domingo, 3 de mayo de 2009

Traviata en Berlín: grisura elevada al cubo

La otra vez que estuve en la capital alemana pude presenciar espectáculos en la Staatsoper y en la Komische Oper. Me quedó pendiente la Deutsche Oper (la ópera del sector occidental, para entendernos), pero en esta ocasión he saldado la deuda pendiente asistiendo aquí en Berlín, el pasado viernes uno de mayo, a una función de La Traviata que, eso sí, ha resultado de una total grisura. Y no porque cancelase la Georghiu, cosa que se estaba viendo venir, sino porque funcionaron de manera mediocre la escena, los cantantes y, sobre todo, la dirección musical.

Gris fue la propuesta escénica, que debe de ser ya bastante antigua, del mítico Götz Friedrich. Y eso que plásticamente resulta atractiva por su cuidadísima iluminación. Pero tanta oscuridad, mucho antes tristona que dramática, no casa bien con esta obra verdiana. Que la casa de Flora sea un burdel y que ésta ejerza de madame está más visto que el tebeo. La dirección de actores deja que desear. Por cierto, que el concepto mismo de esta producción, basada en una sola escenografía con diferentes puertas que se salen de sus ejes en el último acto, anuncia sospechosamente a los posteriores Cuentos de Hoffmann de Giancarlo del Monaco.

Gris fue el elenco vocal. Cumplió al menos Carmen Giannasttasio en el rol principal, pues su voz, aun con desigualdades, posee una atractiva oscuridad tímbrica, y además la artista hace gala de un legato admirable. Pero ahí acaban sus virtudes. Mal actor y discreto cantante el altísimo James Valenti, por muy bonita que sea su voz; el ridículo agudo que emitió tras la cabaletta le hizo ganarse algunos abucheos, entre ellos el mío. Ismael Jordi ha cantado hace tan solo unos meses en esta misma producción: aunque mi paisano diste de convencerme, lo encuentro muy preferible. El más aplaudido fue Lado Ataneli, aún me estoy preguntando por qué. Será por la voz, en todo caso, porque ni por estilo ni por recreación del personaje es un Germont de altura. El coro estuvo cumplidor sin más.

Y gris tirando a negro fue la dirección musical de Marco Armiliato, seguramente la peor que jamás he escuchado de Traviata. Cuadriculada, plana, flácida, deslavazada, insensible y profundamente aburrida, el hermano de ese buen tenor que es Fabio Armiliato demostró ser un auténtico patán de la batuta. Que la orquesta sonara bastante bien sirvió de poco. Él fue el principal responsable de que esta función berlinesa resultara soporífera. Está bien hacer comparaciones: la floja Traviata sevillana con Arteta y Domingo a la batuta, o la digna del Villamarta con Gallardo-Domas y Jordi fueron superiores sin duda a ésta, por mucho que tenga lugar en Berlín. Por cierto, qué fea la Deutsche Oper.

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