sábado, 14 de julio de 2012

Primera Sinfonía de Beethoven: discografía comparada

Actualizaciones.

14-07-2012. Esta entrada se publicó originalmente el 27 de noviembre de 2011. Se añaden ahora las interpretaciones de Maazel, Barenboim'11 y Brüggen'11.

16-07-2012. La integral de Ormandy parece que la acaban de sacar en CD. Coloco por ello la carátula correspondiente.
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No vamos a decir nada sobre la maravillosa partitura, porque ya lo hemos hecho en algún otro lugar de este blog (enlace), pero debemos recordar que se trata de una obra no de juventud sino de madurez: enfocar su interpretación exclusivamente desde un clasicismo más o menos desenfadado nos parece un error. Por otro lado hay que señalar que se trata de una sinfonía muy resbaladiza a la hora de abordar en lo expresivo, y de ahí el más bajo nivel medio que encontramos en estas lecturas frente a las que recogimos en nuestra comparativa de la Segunda Sinfonía (enlace).

Son sus movimientos: 1) Adagio molto. Allegro con brio 2) Andante cantabile con moto 3) Menuetto – Allegro molto e vivace 4) Finale – Adagio, allegro molto e vivace.




1. Toscanini/NBC (RCA, 1951). El mítico maestro italiano ofrece la versión que en él era de esperar, es decir, rápida, llena de electricidad, ágil pero con músculo, con una sonoridad agria en las maderas y una sequedad general poco complaciente, muy poco interesada por la delicadeza, el encanto o la belleza sonora. Esto en principio es muy interesante, pero a la postre no termina de redondear la interpretación debido a su escasa voluntad -o su incapacidad- para desplegar vuelo lírico, hondura y emotividad. El resultado es tan vistoso como superficial. (7)




2. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1952). Haciendo uso de tempi muy amplios y de una flexibilidad tan grande como controlada, ajena al arrebato espontáneo, así como de un fraseo de asombrosa naturalidad y de un manejo de las transiciones para quitarse el sombrero, ofrece Furt una Primera portentosa por su perfecta unión entre elegancia, cantabilidad, chispa y sentido dramático, amén de por su pasmosa claridad y por la atención expresiva a cada una de las frases. En suma, un ejemplo supremo de lo que fue el arte directorial furtwaengleriano en los últimos años de su carrera. Versión de referencia. (10)


Fricsay A life in music

3. Fricsay/Filarmónica de Berlín (DG, 1953). No es este el mejor Beethoven del que nos legó Fricsay, porque tras una magnífica introducción a su batuta le entran las prisas y empieza a correr por la partitura sin pararse no ya a matizar, sino a respirar las frases como es debido, particularmente en un movimiento inicial precipitado e insensible. Menos mal le queda el Andante, aun desatendiendo al adjetivo “cantabile” que pedía Beethoven. En exceso contundente el Menuetto y con mucho nervio, pero un tanto cuadriculado, el Allegro molto e vivace conclusivo. (6)




4. Klemperer/Philharmonia (EMI, 1957). Genial experimento de un Klemperer en estado puro, es decir, adusto, granítico, sombrío, dramático y de una enorme fuerza interior, amén de excepcional como diseccionador del entramado orquestal. El primer movimiento, lleno de fuerza y tensión dramática, no resulta nada risueño bajo su batuta para mostrar en su lugar su inconfundible sentido del humor negro. El segundo, lento y maravillosamente desmenuzado, no deja espacio al vuelo lírico con su adustez, pero posee una enorme potencia dramática. El tercero es un punto más distanciado y cerebral de la cuenta, aunque de nuevo la fuerza interior resulta indesmayable. Cuarto en la misma línea que el primero, dramático y nada chispeante. A destacar la sonoridad incisiva de las maderas y la portentosa ejecución orquestal. (10)


Beethoven Cluytens

5. Cluytens/Filarmónica de Berlín (EMI, 1958). Pese a tener delante a la mismísima orquesta de Karajan, el maestro flamenco ofrece una lectura muy alejada de la escuela centroeuropea y que se caracteriza por su luminosidad, extroversión, agilidad, ligereza bien entendida, sutil uso de los matices agógicos y una mezcla de gracia, chispa y elegancia que nada tienen que ver con lo blando, lo superficial o lo amanerado, y que tampoco hace que esta música mire excesivamente al pasado clasicista ni que pierda la sonoridad musculada ni el carácter “descarado” de metales y percusión de la escritura beethoveniana. No hay aquí profundidades filosóficas, tintes dramáticos ni un particular vuelo poético, pero en su línea, esta lectura resulta ideal. (9)






6. Walter/Columbia (Sony, 1958). Interpretación amplia, noble y elocuente, de gran cantabilidad y cierta dulzura, en la que se echa de menos una tímbrica más incisiva en general, una mayor atención a los aspectos dramáticos de la página y, sobre todo, nervio y carácter bullicioso en el movimiento final. A destacar el buen dominio de la agógica, con un primer movimiento muy flexible, y la apreciable claridad orquestal. El segundo movimiento sería magnífico de no ser por algún pasaje que cae en la blandura. (7)


Beethoven Karajan Collectors

7. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1961). En los años sesenta, el Beethoven de Karajan estaba a medio camino entre la implacable y un tanto rígida electricidad toscaniniana de sus primeros años y el narcisismo sonoro, mezcla de ampulosidad e hiperrefinamiento, que caracterizó su estilo tardío. Nos ofrece así de la Primera una lectura con nervio y brío, de agudo sentido del ritmo, magníficamente tensada, pero también dotada de flexibilidad, elegancia y refinamiento, amén de sonada con una suntuosidad extrema que no excluye ni la opulencia ni -repárese en el trío del tercer movimiento- la dulzura. El problema es que detrás de una realización tan meticulosa uno no termina viendo el “más allá” tras las notas y acaba por cansarse de tan deslumbrante exhibición de técnica. (7)


Rene_Leibowitz_Beethoven 1_3

8. Leibowitz/Royal Philharmonic (Chesky, 1961). El compositor, pedagogo y director polaco se aleja de la tradición germánica con una articulación ágil e incisiva en la que prima la luminosidad sobre la densidad sonora, ofreciendo además una buena dosis de entusiasmo y un rico colorido. El problema es que, en su afán por seguir las indicaciones metronómicas del compositor, se deja llevar por el nerviosismo y la precipitación, no dejando a la música respirar lo que es debido ni ofrecer la calidez deseable, particularmente en los dos primeros movimientos. Versión más vistosa y animada que profunda, pues, aunque el cuarto movimiento es sin duda magnífico. (7)



9. Szell/Cleveland (Sony, 1964). Como era de esperar, el maestro húngaro y su espléndida orquesta norteamericana ofrecen una interpretación de arquitectura inmejorablemente construida, perfecta en el trazo y diseccionada de manera admirable, siempre dentro de un enfoque sobrio, objetivo y riguroso en el que no hay la menor concesión al efectismo, la blandura o el detalle narcisista, pero tampoco se deja mucho espacio -esta es su debilidad- para el vuelo lírico, la reflexión o la chispa. En un estilo parecido, y haciendo gala de su particular sentido del humor, Klemperer obtuvo resultados muy superiores. (7)



10. Ormandy/Philadelphia (CBS, 1965). Al frente de una orquesta suntuosa en la que sobresalen unas maderas de admirable carnosidad, Ormandy ofrece su habitual ración de artesanía de primera con una lectura impersonal y no del todo inspirada, pero admirable por su estilo, calidez, solidez de trazo y atención a la polifonía de las voces internas. (7)


Beethoven Schmidt-Isserstedt

11. Schmidt-Isserstedt/Filarmónica de Viena (Decca, 1965). El cruce entre la sonoridad aérea, elegante y bellísima de la orquesta vienesa y la batuta enérgica y un punto escarpada del director berlinés produce excelentes resultados en este lectura de trazo firme, vigorosa y enérgica, pero también dotada de una serena elegancia y asombrosamente atenta a la claridad de las diferentes líneas, que desdeña ofrecer una visión lúdica, digamos “haydiniana” de la pieza, para subrayar en su lugar los importantes aspectos dramáticos que contiene. (9)




12. Jochum/Concertgebouw (Philips, 1967). Lectura ortodoxa y muy sensata, que siendo poco personal y realizando escasas aportaciones, triunfa por la musicalidad de su fraseo, por la perfección de su muy bien trazada y diseccionada arquitectura, por su amabilidad en absoluto superficial, por su admirable densidad sonora que sabe evitar cualquier ingravidez sin acercarse para nada a lo pesante, así como por e lirismo y el sentido humanista que desprende. Podía pedirse algo más de chispa, nervio, incisividad y claroscuros, pero dentro de un planteamiento tradicional resulta admirable. Maravilloso el sonido de la orquesta. (9)



13. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD DG, 1971). Como era de esperar, Karajan ofrece una interpretación de sonoridades bellísimas y magníficamente trazada, pero su tendencia a buscar la espectacularidad mediantes contrastes dinámicos y su fraseo con tendencia a caer en la excesiva opulencia o en la dulzonería, indistintamente, le terminan pasando factura, sobre todo en el primer movimiento. El último, lleno de fuerza, es por el contrario espléndido. (8)



14. Kempe/Filarmónica de Munich (EMI, 1972). Lectura clásica en el mejor sentido, amplia, serena y efusiva, fraseada con gran cantabilidad y hondo espíritu humanístico, y desde luego no exenta de fuerza en los movimientos extremos, pero a la que le falta un punto de insicisividad y nervio en estos y, sobre todo, un grado mayor de inspiración poética en el segundo. También podría estar mejor diseccionada. En la red se podía encontrar una remasterización, realizada con medios caseros y resultados admirables, que devuelve al registro su cuadrafonía original; esperemos que su autor la vuelva a ofrecer. (8)



15. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1972). Como en sus mejores interpretaciones de Mozart, Böhm logra aunar rigor arquitectónico, belleza sonora, sobria elegancia, paladeada cantabilidad, humor algo socarrón y un hondo sentido de lo patético, ofreciendo una lectura del más pulido y admirable clasicismo. En realidad el enfoque no está muy distante del de un Klemperer, solo que sustituyendo su granito sonoro por el más hermoso mármol de la Filarmónica de Viena y añadiendo, eso sí, una buena dosis de lirismo impensable en el de Brelau. El cuarto, más que el dramatismo de Klemperer, posee un aire socarrón. A destacar la claridad, el equilibro polifónico y la rigurosa exposición de todas las voces. (10)






16. Kubelik/Sinfónica de Londres (DG, 1974). Maravilloso equilibrio entre belleza apolínea e impulso dionisíaco en una lectura muy cálida y comunicativa, mucho antes lírica y bienhumorada que dramática, pero desde luego no desprovista de tensión interna, de teatralidad y de garra. Lo menos extraordinario es el Menuetto. Fantástica la toma sonora, muy por encima de la media de la época. Y un bochorno que esta admirable integral del director checo siga descatalogada. (9)




17. Masur/Gewandhaus de Leipzig (Philips-Pentatone, 1974). Pese a tener delante a una orquesta de la más venerable tradición centroeuropea que ofrece un sonido ideal para Beethoven, Kurt Masur da por válido el tópico de ser un kapellmeister tan solvente como poco estimulante con esta versión irreprochable en el idioma, admirablemente expuesta, con todo en su sitio y dotada de cierta elegancia, pero sin nada que la haga sobresalir por encima de la media. Aun así los resultados son buenos, y lo serían aún mejores con menor dulzura en el Adagio y en el trío del Menuetto. Además de las varias ediciones realizadas por Philips, existe asimismo un trasvase a SACD realizado por Pentatone a partir de las cintas cuadrafónicas originales. (7)


Beethoven 1 Colin Davis BBC Pentatone

18. Colin Davis/Sinfónica de la BBC (Pentatone, 1975). Parece mentira que quien pero estas mismas fechas era ya capaz de ofrecer sensacional Haydn caiga aquí en el tópico del clasicismo amable y descafeinado, sin aportar a la -en cualquier caso admirable- dosis de elegancia, transparencia y belleza sonora toda la tensión, el nervio y la fuerza expresiva necesarias. Flojísimo en este sentido todo el primer movimiento, bastante plano e insulso, así como el sosísimo arranque del cuarto. Sonido extraordinario en la edición de Pentatone, que recupera la cuadrafonía del registro original de Philips. (6)




19. Maazel/Orquesta de Cleveland (Sony). Interpretación de corte toscaniniano, rápida, enérgica y electrizante, pero también bastante cuadriculada, carente de cantabilidad, de elegancia y de hondura, a la postre un tanto aséptica y superficial, además de carente de verdadero sonido beethoveniano. Eso sí, la orquesta realiza una labor excelente y la batuta clarifica las líneas instrumentales con verdadera maestría. (7)


Bernstein Beethoven 1_8_9

20. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1978). Por un lado Bernstein nos ofrece una sonoridad apolínea que no es en absoluto cursi, sino llena de belleza (increíbles chelos) y de cantabilidad (prodigiosas maderas), como también de equilibrio y elegancia. Por otro, una fuerza dionisíaca rebosante de energía y vitalidad tan estupendamente controlada que el edificio no se resiente lo más mínimo. La combinación es espléndida. El primer movimiento es desbordante, el segundo muy comunicativo, enérgico el menuetto y más bien risueño -sin caer en la amabilidad superficial- el final. (9)




21. Solti/Sinfónica de Chicago (DVD Medici Arts, 1978). Muy en la línea de su Haydn de los mismos años, Solti y su fabulosa orquesta ofrecen una interpretación ágil, fluida y transparente, muy musical, que sabe ser incisiva sin perder el equilibrio ni la elegancia y que mantiene en todo momento la concentración interior sin caer en nerviosismo ni precipitaciones. Para quienes no gusten del Beethoven más “masivo” de corte centroeuropeo, esta es su lectura ideal. (9)


Beethoven Hanover Band

22. The Hanover Band (Nimbus, 1982). En este pionero esfuerzo historicista se agradecen la sensatez, la musicalidad y el irreprochable estilo del grupo, que no saca los pies del plato y se esfuerza por ofrecer claridad y buena línea, muy lejos de la trivialidad o de la agresividad de propuestas posteriores con instrumentos originales, pero la orquesta no es gran cosa y falta claramente la figura de un director, pues Monica Huggett no ejerce realmente de tal. Tan correctos como planos resultan los dos primeros movimientos. Los otros dos se animan bastante, pero el resultado es grueso en lo sonoro. Faltan depuración sonora y matices expresivos. La toma sonora no es muy allá. (5)


23. Sanderling/Philharmonia (EMI, 1981). Aunque los tempi son moderados -lentísimas las introducciones de los movimientos extremos-, la sonoridad es robusta y la articulación es más bien romántica, un espíritu clasicista más mozartiano que haydiniano marcado por el equilibrio, la serenidad más honda y una bellísima cantabilidad impregna a esta interpretación admirablemente trazada y bien tensada en su arquitectura que es buen representante del Beethoven reflexivo y humanístico del director alemán. Lástima que la toma sonora deje que desear para la época. (9)





24. Brüggen/Orquesta del Siglo XVIII (Philips, 1984). Que nadie se piense que nos encontramos aquí ante un Beethoven risueño, trivial o descafeinado, pues a pesar del tratamiento historicista en los instrumentos y la articulación, la óptica de Brüggen recuerda mucho a la dureza, el sarcasmo, la sobriedad, el carácter adusto y el total alejamiento del coqueteo y la frivolidad de Klemperer, aunque sin su excepcional capacidad analítica. El primer movimiento es espléndido, y sensacional el cuarto. El segundo es algo soso, y el Menuetto se precipita un tanto en el trío. (8)




25. Hogwood/Academy of Ancient Music (Decca). Lectura impersonal, cuadriculada, rutinaria y aséptica, carente de estilo y poco atenta a la claridad de planos sonoros, aunque al menos está dicha con entusiasmo y el último movimiento alcanza un digno nivel. La orquesta resulta excesivamente pequeña y tiende a las sonoridades ingrávidas. Una grabación que pudo tener interés en su momento, pero que a día de hoy no presenta el menor atractivo. (5)




26. Dohnányi/Orquesta de Cleveland (Telarc, 1988). Un Beethoven sólido, sensato y ortodoxo, bien construido, fraseado con naturalidad y equilibrado en el mejor de los sentidos, al que le falta un poco más de reposo y delectación en el segundo movimiento y en el trío, así como, en general, un poco más de personalidad y compromiso expresivo. La toma sonora es algo turbia. (7)




27. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1990). Vitalidad, chispa, elegancia, claridad, apasionamiento y portentosa ejecución orquestal caracterizan a esta lectura a la que hay que reprochar un fraseo algo nervioso, por momentos precipitado, que no deja volar lo suficiente a la música. Con respecto a su filmación de 1978 es un paso atrás, pero aun así se trata una importante interpretación, que además se encuentra fabulosamente grabada. Recomendable. (8)






28. Harnoncourt/Orquesta de Cámara de Europa (Teldec, 1990-91). La partitura está magníficamente puesta en sonidos, con una claridad polifónica admirable, se agradece el enfoque austero y es muy interesante la sonoridad rústica del tercer movimiento -algo cuadriculado-, como también el carácter “combativo” -quizá en exceso- del cuarto, pero el conjunto se resiente por su terrible frialdad y termina resultando muy aburrido. Los dos primeros movimientos son particularmente mediocres. Solo para fans. (5)






29. Colin Davis/Staatskapelle de Dresde (Philips, 1993). Sir Colin se sacó la espina de su anterior registro con esta lectura clásica, elegante pero también entusiasta, dotada de una adecuada robustez pero también de un elevado sentido del timbre, fraseada con naturalidad y muy cantable, pero a la que le falta algo de chispa, de ligereza y también de nervio. Se echa de menos mayor claridad, aunque puede ser en parte debido a la grabación, un poco confusa y reverberante. (7)






30. Gardiner/Orquesta Revolucionaria y Romántica (DG, 1993). Vistosa y enérgica interpretación que no puede ocultar su tendencia a lo cuadriculado, mecánico y contundente, como tampoco la trivialidad de un segundo movimiento superficial y pimpante. Un muy notable cuarto movimiento, fogoso y muy bien expuesto, no hace que esta lectura aporte nada especial: Toscanini ya hizo lo mismo en su tiempo, solo que mejor. (6)




31. Zinman/Tonhalle de Zurich (Arte Nova, 1998).  En la primera integral que grabó en su integridad la edición de las partituras a cargo de Jonathan del Mar, Zinman siguió los pasos de Harnoncourt añadiendo a una orquesta de instrumentos digamos convencionales, en este caso la antiquísima Tonhalle de Zurich, metales y percusión de carácter histórico, pero sustituyendo la rusticidad del berlinés por una levedad sonora y una timidez que llegan a hacerse insoportables en el segundo movimiento de la sinfonía que nos ocupa. Hay además una alarmante carencia de matices expresivos, salvo los que tienden hacia la trivialidad y la cursilería. En el último movimiento se agradece la agilidad del fraseo, pero esto no salva a una interpretación que se mueve entre la frivolidad mal entendida y el aburrimiento. Un horror. La toma sonora es algo difusa. (3)




32. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (Teldec, 1999). Un enfoque que mira claramente al futuro para una interpretación fogosa, corpulenta y dramática, sensacional en el análisis de planos sonoros y timbres, llena de fuerza expresiva y de teatralidad. Primer movimiento con mucho nervio y electricidad, pero también con la flexibilidad adecuada. El segundo, magníficamente desmenuzado, carece de coquetería y encanto para ofrecer en su lugar tintes amargos y subrayar los aspectos dramáticos de la sección central. Menuetto robusto, épico, combativo. Final poderoso y visionario. A la interpretación solo le falta un poco de chispa, de desenfado y de humor, aunque sea negro, para resultar excepcional. (9)


Beethoven Abbado-1-6-8

33. Abbado/Filarmónica de Berlín (DVD 2001). Interpretación muy ágil, magníficamente sonada, dentro de una línea de Beethoven “revisado”, esto es, mucho antes grácil, chispeante y aéreo que denso y dramático. Esto no sería negativo de no ser porque Abbado no sólo matiza poco en lo expresivo, sino que opta por sonoridades ingrávidas y relamidas, sobre todo en el segundo movimiento. Puro Abbado de hoy. Tiene su público. (5)
 



34. Rattle/Filarmónica de Viena (EMI, 2002). Situándose en una incierta “tierra de nadie” entre la gran tradición centroeuropea y la renovación historicista, Rattle apuesta por una Primera ágil, incisiva y electrizante, de perfiles acentuados y de un humor sanamente haydiniano -el británico es un gran intérprete del autor de La Creación- que no excluye la potencia, el vigor y la garra propiamente beethovenianas, alejándose en su extrovertida vitalidad de la densidad de otros enfoques más reflexivos, más digamos “humanísticos”. El problema es que, a diferencia de lo que ocurre en su magnífica Segunda, Rattle se deja llevar por el nerviosismo, resultando el fraseo precipitado y hasta confuso, por el momento más atento a revelar detalles nuevos que a la estructura global, quedando uno con la sensación de que la música no respira con la libertad que debe y que la innegable fuerza que desprende la batuta se lleva por delante la lógica musical. Lo más interesante, la rusticidad del Menuetto -magníficas las maderas en el trío- y el vigor del Allegro molto e vivace conclusivo. (7)



35. Van Immerseel/Anima Eterna (Zig-zag, 2006). Interpretación historicista ortodoxa y sensata, algo seca en la articulación pero sin pasarse, venturosamente incisiva pero sin excesos, en la que pueden producir rechazo, como en tantas interpretaciones de esta línea, la delgadez de la cuerda o el protagonismo de los vientos y de la percusión, pero que termina convenciendo por su buen trazo general y por su voluntad de no llamar la atención sacando los pies del plato, sin violencia pero sin caer tampoco en la frivolidad. Eso sí, a la postre resulta un tanto cuadriculada, echándose de menos un mayor compromiso expresivo y una mayor calidez, sobre todo en el segundo movimiento. En el último engancha, pero no termina de emocionar. (7) 



36. Mackerras/Royal Scottish (Hyperion, 2006). En su segunda integral beethoveniana, el australiano se quedó en un extraño medio camino entre la tradición y la renovación, tanto en lo que a las fórmulas interpretativas se refiere como en el uso solo parcial de la edición de Jonathan del Mar. Esta interpretación, que recibe sabia fresca del mundo “históricamente informado” en lo que a la agilidad de la articulación se refiere, está presidida por la vivacidad, el entusiasmo, el carácter risueño y una coquetería que miran antes al mundo del más luminoso clasicismo que a las densidades del Beethoven más maduro. La sonoridad, a veces excesivamente ingrávida, puede molestar a algunas sensibilidades. Primer movimiento ágil, chispeante, pero algo cuadriculado. Segundo más bien frívolo, pimpante y superficial, de una coquetería mal entendida. El Menuetto, más que poseer nervio, resulta nervioso, cuando no estruendoso. Lo mejor es el final, que sí está dotado de la garra y tensión suficientes sin perder agilidad ni frescura. (7)


Beethoven Herreweghe 1_3

37. Herreweghe/Royal Flemish (Pentatone, 2007). El planteamiento, que mira antes al pasado que al futuro, ofrece agilidad y una atractivo descaro en el tratamiento de metales y percusión, pero el maestro se equivoca seriamente al confundir en el Adagio -que con él carece por completo de vuelo lírico- la coquetería y la elegancia con la cursilería, la frivolidad y el fraseo “a saltitos”, algo que también ocurre en la introducción al final. El primero es correcto, más nervioso que fresco y un tanto epidérmico. El Menuetto está bien, pero a la postre el carácter humanista y el pathos que impregnan los pentagramas están por completo ausentes de la interpretación. (5)


Jarvi Beethoven 1 y 5

38. Paavo Jarvi/Deutsche Kammerphilharmonie (RCA, 2007). Visión muy deudora de Harnoncourt, no solo por la combinación de instrumentos antiguos y modernos, sino también por su sonoridad rústica, su incisividad y el protagonismo acaparado por los metales y la percusión. Toda la versión tiene fuerza y está ricamente matiza, pero el Adagio resulta pimpante y son frecuentes las caídas en la levedad sonora y la trivialidad expresiva, aun sin llegar a los extremos de Herreweghe. La toma sonora no está a la altura. (7)


Beethoven Chailly

39. Chailly/Gewandhaus de Leipzig (Decca, 2007). En esta opción voluntariamente heterodoxa y provocadora con la que pretende reivindicar las indicaciones metronómicas del compositor cueste lo que cueste, el maestro va a prisa y corriendo pasando atropelladamente por encima de la música sin dejarla respirar, haciendo gala de un fraseo cuadriculado, poco natural, que se mueve entre lo machacón y lo pimpante sin ofrecer -probablemente adrede- el vuelo lírico necesario. Detestable en este sentido la cursilería del segundo movimiento. Los dos últimos son los que salen menos mal parados gracias a su vitalidad y sentido de la extroversión, pero aun así el resultado se encuentra muy por debajo de lo esperable en un director de este calibre. La grabación también es menos buena de lo que debería. Un fiasco. (5)


Beethoven Thielemann 1_2_3

40. Thielemann/Filarmónica de Viena (DVD Cmajor, 2008). En medio de tanto Beethoven historicista o pseudohistoricista bajo en calorías, se recibe con verdadero alborozo que Thielemann nos devuelva a la gran tradición centroeuropea. Eso sí, no a la línea de un Furtwängler, y menos aún a la de Klemperer, sino a la de Karajan. Nos encontramos así como una interpretación muy hermosamente sonada que alcanza un buen equilibrio entre la robustez de la batuta y la elegancia de la orquesta, dotada de una buena dosis de cantabilidad, que suena inequívocamente a Beethoven y que ofrece una fuerza irresistible en un espléndido cuarto movimiento, pero que termina resultando -dentro de su alto nivel- un punto superficial: la introducción del primer movimiento y algunos pasajes del segundo suenan un pelín blandos, mientras que al tercero le sobra brutalidad gratuita. (8)


Beethoven Tremblay

41. Jean-Philippe Tremblay/Orchestre de la Francophonie (Analekta, 2009). En una línea parecida a la del Abbado reciente, pero dejando ver con más claridad la influencia historicista en la articulación, el joven maestro también se apunta al aquelarre y decide ofrecer un Beethoven ágil, risueño y espiritoso, mucho antes distendido que filosófico, que en su encanto y suave sentido del humor mira al pasado clasicista e incluso rococó, todo ello limando asperezas y evitando los claroscuros, aunque sin dejar de mostrar un buen sentido de la flexibilidad. Al final uno termina hartándose de una suavidad que roza la blandura y a veces -como ocurre en el segundo movimiento- cae en la frivolidad, al tiempo que echa de menos ese sentido humanístico propio de la música beethoveniana. (5)



42. Barenboim/West-Eastern Divan Orchestra (Decca, 2011). Si en su versión para Teldec miraba claramente hacia adelante, ahora el maestro de Buenos Aires decide llegar a una síntesis entre el pasado y el futuro para ofrecer una lectura en el punto justo de equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Consecuentemente, se pierde un tanto de la electricidad, la tensión dramática y hasta el amargor de la interpretación citada para dejar que hagan acto de presencia el encanto, la calidez, el fino humor y hasta la delicadeza en una lectura que en cualquier caso, y como la anterior, está presidida por un profundo humanismo. La flexibilidad del fraseo, siempre sutil y lleno de naturalidad, es perfectamente seguido por una orquesta admirable tratada particular sentido de la plasticidad. Soberbia la toma sonora. (9)



43. Brüggen/Orquesta del siglo XVIII (The Grand Tour, 2011). En esta grabación en vivo de difusión comercial limitada, el maestro holandés ofrece una lectura en la misma línea que su interpretación para Philips, amplia, con densidad no sonora pero sí conceptual, poderosa y con sentido dramático, añadiendo además una rusticidad propiamente historicista. Al segundo movimiento sigue faltándole un punto de emotividad, pero el tercero parece más conseguido. Los extremos, algo más lentos ahora y maravillosamente expuestos, son todavía mejores que antes. (9)

3 comentarios:

jmfurtwangler dijo...

Creo que Bohm no sigue los mismos criterios interpretativos en la primera con respecto a la segunda. En la primera lo veo demasiado lento sin la sabiduría de Klemperer (mi versión de referencia). Hay que decir, no obstante, que nunca he escuchado matices tan bellos como los extraidos por Bohm (principalmente en el primer movimiento), tal vez Kletzki; pro lo que en Klemperer adquiere una lógica aplastante (se podrían utilizar aquí argumentos similares a los que los celibidachianos utilizan del gran celi con referencia a Bruckner)en Bohm me parece algo soporífero, salvado únicamente por la gran belleza sonora, escuchándosele matices que para la mayoría de las versiones restantes quedan ocultos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No estoy muy de acuerdo. Böhm a veces era algo pesadote, incluso muermo, en interpretaciones del pasado, pero en los años setenta a mi entender se creció como director. Y en la Primera, a mi entender, se acercó un tanto a la postura de Klemperer, una interpretación esta última que he venido apreciando cada vez más.

Nemo dijo...

Ya que mencionáis a Celibidache, faltaría incorporar su grabación con la Filarmónica de Munich al listado.

Otra que recomendaría incluir en las valoraciones es la versión de Casals con la Orquesta del Festival Marlboro (Sony), una orquesta formada por músicos profesionales de primera y músicos jóvenes. Casals grabó las sinfonías clásicas (1, 2, 4, 6, 7 y 8). Es un Beethoven muy particular, claro. Saboreado, con detalles de gran belleza y profundamente humanista. Interesantísimo.

¿Llegó a grabarla Giulini para aquel ciclo tardío?