sábado, 9 de mayo de 2009

Comprar clásica en Berlín

Termino mi crónica berlinesa con unos apuntes para discófilos. Hay muy pocos sitios para comprar discos de clásica en la capital de Alemania, aunque uno de ellos vale por muchos. Me refiero a Dussmann, en plena Friedrichstrasse, al lado de la estación y muy cerquita de la avenida Unter den Linden. Su sótano contiene la mayor concentración de compactos y DVDs clásicos que he visto en mi vida, superando incluso a las mejor surtidas tiendas londinenses. La organización de los productos está muy cuidada. La variedad es realmente amplia, y no se olvida prestar una gran atención a la música antigua y a la contemporánea.

Ahora bien, los precios son caros y el porcentaje de discos en oferta, que los hay, es reducidísimo en relación con el stock global, así que esta tienda solo conviene para localizar ediciones muy concretas que es difícil encontrar en otra parte. Un dato a tener en cuenta: abre de lunes a sábados hasta las doce de la noche. Ideal para meterse allí cuando no hay otra cosa que hacer.

Las dos grandes óperas de Berlín, la Deutsche Oper y la Unter den Linden, guardan cada una de ellas una pequeña selección discográfica a precios bastante elevados. Mayor interés ofrece la relativamente amplia oferta de la Philharmonie, centrada como es lógico en la actividad discográfica de la Filarmónica de Berlín. Hay también una abundante oferta bibliográfica, incluyendo monografías sobre los artistas más insospechados. Ahora bien, los precios son de aúpa.

Una última recomendación es Zweitausendeins, bien conocida por los internautas gracias a sus estupendos precios. Creo que hay varias tiendas, pero yo sólo he podido visitar la que se encuentra en el extremo norte de la Friedrichstrasse, justo donde comienza la Oranienburger: pequeñita pero con cosas de interés. Los Brilliant se venden muy baratos. Ahora bien, que nadie espere encontrar las grandes novedades de los sellos importantes, porque sólo tienen cuatro o cinco cosas de actualidad.

Luego está el mercado de segunda mano. Muy cerca de Zweitausendeins hay una tienda que ofrece una reducida pero curiosa selección de compactos. Y en pleno sector occidental de Berlín, en la célebre Breitscheidplatz, hay un enorme local -en un primer piso- con una amplia variedad de productos de segunda mano; por desgracia no recuerdo ahora el nombre, pero quien acuda -como tantos turistas- a visitar las ruinas de la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche no podrá dejar de verla. Desgraciadamente en las dos tiendas citadas los precios son sólo un poco inferiores a los que en España se piden por compactos sin usar, así que uno puede prescindir tranquilamente de visitarlas.

En el sur de la ciudad, en el barrio de Schöneberg, en la Akazienstrasse esquina con la amplia Hauptstrasse, se encuentra Fidelio, una pequeña pero bien surtida tienda de productos de primera y segunda mano consagrada a la música clásica y al jazz. Los precios son caros, y a mi juicio la visita merece la pena únicamente por respirar la atmósfera del barrio.

Ah, se me olvidaba: en la Isla de los Museos (imprescindible para cualquier amante de la cultura echar allí muchas horas) los domingos y festivos instalan un mercadillo que incluye una colección de compactos de segunda mano a precios realmente baratos, ocho euros los de Deutsche Grammophon y cuatro los del resto de los sellos, más un montón de basura a un euro entre la que se pueden encontrar joyas diversas. Ahí sí que merece la pena pasar un buen rato rebuscando.

jueves, 7 de mayo de 2009

Idomeneo en DVD por Nagano y Dorn

MOZART: Idomeneo.
Ainsley, Breslik, Banse, Dasch, Trost, De Mey, Humes. Coro y Orquesta de Bayerisches Staatsoper. Dir: Kent Nagano.
Medici Arts, 2072448
2 DVDs – 176’ – DDD
Ferysa
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S
M

Para la reapertura del Cuvilliés de Munich, una deliciosa cajita de bombones rococó construida a mediados del XVIII como auditorio cortesano, se decidió recurrir a Idomeneo, primer título operístico realmente grande dentro del catálogo mozartiano y página que conoció precisamente allí su estreno. Este doble DVD, ofrecido a precio de sencillo, recoge la filmación magníficamente realizada por el omnipresente Brian Large de las funciones allí ofrecidas los días 11 y 14 de junio de 2008.

Sorprende de entrada la propuesta escénica del otras veces más sobrio y esencial Dieter Dorn, a la sazón intendente de la Bayerisches Staatsoper. Casi no existe escenografía propiamente dicha, reducida a unos cuantos elementos escénicos. El atrezzo mezcla épocas y estilos sin conseguir no ya intemporalidad, sino decir algo nuevo, mientras que muchos trajes digamos “contemporáneos” intentan a las claras resultar chirriantes sin saber muy bien que se pretende con ello. Tampoco resulta muy coherente que se pretenda desmitificar el mundo clásico para, al mismo tiempo, ofrecer una dosis de hemoglobina que por momentos roza lo gore. Ahora bien, hay que reconocer que la dirección de actores es soberbia, que los movimientos de masas son perfectos y que hay resoluciones escénicas de gran inteligencia: impresionante la escena de Elettra arrastrada por las furias (o los demonios, o lo que sea).

Nagano acierta a la hora de adoptar muchas soluciones procedentes del mundo historicista, pero se mueve mucho más a gusto en los momentos dramáticos que en los que requieren de calidez y vuelo lírico; se agradece la inclusión del ballet, muy bien dirigido.

Un apasionado John Mark Ainsley, algo corto en el agudo pero fenomenal en las agilidades, está fabuloso como Idomeneo. Su hijo Idamante, aquí tenor y no mezzo, está encargado por el ascendente y más que estimable Pavol Breslik. Otra voz joven y cada vez más valorada es la de Annette Dasch, no tanto por la calidad del instrumento como por su sinceridad expresiva: su Elettra es todo pasión pero no saca los pies del plato. La voz de mezzo de Juliane Banse aporta sensualidad a la otras veces más juvenil Ilia. Flojo en lo vocal el Arbace de Rainer Trost, y un lujo contar con Guy de Mey para el breve rol del sacerdote. Excelente el coro, fundamental en esta ópera.

Hay unas cuantas versiones más de Idomeneo en DVD (Britten, Levine, Haitink, Östman, Norrington), pero de ellas sólo conozco la filmada en el San Carlo de Nápoles por el sello Dynamic, que se beneficia de un magnífico Kurt Streit en el rol titular y de una preciosa puesta en escena de Pizzi. Esta de Múnich, en todo caso, alcanza un alto nivel musical y se puede recomendar sin reservas. Apenas hay cortes en la partitura, un detalle muy a tener en cuenta.
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Artículo publicado en el número de mayo de 2009 de la revista Ritmo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Muti, Urmana y la Berliner Philharmoniker

El ya tradicional concierto de la Filarmónica de Berlín del 1 de mayo tuvo lugar en el Teatro San Carlos de Nápoles y, siendo retransmitido por televisión a toda Europa, es de esperar que en un futuro sea editado en DVD. A continuación se repitió en la capital alemana dentro del ciclo de abono de la orquesta, y justo allí pude escuchar, concretamente la noche del domingo 3, un precioso programa que incluía la obertura de La forza del destino, La canzone dei ricordi de Giuseppe Martucci y la Octava -o novena, como se prefiera- sinfonía de Schubert, "la grande".


Un Riccardo Muti por el que parece no pasar el tiempo (supongo que se tiñe las canas, pues tiene ya sesenta y siete años) se subió al podio para ofrecernos su inconfundible Verdi "a la Toscanini": rápido, enérgico, tenso y lleno de electricidad. Personalmente prefiero un enfoque más atmosférico y con más espacio para la cantabilidad: inenarrable la interpretación que esta misma orquesta ofreció el 1 de mayo de 1992 en El Escorial con Barenboim. En cualquier caso lo que hizo el italiano fue para quitarse el sombrero. Sencillamente, no es posible imaginar una versión más trepidante y mejor trazada que la suya.

Su pasión por Martucci le llevó a incluir La canzone dei ricordi: muchos hubiéramos preferido escuchar una obra de mayor enjundia, pero la verdad es que interpretada con semejante mezcla de poesía y sensualidad, trazada además con pinceles finos pero sin caer en el mero preciosismo, la audición resulta un placer. Ayudado por unos solistas berlineses de quitar el hipo, lo que hizo Muti con esta página me recordó a su interpretación discográfica del Poema del amor y del mar de Chausson, pieza con la que ésta de Martucci guarda cierta relación. Violeta Urmana, como siempre, un pelín fría pero suntuosa en lo vocal; sólo pude lamentar que la ubicación de mi butaca -lateral izquierdo de la sala- no fuera muy buena para escuchar a la solista, pese a la óptima acústica de la Philharmonie.

Magnífica La Grande. Ofreció Muti la versión tradicional, esto es, con la introducción a un tempo más lento y sin regulador en el último acorde de la partitura. Su acercamiento, por lo demás, fue bastante clásico, optando ante todo por mantener esa tan amplia como delicada arquitectura de la pieza. Y lo consiguió. ¡Vaya si lo consiguió! Todo estuvo en su sitio, expuesto con lógica aplastante, con un perfecto equilibrio de planos y una tensión admirablemente planificada para que todo fluyera con naturalidad y sin bache alguno. Corrigió además algunos errores de su registro de 1986 con la Filarmónica de Viena (EMI), como una transición no del todo convincente en el primer movimiento y, sobre todo, un énfasis excesivo del primer tema del Allegro vivace conclusivo.

Por lo demás, se trató de una interpretación cálida y comunicativa, que se benefició de una orquesta sensacional (¡qué mágicos trombones en el primer movimiento!) y que, como ya ocurriera en su citada interpretación discográfica, fue de menos a más, convenciendo plenamente en scherzo más clásico que dionisíaco pero lleno de convicción -sensacional el trío- y en un Allegro vivace que en absoluto resultó machacón o cuadriculado, gran peligro de esta página.

El éxito de Muti fue extraordinario: una vez dentro la orquesta, el maestro napolitano tuvo que salir de nuevo a saludar. Teniendo en cuenta que el público era fundamentalmente el de abonados a la Filarmónica, queda claro que que hay mucha ganas en Berlín de ver al artista con mayor frecuencia. Y yo me volví a España lamentando no poder escuchar más a menudo conciertos de esta categoría.

Ah, en Youtube hay imágenes del concierto napolitano. Por ejemplo, en el siguiente enlace.

lunes, 4 de mayo de 2009

Rozhdestvensky hace Quintas en Berlín

Tras la plomiza Traviata de la que hablé en el post anterior he podido ver dos conciertos memorables en la capital alemana, uno en la Konzerthaus y otro en la Philharmonie. Hablo ahora del primero de ellos, el del sábado dos de mayo, en el que mi admirado Gennadi Rozhdestvensky ofreció dos de las grandes Quintas del repertorio (y de su repertorio), las de Prokofiev y Tchaikovsky. Tenía a su frente a la Orquesta de la Konzerthaus, que no es otra que la Sinfónica de Berlín de toda la vida. La encontré en baja forma, la verdad, y eso mermó un tanto los resultados interpretativos, que por lo demás fueron admirables.

Ahora bien, esperaba del veteranísimo director una versión aún más personal de la partitura de Prokofiev. Y no lo fue en el primer movimiento, de tempi "normales" y no particularmente inspirado, aunque sonó con absoluta propiedad estilística, sin necesidad de "romantizar" las cosas, y con toda la fuerza deseable en el clímax, para el cual Rozhdestvensky supo reservar sabiamente todas las efes.

Muy interesante el tercer movimiento, no tan opresivo como se podía esperar pero dotado, a cambio, de una emotividad y un vuelo lírico pocas veces escuchado. Y sencillamente sensacionales los movimientos pares, diseccionados de manera admirable (aquí sí que fue lento el director) y dotados de una mala baba made in Rozhdestvensky que aclara muchas cosas sobre el verdadero significado de la partitura. Hubo frases que jamás las he escuchado mejor explicadas.

No hubo irregularidades en la Quinta de Tchaikovsky, magistral de principio a fin. Cincuenta y tres minutos le duró el asunto a Rozhdestvensky, sosteniendo las tensiones con pulso férreo y paladeando las acongojantes melodías con una cantabilidad exquisita. No hubo lugar para melifluidades ni para el hedonismo sonoro, pues este director, ya se sabe, va siempre al grano.

Sombrío y atmosférico resultó el primer movimiento; acongojante pero mucho antes meditativo que rebelde fue el segundo; en el tercero Rozhdestvensky supo desplegar encanto sin caer en la cursilería; el cuarto, finalmente, fue una lección de cómo se puede ser poderoso, épico y triunfal sin caer en el espectáculo ni en la retórica barata, y conservando además -con lucidez- cierto regusto de amargura.

La orquesta sonó en Tchaikovsky con mucha mayor propiedad, e incluso la cuerda me hizo pensar, puede que fuera imaginación mía, en las grandes formaciones de la tradición rusa. De todas formas seguí echando de menos una formación en condiciones, como esa Filarmónica de Berlín que al día siguiente triunfó por todo lo alto con Riccardo Muti. Pero eso lo contaré en el próximo post, que ahora me toca seguir callejeando por las calles de esta ciudad extraordinariamente fascinante.

domingo, 3 de mayo de 2009

Traviata en Berlín: grisura elevada al cubo

La otra vez que estuve en la capital alemana pude presenciar espectáculos en la Staatsoper y en la Komische Oper. Me quedó pendiente la Deutsche Oper (la ópera del sector occidental, para entendernos), pero en esta ocasión he saldado la deuda pendiente asistiendo aquí en Berlín, el pasado viernes uno de mayo, a una función de La Traviata que, eso sí, ha resultado de una total grisura. Y no porque cancelase la Georghiu, cosa que se estaba viendo venir, sino porque funcionaron de manera mediocre la escena, los cantantes y, sobre todo, la dirección musical.

Gris fue la propuesta escénica, que debe de ser ya bastante antigua, del mítico Götz Friedrich. Y eso que plásticamente resulta atractiva por su cuidadísima iluminación. Pero tanta oscuridad, mucho antes tristona que dramática, no casa bien con esta obra verdiana. Que la casa de Flora sea un burdel y que ésta ejerza de madame está más visto que el tebeo. La dirección de actores deja que desear. Por cierto, que el concepto mismo de esta producción, basada en una sola escenografía con diferentes puertas que se salen de sus ejes en el último acto, anuncia sospechosamente a los posteriores Cuentos de Hoffmann de Giancarlo del Monaco.

Gris fue el elenco vocal. Cumplió al menos Carmen Giannasttasio en el rol principal, pues su voz, aun con desigualdades, posee una atractiva oscuridad tímbrica, y además la artista hace gala de un legato admirable. Pero ahí acaban sus virtudes. Mal actor y discreto cantante el altísimo James Valenti, por muy bonita que sea su voz; el ridículo agudo que emitió tras la cabaletta le hizo ganarse algunos abucheos, entre ellos el mío. Ismael Jordi ha cantado hace tan solo unos meses en esta misma producción: aunque mi paisano diste de convencerme, lo encuentro muy preferible. El más aplaudido fue Lado Ataneli, aún me estoy preguntando por qué. Será por la voz, en todo caso, porque ni por estilo ni por recreación del personaje es un Germont de altura. El coro estuvo cumplidor sin más.

Y gris tirando a negro fue la dirección musical de Marco Armiliato, seguramente la peor que jamás he escuchado de Traviata. Cuadriculada, plana, flácida, deslavazada, insensible y profundamente aburrida, el hermano de ese buen tenor que es Fabio Armiliato demostró ser un auténtico patán de la batuta. Que la orquesta sonara bastante bien sirvió de poco. Él fue el principal responsable de que esta función berlinesa resultara soporífera. Está bien hacer comparaciones: la floja Traviata sevillana con Arteta y Domingo a la batuta, o la digna del Villamarta con Gallardo-Domas y Jordi fueron superiores sin duda a ésta, por mucho que tenga lugar en Berlín. Por cierto, qué fea la Deutsche Oper.

jueves, 30 de abril de 2009

La orquesta del Reich


Como hoy mismo parto para Berlín, me ha parecido el momento oportuno para ver -y traer a este blog- el aplaudido DVD con el que Enrique Sánchez Lansch abordó hace un par de años el espinoso tema de las relaciones entre la Berliner Philharmoniker y el III Reich. Un régimen que, además de apoyar a la orquesta y ofrecer para sus integrantes una situación privilegiada entre el resto de los alemanes, esto es, lejos del frente, utilizó a la mítica formación para, en un primer momento, hacer propaganda del presunto interés del gobierno nacionalsocialista por la música, y ya al final de la guerra para dar un cierto maquillaje de normalidad cultural en una ciudad terriblemente acosada por las fuerzas aliadas.

La narración, que se extiende a lo largo de hora y media, resulta tan sobria como ágil, estableciendo una mirada objetiva -sin desdeñar la emotividad cuando es necesario- que no pretende emitir juicios morales, sino hacer pensar: cuando termina el documental uno se lleva un montón de interrogantes consigo, y esto es lo más grande que se puede conseguir en semejante género audiovisual. Los testimonios, muchos de ellos de primera mano, resultan sumamente enriquecedores. Las imágenes del Berlín de la época son tan fascinantes que saben a poco. Y además podemos ver, aunque sea brevemente, a gente como Furtwängler, Krauss y Celibidache en acción. Lo más curioso para el público español, ver a Kna dirigiendo el los jardines del Partal de la Alhambra.

De propina, el célebre preludio de Maestros Cantores por Furtwängler en la fábrica de la AEG, una filmación de 1942 donde vemos a la Filarmónica de Berlín tocando para unos trabajadores de semblante comprensiblemente sombrío que no siempre parecían estar interesados en lo que allí estaba pasando. Furt ofreció para la ocasión una interpretación incandescente, a ratos visionaria, pero no del todo paladeada en las secciones líricas, y quizá algo cuadriculada en los pasajes humorísticos. Da igual: el testimonio histórico es de primerísimo orden. A pesar de la habitual dejadez del sello Arthaus, en esta ocasión los subtítulos en castellano están bastante cuidados. DVD imprescindible.

martes, 28 de abril de 2009

El desvergonzado provincianismo de la prensa valenciana: Chailly y Maazel

A mi modo de ver Beckmesser tiene razón (enlace). Todo apunta a que es la prensa valenciana quien se ha cargado las negociaciones del Palau de Les Arts con Riccardo Chailly. Ahora queda claro que el milanés iba a venir. Que estaba todo “atado y bien atado” lo demuestra, por pura lógica, la existencia misma de ese contrato cuya amarillista publicación por parte del diario Las provincias hizo que el gran director, a la vista de lo que se le venía encima, terminara dando un rotundo no a un futuro que bien podemos imaginar (las producciones líricas se preparan con tiempo) que estaba ya más que planificado.

Por ello mismo me asombra que el referido diario tenga el morro de decir en su edición de hoy que las exigencias de Chailly “excedían al auditorio”. Eso parece falso: si el contrato estaba preparado es que el Palau estaba más que dispuesto a satisfacer sus emolumentos. Con semejante falsedad Las provincias intenta lavar cara ante su responsabilidad en todo este asunto y seguir en su marcada línea de boicot (basta acudir a la hemeroteca digital) al proyecto valenciano.

Que el genial Maazel se quede dos años más es, lo dije en mi post anterior, motivo de felicidad para todos. Sobre todo cuando, según se ha sabido hoy, ha aceptado rebajar (dicen que de manera sustancial) su sueldo. ¿Al nivel que exigía Chailly? Eso nunca lo sabremos, pero es de suponer que por ahí irán los tiros.

Ahora bien, que nos alegremos de esta circunstancia no nos debe impedir reflexionar sobre el terrible poder que la prensa puede ejercer en cuestiones culturales. En Valencia se podían haber cargado un proyecto con muchísimo futuro que sólo a última hora, por una prudente reflexión de Maazel, se ha podido rescatar. Esperemos que de aquí en adelante muestren un poco más de vergüenza o, al menos, que los aficionados sean conscientes de hasta qué punto el amarillismo provinciano puede torpedear la vida cultural de una ciudad. Y exijan responsabilidades a quien realmente hay que exigírselas.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...