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sábado, 19 de agosto de 2017

La Tosca de Colin Davis recupera la cuadrafonía

La primera grabación que tuve de ese título absolutamente genial que es Tosca de Puccini fue esta que grabaron Montserrat Caballé, José Carreras, Ingar Vixel y Sir Colin Davis, este último frente a sus conjuntos del Covent Garden, en julio de 1976 para Philips. Después de muchos años he vuelto a ella, esta vez en la espléndida edición en SACD de Pentatone que ha recuperado la cuadrafonía original dando nuevo lustre a una toma sonora que ya era extraordinaria. Y he vuelto a quedar maravillado.


Principal responsable de la enorme calidad de esta lectura es Sir Colin Davis, quien no solo ofrece una dirección que contiene toda esa elegancia, esa naturalidad en el fraseo y esa depuración sonora que le caracterizan, sino que también –todo lo dicho sería insuficiente en un título como este– inyecta unas dosis muy considerables de convicción, de carácter narrativo y de fuerza teatral, incluyendo una amplia paleta expresiva donde no hay cabida para narcisismos y para efectos de cara a la galería, pero sí para la sensualidad, la acción trepidante, el éxtasis amoroso, el sentido del humor, el desgarro dramático y la grandeza opresiva y mefistofélica: ¡qué increíble Te Deum! El amanecer en el acto tercero, recreado con una lentitud, una concentración y una magia poética prodigiosas, es otro de los momentos más inspirados de su lectura, aunque si algo hay que destacar es la manera en que paladea, con una voluptuosidad y un sentido melódico inigualables, las grandes arias de los protagonistas y, más aún, el dúo final. El dominio de la agógica en “O dolci mani” es de oírlo para creerlo. En lo que a vuelo lírico se refiere ningún otro director ha llegado tan lejos. Y globalmente, con permiso de la garra de un Mehta y de la riqueza tímbrica de un Sinopoli, probablemente tampoco.

Algo parecido se puede decir de José Carreras, para mi gusto el mejor Cavaradossi que he escuchado. A pocos meses de cumplir treinta años, la voz del tenor catalán ofrece una lozanía envidiable y apenas evidencia los problemas de emisión que sufrirá posteriormente en su carrera. La belleza tímbrica es abrumadora y la línea de canto ofrece valentía, musicalidad y luminosidad mediterránea a raudales. En la Floria Tosca de Montserrat Caballé se pueden echar de menos la teatralidad de la Verret, la carnalidad italiana de la Freni, la complejidad psicológica de la Malfitano y, por descontado, la identificación absoluta de María Callas son el personaje. Y se le puede reprochar una dicción manifiestamente mejorable. Pero su canto es bellísimo –memorable Vissi d'arte–, su proverbial dominio de los reguladores está utilizado con sensibilidad extraordinaria y en el decisivo enfrentamiento con Scarpia no faltan arrojo y sinceridad. Al pérfido barón lo encarna un Ingvar Wixell que canta bien y, sin ser del todo sutil, se encuentra venturosamente alejado de la truculencia de otros reputados intérpretes de su parte. Samuel Ramey compone un Angelotti referencial, Piero di Palma hace un excelente Spoletta y Ann Murray es un verdadero lujo para el pastorcillo. Solo desentona un poco el sacristán de Domenico Trimarchi, en exceso bufo.

La audición en SACD otorga la naturalidad y el relieve que son propios del formato. En cuanto a la cuadrafonía, no está pensada para ofrecer espectáculo sino para dar relieve y espacialidad a la toma, si bien es cierto que los ingenieros se toman la libertad, a mi entender muy bienvenida, de colocar en los canales traseros efectos off stage como la cantata de Tosca en el segundo acto, los redobles al final de este mismo o las campanas en el amanecer. Con respecto al CD se echan de menos el cañonazo que avisa de la huida de Angelotti y la pólvora del fusilamiento, si bien Pentatone ha corregido el tremendo error de Philips a la hora de dividir el segundo acto por la mitad: tras el Te Deum se cierra el disco primero y el resto de la obra va en el segundo. Creo que no hace falta insistir en la recomendación. O quizá sí, porque en la guía Los mejores disco de ópera escrita por Fernando Fraga y Enrique Pérez Adrián esta Tosca no solo no aparece entre las diez grabaciones más recomendables, sino que solo se la cita de pasada para hablar de su presunta irregularidad. Qué cosas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La Rondine en DVD con Alagna y Gheorghiu

PUCCINI: La Rondine.
Gheorghiu, Alagna, Oropesa, Brenciu, Ramey.
Coro y Orquesta de la Metropolitan Opera de Nueva York. Dir. Marco Armiliato.
EMI 6 31618 9
DVD 114’
DDD
EMI Music Spain
***
E
S

En 1996 Roberto Alagna y Angela Gheorghiu nos ofrecieron, junto a la excepcional batuta pucciniana de Antonio Pappano, una magnífica recreación de esa ópera menor pero llena de belleza que es La Rondine. El DVD que ahora comentamos, impecablemente filmado en Nueva York por Brian Large el 10 de enero de 2009, es un triste testimonio del declive artístico de la pareja. Él se ve lastrado por una emisión abierta, por un timbre cuya antigua belleza se ve enturbiada por sonoridades ingratas y por una escasa capacidad para matizar, aunque al menos canta con entusiasmo y la adecuada italianidad. Ella se muestra algo insegura en lo vocal -al menos en el primer acto- y destroza el personaje con una actuación escénica de insoportable divismo. El tenor Marius Brenciu y la soprano Lisette Oropesa funcionan bastante mejor como la pareja cómica, aunque William Matteuzzi e Inva Mula -en la grabación en audio- eran muy preferibles. Testimonial la presencia de un arruinado Samuel Ramey en el rol de Rambaldo.

La batuta de Marco Armiliato se muestra irregular: cumplidora en el primer acto, tan vistosa como tosca en el segundo y muy notable en el tercero. La ortodoxa dirección escénica de Nicolas Jöel y la belleza de la escenografía -de corte modernista- de Ezio Frigerio completan un espectáculo muy del gusto del Met.

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Artículo publicado en el número de febrero de 2011 de la revista Ritmo.

miércoles, 27 de enero de 2010

La Lucia de la Caballé y Carreras

Donizetti: Lucia di Lammermoor.
Caballé, Carreras, Sardinero, Ramey.
New Philharmonia Orchestra. Jesús López Cobos, director.
Philips/Decca.
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Esta grabación de Lucia di Lammermoor realizada en 1976 es famosa por respetar la escritura original. Es decir, no ya por abrir los numerosos cortes que se solían practicar en escena, sino por la eliminación de sobreagudos y ornamentaciones espurias; lo más llamativo del resultado, una inusual escena de la locura.

Los fabulosos conjuntos orquestales y corales londinenses son dirigidos por un López Cobos intenso y dramático, incluso en exceso contundente, lo que no deja de sorprender en quien ha convertido ahora la flacidez y la cursilería en marca de la casa.

Lástima que Caballé no se encuentre cómoda ni en la tesitura ni en la personalidad de la atormentada protagonista, pues el Carreras de los buenos tiempos hace un convincente Edgardo, lírico y muy musical, y el Raimondo de Ramey satisface las más elevadas expectativas. Sardinero, por su parte, no pasa de lo discreto como Enrico.

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Texto extraído de un artículo publicado en el número de diciembre de 2003 de la revista Ritmo sobre el primer lanzamiento de la serie "The Compact Opera Collection", editada por Decca.

PS. Esta grabación ha dado y seguirá dando mucho que hablar. Para el interesado que no sepa de qué va el asunto, tiene buena información en el blog de de Maac (enlace).

miércoles, 13 de enero de 2010

Nabucco con Pons, Guleghina y Levine en DVD

VERDI: Nabucco.
Pons, Hughes Jones, Ramey, Guleghina, White, Morscheck.
Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. Dir: James Levine.
Deutsche Grammophon, 00440 073 0779
DVD. 142’
DDD
Universal
***

image

Esta función neoyorquina de abril de 2001 transcurre bajo los previsibles parámetros marcados tanto por la convencional labor escénica del siempre correcto Elijah Moshinsky como por la batuta sin duda vistosa y teatral, pero también prosaica, efectista y vulgar de James Levine.

La velada se disfruta gracias fundamentalmente a la labor de un Juan Pons quizá no muy autoritario cuando las circunstancias lo requieren, pero sí cálido, emotivo y sincero. Todo lo contrario que Maria Guleghina, quien sale airosa -sobreagudos aparte- del temible rol de Fenena no precisamente por su capacidad para la introspección psicológica, sino por una exhibición de temperamento, ferocidad y poderío vocal de ese que despierta el frenesí entre tantos aficionados.

Samuel Ramey evidencia las limitaciones de la edad pero a ratos es capaz de hacer grandes cosas como Zaccaria, mientras que Wendi White es una digna Fenena y Gwyn Hughes Jones un Ismaele más bien discreto. El coro está mejor que en otras ocasiones.
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Artículo publicado en el número de julio-agosto de 2005 de la revista Ritmo.

PS. Guleghina tiene otros dos registros de Nabucco en DVD, en ambos junto a Leo Nucci: el que grabó en la Ópera de Viena en 2001 dirigiendo Fabio Luisi (TDK, recién reeditado por Arthaus), que espero comentar pronto en este blog, y el de la Arena de Verona de 2007 bajo la batuta de Daniel Oren (Decca).

sábado, 28 de marzo de 2009

Una maravillosa horterada: Kismet con Gemiagni, Ramey & Co.

Aunque me gusta bastante el género (más que la zarzuela, sin ir más lejos), no soy precisamente un experto en musicales. Tanto es así que no conocía Kismet, una horterada pergeñada por unos tales Robert Wright y George Forrest sobre temas del mismísimo Alexander Borodin -las Danzas Polovsianas en primer plano, claro está- sobre un delirante argumento ambientado en la Bagdad del siglo XI (“A Musical Arabian Night”) que debió de dar pie en Broadway a un tan lujoso como cateto despliegue de escenografía, vestuario y chicas voluptuosas. Arrasó en los Tonys de 1953 y fue pronto llevada al celuloide (con Howard Keel y la dirección de Vincente Minelli: tampoco he visto la película).

Kismet_Gemignani

Pues bien, hete aquí que he podido escuchar (¡gracias, Amazon, por vender barato discos de segunda mano!) la grabación realizada por Sony Classical en 1990 y me lo he pasado realmente en grande. La idea, vuelvo a repetirlo, es una horterada monumental, pero está realizada de manera tan brillante que el resultado termina enganchando; la belleza melódica de Borodin tiene mucho que ver con ello. Y la interpretación contenida en este disco es sencillamente un prodigio.

Elemento fundamental, sin duda, la batuta de Paul Gemignani, quien al frente de una prodigiosa Sinfónica de Londres hace gala de una brillantez, un colorido, una chispa y un swing realmente excepcionales. Los Ambrosian Singers (si no fueron el mejor coro del mundo, poco les faltó) estuvieron maravillosos. Y los cantantes realizaron todos ellos una excepcional labor in que se notase que sus voces fueron grabadas en Nueva York sobre un registro previo de las partes orquestales.

Un Samuel Ramey ya algo mayor pero artistazo como él solo delineó al mendigo-poeta protagonista con una línea vocal envidiable pero sin sonar a cantante de ópera metido en camisa de once varas. Julia Migenes destiló con picardía y sensualidad toda el erotismo de su personaje. El malogrado Jerry Hadley y una deliciosa Ruth Ann Swenson, por entonces los dos aún bien de voz, compusieron a la parejita de enamorados evitando totalmente la cursilería. El actor Dom DeLuise (sí, el que hacía pareja con Burt Reynolds) es un villano gracioso pero afortunadamente no bufonesco. Y Mandy Patinkin tiene una breve pero divertidísima aparición casi al final de la partitura. Una impresionante toma sonora redondea un disco de esos para dejarse de prejuicios y pasárselo en grande.

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En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...