viernes, 13 de marzo de 2009

Las sinfonías de Shostakovich por Jansons: un enfoque “posmoderno”

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 1-15. Suite de El tábano. Suites de jazz. Tahiti Trot.
Gogolewskaja, Aleksashkin. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Orquesta Filarmónica de Berlín. Orquesta Filarmónica de Londres, Orquesta Filarmónica de Oslo, Orquesta Filarmónica de San Petersburgo (Leningrado), Orquesta de Filadelfia, Orquesta Sinfónica de Pittsburg, Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Mariss Jansons.
EMI 3 65300 2
720’03’’
DDD
EMI-Hispavox
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Shostakovich_Jansons

Nada menos que diecisiete años y ocho orquestas distintas le han hecho falta a Mariss Jansons para completar su integral de las sinfonías del autor de La nariz. Es el suyo un Shostakovich digamos “posmoderno”, que ha superado ya los complejos y traumas de la era de la Perestroika, que es ajeno a buscar mensajes ocultos políticamente contestatarios o a subrayar angustiosas obsesiones en torno a la presencia de la Muerte, y que mira de reojo no tanto al futuro como al pasado, y más concretamente a Tchaikovsky.

Jansons realiza lecturas poco o nada cerebrales que desprenden espontaneidad, frescura e inmediatez, de sonoridad más “romántica” que “expresionista”, en las que apuesta por los grandes contrastes sonoros, insiste en primar los aspectos líricos y épicos sobre los dramáticos y permanece al margen de elucubraciones políticas y existenciales.

Obviamente semejante enfoque para un autor tan complejo y poliédrico como Shostakovich no funciona por igual en todas las partituras, y si a eso añadimos que el director letón no siempre muestra el mismo entusiasmo a la hora de volcarse en el contenido expresivo, como tampoco en cuestiones técnicas tales como la planificación horizontal o la claridad de texturas, el resultado es un ciclo profundamente desigual.

Otorgaríamos nuestro sobresaliente para una Séptima y Undécima a las que les falta la genialidad de -respectivamente- Bernstein o Rostropovich, pero expuestas con contagioso entusiasmo y apabullante brillantez, y un notable alto para unas Cuarta y Quinta sin muchas aristas ni dobleces, pero emocionantes.

Notable a secas para Primera y Novena, vistosas y con un acertado sentido del humor y la ironía, pero por momentos un tanto precipitadas y superficiales; la misma nota para una interesante Segunda que pierde por un final algo domesticado, y para una Decimotercera dicha con entusiasmo por batuta y solista pero poco opresiva y más externa que sincera.

Un Bien para la Sexta y Decimoquinta, a las que les falta una idea expresiva clara detrás. Y un aprobado sin más para unas rutinarias y en exceso descafeinadas Tercera, Duodécima y Decimocuarta, y para una deslavazada Octava en la que se alternan pasajes logrados con otros flácidos y sollozantes.

Como estos diez compactos se venden al precio de dos la compra puede merecer la pena, pero que conste que si usted lo que busca es una integral por muy poco dinero ahí está la muy notable de Barshai, menos irregular que ésta y de precio aún más barato.

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Artículo publicado en el número de diciembre de 2006 de la revista Ritmo.

PS. Cuando escribí esta crítica la caja se vendía a un precio irrisorio. A estas alturas la oferta ha terminado, así que la cosa está clara: sólo para fans de Jansons, que tenerlos los tiene.

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