martes, 17 de julio de 2012

Segunda sinfonía de Beethoven: discografía comparada

Actualizaciones.

9-08-2011. Esta entrada se publicó originalmente el 21 de julio de 2011. Añado ahora un comentario sobre la grabación de Kurt Sanderling, grave omisión en el post original.

17-07-2012. Se incluyen comentarios sobre las interpretaciones de Cluytens, Chailly, Barenboim'11 y Brüggen'11. 
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Aunque diste de alcanzar la fama de otras de las de su autor, la Segunda Sinfonía en re mayor op. 36 de Ludwig van Beethoven no es precisamente una página sin interés: se trata sin duda de una verdadera obra maestra que rebosa inspiración, belleza, hondura y comunicatividad. No me extiendo sobre ella porque ya he escrito sobre la misma en otro lugar (enlace). Lo que sí quiero advertir es que esta comparativa va a ser despreciada por gente que conozco. Por unos, porque los directores más valorados son Karl Böhm y Daniel Barenboim. Por otros, por las elevadas puntuaciones que he concedido a gente como Norrington o Herreweghe. Obviamente tengo claro que esta obra maravillosa, con un pie en el pasado y otro en el futuro, admite interpretaciones de enfoque ya no diferente, sino opuesto, según se mire hacia detrás o hacia adelante, sin que vacilen los resultados, cosa que desde luego no podría pasar en sinfonías como la Heroica, la Quinta o la Pastoral.

En cualquier caso, me parece necesario subrayar que las puntuaciones se refieren única y exclusivamente a la Segunda Sinfonía, y no a las integrales sinfónicas completas a cargo de los referidos maestros. Y me permito sugerir a los interesados en las grabaciones que se encuentran descatalogadas que busquen bien en Internet: algunas se pueden conseguir, ustedes ya me entienden, con suma facilidad. Me hubiera gustado añadir algunas interpretaciones adicionales, como las de Cluytens o Sanderling, pero de momento no ha podido ser (se ha añadido la grabación de Sanderling el 9 de agosto de 2011).




1. Toscanini/NBC (1939, varios sellos). Soy de los que piensan que Toscanini fue un maestro sobrevalorado, pero de ahí a negarle su importancia media un abismo. Así, tras una introducción atractiva, densa y con plasticidad, el veterano maestro nos ofreció en su primera grabación de estudio una interpretación que ilustra perfectamente sus virtudes e insuficiencias. Por un lado tenemos su energía, vitalidad, entusiasmo y electricidad, aportando un adecuado toque de jovialidad y también mucha incisividad. Por otro, su fraseo en exceso cuadriculado y rígido, que no deja respirar a la música, carente de cantabilidad, poco matizado y algo machacón. Lo más flojo es el segundo movimiento, poco emotivo, aunque no hay blandura y sí cierta elegancia distanciada. En suma, una versión muy vistosa pero superficial. La orquesta no es precisamente gran cosa. (7)


2. Furtwaengler/Filarmónica de Viena (EMI, octubre 1948, Royal Albert Hall). El genial maestro alemán nunca grabó la Segunda en estudio, pero por fortuna conservamos esta toma radiofónica correspondientes a unos conciertos ofrecidos por la Filarmónica de Viena en el Royal Albert Hall londinense. Ya desde la grave introducción se adivina que nos encontramos ante el Beethoven denso de la gran tradición centroeuropea, ofreciéndonos un dinámico Allegro con brio para decepcionar un tanto después con un Larghetto no del todo emocionante, no muy cálido ni desde luego con mucho encanto, aunque por descontado su clímax adquiera un carácter encrespado y rebelde de gran interés. El scherzo es más bien serio, mientras que en el Allegro molto final la batuta se toma las cosas con calma y paladea con extraordinaria cantabilidad el segundo tema de la forma sonata, lo que no le impide conseguir momentos arrebatadores. La conocida flexibilidad furtwaengleriana, por lo demás, es mucho más sutil que en otras ocasiones. Lástima que la toma sonora deje que desear. (8)


3. Toscanini/NBC (RCA, 1949 y 1951). En la misma línea del registro del mismo director comentado anteriormente, nos encontramos una interpretación directa, enérgica, viril, incisiva, también algo tosca y cuadriculada, más preocupada del brío y la electricidad de la poesía. A destacar un tercer movimiento rápido, nada pesado, con adecuada rusticidad. De nuevo la orquesta se queda algo corta, llamando la atención por el protagonismo que cobran sus incisivas maderas. (7)


4. Karajan/Philharmonia (EMI, 1953). Suele decirse que el Beethoven del primer Karajan era muy deudor del de Toscanini, y lo cierto es que hay algo toscaniniano en la contundencia y la objetividad, si bien el fraseo de Karajan es más cantábile y hermoso, ofreciendo un legato muy superior. Por lo demás tenemos una recreación objetiva, rotunda, musculosa, sin devaneos ni narcisismos sonoros, admirablemente expuesta, y de una energía que llega a acumular en el final una fuerza demoledora. Falta, eso sí, una mayor inspiración poética, aunque en contrapartida nos encontramos con una fabulosa ejecución por parte de la orquesta. (8) 


5. Beecham/Royal Philharmonic (EMI, 1957). Como era de esperar, el espíritu de esta sinfonía encaja muy bien con las maneras de hacer del Baronet, pero por desgracia la enorme y muy jubilosa energía que despliega no está acompañada precisamente de la elegancia, la transparencia, la planificación de las dinámicas y la atención al detalle necesarias. El resultado termina siendo excesivamente masivo en la sonoridad, atropellado en el fraseo, carente de todo lirismo y, a la postre, un tanto vulgar. (7)


6. Klemperer/Philharmonia (EMI, 1957). Aunque sea un tópico infinitamente repetido, este es un Beethoven de granito. Rocoso, solidísimo, austero. Las líneas están perfectamente definidas. La planificación es milimétrica. No hay el menor interés por la belleza sonora. Solo arquitectura, fuerza, tensión y lógica cartesiana, todo ello servido por una orquesta en estado de gracia. El resultado es de una lógica musical aplastante, aunque no estoy seguro de que semejante rigurosidad case muy bien con el espíritu de la obra. (9)



7. Cluytens/Filarmónica de Berlín (EMI, 1959). Aunque la orquesta de Karajan aporta una sonoridad robusta y musculada, Cluytens se aleja de toda pesadez y ofrece una lectura luminosa, vibrante y entusiasta, llena de fuerza -siempre controlada- y comunicatividad sin dejar por ello de paladear adecuadamente las melodías y de ofrecer la emotividad lírica necesaria. Podría pedirse algo más de flexibilidad e imaginación, una mayor atención a los pliegues expresivos de la partitura, pero la fogosidad de la batuta y la musicalidad de los solistas de la formación alemana terminan venciendo nuestros reparos. El sonido es francamente bueno para la época. (9) 


8. Walter/Sinfónica de Columbia (Sony, 1959). Haciendo gala de un fraseo muy cantable y de un amplio legato, Walter construye una Segunda serena, efusiva, noble y elocuente, mucho antes otoñal que juvenil, en la que sobresale un Larghetto muy lento, un tanto ensoñado, paladeado con delectación. Eso sí, se puede echar de menos un tratamiento sonoro más incisivo y un poco más de garra dramática. Admirable, por otra parte, el trabajo de análisis orquestal, realzado por una magnífica toma sonora. (9)


9. Leibowitz/Royal Philharmonic (Chesky, 1961). Interesantísima aportación que se aparta del Beethoven denso y centroeuropeo para aligerar tanto texturas como tempi, ofreciendo una visión con nervio, incisiva y transparente que mira en buena medida a Haydn y cuida mucho la elegancia, la chispa y el encanto. Aun así sabe atender a los aspectos épicos y dramáticos de la partitura, ofreciendo en este sentido un Larghetto sin mucho encanto y no todo lo sensual que debería, pero con un cierto regusto amargo, así como dos movimientos extremos llenos de tensión. Impecable la disección orquestal, y soberbia la toma sonora supervisada por el inolvidable productor Charles Gerhardt. (9)


10. Ormandy/Philadelphia (CBS, 1962). Pese al sonido redondo y corpulento de la maravillosa Orquesta de Filadelfia, el eterno titular de la formación norteamericana ofreció, en su único registro de la partitura, una lectura presidida por la agilidad, la chispa y el encanto, lo que por fortuna no significa caer en la trivialidad ni renunciar a los acentos dramáticos. En cualquier caso, un poco más de vuelo lírico no le hubiera sentado nada mal a esta recreación que, siendo espléndida en su línea, Sony no se ha dignado en pasar aún a CD. (9)



11. Szell/Cleveland (Sony, 1964). Una magnífica muestra de estilo de Szell, sobrio y no particularmente poético pero lleno de fuerza, ofreciéndonos una lectura realizada de un solo trazo, de sonoridad un tanto rústica -pero no tosca, sino de extraordinaria limpieza- en la que las tensiones están magníficamente planificadas. Sobresalen en este sentido el primer movimiento y la coda final, el mejor ejemplo de cómo el mayor de los arrebatos no está en absoluto reñido con el rigor de la arquitectura. (9)



12. Jochum/Concertgebouw (Philips, 1967). Magnífico trazo, excelente disección, irreprochable idioma, atención a todos los aspectos expresivos y admirable entusiasmo benefician a esta versión que triunfa sobre todo en los dos primeros movimientos, llenos de vida pero no exentos de garra dramática en el clímax del segundo. El cuarto ofrece una admirable cantabilidad, pero faltan quizá un poco de ligereza y chispa "rossinianas". La musicalidad de la orquesta contribuye a la excelencia de los resultados. (9)


13. Kubelik/Concertgebouw (DVD DG, 1969). Sin ser una lectura personal ni mucho menos visionaria, resultan por completo admirables su belleza apolínea, su elocuencia y la elegancia de su fraseo, en absoluto reñidos con el pathos ni con la intensidad emocional. Impresionante los dos primeros movimientos, mientras que el último adquiere un sabor muy mozartiano. (9)


14. Böhm/Filarmónica de Viena (DG, 1972). Una lectura honda y clásica en el mejor sentido que alcanza un perfecto equilibrio entre tensión y control, entre lo frívolo y lo épico, entre alegría y drama, entre belleza sonora y análisis del entramado orquestal. El vuelo poético del Larghetto es de una serena, profunda y acongojante belleza. Como es habitual en Böhm, el humor es más sarcástico que chispeante, sin llegar a los extremos de un Klemperer. Impresionante. (10)



15. Kempe/Filarmónica de Munich (EMI, 1972). Un Larghetto maravillosamente paladeado y no ajeno a los acentos dramáticos es el gran triunfo de esta lectura noble, cálida y elocuente, a la que se le podrían pedir algo más de nervio y claridad en el primer movimiento y le sobra contundencia en el Scherzo. (9)



16. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD DG, 1972). Ya en los primeros compases queda uno impresionado por la suntuosa y bellísima sonoridad que Karajan extrae de su orquesta, refinada al mismo tiempo que robusta, empastada con absoluta perfección sin desatender a la claridad, pero también se advierte que el maestro va a atender más al sonido que al contenido expresivo de los pentagramas. Con todo, esa tendencia de la batuta a buscar la espectacularidad mediantes contrastes dinámicos y a caer en la excesiva opulencia o en la dulzonería, indistintamente, solo en contadas ocasiones hace acto de presencia en esta lectura llena de fuerza y admirablemente comunicativa. (9)


17. Kubelik/Concertgebouw (DG, 1974). Pocos años después de su registro en audio y al frente de la misma orquesta, de tan sensual sonoridad, el maestro checo nos vuelve a ofrecer una elegante y luminosa recreación que mira más a Mozart que a Haydn, lo que quiere decir que no hay mucha incisividad, rusticidad ni humor irónico, y sí un equilibrio apolíneo nada frío, sino cálido y comunicativo. La grabación realizada por Kubelik de las sinfonías de Beethoven, editada en su integridad tan solo en Italia y Japón, resulta hoy por hoy ilocalizable, pero por fortuna algún alma caritativa la ha dejado en algunos espacios de Internet . (9)


18. Bernstein/Filarmónica de Viena (DG, 1978). Quizá no se trate de la interpretación ideal, porque el segundo movimiento está tratado con una parsimonia que por momentos roza lo amanerado, pero es difícil imaginar un ejemplo más elocuente de la increíble combinación entre la sonoridad de la Filarmónica de Viena y la técnica de batuta de un Bernstein que es capaz de extraer la mayor belleza sonora de la formación austríaca para ofrecernos una lectura apolínea en el mejor sentido del término, transparente, refinadísima, sedosa en la tímbrica, sutilmente coloreada, llena de fuerza cuando debe -sin ser particularmente electrizante- pero también -y sobre todo- de una cantabilidad fuera de lo común. Para derretirse el comienzo del segundo movimiento. Su registro en audio para DG es el mismo que el de esta filmación. (9)


19. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD NHK, 1980). Siguiendo la misma línea que en su registro oficial de audio, el de Graz nos ofrece una aún más asombrosa interpretación que aúna el más sereno, apolíneo y equilibrado clasicismo, de hondísimo vuelo lírico en el Larghetto, de un recogimiento casi mozartiano, con una fuerza expresiva poderosa e implacable que mira claramente al futuro. No deja de ser curioso que los resultados recuerden de nuevo a Klemperer, aunque con menos mala leche y mayor belleza sonora. A destacar la portentosa disección del entramado orquestal y, pese a algún gazapo puntual propio del directo, el estupendo rendimiento de la Filarmónica de Viena. Impagable el rostro de Böhm al escuchar las estruendosas toses que irrumpen en el segundo movimiento. Lástima que este DVD, de notable calidad de imagen y buen sonido estereofónico, solo se pueda adquirir en Japón. (10)

20. Sanderling/Philharmonia (EMI, 1981). Sorprende que sea un director de tan sereno y hondo humanismo, quien haciendo gala de tempi muy amplios, sonoridades graníticas y un fraseo de tensión interna tan intensa como controlada, nos ofrezca una de las versiones más amargas, rotundas y dramáticas de la Segunda Sinfonía, obteniendo unos resultados muy cercanos a los que obtuvo años atrás Klemperer con la misma orquesta. La diferencia es que mientras el de Breslau se mantiene siempre dentro de un analítico distanciamiento, Sanderling sí hace gala de esa cantabilidad, esa elegancia y esa calidez imprescindibles en la música beethoveniana. Lástima que la toma sonora deje que desear para la época. (10)

21. Norrington/London Classical Players (EMI, 1986). La integral beethoveniana de ese músico atrevido, renovador y de gustos a veces abominables que es Roger Norrington resultó extremadamente irregular, pero esta Segunda pertenece al grupo de interpretaciones muy estimables. En el primer movimiento tenemos la sensación de encontrarnos ante un descubrimiento merced a la sonoridad incisiva y rústica de los instrumentos originales, que nos revela un colorido completamente nuevo en el mundo sinfónico beethoveniano, a un equilibrio de planos que concede mucha más importancia a metales y percusión, y al tratamiento ágil, contrastado, vivaz, travieso y muy chispeante -cercana por momentos a las peripecias de un dibujo animado- de una batuta que en esta ocasión sabe no caer en la tosquedad sonora, si bien la transición podría estar aún mejor resuelta. En el segundo la cosa cambia, porque se echan mucho de menos el vuelo lírico y la emoción humanista de las grandes versiones tradicionales. El tercero acierta a descubrirnos -todos los historicistas seguirán este camino- una rusticidad de lo más adecuada y el cuarto vuelve a ser muy bueno, aunque un punto más nervioso de la cuenta. La toma sonora resulta admirable. La reciente nueva integral de Norrington, ya con instrumentos modernos, no la conozco. (8)


22. Hogwood/Academy of Ancient Music (Decca). Hogwood es un músico bastante más sensato en el campo de los instrumentos originales que su colega Norrington, pero también más soso. Su interpretación se encuentra bien planteada desde el punto de vista expresivo, con el empuje y el carácter dionisíaco apropiados, y además está dicha con ganas, pero necesita un trabajo mucho más atento a la disección de la orquesta y, sobre todo, un vuelo lírico mucho mayor, sobre todo en el segundo movimiento. Los otros tres no están mal, pero ahí queda la cosa. Interesante la incorporación de un fortepiano el continuo. (5)


23. Abbado/Filarmónica de Viena (DG,1987). Los años ochenta fueron una época de transición entre el enorme director que era el joven Abbado con el amanerado y superficial sucesor de Karajan al frente de la Filarmónica de Berlín. En esta interpretación perteneciente a su primera integral, el milanés ofrecido una Segunda muy bien puesta en sonidos, de buen trazo y muy centrada en lo expresivo, que no termina de convencer por centrarse más en la búsqueda del refinamiento -incomparable de nuevo la Filarmónica de Viena- y de los grandes contrastes sonoros que en la exploración del contenido expresivo. El espíritu de Karajan, del peor Karajan, empezaba a dejar su huella. (7)



24. Dohnányi/Cleveland (Telarc, 1988). Tenemos aquí una versión de magnífica ortodoxia, sensata y musical, con una orquesta de peso suficiente pero nada pesante, cálida y bien fraseada, ajena a devaneos sonoros, a la que le faltan un poco de personalidad, imaginación y compromiso expresivo. A destacar, con todo, la fuerza del último movimiento. La grabación, algo turbia, podría ser mejor. (8)


25. Brüggen/Orquesta del Siglo XVIII (Philips, 1988). El holandés supo demostrar en su espléndida integral (solo pincha la Novena) que se puede compatibilizar la utilización de instrumentos originales y el seguimiento de parámetros sonoros históricamente informados con el mantenimiento de toda la riqueza y profundidad expresivas que hacen que estas sinfonías sean lo que son, es decir, piedras miliares en la evolución de la Historia de la Música, y no un mero divertimento. Convence por mirar no atrás sino adelante, renunciando a la coquetería y al encanto para ofrecer un Beethoven dramático, áspero, con unos metales estridentes que resultan más dramáticos que épicos y un carácter sombrio que sobrevuela por toda la interpretación. Lástima que el segundo movimiento no posea toda la efusividad que debiera, aunque desde luego evita la frivolidad y es coherente con el resultado global. (8)


26. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1990). En una línea toscaniniana pero más flexible, chispeante y cantable, el inolvidable Solti ofreció en su segundo registro una rutilante realización que deslumbra por su fuerza, tensión indesmayable, sentido del color, claridad, equilibrio de los planos sonoros y vuelo poético, aunque alejada tanto del sarcasmo y como del dramatismo. En este sentido se puede echar de menos algo de profundidad, como también pueden resultar discutibles ciertas figuras en los violines, algo nerviosas, que no dejan de recordar a Rossini. Asombrosa la toma de sonido. (9)


27. Harnoncourt/Orquesta de Cámara de Europa (Teldec, 1990-91). Siempre empeñado en luchar contra cualquier dogmatismo, el fundador del Concentus Musicus Wien se decidió a mezclar una orquesta mayormente moderna con metales y percusión de la época napoleónica para ofrecer interpretaciones de línea claramente historicista -pese a los instrumentos- en la que ese sentido del claroscuro, esa incisividad y esos ataques violentos propios del maestro dejan su huella. Por desgracia no acertó en la Segunda, una interpretación tramposa que puede enganchar por su electricidad, pero que resulta algo precipitada y escasa de vuelo lírico, y a la que además le sobra brutalidad gratuita. Muy flojo, por aséptico y cuadriculado, el tercer movimiento. (6)


28. Gardiner/Orquesta Revolucionaria y Romántica (DG, 1991). Deutsche Grammophon-Archiv tardó en subirse al carro del Beethoven con instrumentos originales, y lo hizo con una integral en la que hay de todo. De la Segunda Sinfonía ofrece Gardiner una recreación sanguínea, vitalista y teatral, dotada de un buen sentido del humor británico y de una sana rusticidad, aunque también un tanto precipitada, cuadriculada y contundente, sin el suficiente vuelo lírico. ¿Toscanini con cuerdas de tripa? Algo así. (7)


29. Giulini/La Scala (Sony, 1991). Cuando abordó su casi-integral milanesa (faltó la Novena), el genial maestro se encontraba ya en su fase de apacible espiritualidad. Nos ofrece así una Segunda efusiva, cálida y llena de cantabilidad, comunicativa y con sentido del humor, mucho antes que dramática o visionaria, en la que sólo se puede reprochar una articulación algo blanda y cierta falta de vivacidad en el último movimiento, insuficiencias compensadas con el maravilloso lirismo que desprende la batuta. (9)


30. Colin Davis/Staatskapelle de Dresde (Philips-Newton Classics, 1992). En plena renovación de la interpretación beethoveniana, Davis ofreció la versión en él esperable, noble y apolínea, elegantísima siempre, muy atenta al equilibro expresivo y a la belleza sonora, quizá en exceso otoñal y con algún detalle aislado un punto narcisista. Lo menos conseguido es el tercer movimiento, algo soso, mientras que al segundo le vendría bien un poco más de desparpajo. Admirable por lo demás la sensualísima sonoridad de la orquesta, aunque la claridad no está del todo conseguida. (7)


31.Celibidache/Múnich (EMI, 1996). La fecha de grabación nos indica que nos encontramos ante el Celibidache tardío, es decir, el de los tempi amplios y una profunda carga espiritual. Por fortuna lo que se nos ofrece no es un Beethoven heterodoxo, sino una Segunda muy de anciano maestro, tradicional, despaciosa, cálida y muy comunicativa, admirablemente diseccionada -la polifonía era uno de los puntos fuertes del rumano- y de portentosa poesía en un segundo movimiento fraseado con mano maestra. Decepciona el cuarto, algo pesadote y sin mucha energía. Los dos extremos son espléndidos, aunque este enfoque quizá no haga justicia a la vitalidad que deberían desplegar. (9)


32. Zinman/Tonhalle de Zurich (Arte Nova, 1998). Si los datos no me fallan, la de David Zinman fue la primera integral que grabó la nueva y muy elogiada edición de las partituras a cargo de Jonathan del Mar (aunque el musicólogo al parecer ya había prestado su colaboración en la integral de Gardiner). Lo hizo siguiendo los pasos de Harnoncourt, añadiendo a una orquesta de instrumentos digamos convencionales, en este caso la antiquísima Tonhalle de Zurich, metales y percusión de carácter histórico. Fraseo y articulación deben también mucho al músico berlinés, aunque sin caer en su excesiva agresividad ni en su sequedad característica. La tímbrica resultante es atractiva y el maestro neoyorquino le inyecta una buena dosis de energía a la partitura. ¿Donde está el problema, entonces? Pues en que Zinman dirige con brocha gorda, va deprisa y corriendo sin dejar respirar a la música y pasa de largo ante el vuelo lírico y la emotividad del Larghetto, en el que por cierto las maderas ornamentan a placer. Los dos últimos movimientos están quizá más logrados, pero el resultado se termina pareciendo al de Beecham más de la cuenta. (7)



33. Barenboim/Staatskapelle de Berlín (Teldec, 1999). Al frente de una orquesta que ofrece una sonoridad oscura, densa y empastada muy distinta de la de la emblemática Filarmónica de Viena, pero en cualquier caso inmejorable para realizar una lectura de estas sinfonías desde la óptica de la gran tradición centroeuropea, el de Buenos Aires ofrece una Segunda enérgica, sanguínea, muy épica, llena de pasión, pero sin nunca perder el control, que mira sin complejos hacia el Beethoven maduro. Increíble en este sentido el primer movimiento, todo fuerza y robustez. El segundo no alcanza la hondura contemplativa de Böhm, pero su clímax es aún más hiriente. En los otros dos el empuje dionisíaco termina de imponerse frente a los aspectos más dieciochescos de la escritura. (10)



34. Abbado/Filarmónica de Berlín (DVD TDK, 2001). El Beethoven que al frente de la Filarmónica de Berlín registró en el cambio de siglo Claudio Abbado, primero en audio para DG y poco después en vídeo para TDK (registro este último que ha sido pasado a CD por el propio sello amarillo) marcó uno de los puntos más bajos de la trayectoria del director milanés. Con todo, en la Segunda es quizá donde sale mejor parado, ofreciendo una interpretación muy ágil, magníficamente sonada, dentro de una línea de Beethoven “revisado”, esto es, mucho antes grácil, chispeante y aéreo que denso y/o dramático, una opción que en realidad no sería censurable de no ser porque -y aquí está el problema de la integral- Abbado no sólo matiza poco en lo expresivo, sino que se limita a ofrecer espectáculo sonoro y de vez en cuando se le escapan esas insoportables sonoridades ingrávidas y relamidas marca de la casa. (7) 



35. Rattle/Filarmónica de Viena (EMI, 2002). El británico tuvo la osadía de registrar el frente de la mismísima Filarmónica de Viena una integral que, basándose en la edición de Jonathan del Mar, se aunasen las aportaciones el mundo historicista con la gran tradición centroeuropea. Los resultados fueron calificados sabiamente por José Luis Pérez de Arteaga como un “quiero y no quiero”, oscilando entre una Sexta y Novena poco menos que impresentables hasta una Primera, una Cuarta o una Segunda espléndidas. Esta última recibe una lectura fresca, luminosa, juvenil, llena de vida, alegría y entusiasmo, que pasa un tanto de largo ante la profundidad y el pathos propiamente beethovenianos para mirar descaradamente a Haydn, resultando fresca, luminosa y chispeante, también muy ágil y transparente, aunque un tanto pimpante. Existe una filmación del mismo año realizada en Japón, con los mismos resultados artísticos, que se encuentra disponible en formato DivX en los lugares habituales de la red. (9)

 

36. Haitink/Sinfónica de Londres (LSO, 2005). Nunca ha alcanzado reconocimiento el ya anciano maestro holandés como intérprete de Beethoven. En esta integral registrada en vivo (tenía otra anterior con la Concertgebouw) confirma su falta de afinidad con el autor de Fidelio con una Segunda correctamente expuesta, con todo en su sitio, pero parca en lo que a la tensión sonora se refiere, escasa de idioma y más bien indiferente -cuando no tímida- en lo expresivo. Faltan nervio, elocuencia, emotividad... El resultado es muy aburrido. (5)


37. Van Immerseel/Anima Eterna (Zig-zag, 2006). Haciendo uso de instrumentos originales y planteamientos tanto estilísticos como expresivos muy sensatos, el artista flamenco construye una versión irreprochablemente sonada y presidida por la objetividad, el equilibrio y el buen gusto, pero por desgracia los matices, la creatividad y el compromiso expresivo no aparecen por ningún lado, así que el resultado termina siendo aburrido. Nada nuevo en Van Immerseel. (5)


38. Mackerras/Royal Scottish (Hyperion, 2006). El maestro australiano fue un músico ambivalente y desconcertante en lo que respecta a los planteamientos historicistas. En su segunda integral beethoveniana, la registrada en el Festival de Edimburgo, se quedó en un extraño medio camino entre la tradición y la renovación, tanto en lo que a las fórmulas interpretativas se refiere como en el uso solo parcial de la edición de Jonathan del Mar. Esta Segunda, que recibe sabia fresca del mundo “históricamente informado” en lo que a la agilidad de la articulación se refiere, está presidida por la vivacidad, el entusiasmo, el carácter risueño y una coquetería que miran mucho antes al mundo del más luminoso clasicismo que a las densidades del Beethoven más maduro. Le sobra un poco de tosquedad en general y le falta calidez en el Larghetto. (7)


39. Paavo Järvi/Deutsche Kammerphilharmonie (RCA, 2007). En su sobrevalorada integral, el hijo de Neeme ofrece de las sinfonías de Beethoven una visión muy deudora de Harnoncourt, no solo por la combinación de instrumentos antiguos y modernos, sino también por su sonoridad rústica, su incisividad y su reivindicación de los valores de los metales y la percusión. En lo que a la Segunda se refiere, toda la versión tiene fuerza, está dicha con entusiasmo, pero desprende superficialidad. Faltan el contenido, el espíritu beethoveniano, la dimensión poética… Hay incluso cierto mecanicismo. Pincha sobre todo en el sublime Larghetto, donde el clímax pasa sin pena ni gloria. La toma sonora podría ser mejor. (7)


40. Vänskä/Minnesota (BIS, 2008). Una estimable interpretación en la que la orquesta norteamericana realiza un correcto trabajo y la batuta dirige con visible entusiasmo. Haría falta, en cualquier caso, una planificación más cuidadosa, un poco más de imaginación, perfilar mejor los timbres (sobre todo en lo que al tratamiento de las maderas se refiere) y evitar alguna frase suelta algo más liviana de la cuenta. (7)



41. Herreweghe/Royal Flemish (Pentathone, 2009). Incorporando la atractiva sonoridad de las trompetas naturales y los timbales históricos a su orquesta flamenca, el belga construye una interpretación de trazo firme y clarificador de texturas en la que los aspectos más agresivos de la opción pseudohistoricista escogida, como la relevancia de los metales y la percusión o la incisividad del fraseo, logran no resultar forzados e integrarse en una visión que también logra ofrecer elegancia y densidad dramática, todo ello con la sal y pimienta en su dosis justa. Ahora bien, sería necesario un trabajo más minucioso y creativo tanto en lo técnico -la transición del primer movimiento no está bien resuelta- como en lo expresivo -el segundo movimiento es poco sensual y desprende trivialidad- para alcanzar lo excepcional. (8)



42. Chailly/Gewandhaus de Leipzig (Decca, 2009). Pese a la rapidez de los tempi, la agilidad generalizada y el un tanto epidérmico entusiasmo que parece desprender la batuta, la interpretación aburre por su carácter cuadriculado, superficial y a menudo atropellado, escaso de refinamiento y nulo en cantabilidad, todo ello dentro de un concepto que mezcla churras y merinas evidenciando el monumental lío mental del maestro milanés en su intento por ser hacer algo distinto sin tener claro qué. Lo peor, un trivial segundo movimiento. Lo menos malo, un cuatro bastante correcto. Que la orquesta esté espléndida sirve de poco ante este híbrido imposible entre lo tradicional y lo presuntamente renovador. (6)



43. Antonini/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2010). Esta filmación disponible a través de Internet previo pago es de auténtico morbo: el enfant terrible del barroco de los noventa haciendo Beethoven con la Filarmónica de Berlín, realizando una lectura de corte bastante historicista que destaca por su altísimo sentido de la teatralidad y de los contrastes, un tanto en la línea de Harnoncourt pero sin su agresividad ni aspereza. Por desgracia Antonini resulta un tanto cuadriculado, incluso algo tosco, no atendiendo todo lo debido a la claridad y confundiendo, en un segundo movimiento sin el vuelo lírico debido, la elegancia con la coquetería. En conjunto, una lectura muy vistosa y encendida pero superficial, con más ruido que nueces, sin el poso humanista debido y de una teatralidad más bien insincera. La altísima musicalidad y el virtuosismo de los músicos de la orquesta realizan aportaciones positivas al resultado. (7) 



 44. Barenboim/WEDO (Decca, 2011). Obteniendo de la orquesta multicultural un sonido tan maravillosamente beethoveniano como el de la Staatskapelle de Berlín y ofreciendo un fraseo quizá ahora más flexible y lleno de matices, Barenboim realiza una lectura en la misma línea a la de su acercamiento doce años anterior, pero con la gran diferencia de un Larghetto considerablemente más rápido que, arrancando con un inesperado portamento, resulta bastante menos adusto, ofrece menor hondura dramática y no alcanza semejante rebeldía en sus clímax, al tiempo que alcanza un encanto, una cantabilidad y una efusividad humanística muy superiores. (10)



45. Brüggen/Orquesta del siglo XVIII (The Grand Tour, 2011). El maestro holandés repite y mejora su acercamiento de veintitrés años atrás haciendo uso de unos tempi más amplios que le permiten paladear mejor la música y, sobre todo, añadir la poesía que entonces le faltaba a un segundo movimiento que ahora sí que está bastante conseguido. El resultado, una admirable fusión entre la sonoridad historicista y la expresividad tradicional que demuestra que los instrumentos originales pueden resultar óptimos para esta música si el maestro de turno sabe realmente lo que se trae entre manos. (9)


20 comentarios:

ipromesisposi dijo...

Un trabajo apasionante y controvertido.
Felicidades.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchísimas gracias, aunque es posible que tú mismo -lo digo sin segundas- lo hubieras hecho mejor que yo.

Sergio dijo...

Me gusta... Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias a ti también, Sergio. No pretendo sentar cátedra alguna, eso espero que esté claro, pero siempre es agradable saber que compartir las impresiones sirve para algo.

Sergio dijo...

Voy a hacer el ejercicio de escuchar esta sinfonia durante unos dias (21 versiones, Cluytens y Wand, incluidas, y un gran número de las que has comentado en tu artículo-el amigo emule-). Gracias a tí, Fernando, por ayudarnos. Un saludo

vicentet dijo...

Te lo has currado bien, pero te faltan mas lecturas historicas y dejarte de ese beethoven nauseabundo de los ineptos histericistas.

Bruno dijo...

Los vinilos de Kubelik si que se editaron en albun en España.
Bruno

Eugenio Murcia dijo...

Fernando, ¿que te parece la integral de Schruricht con la Orquesta del Conservatorio de París?.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No conozco esa integral, Eugenio, a pesar de que esa Quinta fue la primera que escuché en mi vida, porque es la que tenía mi padre en su colección. Un saludo.

Bruno dijo...

Por si a alguien le interesa le informo que, efectivamente, la integral de Kubelik no está en digital en España, pero la DG editó en España varias sinfonías recientemente en dos, creo, albunes dobles.
Lo que no sé es si siguen disponibles.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Cierto, Bruno, ese dato lo sabía. La verdad es que el ciclo nunca estuvo disponible completo en España: yo me lo tuvo que descargar de la red, así de claro. Bochornoso por parte de los señores de DG.

Felirosi dijo...

Muy buen trabajo y valoraciones muy ajustadas. Aunque siempre me rechina la tradicional inquina de la gente de Ritmo hacia Harnoncourt.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias, pero le recuerdo que decidí abandonar Ritmo hace unos meses.

Javier dijo...

Merece usted todo respeto en lo que escribe, porqué lo argumenta. Distinto es que se coincida o no. Desde luego que cuando se lee a Hurwitz, en classicstoday, poner por las nubes al ciclo de Chailly y a usted todo lo contrario, pues da que pensar. Desde luego que o uno u otro está equivocado. Personalmente me quedaría en el término medio, y, por otra parte, le invito a la reflexión: ¿Por qué hay arbitrariedades o subjetividades que a Furtwangler se le perdonan y a Chailly no?.
A lo que que quiero ir: Referente a la crítica que realiza de la segunda por Bohm/Viena con relación a lo que también dice de la de Gardiner, sinceramente no entiendo nada. Desde luego que no estamos, usted y yo, escuchando las mismas obras. He vuelto a escuchar el primer movimiento de ambas y desde mi modesto punto de vista gozan ambas de virtudes y defectos muy similares, sonido orquestal al margen. No veo más poesía ni lirismo en Bohm. La lectura de este es tan dramática y tensa como la de Gardiner,con tempi muy similaes, observándose en Gardiner una regulación dinámica más equilibrada que en Bohm. Incluso me atrevería a decir que en los momentos de remanso Gardiner "canta mejor" que Bohm; sin ser Bruno Walter, por supuesto.
Bohm saca el hacha y no la suelta hasta el final. Dentro de este tipo de interpretación me quedo antes con Szell.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

"¿Por qué hay arbitrariedades o subjetividades que a Furtwangler se le perdonan y a Chailly no?"

Pues, supongo yo, que porque con Furt hay detrás una "idea expresiva" que no parece existir detrás de Chailly, quien parece moverse más bien en función ofrecer un enorme ejercicio de virtuosismo, de respetar la presunta letra en función de los criterios históricos (poniendo a estos por encima de los expresivos) o incluso de llamar la atención.

En cuanto a Gardiner y Böhm, sinceramente me parecen dos conceptos muy distintos. El británico, siguiendo a Toscanini, renuncia a "cantar" y le da una importancia extraordinaria a los aspectos rítmicos; también evita -creo que adrede- ser elegante y mostrarse interesado pot el pathos. Y su sentido del humor me parece excesivamente británico, por decirlo de una manera. Frans Brüggen, aun con una aproximación similar, creo que sintoniza de manera mucho más satisfactoria con el universo beethoveniano.

No sé por qué Hurtwitz elogia tanto el ciclo de Chailly. No dudo de su sabiduría, y de hecho suelo leerle con placer, pero sus criterios me desconciertan con frecuencia.

jmfurtwangler dijo...

Bien. No le discuto Fernando sus sinceras apreciaciones. Tal vez me haya excedido en que Gardiner "canta mejor", pero, en cualquier caso, el primer movimiento (es lo que le he escuchado varias veces) por Bohm, para mi gusto es demasiado tenso y dramático, y particularmente no le observo nada de lirismo que por otra parte, si le observo a Szell dentro de un estilo similar.
Mi referencia de la segunda creo que es Bruno Walter (¿se puede tocar esa obra de forma más bella dejando respirar a la música como hace Walter?)

jmfurtwangler dijo...

Acabo de escuchar la version de Haitink y si, tal vez le falte algon de nervio o tensión:; seguramente algo de lo que (en mi opinión) le sobra a Bohm, pero lo que se escucha es tan equilibrado y tan bello, "canta" tan bien, que el dejarse llevar por tanta belleza emociona de verdad, adquiriendo entonces el conjunto una lógica aplastante.
Por otra parte da la impresión de que se escucha absolutamente todo. Comparando, por ejemplo, con las interpretaciones de Vanska o Jarvi no se les escuchan a estos más detalles que a Haitink.
Creo que un Beethoven así era necesario después de tanto historicismo y radicalismo. Es una vuelta a la emoción lírica en Beethoven, desconocida desde Bruno Walter.

Anónimo dijo...

Esto dice su amigo Angel Carrascosa a propósito de la 2ª por Leiboewitz:
La Segunda de Beethoven es en manos de este director la Sinfonía 106 de Haydn. Muy nervioso el primer mov., chispeante y vital, nada más; esta sensación se prolonga en el 2º, cuadriculado y carente de inflexiones. En el tercero y el cuarto, los violines son incapaces de tocar aquí y allá a la insensata velocidad que marca la batuta. (6)
Coincido con usted, no con él, pues esta sinfonía y, en conjunto,el ciclo de Leibowitz me parece muy muy estimable, aunque esté en las antípodas de mi preferido: Furwängler.
No he visto más Discografía comparada de las Sinfonías de Beethoven aparte de la 1ª, 2ª y 8ª). Agradecería, y supongo que no seré el único, que hiciese una selección de las restantes. Aunque en las tres que sí lo ha hecho no siempre coincido con usted, me parece un trabajo muy estimable. En otro momento le enviaré mi opinión pormenorizada al respecto. Mientras tanto, le envío un saludo cordial y mis disculpas por un correo anterior en el que fui tan drástico (y seguramente injusto) como poco cortés en relación al último ciclo de Barenboim.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Querido anónimo, ahora mismo no recuerdo a qué comentario drástico realizado por usted sobre el ciclo Barenboim se refiere.

Sé perfectamente lo que opina Ángel Carrascosa sobre la Segunda de Leibowitz, porque fui yo precisamente quien se la pasó. Me estaba imaginando que no le iba a convencer, porque conozco sus gustos interpretativos; parecidos a los míos, desde luego, pero divergentes en algunos aspectos de relevancia, entre ellos la posibilidad de interpretar algunas obras de Beethoven mirando más al pasado que al futuro, como es el caso. Precisamente en esta sinfonía yo acepto con entusiasmo la "nueva" manera de hacer el segundo movimiento que tiene Barenboim, más (para entendernos) "rococó", más amable, mientras que él encuentra preferible cómo lo hacía en la grabación de Teldec.

Yo también encuentro muy interesante el ciclo de Leibowitz, aunque mucho más en unas sinfonías que en otras. Tiene toda la razón que es todo lo contrario que el de Furt, que sin ser mi preferido (creo que pincha en Segunda y Octava, incluso la Novena se la ha escuchado mejor otras veces), está claro que es uno de los más grandes.

A Jmfurtwangler y a los demás les agradezco sus respectivas aportaciones.

En cuanto a la posibilidad de hacer otras comparativas, tengo una de la Septima que ronda las cincuenta referencias y que aún no he tenido tiempo de pulir ni maquetar. Ya saldrá. De las demás creo que no haré ninguna de aquí a medio plazo, porque prefiero ir aprendiendo sobre otros repertorios.

Un saludo.

Nemo dijo...

Quiero agradecerle el esfuerzo de poner su experiencia a disposición de cualquiera que quiera informarse. Además, está usted siempre dispuesto a dialogar con los lectores de su blog, a responder, a clarificar o explicitar preferencias y criterios, a completar.

Querría sugerirle una Segunda de Beethoven que me encanta: la de Casals con la orquesta del Festival Marlboro.

Muchas gracias.