sábado, 29 de octubre de 2011

El concierto de Heras-Casado con la Filarmónica de Berlín

Visionado por segunda vez el debut de Pablo Heras-Casado al frente de la Berliner Philharmoniker (enlace), confirmo dos cosas. Una, que este señor tiene un talento que le chorrea por las orejas. Dos, que es el tipo de director que a mí me gusta, esto es, un maestro personal, arriesgado, con cosas que decir, e interesado mucho ante por el drama, la tensión sonora y el planteamiento de conflictos que por seducir al personal con sonoridades más o menos melifluas, más o menos grandilocuentes.

Casado-DCH

Su Mendelssohn, en este sentido, está muy lejos de la cursilería blanda, superficial y amanerada con que hoy nos obsequian no solo directores de la calaña de Thomas Fey, sino también gente tan seria y talentosa como un Riccardo Chailly: a mi modo de ver la Tercera de Heras-Casado está muy por encima de la que grabó hace poco el italiano en Leipzig. Le falta al granadino, eso sí, un último punto de emotividad y lirismo en el primer movimiento, sobrándole quizá algo de brutalidad en el segundo, pero da gusto escuchar los dos últimos planteados de esta manera amarga, dramática, punzante y hasta rebelde. De hecho, por seguir con las comparaciones, tanto esta Escocesa como su no tan interesante pero en cualquier caso muy notable interpretación de Las Hébridas me parecen más convincentes que la de un antiguo titular de la Filarmónica de Berlín, un tal Karajan, quien haciendo gala de una magia sonora a la que ni Heras-Casado ni la mayoría de sus colegas de hoy pueden acceder, se dejó llevar por un narcisismo sonoro y una insinceridad a las que el maestro andaluz permanece venturosamente ajeno.

Magnífica su recreación de la Cuarta Sinfonía de Karol Szymanowski, admirable página de carácter concertante que debería estar mucho más presente en los atriles de las orquestas. El enfoque de Heras-Casado es muy diferente del que ofreció el actual titular de la formación berlinesa al frente de la Sinfónica de Birmingham (EMI, 1996), pues sustituye la sensualidad por el drama, y el hedonismo en las texturas por timbres incisivos y escarpados, ofreciendo así una visión más bien amarga de una partitura que para Rattle parecía más bien jubilosa. A la excelencia de los resultados no se muestra ajeno Marc-André Hamelin, pletórico de virtuosismo y en perfecta sintonía con el planteamiento del director. De propina, el pianista canadiense ofrece una breve mazurca del propio Szymanowski.

Lo que más me ha vuelto a impresionar ha sido lo que ha hecho el de Granada con las Quatre dédicaces de Luciano Berio, una página que, según leo en la red, no es sino el título dado por Pierre Boulez en 2007 a un grupo de piezas independientes escritas entre 1978 y 1988. Músicas densas, herméticas, sin concesiones, que son recreadas con un enorme sentido de la tensión sonora sin caer en el distanciamiento expresivo ni en la mera intelectualidad. Que el formidable nivel de la orquesta berlinesa sea en gran medida responsable del éxito no impide que aplaudamos a Pablo Heras-Casado con el mismo entusiasmo que, como dijimos en su momento (enlace), lo hizo el público de la Philharmonie el pasado 22 de octubre.

jueves, 27 de octubre de 2011

Nueva política para las orquestas

Escribía esta mañana Paloma O’Shea una carta en varios medios de comunicación (enlace) advirtiendo contra las nefastas consecuencias que puede tener para nuestra vida cultural la aplicación de recortes particularmente duros contra nuestras formaciones sinfónicas, haciendo hincapié en la delicadísima situación que vive la Orquesta de Extremadura debido a las insidias del nuevo gobierno autonómico del Partido Popular. Pues que se quede tranquila: aquí le presentamos un vídeo que aporta una nueva política para nuestras orquestas. Una política, por cierto, en la línea de los que opinan que hay que acabar con la financiación pública de la cultura (ya se sabe, esa dependencia del Estado que tanto les gusta a los que van de progres) e integrar a esta plenamente en el libre mercado de la oferta y la demanda. Ya sabemos que con la taquilla no se puede autofinanciar un concierto con música de Bruckner o Bartók, claro que no, pero miren ustedes: ¡cientos y cientos de holandeses pagando gustosamente su entrada y abarrotando el recinto para disfrutar de estos alegres sones sinfónicos! Además, una cosa así sería ideal para recuperar los auténticos valores de la España Eterna ahora que por fin, después de las elecciones del 20-N, se va a alejar la amenaza separatista que –cómo no- es culpa del inútil de Zapatero.

Barenboim contagia a Boulez en Liszt

Ya sé que me prometí a mí mismo no perder el tiempo en escribir sobre discos en estos meses en que estoy tan atareado, pero no puedo resistir la tentación, porque estamos ante uno de los lanzamientos más esperados por muchos melómanos: tercera colaboración discográfica entre Daniel Barenboim y Pierre Boulez tras las dos interpretaciones -extraordinarias- del Primero de Bartók grabadas respectivamente en 1967 y 2008, y cuarenta y cuatro años de amistad y admiración mutua. En los atriles, los dos conciertos para piano de Franz Liszt, que el argentino rodó en concierto durante los meses anteriores a este registro en público, realizado en junio de este mismo año en la Philharmonie de Essen dentro del Festival de Piano del Ruhr.


Ya se imaginarán ustedes lo que voy a decir de Barenboim: está magnífico. Los que nunca han visto con buenos ojos al artista dirán también lo esperable, que no está de dedos como para garantizar una ejecución clarísima, agilísima e infalible de las partituras. Y es verdad. Si estos señores fueran coherentes consigo mismos, se aprestarían a lanzar sus puyas contra el mejor director del siglo, que era precisamente un experto en desajustes y confusiones varios. Pero claro, nadie se atreve a descalificar a Fürtwangler -a él me refería, claro-, como tampoco a la Maria Callas de finales de los cincuenta a pesar de sus considerables desigualdades vocales. Nadie se atreve ni debe, porque queda en evidencia que las cuestiones técnicas importan poco cuando se derrocha semejante cantidad de arte. Por eso mismo cuando leo titulares como el de "Barenboim, el pianista que fue" (la ocurrencia es, cómo no, de Gonzalo Alonso) no puedo menos que sonrojarme.

Volviendo al Liszt de Barenboim, a este disco editado por Deutsche Grammophon le puedo aplicar lo mismo que escribí hace meses en referencia a su interpretación de estas mismas obras en Valencia (enlace):

"El artista tocó los dos conciertos con enorme esfuerzo físico, lo que creo que no le sienta mal a estas partituras. El concepto de 'lucha' del intérprete contra la materia es, como el propio Barenboim ha señalado en sus escritos, una parte indispensable de la interpretación en un Beethoven, y me parece que la misma idea se puede aplicar a Liszt. Otra cosa, claro está, es que hubiera una importante cantidad de imprecisiones, roces y notas falsas. ¿Importó? Muy poco, porque la manera en que el artista buceó en las múltiples facetas expresivas de las partituras fue portentosa. No solo atendió, como en él era de esperar, a los tintes oscuros, turbulentos y hasta macabros de la escritura lisztiana, sino que además hubo mucho de sensualidad, de vuelo lírico y de emotividad, como también de carácter épico y triunfal, aunque esto último sin la menor retórica. Y todo ello jugando muy peligrosamente con el delicado equilibrio entre mente y corazón, arriesgándose a cometer tropiezos con tal de conseguir los fines expresivos necesarios; lo importante no es la perfección formal, sino el concepto, por lo que no cabe una sola frase musical que no tenga un 'significado' más allá de la brillantez sonora. El resultado, con todos los reparos de ejecución que se quieran poner, fue absolutamente genial. Quizá Arrau, en su increíble grabación con Sir Colin Davis, haya llegado aún más lejos en lo que a poesía se refiere, pero no en riqueza de concepto, densidad filosófica e incandescencia emocional."

Como lo de Essen es más o menos lo mismo que lo de Valencia (con menos problemas en la ejecución, no sé si porque se han podido repetir algunos pasajes "en estudio", esto es, sin público), la interpretación de Barenboim no me ha sorprendido. Lo que me ha dejado de piedra es lo de Boulez. Pensé que el maestro francés iba a limitarse a acompañar haciendo gala de su proverbial sentido de la arquitectura y de la pasmosa claridad que le ha hecho famoso. Pues no: a sus ochenta y seis añitos, el compositor de El martillo sin dueño se implica en lo expresivo hasta los huesos para, quizá contagiado por su amigo, ofrecer recreaciones muy tensas y escarpadas, en las que el fuego y la garra jamás dan pie al descontrol y donde la amplitud majestuosa que podemos encontrar en otras recreaciones se ve reemplazada por una buena dosis de tensión dramática y rebeldía. La Staatskapelle de Berlín funciona en general bastante bien, sin llegar a lo excepcional, sobresaliendo un chelista que en el Concierto nº 2 está para quitarse el sombrero.

De propina, una recreación particularmente lenta, intimista y emotiva de la Consolación nº 3 y un Valse oubliée en el que se subrayan los aspectos más oníricos de la página. ¿Conclusión? En una línea "clásica", lo de Arrau con Colin Davis (Philips, 1979) sigue siendo inalcanzable. Desde una óptica menos lírica y más claramente dramática, Barenboim y Boulez se ponen por encima de notabilísimas recreaciones como las de Richter con Kondrashin (Philips, 1960) o Biret con Tabakov (Naxos, 2004). Hay que tenerlo en estantería, pues. Y ahora, a esperar el DVD.

PS. Otro comentario en el blog de Ángel Carrascosa (enlace).

miércoles, 26 de octubre de 2011

Tosca, memoria histórica, Giancarlo y el facherío

El inminente triunfo en las elecciones generales españolas del líder conservador Mariano Rajoy tiene al facherío (que no es todo el PP, ni mucho menos, pero se integra por completo en él) totalmente despendolado: más gritón, manipulador, desvergonzado y filofascista que nunca. También en el terreno cultural, claro. Fíjense en lo que han montado alrededor de la película de Benito Zambrano La voz dormida (enlace), y no digamos ante el hecho de que Pa negre represente al cine español en la carrera a los oscars: que si ya está bien de Guerra Civil y de represión franquista, que si la izquierda está despertando rencores ocultos, que si "tan malos" fueron los unos como los otros, que si "los rojos" fueron los verdaderos causantes del conflicto, etc. Como si la misma validez tuvieran los estudios realizados por historiadores serios que la basura escrita por gentuza como Pío Moa, Federico Jiménez Losantos o César Vidal, cuyas últimas publicaciones, dicho sea de paso, han sido convertidas en éxitos editoriales por no se sabe muy bien qué tipo de grandes capitales ocultos.


Pues bueno, ahora se le ocurre a Giancarlo del Monaco dirigir una nueva Tosca ("autoencargada" por sí mismo en su calidad de director del Festival de Ópera de Tenerife, y coproducida con el Calderón de Valladolid, el Villamarta de Jerez, el Baluarte de Pamplona y la Ópera de Lausana). Va a ser una Tosca "ambientada en la Roma ocupada por los alemanes de 1943 que promete 'impactar' al público por su fuerza 'brutal' y porque simboliza 'un grito de libertad en contra de la dictadura'" (enlace, el subrayado es mío). No sé lo que terminará haciendo el muy irregular regista veneciano, capaz de pasar de lo extraodinario a lo mediocre con suma facilidad, pero de lo que estoy seguro es de que la carcundia que conforma su grupo de incondicionales no solo no pondrá esta vez el grito en el cielo, como sería coherente con su verdadera línea de pensamiento, sino que les parecerá estupendo. Claro, si ellos siempre han sido liberales, ustedes ya me entienden. ¿Qué hubiera pasado si a un director de escena afín al PSOE se le hubiera ocurrido ambientar el genial títuo de Puccini en la Guerra Civil Española? No quiero ni imaginarlo.

martes, 25 de octubre de 2011

La Misa para doble coro de Frank Martin (y más cosas)

MARTIN. Misa para doble coro. KODÁLY: Missa brevis para coro mixto y órgano. POULENC: Catorce litanías a la Virgen Negra para coro femenino y órgano.
Max Hanft, órgano. Coro de la Radio Bávara. Dir: Peter Dijkstra.
BR Klassik 403571900500
SACD 67’ 05’’
DDD
Ferysa
**** R
S

Peter Dijkstra Martin Kodaly Poulenc

No podía ser mejor el debut en solitario del Coro de la Radio Bávara y su director Peter Dijkstra en el sello de la propia Radio Bávara: interpretaciones formidables, toma sonora sensacional y repertorio infrecuente pero interesantísimo. Las breves Litanies à la Vierge Noire de 1936, que se ofrecen aquí en su versión original con acompañamiento organístico, suponen uno de los primeros ejemplos del Poulenc religioso, el que se deriva de su arranque místico tras la visita al santuario de Nuestra Señora de Rocamador el año anterior; en su hermosísima interpretación Dijkstra demuestra un pleno conocimiento del estilo alcanzando el punto justo de equilibrio entre lo espiritual, lo sensual y lo inquietante.

Al mismo tiempo, el maestro sabe ofrecer músculo y energía en la Missa brevis de Kodály, cuya dramática expresividad de ambiente digamos “bélico” -la obra se estrenó en Budapest en 1945- es bien recogida por unos sobreagudos al borde del grito. En cualquier caso lo más interesante es la Misa para dos coros a cuatro voces de Frank Martin, obra sugestiva y estilísticamente intemporal escrita entre 1922 y 1924, que recibe aquí una interpretación que sabe ser contemplativa sin caer en el falso misticismo, ofreciendo al mismo tiempo nervio y garra dramática; su Agnus Dei es ya motivo suficiente para comprar el disco.

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Artículo publicado en el número de octubre de 2011 de la revista Ritmo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Decepcionante Omer

La primera aparición de Omer Meir Wellber (Israel,1981) ya como titular de la Orquesta de la Comunidad Valenciana ha sido el concierto gratuito ofrecido el sábado 15 de octubre en el Auditori de Les Arts con motivo de la jornada de puertas abiertas que comenté en la entrada anterior (enlace). El programa, precioso, giraba entorno a la danza: suite de Petrushka (no el ballet completo) en la primera parte y páginas populares de Smetana, Dvorák, Falla y Tchaikovsky en la segunda. El público se lo pasó bien, y en semejante contexto -aficionar al personal- eso es lo que importa, pero a mi modo de ver los resultados artísticos fueron desiguales y, en conjunto, decepcionantes.

Mediocre sin paliativos la recreación del título de Stravinsky: sosa, flácida, apagada (lamentable la danza de los cocheros), parca en colorido y por completo ajena a la mezcla de vitalidad e ironía que caracterizan a la genial página. Y además no muy bien tocada. Por descontado que los solistas de la orquesta (increíbles la flauta y la tuba, por citar solo dos entre muchos) demostraron su enorme calidad en sus intervenciones individuales, pero la sonoridad global de la orquesta estuvo por debajo de la media que suele exhibir, incluyendo inseguridades y desajustes varios. No hace falta ser un lince para ver que el problema no está tanto en los músicos como en la batuta. Señalemos al menos dos buenos apuntes por su parte: la muy bien captada tristeza de Petrushka en su habitación y la amenazadora aparición del oso. Lo demás, a olvidar. La interpretación de la semana anterior en Madrid a cargo de la ONE y Josep Pons me pareció más satisfactoria (enlace), pese a que en un principio pensé que iba a ser al revés.

Mejoró el nivel en la segunda parte. Estuvieron bien las Danzas húngaras nº 1 y 5 de Brahms, fraseadas con delectación, beneficiadas de un sonido (¡ahora sí!) bellísimo y empastado a más no poder de la cuerda, y por completa ajenas a los amaneramientos con que son tratadas por otras batutas. En parecida línea serena y cantable anduvieron las Danzas eslavas nº 1 y 8 de Dvorák, en las que no obstante se echaron de menos nervio, brío y brillantez. Tan correcta como irrelevante la Danza del fuego falliana desde el punto de vista de la batuta, aunque aquí metales y maderas lucieron su enorme categoría.

La suite de El Cascanueces que ofreció Lorin Maazel en 2009 al frente de la misma orquesta no solo no me interesó gran cosa, sino que por momentos me irritó (enlace). La de Omer Wellber me ha convencido algo más, porque el maestro israelí se mantiene, para lo bueno y para lo malo, ajeno a los "excesos creativos" de su antecesor, pero a la postre su interpretación no pasó de la más correcta, sensata y un tanto rutinaria artesanía, excepción hecha de una Danza árabe enriquecida por las portentosas aportaciones de las maderas y de un Vals de las flores recreada con singular elegancia.

La propina, un preludio de Carmen recreado sin el menor "chimpún", demostró que Wellber no está dispuesto a triunfar por la vía rápida del efectismo. Pero ahí quedó la cosa. De momento, y a la espera de escucharle en Boris, da la impresión de ser una batuta no muy allá en lo técnico y sin mucho que decir en lo expresivo. ¿Quién le habrá vendido este hombre a Helga Schmidt?

sábado, 22 de octubre de 2011

Heras-Casado, aclamado en Berlín

Pequeña nota de urgencia. Acaba de terminar la retransmisión, a través de la Digital Concert Hall, del último de los tres conciertos con que Pablo Heras-Casado ha debutado al frente de la Filarmónica de Berlín. Pues bien, tal ha sido su éxito en la Philharmonie que el público no ha dejado de aplaudir cuando la orquesta ha abandonado el escenario, así lo que el maestro granadino ha tenido que volver a comparecer en la sala para recibir aplausos en solitario.

En cuando al programa, adelanto que me ha gustado su Mendelssohn (Hébridas y Escocesa), pero lo que me ha parecido genial es lo que ha hecho con Berio (Quatre dédicaces) y con Szymanowski (Cuarta sinfonía). Cuando pueda volver a ver el concierto dentro de unos días (la DCH tarda un tiempo en colgar sus filmaciones en el archivo) intentaré hacer un comentario más detallado. De momento, enhorabuena.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...