero él responde que no va a cejar en el empeño. Supongo que no hace falta aclarar que no publicar insultos personales no es censura, sino enviar la basura a donde corresponde. Decirle que si seguía insistiendo publicaría lo ocurrido en este blog no ha servido de nada, antes al contrario. De hecho, amenaza con… ¡escribir una carta a ABC diciendo que mi blog es machista -por lo escrito sobre Yuja Wang- y tiene censura! Rían, rían, porque la cosa no es para menos.

En fin, no sé si nos encontramos ante una mente pueril o ante un verdadero psicópata. Me hacen creer lo segundo su alarmante insistencia y la manera en que esta misma mañana me ha seguido bombardeando con mensajes del tipo “Vaya a la guardia civil. Porque si esto es acoso, lo suyo es CENSURA. Me hizo perder el tiempo, publique lo que escribí. Luis”.

¿Quién es el acosador? En un principio pensaba que era un amiguete del artista que también toca el piano, de esos que no soportan que lo que se escriba sobre sus ídolos no sean sino elogios incondicionales. Ya se sabe, la guardian pretoriana de turno. Ahora no sé qué pensar. Lo que está claro es que a partir de este momento me veo obligado a eliminar la posibilidad de escribir comentarios en mis entradas. Quien quiera localizarme, me tiene en Facebook para hablar de música educadamente, con argumentos y cara a cara.

sábado, 29 de octubre de 2011

El concierto de Heras-Casado con la Filarmónica de Berlín

Visionado por segunda vez el debut de Pablo Heras-Casado al frente de la Berliner Philharmoniker (enlace), confirmo dos cosas. Una, que este señor tiene un talento que le chorrea por las orejas. Dos, que es el tipo de director que a mí me gusta, esto es, un maestro personal, arriesgado, con cosas que decir, e interesado mucho ante por el drama, la tensión sonora y el planteamiento de conflictos que por seducir al personal con sonoridades más o menos melifluas, más o menos grandilocuentes.

Casado-DCH

Su Mendelssohn, en este sentido, está muy lejos de la cursilería blanda, superficial y amanerada con que hoy nos obsequian no solo directores de la calaña de Thomas Fey, sino también gente tan seria y talentosa como un Riccardo Chailly: a mi modo de ver la Tercera de Heras-Casado está muy por encima de la que grabó hace poco el italiano en Leipzig. Le falta al granadino, eso sí, un último punto de emotividad y lirismo en el primer movimiento, sobrándole quizá algo de brutalidad en el segundo, pero da gusto escuchar los dos últimos planteados de esta manera amarga, dramática, punzante y hasta rebelde. De hecho, por seguir con las comparaciones, tanto esta Escocesa como su no tan interesante pero en cualquier caso muy notable interpretación de Las Hébridas me parecen más convincentes que la de un antiguo titular de la Filarmónica de Berlín, un tal Karajan, quien haciendo gala de una magia sonora a la que ni Heras-Casado ni la mayoría de sus colegas de hoy pueden acceder, se dejó llevar por un narcisismo sonoro y una insinceridad a las que el maestro andaluz permanece venturosamente ajeno.

Magnífica su recreación de la Cuarta Sinfonía de Karol Szymanowski, admirable página de carácter concertante que debería estar mucho más presente en los atriles de las orquestas. El enfoque de Heras-Casado es muy diferente del que ofreció el actual titular de la formación berlinesa al frente de la Sinfónica de Birmingham (EMI, 1996), pues sustituye la sensualidad por el drama, y el hedonismo en las texturas por timbres incisivos y escarpados, ofreciendo así una visión más bien amarga de una partitura que para Rattle parecía más bien jubilosa. A la excelencia de los resultados no se muestra ajeno Marc-André Hamelin, pletórico de virtuosismo y en perfecta sintonía con el planteamiento del director. De propina, el pianista canadiense ofrece una breve mazurca del propio Szymanowski.

Lo que más me ha vuelto a impresionar ha sido lo que ha hecho el de Granada con las Quatre dédicaces de Luciano Berio, una página que, según leo en la red, no es sino el título dado por Pierre Boulez en 2007 a un grupo de piezas independientes escritas entre 1978 y 1988. Músicas densas, herméticas, sin concesiones, que son recreadas con un enorme sentido de la tensión sonora sin caer en el distanciamiento expresivo ni en la mera intelectualidad. Que el formidable nivel de la orquesta berlinesa sea en gran medida responsable del éxito no impide que aplaudamos a Pablo Heras-Casado con el mismo entusiasmo que, como dijimos en su momento (enlace), lo hizo el público de la Philharmonie el pasado 22 de octubre.

jueves, 27 de octubre de 2011

Nueva política para las orquestas

Escribía esta mañana Paloma O’Shea una carta en varios medios de comunicación (enlace) advirtiendo contra las nefastas consecuencias que puede tener para nuestra vida cultural la aplicación de recortes particularmente duros contra nuestras formaciones sinfónicas, haciendo hincapié en la delicadísima situación que vive la Orquesta de Extremadura debido a las insidias del nuevo gobierno autonómico del Partido Popular. Pues que se quede tranquila: aquí le presentamos un vídeo que aporta una nueva política para nuestras orquestas. Una política, por cierto, en la línea de los que opinan que hay que acabar con la financiación pública de la cultura (ya se sabe, esa dependencia del Estado que tanto les gusta a los que van de progres) e integrar a esta plenamente en el libre mercado de la oferta y la demanda. Ya sabemos que con la taquilla no se puede autofinanciar un concierto con música de Bruckner o Bartók, claro que no, pero miren ustedes: ¡cientos y cientos de holandeses pagando gustosamente su entrada y abarrotando el recinto para disfrutar de estos alegres sones sinfónicos! Además, una cosa así sería ideal para recuperar los auténticos valores de la España Eterna ahora que por fin, después de las elecciones del 20-N, se va a alejar la amenaza separatista que –cómo no- es culpa del inútil de Zapatero.

Barenboim contagia a Boulez en Liszt

Ya sé que me prometí a mí mismo no perder el tiempo en escribir sobre discos en estos meses en que estoy tan atareado, pero no puedo resistir la tentación, porque estamos ante uno de los lanzamientos más esperados por muchos melómanos: tercera colaboración discográfica entre Daniel Barenboim y Pierre Boulez tras las dos interpretaciones -extraordinarias- del Primero de Bartók grabadas respectivamente en 1967 y 2008, y cuarenta y cuatro años de amistad y admiración mutua. En los atriles, los dos conciertos para piano de Franz Liszt, que el argentino rodó en concierto durante los meses anteriores a este registro en público, realizado en junio de este mismo año en la Philharmonie de Essen dentro del Festival de Piano del Ruhr.


Ya se imaginarán ustedes lo que voy a decir de Barenboim: está magnífico. Los que nunca han visto con buenos ojos al artista dirán también lo esperable, que no está de dedos como para garantizar una ejecución clarísima, agilísima e infalible de las partituras. Y es verdad. Si estos señores fueran coherentes consigo mismos, se aprestarían a lanzar sus puyas contra el mejor director del siglo, que era precisamente un experto en desajustes y confusiones varios. Pero claro, nadie se atreve a descalificar a Fürtwangler -a él me refería, claro-, como tampoco a la Maria Callas de finales de los cincuenta a pesar de sus considerables desigualdades vocales. Nadie se atreve ni debe, porque queda en evidencia que las cuestiones técnicas importan poco cuando se derrocha semejante cantidad de arte. Por eso mismo cuando leo titulares como el de "Barenboim, el pianista que fue" (la ocurrencia es, cómo no, de Gonzalo Alonso) no puedo menos que sonrojarme.

Volviendo al Liszt de Barenboim, a este disco editado por Deutsche Grammophon le puedo aplicar lo mismo que escribí hace meses en referencia a su interpretación de estas mismas obras en Valencia (enlace):

"El artista tocó los dos conciertos con enorme esfuerzo físico, lo que creo que no le sienta mal a estas partituras. El concepto de 'lucha' del intérprete contra la materia es, como el propio Barenboim ha señalado en sus escritos, una parte indispensable de la interpretación en un Beethoven, y me parece que la misma idea se puede aplicar a Liszt. Otra cosa, claro está, es que hubiera una importante cantidad de imprecisiones, roces y notas falsas. ¿Importó? Muy poco, porque la manera en que el artista buceó en las múltiples facetas expresivas de las partituras fue portentosa. No solo atendió, como en él era de esperar, a los tintes oscuros, turbulentos y hasta macabros de la escritura lisztiana, sino que además hubo mucho de sensualidad, de vuelo lírico y de emotividad, como también de carácter épico y triunfal, aunque esto último sin la menor retórica. Y todo ello jugando muy peligrosamente con el delicado equilibrio entre mente y corazón, arriesgándose a cometer tropiezos con tal de conseguir los fines expresivos necesarios; lo importante no es la perfección formal, sino el concepto, por lo que no cabe una sola frase musical que no tenga un 'significado' más allá de la brillantez sonora. El resultado, con todos los reparos de ejecución que se quieran poner, fue absolutamente genial. Quizá Arrau, en su increíble grabación con Sir Colin Davis, haya llegado aún más lejos en lo que a poesía se refiere, pero no en riqueza de concepto, densidad filosófica e incandescencia emocional."

Como lo de Essen es más o menos lo mismo que lo de Valencia (con menos problemas en la ejecución, no sé si porque se han podido repetir algunos pasajes "en estudio", esto es, sin público), la interpretación de Barenboim no me ha sorprendido. Lo que me ha dejado de piedra es lo de Boulez. Pensé que el maestro francés iba a limitarse a acompañar haciendo gala de su proverbial sentido de la arquitectura y de la pasmosa claridad que le ha hecho famoso. Pues no: a sus ochenta y seis añitos, el compositor de El martillo sin dueño se implica en lo expresivo hasta los huesos para, quizá contagiado por su amigo, ofrecer recreaciones muy tensas y escarpadas, en las que el fuego y la garra jamás dan pie al descontrol y donde la amplitud majestuosa que podemos encontrar en otras recreaciones se ve reemplazada por una buena dosis de tensión dramática y rebeldía. La Staatskapelle de Berlín funciona en general bastante bien, sin llegar a lo excepcional, sobresaliendo un chelista que en el Concierto nº 2 está para quitarse el sombrero.

De propina, una recreación particularmente lenta, intimista y emotiva de la Consolación nº 3 y un Valse oubliée en el que se subrayan los aspectos más oníricos de la página. ¿Conclusión? En una línea "clásica", lo de Arrau con Colin Davis (Philips, 1979) sigue siendo inalcanzable. Desde una óptica menos lírica y más claramente dramática, Barenboim y Boulez se ponen por encima de notabilísimas recreaciones como las de Richter con Kondrashin (Philips, 1960) o Biret con Tabakov (Naxos, 2004). Hay que tenerlo en estantería, pues. Y ahora, a esperar el DVD.

PS. Otro comentario en el blog de Ángel Carrascosa (enlace).

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...