domingo, 30 de mayo de 2021

Sinfonía "Incompleta" o "Inacabada" de Franz Schubert: discografía comparada

Estoy cansado, muy cansado. Creo que no merece la pena seguir haciendo comparativas: las listas de audiciones pendientes se alarga –que si me faltan tal o cual versión– y muchas veces no puedo escuchar las músicas que me aperecen. Así que he decidido publicar las que estoy haciendo tal y com oestán, sin terminarlas. Así pues, aquí va una discografía inacabada de la Inacabada, que a mí me gusta más llamar Incompleta, porque soy de los que piensan que Schubert la terminó.



1. Walter/Filarmónica de Viena (EMI, 1936). Corría mayo de 1936. Bruno Walter no había cumplido aún los cuarenta y faltaban todavía casi dos años para el Anschluss, pero uno quiere imaginar que la enorme urgencia dramática con que el maestro aborda el Allegro moderato tiene algo de presentimiento de lo que está por venir. En cualquier caso, ni el planteamiento de las transiciones ni la depuración sonora terminan de convencer, como tampoco el fraseo de las secciones líricas: falta esa particular cantabilidad schubertiana tan difícil de describir como sencilla de reconocer. Intentando contrastar lo más posible las dos partes del díptico, la batuta plantea un Andante con moto lento y un tanto pesadote. No funciona. La toma sonora, realizada en la Musikverein sin público, se ha conservado francamente bien. (7)

 

2. Böhm/Filarmónica de Viena (Documents, 1940). El judío Walter ha escapado a EEUU y Karl Böhm –ese año cumplía los cuarenta y cinco– se consolida en la Viena nazi. Su visión es muy distinta: para el de Graz la D. 750 es un díptico solemne de colores muy sombríos y atmósfera marcadamente fúnebre, aunque siempre en perfecto equilibro con la más rigurosa y severa belleza formal. Desde este punto de vista, el primer movimiento –gótico, concentradísimo, de extraña belleza– resulta admirable. No lo es el Andante con moto, en exceso pesante –ahí sí se puede hablar del Böhm inmaduro, antes kapellmeister que artista–, si bien los momentos más escarpados están dichos con verdadera garra. La toma sonora deja muchísimo que desear. (8)

 

 

3. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (BP, 14 diciembre 1944). Pocas veces se habrá escuchado el Allegro moderato con tanta angustia, crispación y rebeldía como en esta velada del 14 de diciembre de 1944 –faltaban pocos meses para la caída de la ciudad– en la que un Furt lleno de dolor saca la música directamente de sus entrañas con una sinceridad y una comunicatividad que no termina de controlar: el equilibrio se pierde, hay excesos de violencia y los timbales llegan a sobreactuar. Mucho más ortodoxo el Andante con moto, aunque lo que gana en redondez lo pierde en personalidad. Hay muchísimos destellos de genio en esta lectura, pero el conjunto no está a la altura. El segundo movimiento, que en su momento no fue trasvasado a compacto por Tahra, ha sido editado por la propia orquesta sin solucionar los serios problemas técnicos de la grabación original, pero descubriendo una amplísima y muy conveniente gama dinámica. (8)

 

4. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1950). Le sienta bien a Furt el fin de la guerra. También el estudio grabar en la Musikverein sin audiencia: la ausencia de público le permite controlarse mejor. Y qué decir de la magia sonora de la formación vienesa. Por eso esta recreación, aunque sigue los pasos de su testimonio en Berlín y sigue ofreciendo esa flexibilidad, ese intenso dolor y esa sinceridad tan características, resulta más equilibrada en su primer movimiento, más poética y emotiva en el segundo, más globalmente redonda. Buen trabajo de restauración para Naxos el de Mark Obert-Thorn. (9)

 

 

5. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (DG, 1952). Vuelta a la capital alemana y vuelta al vivo. La elegancia y belleza vienesas compensaban el temperamento furtwangleriano, mientras que el músculo y la rotundidad berlinesas no hacen sino potenciar su enfoque hiperdramático. Esta es quizá la versión que mayor fuerza expresiva alcanza de todas las suyas, si bien la madurez se nota: el control y la inspiración son ahora mayores que en el testimonio de 1948. La toma sonora es buena; al recoger con amplitud los graves, el timbalero alcanza un gran protagonismo. La gama dinámica, sin embargo, no es la mayor posible. (9)

 

6. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1955). Llegó el estéreo. Llegó Karajan. Y llegó la Philharmonia. Fue muy listo Walter Legge al poner a su increíble máquina bajo la batuta que con más perfección podía hacerla sonar. Realmente es difícil tocar esta obra de manera más técnicamente inmaculada. ¡Qué empaste, qué equilibrio de planos, que limpieza en los ataques, qué impresionantes contrastes sonoros! Por no hablar de la exquisitamente delineada arquitectura horizontal, de la cantabilidad del fraseo y de la belleza sonora. Todo está estudiado al milímetro. Tanto, que falta lo más importante: música. En el primer movimiento no hay rastro de humanismo ni de emoción. En el segundo, una solemnidad bastante impostada se impone por encima de cualquier otra consideración. (8)

 

7. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1955). Director un tanto sobrevalorado, Munch ofrece un primer movimiento brioso y bien controlado, pero algo tosco, sin la elegancia propiamente schubertiana, y desde luego más vistoso que con auténtica desazón interna. Bien a secas el segundo, desgranado sin prisas y con una magnífica puesta en sonido. La toma es espléndida para la época, aunque no equiparable a los logros de años posteriores en el mismo sello. (7)

 

8. Walter/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1958). Han pasado veintidós años con respecto a su grabación en Viena, pero el maestro no ha cambiado su planteamiento basado en diferenciar todo lo posible los dos movimientos tanto en tempo como en expresión. El Allegro moderato lo interpreta de manera dramática, a tumba abierta, lo que resulta de agradecer, si bien el fraseo adolece de exceso de premura y de nerviosismo: se echan de menos tanto misterio como hondura reflexiva. En el Andante con moto la batuta se sosiega en exceso, pero al igual que en la ocasión anterior el resultadoes  poco fluido, incluso pesante, y aunque el fraseo es amplio, las melodías carecen de la emotividad agridulce necesaria. En cualquier caso, hay detalles que nos hablan de que nos encontramos ante un gran director, y la orquesta, que por entonces no era muy allá, responde sin problemas. Espléndida la toma. (8)


9. Mravinsky/Sinfónica del Estado de la URSS (Praga, 1959). Siendo una toma presuntamente monofónica, el SACD del sello Praga suena estéreo y con las frecuencias agudas muy recortadas para eliminar el siseo. La carátula afirma que la orquesta es la Filarmónica de Leningrado, pero parece ser un error. La interpretación, como corresponde a este maestro, es adusta y dramática, va directa al grano y está dicha con el pulso muy bien sostenido, pero no termina de convencer. El primer movimiento comienza con el adecuado misterio, pero el desarrollo es un tanto lineal y se atiente más al dramatismo que al lirismo schubertiano. El segundo movimiento resulta más interesante, por la manera personal y discutible que tiene de resolver los contrates entre piano y forte con unos curiosos reguladores. Aquí la vertiente lírica de la página sí que está más conseguida, sobre todo por el amargor con que frasea el oboe. (7)


10. Cluytens/Filarmónica de Berlín (EMI, 1960). El maestro flamenco modela a la opulenta y robusta orquesta con enorme depuración sonora, frasea con admirable cantabilidad y alcanza un perfecto equilibrio entre forma y expresión, sin dejarse llevar por el nerviosismo ni por el efecto gratuito, pero aun así no logra hacer justicia a la página. En el Allegro moderato, el primer tema no ofrece el imprescindible carácter inquietante y el segundo no destila esa emotividad típicamente schubertiana; los contrates brillan por su ausencia. Peor aún el Andante con moto, pesadote, de pulso desmayado y sin garra dramática. La toma se ha revelado espléndida en el streaming de alta definición. (6)

 

11. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1961). Portentosa planificación y ejecución para una lectura clásica en el mejor de los sentidos, de perfecto equilibrio entre lo lírico y lo dramático, fraseada con toda esa naturalidad y nobleza esperable en Giulini sin perder nunca de vista los picos de tensión, pero no del todo poética ni profunda en el primer movimiento, más literal que emotivo. El Andante con moto sí que es magnífico, sin perderse nunca entre brumas contemplativas y sabiendo ser escarpado sin desatender el equilibrio y la belleza sonora. (8)

 

12. Kertész/ Filarmónica de Viena (Decca, 1963). Sorpresa. Una introducción particularmente brumosa y atmosférica, cargada de malos presagios, da paso a una interpretación extremadamente dramática, de clímax angustiosos, tensos a más no poder, llenos de rabia y desesperación –tremendo los golpes de los timbales–, pero sin atentar contra la arquitectura de la pieza y ofreciendo, sorprendentemente, una admirable cantabilidad shubertiana, a la que no es ajena la sonoridad siempre bella de la formación vienesa. ¡Quién lo diría, viniendo de Kertész! (10)

 

 

13. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1963). Un arranque particularmente nervioso ya nos pone sobreaviso de que esta va a ser una interpretación que tiene poco que ver con el Klemperer de aquellos años. Efectivamente: aun sin renunciar a su sonoridad granítica, con esas maderas tan peculiares de la Philharmonia moldeadas a su imagen y semejanza, como tampoco a su particular lirismo amargo, el de Breslau propone una interpretación rebelde y encrespada, muy dramática, no diré que descontrolada –eso es imposible en el maestro– pero sí un tanto escasa de concentración, de poso filosófico, como también de esa particular elevación poética, a medio camino entre lo terrenal y lo espiritual, que esta música necesita. Por descontado, en el segundo movimiento hay mucho más de sentido trágico que de vuelo lírico, de sensualidad o de poesía. (8)

 

 

14. Klemperer/Sinfónica de la Radio Bávara (EMI, 1966). El concepto es el mismo que el de su interpretación de estudio tres años anterior, con sus virtudes e insuficiencias, si bien ahora el maestro –ochenta y un añitos– parece más sincero, más comunicativo, más suelto incluso. A la sensación contribuye una orquesta que no es tan extraordinaria como la Philharmonia, pero que suena menos monolítica, con más plasticidad, más flexible incluso. La toma sonora, siendo en vivo, es altamente satisfactoria. (9)

 

15. Klemperer/Filarmónica de Viena (DG, 1968). No sé si será por ponerse delante de ese prodigio de belleza sonora (¡qué increíbles e inconfundibles violonchelos!) o por el grado excepcional de madurez que alcanzó a lo largo de la segunda mitad de los sesenta, pero lo cierto es que en esta recreación Klemperer sí que consigue, manteniendo alta la dosis de rebeldía y carga dramática de sus interpretaciones anteriores, controlar la tendencia al nerviosismo que tenían aquellas –el tempo del Andante con moto es ahora más deliberado: 12’05 frente a los 11’23 de la última ocasión– y alcanzar un prodigioso grado de concentración para paladear con infinita poesía las melodías shubertianas –sin rastro de dulzura- y para alcanzar el grado de elevación poética que demandan los respectivos finales de los dos movimientos. Lástima que la toma sonora no sea demasiado buena, y no solo por los abundantes ruidos del público de la Musikverein. (10)

 

 

16. Krips/Filarmónica de Viena (Decca, 1969). No es esta la interpretación más doliente y profunda posible. Menos aún la más rebelde o escarpada. Pero es difícil concebir una arquitectura planteada con mayor lógica, fluidez y naturalidad, un fraseo más elegante y cantable, una sonoridad más equilibrada y hermosa que la que extrae el maestro vienés de una orquesta en estado de gracia e ideal para materializar su idea expresiva. Lo importante, en cualquier caso, es que tan bellísimo envoltorio formal no se queda en la epidermis, sino que va de la mano de una calidez y una poesía humanística encomiables que sabe no descuidar, aunque no sean estos los que más le interesen, los aspectos dramáticos de la página, sobre todo en el segundo movimiento. El sonido es francamente bueno para la época. (9)

 

 

17. Ozawa/Sinfónica de Chicago (RCA-Sony, 1968). Nada que ver este extrovertido Ozawa juvenil con el curvilíneo y refinado de su madurez, pues atiende de manera admirable todo lo que de dramático y escarpado tiene la genial creación schubertiana para quedarse muy corto en lo que a sensualidad, reflexión y lirismo agridulce se refiere. En cualquier caso, el trazo es excelente y la formidable orquesta responde de manera impecable ante la gran técnica de batuta del maestro oriental. La toma, pese al soplido y a la distorsión, ha demostrado gran calidad tras la restauración HD por su redondez, cuerpo y equilibrio. (8)

 

18. Britten/English Chamber Orchestra (Decca, 1970). Interpretación que huye de las densidades y lentitudes con que los directores centroeuropeos abordan esta página ágil para resultar más bien rápida, nerviosa y moderadamente incisiva, a lo que ayuda el tamaño de la soberbia orquesta. El resultado, más teatral que reflexivo, carece del fraseo humanístico propio del autor, quizá por en exceso nervioso en el primer movimiento, pero ofrece un sincero dramatismo y acentos muy lacerantes –admirables las maderas–, siempre con un enfoque rebelde alejado de lo meramente otoñal y contemplativo. Magnífica la toma. (8)

 

 

19. Abbado/Filarmónica de Viena (DG, 1971). El joven maestro milanés, aún lejos de las ingravideces y los amaneramientos que le afectarán a partir de los años ochenta, ofrece una sensata y ortodoxa lectura que alcanza un punto de perfecto equilibrio entre lo contemplativo y lo dramático, también entre lo espiritual y lo terrenal. Todo ello sin convertir la obra en una mera fantasmagoría mortuoria y aportando una buena dosis de inmediatez y comunicatividad, pero procurando al mismo tiempo paladear la música con la cantabilidad adecuada y destilando una nada narcisista poesía. En cualquier caso, falta ese último grado de inspiración y de compromiso expresivo que convierte lo notabilísimo en excepcional. La toma, en vivo, es buena sin más. (8)

 

20. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD NHK, 1975). ¡Qué manera de evolucionar la del maestro! Su concepto es el mismo que el de allá por 1940, pero tanto su dominio de la orquesta como –sobre todo– su inspiración son muy superiores. El primer movimiento sigue siendo gótico al cien por cien, pero no por ello se pierden la compostura y el equilibrio formal. Junto a momentos muy desgarrados, otros verdaderamente mágicos. El Andante con moto, menos personal y arriesgado, está lleno de belleza sonora y tersura, como también de sobriedad y sinceridad dramática. (9)

 

21. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1977). Esta es la versión definitiva del maestro: el particular equilibrio que el de Graz logra entre belleza apolínea, equilibrio, sobriedad, fuerza dramática y profundidad expresiva hacen que su recreación, sin ser en absoluto extrovertida ni desgarrada, resulte un prodigio de equilibrio entre belleza sonora y magia poética. De la orquesta, qué vanos a decir a estas alturas: la ideal para la presente partitura. Disco imprescindible. (10)

 

 

22. Carlos Kleiber/Filarmónica de Viena (DG, 1978). De poco le sirve a Kleiber hijo tener delante a los vieneses si su concepto no convence. Su rápida y extrovertida recreación resulta excesivamente nerviosa e innecesariamente violenta –secas y contundentes intervenciones de los timbales–, escasa de aliento lírico y de poso filosófico. Nos obstante, debemos reconocer que se encuentra dotada de un extraño atractivo, que puede derivar tanto de la belleza sonora desplegada como de la elegancia y sutil flexibilidad de la batuta, así como de la garra dramática de sus violentos e incisivos ataques. Excelente toma en su reciente recuperación en HD, carnosa y con amplia gama dinámica. (8)

 

 

23. Giulini/Sinfónica de Chicago (DG, 1978). El milagro de esta interpretación es conseguir un equilibrio entre lo apolíneo y lo trágico, entre la belleza sonora, el lirismo cantable y la efusividad humanista por un lado, y la garra dramática y la hondura reflexiva por otro. Giulini lo consigue con una técnica de batuta excepcional que hace empastar de manera muy cálida a la usualmente brillante Sinfónica de Chicago –le da extraordinario relieve a la cuerda grave– y le permite mantener la tensión interna mientras frasea con una naturalidad, una sensualidad y una fuerza poética asombrosas, sin nunca bajar la guardia y olvidar el trasfondo trágico de la pieza, y sin caer tampoco en la menor blandura o tentación de hedonismo sonoro. Se pueden preferir enfoques más a tumba abierta, más escarpados, pero esta interpretación a un mismo tiempo bellísima y profunda resulta modélica en su línea. Tras la última remasterización suena de manera admirable, y más aún en HD. (10)

 

24. Solti/Sinfónica de Chicago (DVD Medici Arts, 1979). Rebelde, poderosa y dramática interpretación, no particularmente reflexiva pero sí tensa, fabulosamente planificada y tocada de manera inmejorable. La increíble orquesta suea disinta que con Giulini, pero ello no le impide obtener a su titular, particularmente concentrado, una arquitectura y una claridad portentosas. ¿Quién dijo que Solti era solo el maestro de la electricidad? (9)


25. Colin Davis/Sinfónica de Boston (Philips, 1982?). El siempre escrupuloso Sir Colin decide respetar las indicaciones metronómicas, y por ende renuncia a toda morosidad, como también a convertir la obra en un díptico lúgubre. A lo que no renuncia es a la elegancia, a la depuración sonora, a la más exquisita belleza formal ni a la cantabilidad. Y logra el milagro de ofrecer todas esas virtudes dentro de un enfoque abiertamente dramático, decidido e incluso desasosegante sin que el equilibrio se venga abajo. Falta la magia poética de las más grandes recreaciones de la página, pero aun así el maestro dio una lección magistral que fue recogida de manera admirable por los ingenieros de Philips. Lástima que el sello holandés no haya hecho circular en su catálogo este registro de la manera que merece. (9) 

 

 

26. Marriner/Academy of St. Martin in-the-Fields (Philips, 1984). Sir Neville es el primero en grabar la versión completada por Brian Newbould: muy convincente Scherzo –que tiene mucho más de Schubert que de reconstrucción–, no tanto la presencia de Rosamunda en el Finale. Bajo la batuta del de Lincoln, los dos movimientos de siempre se encuentran interpretados desde una óptica equivocadamente amable y descomprometidaresultan, por lo que resultan asépticos, superficiales y algo blandos. El tercero está mucho mejor: aunque la óptica del maestro es mucho más elegante que rústica, aquí se alcanza una admirable muestra entre depuración sonora y convicción expresiva. El cuarto se encuentra muy bien planteado y resuelto, pero la personalidad de la batuta no es la más adecuada a la hora de extraer las posibilidades dramáticas que llegan desde Rosamunda. Toma sonora portentosa. (7)


27. Solti/Filarmónica de Viena (Decca, 1984). La increíble orquesta vienesa le suena a Solti más robusta que a Böhm, aunque no menos transparente, en una lectura con la rebeldía, incisividad y dramatismo esperables en este director, pero también con una elevada dosis de poesía, misterio y concentración. Los resuñtados son todavía superiores a su filmación en Chicago, si bien falta un poco de magia en momentos tan importantes como los finales de ambos movimientos. (9)

 

28. Barenboim/Filarmónica Berlín (CBS-Sony, 1984). He aquí una interpretación opuesta a la de Giulini: es decir, dramática, poderosa y rebelde pero desatenta a la la parte lírica y evocadora de la página. El primer movimiento, apremiante y lleno de desasosiego, resulta un tanto nervioso y no está muy paladeado, aunque el clímax central alcance una enorme garra. El segundo resulta atípico, poco contemplativo, no todo lo cantable que debería, pero bastante más amargo y rebelde de lo que suele. Personal e interesantísima propuesta, pues, pero lejos de la redondez. Los mismos artistas lo harán mejor en la filmación de El Escorial de 1992, que no he  podido volver a escuchar. (8)

 

 

29. Celibidache/Filarmónica de Múnich (MPHIL, 1985). Esta es exactamente la interpretación que se podía esperar de un veterano director de la más pura tradición centroeuropea. Amplia, cargada de atmósfera, cantable a más no poder, reflexiva mucho antes que escarpada –no por ello tímida–, cargada de hondura dramática y recorrida por un maravilloso vuelo poético en el que la dulzura y el amargor se mezclan con toda la poderosa intensidad que demanda el universo schubertiano. Celi, obviamente, otorga un particular espíritu bruckneriano a esta música y destila magia sonora en más de un momento, paladeando cada uno de los rincones de la música sin que la arquitectura se le venga abajo, y si hay que poner algún reparo este sería el mismo que el de su Beethoven tardío: una articulación –que no una expresividad– falta de suficiente incisividad, incluso algo más blanda de lo que requiere este repertorio. (9)

 

30. Muti/Filarmónica de Viena (EMI, 1990). Una visión marcadamente dramática en la que el italiano acierta a inyectar sinceridad, tensión y rebeldía sin que se resientan lo más mínimo el equilibrio y la perfección de la arquitectura, pero en la que fracasa a la hora de frasear con suficiente cantabilidad y lirismo las partes más poéticas, lo que se evidencia sobre todo en un segundo movimiento llevado algo más deprisa de la cuenta. Eso sí, que el instrumento sea Viena es una enorme baza a su favor. (8) 

 

31. Harnoncourt/Orquesta Concertgebouw (Teldec, 1992). La incisividad de los ataques y el sentido del claroscuro de Harnoncourt en principio sientan bien a esta partitura, pero a la hora de la verdad el dramatismo resulta más teatral que sincero, al tiempo que la cantabilidad y la poesía brillan por su ausencia en esta más bien rígida, mecánica y fría interpretación. (6)

 

 

32. Ozawa/Orquesta Saito Kinen (Philips, 1993). Aquí sí, Ozawa es exactamente el que esperábamos encontrar, tan distinto del músico comprometido y dramático de su registro veinticinco años anterior. El objetivo del maestro no es otro que obtener la mayor belleza y depuración sonora posibles. Lo consigue, pero sin que esa belleza –imprescindible en Schubert, qué duda cabe– vaya acompaña de humanismo, de reflexión y –no menos importante– de sabor agridulce. ¿Superficial? Sí, exacto: las melodías están expuestas con una cantabilidad, una morbidez y una sensualidad maravillosa, pero no conmueven en absoluto. Mientras tanto, aquellos aspectos dramáticos que tan bien atendidos estaban en su grabación en Chicago quedan aquí en más bien desdibujados, faltos de carácter. La toma, realizada en vivo, es más bien turbia. (7)

 

 

33. Giulini/Sinfónica de la Radio Bávara (Sony, 1995). Si su interpretación de Chicago se basaba en el equilibrio, aquí Giulini se decanta por los aspectos más líricos de la obra. Esto no significa que el maestro baje la guardia; el amargor que desprende su interpretación sigue siendo evidente y los clímax alcanzan, mediante una muy sutil gradación de tensiones, una fuerza impresionante. Pero sí es cierto que aquí hay una dosis mayor de misterio, de sensualidad, digamos que de “ternura schubertiana”, fraseando la orquesta bávara con esa cantabilidad que solo el maestro de Barletta sabe. En este sentido, es la típica recreación “de anciano director”, trascendida y altamente desmaterializada, dicha desde más allá del bien y del mal, con una mirada sobre el ser humano que recopila todas las experiencias de una vida y las sintetiza convirtiendo el acto interpretativo en una reflexión filosófica a través de la belleza. (9)

 

34. Wand/Sinfónica de la NDR de Hamburgo (DVD, 1995).  El venerable maestro alemán se decanta por una visión extrovertida, rebelde y claramente dramática, de gran sinceridad, aunque no especial vuelo lírico. Falta un punto de concentración, así como un trabajo orquestal algo más pulido. No hay problema: pronto dará la campanada. (8)

 

35. Colin Davis/Staatskapelle Dresden (RCA, 1996). Aunque Sir Colin ralentiza el tempo del primer movimiento con respecto a su grabación en Boston para Philips, el enfoque, abiertamente trágico pero sin descuidar la cantabilidad, vuelve a ser irreprochable, lo mismo que la sonoridad de la orquesta, cálida y transparente, y la muy cuidada arquitectura. El fraseo es muy natural y la expresión sincera. Eso sí, la magia solo llega a hacer acto de presencia en el trascendental ascenso al clímax del desarrollo primer movimiento. En cualquier caso, muy alto nivel. (9)

 

36. Wand/Sinfónica de la NDR de Hamburgo (DVD TDK, 2001). Increíble: Wand consigue aquí el más portentoso equilibrio entre belleza apolínea y fuerza dramática. Llenando la obra de sentido filosófico sin resultar gótico ni excesivamente romántico, despliega un aliento lírico que puede parecer frío, pero que en realidad es más bien descorazonador, construye una perfecta arquitectura que no cae en la rigidez, y en la que hay lugar para el fraseo evocador y punzante de los magníficos solistas de clarinete y oboe. (10)


37. Pinnock/Chamber Orchestra of Europe (YouTube, 2010). Una interpretación extraña en la que el fundador de The English Concert intenta tender puentes sin terminar de conseguirlo. Por un lado, la orquesta toca con ásperos metales que parecen de época –al menos las trompetas–, la percusión utiliza baquetas duras y la articulación ofrece moderadamente una aproximación al mundo historicista, mientras que los tempi no tienen nada de lentos. Por otro, el enfoque expresivo es dramático, agitado, sin que el maestro caiga en excesos ni que descuide los matices en el fraseo –las gradaciones dinámicas están muy cuidadas–. Por desgracia no afloran ni la sensualidad ni el lirismo amargo schubertiano que, en su equilibrio con los aspectos trágicos, otorgan a esta partitura su peculiar fascinación. (7)

 

38. Herreweghe/Real Filarmónica de Flandes (Pentatone, 2011). Orquesta de tamaño reducido, tempi rápidos, fraseo ágil y curvilíneo, texturas diáfanas y un desarrollarlo sentido de los contrastes son las líneas que marcan esta interpretación “H.I.P. ma non troppo” que falla en lo que tenía que fallar: el maestro confunde el dramatismo con el nerviosismo –a Furt también le pasaba, pero ahí había una intensa sinceridad aquí ausente–, mientras que –esto es lo grave– desgrana las frases líricas con una mezcla de ingravidez y blandura que a mí me parece que no tiene tanto que ver con la postura filológica adoptada, sino más bien por la tendencia creciente de Herreweghe hacia lo excesivamente suave, por no decir hacia la blandura. En su Bach ocurre igual. Soberbia la ingeniería de Pentatone. (7)

 

39. Haitink/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2016). El maestro holandés hace honor a su fama y desgrana una interpretación sobria y rigurosa, poco o nada personal, en absoluto creativa, a la que le falta ese punto de emotividad y aliento poético que distingue a las grandes lecturas, pero que se encuentra construida con una claridad y depuración sonora insuperables, avanza con un pulso sostenido sin desmayo, está fraseada con admirable cantabilidad y, sobre todo, posee un elevado sentido dramático. Únicamente en el célebre tema lírico del Allegro moderato el maestro parece ceder y hace sonar a los chelos, increíblemente bellos desde el punto de vista tímbrico, con un muy alto grado de dulzura, e incluso con más ingravidez de la cuenta: incluso al adusto y distanciado Haitink parece costarle trabajo disimular que él también es un anciano director. La orquesta está gloriosa, tanto por la sonoridad global como por las impagables intervenciones del clarinete de Andreas Ottensamer y el oboe de Albrecht Mayer, tan fundamentales en esta partitura. (8)

 

40. Venzago/Orquesta de Cámara de Basilea (Sony, 2016). El maestro suizo ofrece su propia reconstrucción de los dos últimos movimientos, más creativa que la de Brian Newbould –a quien no cita, pese a que ambos optan por Rosamunda para el cuarto– pero también más discutible. Ahora bien, en lo que no convence en absoluto es en su materialización sonora de su concepto. Porque una cosa es ser consecuente con la idea de que, habida cuenta de todo lo antedicho, esta no tiene por qué ser una obra “mortuoria” y su primera media hora tenga que interpretarse como un largo adagio fúnebre, y otra muy distinta escoger un tempo para el movimiento inicial que no dejar respirar a la música, plantear los contrastes con brusquedad extrema y modelar a la orquesta con una sonoridad seca, tosca y bastante frágil, todo ello dentro de una línea de historicismo mal entendido. Más grave aún es que no haya ni rastro de elegancia ni de belleza sonora, elementos consustanciales a la creación schubertiana: el dolor e incluso el desgarro, siendo fundamentales, solo pueden concebirse desde el más hermoso e impecable revestimiento formal. La orquesta no es ninguna maravilla, como tampoco la toma. (4)

 


41. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (YouTube, Pekín, 2018). Lejos de ofrecer una interpretación otoñal, “de anciano director”, el de Buenos Aires se lanza a ofrecer una lectura decidida y dramática, muy a tumba abierta, de momentos llenos de dolor y rebeldía –sobre todo en el segundo movimiento– sin perder elegancia ni fluidez en la arquitectura… Pero también sin que terminen de aflorar ese humanismo, ese lirismo intensamente amargo y esa elevación poética que esta música también necesita. (8)

 

 

42. Barenboim/WEDO (Medici TV y Blu-ray CMajor, 2019). Es seguramente la experiencia con las sonatas para piano lo que le permite al de Buenos Aires ofrecer una recreación más idiomática, también más equilibrada, alejada de grandes angustias existenciales y más atenta a la belleza sonora, alejándose de densidades excesivas y enriqueciendo el fraseo de sutilísimos matices propios de un gran maestro. Sin embargo, qué lástima, los resultados siguen distando de ser redondos, y no tanto porque en el primer movimiento haya un cierto exceso de portamenti, se aprecie algún desajuste en los ataques de las cuerdas o la batuta no termine de descubrir la magia poética que alberga su acongojante final, sino porque el Andante con moto, aun fraseado con incuestionable belleza, está dicho con una prisa excesiva y no ofrece el adecuado contraste entre vuelo melódico y desgarro dramático. Quizá el problema esté en que estamos en exceso acostumbrados a un Andante demasiado lento, otoñal y pesimista: ¿quizá Barenboim piensa en “incompleta” en lugar de en “inacabada”? (8)

6 comentarios:

Observador dijo...

Una de mis obras favoritas. Verdadera joya. Excelente comparativa.

Agamenón dijo...

Fernando, usted merece la medalla al mérito por su labor formativa desde estas comparativas. Mis amigos neófitos devoran estas páginas y las debaten durante semanas enteras.

A propósito,ellos y yo también,soñamos con unos listados de las principales OBRAS MAESTRAS u obras capitales en la historia de la música, que incluya alguna grabación de referencia. Se podría titular " Mis Obras Maestras favoritas", etc.

Comprendemos que es un tópico complejo, pues el concepto "obra maestra" es discutible, pero creemos que para personas sedientas de profundizar en la música, no cae mal un luminoso aporte suyo.
Se nos viene a la mente un listado que incluya algunas obras como Tristán, Pasión según San Mateo, Cuartetos Beethovenianos, Consagración de la primavera, Arte de la fuga, Preludio a la siesta de un fauno, etc, esas obras que se podrían llevar a las galaxias como muestra del ingenio humano.

Abrazos.

bruckner13 dijo...

Cada vez que escucho esta obra en la versión de Böhm con Viena en DG la piel de gallina, sobre todo en el momento del primer movimiento donde suenan los chelos y contrabajos.

Kirk dijo...

Te agradezco mucho tu esfuerzo. Y comprendo tu cansancio. Esta labor de audición detallada de tantas lecturas de una obra puede ser agradecida pero con el tiempo también se puede apreciar algo de desencanto. Toda actividad merece reposo y desconexión de vez en cuando.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias, Observador.

Agamenón, tengo una discografía de Le Sacre aquí:

http://flvargasmachuca.blogspot.com/2016/01/la-consagracion-de-la-primavera-de.html

Bruckner13, coincidimos plenamente.

Julio César Celedón dijo...

Algunos apuntes extras: la de Abbado con la Chamber Orchestra of Europe del 88 le doy un 7, evidencia lo que tantas veces usted y Carrascosa han dicho de su evolución a mal; las de Karajan con la Berliner, del 65 para DG, un 7 creo y la del 75 (creo) para su ciclo completo de EMI le daría un 8; completamente de acuerdo con Böhm 77 y Giulini 78, me queda escuchar a Solti y Davis. A propósito, ¿dará su palabra al respecto cuando liberen todos los conciertos para piano de Beethoven con Rattle y Zimerman? Tengo morbo por el asunto, aunque me parece que los resultados no serán nada del otro mundo.

Comienzo de curso

Esta entrada es simplemente para pedirles disculpas por la poca actividad que está conociendo el blog. La razón es muy sencilla: el comienzo...