miércoles, 26 de octubre de 2011

Tosca, memoria histórica, Giancarlo y el facherío

El inminente triunfo en las elecciones generales españolas del líder conservador Mariano Rajoy tiene al facherío (que no es todo el PP, ni mucho menos, pero se integra por completo en él) totalmente despendolado: más gritón, manipulador, desvergonzado y filofascista que nunca. También en el terreno cultural, claro. Fíjense en lo que han montado alrededor de la película de Benito Zambrano La voz dormida (enlace), y no digamos ante el hecho de que Pa negre represente al cine español en la carrera a los oscars: que si ya está bien de Guerra Civil y de represión franquista, que si la izquierda está despertando rencores ocultos, que si "tan malos" fueron los unos como los otros, que si "los rojos" fueron los verdaderos causantes del conflicto, etc. Como si la misma validez tuvieran los estudios realizados por historiadores serios que la basura escrita por gentuza como Pío Moa, Federico Jiménez Losantos o César Vidal, cuyas últimas publicaciones, dicho sea de paso, han sido convertidas en éxitos editoriales por no se sabe muy bien qué tipo de grandes capitales ocultos.


Pues bueno, ahora se le ocurre a Giancarlo del Monaco dirigir una nueva Tosca ("autoencargada" por sí mismo en su calidad de director del Festival de Ópera de Tenerife, y coproducida con el Calderón de Valladolid, el Villamarta de Jerez, el Baluarte de Pamplona y la Ópera de Lausana). Va a ser una Tosca "ambientada en la Roma ocupada por los alemanes de 1943 que promete 'impactar' al público por su fuerza 'brutal' y porque simboliza 'un grito de libertad en contra de la dictadura'" (enlace, el subrayado es mío). No sé lo que terminará haciendo el muy irregular regista veneciano, capaz de pasar de lo extraodinario a lo mediocre con suma facilidad, pero de lo que estoy seguro es de que la carcundia que conforma su grupo de incondicionales no solo no pondrá esta vez el grito en el cielo, como sería coherente con su verdadera línea de pensamiento, sino que les parecerá estupendo. Claro, si ellos siempre han sido liberales, ustedes ya me entienden. ¿Qué hubiera pasado si a un director de escena afín al PSOE se le hubiera ocurrido ambientar el genial títuo de Puccini en la Guerra Civil Española? No quiero ni imaginarlo.

martes, 25 de octubre de 2011

La Misa para doble coro de Frank Martin (y más cosas)

MARTIN. Misa para doble coro. KODÁLY: Missa brevis para coro mixto y órgano. POULENC: Catorce litanías a la Virgen Negra para coro femenino y órgano.
Max Hanft, órgano. Coro de la Radio Bávara. Dir: Peter Dijkstra.
BR Klassik 403571900500
SACD 67’ 05’’
DDD
Ferysa
**** R
S

Peter Dijkstra Martin Kodaly Poulenc

No podía ser mejor el debut en solitario del Coro de la Radio Bávara y su director Peter Dijkstra en el sello de la propia Radio Bávara: interpretaciones formidables, toma sonora sensacional y repertorio infrecuente pero interesantísimo. Las breves Litanies à la Vierge Noire de 1936, que se ofrecen aquí en su versión original con acompañamiento organístico, suponen uno de los primeros ejemplos del Poulenc religioso, el que se deriva de su arranque místico tras la visita al santuario de Nuestra Señora de Rocamador el año anterior; en su hermosísima interpretación Dijkstra demuestra un pleno conocimiento del estilo alcanzando el punto justo de equilibrio entre lo espiritual, lo sensual y lo inquietante.

Al mismo tiempo, el maestro sabe ofrecer músculo y energía en la Missa brevis de Kodály, cuya dramática expresividad de ambiente digamos “bélico” -la obra se estrenó en Budapest en 1945- es bien recogida por unos sobreagudos al borde del grito. En cualquier caso lo más interesante es la Misa para dos coros a cuatro voces de Frank Martin, obra sugestiva y estilísticamente intemporal escrita entre 1922 y 1924, que recibe aquí una interpretación que sabe ser contemplativa sin caer en el falso misticismo, ofreciendo al mismo tiempo nervio y garra dramática; su Agnus Dei es ya motivo suficiente para comprar el disco.

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Artículo publicado en el número de octubre de 2011 de la revista Ritmo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Decepcionante Omer

La primera aparición de Omer Meir Wellber (Israel,1981) ya como titular de la Orquesta de la Comunidad Valenciana ha sido el concierto gratuito ofrecido el sábado 15 de octubre en el Auditori de Les Arts con motivo de la jornada de puertas abiertas que comenté en la entrada anterior (enlace). El programa, precioso, giraba entorno a la danza: suite de Petrushka (no el ballet completo) en la primera parte y páginas populares de Smetana, Dvorák, Falla y Tchaikovsky en la segunda. El público se lo pasó bien, y en semejante contexto -aficionar al personal- eso es lo que importa, pero a mi modo de ver los resultados artísticos fueron desiguales y, en conjunto, decepcionantes.

Mediocre sin paliativos la recreación del título de Stravinsky: sosa, flácida, apagada (lamentable la danza de los cocheros), parca en colorido y por completo ajena a la mezcla de vitalidad e ironía que caracterizan a la genial página. Y además no muy bien tocada. Por descontado que los solistas de la orquesta (increíbles la flauta y la tuba, por citar solo dos entre muchos) demostraron su enorme calidad en sus intervenciones individuales, pero la sonoridad global de la orquesta estuvo por debajo de la media que suele exhibir, incluyendo inseguridades y desajustes varios. No hace falta ser un lince para ver que el problema no está tanto en los músicos como en la batuta. Señalemos al menos dos buenos apuntes por su parte: la muy bien captada tristeza de Petrushka en su habitación y la amenazadora aparición del oso. Lo demás, a olvidar. La interpretación de la semana anterior en Madrid a cargo de la ONE y Josep Pons me pareció más satisfactoria (enlace), pese a que en un principio pensé que iba a ser al revés.

Mejoró el nivel en la segunda parte. Estuvieron bien las Danzas húngaras nº 1 y 5 de Brahms, fraseadas con delectación, beneficiadas de un sonido (¡ahora sí!) bellísimo y empastado a más no poder de la cuerda, y por completa ajenas a los amaneramientos con que son tratadas por otras batutas. En parecida línea serena y cantable anduvieron las Danzas eslavas nº 1 y 8 de Dvorák, en las que no obstante se echaron de menos nervio, brío y brillantez. Tan correcta como irrelevante la Danza del fuego falliana desde el punto de vista de la batuta, aunque aquí metales y maderas lucieron su enorme categoría.

La suite de El Cascanueces que ofreció Lorin Maazel en 2009 al frente de la misma orquesta no solo no me interesó gran cosa, sino que por momentos me irritó (enlace). La de Omer Wellber me ha convencido algo más, porque el maestro israelí se mantiene, para lo bueno y para lo malo, ajeno a los "excesos creativos" de su antecesor, pero a la postre su interpretación no pasó de la más correcta, sensata y un tanto rutinaria artesanía, excepción hecha de una Danza árabe enriquecida por las portentosas aportaciones de las maderas y de un Vals de las flores recreada con singular elegancia.

La propina, un preludio de Carmen recreado sin el menor "chimpún", demostró que Wellber no está dispuesto a triunfar por la vía rápida del efectismo. Pero ahí quedó la cosa. De momento, y a la espera de escucharle en Boris, da la impresión de ser una batuta no muy allá en lo técnico y sin mucho que decir en lo expresivo. ¿Quién le habrá vendido este hombre a Helga Schmidt?

sábado, 22 de octubre de 2011

Heras-Casado, aclamado en Berlín

Pequeña nota de urgencia. Acaba de terminar la retransmisión, a través de la Digital Concert Hall, del último de los tres conciertos con que Pablo Heras-Casado ha debutado al frente de la Filarmónica de Berlín. Pues bien, tal ha sido su éxito en la Philharmonie que el público no ha dejado de aplaudir cuando la orquesta ha abandonado el escenario, así lo que el maestro granadino ha tenido que volver a comparecer en la sala para recibir aplausos en solitario.

En cuando al programa, adelanto que me ha gustado su Mendelssohn (Hébridas y Escocesa), pero lo que me ha parecido genial es lo que ha hecho con Berio (Quatre dédicaces) y con Szymanowski (Cuarta sinfonía). Cuando pueda volver a ver el concierto dentro de unos días (la DCH tarda un tiempo en colgar sus filmaciones en el archivo) intentaré hacer un comentario más detallado. De momento, enhorabuena.

viernes, 21 de octubre de 2011

Un ejemplo de manipulación periodística

Aunque la prensa española está alcanzando en estos meses anteriores a las elecciones generales unos altísimos índices de manipulación de la más descarada y rastrera, no traigo aquí un ejemplo de política-política, sino más bien de política cultural. Fíjense en esta noticia de la edición de ayer de El Mundo Andalucía (enlace): "El Ayuntamiento mantiene su aportación al Maestranza y la Orquesta Sinfónica", dice el título. La noticia, que viene de Europa Press, continúa como sigue: "La delegada de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, María del Mar Sánchez Estrella, ha afirmado que de cara al año 2012 'se mantendrán las mismas cantidades que en años anteriores' en el presupuesto destinado por el Consistorio hispalense al Teatro de la Maestranza y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), aunque 'voy a intentar que se pueda sumar alguna partida propia de la Delegación', añade" (los subrayados están en el original).

Qué bonito, oigan. El mensaje entre líneas está claro: los populares se esfuerzan por mantener el apoyo del ayuntamiento a estas dos instituciones a pesar de la que está cayendo con la crisis, cuando en realidad debería decir "el consistorio gobernado por el PP mantiene el recorte que practicaron el año pasado los del PSOE en su aportación a la ROSS y el Maestranza". Claro que de eso el personal solo se entera si acude al siguiente párrafo:

"Así, y según ha señalado la delegada tras presentar las nuevas iniciativas del Ayuntamiento para la formación de artistas sevillanos, el presupuesto de 2011 era de 2.777.000 euros para la Orquesta y 910.000 euros para el Teatro, después de que el pasado año el anterior Gobierno municipal redujera un 19 por ciento la aportación a la ROSS, y en torno a un 70 por ciento al Maestranza."

Casi nada, un setenta por ciento al Maestranza. Y se quedan tan anchos. Sí, vale, que no hay dinero. Pero entonces, ¿por qué armaron tanto jaleo cuando los de Zapatero metieron la tijera el año pasado? En fin, lo de siempre. Qué descansados debieron de quedar los del PP cuando vieron que los tijeretazos los pegaban otros. Ahora lo tienen más fácil. Y los que no sepan dar la noticia -qué arte tienen los de El Mundo, qué arte-, que se queden callados a ver si disimulamos que "los nuestros" mantienen el mismo recorte que "los sociatas".

Eso sí, lo mismo que digo esto, desde aquí le doy mi más sincera enhorabuena al nuevo consistorio por el apoyo, literalmente "incondicional", que le van a dar a la Orquesta Barroca de Sevilla. Me parece fantástico. Y debo añadir que semejante decisión estaba tomada con anterioridad a la merecidísima concesión del Premio Nacional de Música a la referida agrupación, por lo que no se trata de un acto oportunista. Eso sí, no deja de sorprenderme que los autodenominados "liberales", esto es, los que son partidarios de que la cultura sea apoyada fundamentalmente por manos privadas y, por ende, de restringir las aportaciones públicas, ahora se alegren de que la OBS pueda poner el cazo. Cosas veredes...

miércoles, 19 de octubre de 2011

Una noche en Les Arts

El pasado sábado 15 tuve la oportunidad de participar en una de las jornadas de puertas abiertas organizadas por el Palau de Les Arts. Una iniciativa no solo felicísima sino absolutamente necesaria en estos tiempos de recortes para una institución que ha vivido hasta ahora de espaldas a quien debería ser su verdadero protagonista: el público, y más concretamente -aunque no con exclusividad- el público valenciano. Hay muchas personas de la ciudad del Turia que no saben lo que allí se cuece. Otras sí lo saben, pero apenas han tenido la oportunidad de acercarse. Y las que sí lo han hecho no son siempre conscientes de todo el potencial técnico que tiene. De eso se trata, de mostrar lo que allí hay, porque solo contando con el público se puede garantizar, tal y como están las cosas, la continuidad del proyecto.

Esta Nit a Les Arts se abrió con un concierto gratuito de la Orquesta de la Comunitat Valenciana bajo la dirección de su nuevo titular Omer Wellber. En el plano artístico me pareció muy decepcionante –hablaré de él en la próxima entrada-, pero lo que ahora me interesa señalar es el enorme placer de ver en la sala del Auditori a un público en gran medida nuevo: en lugar de matrimonios burgueses de edad avanzada y con cara de estar aburriéndose de manera soberana, gente joven y risueña intentando pasárselo bien. Se notaba felicidad en el ambiente. ¿Por qué no vienen entonces todos estos a las sesiones habituales de la temporada? Sólo se me ocurre una explicación: el precio de las entradas. Si, ya, hacer buena música es caro, y más aún mantener una orquesta de semejante calidad en un edificio de tal envergadura, pero lo cierto es que muchos de los que terminan asistiendo no son quienes realmente más podrían disfrutar. Justo como pasa en Madrid con Ibermúsica.

Después del concierto acudí a la así denominada “visita artística”: te invitan a conocer la gran sala de ensayos del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo y luego te ofrecen un recital en la Sala Martín i Soler. Cinco recitales en realidad, uno para cada turno de visitas. En el mío comenzaron con el motete Jauchzet dem Herrn alle Welt de Mendelssohn: no solo los miembros del coro cantaron bien, sino que además lo hicieron muy en estilo, mérito que ha de responder a su director, quien además corrigió con presteza algún desequilibrio puntual. Luego vinieron los solistas. Su nivel técnico es -obviamente- el de lo que son, estudiantes de canto, pero los tres me parecieron atendibles. En Diana Mian, que se encargó del “Tu che di gel sei cinta” de Turandot, lo que más me interesó fue la calidad de su voz, dotada de un atractivo brillo metálico. En Ilona Mataradze y Daniele Piscopo, que abordaron el dúo Adina/Dulcamara del Elixir, destacaría la musicalidad de la primera y la desenvoltura escénica del segundo. Y es que, por cierto, la pequeña función estuvo sobria pero estupendamente semi-escenificada por Allex Aguilera. Al público le encantó, y a mí también.

Pasadas ya las doce y veinte de la madrugada me tocó la “visita técnica”. Eché de menos un recorrido más largo por las tripas del Palau, la verdad, pero lo que se vio no estuvo mal: te pasan al escenario, te suben y bajan los peines, juegan con las luces y luego hacen emerger la celda de Florestán del reciente Fidelio, aprovechando para evidenciar las enormes dimensiones de la caja escénica de la sala principal. Se podían haber incluido algunos datos que enriqueciesen el contenido –vamos, que podían haber fardado más de lo que tienen-, y sobraba quizá el vídeo en el que se iba recorriendo la próxima temporada espectáculo por espectáculo. En cualquier caso creo que el objetivo estuvo conseguido: poner en valor ante los valencianos el conjunto de Les Arts y conseguir que la gente se llevara un buen recuerdo. Ahora a ver cómo hacen para que las familias de economía modesta puedan acudir con regularidad en estos tiempos de crisis.

lunes, 17 de octubre de 2011

Inmensa Bausch, genial Wenders

No se me ocurren más elogios hacia esta película de los que ya se han escrito por ahí en abundancia (enlace). Pero sí que puedo hacer una recomendación: no se les ocurra perderse Pina, de Wim Wenders, y acudan al cine más cercano que la proyecte antes de que caiga de la cartelera. Yo la vi ayer domingo en Valencia, quedé fascinado y la tengo desde ya por una obra maestra absoluta del cine, que no -por las razones que intentaré exponer abajo- del “cine documental”, además de una filmación imprescindible para los amantes de la danza contemporánea.


Tres razones encuentro por las que la obra me ha impactado tanto. La primera, la fuerza de las personalísimas coreografías de Pina Bausch (1940-2009), particularmente de las cuatro creaciones que conforman el núcleo de la cinta: Café Müller, Le Sacre du printemps, Vollmond y Kontakthof. La segunda, la increíble calidad de los miembros del Tanztheater Wuppertal Pina Bausch, que desde luego no fueron escogidos por la ya mítica bailarina y coreógrafa alemana por su belleza física (los hay guapos, los hay normalitos y los hay feos), sino por su conjunción entre agilidad y capacidad de expresión, aparte de -eso queda muy claro a lo largo del metraje- su particular empatía con la mente de la artista, hasta tal punto de que cada uno de estos bailarines se convierte en una prolongación de ella misma a la vez que la particular personalidad de cada uno pasa a formar parte del universo de la Bausch.


La tercera es el trabajo de Win Wenders. Este no tiene nada que ver con una filmación ortodoxa de ballet, ópera o concierto, tipo Brian Large, porque su mirada no es en absoluto neutra, sino subjetiva. Tampoco se parece al típico documental sobre música al estilo de los magníficos de un Nupen o un Sánchez Lansch (enlace), porque estos basan su fuerza en el guión y el montaje. Asimismo se aleja de las filmaciones digamos “esteticistas” de un Carlos Saura en sus acercamientos al flamenco o al tango, que se sustentan sobre la fuerza plástica de cada fotograma: el cineasta aragonés era fotógrafo, y eso se nota. El realizador de El cielo sobre Berlín es por el contrario un cineasta “de verdad”, es decir, de los que se expresan a través de una realización puramente cinematográfica que utiliza no solo el montaje o el encuadre, sino también cada uno de los movimientos de cámara con fines expresivos.


No hay en Pina un solo travelling o picado gratuito. Ni un encuadre que busque hacer bonito. Todo, absolutamente todo, está pensado con intencionalidad dramática. Lo grande es que el discurso fílmico de Wenders está en plena sintonía con el de su amiga Pina Bausch, teatralizando las situaciones desde una óptica exclusivamente cinematográfica (¡inmensa fuerza la de la cámara subjetiva en la obra de Stravinsky!) sin realizar subrayados gratuitos o enfáticos. Sacando un enorme provecho dramático de los escenarios naturales en los que se mueven los artistas -trátese de una glorieta en medio del tráfico, de una fábrica o de un desierto- y enriqueciendo el concepto original de la artista con nuevas asociaciones. Haciendo que el encuadre “pese” cuando tiene que pesar. Usando un montaje elegantísimo en el que los comentarios de los bailarines -voces en off sobre sus rostros llenos de fuerza- sirven de suave transición entre cada una de las secuencias coreográficas. Usando el sonido de la respiración o de los movimientos -asombroso el trabajo de los ingenieros- para transmitir a la sala de cine la fisicidad inherente a los trabajos de la Bausch. Y haciendo, finalmente, un inteligentísimo uso de la profundidad de campo a lo largo de todo el metraje, a lo que contribuye en gran medida la realización en 3D.

Tres motivos, decía, para que Pina fascine desde el primer minuto hasta el último. Hay un cuarto: una de los mejores trabajos en tridimensionalidad cinematográfica que he visto hasta la fecha. Y añado un quinto: una espléndida recopilación musical que culmina en la magnífica canción The Here And After, compuesta por Jun Miyake y cantada por Lisa Papineau en homenaje a la Bausch.


Em fin, la mejor película que he visto en años. Si se conforman con el DVD perderán las tres dimensiones. No la dejen escapar.


Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...