martes, 17 de marzo de 2009

Brillante temporada para el Real, si no fuera por López Cobos

Acaba de presentarse la temporada 2009/2010 del teatro madrileño (enlace). Como ahora todo el mundo dará su opinión, yo también quiero dejar la mía: he aquí la demostración de cómo se puede ofrecer relativa variedad de contenidos y diversidad de estilos sin necesidad de Mortiers y similares, pero también de cómo elencos vocales de alto nivel pueden verse ensombrecidos por la aplastante mediocridad de la batuta de la casa, un López Cobos cuya calidad artística está muy por debajo de las disparatadas sumas que cobra por sus diferentes ocupaciones en el Real. Dejo aquí unas notas a vuelapluma.

Lulu: una obra maestra absoluta que por fin llega al Real, y lo hace con la baza de contar con la batuta analítica del veterano Inbal. Se ofrece, sensatamente, la versión en tres actos. Encima, el morbo de ver a la Larmore como la condesa. ¡Bravo! Esperemos que las dos protagonistas estén a la altura.

La vera costanza: no conozco la obra, pero a falta de Mozart en esta temporada muy bienvenido sea ese genio maravilloso que fue F. J. Haydn. Gran idea la de reunir un elenco de voces jóvenes. Pero la orquesta estaría muchísimo mejor en manos de Lorenzo Ramos que de su padre, Jesús López Cobos.

Italiana en Argel: estupendos elencos para este título delicoso, y muy prometedora sobre el papel la producción de Joan Font, pero... ahí está el maestro del aburrimiento en el foso. Al menos esta vez al genial Chausson le han dado primer reparto (¡qué feo estuvo lo del Barbero por parte de Sagi!).

Jenufa: la presencia de Anja Silja como la kostelnicka (segundo reparto, en el primero está la Polaski) anima a acudir a todas las funciones del título. Para babear. El resto promete.

Holandés errante: dirige el de Toro, así que mejor corramos un tupido velo. Me alegra, no obstante, que le hayan hecho un hueco a Elisabete Matos.

Andrea Chénier: otro título que se echaba de menos, con las lujosísimas presencias de M. Álvarez/Cedolins y Armiliato/Dessí. Para disfrutar a tope, si es que Víctor Pablo dirige bien y Marco Vratogna (¿por qué han vuelto a contratar a este hombre?) no mete mucho la pata.

L’arbore di Diana: no está mal que recuperen este título, aunque ponerle a Dantone una orquesta como la Sinfónica de Madrid es de juzgado de guardia.

Salomé: ya iba siendo hora de que llegara al Real, pero la presencia del musicalmente “mojigato” López Cobos no hace augurar nada bueno. Estimula más lo de Robert Carsen.

Il viaggio a Reims: no importa nada que se recupere esta producción tratándose de un título tan maravilloso. De nuevo, gran idea la de hacerlo con jóvenes cantantes.

La ciudad muerta: una ópera preciosa -salvo para quienes detestan a Korngold- en una producción muy aplaudida, con un buen elenco y una batuta adecuada, la de Pinchas Steinberg. Si las voces lo hacen bien, cosa que está por ver, será una maravilla.

L’incoronazione di Poppea: había que cerrar la trilogía. En la primera entrega Pizzi y Christie no estuvieron a la altura del genio monteverdiano. Ahora bien, gran atractivo escuchar a Jaroussky como Nerone.

Simon Boccanegra: morbo a tope, posibles cancelaciones aparte, por las dobles parejas de Álvarez/Mula y Domingo/Gheorghiu. ¡Y qué ópera! Ojalá que para esas fechas López Cobos se haya jubilado anticipadamente.

A todo esto hay que sumar varios títulos en versión concierto, sobresaliendo -por su tirón popular- Norma con la Urmana y Puritani con Flórez, aunque Theodora y Agrippina no son moco de pavo. Fleming, Bartoli, Damrau, Gruberova, Ciofi y Nucci para recitales: convencerán unos más y otros menos, pero el taquillazo está asegurado. Un lujo la presencia del Nederlands Dans Theater. Y muchas más cosas. Total, una temporada que podría ser brillante si muchos de los títulos tuvieran una batuta menos gris que la del que aún sigue siendo (costosísimo) director musical del Teatro Real.

lunes, 16 de marzo de 2009

Giordano en Siberia

GIORDANO: Siberia.
Scaini, Lee, Vitelli, Tufano. Coro de cámara de Bratislava, Orquesta Internacional de Italia. Dir: Manlio Benzi.
Dynamic, CDS 444/1-2
2 CDs. 97’24’’
DDD
Diverdi
**Giordano_Siberia Estrenada en La Scala en 1903, Siberia alcanzó una notable aceptación entre críticos y colegas de Giordano para después verse condenada al olvido. No es de extrañar: la inspiración melódica de que su autor hace gala en sus más afamados títulos brilla aquí por su ausencia. Sin embargo, es de justicia destacar un conciso y bien trabado libreto de Illica -parcialmente inspirado en Dostoievski y Tolstoi- de corte puramente verista, una espléndida orquestación y, sobre todo, un atmosférico y atractivo tratamiento coral en el que se hace un interesante uso de las tradiciones eslavas.

La presente versión, una discreta toma en vivo llena de ruidos escénicos realizada en el Festival de Martina Franca del pasado verano, es de las pocas disponibles en compacto. La solvente e inspirada batuta de Manlio Benzi obtiene un relativamente satisfactorio rendimiento de una mediocre orquesta y de un estimable coro, mientras que el joven y voluntarioso elenco vocal no pasa de lo aceptable.

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Artículo publicado en el número de julio de 2004 de la revista Ritmo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (IV): Bruno Walter, sin brumas.

Aparte de diferentes tomas radiofónicas de calidad sonora presumiblemente discreta, existen dos registros en estudio de las sinfonías brahmsianas a cargo del mítico Bruno Walter: el de la Filarmónica de Nueva York, grabado entre 1951 y 1953 y disponible hoy a buen precio, y el mucho más conocido de la Sinfónica de Columbia, que se registró entre 1959 y 1960 con notable sonido estereofónico, del que aún se pueden encontrar algunas copias en la edición presentada hace años por Sony Classical. De este último es del que voy a hablar.

Walter_Brahms

Para mí escuchar este ciclo fue un verdadero chasco. No porque sea malo, que no lo es, sino porque tanta es su fama que esperaba algo más. ¿Qué falla? Dos elementos, a mi modo de ver. Uno, la calidad de la orquesta: por mucho que la Columbia Symphony de estas grabaciones fuera un conjunto de músicos específicamente seleccionados de entre los disponibles en la costa oeste norteamericana por el octogenario Walter para volver a grabar, en el novedoso sistema estereofónico y con las mejores condiciones artísticas posibles, su repertorio “de toda vida” (Mozart, Beethoven, Mahler, etc), los resultados dejaron que desear, tal vez debido a que muchos de estos instrumentistas no estaban acostumbrados a trabajar en formaciones sinfónicas.

El otro elemento que falla es el propio Walter. Ya sabemos que su concepción de la música es con frecuencia apolínea y luminosa. Eso en sí mismo no es absoluto reprochable. Ahora bien, la música de este compositor necesita un sonido muy particular, oscuro y denso, que habitualmente se suele calificar de “brumoso”, que el director berlinés dista de conseguir. Logra, eso sí, una irreprochable transparencia, pero este Brahms no suena a Brahms. En lo expresivo, además, la batuta evidencia importantes desigualdades.

Así, de la Primera Walter ofrece una lectura muy ortodoxa y bien encaminada, pero falta de inspiración elevada y, a la postre, más bien prosaica. Muchísimo mejor la Segunda, que siendo antes extravertida y brillante que otra cosa, ofrece un adagio especialmente dramático; siendo intenso el cuarto movimiento, en los impares se echa de menos una mayor dosis de magia y poesía.

De la Tercera Walter no parece tener una idea clara, ofreciendo una lectura tan vistosa como superficial: faltan humanismo, poesía, ternura... y también carácter siniestro. De la Cuarta realiza una interpretación no menos brillante, pero de nuevo sin elevación poética; las tensiones no están del todo bien planificadas, lo que conduce a unos clímax en los que se echa de menos mayor desgarro.

Magníficas las Variaciones Haydn, en interpretación comunicativa antes que intimista o lírica; la batuta no se muestra muy refinada, pero tanto entusiasmo y naturalidad terminan convenciendo. De nuevo excelente la Obertura trágica, siempre en una línea extrovertida e -insistimos- con pocas brumas. La Académica resulta muy alegre, vistosa y adecuadamente festiva, pero parca en vuelo poético, además de algo tosca en lo sonoro y un tanto “pueblerina”. ¿Un Brahms a conocer? A mi modo de ver, y con lo que ha llovido desde entonces (Giulini, Barbirolli, Böhm, Haitink, Solti, Bernstein, Sanderling), me parece que no, lo cual, dicho así, debe de ser motivo de excomunión. Por lo menos.

sábado, 14 de marzo de 2009

La Octava de Shostakovich por Jansons

SHOSTAKOVICH: Sinfonía nº 8.
Orquesta Sinfónica de Pittsburg. Dir: Mariss Jansons.
EMI 57176
DDD
EMI-Hispavox
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En los doce minutos de ensayos incluidos en este compacto, el único que ha realizado con la orquesta de la que es titular desde 1997 -y que ha tenido que hacer un importante esfuerzo económico para que se efectuara la grabación-, Jansons ofrece tan lúcidas y entusiastas reflexiones sobre la Octava de Shostakovich que esperaba encontrarme una memorable lectura. Sin embargo, este es el disco que menos me ha gustado de los seis que he tenido la oportunidad de escucharle dirigiendo a este compositor con el que, se dice, presenta una gran afinidad.

La versión, en vivo y con toma de sonido mejorable, no está bien trazada: el pulso es irregular, no se establecen tensiones internas, y a los clímax, faltos de fuerza y rabia, se llega sin suficiente preparación. Se echa de menos una mayor claridad, y la orquesta, que cuenta con algunos solistas espléndidos, no está a la altura de las grandes que han grabado esta muy exigente página. Por lo demás, la interpretación resulta bastante descafeinada y exhibe ciertos detalles de blandura.

Con la modélica grabación de Haitink recién pasada a la baratísima serie Eloquence, este disco sólo sirve para que Jansons avance un paso más en su irregular integral.
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Artículo publicado en el número de octubre de 2002 de la revista Ritmo.

PS. Se me había olvidado colgar este artículo, el primero que realicé en Ritmo sobre el Shostakovich de Jansons. Lo hago ahora. Cuando volví a escuchar la grabación para comentar la integral me pareció que los movimientos segundo y tercero estaban bastante logrados, y que además, al contrario que otras veces, Jansons no optaba por limar las aristas tímbricas. Aun así, en conjunto la interpretación me siguió resultando bastante mediocre, por blanda y deslavazada. Sigo sin comprender por qué tantos críticos (unos muy serios y otros bastante menos) la pusieron por las nubes. Quizá se deba a que no tengo ni la más pajolera idea de lo que escucho, aunque tal vez la explicación sea otra….

viernes, 13 de marzo de 2009

Las sinfonías de Shostakovich por Jansons: un enfoque “posmoderno”

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 1-15. Suite de El tábano. Suites de jazz. Tahiti Trot.
Gogolewskaja, Aleksashkin. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Orquesta Filarmónica de Berlín. Orquesta Filarmónica de Londres, Orquesta Filarmónica de Oslo, Orquesta Filarmónica de San Petersburgo (Leningrado), Orquesta de Filadelfia, Orquesta Sinfónica de Pittsburg, Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Mariss Jansons.
EMI 3 65300 2
720’03’’
DDD
EMI-Hispavox
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Shostakovich_Jansons

Nada menos que diecisiete años y ocho orquestas distintas le han hecho falta a Mariss Jansons para completar su integral de las sinfonías del autor de La nariz. Es el suyo un Shostakovich digamos “posmoderno”, que ha superado ya los complejos y traumas de la era de la Perestroika, que es ajeno a buscar mensajes ocultos políticamente contestatarios o a subrayar angustiosas obsesiones en torno a la presencia de la Muerte, y que mira de reojo no tanto al futuro como al pasado, y más concretamente a Tchaikovsky.

Jansons realiza lecturas poco o nada cerebrales que desprenden espontaneidad, frescura e inmediatez, de sonoridad más “romántica” que “expresionista”, en las que apuesta por los grandes contrastes sonoros, insiste en primar los aspectos líricos y épicos sobre los dramáticos y permanece al margen de elucubraciones políticas y existenciales.

Obviamente semejante enfoque para un autor tan complejo y poliédrico como Shostakovich no funciona por igual en todas las partituras, y si a eso añadimos que el director letón no siempre muestra el mismo entusiasmo a la hora de volcarse en el contenido expresivo, como tampoco en cuestiones técnicas tales como la planificación horizontal o la claridad de texturas, el resultado es un ciclo profundamente desigual.

Otorgaríamos nuestro sobresaliente para una Séptima y Undécima a las que les falta la genialidad de -respectivamente- Bernstein o Rostropovich, pero expuestas con contagioso entusiasmo y apabullante brillantez, y un notable alto para unas Cuarta y Quinta sin muchas aristas ni dobleces, pero emocionantes.

Notable a secas para Primera y Novena, vistosas y con un acertado sentido del humor y la ironía, pero por momentos un tanto precipitadas y superficiales; la misma nota para una interesante Segunda que pierde por un final algo domesticado, y para una Decimotercera dicha con entusiasmo por batuta y solista pero poco opresiva y más externa que sincera.

Un Bien para la Sexta y Decimoquinta, a las que les falta una idea expresiva clara detrás. Y un aprobado sin más para unas rutinarias y en exceso descafeinadas Tercera, Duodécima y Decimocuarta, y para una deslavazada Octava en la que se alternan pasajes logrados con otros flácidos y sollozantes.

Como estos diez compactos se venden al precio de dos la compra puede merecer la pena, pero que conste que si usted lo que busca es una integral por muy poco dinero ahí está la muy notable de Barshai, menos irregular que ésta y de precio aún más barato.

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Artículo publicado en el número de diciembre de 2006 de la revista Ritmo.

PS. Cuando escribí esta crítica la caja se vendía a un precio irrisorio. A estas alturas la oferta ha terminado, así que la cosa está clara: sólo para fans de Jansons, que tenerlos los tiene.

jueves, 12 de marzo de 2009

Sinfonías 3 y 14 de Shostakovich por Jansons: aburrimiento

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 3 y 14.
Gogolewskaja, Aleksashkin. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Dir: Mariss Jansons.
EMI 3 58830 2
79’22’’
DDD
EMI-Hispavox
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Shostakovich_14_Jansons

Habiendo reservado unas cuantas horas para volver a escuchar otras diversas interpretaciones, la comparación no deja lugar a dudas: estas lecturas con las que Mariss Jansons cierra (¡después de dieciocho años!) su integral Shostakovich quedan bastante lejos del ácido expresionismo de Rozhdestvensky, de la solidez y densidad dramática de un Haitink e incluso de la idiomática solvencia de un Barshai, por no hablar del profundo humanismo de un Rostropovich, quizá el más lúcido recreador de estas dos sinfonías tan diferentes entre sí.

Con el letón todo suena en su sitio, pero su batuta, amén de parca en el sentido del color y de los matices expresivos, tiende a suavizar aristas y a relajar las tensiones sonoras en un vano intento de resultar lírico y emotivo. O quizá sea simple desinterés por su parte, pero en cualquier caso se trata de lecturas tan correctas como aburridas con las que no aporta nada en absoluto. Tampoco lo hacen los solistas de la Decimocuarta, un solvente bajo -más por voz que por penetración dramática- y una discreta soprano mucho menos convincentes que, por ejemplo, la pareja Matilla-Quasthoff de la magnífica versión de Rattle publicada hace muy poco por la propia EMI (enlace).
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Artículo publicado en el número de noviembre de 2006 de la revista Ritmo.

lunes, 9 de marzo de 2009

Jansons aburguesa la revolución de 1917

SHOSTAKOVICH: Sinfonía nº 2 “A Octubre” y Sinfonía nº 12 “El año 1917”. Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Dir: Mariss Jansons.
CD EMI 3 35994 2 0
58’19’’
DDD
EMI-Hispavox
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Vengo leyendo en esta revista opiniones sorprendentemente negativas sobre la música de Shostakovich vertidas por algunos de mis más admirados colegas. Pues bien, no estoy en absoluto de acuerdo con ellos, pero tampoco voy a negar la muy escasa calidad de páginas como sus dos sinfonías dedicadas a la revolución de Octubre de 1917, esto es, las Segunda y Decimosegunda de su catálogo. Separadas entre sí por treinta y cuatro años, la primera de ellas consigue aburrir a pesar de su brevedad y de sus interesantes propuestas formales, mientras que la más reciente, ruidosa y deslavazada, no puede ser calificada sino como bodrio monumental.

En todo caso no es mala idea unir las dos en este disco, penúltimo capítulo (ya sólo quedan Tercera y Décimocuarta) en la integral grabada por ese singular y desconcertante músico que es Mariss Jansons, quien da aquí buena cuenta de su manifiesta irregularidad: junto a una Segunda hermosa y sincera que podría ser considerada como una referencia si no fuera porque el coro final le suena más “burgués” que “proletario”, nos tropezamos una Decimosegunda blanda y descafeinada cuya audición resulta verdaderamente interminable. La toma sonora no ayuda en esta ocasión.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2006 de la revista Ritmo.

PS. Shostakovich sigue siendo uno de mis compositores favoritos, pero no me duele reconocer que estas dos sinfonías son un coñazo. El irregular ciclo del no menos irregular Jansons, obviamente, ya está terminado. Más adelante subiré la breve crítica que hice del mismo en su conjunto.

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