Para acceder ayer jueves 11 de octubre al Teatro Monumental tuvimos que soportar un chequeo de objetos metálicos en el hall y poco después ser obligados a abandonar dicho espacio por un simpático encargado de seguridad bajo la amenaza de dejarnos fuera del concierto. El motivo, la asistencia de la Reina a la entrega del XXIX Premio reina Sofía de Composición Musical. No sé si fue por lo fastidioso de dichas medidas o por el progresivo desafecto de la sociedad española hacia la monarquía, pero lo cierto es que quienes estábamos en la sala esperando el inicio del concierto recibimos a Su Majestad con una manifiesta frialdad: pocos fueron los que aplaudieron o se levantaron de sus asientos.
La obra en cuestión era Mandalas, del coreano Hong-Jun Seo (1978), página de marcado carácter expresionista y evidente extroversión decibélica dentro de un lenguaje digamos que "moderno ma non troppo". En cualquier caso la opción estética adoptada es lo de menos: a mi entender, se trata de bodrio monumental en la que cuatro o cinco fórmulas más vistas que el tebeo se alargan de manera artificial hasta alcanzar los quince minutos de rigor para desesperación del oyente. La interpretación a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Radio Televisión Española y su nuevo titular, Carlos Kalmar, me pareció irreprochable.
Relativa decepción el Concierto para Violín nº 1 de Shostakovich, tanto por parte de la batuta como por la del solista. El maestro uruguayo hizo sonar francamente bien a la formación madrileña, pero -ya desde el arranque de la página- mostró su falta de sintonía con la obra: el primer movimiento careció de la densidad y negrura deseables, el segundo fue superficial y por momentos sonó equivocadamente alegre y jovial, la Passacaglia arrancó sin la grandeza trágica debida y el final resultó más vistoso que otra cosa. Frank Peter Zimmermann, en otras ocasiones gran violinista, hizo gala de un sonido sin la corporeidad suficiente y sustituyó la densidad dramática de los pentagramas por cierta tendencia a la blandura, incluyendo el abuso de los portamenti. Solo en la tremenda cadenza empezó a comprometerse en lo expresivo, poniendo toda la carne en el asador en un final de virtuosismo arrollador que le granjeó un enorme triunfo entre el respetable. No logré identificar la propina barroca.
Más convincente la interpretación de esa enorme obra maestra que es la Quinta Sinfonía de Prokofiev, aun con serias irregularidades en la administración de tensiones y más de una caída en el efectismo. A destacar como Kalmar planteó el Andante inicial con amplitud, sin la precipitación de otros directores mucho más renombrados, y como acertó al ver la obra más desde la negrura que desde un planteamiento épico. Hubo además muy buenos detalles en el Allegro marcato y un cierto vuelo lírico necesario para no convertir la obra en una mera sucesión de ritmos y decibelios. La orquesta sonó -o eso me pareció a mí- bastante menos bien que en la primera parte. En definitiva, una solvente y apreciable interpretación digna de un concierto de abono de una orquesta de segunda. Nada más.
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PS. Leo en la crítica de J. L. Pérez de Arteaga (versión completa) que la propina de Zimmermann fue el Andante de la Sonata BWV 1003 de J. S. Bach. Shame on me.
PS2. Como RTVE pone ha puesto el vídeo a disposición de todos nosotros, aprovecho para insertarlo en esta entrada por si alguien quiere ver el concierto. Mucho ojo: no corresponde a la sesión en la que estuve yo presente, sino a la del día siguiente.
Un cajón de sastre para cosas sobre música "clásica". Discos, conciertos, audiciones comparadas, filias y fobias, maledicencias varias... Todo ello con centro en Jerez de la Frontera, aunque viajando todo lo posible. En definitiva, un blog sin ningún interés.
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viernes, 12 de octubre de 2012
lunes, 9 de junio de 2008
La ROSS frente a la OFGC
Me gustaba a mí picar a un amigo mío de las Islas diciéndole que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla es mejor que la Filarmónica de Gran Canaria. Pues bueno, por fin he podido viajar y comparar. El 6 de junio escuché en el Maestranza el Concierto para violín de Beethoven y Noche Transfigurada. En el podio se hallaba el director titular de las dos formaciones, Pedro Halffter. Al día siguiente, en el Auditorio Alfredo Kraus, el Concierto nº 3 del de Bonn y, de nuevo, Verklärte Nacht, más un estreno de un joven compositor local, Ernesto Mateo. Dirigía Günther Herbig. Buenísima oportunidad para comparar.
¿Resultado? Me toca reconocer que, tratándose ambas sin duda de muy buenas agrupaciones, la orquesta insular parece mejor en este momento. La cuerda es sin duda superior, con unos violonchelos de bello sonido y unos violines apreciablemnente más empastados que los sevillanos. Las maderas son ambas equiparables, aunque me dio la impresión de que las de Canarias son más perfectas y que las de la ROSS alcanzan, quizá, un mayor grado de musicalidad. La sección de metales de la OFCG se muestra mucho más segura. Y en la percusión los niveles vuelven a alcanzar el mismo espléndido nivel. Obviamente tendría que escuchar más conciertos en directo para matizar.
Sólo un apunte sobre las interpretaciones. En Beethoven me gustó más la dirección de Halffter, que extrajo un sonido muy apropiado de la ROSS y se mostró muy musical, que la de Herbig, muy solvente pero soso y un tanto blando. Frank Peter Zimmermann fue un témpano de hielo, por muy bello que resultara su sonido, mientras que Josep Colom hizo gala de admirable musicalidad pero tuvo graves despistes en el tercer movimiento. Halffter consiguió magnificos momentos en el Schoenberg pero no logró otorgar unidad a la partitura, mientras que Herbig, algo plano, trazó más satisfactoriamente la arquitectura general y evidenció mayor concentración. Llena de referencias pero muy atractiva la obra de Ernesto Mateo.
¿Resultado? Me toca reconocer que, tratándose ambas sin duda de muy buenas agrupaciones, la orquesta insular parece mejor en este momento. La cuerda es sin duda superior, con unos violonchelos de bello sonido y unos violines apreciablemnente más empastados que los sevillanos. Las maderas son ambas equiparables, aunque me dio la impresión de que las de Canarias son más perfectas y que las de la ROSS alcanzan, quizá, un mayor grado de musicalidad. La sección de metales de la OFCG se muestra mucho más segura. Y en la percusión los niveles vuelven a alcanzar el mismo espléndido nivel. Obviamente tendría que escuchar más conciertos en directo para matizar.
Sólo un apunte sobre las interpretaciones. En Beethoven me gustó más la dirección de Halffter, que extrajo un sonido muy apropiado de la ROSS y se mostró muy musical, que la de Herbig, muy solvente pero soso y un tanto blando. Frank Peter Zimmermann fue un témpano de hielo, por muy bello que resultara su sonido, mientras que Josep Colom hizo gala de admirable musicalidad pero tuvo graves despistes en el tercer movimiento. Halffter consiguió magnificos momentos en el Schoenberg pero no logró otorgar unidad a la partitura, mientras que Herbig, algo plano, trazó más satisfactoriamente la arquitectura general y evidenció mayor concentración. Llena de referencias pero muy atractiva la obra de Ernesto Mateo.
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